Por el Labradillo y Sierra Margarita.
Un recorrido por el camino de Benamahoma a Grazalema.




El pasado domingo 8 de octubre tuvo lugar una multitudinaria marcha convocada por la “Plataforma Ciudadana para la recuperación de Caminos Públicos y Vías Pecuarias de la Sierra de Cádiz”, en la que participaron unas 600 personas, la más concurrida de las realizadas en la provincia de Cádiz. Esta singular manifestación cívica, ya repetida en años anteriores, pretende reclamar la atención de todos sobre la ocupación de muchas de nuestras tradicionales cañadas, coladas y cordeles por los propietarios de fincas privadas que impiden así el libre acceso a las mismas (1).

En esta ocasión la iniciativa pretendía un doble objetivo. Por un lado, denunciar el cierre a vecinos y senderistas del antiguo Camino de Benamahoma a Zahara que desde hace más de una década fue cerrado por los propietarios de las fincas que atraviesa, ante la pasividad de las administraciones. Por otro, manifestar la solidaridad con las personas que vienen sufriendo coacciones y amenazas por parte de responsables y guardas de seguridad de la sociedad propietaria de estas fincas, y muy particularmente con Juan Clavero, miembro de Ecologistas en Acción, tras su indignante detención el pasado mes de agosto al realizar este mismo recorrido,



hecho vergonzante del que se hicieron eco los medios de comunicación nacionales. El camino en cuestión es una antigua vía pecuaria que en su tramo inicial discurre por las faldas de la Sierra del Labradillo hasta la Laguna del Perezoso, dentro del Parque Natural de la Sierra de Grazalema y en el término de municipal de esta población. En 2004, el propietario de algunas de las fincas por las que atraviesa (Valdihuelo, El Navazo, Breña del Agua…) cerró esta vía que históricamente había unido las Huertas de Benamahoma y Zahara, hecho que fue denunciado por Ecologistas en Acción. En 2013, las fincas fueron adquiridas por la sociedad "Breña del Agua Investiment S.L." y se siguió impidiendo el paso libre por el camino. La presión ciudadana logró que el ayuntamiento de Grazalema lo catalogara como bien de dominio público incluyéndolo en el Inventario de Bienes de la Corporación Municipal en 2010, aunque nunca ha instado de manera efectiva al propietario de estas fincas a desmantelar las vallas y cancelas que impiden el acceso. El tramo de Zahara está abierto al público, no así el de Grazalema que, ante la pasividad de la Consejería de Medio Ambiente y del ayuntamiento, ha seguido cerrado pese a las denuncias, manifestaciones y marchas reivindicativas para conseguir su libre paso.

La Marcha por la recuperación de los caminos públicos.



Hacía más de 15 años que no habíamos subido al Perezoso desde Benamahoma, siguiendo los caminos de la falda del Labradillo por las razones expuestas. Y aún hacía más tiempo, casi 20 años, que no recorríamos la colada del Argamazón para llegar hasta Sierra Margarita por el puerto de la Alhucema, así que participamos en la marcha para apoyar las reivindicaciones… y para recordar viejos tiempos.



Tras la concentración en El Bosque, los participantes nos dividimos en dos grupos. Uno de ellos, -al que nos sumamos- se dirigió por el Camino de los Pescadores y la Colada de Argamazón al Puerto de la Alhucema, terminando en la Laguna del Perezoso. Esta ruta -la más dura- se desarrolló sin incidentes, al haberse eliminado con anterioridad las alambradas que impedían el paso. El segundo grupo, mucho más concurrido, partió de Benamahoma, por el camino público de Zahara y nada más empezar la marcha vio impedido su paso por una cancela y una densa alambrada que fue preciso cortar, ante la negativa de los guardas privados de la empresa a dejar vía libre a una manifestación autorizada por la Subdelegación del Gobierno y la Consejería de Medio Ambiente. La Guardia Civil, no sin retraso, tuvo que intervenir para facilitar el acceso al comprobar que todos los permisos estaban en regla. En la Laguna del Perezoso confluyeron los dos grupos y tras comer en el Monte Público Breña Chica, los manifestantes regresaron todos juntos a Benamahoma con la satisfacción de completar el recorrido previsto y de haber impuesto con la fuerza de la legalidad y de la movilización ciudadana, el derecho de paso por estos caminos públicos usurpados, a pesar de los continuos intentos por impedirlo de la empresa propietaria.

Tras la marcha, la Plataforma convocante emitió un comunicado de prensa en el que se expresa que “se espera que tanto el delegado de la Consejería de Medio Ambiente como el alcalde de Grazalema cumplan con sus compromisos para abrir al público esta vía pecuaria y este camino público. La Consejería de Medio Ambiente adecuando un sendero accesible por la colada del Argamazón; el Ayuntamiento de Grazalema aprobando el deslinde definitivo del camino de Benamahoma a Zahara, señalizándolo y restaurándolo. Esperemos que en poco tiempo todas las personas que lo deseen puedan circular libremente y con garantías por esta vía pecuaria y este camino público que atraviesan algunos de los bosques y paisajes más bellos del Parque Natural Sierra de Grazalema, y se proceda a inventariar y recuperar la totalidad de los caminos púbicos de los municipios de la Sierra de Cádiz” (2).

Para aportar nuestro granito de arena a esta noble causa, en espera de que muy pronto se puedan recorrer estos caminos -como sucedía hace 15 años- sin ningún problema, queremos recordar los valores naturales, culturales y paisajísticos de estos hermosos parajes del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Por la sierra del Labradillo.



El camino de las Huertas a Benamahoma a Zahara es, como se ha dicho, una ruta centenaria que ya figura en la primera edición del I.G.N. de 1918 (3), muy utilizada por los vecinos, arrieros y carboneros hasta la llegada de las primeras carreteras en la comarca.



Con la construcción de la pista que ascendía hasta la casa del Navazo, en la década de los 70 del siglo pasado, una parte del antiguo camino quedó dentro de su trazado dejando de utilizarse parcialmente la antigua vía pecuaria para acceder hasta El Perezoso. Posteriormente, tras el cierre de la pista por la empresa que adquirió la finca de la Breña del Agua, se impidió el paso por la citada vía y, como se ha dicho, parte de su trazado se fue perdiendo por falta de uso y cubriendo por la vegetación. Ese camino que hoy vamos a retomar y que esperamos que pronto pueda ser transitado ya sin problemas.

Tras arrancar de Benamahoma, la pista va ganado altura por la ladera Oeste de la Sierra del Labradillo, mientras deja a la derecha el Arroyo de la Breña del Agua, que al unirse con el



del Pinar, da lugar al río Majaceite. Cuando ya hemos recorrido algo más de cuatro km, la pista gira bruscamente en dirección E. para dirigirse a la casa del Navazo. En este punto la abandonaremos para tomar una senda a la izquierda que recupera el trazado del antiguo camino de Zahara y que, a través del collado del Portezuelo nos dejará a la vista de los llanos del Navazo, a los pies de Sierra Margarita. Desde aquí, en un suave descenso a través de un encinar adehesado, llegaremos a la Laguna del Perezoso, fin de nuestro recorrido.

Desde que salimos de Benamahoma nos acompañarán en todo momento las típicas especies vegetales frecuentes en otros lugares de la sierra, mostrándose en las laderas del Labradillo formando masas forestales de gran densidad. Encinas, algarrobos y quejigos presentan, a pesar de su aparente mezcla, una peculiar distribución en función de la altura y la proximidad o lejanía a la vaguada del Arroyo de la Breña. Así, en la primera parte del camino el algarrobo parece ser la especie dominante y a medida que vamos ganado altura se hace más escaso, dejando paso a la encina. Los quejigos se desarrollan en toda la falda del monte, especialmente en torno al cauce del arroyo, que les proporciona un ambiente más fresco y húmedo.



El matorral que se desarrolla en los claros o el sotobosque que se intercala entre la cubierta arbórea, es el propio del bosque mediterráneo, no faltando lentiscos, coscoja, jara blanca, matagallos, aulagas, torviscos, majuelos, agracejos o cornicabras.

Los pinsapos del Labradillo y la Sierra del Hinojar.



De especial interés es la presencia de pinsapos en la falda oriental de El Labradillo. Así los vemos despuntando entre encinas y algarrobos, o entre el matorral de las zonas más altas de las laderas, por encima de los 700 m. En muchos lugares se ven ejemplares aislados o brotes pequeños, pero en el extremo S. de la falda (mirando de cara a ella a la izquierda) cerca ya de la cumbre, crece un denso bosquete con pies de buen porte, que contrasta de manera clara con el encinar que lo envuelve.



En las cotas más altas del camino nos aguarda otra sorpresa, ya que en la cara N. de la Sierra del Hinojar (que hemos dejado a nuestra derecha en el ascenso y que tiene como telón de fondo las cumbres de la Sierra del Pinar), crece un gran rodal de pinsapos de magnífico porte, conocido como el “pinsapar chico”.



Aunque de reducidas dimensiones, este pequeño pinsapar está compuesto por árboles de gran talla que crecen en las zonas más altas de la ladera llegando hasta sus crestas (a 1.126 m) en las que veremos recortarse las siluetas de estos hermosos árboles (4).

En la Laguna del Perezoso.

Tras haber recorrido casi cinco kilómetros por la pista forestal y los antiguos tramos del camino de Benamahoma a Zahara, llegaremos al Portezuelo, teniendo a la vista El Navazo y el llano que se abre a los pies de Sierra Margarita donde se encuentra la laguna del Perezoso y a la que llegamos en un suave descenso de apenas un km.

Estos parajes son un claro ejemplo de la transformación de los encinares mediterráneos en dehesa y pastizal para la cría de ganado.



El topónimo “Labradillo” hace alusión al uso agrícola que esta zona tuvo también en épocas pasadas, en las que se sembraba cereal en los llanos y laderas menos pedregosas. De la misma manera, a lo largo de todo el camino habremos observado las soleras de los antiguos hornos de carbón, los alfanjes, que delatan como en épocas pasadas el carboneo fue una actividad que empleó en estos parajes a buen número de personas (5).



Estos rincones de la sierra son de gran interés paisajístico y con las primeras lluvias los prados, salpicados de encinas y quejigos centenarios, se tapizan de verde. En algunos lugares se observan los restos de antiguas construcciones y de cercas de piedras de las corraletas que acogieron a rebaños de cabras y ovejas. En la actualidad es el ganado vacuno el que pasta por estos predios y en las cercanías de El Perezoso, se ha construido un cercado a modo de tentadero.

En la parte central del llano del Navazo, rodeada por una alambrada, se encuentra la “laguna” del Perezoso, una balsa artificial en el que un pequeño muro de tierra cierra una pequeña vaguada, formándose una pequeña laguna que se seca en el verano y se recupera en la estación lluviosa. La laguna se encuentra situada en el Monte Público Breña Chica y en su entorno se conservan encinas y quejigos centenarios bajo los que



descansar después de nuestra caminata para reponer fuerzas. También nos llamarán la atención los restos del antiguo cortijo de Los Albarranes, (apenas a 200 m de la laguna, a los pies de Sierra Margarita que preside estos parajes) así como un pozo abrevadero para el ganado que se encuentra techado. Este curioso topónimo, presente también en otros rincones de la sierra hace alusión a los mozos solteros que se dedicaban al servicio agrícola en los cortijos repartidos por los montes.

Conviene recordar que, en tiempos pasados, este paraje fue un descansadero muy concurrido y una encrucijada de vías pecuarias. Aquí se cruzaban el camino de Benamahoma a Zahara con el de la colada de Argamazón. Esta vía pecuaria, de unos 3 km, es la que puede utilizarse también para llegar hasta El Perezoso, arrancando de



la colada de Los Pescadores, una cañada que une El Bosque con Zahara. También junto a la laguna parte la colada de la Fuente de la Cueva, que en dirección E., pasa por El Taramal y Las Camillas a los pies del Cerro de la Cornicabra, para salir al Puerto de los Acebuches en la carretera de Grazalema a Zahara. Atrás quedan los tiempos en los que arrieros, carboneros y pastores transitaban estos caminos que confluían a los pies de Sierra Margarita en El Perezoso.

Junto a la laguneta, se abre hacia el E. la Garganta de la Laja que drena las aguas de estos llanos. Este cauce se une al Arroyo del Marrueco y juntos forman la conocida como Garganta Seca, un pequeño cañón de paredes verticales que corre paralelo al del río Bocaleones (la Garganta Verde) con la que confluye en el puente de los Palominos. Las profundas hendiduras que estos cauces forman en el roquedo calizo pueden apreciarse a poco que ganemos altura en las cercanas faldas del pico de Sierra Margarita, dese los que podremos ver también en circo que forman el cerro de El Pilar y el cerro de la Cornicabra, unidos por las lomas de la Sierra de Zafalgar que, a modo de anfiteatro, cierran los llanos del Navazo por el Este.

Estos parajes cercanos al Perezoso guardan también un tesoro botánico, al albergar la única población conocida de un matagallo descubierto en estos parajes. Se trata del raro y muy escaso Phlomis x margaritae una especie de origen híbrido que procede del cruce de P.



composita
y P. purpurea, también presentes en estos rincones (6). Endémico del P. N de la Sierra de Grazalema y muy localizado, (¡y protegido!) posee caracteres intermedios de ambos parentales “siendo el más llamativo las flores con el labio superior rosado y el inferior amarillo pálido”. (7)

Un mirador excepcional.

Después de descansar un rato, y antes de regresar a Benamahoma, continuaremos por el camino en dirección a Zahara y al poco el paisaje se abre a nuestra vista. A la izquierda, como prolongación del pico de Sierra Margarita veremos las crestas del Peñón de los Toros, que albergan también una pequeña población de pinsapos.



Frente a nosotros destaca la mole de la Sierra de Lijar, con el pueblo de Algodonales a sus pies y algo más a la derecha, cerrando el horizonte, la Sierra del Tablón con el Terril, máxima altura de la provincia de Sevilla. Olvera se divisa también a lo lejos mientras que, a nuestra derecha, ya más cerca, se adivina la torre del castillo de Zahara y parte de su caserío que baja hasta la lámina de agua



del pantano, también visible desde aquí. Si tenemos algo más de tiempo podremos subir hasta el puerto de la Alhucema, que se abre en el collado situado a la izquierda del pico de Sierra Margarita y al que podremos subir por la colada de Argamazón.


Desde aquí se nos muestran unas inigualables vistas de otro sector de la provincia pudiendo ver un dilatado paisaje en el que se adivinan los pueblos de Prado del Rey (en primer término), Villamartín, Bornos, El Bosque… así como los embalses de Los Hurones, Guadalcacín II y Bornos.

En las faldas del Labradillo que miran al Oeste, distinguiremos también el Cortijo de Argamazón en cuyas proximidades (en la Majá de los Bueyes) se hallaron a comienzos del siglo XX una docena de sepulcros integrantes de un cementerio visigodo. Algunos enterramientos contenían lápidas con inscripciones fechadas en los siglos VI y VII expuestas hoy en el Museo de Cádiz (8).



Y después de admirar el paisaje de estos hermosos rincones de Sierra Margarita y el Labradillo, retomamos de nuevo el camino público de Zahara a Benamahoma, ese antiguo camino que muy pronto esperamos ver abierto de nuevo, libre de alambradas y cancelas para el disfrute de todos.



Para saber más:
(1) “Marcha reivindicativa en defensa de los caminos públicos y las vías pecuarias” Parque Natural Sierra de Grazalema, 8 de octubre de 2017. Convocada por Plataforma Ciudadana para la recuperación de Caminos Públicos y Vías Pecuarias de la Sierra de Cádiz.
(2) Ecologistas en Acción. Nota de prensa del 09/10/2017, “Multitudinaria marcha en defensa de los caminos públicos en la Sierra de Grazalema.
(3) Mapa Topográfico Nacional, Hoja 1050, Ubrique. Instituto Geográfico y Estadístico, 1918.
(4) Bel Ortega, C. y García Lázaro, A.: La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz,1990, pp. 225-231
(5) VV.AA.: Aproximación a la definición del hábitat fisiográfico del Abies pinsapo Boiss. en Andalucía. Descargar PDF.
(6) Aparicio Martínez, A. y Silvestre Domingo, S.: Flora del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, Agencia del Medio Ambiente, Junta de Andalucía, 1987, p. 139. De esta obra ha sido tomada la fotografía que ilustra este post.
(7) Aparicio Martínez, A. y Silvestre Domingo, S.: Guía de la flora del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, Junta de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente y MAB Reserva de la Biosfera, 1996, p. 1509. De esta obra ha sido tomada la fotografía que ilustra este post.
(8) Romero de Torres, E.:Nuevas inscripciones de Zahara y Prado del Rey en la provincia de Cádiz. 1908. p. 380-381; Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo LIII. Ver también, Romero de Torres, E.: “Catálogo Monumental de España. Provincia de Cádiz (1908-1909)”. 1934. p. 274-275; il. 121.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Parajes Naturales, Rutas e itinerarios, Sierra de Grazalema.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 22/10/2017

Jerez y los elefantes.
Un curioso paseo por la historia con los elefantes como protagonistas.


En nuestra entrega de hoy “entornoajerez”, les proponemos un curioso paseo por la historia y los paisajes de Jerez y sus alrededores de la mano de los elefantes. Si, aunque les suene extraño, vamos a tomar la figura de este singular animal como hilo conductor de pequeñas historias que tienen como protagonistas a los elefantes que, de una u otra manera, tuvieron algún vínculo con la ciudad y su territorio. ¿Nos acompañan?

Los primeros elefantes. Una “visita” al Paleolítico.

En una pequeña elevación a orillas de un río, sin nombre todavía, una banda de cazadores nómadas ha instalado su campamento. En estos parajes, próximos a su desembocadura, su corriente es muy caudalosa y sus aguas se extienden por la llanura formando un gran pantano.

Por el lugar han avistado algunos caballos y ciervos que salen de entre los bosques cercanos y acuden aquí a beber y a pastar. Pero sobre todo han puesto sus ojos en los grandes elefantes que merodean por las orillas, a los que han observado moviéndose torpemente por estos aguazales. Han realizado un largo viaje desde la parte alta del valle, donde los animales son menos abundante y deciden establecerse por un tiempo para cazar, construyendo sus cabañas temporales con ramas y pieles en un lugar protegido entre los árboles desde donde se divisa el río.

Esta singular escena, u otra parecida, era posible observarla en tiempos remotos, durante el Paleolítico, en diferentes puntos de nuestra campiña, junto al Guadalete. Donde hoy sólo corretean entre los lentiscos y los acebuches los conejos, las perdices y algún meloncillo, en el mismo lugar donde pastan actualmente los caballos de la yeguada de El Palmar del Conde entre Las Quinientas y El Portal, podían verse en estos mismos parajes de la vega baja del Guadalete hipopótamos, rinocerontes, grandes ciervos o caballos salvajes… y elefantes. Hace de ello “sólo” 200.000 años (milenio más, milenio



menos), cuando el clima era más cálido y húmedo en nuestras latitudes. Estas mismas escenas, también con la presencia de grandes elefantes, se repetían durante el Paleolítico inferior en las laderas de Garrapilos (1) donde hoy se aloja la Yeguada Militar, en las proximidades de La Barca, o durante el Paleolítico Medio en Majarromaque, junto a las riberas del río.

Estos y otros muchos datos de gran interés, fueron aportados por los hallazgos que, hace ya un cuarto de siglo, llevaron a cabo un equipo de arqueólogos dirigido por Francisco Giles Pacheco, en el marco de un ambicioso programa de Investigación titulado “Prospecciones Arqueológicas Sistemáticas en la cuenca fluvial del río Guadalete” en el que, entre la paleo fauna de nuestro entorno cercano destaca la presencia en los parajes ribereños de los primeros elefantes de los que tenemos constancia en nuestro territorio (2). En 1989, cuando el equipo del Proyecto Guadalete realizaba el estudio arqueológico de los paquetes de arenas y cantos rodados que iban a ser explotados en la gravera de El Palmar del Conde (3), en las proximidades de El Portal, salieron a la luz numerosos cantos tallados, así como algunos restos fósiles de grandes mamíferos, entre ellos de elefantes.

Estos enormes paquidermos, de tamaño superior a los actuales, pertenecían a la especie Paleoloxodon antiquus y se extinguieron hace aproximadamente 30.000 años. Podían alcanzar los 4 m de altura y llegar a pesar entre 6 y 7 toneladas. Sus largos colmillos eran más rectos que los de los elefantes actuales, curvándose ligeramente hacia arriba.

Noticia de elefantes en la antigüedad.



Otra curiosa referencia a los elefantes en relación con nuestro entorno cercano nos la ofrece la numismática. En este caso no se trata de su presencia real en nuestros paisajes sino de su imagen, muy repetida, en las monedas de la antigua Lascuta, una ciudad estipendaria del imperio romano que acuño monedas de tipo libio-fenicio.

Aunque no está clara todavía la localización de este enclave (que pudo hallarse en Alcalá de los Gazules o en la Torre del Esparragal, en las proximidades de Gigonza…) lo cierto es que este territorio fue ya desde la antigüedad dependiente de “nuestra” Asta Regia, tal como se desprende del conocido Bronce de Lascuta. Se trata de un excepcional documento epigráfico fechado en el 189 a.C. (el más antiguo referido a la presencia romana en Hispania) en el que el general romano Lucio Paulo Emilio decreta que “los siervos hastenses que habitaban en la Torre Lascutana fueran libres y, así mismo, ordenó que tomaran y mantuvieran el campo y la plaza fuerte que en aquel momento poseían mientras así lo quisiera el pueblo y el senado romano” (4).



Sea como fuere, lo que aquí nos interesa destacar es que, entre las monedas atribuidas a la ceca de Lascuta, son frecuentes las que muestran en el reverso la silueta de un elefante. Una buena selección de ellas puede verse en la ya clásica obra de D. Antonio Delgado, “Medallas Autónomas de España” en la que figuran distintos ejemplares de monedas procedentes del entorno de Alcalá de los Gazules y de Mesas del Esparragal, procedentes de la antigua Lascuta. Muchas de estas monedas, con inscripciones en caracteres libio-fenices, muestran en su reverso la silueta de un elefante que simboliza a África, continente de procedencia de sus primeros habitantes, tal como apunta Francisco Mateos Gago, autor del capítulo dedicado a Lascuta (5)

Elefantes en Jerez en los siglos XV y XVIII.

A falta de nuevos datos que puedan desmentirlo, casi podemos afirmar que hubo que esperar hasta finales del siglo XV para que en nuestra ciudad pudiera verse un elefante. Este singular suceso tuvo lugar en el año 1480 como puede leerse en la obra Cronicón de Benito de Cárdenas, transcrita y publicada por el profesor Juan Abellán y en la que se da cuenta de los sucesos más importantes ocurridos en Jerez entre los años 1471 y 1483.

Entre la relación de hechos del año 1480 encontramos este curioso apunte: “Truxeron un elefante a esta çibdad de Xeres que nunca vino tal cosa a ella, vino de toda Castilla, que ganavan dineros por que lo viesen. Vino sábado a dies dias del mes de março de IVCCCCLCCC.” (6).

En aquel año, se viven en Jerez momentos de tensión y algunos caballeros veinticuatro han denunciado ante el rey al corregidor Juan de Robles, a quien acusan de haber vendido trigo a Portugal en la guerra que hasta octubre de 1479 había mantenido con Castilla. Son también los días en los que el jerezano Pedro de Vera, acaba de ser nombrado por los Reyes Católicos Gobernador de Gran Canaria para impulsar la conquista de las islas, y en los que se prepara la gran armada que para tal fin, partirá en agosto desde El Puerto de Santa María.

Y a ese Jerez llegó por primera vez un elefante el sábado 10 de marzo de 1480. A juzgar por la noticia, debía formar parte de alguna atracción ambulante que en su periplo habia recorrido “toda Castilla” despertando la admiración allá por donde pasaba como lo haría en nuestra ciudad. En el Jerez medieval no debieron ser muchos los entretenimientos públicos y junto a los juegos de cañas y lanzas que se celebraban en el Arenal, se hacían también pequeñas representaciones teatrales. A buen seguro que debió contarse para el ocio de las clases populares con las actuaciones de juglares, cómicos y saltimbanquis que de manera itinerante acudían por pueblos y ciudades. Sin embargo, la presencia del elefante, tuvo que suponer una atracción muy singular y muy rentable para sus propietarios “que ganavan dineros por que lo viesen” y para lo que debieron de contar con un recinto cerrado o con algún corral cercado donde presentar este fantástico animal.

La exhibición de animales exóticos, monstruosos o que presentaban algún rasgo fuera de lo común, fue siempre motivo de interés. De ello encontramos en nuestra ciudad algunos curiosos ejemplos que llamaron la atención de historiadores y cronistas. Este es el caso de un enorme cerdo que en el año 1674 fue mostrado en un privilegiado escenario y del que tenemos noticia por Sebastian Marocho quien en sus “Cosas notables ocuridas en Xerez de la Frontera desde 1647 a 1729” nos informa, entre los hechos destacados de ese año, que “trajeron a Jerez un marrano que pesó 430 libras; estuvo en la casa de las Comedias” (8). Ya en el siglo XVIII el mismo autor da cuenta de otra de estas exhibiciones muy del gusto de las clases populares y en esta ocasión cuenta como en 1737 “se vió este año un caballo blanco, comprado en Villamartín, con la natura en la cola como si fuera hembra” (9).

Pero si el primer elefante que visitó la ciudad en 1480 causo expectación, no debió ser menor la que provocó el segundo del que queda constancia documental. Y es que casi tres siglos después, volvemos a tener noticia de otro elefante en Jerez.



Sabemos de él por un curioso libro de Juan de Trillo y Borbóndonde están apuntadas todas las novedades acaecidas en esta ciudad… desde el año 1753” hasta 1836. En una escueta noticia fechada el viernes 12 de agosto de 1773 se dice que “pasó por esta ciudad, para regalo que llevaban al Rey, el elefante, y se fue al día siguiente” (10).

La visita debió suponer también una enorme atracción en una ciudad que en aquellos tiempos no ganaba para tragedias. Apenas unos meses antes, el lunes 5 de abril de ese mismo año, a las cinco de la mañana, Jerez se había visto sacudida por un terremoto que había despertado grandes temores, por lo que tres días después “salió en procesión de penitencia Nuestra Sra. de las Angustias, y fue al Calvario; y al sábado siguiente salió el Sto. Cristo de la Espiración y fue a la Iglesia Mayor”. Para colmo de desdichas “se quemó la casa de Comedias que estaba en la bajada de la Cárcel". Aunque para suceso desafortunado el que tuvo lugar el último día de ese año, cuando “pusieron la Cruz en la media naranja de la Iglesia Mayor y hubo un gran repique. Y al día siguiente 1º de Enero del año 74, cantando el Tedeum laudamus, estando en el repique el esquilón grande cogió a Antonio Orellana, y lo tiró a la calle, donde cayó muerto, rotos todos sus huesos” (11).

Este segundo elefante que pudo ser visto en Jerez tiene una curiosa historia que ha sido estudiada en distintas publicaciones (12). En ella se relata como a finales de julio de 1773 la fragata Venus de la Real Armada española, que procedente de Manila había realizado una larga travesía, desembarco en la Isla de León “un elefante asiático adulto que el gobernador de Filipinas don Simón de Anda remitía al rey Carlos III” (13). El elefante fue conducido hasta la corte por una partida militar y de operarios encargados de los cuidados del animal que recorrió a pie durante 42 días en etapas de 2/3 leguas, el largo itinerario que separaba San Fernando de la Granja de San Ildefonso, donde se encontraba el rey. En este largo viaje pasó por Jerez, Écija, La Carlota, Córdoba, Andújar, Bailén, Valdepeñas, Aranjuez o Carabanchel, hasta llegar a la Corte en La Granja. Partieron de la Isla de León la tarde del 16 de agosto, llegando a Jerez la mañana del 18. En este primer tramo del recorrido, el elefante y la partida que lo conducía, tomaron la Cañada de la Ysla y de Cádiz, llegando a Jerez procedente de Puerto Real después de rodear el estuario del Guadalete, por un camino que coincide con la actual “carretera de Bolaños”. El elefante cruzó el puente del río pasando por La Cartuja (14), acercándose a la ciudad para continuar después su ruta hacia Las Cabezas de San Juan por el camino de Sevilla y seguir después por El Arahal, Marchena y Écija hasta Córdoba.

Aunque no conocemos testimonios documentales de la respuesta de los jerezanos a su paso, más allá de la cita de Trillo y Borbón, suponemos que la expectación creada fue grande, como sucedió por todos los lugares por los que pasaba. En Córdoba, por ejemplo, un gran gentío seguía al elefante, debiéndose cortar los accesos al puente para evitar problemas. Tras su muerte en 1977 este elefante que pasó por Jerez fue naturalizado por el célebre taxidermista Juan Bautista Bru, pasando a los fondos del Museo de Ciencias Naturales donde desde entonces está expuesto, tal como muestran las fotografías que hemos incluido en esta página.

Este curioso episodio nos recuerda a la deliciosa novela de José SaramagoEl viaje del elefante”, en el que recrea un suceso parecido, cuando a mediados del siglo XVI el rey Juan II de Portugal ofrece a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante asiático como regalo que deberá recorrer media Europa hasta llegar a su destino (15).

Y la elefanta Buba…

Junto a los ya mencionados, otros muchos elefantes vinieron a la ciudad ya desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX de la mano del circo. El historiador Jesús Caballero Ragel menciona incluso algún espectáculo (¡qué horror!) de lucha de elefantes contra toros, que tuvo lugar en el coso jerezano, a partir de su reedificación por F. Hernández Rubio en 1894 (16). Aunque tenemos constancia de espectáculos de este tipo en Madrid, no hemos podido encontrar referencias documentales de los celebrados en Jerez a los que hace alusión este autor.

No podíamos cerrar este recorrido por los elefantes vinculados a Jerez sin mencionar a Buba, la elefanta africana que durante casi 24 años vivió en nuestro parque zoológico haciendo las delicias de grandes y mayores. Este entrañable animal, llegó al zoo jerezano en marzo de 1988, cuando era todavía una cría de cinco años, al ser adquirida a un zoológico de Lisboa donde había llegado desde Namibia, gracias “a una colecta de los niños jerezanos” con la ayuda de otros patrocinadores (17). Desde el primer momento, Buba fue una de las principales atracciones del parque, por lo que su marcha a comienzos de octubre de 2011 al zoo húngaro de Sóstó supuso una gran tristeza. Y a la vez una gran alegría al saber que el largo viaje que emprendía tenía como objetivo formar parte de “un grupo de elefantes amplio en el que va a tener la posibilidad de reproducirse” (18). Hace ahora justo un año, dos trabajadoras de nuestro parque zoológico tuvieron ocasión de visitar a Buba, “la última elefanta de Jerez”, en la reserva húngara de Sóstó donde vive actualmente. El encuentro fue emocionante y el animal reaccionó a las llamadas de sus antiguas cuidadoras reconociendo sus voces y mostrándose atenta a sus palabras… (19)-.



Ojalá que dentro de unos años pudiese volver a nuestro “Tempul”, ya con su familia, donde a buen seguro sería de nuevo la atracción del zoo y donde todos aguardan su regreso, un retorno que nos gusta pensar que tendrá lugar algún día. Y es que, como escribe José Saramago al comienzo de su delicioso El viaje del elefante: “Siempre acabamos llegando a donde nos esperan”.

Para saber más:
(1) Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (2001): “El registro arqueológico de los primeros grupos humanos en la comarca de Jerez y su contexto en el sur de la península. Resultados de un proyecto de investigación. Revista de Historia de Jerez, N.º 7. Cuaderno de arqueología. 2001, págs. 14-19.
(2) Giles, F..; Gutiérrez, J.M.; Santiago, A.; Mata, E. y Gracia, F.J. (1993): “Prospecciones Arqueológicas y análisis geocronológicos y sedimentológicos en la cuenca del río Guadalete. Secuencia fluvial y paleolítica del río Guadalete (Cádiz). Resultados de las investigaciones hasta 1993”. Investigaciones Arqueológicas de Andalucía 1985-1992. Proyectos. 211-227. Huelva.
(3) Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (1990): “Un tecnocomplejo del Pleistoceno Medio en la desembocadura del río Guadalete: el yacimiento achelense del Palmar del Conde”, Revista de Historia de El Puerto, 5.11-30. Sobre este mismo yacimiento: Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Rodríguez, V.; (1990): “Aproximación a un complejo técnico del Pleistoceno Medio en la cuenca baja del río Guadalete. Casa del Palmar del Conde (Jerez de la Frontera, Cádiz)”. Xábiga. Revista de Cultura, 6. 83-97.
(4) González Rodríguez L. y Ruiz Mata, D.: Prehistoria e Historia Antigua de Jerez, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, pp. 113-114.
(5) Delgado, A.: Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1873, T. II, pp. 160-171 y láminas XLVI y XLVII.
(6) Abellán Pérez, J.: Cronicón de Benito de Cárdenas, Peripecias Libros, 2014, p. 47 y siguientes.
(7) Trillo y Borbón, J.: Libro en donde están apuntadas todas las novedades acaecidas en esta ciudad de Xerez de la Frontera desde el año 1753 y algunas otras que han ocurrido fuera de ella. Curiosidad observada por D. Juan de Trillo y Borbón, desde el referido año, en el cual comenzó a tener uso y retensión para ello. Jerez: 1890, Imprenta de Melchor García Ruiz, pp. 9-11.
(8) Marocho, S.: Cosas notables ocurridas en Xerez de la Frontera desde 1647 a 1729, Transcripción y notas de José Soto y Molina, Larache, Sociedad de Estudios Históricos Jerezanos y Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, 1939, pp. 26.
(9) Ibidem, p. 38.
(10) Trillo y Borbón, J. de: Libro…, p. 10.
(11) Ibidem, pp. 9-11.
(12) Una síntesis completa puede verse en Sánchez Espinosa, G.:Un episodio en la recepción cultural dieciochesca de lo exótico: la llegada del elefante a Madrid en 1773”, en Goya, 295-296, Madrid, 2003, pp. 269-285. Las referencias a Jerez en la p. 270.
(13) Ibidem p. 270
(14) Torrejón Chaves, J.: El elefante que llegó a la Isla de León, Diario de Jerez, 6 de diciembre de 2016.
(15) Saramago, J.: El viaje del elefante, Alfaguara, 2008.
(16) Caballero Ragel, J.: La Feria de Ganados de Caulina, Diario de Jerez, 23 de marzo de 2010.
(17) “El Zoo contará con un elefante comprado por los niños de Jerez”, Diario de Jerez 29 de agosto de 1987.
(18) Miró, J.: Buba viaja camino de su nuevo hogar en un zoológico de Hungría. Diario de Jerez, 4 de octubre de 2011, p. 17.
(19) “Un emocionante encuentro con Buba cinco años después”, La Voz del Sur, 18 de octubre de 2016.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Miscelánea, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/10/2017

 
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