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Vientos.
Un recorrido por los paisajes del viento en nuestra campiña.




De nuevo soplaba el viento de Levante. Hacia el mediodía se paró el tiempo y comenzó un minuto eterno de polvo y arena. Los eucaliptos, las faldas y los toldos cobraron de repente una nueva vida, alada e inquieta…” Así, con el Levante, arranca la novela “Del Viento al Infinito”, obra del escritor jerezano Sebastián Rubiales (1), con ese mismo Levante que nos recuerda que, en muchas ocasiones y sin esperarlo, el viento se hace presente en nuestra tierra con una fuerza arrolladora para recordarnos que esta es la provincia del viento.

El viento modela nuestros paisajes.

Más que ningún otro meteoro, si hay un hecho climático que caracterice a la provincia de Cádiz, ese es el viento, especialmente en el sur y en la costa atlántica, donde sopla con fuerza todo el año. Y es que el viento, con su terquedad y persistencia, ha condicionado no pocos aspectos de nuestra existencia cotidiana: el urbanismo de algunos de nuestros pueblos y ciudades con su peculiar estructura de callejas estrechas e intrincadas, la agricultura, los modos de vida, la preservación del litoral de la fachada sur atlántica de la provincia, la vegetación y los paisajes, el ocio y el turismo... (2).



El incansable trabajo constante del viento ha construido las barras arenosas y las dunas de muchos parajes costeros (Caños de Meca, la Algaida, Valdevaqueros, Punta Paloma, Trafalgar, Valdelagrana,…) y ha sido también quien ha frenado la voracidad inmobiliaria y la especulación urbanística y depredadora del territorio en muchos rincones de nuestro litoral y así, gracias al viento aún podemos disfrutar de espacios naturales en relativo buen estado de conservación.

El viento ha posibilitado las explotaciones salineras y ha remodelado así los paisajes marismeños, condicionando también el uso del suelo y la agricultura. Buena parte de las regiones costeras y de la mitad sur de la provincia, las conocidas “campiñas con Levante” han debido orientarse hacia la ganadería ante los frustrados intentos de desarrollar cultivos, siempre limitados por la acción del viento de Levante, que termina por asurar las cosechas en los secanos.



Ante su fuerza de poco sirven las pantallas vegetales de cipreses, de cañas o de “transparentes” que vemos en La Ina, Río Viejo, Malabrigo o Magallanes, por citar sólo algunos lugares de nuestra campiña más cercana en cuyos campos se libra esta singular batalla.

Poniente y Levante.



Los vientos dominantes en nuestro territorio son, principalmente, los conocidos como Poniente y Levante (3). El Poniente, de procedencia atlántica, se desplaza de Oeste a Este y suele ser húmedo y fresco, siendo el viento predominante en el Marco de Jerez y la campiña. A los vientos de poniente debemos principalmente las precipitaciones en nuestras comarcas, que aumentan en las zonas interiores de la provincia a medida que las masas nubosas, condicionadas por el relieve, ascienden y se condensan al enfriarse. El poniente veraniego tiene además un efecto benéfico en nuestros viñedos a los que aporta humedad en los meses más secos del estío, en un momento crucial para que los frutos consigan la maduración deseada. De la misma manera que para las cepas, es también beneficioso para la crianza de los vinos, mediante la “flor” o flora microbiana en las bodegas por su carga de humedad. Como indica García del Barrio, sin el viento de Poniente, “puede decirse que no existiría el vino de Jerez, y sobre todo los vinos tipo “fino”, que tienen crianza biológica”.



Por contraposición al viento de levante, este autor señala que el de poniente tiene por principales características el ser un viento “húmedo, menos fuerte, frío y que sopla también en verano, que es cuando produce los máximos beneficios”. (4).

Y luego está el Levante. Procedente del Sureste (y no del Este, como muchos piensan) y originado en las tierras continentales africanas, alcanza su máxima velocidad en la zona próxima al Estrecho de Gibraltar. En nuestras campiñas puede también soplar con gran fuerza, siendo por lo general un viento seco y de efectos negativos para la agricultura a la que condiciona y limita especialmente, cuando sopla abrasador y persistente en verano. No en balde está considerado el “mayor azote agrícola” de la provincia, impidiendo los cultivos de cereal en el sector de la provincia más castigado por el viento. En el viñedo de nuestra campiña, su presencia hace disminuir enormemente la humedad ambiental que puede llegar hasta el 30% de humedad relativa del aire (más propia de climas desérticos), teniendo en cuenta que el promedio existente al mediodía, cuando el fruto está en sazón es de un 50% y del 75% durante la noche (4).

Isidro García del Barrio, menciona como las principales características del Levante el ser “seco, cálido, fuerte y veraniego” (5) y para ilustrar el poder que tienen la velocidad y el efecto secante de este viento, cuenta como anécdota que “la antigua laguna de la Janda, que tenía profundidades de hasta tres metros, se ha visto desecar en unas semanas con un temporal de viento de levante, incuso durante el invierno” (6).

Aunque hacia el interior los vientos de Levante pierden relevancia, se hacen también presentes y, pese a la dominancia anual del Poniente, la “personalidad” del Levante marca también nuestro territorio y nos afecta, de una u otra manera, a todos.



Como acertadamente apunta un dicho popular “no se pueden ponen puertas al Levante”, a su carácter indómito y rebelde que sólo parecen entender y sobrellevar las veletas. Lo expresa magistralmente Sebastián Rubiales en su novela: “El Levante aparecía, de cuando en cuando, dejando señales de su capricho por trastocarlo todo, como una voluntad superior y despiadada”.

Junto a ellos, otros vientos están también presentes en nuestro territorio, si bien no cobran la importancia de los anteriores. Así, los vientos del Suroeste que penetran por el Golfo de Cádiz (por el “tercer cuadrante”) son los que traen los grandes temporales de lluvias, el Norte, que baja las temperaturas y apenas se deja sentir en nuestra comarca, o el viento del Este, que muchos confunden con el Levante, y que se deja sentir con más fuerza en el sur de la provincia y en el Estrecho.



El viento como fuente de riqueza. Los nuevos paisajes del viento.

Si el viento condiciona, como se ha dicho, buena parte de nuestros modos de vida, de la actividad agropecuaria o de los usos del litoral, gracias a él se han desarrollado en las últimas décadas otras fuentes de riqueza. Así, el auge de algunos deportes náuticos que atraen tantos turistas a nuestras playas, la denominada invasión “surfera”, no sería posible sin el viento, el mismo viento que –paradojas de la vida- las desalojaba de bañistas cada vez que hacía su aparición e impedía su desarrollo urbanístico…



De la misma manera, de la mano de la abundancia de vientos, nuestro territorio ocupa un puesto de vanguardia en la producción de energía eólica. Lejos quedan los tiempos en los que la fuerza del viento movía las aspas de los molinos harineros de Vejer (donde aún se conservan algunos ingenios), Medina, Paterna o Jerez, donde todavía existe en la parte más elevada del barrio de San Miguel la calle Molino del Viento, para recordarnos el emplazamiento de un antiguo molino en nuestro casco urbano.



Los vientos soplan ahora a favor de las energías renovables y conviene recordar a este respecto, que si Andalucía ha experimentado un importante crecimiento eólico en la última década al multiplicar por casi 10 la potencia instalada, la provincia de Cádiz ha sido la de mayor crecimiento, contando a finales de 2015 con 67 parques eólicos en funcionamiento, disponiendo de un total de 1.308,99 MW, casi el 40% de la potencia eólica instalada en Andalucía (7). Tras Tarifa, Jerez es el segundo municipio andaluz con mayor potencia instalada, contando en la actualidad con 11 parques eólicos en los que hay funcionando un total de 162 aerogeneradores. Estos nuevos “molinos de viento”, de dimensiones colosales, levantados en torres de entre 80 y 90 m de altura, llaman la atención por sus enormes góndolas en las que giran tres grandes palas que, en el caso de las instaladas en los parques eólicos de la campiña, tienen entre 35 y 45 m de longitud. A diferencia de los primeros “molinos” de Tarifa que producían apenas 100 kilovatios cada uno, los nuevos aerogeneradores ofrecen por término medio entre 1,5 y 2 megavatios de potencia.



Entre los parques de nuestra campiña destacan el denominado Jerez (en el Mojo), con 42,50 MW de potencia y 27 “molinos” instalados, el de Doña-Benita-Cuellar, próximo al anterior, con 32 MW y 16 aerogeneradores, o el de Chorreaderos Bajos, con 30 MW y 16 molinos, cercano a Gigonza y Paterna.



En este mismo sector se encuentran también los dos parques de Los Isletes y el de Chorreaderos Altos, entre las lomas de las carreteras que unen Torrecera y San José del Valle con Paterna.



Por su ubicación en una planicie elevada sobre la campiña, destaca el parque de Bolaños, situado como el de Roa la Bota al sur de la ciudad, visibles desde la carretera de Medina en el paraje conocido como Mesas de Bolaños donde entre ambas instalaciones suman 31 molinos. Por último, situados al oeste del casco urbano, visibles desde las carreteras de Rota y Sanlúcar, se emplazan los parques de La Rabia, junto a la antigua viña de La Esperanza, el de Alijar (en tierras del cortijo del mismo nombre), y El Olivillo, cercano este último al paraje de La Ventosilla, en la carretera del Calvario, y próximo al antiguo estuario del Guadalquivir (8).

La riqueza generada por estas fuentes de energía alternativa y no contaminante, posibles gracias al viento, ha tenido como contrapartida el gran impacto visual que los aerogeneradores y las líneas de conducción eléctrica causan en muchos rincones de nuestro territorio.



Es el tributo de un paisaje redibujado con los perfiles de estos nuevos molinos de viento que ya de manera permanente van a estar presentes en los horizontes de la campiña.

Para saber más:
(1) Rubiales, S.: Del viento al infinito, Pre-Textos, 2000.
(2) García del Barrio, I. y otros: Mapas Provinciales de suelos. Cádiz. Ministerio de Agricultura. 1971. pp.119-124.
(3) Sousa Alaejos, R.: Notas para una climatología de Jerez de la Frontera. Instituto Nacional de Meteorología. Madrid. 1998. pp. 33-38. De este trabajo hemos tomado la ilustración de la rosa de los vientos anual de Jerez: p, 35
(4) García del Barrio, I.: La tierra del vino de Jerez, Sexta, S.A. , 1979, p, 81.
(5) García del Barrio, I.: La tierra… p, 80
(6) García del Barrio, I. y otros…, p, 119.
(7) Informe de Infraestructuras energéticas. Provincia de Cádiz. Actualización a 31 de diciembre de 2015. Agencia Andaluza de la Energía. Consejería de Empleo, Empresa y Comercio, 2015, p, 2.
(8) Informe de Infraestructuras energéticas… pp, 22-23.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Miscelánea, Veletas en la campiña. Un paseo por las veletas en torno a Jerez.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 13/03/2016

Un recorrido por los viñedos de Jerez.
Al encuentro de la primavera.




En estos días azules y soleados que anuncian ya un tiempo nuevo, la quietud del campo -ese tiempo lento en el que se suceden las estaciones en nuestra campiña- se ha visto luminosamente alterada por los signos de la primavera. Y para sentirla de cerca, nada mejor que regalarnos un paseo por los caminos que se trazan entre los pagos de viñas que rodean la ciudad.

El campo, en feliz expresión de Jesús Rodríguez Gómez, “huele a viña haciéndose” y en las cepas apuntan ya los primeros brotes que, en pocas semanas, vestirán de verde el paisaje de nuestras tierras de albarizas para recordarnos que Jerez, la “Ciudad Europea del Vino 2014”, la “ciudad de las Bodegas”, es también la tierra de los viñedos.

Si bien es cierto que en las últimas décadas la industria vinatera y la viticultura ocupan cada vez a menos personas, no están lejos los días en los que buena parte de la población conocía los nombres de las viñas y de los principales pagos. Ya quedaron atrás los tiempos en los que estos paisajes formaban parte del “imaginario colectivo”, del “ADN” -como gusta decir ahora- de una ciudad que cada vez da más la espalda al campo y a su entorno cercano. Para traer de nuevo a la memoria los nombres de tantos rincones que durante siglos dieron con sus frutos fama universal a Jerez, hemos salido al encuentro de la primavera paseando entre viñas, en torno a Jerez.

Los Pagos de Viñas:

Julián Pemartín (1) se refiere a nuestros pagos como “cada uno de los grupos de viñas, con tierras homogéneas y, en general, delimitados por accidentes topográficos, en que tradicionalmente se ha venido considerando dividida la zona vitícola jerezana”. Manuel María González Gordon (2) abunda en esta idea de pagos como “grupos de fincas de terreno homogéneo donde se ha cultivado la vid”. El profesor Alberto García de Luján (3) apunta más matices señalando que los pagos son “una extensión limitada de tierras que posee características particulares, diferenciadas de los pagos colindantes”. Entre ellas señala la situación geográfica, la orografía, la exposición al sol y a los vientos, la composición y naturaleza del suelo, el “mesoclima” o la influencia del mar…. “en cierto modo, el pago se corresponde con el concepto francés de “terroir”, definido como conjunto de factores naturales que confieren a un producto una tipicidad original e identificable”. La conjunción de estos factores dota a los distintos pagos de “personalidad” propia a la hora de producir unos u otros vinos, y como señalaba recientemente Beltrán Domecq (4), presidente del Consejo Regulador, “un pago producirá un vino distinto al de otro pago y esa diferencia repercutirá más al ir envejeciendo en las botas de las distintas bodegas”.

Es ya clásica la división de los pagos en tres grandes categorías, en función sobre todo de la naturaleza del suelo. Los más abundantes y considerados como los óptimos para el cultivo de la vid eran los de tierras de “albariza” (margas blancas ricas en carbonato cálcico, arcilla y sílice). Estos pagos, llamados de “afuera” proporcionan también los vinos de mejor calidad y se extienden, especialmente, por el rincón noreste de nuestra campiña, entre la ciudad y las carreteras de Morabita y El Puerto. Las tierras de “arenas” o “barros”, de inferior calidad para el cultivo, se encuentran, sobre todo, en la zona este de la ciudad, habiendo sido en muchos casos absorbidos por el crecimiento urbano. En los sectores sur y suroeste del término, predominan también las albarizas así como los “bujeos”. En todo caso, lo más común es que en la mayoría de los pagos encontremos suelos de distinta naturaleza, lo que les confiere sin duda ese carácter especial y casi único que hace de cada uno de ellos un espacio singular, como los vinos que producen. Entre los pagos de albarizas, han destacado por su mayor extensión, ya desde mediados del XIX, los de Macharnudo, Balbaina, Añina, Carrascal, Carrahola y San Julián. Entre los que presentan mezcla de albarizas y bujeo, sobresalen los de Corchuelo y Montana y entre los de arenas, el pago de Montealegre, con suelos rojizos característicos. (5)

Buena parte de los pagos de viña tienen un origen remoto que se remonta en el tiempo, cuando menos, a la presencia romana en estas tierras. Numerosos hallazgos arqueológicos repartidos por toda la campiña en torno a Jerez, confirman la existencia de asentamientos de carácter rural, villae o vici, en época romana, en muchos de los cuales se asientan hoy cortijos y viñas que conservan en su nombre actual el recuerdo de su origen. Algunas de estas antiguas villae, que hoy dan nombre a afamados pagos de viña derivan de los gentilicios o cognomina de sus propietarios (6). Otro tanto cabe decir de la presencia árabe, que se ha conservado en el nombre de muchos de nuestros pagos.

Diego I. Parada y Barreto (7) menciona una completísima relación de los pagos de viñas del Jerez del último tercio del siglo XIX, con más de 150 referencias. La mayoría de estos pagos están recogidos en el Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera de Antonio Lechuga y Florido (8), aunque la información más completa nos la proporciona Adolfo López Cepero en su “Plano parcelario del término de Jerez de la Frontera” (1904), donde se recogen los nombres de los pagos y de las fincas que tenían viñedos al llegar la plaga de filoxera en 1894 (9), si bien muchas de estas viñas se perdieron definitivamente. Muy completa es también la relación de pagos (hasta 136) que enumera Julián Pemartín en 1965 en su Diccionario del vino de Jerez. (1)

Aunque en la actualidad encontramos viñedos en otros muchos rincones de nuestra campiña, los pagos controlados en el término municipal de Jerez por el Consejo Regulador, de acuerdo con la relación que aporta García de Lujan en 1997 son los siguientes: Alcántara, Alfaraz, Almocadén, Amarguillo, Anaferas, Añina, Balbaína, El Barrosillo, Burujena, Cabeza Alcaide, Campiz, Camporreal, Cantarranas, La Capitana, Carrahola, Carrascal, Casablanca, Cerro de Orbaneja, Cerro de Santiago, Cerro Pelado, Crespellina, El Corchuelo, Los Cuadrados, Cuartillos, Las Cuevas, Espartinas, La Florida, La Gallega, Gibalbín, Los Isletes, La Loba, Lomopardo, Macharnudo, Mariáñez, Mariscala, Marihernández, Montealegre, Montegil, Parralejo, Montecorto, Matacardillo, Parpalana, La Parrilla, La Peñuela, Prunes, Puerto Escondido, Rajaldabas, Salinilla, San Cristóbal, San Julián, Tabajete, Tizón, Torrox, Valcargado.

Para facilitar el recorrido por los pagos más notables y su localización espacial, citaremos algunos de los más conocidos que se extienden junto a las distintas carreteras que parten de Jerez (en sentido contrario a las agujas del reloj), así como los ubicados en sus proximidades y en otros territorios más alejados de aquellas.

Carretera de Sevilla.

Aunque en otros tiempos las tierras llanas del pago de Las Abiertas acogieron viñas, hoy apenas quedan algunas pequeñas fincas que lo recuerdan, al igual que sucede en el de Bogas, absorbido por el crecimiento urbano, o en el más antiguo de Lárgalo, donde se instaló a comienzos del siglo XX el parque González Hontoria. En el pago de Ducha, dedicado hoy día mayoritariamente a cultivos de secano, hubo sin embargo muchos viñedos, siendo uno de los primeros que sufrieron la plaga de filoxera en 1894. En las tierras de Ducha, frente al aeropuerto, hubo ya una alquería árabe, Duŷŷa, como ha documentado el arabista M.A. Borrego Soto (10). En las proximidades de El Cuervo el pago de Montegil conserva todavía una buena porción de viñas, en las laderas del alto del mismo nombre.

Carretera de Morabita.

La conocida como “carretera de Morabita”, que sigue en buena parte el trazado del antiguo camino de Lebrija, deja a ambos lados tradicionales pagos de viñas, especialmente en su margen izquierda. Junto a los de Capirete y Manzanillos, el de mayores resonancias es el de Carrascal, con viñas como El Telégrafo, La Canariera, El Corregidor, Viña Romano… Este de Carrascal es uno de los pagos más antiguos de Jerez y uno de los más alejados del mar. Otro muy conocido, que encontramos también en esta ruta, es el de Espartinas, que se cuenta entre los más antiguos de Jerez y que incluye viñas tan conocidas como Berango, Los Romanos, Viña de Enmedio… La toponimia latina, tan abundante en este rincón de la campiña nos apunta su antiquísima colonización.

Carretera de Trebujena.

Sobresalen en este sector de la campiña antiguos pagos de viñas como el de Raboatún o el afamado pago de Macharnudo (Alto y Bajo) en cuyos cerros y laderas, presididos por la torre



medieval de la finca El Majuelo, pueden verse pintorescos paisajes de viñedos. El pago de Almocadén, frente a Macharnudo, otro de los de más nombradía, guarda también en su topónimo resonancias árabes y alude al nombre con el que eran conocidos los guardas de los campos. El de Valcargado (Tabajete) colindante con las marismas a los pies de Mesas de Asta, ha perdido muchos de sus antiguas viñas. Ya en otros parajes más alejados, el de Burujena, situado al Noroeste del término de Jerez y próximo a Trebujena, tiene buena parte de sus viñas orientadas hacia la marisma del Guadalquivir, como el de Martín Miguel, ya en tierras de Sanlúcar.

Carretera “del Calvario”.

La conocida como carretera del Calvario, “Carretera de La Viñas” o camino de Bonanza, por la que desde Jerez se busca el Guadalquivir, es de obligado recorrido para admirar el paisaje del viñedo al ser una de las que cruza un mayor número de pagos. El Cerro de Santiago, con las famosas viñas de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, es uno de los más conocidos, junto al de Corchuelo, situado a la izquierda de la carretera apenas cruzamos la Ronda Oeste. Los del Amarguillo, Orbaneja, Tizón, Cerro Pelado (con excelentes tierras), Prunes… son otros tantos pagos de esta zona. Este último, el de Prunes, está presidido por el llamativo caserío de la antigua viña de San José.



Carretera de Las Tablas.

Entre las carreteras del Calvario y Sanlúcar, junto a los actuales núcleos rurales de Las Tablas, Polila o Añina se encuentran renombrados pagos de viñas como San Julián, Zarzuela, Cantarranas o el de Añina, el que encierra más historia y cuyo topónimo, de origen latino, nos habla ya de la ocupación temprana de este rincón de la campiña. Estas laderas de viñas sobre albarizas, orientadas al mar, ofrecen magníficas estampas de los paisajes del viñedo jerezano.

Carretera de Sanlúcar.

En dirección a Sanlúcar, a la derecha del camino, los pagos de Alfaraz y San Julián (uno de los más famosos del marco), separados por la carretera de Las Tablas, albergan renombradas viñas por las que en otros tiempos cruzaba la traza del ferrocarril camino de Bonanza. En el de Marihernández, destaca la viña de La Cruz del Husillo y en el de Alfaraz la de Cerro Obregón, desde cuya casa, hoy habilitada como establecimiento hostelero, se domina una magnifica perspectiva. Balbaina, Los Cuadrados, Grañina,…… son otros tantos pagos de viñas que encontramos a ambos lados de esta carretera. Como el de Montana, al norte de Las Tablas, por cuyas tierras discurría también el ferrocarril.

Carretera de Rota.



Entre las carreteras de Sanlúcar y Rota, el pago de Balbaina (de resonancias latinas, vinculado por algunos autores a la familia gaditana de los Balbo) es uno de los de mayor extensión del marco y sus viñedos reciben como pocos, la influencia de los suaves vientos procedentes del Atlántico. El pago de Carrahola, cruzado por la cañada de Las Huertas, el de La Gallega, o el de Los Tercios, por citar sólo los más conocidos, se encuentran también en este hermoso rincón, en tierras colindantes con el término municipal de El Puerto de Santa María.

Zona Sur.

Al abrigo de la Sierra de San Cristóbal, junto a la actual laguna de Torrox y en las proximidades del campo de golf, los pagos de Torrox y Anaferas, se cuentan entre las escasas zonas de viñedos situadas al sur de la ciudad. Este último hace alusión en su nombre a los barros que se extraían en este lugar para hacer “anafes” (hornillos de material cerámico), vocablo también de origen árabe. Todavía hay viñas en Anaferas o en Parpalana, junto a El Portal y la Hijuela de Las Coles. Más escasas son por el contrario en el pago de Solete, donde aún se conservan algunas casas de viñas que dan fe de los antiguos cultuivos, habiendo desaparecido casi por completo en el de Gibalcón, colindante con la laguna de Torrox, del que ya no queda ni su sonoro nombre.

Otros lugares.

Ya en zonas más alejadas de la ciudad y en dirección Este encontramos manchas aisladas de albariza, arenas pliocenas o suelos margosos de “tierras blancas” donde también se cultivan viñas. Nos referimos a pagos o fincas como los de Montealegre, Espínola, Lomopardo, Cuartillos, Los Isletes, La Peñuela, Montecorto, Cartuja de Alcántara… De todos ellos, de sus paisajes diversos e igualmente hermosos, nos ocuparemos en futuras salidas “entornoajerez”

El tiempo retenido: los viñedos de 'Lomopardo'


La 'mar de viñas': viñedos en torno a Jerez


Ver "La mar de viñas": Viñedos en torno a Jerez en un mapa más grande

Para saber más:
(1) Pemartín, J.: Diccionario del vino de Jerez. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1965.
(2) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970.
(3) García de Luján, A.: La viticultura del Jerez. Mundi-Prensa Libros, S.A. Madrid, 1997.
(4) Domeq, B.: Los pagos de los viñedos de Jerez. Diario de Jerez, 01/03/2014.
(5) García del Barrio Ambrosy, I.: La tierra del vino de Jerez. Ed. Sexta S.A. Imp. Gráficas del Exportador. Jerez, 1979. Véase también De Las Cuevas J. y J.: Vida y milagros del vino de Jerez. Ed. Sexta S.A. Imp. Gráficas del Exportador. Jerez, 1979
(6) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.). Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz 1999. Véase también López Amador, .J. y Pérez Fernández, E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín, 2013.
(7) Parada y Barreto, D.: Noticias sobre la historia y el estado actual del cultivo de la vid y del comercio vinatero de Jerez de la Frontera. Jerez, Imprenta del Guadalete, 1868.
(8) Lechuga y Florido, A.: Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera. Arregalado a la escala 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. Incluyendo una información similar al anterior Plano, es también de gran interés el plano de detalle titulado Plano de los Viñedos de Jerez de la Frontera. Litografía y Tipografía de M. Hurtado, 1897.
(9) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
(10) Borrego Soto, M.A.: (2008) “Poetas del Jerez Islámico”, AAM 15: 4-78


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Otros enlaces que pueden interesarte: Cortijos, viñas y haciendas, Mapas "entorno" a Jerez, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios, Toponimia

Y también... Con Dios y con el Diablo por los viñedos de Jerez.


Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 23/03/2014

 
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