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El puente de Cartuja.
Una obra monumental para la que se pide la declaración de BIC.




Como muchos lectores conocen, en diferentes ocasiones y en especial a lo largo de esta última década, se ha solicitado que nuestro viejo “puente de Cartuja” sea declarado Bien de Interés Cultural. Conocida también por sus siglas BIC, se trata de una figura jurídica de protección de nuestro patrimonio histórico que ampara y tutela legalmente un determinado bien (mueble o inmueble) en razón de su singularidad y de sus valores artísticos, monumentales, históricos o culturales.

Por recordar sólo las últimas iniciativas, ya en 2004 desde la Oficina del Defensor de la Ciudadanía, se denunciaba ante la Delegación Provincial de Cultura el estado de abandono del puente y de su entorno y se instaba a actuar para frenar su deterioro y garantizar su protección (1). Cinco años más tarde, en 2009, el Gobierno municipal presidido por el PP, con el apoyo del pleno, inició la tramitación de un expediente de declaración de BIC para el Puente de Cartuja “por su carácter monumental y su valor como sitio histórico” denunciando el abandono de su entorno “que presenta además de cableado, una tubería rota, y donde se acumulan basuras y enseres domésticos”. El Gobierno local confiaba en que con esta declaración se iniciaría la recuperación del puente y el paraje del vado de Medina ya que “las administraciones están obligadas a reparar, conservar y promocionar la construcción y su entorno” (2). De aquella propuesta nunca más se supo, al igual que del llamamiento que unos años después, en 2012, planteó Ecologistas en Acción de Jerez a las administraciones implicadas, en el marco de una campaña ciudadana de limpieza y repoblación forestal de las riberas del puente de Cartuja (3).

Recientemente, esta misma organización, con el apoyo de otras asociaciones, colectivos e instituciones locales y provinciales, ha presentado ante el Delegado Territorial de Cultura, Turismo y Deporte, D. Daniel Moreno López, una solicitud de “Declaración de Bien de Interés Cultural” para el Puente de Cartuja, con un informe en el que se apuntan las razones históricas y culturales que lo justifican, adjuntando también un completo dossier con imágenes y grabados históricos del puente (4). Esta iniciativa surge al amparo del Manifiesto por la Recuperación del Río Guadalete, promovido por Ecologistas en Acción y apoyado por más de 30 colectivos e instituciones, donde se incluye esta petición de declaración de BIC para el puente, apoyada -entre otros- por el C.E.H.J., el Ateneo de Jerez, Tempul, A.S.P.H.A. y buena parte de los grupos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos y colectivos de la ciudad (5). Esta propuesta, presentada formalmente hace unos días, quiere relanzar esa idea, que ahora cobra aún más valor gracias a las obras de restauración de las riberas del Guadalete que la Consejería de Medio Ambiente viene realizando en el entorno del puente (6). Estas han supuesto la retirada de sedimentos del lecho del río y la recuperación de su antiguo cauce, así como la eliminación de tuberías y otros elementos añadidos a la fábrica, actuaciones todas que contribuyen, a juicio de Ecologistas en Acción a facilitar la declaración de BIC.

El puente de Cartuja: un monumento con historia.

Como se señala en el citado informe, el puente de Cartuja, edificado en la primera mitad del siglo XVI, y próximo a cumplir 500 años, fue una importante obra de ingeniería levantada en las proximidades del monasterio de la Cartuja en el lugar conocido históricamente como Vado de Medina. Este lugar era paso obligado para quienes se dirigían al Campo de Gibraltar por los caminos de Medina y Vejer, o a la Bahía de Cádiz a través de la Cañada de la Isla. De la misma manera, por este lugar debían cruzar habitualmente los jerezanos con sus carretas y ganados para el cuidado de las numerosas fincas situadas al sur y al este del término municipal.

Como señala el historiador Manuel Romero Bejarano, quien mejor ha estudiado el puente de Cartuja (7), en los orígenes de su construcción primaron razones estratégicas que hoy denominaríamos “de interés para la defensa nacional”. Y es que, como exponía el cabildo jerezano en el Memorial que en 1523 dirige al rey Carlos I, las razones de índole militar se encontraban entre las más poderosas, pues las milicias jerezanas y de los pueblos limítrofes, debían acudir en numerosas ocasiones en auxilio de las poblaciones de la Bahía de Cádiz ante los frecuentes ataques que la Isla de León, Cádiz o las costas de Chiclana y Conil, sufrían por parte de la piratería turca y los corsarios berberiscos (8).

Estos desplazamientos urgentes por tierra firme, precisaban cruzar el Vado de Medina para tomar la Cañada de la Isla (la actual “carretera de Bolaños” que desde el puente pasa por las Quinientas y llega hasta Puerto Real bordeando la marisma).

La necesidad de un puente que permitiera atravesar de manera rápida el vado a las tropas que acudían en socorro de las poblaciones costeras, sin depender del caudal del río y de los peligros de su cauce, estaba más que justificada. En el mencionado Memorial se mencionaban también la pérdida de vidas humanas (ahogados) y de ganados por la peligrosidad del vado, así como razones comerciales y de transporte y se recordaba que este enclave era un importante nudo de comunicaciones para llegar también a Gibraltar, Algeciras y Málaga.

Tras obtener la aprobación real y después de unas dificultades iniciales que retrasaron el comienzo de las obras, en 1525 se inicia la construcción, siendo autor de la traza del puente el arquitecto vizcaíno Fortún Jiménez de Bertendona, quedando la dirección de la obra en manos del maestro jerezano Pedro Fernández de la Zarza (9). La ciudad abrió para ello la cantera de Martelilla, de donde se extrajo la piedra necesaria que se empezó a acopiar en las proximidades del vado. Como señala Romero Bejarano, tras muchas vicisitudes (falta de fondos, paralizaciones de la obra, robo de piedra por parte de los cartujos…), parece ser que en 1541 el puente ya estaba en uso, si bien durante años se prohibió el paso de carretas por el deterioro de su fábrica, viéndose estas obligadas a seguir vadeando el río. Como dato curioso, el puente conserva en los sillares de sus pilares numerosas marcas de canteros (10) así como algunas singulares inscripciones, entre las que destaca la del tajamar central, cuya imagen acompaña este artículo.



El molino de la villa.

Junto al puente, la ciudad decidió levantar, años después un molino y unas dependencias anexas que sirvieran como almacenes. El molino, perteneciente al pósito de la ciudad, estaba situado bajo uno de los arcos del puente y los almacenes se corresponden con el actual edificio de la Venta de Cartuja. Su construcción, como ha estudiado Romero bejarano, se llevó a cabo entre 1581 y 1592, a cargo del maestro cordobés Hernán Ruiz III y desde sus primeros años, el azud de derivación fue objeto de numerosas reparaciones. En 1604, por ejemplo, el capitán Cristóbal de Rojas, ingeniero mayor de las fortificaciones de Cádiz, presentó un informe para su reparación por problemas de cimentación. Sea como fuere, el molino funcionaba hasta 1895 cuando se averió por una riada que lo dejó inutilizado y ya no volvió a repararse, siendo su último arrendatario el general Primo de Rivera.



El lector curioso podrá leer la lápida que da cuenta de la construcción del molino y que se conserva sobre uno de los tajamares del puente (11).

El puente: un “viejo achacoso” … pero con buena salud.

A lo largo de los casi cinco siglos de vida, el Puente de Cartuja ha pasado, como puede suponerse, por muchas vicisitudes, resistiendo las avenidas del Guadalete y sufriendo en su estructura y en sus piedras las huellas del paso de los siglos.

La fábrica que hoy se conserva -con nueve arcos de ladrillo apoyados en pilares de cantería, defendidos por sólidos tajamares-, ya vio las primeras reparaciones entre 1541 y 1575. Destacados maestros de obras jerezanos como Juan de Aranda Salazar, Pedro de Cos o los hermanos Calafate, llevaron también a cabo arreglos y reconstrucciones parciales (12).

Uno de los arcos fue reparado en el s. XVIII por Torcuato Cayón, arquitecto mayor de Cádiz, tras los daños sufridos en 1755 por las secuelas del terremoto de Lisboa (13). En el siglo XIX fue también objeto de restauración parcial por parte de los



ingenieros Mariano Cervigón y Pablo Rohault de Fleury, este último responsable de la empresa arrendadora del molino (14). A comienzos del siglo XX (1908), cuando aún conservaba su pretil de sillares de cantería, fue restaurado su revestimiento de piedra por parte del arquitecto ubriqueño Juan Romero Carrasco (15).

Pese a sus múltiples “achaques” y “reparaciones”, conviene recordar que la solidez del puente de cartuja ha quedado fuera de toda duda y ha sido puesta a prueba a lo largo de estos siglos por las múltiples avenidas del Guadalete, a las que ha resistido, Recordaremos aquí, como prueba de su solidez que hace justo un siglo, la gran riada de 1917 que se llevó por delante los puentes de Villamartín, de San Miguel en Arcos, de la Junta de los Ríos y el puente-sifón del acueducto de Tempul en La Florida, no pudo con el más antiguo de todos, el de Cartuja, que resistió incólume aquella descomunal avenida (16).

Recientemente, en 2012, el puente fue también objeto de una polémica rehabilitación, muy cuestionada, sustituyéndose las barandillas y enfoscándose con mortero buena parte de sus muros (17).



Por último, hace tan solo unos días, el puente ha sido despojado de la antiestética tubería que desde hace 50 años se había adosado sobre sus arcos para abastecer de agua el polígono de El Portal.

Junto a todo ello, desde el mes de septiembre se vienen realizando en su entorno importantes obras de restauración del cauce fluvial y de recuperación de los perfiles que mostraban las riberas del antiguo Vado de Medina, tal como pueden verse en el conocido como Vuelo Americano de 1956. Con todo ello, este paraje, liberado de centenares de pies de eucaliptos que invadían su cauce y de los miles de toneladas de sedimentos que lo aterraban, va a recuperar en buena parte su antigua estampa, estando previsto reforestar también sus alamedas con sauces, fresnos y álamos, especies propias de nuestras riberas. Si a todo lo anterior añadimos que en los próximos años se va a desarrollar un proyecto de sendero fluvial que unirá El Puerto de Santa María y Jerez por el río hasta Lomopardo, y que en La Cartuja se proyecta construir un embarcadero (18), convendremos que la “guinda” de este pastel, no puede ser otra que la definitiva recuperación del puente de Cartuja.

El puente de Cartuja debe ser declarado B.I.C.



Y para ello nada mejor que se inicie cuanto antes el expediente administrativo necesario para que nuestro puente, el más antiguo de la cuenca, pueda ser declaro B.I.C. como ha propuesto Ecologistas en Acción de Jerez.

En su informe, remitido en estos días pasados a la Delegación Territorial de Cultura, Turismo y Deporte, se señala que “a lo largo de los siglos, y hasta el momento presente, el enclave del puente y molino de Cartuja ha sido punto de encuentro para todos los viajeros a su paso por este lugar, que constituye una encrucijada de caminos, como lugar de paso obligado entre la provincia y el interior de Andalucía. Este hecho, del que dejaron constancia los viajeros y escritores románticos de los siglos XVIII y XIX, confiere a este entorno un valor singular desde el punto de vista histórico, cultural y antropológico. A esto hay que añadir la tradicional afluencia de los jerezanos como lugar para el baño, la pesca, el ocio y esparcimiento, que ha venido sucediendo durante siglos. Todo ello convierte a este lugar en un enclave de gran interés, y lo hace digno de protección. Conscientes de ello, las entidades que han suscrito el Manifiesto por la recuperación del Guadalete (…) solicitan se proceda a la declaración de Bien de Interés Cultural y su posterior inclusión en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía el conjunto formado por el puente histórico de Cartuja y los restos del antiguo molino ubicados en el Vado de Medina, del término de Jerez de la Frontera”.



Ojalá que esta vez, la petición sea atendida y el Puente de Cartuja sea ya protegido para siempre con la figura de Bien de Interés Cultural. Por los servicios prestados durante cinco siglos, bien que lo merece.

La próxima semana: Diez estampas del Puente de Cartuja

Para saber más:
(1) Memoria de actuaciones. Año 2004. Oficina del Defensor de la Ciudadanía. Ayuntamiento de Jerez. Exp. 04/82, junio de 2004.
(2) Álvarez Ortiz, M.: El PP pide declarar el puente de la Cartuja como Bien de Interés Cultural, Información Jerez, 22 de octubre de 2009.
(3) Ecologistas en Acción solicita la recuperación del Puente de Cartuja y su declaración como B.I.C., Ecologistas en acción, nota de prensa, 4 de mayo de 2012. De esta iniciativa se hicieron eco los distintos medios de comunicación de la ciudad.
(4) Solicitud para que el puente de Cartuja sea declarado B.I.C. Ecologistas en Acción Jerez. Escrito dirigido al Delegado Territorial de Cultura, Turismo y Deporte en Cádiz. 18 de octubre de 2017. Los diferentes medios de comunicación de Jerez han difundido ampliamente esta noticia.
(5) El Manifiesto por la recuperación del río Guadalete fue presentado el pasado 2 de junio de 2017, en el marco de una marcha ciudadana entre el Puente de Cartuja y la desembocadura del Salado, y avalado por más de 30 colectivos, asociaciones e instituciones de la ciudad y la provincia. En él se incluye la propuesta de Declaración de BIC del Puente de Cartuja.
(6) Cañas, E.M.: El Guadalete busca su cauce, Diario de Jerez, 20 de septiembre de 2017.
(7) Romero Bejarano, M.: El puente de Cartuja, Diario de Jerez, 9 de noviembre de 2008.
(8) Romero Bejarano, M.: La construcción del puente de Cartuja, Diario de Jerez, 16 de diciembre de 2010.
(9) Romero Bejarano, M. y Romero Medina, R.: Arquitectura tardo-gótica en el sur del arzobispado de Sevilla. Los maestros canteros y la construcción del puente de Cartuja (1525-1541), Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, nº 106, 2010, pp. 251-288.
(10) Romero Medina, R. y Romero Bejarano, M.: "Las marcas de cantería del puente de Cartuja de Jerez de la Frontera: Análisis Litográfico", en XVIIe Colloque International de Glyptographic á Cracovie, Centre International de Recherches Glyptographiques, Braine-le-Chaáteau, 2011, (pp.319-332). En este interesante artículo los autores hacen un análisis detallado de todas las marcas e inscripciones del puente de Cartuja.
(11) García Lázaro, J. y A.: Una inscripción histórica que vuelve a la luz, 3 de junio de 2012, http://www.entornoajerez.com/
(12) Pomar Rodil, Pablo J.: “Los puentes del río Guadalete”, Río Guadalete, Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Junta de Andalucía, 2015, p, 279.
(13) Mariscal Trujillo, A.: Alrededor de Jerez, Ediciones jerezanas, 2004, p.141.
(14) Caballero Ragel, J.: Arquitectura y urbanismo en Jerez durante el reinado de Isabel II. Tesis Doctoral inédita, Universidad de Cádiz, 2013.
(15) Gavira Vallejo, José Mª.: El ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco… en http://loscallejones5u.blogspot.com.es/, (consultada el 7 de noviembre de 2016).
(16) García Lázaro, J. y A.: La gran riada de 1917. Serie de cuatro artículos publicada en Diario de Jerez entre el 12 de marzo y el 2 de abril de 2017, coincidiendo con los 100 años de la riada de 7 de marzo de 1917.
(17) García Lázaro, J. y A.: Obras de “rehabilitación” en el puente de Cartuja, 2, de septiembre de 2012, http://www.entornoajerez.com/
(18) “Con la ITI queremos cambiar el modelo productivo de la provincia”, Diario de Jerez, 24 de septiembre de 2017


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Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Rio Guadalete, Paisajes con Historia, Patrimonio en el medio rural, Puentes y obras públicas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 29/10/2017

Elogio de las “malas hierbas”.
Otra vez la primavera.




Fiel al ritmo de los días y al cotidiano repetirse de las estaciones, con esa precisión con la que los sabios calculan el incesante movimiento de los astros, la primavera de 2015 ha comenzado puntualmente, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, el pasado “viernes 20 de marzo a las 23h 45m hora oficial peninsular”. En su rigor teórico, los astrónomos han previsto que durará 92 días y que terminará el 20 de junio para dar paso al verano. Pero en la práctica, la primavera lleva ya entre nosotros unas semanas desde que las lluvias regaron generosamente la tierra y el sol ha hecho renacer todo lo vegetal.

Por los carriles de las viñas.

Ya está aquí la primavera y de nuevo los brotes de los árboles y arbustos, las hierbas y las flores van cambiando el aspecto del campo, del paisaje. Recorremos los caminos de la campiña y sale la primavera a nuestro encuentro en todos los rincones. De esta hermosa manera lo expresaba hace unos años, en su sección A cepa revuelta, de Diario de Jerez, el abogado y escritor Jesús Rodríguez Gómez:



Esta mañana he estado paseando por la Cañada de la Loba. Los verdes tenían belleza y vitalidad de adolescentes y se paseaban por las besanas, fatigándolo todo. He tomado la vereda que lleva a la viña de mi amigo Frasquito… ¡Las veredas del campo! Sendas humildes hechas con pasos ajenos… En la albarrada que hace linde con el trigal se agolpaban amapolas, jacintos, lavandas, labiérnagos, coscojas, aulagas, torviscos… Y entre ellas, subrepticias, las flores anónimas que se prende abril en sus mañanas. Esas que lo inundan todo con su color y su nombre clandestino. Sólo sabemos de ellas su lozanía y su querencia por lindes y ribazos, pero desconocemos cómo se llaman. La gente del campo las nombra, como si nada: carmentinas, todabuenas, sanchecias, algazules, escarchadas, hierba doncellas, mocos de pavo, palos de cochino, aguaturmas, ombligos de venus, dividivis, amormíos…"; y nosotros, los de ciudad, nos quedamos asombrados con ese santoral de la modestia. Estas flores de nombres ignorados, se pierden, como las monjas, por la humildad, y por eso agarran en lo menos evidente. Vamos andando entre los pasiles del roquedo y las vemos emerger de entre sus fisuras y gravillas, haciendo del aire, con su breve olor, una cañada de hermosura.



Cuando las descubrimos, hacemos una parada en nuestro paseo para admirar aquellas piedras florecidas, y después, agradecemos de corazón a la primavera que colonice con frutos de belleza hasta lo más inhóspito. En su humildad, sin embargo, llevan también su desgracia, porque no saber cómo se llaman quita a los hombres apego y nadie se lamenta si una de esas flores desconocidas es tronchada por el pie, la rueda o los cascos de la yegua…
” (1).

A nosotros también nos gusta pasear por los caminos que se trazan entre los campos en torno a Jerez, por las antiguas cañadas que se ramifican en hijuelas y padrones, en veredas y sendas entre los sembrados de cereal, entre las huertas, entre los viñedos… Y allí descubrimos ese esplendor generoso de humildes y desconocidas plantas que transforman las cunetas y linderos en hermosos parterres floridos. Un buen conocedor de nuestra campiña, Juan Luis Vega Cordero, pone nombre a buena parte de ese cortejo vegetal:

En primavera las cunetas de los carriles de las viñas de Jerez es el jardín natural más impresionante que uno se pueda imaginar, un mundo botánico lleno de vida y color. Todo tipo de plantas de espigas, como las avenas locas, los alpistillos o la cebadillas de ratón; ramilletes inmensos de flores azules, como las viboreras o chupamieles; de las comestibles borrajas, que brotan ya en el invierno; los blancos de las manzanillas y margaritones, los traviesos pepinillos del diablo, las peligrosas cicutas, hierbalocas o perejil de burro o de las viznagas, de elegantes pompones blancos…, inundan los campos jerezanos al final de mayo y junio, antes de enroscarse para el verano. Gamas de amarillos de todas las clases, vinagretas para chupar, jaramagos para los canarios, hinojos para el guiso de caracoles o para el aliño de aceitunas y tagarninas para esparragar; los tonos rosados de las corregüelas, campanillas y de los conejitos o bocas de dragón, que a veces crecen hasta en mismos tejados de las iglesias del centro. Morados de las tristes malvas y de las duras achicorias y el rojo impresionante de las zullas, que derraman su 'sangre' por los campos jerezanos cuando llega la Semana Santa…” (2).



Entre trigales.



Si la primavera se deja sentir entre las lomas de albariza donde crecen los viñedos, en otros rincones de la campiña se hace aún más patente y los trigales se nos muestran con un verde intenso que alegra los sentidos. Manuel Romero Bejarano, en un hermoso artículo publicado hace unos años en estas páginas de Diario de Jerez con el título de Trigales Verdes hace este hermoso llamamiento ante el inicio de la primavera: “Llegó el tiempo de volver a los cerros, el día soñado de abandonar Jerez para subir a la tierra blanca. Hace meses que la flor del almendro comenzó a desvanecer el frío. El perfume del azahar acudió en su ayuda… Quedarse quietos con los ojos abiertos días enteros. Junto a parras retorcidas que renacen tras el invierno. Junto a casas vacías en las que ya nadie se alegra de ver crecer la cosecha. Al lado de pozos de edad inmemorial. Campos arrugados que se asombran cada año de ver el trigo granar. … Peregrinar por reinos míticos que no dejan de sorprenderse al llegar la primavera. Volver a pronunciar nombres antiguos que se adentran en lo más profundo de la memoria. Alfaraz. Balbaína. Cantarranas. Macharnudo. Orbaneja. Tabajete. Valcargado. Almocadén. Los Tercios. Capirete. Marihernández. Tizón. Añina. Cerronuevo. Burujena. Carrahola…



Cientos de primaveras. Miles de jerezanos que nacieron y murieron en estos pagos esperando alcanzar un abril más. Deseando otear el horizonte y contemplar con júbilo cómo una vez más el trigo verde estaba granado...
” (3).



Los viñedos, los trigales, los sotos y alamedas del río, los linderos del bosque… cualquier lugar depara no pocas sorpresas en este renacer de lo vegetal. Pero nosotros, entre todos los regalos con los que la primavera nos obsequia, sentimos especial predilección por estas flores silvestres, humildes, discretas, “vulgares”, con nombres apenas conocidos, esas que crecen en las cunetas, en los bordes de los campos y de los caminos, las que, como los jaramagos, tapizan los baldíos. Esas que pasan desapercibidas y a las que muchos califican como “malas hierbas”. A buen seguro, algunas de estas especies vegetales resultan poco recomendables y causan perjuicios a agricultores y viñistas, a jardineros y a quienes se ocupan del mantenimiento de caminos y carreteras… pero no puede ya concebirse el paisaje sin ellas. Con la primavera, estas “malas hierbas”, esas que crecen “donde no deben”, donde no se las quiere, se hacen presentes en todos los rincones y, pese a las molestias que causan a algunos, nos compensan a todos con la belleza de sus flores.

En cierta ocasión, paseando por la Cañada de Espera, un hombre que llevaba en la mano una bandera, cubierto con un impermeable, nos hizo señas desde unas decenas de metros, en medio de un campo. Al poco se nos acercó y nos previno de las pasadas que una avioneta que volaba a lo lejos: “está fumigando para matar las malas hierbas”. Macizos de margaritas y amapolas, de viboreras y malvas, de borrajas y vinagretas, de zullas, de azureas, de jaramagos… llenaban las cunetas, ocultando los palmitos, y crecían también entre un olivar cercano y en los linderos de una loma sembrada de cereal. Malas hierbas…

Nos alejamos entonces del camino y en esas divagaciones ociosas que entretienen el paso lento de los caminantes, pensamos si estas “malas hierbas”, si estas hierbas que hermoseaban con sus flores los bordes de las hijuelas y los campos, estás que formaban parte de esa “lista negra” para la agricultura, serían consideradas “buenas hierbas” en algún lugar. Y allí, a buen seguro, que lejos de fumigarlas y rozarlas para acabar con ellas, se las trataría con el mimo que se dispensa a las flores que aquí cultivamos en los jardines.



“Es seguro, -pensamos-, que en algún remoto paisaje, las mejores praderas estarán tapizadas por estas “malas hierbas” que aquí tratamos de eliminar de nuestros campos con herbicidas. Es de justicia que así sea, -pensábamos mientras se acercaba la avioneta-, y de que puedan gozar allí de una lluvia de agua fina, de rocío limpio cada mañana y de que sean bien tratadas y admiradas”. Rescatamos, a modo de divertimento, aquellas disquisiciones en estos días de marzo cuando vuelven de nuevo a brotar con fuerza todas las hierbas (las “buenas” y las “malas”), algunas de cuyas flores les dejamos, junto a estas líneas para que los lectores valoren su condición.

Un hermoso y premiado poemario de nuestra admirada Josefa Parra lleva por título “Elogio de la mala yerba” (4) y nosotros, modestamente, lo tomamos prestado para dar la bienvenida a esta nueva estación que ahora comienza. Nos vamos recordando de nuevo la palabras de Jesús Rodríguez para decir que, paseando estos días por cualquier cañada de nuestra campiña, admirando los prodigios que obra la primavera en los ribazos de los campos, en los setos de los caminos, en las laderas incultas, en las orillas de los arroyos… disfrutando del renacer y el empuje de la naturaleza, sentimos “…lo mismo que debió sentir Dios aquel día tercero en que creó las cosas vegetales y vio que eran buenas”.


Para saber más:
(1) Rodríguez Gómez, Jesús:A cepa revuelta: La primera visita al campo”. Diario de Jerez, 21/03/2010.
(2) Vega Cordero, Juan Luis:Primavera en los viñedos jerezanos”, Diario de Jerez, 11/05/2013.
(3) Romero Bejarano, Manuel:Trigales Verdes”, Diario de Jerez, 18/04/2010.
(4) Parra Ramos, Josefa:Elogio de la mala yerba”, Visor Libros, 1996.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con El Paisaje y la Literatura

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 22/03/2015

Obras de “rehabilitación” en el Puente de Cartuja: crónica de una desafortunada intervención.



Un puente con historia.

Entre las otras cosas que son convenientes e muy convenibles al serviçio de dios e vecinos de ella e de otros lugares que con ella confinan comarcanos es que se faga un puente en el vado que dizen de medina media legua de esta çibdad en el Rio de Guadalete termino de ella”.

“Esta ciudad” es Jerez y quien así se expresa es nuestro Ayuntamiento que, casi a la desesperada, solicita al emperador Carlos V autorización y ayuda para construir un puente. El Memorial en el que se exponen las causas que justifican dicha petición fue aprobado en el cabildo del 28 de abril de 1523 y, junto a motivos de carácter económico, comercial y de seguridad para las personas y animales que transitaban por el Vado de Medina, hacía especial hincapié en razones que hoy denominaríamos “estraté-gicas, militares o de interés para la defensa nacional”. Los corsarios berberiscos, la piratería mahometana y las incursiones del inglés en el litoral gaditano reclaman un día sí y otro también el auxilio de las tropas jerezanas que, cruzando peligrosamente el Vado de Medina, transitan por la Cañada de la Isla en busca del Puente Zuazo para acudir en socorro de las poblaciones costeras. Manuel Romero Bejarano, que conoce como nadie los pormenores de la historia del Puente de Cartuja, apunta que a finales de 1525 se pone en marcha el proceso de construcción, acopiándose materiales en el vado procedentes de la cantera de Martelillla que se abre para esta obra. No sin pocas vicisitudes (paralización de los trabajos, robo de piedra por los cartujos, falta de fondos…) parece ser que en 1541 el puente ya estaba en uso. Como dato curioso este mismo autor nos informa que llegó a prohibirse el paso de carretas por el deterioro que ocasionaban en su calzada y pretiles. La fábrica que hoy se conserva, con nueve arcos con rosca de ladrillo apoyados en pilares de cantería, vio ya las primeras reparaciones entre 1541 y 1575. Uno de los arcos se reparó también en el siglo XVIII.

Sirvan estos sucintos apuntes históricos para recordar que el conocido Puente de Cartuja es sin duda una de las obras civiles más emblemáticas de cuantas integran el patrimonio de nuestro entorno rural. Además, es también el más antiguo y notable puente de sillería de cuantos pueden encontrarse en la cuenca del Guadalete.

No es de extrañar por ello que, por sus valores arquitectónicos, históricos y culturales, se haya reclamado desde diferentes colectivos ciudadanos y académicos su declaración como BIC, como ya hemos recordado en Entornoajerez. En diferentes ocasiones, el Ateneo de Jerez, Ecologistas en Acción o el Centro de Estudios Históricos Jerezanos, por citar sólo algunos han planteado la necesidad de proteger el puente y reclamar su inclusión en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. El Partido Popular de Jerez promovió también, hace un par de años, la declaración del Puente de Cartuja como Bien de Interés Cultural, planteándose de nuevo esta petición, ya desde el Ayuntamiento al hacerse cargo este partido del gobierno municipal.

Una rehabilitación muy cuestionable.

Por estas razones sorprende mucho que, cuando se está tramitando el reconocimiento de esta figura de protección para una obra emblemática de nuestro patrimonio, se haya dado vía libre a unas obras que pueden poner en riesgo no sólo dicha declaración, sino también la propia fisonomía del puente y, lo que es peor, que pueden llegar a producir graves daños en la estructura de esta obra que, recordemos, está próxima a cumplir cinco siglos.

Y es que, desde mediados de agosto, han comenzado unas preocupantes obras que están alterando gravemente la imagen tradicional del puente. Un gran cartel lo anuncia a su entrada: “Rehabilitación de Puente en la C-440a, P.K. 4+000, “La Cartuja” (Cádiz)”. Según informa este panel, se trata de un proyecto cofinanciado con fondos FEDER por la Unión Europea con una inversión de 287.919,25 €. ¿Eran necesarias “estas” obras? Vayamos por partes…

En 1933 se eliminaron los pretiles de cantería del puente, que pueden verse en la fotografía de 1918 que acompaña a este reportaje, siendo sustituidos por una discreta y sencilla barandilla de hierro que permitía así dotar de mayor anchura a la calzada por la que pasaba hasta hace dos décadas la carretera Jerez- Los Barrios. El deterioro de la barandilla, después de más de medio siglo prestando sus servicios, era evidente, por lo que su reparación –nadie lo cuestiona- era más que necesaria.

Sin embargo, la solución adoptada no ha podido ser, a nuestro juicio, más desafortunada y así, se han colocado sobre el tablero, unas antiestéticas y pesadas correas de hormigón armado sobre las que se está levantado una barandilla metálica de grandes proporciones que nos recuerda a la de la pasarela peatonal recientemente inaugurada en El Puerto de Santa María. Ni que decir tiene que la combinación de los nobles sillares de piedra de Martelilla con estos nuevos materiales no puede ser más disonante. A todo ello hay que añadir que el peso de estas correas (prodigio de sensibilidad estética y de respeto a una obra arquitectónica para la que se está solicitando su reconocimiento como BIC) al que hay que añadir el del material del futuro reasfaltado de la calzada, añade nuevos riesgos (¿calculados?) a una estructura que ya presenta deformaciones visibles en algunos arcos.

Pero aquí no acaba todo, ya que como el visitante que se acerque hasta el río podrá comprobar, bajo los arcos se han montado grandes andamios y se han acopiado cientos de sacos de cemento. Al parecer, y según se deduce de las pruebas de pintura y repellado que son visibles en la pared interior de uno de los arcos, junto a su tajamar, se ¿pretende? revocar con mortero coloreado el intradós de los arcos del puente y, tal vez el resto de la obra. Entre las pruebas realizadas pueden leerse los colores que se barajan para dar una manita al puente que “va a quedar como nuevo”. “Beige, “piedra”, “madera”, “hueso”, son la cuatro tonalidades elegidas… Nos tememos lo peor y de no actuarse a tiempo, dentro de unas semanas nos estaremos lamentando de un nuevo atentado al patrimonio arquitec-tónico, a la “memoria colectiva” y a la sensibilidad más elemental que en los países del primer mundo debe tenerse hacia los monumentos históricos (aunque tal vez sea eso, que esto se considere sólo un “montón de piedras viejas que hay que “sanear”). Se imaginan los techos o las paredes de la catedral enfoscados con mortero coloreado en “hueso”, o tal vez en “beige” o en “piedra”? Pues eso es lo que va a pasar con el puente si no lo remediamos.

Desconocemos hasta donde se quiere llegar con esta “rehabili-tación”, pues también se ha intervenido ya sobre varios tajamares a los que parece haberse aplicado chorros de arena a presión para “limpiar” la piedra. Recordamos que sobre los sillares hay marcas de cantero e inscripciones con valiosa información y que por tanto, este material debe ser tratado con sumo cuidado, ignorando por nuestra parte si se están aplicando todas las prevenciones necesarias para que no resulten dañados con la “limpieza”. Pero sobre todo, lo que no nos imaginamos es que, finalmente, a los sillares también se les recubra, como al intradós de los arcos, algún tipo de revocado…

El diccionario de la RAE recoge que “rehabilitar”, -que eso es lo que anuncia el cartel de las obras- consiste en “restituir algo a su antiguo estado”. No puede estar más claro.

Por esta razón, cuando vimos los paneles anunciando la obra de rehabilitación del Puente de Cartuja y conocedores de las peticiones del Ayuntamiento para que sea declarado Bien de Interés Cultural, pensamos que por fin había llegado la hora de retirar de sus arcos y pilares esas horribles estructuras metálicas, esos grandes tubos oxidados, esas cañerías, cables, postes, abrazaderas de hierro y demás aderezos con los que en los últimos cincuenta años (y no antes) se había ido deteriorando esta emblemática obra.

Nada de eso ha pasado como puede comprobarse a simple vista y, nos tememos que, de no actuarse “in extremis”, el Puente de Cartuja va a quedar, irremediablemente tocado para muchas décadas y “muy bonito”.

Cuando contemplamos estas obras de “rehabilitación”, sentimos lo que expresaba Manuel Romero Bejarano, hace unos años, al contemplar el abandono del puente: “… Sus arcos acabaron por convertirse en un trasto inservible a orillas del Guadalete. Como un enfermo terminal, lleno de tubos y hundido en la miseria… No me gusta volver a los pies del puente de Cartuja. Sin saber por qué, me siento culpable de sus heridas. Vergüenza. Indignación. Desprecio hacia las autoridades. Las viejas inscripciones me miran con su vista gastada por el paso del agua. Los pilares afilados y las enigmáticas marcas de cantero parecen increparme. Los enormes arcos de ladrillo se asombran ante tanta soledad. Tabla de salvación de miles de personas. Obra levantada con la sangre de un pueblo. Otra vez el más terrible de los olvidos. ¿Por qué seremos tan ingratos los jerezanos con nuestros monumentos? Pienso mientras observo a mis vecinos de mesa en la Venta de Cartuja devorar monstruosas tostadas con zurrapa de lomo”.

¿Cuenta esta obra con todos los informes favorables al intervenir sobre un notable elemento patrimonial, aunque para algunos “técnicos” sólo sea un viejo puente al que hay que echarle hierro, hormigón y pintura para adecentarlo un poco? ¿Puede aún hacerse algo por minimizar el alcance y el impacto de esta “rehabilitación”? ¿Hay alguien ahí?

 
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