De ruta por el bajo Guadalete.
Una excursión con el Aula de Mayores de la UCA.




Atendiendo a la amable invitación de nuestro amigo Juan Martín Pruaño, presidente de la Asociación de Estudiantes Universitarios del Aula de Mayores de la UCA en el Campus de Jerez, el sábado pasado tuvimos la oportunidad de guiar una excursión por el Bajo Guadalete. La salida tenía como objetivo el acercamiento a los paisajes y la historia de este rincón de la campiña desde una perspectiva interdisciplinar.

Para ello realizamos un itinerario en autobús, que partiendo del campus a las 9 de la mañana, nos llevó a visitar La Barca de la Florida, la Torre de Torrecera y la bodega Entrechuelos, la Ermita de la Ina y el Puente de Cartuja. En todos estos lugares, como también durante los trayectos entre ellos, destacamos los aspectos más relevantes de estos parajes que muchas veces resultan desconocidos pese a su cercanía a la ciudad. Este recorrido, que hemos realizado en muchas ocasiones y con distintas variantes es recomendable para quienes quieran conocer mejor nuestro entorno rural. ¿Nos acompañan?

Camino de Cuartillo.

Tomando la carretera de Arcos, para enlazar con la de Cortes a través de la Ronda Este, hacemos unas primeras referencias a esta zona de la ciudad, cargada de historia, conocida en tiempos pasados como El Pinar, antesala de los Llanos de Caulina. Ya en la carretera de Cortes recordamos la importancia que a comienzos del s. XX tuvo su construcción para Jerez junto a otras obras como el Pantano de Guadalcacín y el Ferrocarril de la Sierra.

Junto al puente de la autopista pasamos ahora por el que fuera descansadero de Albadalejo, donde aún se conserva una antigua fuente de la que ya en el s. XVI se quisieron traer sus aguas a Jerez. Desde siglos atrás existieron en este lugar dos alcantarillas que cruzaban el Arroyo Salado, uno de los últimos afluentes del Guadalete que, desde la Sierra de Gibalbín drena los Llanos de Caulina para unirse con él junto a Viveros Olmedo. Con el nombre de Albadalejo se estuvo a punto de “bautizar” el pueblo de Estella del Marqués, levantado en sus cercanías en 1956.

Camino de Cuartillos, la carretera divide en dos el Parque Forestal de Las Aguilillas, un espacio incluido en el catálogo de “Bosques-Isla”. Aunque hace 50 años se hicieron aquí repoblaciones de pino carrasco y eucalipto, la vegetación propia del monte mediterráneo se ha ido regenerando poco a poco estando presentes especies como lentisco, coscoja, acebuche, palmito, jara… Al paso por la barriada rural de Cuartillo, construida en buena parte en terrenos



de una antigua cañada, llaman la atención dos pinos centenarios que sirvieron en otros tiempos de hitos para los enfilamientos de los barcos que llegaban a la Bahía de Cádiz. Junto a ellos, la estación potabilizadora reclama también la atención del viajero, como una obra sobresaliente de los Abastecimientos a la Zona Gaditana. Obra del ingeniero Juan Delgado Morales (1956) cuenta en su interior con magníficos murales cerámicos.

La carretera deja ahora a la derecha el Arroyo de las Cruces y los cerros de Salto al Cielo, donde despunta la bóveda en media naranja de esta antigua ermita cartujana. Al pasar por Las Majadillas se abren ante nosotros los horizontes del valle del Guadalete que nos muestran, en primer plano los restos adehesados de los encinares que cubrieron estas lomas. El cerro de alcántara o el de Domecq, quedan a nuestra izquierda mientras nos acercamos a los llanos de Magallanes y La Guareña que tienen como telón de fondo el Encinar de Vicos por donde discurre la Cañada Real de Albadalejo o Cuartillos buscando las tierras del Este de nuestro término municipal.

En La Barca de la Florida.

La primera parada es junto al Puente de La Barca, donde a orillas del río recordamos los aspectos más sobresalientes acerca de la colonización agraria de la vega del Guadalete y la fundación de La Barca de la Florida en 1948, que se convirtió desde el primer momento en centro económico y de servicios de otros poblados de colonización de la zona. Levantado en las cercanías del antiguo Vado de La Florida, en tierras próximas al cortijo del mismo nombre, comentamos aquí la importancia de este lugar, por el que cruzaba el río desde los siglos medievales la Cañada Real de la Sierra para seguir su camino hacia el Valle, El Mimbral y Tempul. En La Florida arrancaba también hacia el norte la Cañada de Albardén, en dirección a la Junta de los Ríos y Arcos, así como los caminos que llevaban a los cercanos cortijos de Berlanga, Berlanguilla o La Suara y al descansadero de Mesas del Corral, situado al otro lado del río (1). Un lugar, en suma, que constituía un auténtico nudo de comunicaciones y cruce de caminos del Jerez rural.

Como no podía ser de otra manera, nos recreamos aquí en las pequeñas historias de las barcas que cruzaban el río. Existen ya referencias de una primera barca en este lugar en 1725. La Barca, aparece también en un mapa francés elaborado en la primera mitad del siglo XIX y de ella da cuenta Madoz en 1854, que la denomina indistintamente como “barca de la Florida” o “de Berlanga” y que sitúa en el Vado de La Florida. Sobre la última de las barcas, nos informa Juan Leiva en el delicioso libro que coordinó y que lleva por título “La Barca de la Florida. Historia de un pueblo joven con viejas raíces”. En él se relata como en este lugar se encontraba en los años veinte del siglo pasado el conocido “Rancho de Benalí”. Su dueño, “Francisco Robles Pérez, alias “Benalí”, compró una barca de 12 metros de eslora por 7 de manga, que fue transportada hasta el río por don Antonio Guerrero (propietario del cortijo de La Florida), e instalada por “Benalí” para pasar el Guadalete, en el mismo lugar donde se encuentra en la



actualidad el puente de La Barca de La Florida… la barca funcionaba mediante poleas instaladas a ambos lados del río, de las que tiraba el propio “Benalí”. Era un auténtico transbordador, en el que pasaban personas, animales y todo tipo de mercancías. Los rebaños, las “jarreas” de mulos y las recuas de burros, cargados de carbón de la sierra, pasaban la barca, camino de Jerez, cuando el río llevaba mucha agua
”.

Frente a nosotros, el “Puente de Hierro”, el puente en arco del Acueducto de Los Hurones y el puente atirantado del Acueducto de Tempul nos llevan también a recordar su pequeña historia y los aspectos más relevantes de estas interesantes obras públicas. El conocido como “Puente de San Patricio”, obra del prestigioso ingeniero Eduardo Torroja, figura en todos los manuales de



historia de la ingeniería como una obra pionera en la utilización del hormigón pretensado. Construido entre 1925 y 1927, vino a sustituir en al antiguo puente-sifón que construyera el ingeniero Ángel Mayo para el paso de la conducción de la traída de aguas a Jerez entre 1864 y 1869. El viejo puente, que contaba con dos apoyos en el lecho del río fue arrastrado por la gran riada de 1917, siendo sustituido años después por el de Torroja que adopto para evitar los pilares centrales una solución ingeniosa. El cajón central, de 20 m, se apoyaba en los laterales que, suspendidos mediante tirantes de acero recubiertos de hormigón pretensado de las pilas cimentadas en las riberas, evitaban así los apoyos en el río y los riesgos de ser arrastrados por las avenidas. El tramo central del puente-acueducto de 57 m de luz fue todo un record de la época de este puente que pronto cumplirá un siglo.

El primer arco del conocido como Puente de Hierro, fue construido en 1924 para dar paso a la carretera de Cortes, ampliándose con otros dos tramos en 1936. El arco de hormigón por el que salva el río la conducción que procede del pantano de los Hurones, fue levantado en 1957 cuando se realizaron las obras del Abastecimiento a la Zona Gaditana.

Camino de Torrecera.

Retomamos nuestro camino hacia Torrecera dejando a nuestra izquierda la Estación Elevadora de La Barca, las granjas de Berlanguilla y los terrenos de la antigua Huerta del Coronel con cultivos de algarrobos. Nos desviamos a la derecha por el cruce hacia La Suara, pasando por el Arroyo de Cabañas y las Mesas del Corral, antiguo descansadero de ganado. En La Suara, espacio forestal que se extiende sobre una antigua terraza fluvial del Guadalete, se conservan importantes manchas de alcornoques, encinas, coscojas y quejigos junto a los que crecen pinos y eucaliptos, fruto de las repoblaciones que hace medio siglo realizó el Instituto Nacional de Colonización. Este parque periurbano, lugar de ocio y esparcimiento de muchos jerezanos, está catalogado como bosque-isla.

A la derecha de la carretera se observan las cicatrices que dejaron en el paisaje las antiguas canteras para la extracción de áridos que se abrieron en la ribera del río. En estas graveras de Torrecera y la Dehesa Boyal se encontraron restos de la presencia del hombre en el paleolítico medio. Por aquí cruza el camino que desde Jerez se dirigía a los Baños de Gigonza y en esté rincón, donde hoy se levanta un centro ecuestre y de turismo rural, estuvieron la fuente y la barca del Boyal.



Pasamos ahora junto a Torrecera, poblado de colonización levantado en 1947 junto a los cerros donde el Arroyo Salado de Paterna se une al Guadalete. Aún quedan en Torrecera la Baja, a los pies del Cerro de la Harina, algunas de las primeras viviendas que se construyeron durante la Reforma Agraria de la II República (1933), en una iniciativa que planificó el reparto de tierras de las fincas Cabeza de Santa María, Los Isletes, Doña Benita y Torrecera y que quedó frustrada tras el golpe de estado de 1936.

En el cerro del Castillo y la bodega Entrechuelos.



Dejando atrás Torrecera, el autobús asciende ahora las empinadas rampas de la Cuesta del Infierno para desviarse hacia la Bodega Entrechuelos. Desde su aparcamiento llegamos, en un cómodo paseo, hasta lo más alto del Cerro del Castillo donde se alzan los restos de una torre almohade visibles desde muchos lugares de la campiña. La torre, levantada probablemente a finales del s. XII o comienzos del XIII, está construida con la técnica de tapial, al igual que la cerca almohade de Jerez. En el muro norte se aprecia una oquedad a modo de puerta o ventana, en cuya parte superior se conservan los restos de un arco de ladrillo. El muro orientado hacia el este se ha desplomado y bien merecería consolidarse y restaurarse como se ha hecho en la torre de Matrera. En las tapias llaman la atención del visitante los mechinales, esos huecos que dejaron al descomponerse con el tiempo las maderas en las que se apoyaban los cajones del encofrado.

La torre cumplía una clara función de vigía y control del territorio, en los siglos en los que estas tierras lo fueron de frontera y en especial del camino que corría en paralelo al Arroyo Salado de Paterna y de los que discurrían junto al Guadalete, a cuyas orillas existían fértiles vegas. A los pies de la Torre estuvo el conocido Vado de Sera, ya mencionado en la Crónica de Alfonso XI, rey que



acampó aquí sus tropas en 1333 en su camino hacia Alcalá de los Gazules, en el marco de una operación militar para liberar a la fortaleza de Gibraltar del cerco al que le había sometido el infante Abu-Malik.

Las vistas que se contemplan desde la torre son excepcionales y así, junto a los principales relieves de la provincia y de la campiña, desde este privilegiado balcón podemos observar como el valle del Guadalete, que ha venido manteniendo desde Puerto Serrano una orientación NE-SO, cambia bruscamente a los pies del Cerro del Castillo para dar un giro de noventa grados hasta tomar el rumbo NO, camino de la Bahía. A a partir de la dominación cristiana, la Torre de Cera o de Sera, como se le denominaba entonces, pasó a formar parte del cinturón de torres vigía, atalayas o almenaras que, con carácter defensivo,



estaban distribuidas por la campiña. Con muchas de ellas mantenía una buena conexión visual como las de Gigonza, el castillo de Medina Sidonia, Torre Estrella, el castillo de Arcos, Jerez, o las torres de la Sierra de San Cristóbal o Gibalbín, visibles desde aquí.



Desde la torre bajamos a visitar la Bodega Entrechuelos, una moderna construcción que cuenta con magníficas instalaciones industriales y de restauración y desde la que se obtienen inigualables vistas sobre su entorno circundante. De la mano de Juan Carrillo, su Maestro de Bodega, fuimos recorriendo las distintas dependencias y conociendo el proceso de transformación de la uva, recogida en los viñedos del Cerro del Castillo, hasta su embotellado y comercialización bajo las distintas marcas que llevan nombres de topónimos de su entorno cercano (Entrechuelos, Alhocén, Talayón…), una muestra más de su estrecha vinculación con la tierra.

En la Ermita de la Ina.



De nuevo en la carretera, pasamos ahora por el vado del Arroyo Salado e los Entrechuelos junto al que vemos los canales de riego del embalse de Guadalcacín. Al poco llegamos a la entrada del cortijo de Spínola y al conocido como Cerro de la Batida, el último escarpe a orillas del Guadalete constituido por rocas de yeso que fueron explotadas para su uso industrial por una fábrica cerrada hace dos décadas. Este curioso enclave natural ofrece magníficas panorámicas “a vista de pájaro” sobre las galerías del río y sobre las Vegas de El Torno. En sus verticales tajos, que caen a plomo sobre el río, se refugian rapaces y aves de roca que ya en 1910, merecieron la atención de los naturalistas ingleses W. Buck y A. Chapman, quienes lo describen en su obra La España Inexplorada (1910).

Camino de los Llanos de la Ina, al pasar por el Cerro del León, dejamos a la derecha de la ruta el Palomar de Zurita, un auténtico monumento etnográfico. Obra del primer tercio del siglo XIX, guarda en su interior casi 25.000 nidales y amenaza con desplomarse si no se hace nada por evitarlo. Algo más adelante cruzamos por Rajamancera en cuyos campos existió una importante laguna que fue desecada a mediados del siglo pasado, transformando su vaso en tierras de cultivo, en el lugar donde hoy se encuentra una pista de ultraligeros, un poco antes de llegar a la barriada rural de La Ina.



La siguiente parada es en la Ermita de la Ina que visitamos de la mano de Isabel Chico, miembro de su Asociación Parroquial, siempre tan amable. Desconocida para muchos jerezanos, el edificio, aunque muy reformado por sucesivas obras, es de estilo mudéjar y tiene su origen en una construcción del último tercio del s. XIV. De planta rectangular y tejado a dos aguas, su interior consta de tres naves con arcos de herradura apuntados, apoyados sobre pilares cuadrados. Destruida en 1838 por un huracán y restaurada en 1952, la ermita fue construida por acuerdo del cabildo jerezano para conmemorar la victoria de las tropas cristianas en 1339 contra las del infante Abu Malik, que había instalado su campamento en los Cerros del Real (Lomopardo) teniendo cercada la ciudad. En esta acción tuvo un papel decisivo Diego Fernández de Herrera, auténtico héroe jerezano cuya hazaña es bien conocida por haber quedado reflejada en toda la historiografía tradicional. La Crónica de Alfonso XI desdice sin embargo estas historias, situando la muerte del rey de Algeciras, “Abomelique el infante tuerto”, en las Vegas de Pagana, junto a Alcalá de los Gazules.

Sea como fuere, en nuestra visita evocamos esta y otras historias, y recordamos como el origen el topónimo “La Ina”, leyendo también algunos textos del geógrafo andalusí Ibn Said (s. XIII) o de los poetas jerezano-andalusíes Ibn Lubbal (s. XII) o Ibn Giyat (s. XII) en los que se recrean los idílicos parajes de estos llanos junto al Guadalete, para los que remitimos a los trabajos del arabista M.A. Borrego Soto.

En el Puente de Cartuja.

Dejando atrás La Ina, pasamos junto al Puente de la Greduela, donde hasta afínales delos sesenta del siglo pasado existió, junto a la Venta de las Carretas, una barca de sirga para cruzar el río.

En sus campos, La Greduela guarda uno de los últimos palomares de la campiña que, como el de Zurita debiera ser declarado “monumento etnográfico”.



La última parada de nuestro itinerario es en el Puente de Cartuja, junto a su estribo izquierdo, donde podemos apreciar los recientes trabajos arqueológicos que han sacado a la luz lo que pudo ser un antiguo embarcadero y el arranque de los muros del viejo azud del molino. Junto al puente recordamos como en el origen de su construcción primaron los intereses militares, para facilitar el auxilio de las tropas jerezanas a los ataques de los piratas turcos y berberiscos a las costas gaditanas. Iniciadas sus obras en 1525 y terminadas en 1541, debe su traza a Fortún Jiménez de Vertendona y en su construcción intervinieron diferentes maestros como Pedro Fernández de la Zarza, D. Jiménez de Alcalá o Hernán Álvarez. Entre 1581 y 1582 se construyó en uno de los arcos del puente el molino de la villa, como reza en la lápida que aún se conserva en uno de los pilares junto a la Venta de Cartuja, cuyo edificio se levantó unos años después como dependencias y almacenes del molino.



En nuestro paseo por el puente pudimos también comentar las muchas vicisitudes por las que atravesaron estas obras, que precisaron continuas reparaciones a lo largo de estos siglos. De la misma manera elogiamos -como no podía ser de otro modo- las obras de restauración ambiental que en los últimos años han retirado de las riberas y del lecho del río miles de toneladas de lodos y de pies de eucaliptos, recuperando este histórico paraje del Vado de Medina, su antigua fisonomía, esa que nos recuerdan los viejos grabados y fotografías de hace un siglo. La repoblación con álamos y fresnos que ha tenido lugar en estos días, pone la guinda a este recuperado tramo del Guadalete en el que el puente, el “viejo puente de Cartuja”, destaca aún más hermoso.

La tarde se echaba encima y, por falta de tiempo tuvimos que dejar para otro día las paradas previstas en La Cartuja, La Corta y El Portal, para completar este recorrido por el bajo Guadalete, un itinerario que les recomendamos y del que no saldrán decepcionados. Gracias a los amigos del Aula de Mayores de la UCA por permitirnos acompañarlos.

Agradecemos a nuestro amigo José Castillo las fotografías de la excursión que ilustran este reportaje.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Rutas e itinerarios, Río Guadalete, Patrimonio en el medio rural, Carreteras secundarias.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/02/2018

MAS FOTOGRAFÍAS DE ESTA RUTA EN EL SIGUIENTE ENLACE: http://aumjerez.blogspot.com/2018/02/ruta-del-bajo-guadalete-con-el-profesor.html

Por la Laguna de las Quinientas (y II).
Un antiguo humedal en vías de recuperación.




A nuestro amigo José Trujillo Martínez.

El domingo pasado, con motivo del Dia Mundial de los Humedales, iniciamos un recorrido por la Laguna de las Quinientas, próxima a Jerez, recordando como las tierras en las que se enclava estuvieron dedicadas siglos atrás a dehesa boyal. En nuestro paseo de hoy recordaremos las curiosas referencias que esta laguna ha dejado en la cartografía y las fuentes documentales de los últimos siglos. De la misma manera nos ocuparemos también de las “décadas negras”, en las que fue destinada a balsa de vertidos de la Azucarera del Guadalete, destruyéndose como espacio natural. Por último, nos referiremos a sus últimos años en los que se han escrito las esperanzadoras páginas de su restauración ambiental y de los inicios de su recuperación como espacio natural.

La Laguna de las Quinientas en últimos siglos XIX y XX: cartografía y fuentes documentales.

A diferencia de otros humedales de la campiña que fueron desapareciendo a lo largo de los siglos XIX y XX, la Laguna de las Quinientas sobrevivió, mal que bien hasta bien entrado el pasado siglo, a las corrientes higienistas y desarrollistas que con desecaciones, drenajes y roturaciones acabaron con buena parte de nuestras pequeñas lagunas.

Eso es el menos lo que se desprende de la cartografía de la zona en la que aparece recogida con diferentes nombres o sin ellos, pero fácilmente identificable por su emplazamiento junto a sus antiguas “vecinas”, las lagunas de la Isla y de Bocanegra. A modo de ejemplo, y sin ser exhaustivos, en un curioso mapa francés de 1842 figura con la curiosa denominación de Laguna de las Monjas, nombre con el que también era conocida, ya que como se ha dicho las tierras de las Monjas del Espíritu Santo, con las que lindaba este humedal, pasaron a formar parte de la Dehesa de las Quinientas. En este mismo mapa aparece junto a ella, perfectamente reconocible la laguna de la Isla, en las Pachecas, que figura aquí con el extraño nombre de “Laguna del Curitango”, mostrando en el centro su “isla” o “toruño”, peculiaridad geográfica que “bautizaba” a este humedal (8). Con la misma forma se recogen también ambas lagunas en el primer mapa provincial de Cádiz, obra de Francisco Coello en 1868, donde se la sitúa en las proximidades del cortijo de Róa la Bota (9).

En el plano de Lechuga y Florido (1897) o en el Plano Parcelario de López Cepero (1904) figura ya junto a la casa del Cortijo de Las Quinientas, edificada en aquellas fechas. En ese último plano ya se pone de manifiesto que la laguna se alimenta de las aguas del arroyo de Bocanegra y rebosa a través de otro pequeño arroyo, el de Las Quinientas, que vierte sus sobrantes al Guadalete. Más cerca de nuestros días, en el mapa provincial de 1935, figura también junto a las lagunas de la Isla y Rajamancera que desaparecerían apenas unas décadas después al ser drenados sus vasos para aprovechamientos agrícolas (10).

La primera imagen aérea que conocemos de Las Quinientas es la proporcionada por el conocido como Vuelo de 1945-46 en la que se muestra con la actual forma de “pera” y en la que el arado ha afectado ya a un sector de la laguna disminuyendo su superficie, a juzgar por lo que unos años antes, en 1940, nos informa el geógrafo Juan Dantín quien al visitar la zona escribe: “En las terrazas de la izquierda del río Guadalete… se disponen hasta once lagunas endorreicas, unas temporales, como la laguna de las Quinientas (500 m. de diámetro) a que afluye el arroyo de Bocanegra, seco con el rigor de los calores estivales; otra, a 24 m. de altura,



llamada de la Isla (750 m. de diámetro); dos lagunas pequeñas sin nombre…
” (11). Pocos años después, el hidrobiólogo Luis Pardo en su monumental Catálogo de los Lagos de España nos ofrece una escueta descripción de Las Quinientas (1948) que se corresponde con la imagen proporcionada por el citado “Vuelo” y con la que en la actualidad presenta la laguna: “Localización al S. de Jerez, a la izquierda del río Guadalete y 750 m. de la Cañada Ancha, 1.00 m. al O. de la Laguna de la Isla”. Respecto a sus características la califica de “esteparia” y en lo que respecta a su morfometría apunta que es de “perímetro piriforme, siendo de 450 y 400 m. sus máximas longitud y anchura, respectivamente; con aguas temporales” (12). Como vemos, sus dimensiones han disminuido en apenas una década por efecto de la roturación de sus orillas.

Si en los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado, la laguna vería reducido parcialmente su vaso siendo utilizado como tierra de cultivo, sería de finales de los sesenta en adelante cuando recibiría, como veremos, su “golpe de gracia” al ser adquirida por la sociedad propietaria de la Azucarera del Guadalete para utilizarla a través de un emisario, como balsa de vertidos industriales, lo que supondría en la práctica su destrucción como espacio natural. Pese a que su estado de deterioro avanzado, a mediados de los 80 la Laguna de las Quinientas aparece en el primer Inventario de Zonas Húmedas Naturales de la Provincia de Cádiz (13), en el que de los 45 espacios naturales que se mencionan, 14



pertenecen al término municipal de Jerez. Se reconocían así, implícitamente, sus potenciales valores naturales en espera de que en un futuro pudiera regenerarse como ya habían empezado a reclamar los colectivos ecologistas.

Apenas unos años más tarde (1995), los investigadores Santos Casado y Carlos Montes lamentan las amenazas de este humedal y dan fe de la desaparición de algunas de nuestras lagunas señalando, en pasado, que “…sobre sedimentos modernos de origen fluvial… pueden citarse las lagunas de Las Quinientas, de la Isla o de las Pachecas, y de Rajamancera, que existían en el borde meridional de las terrazas del Guadalete, al pie de lomas margosas entre las que discurre la llanura aluvial. La intensa transformación agraria que han sufrido los fértiles terrenos de vega ha desfigurado casi por completo las características naturales de estos enclaves palustres” (14).

Para su adecuación como balsa de vertidos, se construyó un muro que alteró su topografía natural y redujo casi a la mitad la superficie del vaso lagunar, ampliándose también su profundidad hasta casi tres metros. El agua llegaba hasta la laguna a través de una larga tubería subterránea que, desde la fábrica, cruzaba el río Guadalete adosada al puente de La Herradura, donde aún pueden verse los restos de aquella conducción.

Como era de suponer, el uso industrial de Las Quinientas y su normal funcionamiento como espacio natural resultaron incompatibles. Desde su transformación en balsa de vertidos se comportó “como una laguna endorreica conteniendo sólo el agua recogida tras las precipitaciones y el aporte de la fábrica, con lo que apenas existía renovación y los contaminantes y nutrientes se iban concentrando” (15). Estas aguas del lavado de la remolacha poseían una alta concentración de materia orgánica, lo que favoreció la proliferación de algas y bacterias. Todo ello, unido a las altas temperaturas veraniegas, coincidiendo con el periodo de vertidos, provocaron desde los primeros momentos “fenómenos de eutrofización y episodios de botulismo, con mortandades en la comunidad de aves acuáticas” (16).

La contaminación de las aguas y de los suelos del vaso de la laguna, donde se iban acumulando lodos tóxicos, provocaron también la perdida de buena parte de la vegetación que crecía en el cinturón perilagunar y la muerte de numerosas aves. Si con anterioridad a los vertidos llegaron a contabilizarse unas 200 parejas reproductoras de 17 especies diferentes, en 2015, cuatro años después de que cesaran, apenas lo hicieron unas 20 parejas de 7 especies, cuando ya la laguna había iniciado su lento proceso de recuperación (17). Especies tan emblemáticas y en peligro de extinción como malvasía, cerceta pardilla o focha cornuda se reproducían en Las Quinientas antes de que la contaminación originara graves episodios de mortandad de aves que llegaron a superan los 2.000 individuos tan sólo en el periodo 2005-2011 (18).

La lucha del movimiento ecologista por la recuperación de Las Quinientas.

Como es de suponer, esta situación fue denunciada desde el primer momento por colectivos ecologistas, quienes en numerosas ocasiones solicitaron el cese de los vertidos industriales y la regeneración del humedal. Una de las primeras muestras de alarma la encontramos ya en 1984



en una nota de prensa del delegado de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Jerez, Manuel Flores, en la que denunciaba el “atentado ecológico” que suponían los vertidos del emisario de la azucarera (19).

Durante 1988 la Federación Ecologista Pacifista Gaditana (FEPG, que luego se transformaría en Ecologistas en Acción) solicitó a la Agencia del Medio Ambiente la declaración como reserva integral de Las Quinientas pidiendo la paralización de los vertidos y la urgente regeneración del humedal que ese verano mostraba signos de recuperación, ya que en la campaña de 1987 la azucarera apenas había derivado caudales. Ese mismo año llegaron a reproducirse malvasías, produciéndose “el misterioso robo de 12 huevos” de esta especie en dos nidos, tal como denunciaban los medios de comunicación. Los ecologistas mencionaban en su informe la capacidad regenerativa de la laguna: “la vegetación es abundante y su riqueza ornitológica es tan obvia que en la primavera pasada llegaron a criar varias parejas de malvasías. Desafortunadamente la falta total de vigilancia propició que unos desconocidos robasen los huevos de esta especie en peligro de extinción” (20).

En los años siguientes, la lucha ecologista por la recuperación de la laguna no cesó. En 1989 AGADEN denunciaba la pasividad del responsable provincial de la AMA, Francisco Blanco, ante los vertidos y la FEPG hacía lo propio con la autorización para que el agua de la laguna pudiese ser utilizada por los agricultores para el riego ante las sospechas de que se mezclaran en Las Quinientas las aguas procedentes del lavado de la remolacha con las más tóxicas procedentes del quentín (21). Con todo, los episodios más críticos se vivieron en 1990. En junio, la FEPG remitía un escrito a la AMA solicitando la “prohibición definitiva de los vertidos”. Ante la pasividad de todos, los ecologistas llegaron a cortar el colector de la azucarera y a taponar el conducto por el que los vertidos llegaban a la laguna reclamando la regeneración de la laguna y su calificación como reserva natural. Miembros de AGADEN hicieron una ocupación simbólica de la azucarera pidiendo la clausura del emisario y denunciando que “la combinación de vertidos y de la acción del sol sobre el agua contaminada genera una concentración de sales y sustancias tóxicas letal para la vida”. Ese mismo verano se sucedieron los episodios de mortandad de aves y los ecologistas recogieron en la laguna numerosos ejemplares de focha, porrón común, ánade real, cigüeñuela, polla de agua…, denunciándose que la dirección provincial del AMA había excluido esta laguna de los itinerarios de vigilancia de su guardería, así como que los vigilantes de la azucarera retiraban y eliminaban las aves muertas para ocultarlas. A raíz de las denuncias, la CE abrió expediente por esta mortandad (15/8/1990). Ante la falta de respuesta, desde el movimiento ecologista se acusó a la AMA de plegarse a los intereses de la empresa (22).

En 1991 la FEPG, en escrito dirigido al presidente de la C. H. del G., reclama de nuevo la declaración de Reserva Natural para esta laguna y el cese de los vertidos llegando a presentar, en julio de ese mismo año denuncia en los juzgados de Jerez ante un nuevo episodio de mortandad de aves y galápagos. A través de Manuel Gómez de la Torre, parlamentario de IU, la FEPG formuló pregunta sobre la situación de la laguna en la que el entonces consejero de Medio Ambiente, J.M. Suárez Japón informó de las medidas correctoras que la azucarera había empezado a adoptar para reducir la carga contaminante de sus vertidos (feb.1992). El colectivo Albariza solicitaba también en esos años (1993-94) la intervención del alcalde y del delegado de urbanismo de Jerez para el cese de los vertidos toda vez que ya había entrado en funcionamiento la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Jerez que podría asumirlos (23).

Por no hacer interminable este relato, las dos décadas siguientes se repitieron las denuncias si bien, las medidas adoptadas por la azucarera redujeron en parte los impactos. Pese a todo, en 2009, cuando se celebraba el 20 aniversario de la declaración de las lagunas de Cádiz como Reservas Naturales, la de las Quinientas figuraba aún en la vergonzante “lista negra” de humedales perdidos en espera de su regeneración. Como recordaba Juan Clavero: “la situación de la laguna de Las Quinientas, con una superficie de unas 20 has. es de los más sangrante, pues en los años 80 del siglo pasado se autorizó por la entonces AMA y por el Ayuntamiento de Jerez su uso como balsa de decantación.

Las consecuencias fueron catastróficas; una laguna convertida en una charca pestilente, mortandades continuas de aves, subida repentina del nivel de agua en pleno verano inundando nidos de aves, sobre todo de cigüeñuelas. En el año 1988 llegó incluso a nidificar la malvasía, pero los huevos desaparecieron y los adultos de esta rara y protegida especie abandonaron la laguna cuando comenzaron en verano los vertidos de la azucarera
” (24).

Un humedal en proceso de recuperación.

Desde un tiempo a esta parte, las cosas han cambiado mucho y para bien, hasta el punto de que puede afirmarse que la recuperación de la Laguna de las Quinientas como espacio natural es sólo cuestión de tiempo. Tras los acuerdos hace unos años entre la entonces Azucarera Ebro y la Consejería de Medio Ambiente, se cambiaron los protocolos de actuación en materia de vertidos reduciendo drásticamente la carga contaminante. Sin embargo, esas medidas no eran suficientes y en el año 2012 se firmó un nuevo convenio de colaboración, por el que la empresa solicitó y recibió de la administración andaluza un fondo de 42.035 € a través de las Ayudas a la Biodiversidad. Las obras de restauración ambiental que se llevaron a cabo permitieron eliminar el emisario, el vaciado del humedal, la retirada de fangos del vaso lagunar, el cese de los vertidos y la progresiva naturalización de este espacio, lo que ha traído como consecuencia el cese de la mortandad de aves (25).

En la actualidad, con una superficie de 12 has., su cubeta presenta hasta 3 m de profundidad, poseyendo en sus orillas una incipiente orla de vegetación en la que predominan los tarajes, carrizos y juncos.



La recuperación de este enclave natural requerirá un largo periodo de tiempo, sin embargo, resulta esperanzador que ya en 2015, en el último censo de aves acuáticas realizado en la laguna de las Quinientas, se hayan contabilizado 20 parejas de 7 especies distintas que han conseguido reproducirse: avoceta, chorlitejos chico y patinegro, ánades azulón y friso, cigüeñuela y pagaza piconegra (26). Ahora que esta laguna ha empezado a funcionar como un enclave natural, libre ya de las aguas y los fangos contaminantes, esperamos que, si las lluvias acompañan, vuelva la vida a sus aguas y como sucedía con anterioridad a 1969, muchas especies de aves saquen adelante a sus pollos en este paraje cercano al Guadalete y a la Bahía de Cádiz. Esperamos eso y que, de manera progresiva pueda ser visitada por la ciudadanía a través de visitas concertadas o de “jornadas de puertas abiertas”.

En 2015, cuando se presentaron oficialmente las actuaciones realizadas, los medios de comunicación reconocieron como en este proceso de recuperación de la laguna, junto a la Consejería de Medio Ambiente y la empresa de la Azucarera de El Portal, había jugado un papel fundamental los ecologistas. Juan Clavero, portavoz de Ecologistas en Acción, resumía en aquella visita la lucha de tantos años: "es una alegría celebrar el Día Mundial de los Humedales con la recuperación de uno de ellos, porque en los años 80, cuando se convierte en una balsa de decantación, la fauna no desaparecía, sino que moría sistemáticamente. Gracias a las denuncias y a la colaboración de la Azucarera podemos



ver esta imagen, una laguna nueva, con aguas limpias, con poca vegetación porque tendrá una regeneración natural pero que tarde o temprano se convertirá en una zona de enorme importancia ecológica. Creo que lo que hay que aprender de estos conflictos es que es mejor prevenir que restaurar
" (27).

Para saber más:
(8) Levé a vue de la route de Jeres a Medina Sidonia, Echelle en mètres 1: 20.000, 1842, Centro Geográfico del Ejército.
(9) Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz.
(10) Pueden consultarse al respecto: Lechuga y Florido, A.: “Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000 y Mapa de la Provincia de Cádiz, Instituto Geográfico y Catastral, Escala 1: 200.000, 1935.
(11) Dantín Cereceda, J.:La aridez y el endorreismo en España. El endorreismo bético” .Estudios Geográficos, año 1, nº 1, Octubre de 1940, p. 110.
(12) Pardo L.: Catálogo de los lagos de España. Biología de las aguas continentales VI. Ministerio de Agricultura. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, Año XIX, nº 41, Madrid, 1948, p. 408.
(13) Atlas Hidrogeológico de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. 1985.
(14) Casado de Otaloa S. y Montes del Olmo C.: Guía de los lagos y humedales de España. AMA. Junta de Andalucía. 1995, p. 176.
(15) Laguna de las Quinientas. Delegación Territorial de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, 2 de febrero de 2015, p. 1-2.
(16) VV.AA.: Gestión activa y restauración de la Laguna de Las Quinientas, Congreso Nacional de Conservación y Restauración de Humedales. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Junta de Andalucía, 2015.
(17) Lobato. J.P.: El renacer de una incubadora natural. Diario de Jerez, 3 de febrero de 2015
(18) Laguna de las Quinientas… Obra citada, p. 3.
(19) Ayuntamiento de Jerez. Nota de prensa: La muerte de la laguna de las Quinientas, 6 de agosto de 1984. Firmada por Manuel Flores Girón, concejal delegado de Medio Ambiente. Archivo de Ecologistas en Acción Jerez (AEAE).
(20) Diferentes noticias aparecidas en los medios de comunicación daban cuenta de estos episodios y de las denuncias ecologistas. Entre otras: “La FEPG pide a la Junta la declaración de reserva integral para seis lagunas". Diario de Jerez, 18 de mayo de 1988. “Los ecologistas denuncian el misterioso robo de 12 huevos de malvasía”, Diario de Cádiz, 29 de junio de 1988. la Asociación Ecologista Guadalete (AEG) había localizado dos nidos con doce huevos, que “desaparecieron”. “La FEPG propone la protección de 8 zonas Húmedas”, agosto de 1988. Se trataba del resumen de un amplio dossier elaborado por la FEPG emitido a los medios y a las instituciones. Estos documentos pueden consultarse en el Archivo de Ecologistas en Acción Jerez.
(21) “AGADEN acusa a Francisco Blanco de tirar por tierra toda la política proteccionista de la Junta”, Diario de Cádiz, 12 de agosto de 1989. Se denunciaba que las balsas de decantación de la azucarera, conteniendo contaminantes altamente tóxicos eran vaciadas también a la laguna junto a las aguas procedentes del lavado de la remolacha que son las que contaban con autorización. Carbajo, M.: Los agricultores podrán regar con el agua de Las Quinientas. La capacidad de la misma es de unos 100.000 m3. El Periódico del Guadalete, 26 de agosto de 1989. Se apuntaba que se analizarían previamente para asegurarse que no se mezclaban con las aguas del quentín, altamente contaminantes. FEPG.: Nota de Prensa, 28 de agosto de 1989. En la que denunciaba el acuerdo para utilizar las aguas de las Quinientas para riego según el acuerdo al que habían llegado la Azucarera de El Portal y la AMA. En 1989 la FEPG presentó alegaciones a la Ley de Espacios Naturales de Andalucía para la inclusión de Las Quinientas con la figura de Reserva natural Concertada, sin que la administración andaluza fuera sensible a estas peticiones, tal como puede verse en VV.AA.: Espacios Naturales de la Provincia de Cádiz, Federación Ecologista-Pacifista Gaditana, 1989. p.27
(22) En junio de 1990 la FEPG remitía un escrito a la AMA solicitando la “prohibición definitiva de los vertidos”, de lo que se hacía eco la prensa: Lobato, O.:Solicitan la prohibición definitiva de vertidos en Las Quinientas”, Diario de Jerez, 24 de junio de 1990, p.5. Los episodios del taponamiento de colector pueden seguirse en “Ecologistas cortan el colector de la azucarera de El Portal. La tubería vertía agua contaminada a la laguna de Las Quinientas”. Diario de Cádiz, 25/06/1990; “Los ecologistas taponaron el conducto de residuos que la azucarera vierte a las aguas de la laguna”, 26 de junio de 1990; “Los ecologistas insisten en que Las Quinientas es una reserva natural”, Diario de Jerez 26 de Junio de 1990, p. 7; “Los ecologistas cierran el vertido de Las Quinientas”, El Periódico del Guadalete, 26 de junio de 1990 p. 8; “Protestas contra los vertidos de las azucareras. Ecologistas piden para Las quinientas la calificación de reserva natural”, Diario de Jerez, 26 de junio de 1990. Portada y p. 7; “La Azucarera del Guadalete ocupada por los ecologistas”, El Periódico del Guadalete, 30 de junio de 1990; Lobato, O.: “Nueva mortandad de aves en la laguna de Las Quinientas. Agaden la imputa a vertidos de una azucarera”, 27 de julio de 1990, p. 10; Lobato. O.:Expediente de la CE por la muerte de aves en Las Quinientas”, Diario de Jerez, 15 de agosto de 1990. “Ecologistas acusan a la AMA de plegarse a la Azucarera”. Diario de Jerez 23 de agosto de 1990, p. 3.
(23) FEPG: Carta al Presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 21/06/1991. Denuncia en los Juzgados de Jerez, FEPG, 9 de Julio de 1991. “Y van Quinientas. Nueva denuncia de los ecologistas contra la AMA por permitir vertidos en la laguna y llevarse nidos de aves”, Diario de Jerez, 11 de julio de 1991; Parlamento de Andalucía: Respuesta a D. Manuel Gmez de la Torre del Consejero de Medio Ambiente, D. Juan Manuel Suarez Japón, sobre denuncias ecologistas en la Laguna de las Quinientas, 7 de febrero de 2992. Colectivo Ecologista Albariza, escritos dirigidos al alcalde de Jerez (5 de julio de 1993) y al delegado de urbanismo (23 de junio de 1994) sobre denuncias de la situación de la laguna de Las quinientas. Estos documentos pueden consultarse en el Archivo de Ecologistas en Acció.n Jerez.
(24) Clavero Salvador, J.: “Conservación y perspectivas de futuro. El movimiento ecologista y la protección de los humedales gaditanos” p. 135, en Humedales de Cádiz: veinte años de conservación, Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, 2009.
(25) Laguna de Las Quinientas. Delegación Territorial de Agricultura, pesca y Medio Ambiente, 2 de febrero de 2015.
(26) Ibidem.
(27) Lobato, J.P.:El renacer de una incubadora natural”, Diario de Jerez 3 de febrero de 2015


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Lagunas y humedales, Paisajes con historia, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 11/02/2018

 
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