El Retiro.
Historias de un parque centenario (II).




Para nuestra querida Violetita, la florecilla más linda del Retiro.

Como recordarán muchos lectores, el pasado domingo iniciamos un recorrido por los primeros años de la historia del Parque del Retiro, donado por Luis de Ysasi y Lacoste a la ciudad en 1902. En nuestro “paseo” de hoy, vamos a recordar algunos de los episodios más significativos de los que fue protagonista este parque centenario.

Una escuela en El Retiro.

Ante las necesidades de edificios escolares que en nuestra ciudad existían, una de las primeras medidas que se llevan a cabo en relación al Retiro es la creación de una escuela pública, en las que fueran las dependencias principales del Recreo de Ysasi. Así lo acuerda el Ayuntamiento de la ciudad en la sesión municipal celebrada en septiembre de 1903. Ante esta decisión, la prensa local de la época recoge ya los primeros recelos acerca del uso del futuro parque y en un artículo de El Guadalete titulado “El Retiro de Ysasi”, podía leerse: “[...] Buena idea la de dedicar a escuela pública los edificios que en dicha finca se hallan enclavados. Con ello se harán dos cosas buenas: dotar a algunos de estos establecimientos de enseñanza de albergue adecuado e higiénico, lo que no hay en la mayoría de ellos, y dar al legado del Sr. Ysasi la aplicación más en consonancia con el nobilísimo espíritu de aquel excelente ciudadano que ofreció a la infancia desvalida sus más tiernas aficiones y que se desveló siempre por la educación de la niñez” (1).

Aun alabando la iniciativa municipal, que conectaba también con lo expresado por el propio Ysasi en su testamento, el diario jerezano auguraba que la medida podía ir en detrimento de los jardines argumentando que “… si lisa y llanamente se entrega el Retiro a las escuelas, sin limitaciones, bien pronto los maestros, ayudantes y sus familias lo considerarán como patrimonio suyo; los niños, mal educados en el respeto a las plantas y poco o nada vigilados, estropearán el jardín y arbolado y tendremos que lamentar el destrozo de aquel ameno y precioso parque. Es preciso que El Retiro se conserve y vigile y cuide con especial esmero, mejorándolo si es posible, ampliando las arboledas y jardines en el lugar que hoy ocupa la porción de viña e impidiendo hasta el más insignificante deterioro (2).

Algunas voces habían alertado de que la aceptación de la hacienda El Retiro por parte del Ayuntamiento resultaría gravosa para las arcas municipales por los grandes gastos derivados de su conservación frente a lo que “El Guadalete” sostenía que “…es un error que conviene desvanecer. Toda la parte de jardines, huerta y naranjal puede fácilmente arrendarse a un jardinero que se obligue a la conservación y limpieza de la ría, fuentes y paseos y a guardar la finca”.



De la misma manera se proponía que, hasta que no se ampliase el parque con la plantación de nuevas arboledas, se diesen en arriendo las cinco aranzadas de viña que formaban parte de la hacienda, con cuyo canon podrían sufragarse los gastos ocasionados en el mantenimiento del parque, ahorrándose además el alquiler de casa para escuelas. Junto a estas propuestas resulta curiosa la iniciativa del periódico local que, de haber cuajado, hubiera supuesto la puesta en marcha de un Museo Arqueológico en la ciudad, sugiriéndose que en la antigua casa de Ysasi, “… en el salón grande de ingreso podría instalarse así como también un museo de antigüedades trasladando a él los objetos que en sus estantes se conservan en la Biblioteca Municipal y los trozos de estatuas y monumentos que para vilipendio y escarnio de nuestra cultura se hallan amontonados en el atrio de dicho edificio. Si a esto se agrega que el Retiro se presta admirablemente a practicar la enseñanza moderna al aire libre, en cuanto sea posible, establecida hoy en todas las naciones civilizadas tendríamos que el legado del Sr. Ysasi, no solo no costará nada al municipio, sino que además de ofrecer un ameno lugar de esparcimiento al vecindario, realizará un gran beneficio y podrá albergar un establecimiento de enseñanza que honre a nuestra ciudad y sea al mismo tiempo el mejor tributo rendido a la honrosa y perdurable memoria de D. Luis de Ysasi y Lacoste” (3).

El Retiro, parque público: las primeras visitas.

A diferencia de lo que sucedía con el parque González Hontoria, creado en 1902, El Retiro, por su cercanía a la ciudad, era un lugar ideal para el esparcimiento y el paseo de los jerezanos. Enclavado en un entorno donde abundaban las huertas y recreos, el nuevo parque público fue muy bien acogido por los ciudadanos. Siendo ya de propiedad municipal, apenas habían transcurrido unos meses desde su recepción por el Ayuntamiento, cuando los jardines de El Retiro servirán de marco, el 25 de diciembre de 1903, a la Fiesta de los Niños, una celebración precursora de la actual cabalgata de Reyes.

En la crónica que de dicha fiesta que con el título de “En el Retiro” recoge la prensa local se señala que a la misma asistieron más de 2000 niños de las escuelas jerezanas que fueron obsequiados con juguetes y una merienda. Para la fiesta, organizada por la Asociación de Caridad y la Archicofradía de la Santa Agonía, se preparó un árbol para cada escuela ene que se colocaron los juguetes: “… A la entrada estaban los árboles de los niños de la Hermandad de la Santa Agonía y de la Escuela de la Santísima Trinidad; en esta última se rifó además un pavo y se repartieron premios consistentes en ropas que la Asociación de Católicos que la dirige, destinó a los niños más aprovechados. Después seguían los árboles de las Escuelas de niños y niñas de San Juan Bautista, S. Fernando, S. Rafael, Santiago, Santo Domingo, San Miguel, San Luis Gonzaga, Nuestra Sra. del Socorro, Purísima Concepción, Ntra. Sra. de Consolación, del Rosario, San Dionisio, Protectorado de Niños desvalidos, Asilo de la Infancia y Hospicio. A las dos comenzó el reparto de juguetes que hicieron las distinguidas señoras de la Junta, auxiliados por bellas señoritas y de los Señores que formaban parte de aquella… El batallón infantil fue uno de los principales elementos de la fiesta. A las 12 salió de la plaza de Alfonso XII, dirigiéndose por la Corredera, plaza de las Angustias y calle Santísima Trinidad, Medina y Cartuja hasta El Retiro. Al llegar allí ya la mayoría de las escuelas iban llegando a la finca y todas entraron por la puerta lateral. Numerosísimo público siguió al batallón infantil por las calles que recorrió… A las 3 aproximadamente se repartieron las meriendas a todos los niños y niñas, pasando todas las escuelas por junto a la casa de vacas, donde el Alcalde auxiliado por otras varias personas entregaban a cada niño su merienda. En la explanada que hay al final de la hermosa calle de palmeras y en esta misma calle se sentaron los niños a merendar alegremente, mientras presenciaban con grande algazara y alegría la elevación de los fantoches regalados por el comercio" (4).

Para la fiesta se elaboró una hoja literaria cuya venta, al precio de un real, se destinó a la asociación de Caridad y en la que se incluían artículos “… de los señores Barrón, de Lorenzo, Bertemati, Dastis, Sainz de Bustamante, Agullós, poesías de Bellido, Lechuga y otra porción de composiciones hasta el número de 24; la hoja literaria lleva el siguiente encabezamiento: "Las letras jerezanas a la memoria del insigne patricio D. Luis de Ysasi y Lacoste"… El Alcalde fue felicitado por la organización y el Sr. Hernández Rubio que dirigió la ornamentación de la entrada y paseos del recreo con mucho gusto. En la pared exterior de la fachada de la casa se había colocado la lápida conmemorativa de la donación de la finca al pueblo por el Sr. D. Luis de Ysasi" (5).

Por la crónica de aquel día de diciembre de 1903 sabemos que El Retiro, desde su apertura al público, contaba con una "calle de Palmeras", con una hermosa fuente de mármol y que ese mismo día fue colocada la lápida conmemorativa que aún se conserva en la actualidad.

El año siguiente, el periódico "El Eco de Jerez" del 24 de Diciembre, volvía a dar noticia de la celebración del "Día de los Niños" en El Retiro, con la participación del alcalde Manuel Coloma y donde de nuevo se habían adornado los árboles y jardines bajo la dirección del arquitecto municipal F. Hernández-Rubio.

La Escuela Pública y el Vivero Municipal.

En sus primeros años, antes de que el Ayuntamiento lo acondicionara definitivamente como parque público, su aspecto apenas debía diferir del que originariamente tenía en vida de Ysasi: una finca de recreo con huertas, árboles frutales y especies ornamentales. Así al menos lo confirma la memoria de 1904 del Instituto Provincial, en la que se reseña una excursión de sus alumnos a la Huerta del Retiro, tal vez la primera que se realiza a este lugar con fines didácticos (6).

La Escuela Pública se habilita también muy pronto y ya en la Sesión Municipal de 31 de Diciembre de 1903 el alcalde J. Fadrique de Lassaletta y Salazar, quien recibiera la donación del Retiro, da cuenta del ahorro de 3000 pesetas "sobrantes por no haber que pagar el arrendamiento del local que en la llamada Casa de Panés" ocupaba la escuela trasladada al Retiro". En la misma sesión, y a petición de varios miembros de la Comisión creada para la replantación de los viñedos de Jerez perdidos por la plaga de filoxera, se propone "realizar los trabajos y las obras indispensables de roturación y plantación de vides madres, para el establecimiento de un vivero municipal... a fin de que para el año 1905 puedan proporcionarse vides americanas gratis a los pequeños viticultores que cumplidamente notifiquen carecer de medios y recursos para la replantación." En este sentido se acordó que el vivero se establezca en El Retiro (7).

El parque, que en sus primeros tiempos ocupaba una superficie mucho mayor que la actual, va tomando forma con el paso de los años. Poco a poco fueron surgiendo los paseos de árboles, las plazas, las fuentes y estanques, los jardines. Ya en la década de 1920, las fotografías que de él se conservan, nos muestran la arboleda en todo su esplendor destacando las siluetas de grandes palmeras o de algunos ejemplares de pino carrasco, así como las alineaciones de cipreses. La antigua casa de D. Luis de Ysasi, utilizada como Escuela Pública, muestra en su costado una construcción almenada conocida popularmente como "El Castillito". En septiembre de 1925, Ángel Antón, nos lo describe en un artículo publicado en la revista del Ateneo: "Preciosa finca situada en las misma puertas de la ciudad, con una superficie de unas 16 aranzadas, con un magnífico jardín, un estanque, un invernadero para plantas, hermosos paseos y al fondo un bosque de pinos, tierra de labor y una viña, completándose esta valiosa finca, con una bonita casa-habitación y los edificios accesorios para portería, jardinero, cuadras y establo" (8).

El mismo autor explica que debido a la difícil situación económica del Ayuntamiento años atrás, tanto los edificios como los jardines pasaron por un estado de abandono que hicieron temer por su desaparición. La entrada en la alcaldía de Federico de Ysasi y Dávila (1925-1928), sobrino de D. Luis de Ysasi, posibilitó que se llevaran a cabo las obras de adecentamiento necesarias para que El Retiro recuperara de nuevo un aspecto cuidado. Así, en 1925 primero y en 1928 después, se plantean sendas iniciativas por miembros del Ateneo Jerezano para instalar en El Retiro una "Escuela al aire libre".



El ya mencionado Ángel Antón señalaba al respecto en 1925 que: “Es iniciativa de este Ateneo Jerezano" establecer en el hermoso parque de El Retiro, una escuela al aire libre. El clima de Jerez se presta a ello como en pocas ciudades y el recreo El Retiro, sin dejar de ser paseo público, reúne condiciones excepcionales para ese objeto. Para realizarlo, habría que construir en la pequeña pradera que hay junto al paseo de palmeras, un pabellón, que pudiera ser de madera, estilo americano… Este salón con grandes ventanales, tendría por objeto dar en él las clases los días que, por lluvia o viento, no pudieran darse al aire libre. Con respecto al programa a impartir, Antón apuntaba que “…debiera darse a los niños que concurrieran a esa escuela, los elementales conocimientos prácticos de agricultura, que son necesarios a los obreros de un pueblo, cuya riqueza está en el campo. Pequeñas parcelas de jardín, tierra de labor y viña, cuidadas por los mismos niños, al par que les serviría de distracción les inculcaría el espíritu de trabajo, el respeto a las plantas, el amor al campo y les daría aquellos conocimientos que tanto provecho reportarían a esta ciudad, cuando en el recorrer del tiempo los niños de aquella escuela fueran obreros, llegarían a ser los capataces de cortijos y de las viñas, capacitados por sus conocimientos para ser el indispensable colaborador del propietario, en la gran transformación que necesariamente ha de tener la agricultura en esta región. Ahí está la idea y aquí el Ateneo Jerezano, dispuesto a colaborar en la realización de esta iniciativa, si el Municipio cree que merece estudiarse” (9).

Aunque la propuesta volvió a plantearse en 1928 y la Escuela al Aire Libre de El Retiro, no llegó a funcionar nunca conforme a estos planteamientos, lo cierto es que el parque fue marco de numerosas excursiones y visitas de escolares, además de espacio ideal de las actividades de los alumnos de la Escuela Pública allí ubicada. De la misma manera, hay constancia documental que el parque fue también escenario de la Fiesta del Árbol en numerosas ocasiones, en especial desde 1915 cuando se le dio un nuevo impulso tras su creación en 1898 (10).

En 1927 con la construcción del nuevo edificio de la Estación de Ferrocarril, el entorno de El Retiro y de la línea férrea fue objeto de nuevas mejoras. En 1931, cuando con el advenimiento de la Segunda República se impulsaron las escuelas públicas en El Retiro, los herederos de D. Luis de Ysasi, llegaron a reclamar al Ayuntamiento la anulación de la donación realizada por su antepasado ya que no se respetaba el deseo manifestado en el testamento de D. Luis, debido a que en las escuelas de El Retiro no se impartía educación católica (11).

Nuevos usos para El Retiro.

Tras el golpe de estado franquista, El Retiro siguió manteniendo la Escuela Pública, conocida popularmente como “el castillito” en la vieja casa de D. Luis de Ysasi que conservaba, como señala Rodrigo de Molina, "su entrada, con aquella amplia escalera, la terraza esquinada con aquella figura que sostenía un globo de cristal en alto, lumbrera en la noche, y el toque de campana al ocaso, dado porel guarda con vivienda allí, a cuyo son salían corriendo los chiquillos" (12).

Sin embargo, a partir de la década de 1940, y especialmente en la siguiente, el parque experimentará grandes transformaciones y verá reducida considerablemente su superficie ajardinada ya que en uno de sus extremos, donde actualmente se emplazan bloques de viviendas, se levantaron las instalaciones deportivas del Frente de Juventudes. Si en sus primeros momentos el parque se concibió como un lugar de esparcimiento y paseo para la población, los nuevos tiempos traían consigo nuevas demandas y las prácticas deportivas figuraban entre ellas. De nuevo El Retiro, por su cercanía al casco urbano y por la disponibilidad de espacio libre fue el lugar elegido para la construcción de piscinas, pistas deportivas, campos de fútbol... aún a costa de disminuir los jardines y los paseos arbolados.

La ciudad se encuentra en plena expansión urbanística y se construyen los primeros barrios destinados a la clase obrera. En la zona Este, junto al parque, surgen el de La Vid (1953), obra del arquitecto municipal Fernando de La Cuadra, y La Asunción. Más tarde se levantará el de Las Viñas y, ya en el último cuarto del siglo XX, las populosas barriadas que hoy conforman el distrito Delicias. El Retiro será, durante muchos años, la única zona verde y de ocio con la que cuente este poblado sector de la ciudad. A espaldas del Retiro se inaugura a mediados los 50, el parque de Bomberos, pavimentándose también las calles adyacentes (13).

Cambios y reformas.

En la zona que ocuparan los campos deportivos hasta finales de los cincuenta, ya definitivamente perdida como parque público, se levantará la Escuela Hogar, luego C.P. Blas Infante, y la oficina comarcal de la Delegación Provincial de Educación. Las construcciones continuaran en la década de los sesenta, donde el parque verá reducida de nuevo su superficie, hasta las tres hectáreas con que, aproximadamente, cuenta en la actualidad. En 1962 se abre en su extremo Oeste el nuevo vivero municipal en el que se levanta una estufa o invernadero.

En estos años se inicia también la construcción del Grupo Escolar "General Primo de Rivera" en el extremo opuesto del Parque, para atender las crecientes demandas de escolarización provocadas por la expansión urbanística de esta zona de Jerez. Aún muchos recuerdan como siendo director del mencionando centro escolar nuestro querido y recordado amigo Javier Fernández Azuar, realizó una visita a los jardines de El Retiro el discípulo de Gandhi, Lanza del Vasto, donde habló a los escolares sobre sus ideas (14).

A pesar de ver recortada su superficie hasta los 31.540 m. con los que cuenta en la actualidad, El Retiro recobrará en las últimas décadas su papel de lugar de esparcimiento y de punto de encuentro. Hasta la reforma de la que fue objeto a finales de los 80, la fisonomía del parque era bastante diferente a la actual y así, los parterres rodeados de setos, la ausencia de zonas abiertas, la proliferación de arbustos, la falta de iluminación, la valla de cerramiento exterior... conferían al recinto un aspecto más "cerrado" que en algunos momentos llegó a dar muestras de un preocupante deterioro. Es entonces cuando llega la hora de su recuperación, durante la alcaldía de Pedro Pacheco Herrera y durante los años 1989-90, la Casa de Oficios de Jardinería "Ingeniero Fernández de la Rosa" dependiente del Ayuntamiento, efectuó una remodelación integral del parque. Se llevo a cabo entonces la supresión de los setos y arbustos, la siembra de praderas, la eliminación de vallas, la apertura de la zona del estanque, que anteriormente quedaba dentro del recinto del Vivero... Gracias a estas medidas el Retiro recobró de nuevo la vida, convirtiéndose así en uno de los jardines más frecuentados de la ciudad. En 2002, con motivo del centenario de la donación del parque a la ciudad, se realizó una plantación simbólica por parte de escolares de la ciudad enriqueciendo con una veintena de nuevas especies la arboleda del parque (15).

Con todo, el deterioro de sus instalaciones reclamaba una nueva intervención. En 2007, durante el mandato de la alcaldesa Pilar Sánchez Muñoz, se llevó a cabo la última remodelación del parque en la que se invirtieron casi tres millones de euros. Se renovaron entonces todas las canalizaciones de alcantarillado y alumbrado, así como las superficies de albero, colocándose también bordes de confinamiento a las praderas. Se instalaron también nuevos bancos, papeleras y farolas y un nuevo parque infantil, eliminándose la alberca centenaria que fue sustituida por una polémica “fuente cibernética” con juegos de luces y agua, criticada en su día por su elevado coste. En su zona central se instaló también un quiosco-bar con veladores y en su zona lateral una pista de skateboard, que fue trasladada a Chapín posteriormente (16).



En la actualidad, el Retiro sigue siendo uno de los parques más frecuentados por los jerezanos. Pero los años no pasan en balde y se precisan nuevas reformas.






La plaga de picudo rojo que acabó con la mayoría de sus palmeras, el deterioro de parte de su arbolado, la necesidad de incorporar la zona del antiguo vivero (abandonada y en lamentable estado), reclaman una nueva intervención que devuelva al Retiro aquel antiguo esplendor de sus primeros años cuando, generosamente, Luis de Ysasi y Lacoste lo cedió a la ciudad. De paso, no estaría mal que se instalase un busto suyo en uno de sus rincones preferentes. Sería lo justo.

Continuará.
Para saber más:
(1) “El Retiro de Ysasi”, El Guadalete, 6 de septiembre de 1903.
(2) Ibídem
(3) Ibídem
(4) “En el Retiro” El Guadalete, 27 de diciembre de 1903
(5) Ibídem
(6) Rodríguez Doblas, Mª Dolores: Instituto Padre Luis Coloma: 150 años de Historia, Cuadernos de Divulgación, nº 2, Biblioteca de Urbanismo y Cultura, p. 80.
(7) “Sesión Municipal”, El Guadalete, 31 de diciembre de 1903, p. 2
(8) Antón Rico, A.:El Retiro”, Revista del Ateneo, nº 17, 15 de diciembre de 1927, p. 89.
(9) Ibídem, p 89-100.
(10) García Lázaro, A.:El Retiro cumple cien años”, Revista Pliegos de Opinión, nº 3. Marzo de 2002.
(11) Miguel Miguel, F.: Algunas notas sobre la enseñanza, la ciudad y la II República, Diario de Jerez, 7 de enero de 1997.
(12) Rodrigo de Molina: “El Retiro”, Diario de Jerez, 23 de junio de 1988. La escultura aludida figura en una de las fotografías que ilustran este reportaje.
(13) López González, R.: La arquitectura del siglo XX en Jerez, Imprenta San José, 2012, p. 73.
(14) García Lázaro, A.:El Retiro… op. cit.
(15) Casa de Oficios de Jardinería "Ingeniero Fernández de la Rosa", Folleto informativo, Ayuntamiento de Jerez,1989.
(16) “Nuevo Parque El Retiro. Presentación del Proyecto a los vecinos”, 14 de Noviembre de 2017. Díptico y CD, elaborados por el Gabinete de Diseño e Imagen del Ayuntamiento de Jerez.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Miscelánea, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 22/04/2018

En El Retiro con Luis de Ysasy.
Un parque con historia (I).




Para nuestra querida Lucía, que llena de alegría las tardes del Retiro

A finales del siglo XIX Jerez es una ciudad de más de 60.000 habitantes que ha venido experimentando un gran crecimiento económico durante toda la centuria, gracias al florecimiento y expansión de la industria vinícola. Como consecuencia de ello, su fisonomía urbana ha sufrido grandes cambios de la mano del extraordinario aumento de las construcciones bodegueras que han ido ocupando todos los espacios libres en torno a los viejos barrios (1).

Buena parte del caserío se renueva también, surgiendo nuevas calles y barrios que se extienden, sobre todo, hacia la zona Este de la ciudad, conocida como El Ejido. La calle Porvenir y el nuevo barrio de Vallesequillo serán unas de las principales áreas de ensanche, de expansión bodeguera y de mayor crecimiento urbano por el atractivo que, en buena medida, supone la instalación de la estación de ferrocarril. Desde 1854 Jerez cuenta con la primera línea férrea de Andalucía (y la tercera de España) que le permite la salida al mar de sus vinos a través del muelle del Trocadero, en Puerto Real (2). Los espacios urbanos entre la ciudad y las vías se van ocupando con nuevas construcciones mientras que las tierras situadas al otro lado del trazado del ferrocarril seguirán siendo territorio destinado a huertas y viñas.

Los primeros paseos y jardines.

Con el crecimiento de la población, gracias al despegue económico y urbanístico que la ciudad vive a lo largo del siglo XIX, surgen también nuevas necesidades de espacios abiertos y de recreo.



Desde que en 1787, bajo el mandato del Corregidor Eguiluz se creara la Alameda del Alcázar, la principal zona de esparcimiento de los jerezanos, se han ido acometiendo diferentes obras que, aunque de menor envergadura, han ido dotando a la ciudad de nuevos paseos y plazas arboladas.

Entre los más destacados figuran el paseo y salón de Cristina (1833), las alamedas de Las Angustias (1841) y La Merced (1843), los jardines de las plazas del Arenal (1851) y del Arroyo (1860), de Eguiluz (1855) o de Madre de Dios (1858).

Desde 1869, en torno a los Depósitos de Aguas del Tempul, se crearán también unos jardines públicos abiertos a la población (3).

Junto a estos espacios, las entradas y salidas de Jerez en los caminos que llevan a Sevilla, Medina, Arcos, Lebrija y Los Puertos verán también en sus orillas plantíos de olmos, acacias, moreras… o pequeños paseos arbolados que enlazan la ciudad con el campo. Pese a estas iniciativas, a finales del XIX se siente ya como una necesidad la creación de un gran parque público, de un nuevo espacio arbolado que venga a cubrir las demandas de un Jerez en plena expansión demográfica y urbanística.

Haciendas y Recreos.

A medida que Jerez crece, las clases más acomodadas optan, en muchos casos, por instalar sus viviendas en las cercanías de la ciudad, construyendo villas, haciendas y recreos en las zonas del extrarradio, cuando no en pleno campo, en las fincas de su propiedad. Aunque muchas de ellas quedarán absorbidas por el casco urbano en futuras expansiones, estas haciendas y recreos fueron a veces auténticas mansiones rodeadas de jardines y de arbolado.



A mediados del XIX, zonas como las calles Santo Domingo, Lealas, Paseo de Capuchinos, Camino de Lebrija... verán levantarse en sus cercanías magníficas fincas de recreo que, al calor del negocio vinatero, construirán las familias más pudientes de Jerez. "El Palacio" (hoy Escuela Andaluza de Arte Ecuestre) que en 1865, construye Pemartín, "La Atalaya" o "El Recreo" de D. Francisco Rivero son algunas de ellas, de la que en otra ocasión nos ocuparemos (4).

En el extrarradio de la ciudad, algo más aisladas, algunas de estas haciendas alcanzarán también renombre. A mediados de siglo Madoz cita entre las más notables, "La Granja" de J. Pedro Domecq, la de "Giraldino" de Patricio Garvey o la de "Vallesequillo" de D. Juan David Gordon muy próxima a la estación de ferrocarril (5). Varias de estas fincas y recreos, con sus jardines y arboledas, pasarán, como años más tarde sucederá con El Retiro, a ser de propiedad municipal o a pertenecer a instituciones y organismos que facilitarán el acceso a los ciudadanos y posibilitarán el disfrute de sus zonas ajardinadas, como en los casos de La Atalaya, La Granja, o El Recreo de Las Cadenas (6).

El Camino de las Delicias.

Bien avanzado el siglo XIX, son ya muchas las ciudades de España que, de acuerdo con los nuevos planteamientos urbanísticos, cuentan con paseos arbolados y alamedas junto a las carreteras o caminos de acceso en cuyas orillas se siembran álamos, olmos, plátanos de sombra... Estos espacios son, a la vez que una carta de presentación para la ciudad, un lugar de esparcimiento y ocio para la población. Los árboles y la vegetación, la sombra y el frescor, lo ameno de la zona por la que suelen discurrir a modo de corredores de transición entre el campo y la ciudad, hacen de estos paseos lugares agradables, "deliciosos" en el lenguaje de la época, calificativo que se aplica de manera recurrente en las principales poblaciones del reino a aquellos paseos que se consideran más gratos. No es pues de extrañar, que "Las Delicias" sea el nombre propio de tantas calles, alamedas y caminos arbolados y así, ciudades como Vitoria, Madrid, Zaragoza, Sevilla (Las Delicias de Arjona) o Cádiz (Las Delicias de Martínez), cuenten desde mediados del XIX con este tipo de paseos (7).



En el Jerez de la época, gozando de las ventajas del campo y próxima como ninguna al casco urbano, la zona que se extendía frente a la estación de ferrocarril en el camino de Cortes, era un lugar privilegiado para las haciendas y recreos. El Camino de las Delicias era ya desde mediados del s. XIX un paseo arbolado en su primer tramo hasta "La Rosa Celeste", finca propiedad de D. Manuel Ponce de León y Villavicencio, donde en 1860 se inauguró una renombrada Casa de Baños alimentada por un pozo de aguas sulfurosas (8). El "arrecife de La Rosa Celeste", como era conocido por entonces era un lugar frecuentado por su cercanía a la ciudad, jalonado por olmos, moreras y árboles frutales de los fincas colindantes entre las que se encontraba, en su tramo inicial, nada más cruzar el viaducto, la hacienda "El Retiro" propiedad de D. Luis de Ysasi Lacoste.

Cuando se construye la casa-recreo en la finca, en el último tercio del siglo XIX, en sus proximidades se palpa ya el rumbo fabril e industrial que la ciudad va tomando. La primera estación de ferrocarril, el Viaducto (Puente de Cádiz), los proyectos de carretera de Jerez a Cortes, la cercana Fábrica de Gas, cuya chimenea aún se observa en las fotografías que se conservan de la hacienda El Retiro en la década de 1920... Son signos inequívocos de una ciudad en expansión, con proyectos de futuro, en muchos de los cuales Luis de Ysasi jugará un papel destacado (9).

D. Luis de Ysasi y Lacoste.

Cuando tras su muerte Ysasi dona a Jerez su hacienda "El Retiro" para la creación de uno de nuestros primeros parques, no hace sino culminar toda una larga trayectoria de preocupación por los asuntos públicos y de apoyo a numerosos proyectos y causas educativas, culturales y benéficas en la ciudad.

Luis de Ysasi Lacoste era hijo del rico hacendado D. Gregorio de Ysasi y de Dª Juana de Dios Lacoste. Su madre destacó por sus muchas obras en beneficio de los sectores más necesitados de la ciudad, lo que llevó a que el Ayuntamiento rotulara con su nombre, en 1888, aún envida, la calle contigua al Colegio del Salvador, institución que ella misma contribuyó a fundar (10).

Dedicado a sus negocios familiares, Luis de Ysasi impulsó iniciativas benéficas y de ayuda a las clases más desfavorecidas. Entre ellas destaca la construcción de un "Barrio Obrero", que aún se conserva junto a la calle Armas de Santiago. Apoyó a centros religiosos de caridad y a obras benéficas, compaginando esta labor filantrópica con su decidido mecenazgo a muchas iniciativas culturales de la ciudad, como su protección a la Academia de Bellas Artes, creada por el Marqués de Bonanza y que sería luego Escuela de Artes y Oficios; al Ateneo Jerezano, y a diferentes escuelas y colegios públicos y privados. A título anecdótico mencionamos la invitación -"lunch", tal y como recogen los periódicos de la época- que realizó en "El Retiro" a todos los maestros de las escuelas de Jerez tras la celebración de la primera Fiesta del Árbol en 1898, para impulsar desde el comienzo esta feliz iniciativa. Ysasi estuvo también presente en distintos proyectos innovadores para la ciudad, siendo uno de los más firmes y entusiastas puntales del proyecto del Ferrocarril de la Sierra (11).

Su fallecimiento, el 2 de diciembre de 1902, fue muy sentido por todo el pueblo jerezano, que concurrió en masa al funeral celebrado en la iglesia de S. Miguel y al que asistieron el Ayuntamiento en pleno ("bajo mazas") y las juntas de las entidades culturales, las casas de beneficencia y los centros escolares de la ciudad.



En la primera plana del periódico local "El Guadalete", podía leerse, el día 5 de diciembre de 1902, el artículo titulado "Justo Tributo" del que entresacamos estas palabras: "Podrán la vanidad y la soberbia levantar hasta el cielo monumentos y estatuas en vanagloria de los que se llamaron grandes en la tierra; podrán los honores y grandezas humanas rendir el homenaje de su falso brillo en aras de la adulación y del servilismo; esas ostentaciones materiales nacen condenadas a la muerte y al olvido; pero lo que nunca morirá, lo que no puede morir, es el monumento levantado sobre el corazón y la gratitud de un pueblo por las virtudes, la ardiente caridad y las buenas obras de un bienhechor como el Sr. de Ysasi; ese monumento espiritual desafiará al olvido y a la muerte, y pasará de generación en generación, transmitiendo con el nombre ilustre de aquel buen ciudadano, el recuerdo de sus méritos y el ejemplo de sus acciones" (12).

Donación del Retiro a la ciudad.

Junto a las diferentes plazas arboladas y alamedas levantadas a lo largo del siglo XIX, a la muerte de Ysasi en 1902, Jerez acaba de estrenar el parque del Recreo, que luego tomaría la denominación de González Hontoria en reconocimiento del alcalde que lo impulsó. Concebido en principio como espacio destinado a la celebración de la tradicional Feria de Ganados, que hasta entonces se llevaba a cabo en el Hato de la Carne, junto a Caulina, el nuevo parque nacía también con la vocación de ser un lugar de esparcimiento para una población en permanente crecimiento. Sin embargo lo distanciado de su ubicación con respecto al casco urbano y la ausencia de arbolado, hacían presentir que hasta pasados unos años no se cumplirían las grandes expectativas creadas con el nuevo parque.



Así estaban las cosas cuando en el diario local "El Guadalete", se dio a conocer el 7 de diciembre en un artículo titulado "El legado del Sr. Ysasi", la donación al pueblo de Jerez de su hacienda El Retiro para su utilización como parque público. Según se informaba, la finca tenía una superficie aproximada de 16 aranzadas y estaba valorada en más de 400.000 pesetas de la época. El último día de aquel 1902, el Ayuntamiento jerezano recibía un escrito de los albaceas testamentarios de D. Luis de Ysasi en el que se decía: "Protocolizado ya el testamento del señor don Luis de Ysasi Lacoste (q.s.g.g.), tenemos el honor de enviar a V.E. copia de la cláusula por la que lega a esta ciudad la hacienda "El Retiro", rogándole se sirva dar cuenta del legado a la Excma. Corporación que dignamente preside y manifestar en la misma que estamos dispuestos a otorgar la escritura del inmueble en el momento en que el Excmo. Ayuntamiento obtenga la autorización necesaria al efecto”. Firmaban la carta los albaceas, Federico de Ysasi Dávila, Salvador Dastis Ysasi, Manuel de Ysasi" (13).

Condiciones del testamento:

Para que se respetara su deseo, Ysasi establecía ciertas condiciones, siendo la principal la de hacer partícipes de su donación a todas las clases sociales de Jerez.

Así, en la Clausula 21 de su testamento, dictado en 1897 ante el notario Sr. Esteve, se decía: “Lego a la ciudad de Jerez de la Frontera y en su representación al Excmo. Ayuntamiento de la misma, la hacienda de recreo de mi propiedad llamada "El Retiro", situado al frente de la Estación del Ferrocarril, entre los caminos de la Fuente de Pedro Díaz y el arrecife de la Rosa Celeste, de cabida de más de once aranzadas y casa habitación.

Mi deseo al hacer esta donación a Jerez es que disfrute de un paseo en las cercanías de la población, el que se podrá agrandar y mejorar con la viña de unas cinco aranzadas que forma parte de la donación, y que sirva de solaz a todas las clases y por consiguiente, quiero que sea público y nunca se le dé otra aplicación. Si alguna vez se le diera o se abandonara su cuidado, anulo el legado y mando que pase a ser propiedad de mis sobrinos los hijos de mi difunto hermano Federico de Ysasi, y si no existieran, a sus descendientes legítimos, entendiéndose que correspondería a todos aquellos que se encuentren en igual grado. Lo mismo si el Excmo. Ayto. no aceptara el legado, o el Estado pretendiera incautarse de la finca por cualquier motivo y el Ayuntamiento no pudiera o no quisiera sostener su derecho.

La casa podrá utilizarla el Excmo. Ayto. en lo que le parezca más conveniente. Quizás sería útil establecer una biblioteca popular católica, un pequeño museo u otra institución que redundará en beneficio e ilustración del pueblo
” (14).

El Retiro pasa a manos del municipio.

Aunque el legado se produjo a finales de 1902, aún pasarán unos meses hasta que el Ayuntamiento asuma la gestión de la finca. En la Sesión Municipal de 18-8-1903 se da lectura a un oficio de los albaceas de D. Luis de Ysasi instando al municipio a tomar posesión de la hacienda del Retiro, acordándose esperar unos días hasta que "la superioridad resuelva el asunto".



Previamente, una semana antes, ya se había aprobado la propuesta para la prolongación de la tubería de agua potable hasta la Hacienda El Retiro así como hasta el Parque González Hontoria por la Calle Santo Domingo, queriendo así garantizar el suministro a las nuevas zonas verdes de la ciudad (15).
Continuará.

Para saber más:



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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/04/2018

 
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