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Una excursión botánica.
Con el Padre Vicente Jiménez Gámez por la campiña de Jerez en 1915.


Junto a los variados testimonios gráficos y documentales que sobre la flora y vegetación del entorno de la ciudad se conservan, sobresale por su especial valor didáctico el de D. Vicente Martínez Gámez. Presbítero, Camarero de honor de su Santidad y Catedrático de Historia Natural en el Instituto de Jerez, Martínez Gámez fue también un enseñante innovador en el campo de las Ciencias Naturales y en la utilización de los recursos del entorno como recurso didáctico.

Durante su etapa de trabajo en nuestra ciudad, en la segunda década del siglo pasado, publicó un curioso libro que con el título “Recuerdo de unas excursiones botánicas” (1) recoge una muestra de los trabajos que realizó con sus alumnos. En esta pequeña publicación de gran valor documental, deja testimonio de las especies arbóreas y arbustivas que podían ser vistas en el Jerez de 1915, así como una selección de las plantas herbáceas más significativas que crecían en los alrededores de la ciudad, con especial mención a las orquídeas.

Algunos apuntes biográficos.

Hijo de una familia acomodada, nació en 1870 en Jimena, Jaén. Se ordena sacerdote y estudia Ciencias Naturales, su gran vocación y ya desde 1897 figura como miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural. En 1906 lo encontramos como profesor de Ciencias Naturales en el sevillano Colegio Calasancio, formando también parte de la Junta Directiva de la citada Sociedad donde ocupa el cargo de vicesecretario en la sección de Sevilla (2). Será en este año cuando publique, como especialista en el estudio de las aves, sus “Apuntes para la Ornitología andaluza y de España en general” (3). Entre otros muchos datos de interés, se recogen en esta obra citas sobre la presencia de la rara malvasía en nuestro entorno (4).

En 1910, año de su llegada al Instituto de Jerez, La Correspondencia de España da cuenta en su sección de Mundo Eclesiástico que “el virtuoso sacerdote y doctor en Ciencias, D. Vicente Martínez Gámez, ha sido nombrado camarero de honor de Su Santidad” (5). Entre 1910 y 1015, durante su estancia en el Instituto jerezano que se ubicaba entonces en la Alameda de Cristina, realizará con sus alumnos diferentes excursiones. Además del libro ya mencionado, publicará también un folleto sobre orquídeas con láminas en colores (6). Del Instituto de Jerez pasará al de Cádiz, donde repetirá las excursiones y visitará con sus alumnos en diferentes ocasiones los pinares de Las Canteras de Puerto Real, desplazándose en tren desde la capital. De una de estas excursiones, la que realiza en la primavera de 1920, saldrán después las notas para su libro “El paraíso de las orquídeas”, que verá la luz en 1921, un delicioso trabajo en el que amplía y completa los estudios sobre estas plantas ya iniciado en Jerez unos años antes (7).

En 1934 lo encontramos en el Instituto Alfonso X el Sabio de Murcia y el curso siguiente, pasará a ocupar la plaza de catedrático de Historia Natural y Fisiología e Higiene en el Instituto de Castellón (8). En este mismo año publica “Fábulas Morales”, un libro para niños con deliciosos grabados a linóleo (9). Lamentablemente, su vida tendrá un trágico final y en plena Guerra Civil, el 15 de mayo de 1937, cuando contaba la edad de 67 años, fue asesinado, como otros sacerdotes, en Paterna (Valencia) (10).

Un profesor innovador.

Pero volvamos a sus años en el Instituto de Jerez, en la segunda década del siglo pasado, donde Martínez Gámez llega con 40 años y donde desarrolla una interesante labor educativa. Y es que, además del valor testimonial que tienen sus trabajos sobre la flora de nuestro entorno, vistos un siglo después, la aportación del padre Vicente Martínez tiene un marcado carácter pedagógico que conecta con las corrientes más innovadoras del momento. La utilización del medio como elemento didáctico estuvo presente en los movimientos educativos renovadores de finales del siglo XIX representados en España por la Institución Libre de Enseñanza. De la mano de su creador, D. Francisco Giner de los Ríos, el estudio de la naturaleza, las excursiones geológicas y botánicas y la observación científica, cobraron un inusitado protagonismo. Las experiencias de D. Vicente Martínez, así como la de otros profesores del Instituto de Jerez, entroncan con esta misma línea renovadora.

Como apoyo práctico a los programas académicos, no dudaba en combinar las explicaciones teóricas con los trabajos prácticos en el Laboratorio de Ciencias Naturales y las excursiones con finalidad didáctica. Entre 1910 y 1915, las memorias del instituto recogen las salidas con sus alumnos a los pinares de Las Canteras de Puerto Real, a la Estación Sericícola o las Dunas del Guadalete en El Puerto de Santa María, o a la Granja Escuela de Jerez (11). De la misma manera organiza excursiones por los alrededores de la ciudad al objeto de estudiar la flora y vegetación, los minerales, los animales... Entre los lugares destino de esas salidas se encuentran La Sierra de San Cristóbal, Cerro Frutos, Los Albarizones, La Cartuja, Los Garciagos, La Torre de Melgarejo, La Alcubilla, los llanos de Caulina, la Laguna de Torrox, La Corta o las playas de San Telmo.



De todas ellas el padre Martínez ofrece amenos relatos salpicados de los datos científicos de sus hallazgos y de consideraciones pedagógicas acerca del valor de la observación directa. Junto a las salidas al campo se aborda también el estudio de la naturaleza en la ciudad: "También pusimos empeño, por creerlo de interés, en que nuestros alumnos conociesen los árboles de los arrecifes, parques, jardines y paseos de la ciudad, así como las plantas ornamentales exóticas más principales -siquiera muchas no estaban en condiciones de clasificación- que se cultivan por doquier en tierra tan amante de las flores, puesto que en Jerez... cada azotea es un huerto, un jardín cada balcón y cada patio un edén. No de otro modo podrían darse cuenta del sinnúmero de plantas raras, de otras regiones, que saltan a la vista de un mediano observador en plazas, parques y jardines" (12).

Más de cincuenta especies de árboles y arbustos presentes en nuestras calles y plazas son mencionadas en sus trabajos (casuarina, araucaria, magnolio, aromo, acacia, árbol del amor, jacarandá, …). Mención especial merecen los ejemplares de boj y tejo presentes en el patio del Instituto, los cedros del Líbano, así como varias especies de eucaliptos (E. rostrata, E. amygdalina), hoy ausentes en nuestros jardines. En su librito, el padre Vicente Martínez, se lamenta del poco eco que han tenido entre sus paisanos los trabajos del célebre botánico jerezano José María Pérez Lara, a quien se debe la primera gran obra sistemática de la flora de la provincia “Florula gaditana”, y quien le acompañó en no pocas excursiones por los alrededores de la ciudad. Sobre él escribió “… es justo que aquí le rindamos tributo de respeto y consideración. Con un par de aficionados a las exploraciones botánicas, de su talla en cada provincia, pronto se llegaría a conocer la flora completa de nuestra Península, la más rica, interesante y variada de toda Europa” (13).

Las orquídeas de nuestra campiña.



En su librito realiza numerosos comentarios de carácter didáctico, así como de las ventajas de aprender de manera directa, en contacto con el medio natural. Apunta, por ejemplo, curiosas observaciones sobre el mimetismo de las flores del género Oprhys, así como sobre las características de las Orquidáceas, centrando su atención en la localización geográfica de las distintas especies encontradas. Algunas veces, exagera en cuanto a la presencia de especies en nuestro país en relación a la flora europea (“las cuatro quintas partes”) que en realidad no supera el 60%.

De gran interés son también sus referencias a la flora y vegetación de la campiña, apuntando las especies más significativas de arbustos y planteas herbáceas de los alrededores de la ciudad, así como su distribución en los diferentes rincones de nuestro término.

En ocasiones, algunos de los hallazgos que considera más significativos llegan a reflejarse, incluso, en las memorias anuales del instituto, como en el caso de la liliácea Fritillaria hispánica, anotado en la del curso 1910/11 (14). En sus excursiones, realizadas durante la primera quincena de abril de 1915, el padre Martínez Gámez menciona más de setenta especies de plantas herbáceas silvestres que crecen en torno a la ciudad.



Por citar sólo algunos ejemplos, en los Llanos de Caulina anota la existencia de numerosos palmitos, gamones, candilitos o lirios; en el parque de Tempul y sus alrededores cita nueza negra, aro, amor de hortelano, parietaria… En las zonas encharcadizas de Torrox y sus cercanías menciona los ranúnculos, lirios, hinojos. “Robustos ejemplares de la Scrofularia sambucifolia, que alcanzaban metro y medio de altura”, llaman su atención en el Balneario de San Telmo con sus inflorescencias rojas.



En el pinar junto a Las Cruces, donde confluyen los términos de El Puerto y Jerez, el padre Martínez Gámez se recrea en las delicadas flores del jacinto bastardo, o en las vistosas florecillas lilas y amarillas de Lupinus hirsutus y L. luteus, especies “que llenarían su cometido en los jardines mejor que muchísimas de las que se cultivan como de adorno”, al igual que otras, también muy vistosas, de los géneros Mathiola, Iberis, Lobularia, Arenaria… que describe en este mismo paraje (15).

Sin embargo, las que más atraen su atención, a juzgar por las descripciones que les dedica, son las Orquídeas: “las pertenecientes al género Ophrys llevan ese nombre, porque dicha palabra significa en griego, entre otras acepciones, arrogancia, lujo, fastuosidad…”. A estas especies dedicará no pocas observaciones realizando también varias acuarelas con cuyas láminas ilustra la publicación de sus trabajos. De la misma manera, detalla el lugar donde las encuentra: “las especies de orquidáceas recolectadas son la Ophrys apifera Huds, la



speculum Lk., la bombyliflora Lk., la lutea Cav., yla fusca Lk. La primera y la segunda crecen en abundancia en el pinar que hay, pasadas Las Cruces a la izquierda de la carretera de Jerez al Puerto de Santa María, y también cogimos un ejemplar… por encima de la fuente de Los Albarizones, próxima a Cartuja.

En este mismo sitio recolectamos diez o doce ejemplares de la bombyliflora, que luego recogimos en mayor cantidad en los Garciagos, pasada la llamada Torre de Melgarejo, así como también la Ophrys lutea, único punto donde pudimos estudiarla. La Ophrys fusca, la encontramos en las canteras de la mencionada Sierra de San Cristóbal, y solamente recogimos tres ejemplares en buen estado” (16).



Esta nómina de orquídeas la ampliará después con las que encuentra en el pinar de Las Canteras de Puerto Real en las excursiones que realiza con los alumnos de Jerez, y, especialmente, con los del Instituto de Cádiz. De ello da cuenta en una de sus publicaciones más conocidas que verá la luz en 1921: “El paraíso de las orquídeas” (17).

Junto a las ya citadas, encontradas en los alrededores de Jerez, presentes también en Las Canteras, se suman aquí nuevos hallazgos como Ophrys scolopax, O. iricolor, O. tenthredinifera y O. arachnites (hoy se la denomina O. fuciflora). Para completar el catálogo de orquídeas hallado, a estas nueve especies del género Ophrys, Martínez Gámez sumó la llamativa Orchis longicruris (conocida hoy día como O. italica), que halló también en Las Canteras (18).



Un siglo después hemos vuelto a recorrer en abril estos mimos rincones en busca de las especies descritas por el padre Vicente Martínez. Buena parte de estos lugares que se encontraban en ambientes rurales, han sido “colonizados” por la ciudad o afectados por obras públicas. Junto a Las Cruces, se conserva todavía un pinar y en sus proximidades, en S. Cristóbal hemos visto la llamativa Ophrys apifera. En el cerro de Lomopardo, aún pueden observarse algunas de las especies que se mencionan en esta publicación, como Ophrys fusca, junto a otra que no figura en sus listados pero que es verdaderamente hermosa, Orchis itálica (la O. longicruris que Martínez Gámez encontró en Las Canteras de Puerto Real). El entorno de Los Garciagos ha sido urbanizado, aunque en sus cercanías, junto al Cerro Naranja, hemos fotografiado también O. apifera. En Los Cejos, junto a la Laguna de Medina, hemos encontrado O. speculum. Las fotografías de todas ellas y de las otras especies citadas en Las Canteras por el padre Martínez Gámez, nos han sido facilitadas por nuestro amigo José Manuel Amarillo Vargas para ilustrar este artículo, que se acompañan de los dibujos en acuarela tomados de las obras del autor.



Como hiciera nuestro botánico, “no terminaremos sin consignar, en honor suyo, los nombres de los alumnos que nos acompañaron en las excursiones, de las cuales, a decir de ellos mismos, conservarán siempre gratísimo recuerdo: Manuel Sandoval, Pedro Máximo Ruiz, Vicente Chamorro Latorre, Eduardo Bohórquez Lacave, Pedro Ruiz-Berdejo, José Pomar Atienza, J.A. Fernández Azpitarte, Manuel Peñalver Ávila, José Mato Soto, J. María García Figueras, Ramón Pérez Más y Manuel García Pelayo” (19). En otra ocasión, “saldremos de excursión” con el Padre Vicente Martínez a la búsqueda de rocas y minerales y para hacer curiosas observaciones geológicas en torno a Jerez.

Para saber más:
(1) Martínez Gámez, V.: Recuerdo de unas excursiones botánicas. Imprenta y Litografía Jerezana, Jerez, 1915.
(2) Las referencias pueden consultarse en: http://bibdigital.rjb.csic.es/Imagenes/P0021_06/P0021_06_003.pdf y en el enlace: https://archive.org/stream/boletndelasoci06soci/boletndelasoci06soci_djvu.txt
(3) Martínez Gámez, V.: Apuntes para la Ornitología andaluza y de España en general, Edit. Ricardo Rojas, 1906.
(4) Ministerio de Medio Ambiente: Comentario de textos publicados sobre la Malvasía, disponible en el siguiente enlace consultado el 07/05/2018: http://www.mapama.gob.es/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies-amenazadas/cap08_2_tcm30-195434.pdf
(5) La Correspondencia de España, “Mundo Eclesiástico”, Año LXI, nº 18.987 de 5 de febrero de 1910, p. 4.
(6) Rodríguez Doblas, M.ª D.: Instituto Padre Luis Coloma: 150 años de Historia, Cuadernos de Divulgación, nº 2, Biblioteca de Urbanismo y Cultura, p. 127.
(7) Martínez Gámez, V.: El paraíso de las orquídeas del género Ophrys en España, Instituto General y Técnico de Cádiz. Trabajos de Investigación y Vulgarización Científica. Escuelas Profesionales salesianas de Artes y Oficios, Cádiz, 1921
(8) Escalafón de los Catedráticos Numerarios de los Institutos Nacionales de Segunda Enseñanza, Redactado por la Revista Minerva, Imprenta de L. Rubio, Madrid, 1934
(9) Martínez Gámez, V.: Fábulas Morales, Imprenta de Joaquín Barberá, Castellón, 1934.
(10) Sobre esta cuestión puede consultarse Cobo Romero., F. y Ortega López, T. M.ª.: “Encarcelados, represaliados y ejecutados: La violencia política y el mundo penitenciario durante la guerra civil en una provincia de retaguardia: presos políticos y represión en las comarcas rurales jiennenses, 1936-1939”, en: Els camps de concentració i el món penitenciari a Espanya durant la guerra civil i el franquisme, Barcelona. Museo de Historia de Cataluña-Universidad Autónoma de Barcelona, 2002, p. 491. En esta fuente se señala que, junto a Vicente, fueron también asesinados sus hermanos Mariano y Francisco, propietarios. También: https://archive.is/pG5d0 y
http://www.memoriarepublicana.com/guerracivil/
(11) La cita figura en la Memoria del curso 1910-1911, p. 12 como se apunta en: http://museo.iescoloma.es/catalogo/index.php?option=com_content&view=article&id=239&Itemid=95&limitstart=2, consultada el 09/05/2018. También puede consultarse: Rodríguez Doblas, Mª D.: Instituto… op. cit., p. 80
(12) Martínez Gámez, V.: Recuerdo… op. cit., p. 42.
(13) Ibidem, p. 25.
(14) http://museo.iescoloma.es/catalogo/index.php?option=com_content&view=article&id=239&Itemid= 95&limitstart=2, consultada el 09/05/2018.
(15) Martínez Gámez, V.: Recuerdo… op. cit., pp. 37-41.
(16) Ibidem, p. 36-37.
(17) “El libro fue publicado en el tomo extraordinario de 1921 de las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Está considerado un clásico en la botánica española y es la referencia primigenia sobre la que se construye el trabajo inmenso de catalogación e identificación de las especies de orquídeas ibéricas”: cita tomada de http://www.puertorealweb.es/spip2/cultura/puerto-real-en-la-historia/article/puerto-real-en-la-historia-parque-de-las-canteras, consultada el 13/05/2018.
(18) Martínez Gámez, V.: El paraíso… op. cit. pp.25-39.
(19) Martínez Gámez, V.: Recuerdo… op. cit., p. 45.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Flora y fauna, El Paisaje y su gente, Parajes naturales

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 20/05/2018

Eucaliptos.
S.O.S. por nuestros “gigantes vegetales” más singulares.




Es una historia conocida, una vieja historia. Un día se plantan unos árboles, -una hilera, un bosquete, unos pies aislados- que al cabo de unos años crecen y se hacen grandes, en algunas ocasiones muy grandes. Entonces, cuando ya nos hemos acostumbrado a su estampa, cuando ya gozamos de su sombra, cuando ya forman parte de nuestro paisaje, de pronto, nos estorban y se talan, se podan de manera abusiva, se dañan para que acaben muriendo…

Hay todo un amplio repertorio de normas de protección, de ordenanzas municipales de medio ambiente, de catálogos de árboles singulares, de estudios de impacto ambiental que, casualmente, en la inmensa mayoría de los casos, no son de aplicación a estos árboles que acaban maltrechos o tumbados en el suelo ante la indiferencia de casi todos.

Lo hemos visto en las últimas décadas en La Marquesa, junto a la rotonda del monumento a Álvaro Domecq, en el Parque González Hontoria, en la Avenida de Europa, en el Camino de Espera, en el Altillo, en la avenida de la Rosaleda, en los accesos al Aeropuerto, en tantos sitios… Las “víctimas” han sido viejos olmos, cipreses que incordian en medio de una explanada que se asfalta, almeces centenarios que estorban ante cualquier obra… y eucaliptos. Sobre todo eucaliptos. Los últimos “afectados” han sido dos “gigantes vegetales” de más de 30 m. que crecen junto a la rotonda del Puente de Cádiz, al inicio de la Ronda Este y que han sido llamativa y tristemente podados. Como en casi todos los casos, no han faltado esta vez vecinos que lo aplaudan ni vecinos que lo denuncien.



Y es que el eucalipto es una especie con “mala fama”. A nadie se le escapa que el rechazo a estos hermosos árboles, se debe fundamentalmente a las plantaciones masivas destinadas a la industria papelera, realizadas la mayoría de las veces a costa de nuestro bosque autóctono por intereses derivados de una política forestal hoy ya, afortunadamente, superada. Pero de ahí a señalar a todos y cada uno de los eucaliptos como árboles "malditos" va un largo trecho. Por muchas razones creemos que en esta cuestión, al revés de lo que nos enseña el tradicional refrán, sucede que “el bosque no deja ver los árboles” y que una cosa es sustituir progresivamente por especies autóctonas aquellos eucaliptares (los populares “calistrales”) que crecen en muchos rincones de la campiña, y otra eliminar sin más cualquier pie de eucalipto por el simple hecho de serlo ya que, por el contrario, muchos de estos ejemplares debieran ser conservados y protegidos.


Un poco de historia.

Procedente de Australia, el eucalipto no alcanzó difusión en nuestro entorno hasta la segunda mitad del siglo XIX. En nuestro país no figura todavía en el inventario (1) del Jardín Botánico de Valencia (1841), uno de los más activos, ni se menciona en ninguno de los 111 paseos y jardines recogidos por Madoz en su Diccionario Geográfico (1845-1850) de los que se enumeran sus diferentes especies arbóreas (2). Tras su introducción en España, se extendió con gran rapidez por las provincias del litoral andaluz. La voracidad de la minería de Huelva reclamaba entonces enormes cantidades de madera para el entibado de las minas y las fundiciones. Estas urgencias forestales provocaron las plantaciones de especies arbóreas de rápido crecimiento a costa de sustituir el bosque autóctono por grandes extensiones de pinos y eucaliptos. La corriente "higienista" que desde finales del siglo XIX vio en lagunas y



marismas la fuente del paludismo y otras enfermedades, encontró también un firme aliado en los eucaliptos para la desecación de los humedales. Todo ello, unido a la facilidad de su aclimatación y a su gran dispersión, sentó las bases de su posterior "mala fama ecológica" que se acrecentaría tras las repoblaciones masivas realizadas por el ICONA en la postguerra.

Los eucaliptos llegan a Jerez en el último tercio del siglo XIX y se plantan en muchos recreos y fincas de las cercanías de la población y en los jardines del Depósito de Aguas del Tempul, desde cuyos viveros debieron extenderse por los alrededores. Resulta llamativo que no figuren referencias al eucalipto en la larga relación de especies citadas por el jerezano Manuel Parada y Barreto en su obra "Ideas de Paisaje y Naturaleza" (1887), editada en una fecha en la que, sin embargo, creemos segura su implantación en nuestra provincia y su más que probable presencia en nuestra ciudad (3). A comienzos del siglo XX, la prensa local (4) ya recoge anuncios que así lo atestiguan: "Eucaliptus de varias clases se venden en macetas a 75 ptas. el ciento en el parque de los depósitos de agua del Tempul" (El Guadalete, 10-1-1902).

Por su rápido crecimiento, los eucaliptos se hacen pronto familiares en nuestro entorno urbano y apenas un año después de inaugurarse el parque de Capuchinos, en la Sesión Municipal de 23-12-1903 presidida por el Alcalde D. Juan Fadrique Lassaletta y Salazar se acuerda "...que el jardinero mayor de la ciudad adquiera 100 eucaliptus para el Parque González Hontoria" (5). Los árboles se plantaron en el invierno de 1904 y desde entonces han venido formando parte inseparable de la fisonomía de este rincón de la ciudad, pese a la tala de muchos de los ejemplares de este parque. El padre Vicente Martínez Gámez, al relatar sus excursiones botánicas con los alumnos del Instituto Provincial en 1915, cita también la presencia del eucalipto en los parques y jardines de Jerez señalando que existen "numerosas variedades de Eucalyptus (globulus, rostrata, amygdalina, etc.)" (6).

En la campiña debieron difundirse también con bastante rapidez, ya con vocación forestal. Cuando en 1915 se crea la Colonia Agrícola de Caulina, se reservan más de 4 hectáreas de las 192 que componían su superficie para terreno de arbolado donde se plantarán, sobre todo, eucaliptos. En los Montes de Jerez, siguiendo las tendencias forestales de la época, junto a diferentes especies de resinosas, se introducirán también los eucaliptos (E. globulus y E. camaldulensis, especialmente) desplazando a la vegetación autóctona y compitiendo con alcornoques, quejigos y los arbustos propios del monte mediterráneo.

El estudio sobre la "Vegetación forestal de la provincia de Cádiz" que en 1930 realizan los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños, confirma la gran difusión de los eucaliptos en la comarca y recoge ya la presencia de hasta 15 especies en distintas localidades gaditanas. En esta nómina figuran ya Eucalyptus calophylla, E. ficifolia, E. Lehmanni, E. polyanthema, E. crebra, E. diversicolor... y especialmente


E. globulus y E. rostrata -conocido también como E. camaldulensis- que se encuentran aclimatados en muchos parajes de la provincia. (7)

Tras la guerra civil, el Instituto Nacional de Colonización primero, y posteriormente el Instituto para la Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), realizarán grandes plantaciones en la campiña asociadas a los poblados de colonización surgidos en la vega del Guadalete. Las Aguilillas, la Suara, El Torno, José Antonio, San Isidro, Torrecera,… verán crecer los bosquetes de eucaliptos que aún persisten en la actualidad, pese a que en algunos lugares se han comenzado a sustituir por otras especies. Para entonces, estos árboles habrán ocupado ya de forma espontánea las riberas de nuestros ríos y arroyos desplazando en las galerías y sotos fluviales a sauces, fresnos, olmos, chopos, álamos... En todo el curso bajo del Guadalete, desde la Junta de los Ríos a El Portal, está presente casi de manera continua, al igual que en muchos otros parajes de nuestro entorno como el Rancho de la Bola, las faldas de la Sierra de San Cristóbal y la cañada del Carrillo, el parque de Santa Teresa, Vicos, la Vega de La Harina, Bucharaque… por citar sólo algunos de los muchos rincones donde forman masas puras o bosques mixtos en combinación con otras especies autóctonas.



En los últimos años se ha venido desarrollando trabajos para eliminar varios miles de pies de eucaliptos que habían crecido en las riberas y habían provocado en muchos lugares el estrechamiento del propio cauce del Guadalete. (8)



Los eucaliptos en la ciudad y sus alrededores.

Sólo si tenemos claro su origen y las razones por las que estos árboles fueron introducidos en nuestro entorno podemos tener argumentos para no confundirnos. Por ello conviene señalar algo que debiera resultar obvio: los eucaliptos del Parque González Hontoria, de la zona de la Avenida o Montealegre y, en general, los que de manera aislada o en pequeños grupos crecen en la ciudad y su entorno cercano son árboles ornamentales.

Como sucede con otras muchas especies presentes en los parques y jardines de todas las ciudades, la mayoría de las ornamentales no son especies autóctonas. Si fuera por eso, habría también que prescindir de plátanos de sombra, sóforas, aligustres, palmeras... dejando nuestras calles y plazas desarboladas. Y si acaso existiera cierta "xenofobia arbórea" hacia lo "australiano", no se entendería entonces la proliferación de tantas casuarinas (presentes en nuestra ciudad y sus alrededores desde hace más de un siglo) o la más reciente introducción en tantos rincones de las hermosas grevilleas.

Aun estando sobradamente demostradas las alteraciones ecológicas que pueden suponer las repoblaciones de eucaliptos en nuestros montes y marismas, especialmente cuando se hacen a costa de suplantar la vegetación autóctona, no puede aplicarse este discurso a los ejemplares aislados que crecen en el González Hontoria, en Caulina, en la Cañada de la Feria, en Montealegre o en El Cuco…, por citar algunos lugares donde también despuntan viejos eucaliptos. Muy al contrario, estos árboles (algunos de ellos centenarios) cumplen su papel ecológico en la ciudad, sirviendo de refugio a muchas especies de nuestra avifauna urbana, proporcionando la impagable y benéfica sombra que suaviza los rigores estivales, sirviendo de pantalla a la contaminación acústica y absorbiendo, como un enorme filtro verde, buena parte de los gases nocivos que genera el tráfico rodado. En otras ocasiones, debido a su gran altura, descollando sus copas entre los bloques de pisos, son también hitos relevantes de nuestros horizontes urbanos.


Creemos, por estas razones, que hay que sustituir progresivamente los eucaliptos en enclaves como La Suara, La Aguilillas, los Montes de Jerez, o en las riberas del Guadalete, como se ha está haciendo en estos últimos años. Es decir, en aquellos parajes donde con su introducción se desplazó a la vegetación autóctona que puede volver a regenerarse con un adecuado plan de reforestación. De la misma manera pensamos que algunos ejemplares aislados deberían ser sustituidos cuando puedan causar un daño evidente a determinadas infraestructuras o supongan riesgo para las personas.

Junto a todo lo anterior creemos que muchos de nuestros eucaliptos son ya árboles singulares por distintos motivos. Bastaría considerar su monumentalidad para que gozaran de la protección que nadie niega, por ejemplo, a las grandes araucarias de jardines, conventos y viñas. Pero además de todo ello algunos eucaliptos, como los del parque González Hontoria, o los que recientemente han “mutilado” junto al Puente de Cádiz, están cargados de historia. Y están también ligados a muchos recuerdos, formando ya parte del paisaje de nuestra memoria.


Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. T. XV, pp. 416-17.
(2) Quirós Linares, F.: Las ciudades españolas a mediados del siglo XIX. Vistas de ciudades españolas de Alfred Guesdón ; planos de Francisco Coello. Valladolid, Ediciones Ámbito, 1991.
(3) Parada y Barreto, M.: Ideas del Paisaje y la Naturaleza. Imprenta de Melchor García Ruiz, Jerez, 1887.
(4) El Guadalete, 10/01/1902, pg. 3
(5) El Guadalete, 24/12/1903, pg. 2
(6) Martínez Gámez, V.: Recuerdo de unas excursiones botánicas. Imprenta y Litografía Jerezana, Jerez, 1915.
(7) Ceballos, L. y Martín Bolaños, M.: Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio Ambiente, 2000.
(8) Para información sobre los trabajos de restauración ambiental en el río Guadalete pueden consultarse algunos de los trabajos publicados en esta web, como el titulado ¿Qué están haciendo en el río?: restauración ambiental de las riberas del Guadalete.

NOTA: La imagen del alcalde de Jerez D. J. Fadrique Lassaletta y Salazar nos ha sido facilitada amablemente por su familia a través de nuestro amigo Antonio Mariscal.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Flora y fauna, Árboles singulares, Paisajes con Historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/12/2014

 
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