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Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

“Al pasar la barca”.
Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el río Guadalete (1).



Antes de que se instalaran pontones, o se construyeran alcantarillas y puentes, los ríos y los arroyos se atravesaban por vados, vaderas y “pasadas”. Sin embargo, cuando los caudales andaban crecidos no quedaba más remedio que recurrir a las barcas. Ubicadas en los lugares donde confluían los caminos, en los que también solían existir vados, las barcas permitían dar continuidad al tráfico de personas y mercancías y como pequeños trasbordadores, servían por igual a caminantes y viajeros, a trajinantes y carreteros, a pastores y ganados.

En nuestro recorrido de hoy por la historia y por los paisajes de la campiña, les proponemos cruzar nuestros ríos en aquellas barcas de antaño y en especial en las que franqueaban el Guadalete y el Majaceite.

Algunas barcas célebres en la provincia.

En la provincia de Cádiz, las barcas jugaron un papel insustituible en las comunicaciones entre distintas poblaciones, especialmente entre finales del XVIII y mediados del XIX. Así, por referirnos sólo algunas de las muchas que existieron, mencionaremos la barca que cruzaba el río San Pedro, entre Puerto Real y El Puerto de Santa María, hasta la construcción de un puente colgante en 1846.



Ya desde finales del siglo XV, como indica el historiador Bartolomé Gutiérrez, Puerto Real contaba con “dos barcas de pasage… de que el rey les fizo merced, la una es en el Saladillo que está entre medias de Puerto Real é del Puerto de Sta. María; esta gana renta; la otra es en el Puntal de la Matagorda para pasar a Cádiz” (1).

Grandes servicios prestaron las barcas del río Guadiaro, debido al considerable incremento de caudales de este río en invierno, que contaba a mediados del XIX, según Madoz, con barcas para su paso en Jimena, Cortes, Benadalid, Gaucín, Casares y San Roque (2). Muy célebre fue también la “barca de soga” de Villamartín, instalada para cruzar el Guadalete tras el arrastre del puente en la avenida del Guadalete de 1917, que dio lugar a la conocida terminación con la que se completaba el dicho popular “En Villamartín te espero… si la soga no se rompe”. Pero sin duda, la única que junto a la de La Florida ha dejado su recuerdo en



la toponimia ha sido la de Vejer. Madoz señala que el río Barbate, además de la conocida “Barca de Vejer”, al pie de esta población, contaba también con “una barca cerca de su desembocadura en el mar” (3).

Pieza clave para el tránsito por el Campo de Gibraltar fueron las barcas de los ríos Palmones (en el camino de Algeciras a Gibraltar) y Guadarranque (en el de Algeciras a San Roque) que, según informa Madoz, generaban a mediados del XIX importantes “derechos de pasages” proporcionando su arriendo 40.000 reales anuales al Ayuntamiento de Algeciras. En Chiclana, “cerca del empalme con la carretera general” (lo que hoy conocemos como nudo de Tres Caminos) encontramos también en esta época un puente de barcas sobre la ría del Zurraque que “fue establecido con el objeto de atender a las reparaciones de este tramo del camino y al de la barca de pasage que anteriormente había en este punto” (4).

Trebujena, Puerto Serrano, Arcos, Sanlúcar… contaron también con barcas para cruzar el Guadalete o el Guadalquivir, pero sin duda, el mayor número de ellas se concentraba en el término de Jerez, de las que hemos localizado información de más de una docena en los últimos cinco siglos.



Las barcas del Guadalete.

En un trabajo publicado hace ya casi treinta años Juan de la Plata, daba cuenta de localización en nuestro Archivo Municipal de referencias sobre cinco de las barcas existentes en el Guadalete entre los siglos XVII y XIX a lo largo de su recorrido por la Campiña: la del vado de la Torre de Martín Dávila (la más antigua, en 1652), la de la Florida (1725), la de Florindas (1767) y la del Alamillo (1768) (5). Madoz, en 1846, mencionado los aspectos destacables del Guadalete señala que “en los términos de su tránsito, tiene 4 barcas en el de Jerez, que procediendo de arriba abajo, son; la de la Angostura, en el camino de Jerez a Arcos; la de Berlanga, en el de Jerez a Algar, la del Alamillo, en el de Jerez a Paterna, y la de Florinda en el de Jerez a Puerto Real” (6).

Vamos a ocuparnos ahora de algunas de estas barcas que cruzaban el Guadalete y de su afluente principal el Majaceite, a su paso por el término de Jerez. Para ello remontaremos el río desde El Puerto de Santa María hasta la sierra, visitando los parajes donde se ubicaban y conociendo algunos datos de las pequeñas historias que guardan.

Barca de Florinda o de Florindas.

El recordado compañero del CEHJ Alberto M. Cuadrado Román, quien investigó como pocos las claves geográficas e históricas de nuestro río, vinculaba en uno de sus artículos, la tradicional leyenda de la Cava y de Don Rodrigo (recurriendo a la versión de Theophile Gautier) con la toponimia de los alrededores del Guadalete.

Apunta en relación con ello que “el que tal vez, sea el único lugar cartográficamente documentado de la referida Leyenda de la Cava, se encuentra en el mapa del año 1811 Map of the Country round Cadiz comprehending St. Lucar de Barrameda, Xerez, Medina, Conil, Chiclana &c. from the Spanish Map of Jose Cardona, de Faden, Cardano y Thompson. Se encuentra en la Biblioteca Nacional y aquí lo adjuntamos. Ahí aparece la leyenda ‘Barca de Florenda’ (Barca de Florinda), que por su descripción y ubicación en dicho mapa, no puede ser la pedanía jerezana de La Barca de la Florida (el poblado de La Florida se creó en 1935 y el pueblo actual en 1948)” (7).



El citado topónimo de “Barca de Florenda” (o Florinda, pues se lee con dificultad) figuraba ya en un mapa anterior al citado, en el que en gran medida se basa aquel, como su mismo autor indica: el de José Cardano, de 1809 (8). De la misma manera lo podemos encontrar en otros aún más antiguos. El más significativo de ellos es el Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes del geógrafo Tomas López, compuesto en 1787 (9). En él puede leerse, esta vez sin errores, el topónimo de ”Barca de Florinda”, en un punto situado certeramente frente a las “Huertas de Sidueña” donde estuvo ubicada esta conocida barca del Guadalete que, en buena medida, vino a sustituir a la vieja barca de Puerto Franco que cruzaba también el río en un paraje cercano.

Aunque pueda resultar sugerente la relación entre el Guadalete, la Barca de Florinda, Don Rodrigo y el personaje de Florinda y la leyenda de la Cava, como planteaba A. Cuadrado, nos tememos que se trata sólo de una feliz coincidencia. En ella también reparó Adolfo de Castro. El erudito y escritor gaditano rechaza esta posible vinculación en su obra “Historia de Cádiz y su provincia” (1858). Señala en ella al dilucidar por el posible itinerario de las tropas musulmanas invasoras que “…Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto Real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se le impuso. Sea como quiera no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla (de Guadalete). Sabido es que con razón se tiene por novela arábiga la violencia que a la hija del conde D. Julián hizo el rey Rodrigo, de la cual se originó la pérdida de España, conseja semejante á la de Lucrecia” (10).

El topónimo de Florinda (o Florindas) está a buen seguro relacionado, como apuntará ya Agustín Muñoz y Gómez con el nombre patronímico de una conocida familia jerezana, la de los Florindas. De ella era miembro el célebre jesuita D. Diego de Florindas (del que también nos habla Parada y Barreto en sus Hombres ilustres de la ciudad de Jerez), quien fue “rector de varios conventos de Andalucía y Visitador de parte de los de América”, que falleció en 1730, siendo rector del convento de Córdoba y a quien se debe el nombre de la jerezana calle Florinda, junto a la plaza Cocheras (11). Muñoz y Gómez recuerda también como “en el Guadalete hay una barca llamada de Florindas, con el disfrute de ciertas tierras, pero con la obligación de pasaje á los viajeros y traginantes” (12). Otros miembros de esta misma familia dieron nombre a la mencionada barca y como ya publicó Juan de la Plata, “…en 1767, se autoriza una tercera barca, llamada de Florindas, ya que fueron sus promotores y encargados de manejarla, el jerezano Juan de Florindas y sus hermanos" (13).



Una referencia de autoridad es la que nos proporciona el ilustrado Antonio Ponz, quien recorre en su Viage de España (1792) estos parajes de las marismas del Guadalete y menciona la “afamada Barca de Florinda”. Así, como relata en la Carta Sexta del Tomo XVII de dicha obra, tras visitar el Monasterio de la Cartuja y describir el Puente, toma el camino de La Isla de León siguiendo la ruta de la actual Cañada Real de La Isla o de Cádiz y Puerto Franco diciendo lo siguiente: “…Después de haber salido de entre estos pinares desmedrados se descubre á cortas distancias los bellísimos Pueblos del Puerto de Santa María, de Puerto Real, que quedan a mano derecha: y al mismo lado queda el paso del Guadalete por la que llaman Barca de Florinda” (14).

La barca de Florindas figura en un buen número de mapas editados entre los siglos XVIII y XX, por lo que debió estar activa hasta bien entrado el siglo XIX. En la 1ª edición de la hoja 1016 del Mapa Topográfico del IGN de 1917 puede verse aún la leyenda de “barca” en el meandro del río en el que tuvo su emplazamiento. Hoy día, los viajeros que transitan por la carretera que une el puente de Cartuja con Puerto real, bordeando las marismas del Guadalete, aún pueden divisar donde se encontraba el emplazamiento de la Barca de Florinda a orillas del río, a unos quinientos metros frente a la curva del canal de riego.

La barca de Puerto Franco.

Entre el extremo más meridional de la sierra de San Cristóbal y el Guadalete, se encuentra el paraje conocido como “Puerto Franco” donde ya desde el siglo XV se estableció un pequeño asentamiento dedicado a la pesca en el río. En este lugar, donde viene a desembocar en el Guadalete el arroyo del Carrillo (o Matarrocines), vadeaba el río la prolongación de la Cañada del Carrillo también conocida como Cañada de Puerto Franco, por lo que este punto constituía además una encrucijada de caminos. La llamada “barca de Puerto Franco” posibilitaba la continuidad de la mencionada vía pecuaria (15).

Al cruzar el Guadalete se pasaba a través de la barca a las tierras que fueron del Haza de Florinda y de La Tapa y se enlazaba con la Cañada Real de la Isla o de Cádiz y Puerto Franco que, partiendo del Puente de Cartuja se dirigía por los bordes de la marisma hacia Puerto Real y Cádiz. Como nos recuerda Esperanza de los Ríos, en 1612 el ingeniero de la Corte, Cristóbal de Rojas, señala en un informe que realiza para mejorar la navegabilidad del río, la citada “barca de Puerto Franco” como el lugar donde habría que realizar uno de los cortes para enderezar el cauce del Guadalete (16). De la misma manera, como ha escrito Cuadrado Román, el ingeniero Leonardo Turriano hace también alusión a la citada barca al señalar el emplazamiento donde se encuentra como el punto por el que sería más fácil trazar un canal de unión con el río San Pedro (17). Un lugar, el del emplazamiento de la barca, a lo que se ve, estratégico por muchos motivos. Como se deduce de las fuentes documentales, este barca cayó en desuso y tiempo después la “barca de Florindas” sustituiría, de alguna forma, la función que cumplía la vieja barca de Puerto Franco al encontrarse ambas en parajes cercanos.
(Continuará...)
Para saber más:
(1) Gutiérrez B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC, Jerez, 1989, T. II. Libro 3º, págs. 220-223. Sobre la barca del río san Pedro entre Puerto Real y El Puerto de Santa María véase también, Madoz, P.: Diccionario… p. 85.
(2) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86
(3) Madoz, P.: Diccionario… p. 236
(4) Madoz, P.: Diccionario… p. 85
(5) Juan de la Plata.:Las cinco barcas del río”. Diario de Jerez, 10/12/1989
(6) Madoz, P.: Diccionario… p. 76
(7) Cuadrado Román, Alberto M.: La profecía de Don Rodrigo. Diario de Jerez 8/06/2010.
(8) Cardano, José.: Plano topográfico de las inmediaciones de Cádiz comprendidas entre S.Lucas de Barrameda, Conyl, Medina, Xerez y Campyña inmediata. Sacado de los mejores Planos y noticias que se han podido adquirir. Biblioteca nacional de España R.9744. 1809.
(9) López, Tomas: Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes : Dedicado al Excmo. Señor Conde de Florida Blanca... Por los cabildos Eclesiástico y secular de dicha ciudad y por mano del Ilmo. Señor Baylio Don Francisco Zarzana. Madrid 1787.
(10) De Castro y Rossi, Adolfo.:Historia de Cádiz y su provincia”. Imprenta de la Revista Médica. Cádiz, 1858, pg. 214
(11) Parada y Barreto D. I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera . Edición facsímil. Extramuros, Sevilla, 2007.Pg. 180
(12) Muñoz y Gómez, Agustín.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC. pg. 44-45
(13) Juan de la Plata.:Las cinco barcas del río”…
(14) Ponz, Antonio.:Viage de España”. Tomo XVII, Carta sexta, pg. 298. 1792
(15) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948.
(16) De los Ríos Martínez, E.: Los informes de Cristóbal de Rojas y Julio César Fontana para hacer un muelle y un puente sobre el rio Guadalete en Jerez de la Frontera. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 14, 2001, pags. 13-26
(17) Cuadrado Román, Alberto M.: Proyecto y obra hidráulica en el Jerez de los siglos XVI y XVII (yII). Diario de Jerez 19/05/2009


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Río Guadalete, El Guadalete se desborda, Paisajes con historia, Al pasar la barca (2). Las barcas de El Portal, La Greduela y el Alamillo., “Al pasar la barca” (y 3). Las barcas de La Florida, Berlanga, el Majaceite y Tempul.


Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 29/05/2016

 
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