Con Dios y con el Diablo por los viñedos de Jerez


Ruinas de la casa de la Viña de Dios
En diferentes ocasiones, no hemos ocupado en entornoajerez del poso cultural que encierra la toponimia de nuestra tierra. Hoy, para seguir comprobándolo, vamos a realizar una “incursión” en los paisajes de las viñas.

Julián Pemartín, en su Diccionario del vino de Jerez (1965), apunta ya, sólo en la relación de nombres de los pagos de viña de la zona, hasta 285 topónimos, de los que 135 corresponden a la campiña de Jerez. Esta relación se ve incrementada hasta la cifra de 394 pagos si, como señala Alberto García de Luján en La Viticultura del Jerez (1997), se incluyen los controlados Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López Cepero (1904)a través del Consejo Regulador. Basta pensar que cada pago puede incluir en su territorio varias casas de viña -y hasta decenas de ellas en los de mayor superficie- para hacernos una idea de la “densidad” y riqueza toponímica que ofrecen los viñedos del marco. Si a estas listas añadimos también los nombres que han dejado de utilizarse (muchas de estas casas están ya en ruina, han desaparecido o son conocidas con otra denominación) y que podemos rastrear en los viejos mapas o en las fuentes documentales de los pasados siglos, convendremos que la toponimia del viñedo jerezano es un tesoro cultural de primer orden, del que nos iremos ocupando en otros trabajos.

Buena parte de estos nombres tienen su origen en los siglos XVIII y XIX y entre ellos abundan los relacionados con la naturaleza del terreno y, muy especialmente, los hagiotopónimos esto es, las viñas, haciendas o casas bautizadas con nombres de santos y vírgenes o, en general, con el de otros nombres vinculados a la religión católica y la Iglesia. Entre todos ellos llaman poderosamente la atención dos topónimos antagónicos y rotundos. Dos nombres precisos, sonoros y categóricos: DIOS y el DIABLO.

Ruinas de la casa de la Viña de Dios
En el afamado pago de Ducha, situado a unos 10 km al norte del casco urbano. en dirección a Sevilla, aún se mantienen vivos los topónimos de Viña de Dios y Viña del Diablo. Ambas se sitúan en las cercanías del Cortijo de Ducha, hasta el que hemos venido para acercarnos a Camino de Duchaestos parajes de la campiña. Sin entrar en el cortijo continuamos por el carril que lo rodea y que, en un suave descenso entre sembrados, cruza por una pequeña olmeda buscando el antiguo Camino de Ducha, que antaño fue una de las principales vías del Jerez rural. Este camino (que aún puede recorrerse desde el actual parque Empresarial), arrancaba del norte de la población, junto al que conducía a Lebrija, y llegaba hasta las Marismas de Plano de Lechuga y Florido (1897)Casablanca, pasando a los pies de Montegil.

Ya en el camino, en dirección norte, se suceden a ambos lados suaves lomas en las que en otros tiempos crecieron renombrados viñedos que hoy han dejado paso a cultivos de cereal. En estos parajes se conservan todavía lo restos de algunas casas de viña. Para rescatar su memoria y recuperar aquellos paisajes de viñedos de finales del XIX en ese tiempo en los que la filoxera está a punto de arruinarlos, hemos acudido al testimonio que ofrece el Plano de Los Viñedos de Jerez, (Lit. y Tip. Hurtado) que se incluyen también en el Plano de Lechuga y Florido (1897). (Ver ilustraciones).

Ruinas de la casa de la Viña La Paz
Allí están ya la Viña de Dios y la Viña del Diablo, una frente a otra, al igual que otras casas de viña que hoy nos muestran sus ruinas a ambos lados del Camino de Ducha. Allí también, algo más arriba, a la izquierda de esta vía, descubrimos hoy lo que queda de la que fuera Ruinas de la casa de viña de La Montañesa con su balcónla monumental casa de la Viña La Paz, que nos muestra aún los soberbios arcos ojivales, que un día sujetaron su techumbre, apuntando hacia el cielo. Continuando en esa dirección, también a la izquierda del camino, rodeadas de arbustos, como protegidas por una orla vegetal, se adivinan las ruinas de la casa de viña de La Montañesa, con su balcón asomado a los sembrados. Frente a ella, a los pies del carril, a la derecha, aún nos sorprenden, por su armonía y solidez, los muros de la que fuera una de las casas de viña más grande de estos contornos: la de La Francesa.

Desde este lugar seguimos nuestra ruta y, al poco, se divisan ya frente a nosotros, coronando un pequeño cerro a la izquierda del camino, las ruinas de la casa de la Viña de Dios, que aún

Ruinas de la casa de viña de La Francesa
Ruinas de la casa de la Viña de Dios: detalle
mantiene en pie buena parte de sus muros. Entre ellos asoman los grandes arcos de mampostería que sostuvieron su tejado a dos aguas, desplomados hoy en su mayor parte. Levantada en la segunda mitad del XIX, la Viña de Dios fue una sólida edificación, a juzgar por lo Ruinas de la casa de viña de La Francesa: detalleque aún queda de ella, construida con sillaretes de arenisca que llegó a contar con bodega y lagar. La casa estuvo en uso hasta la década de los sesenta del pasado siglo, si bien fue perdiendo su estampa tradicional al añadirse nuevas dependencias en las que los cantos dejaron paso a los ladrilllos. Aún hoy, vemos sus ruinas coronando la loma más alta (78 m.) de estos parajes del pago de Ducha, junto a Cerro Oria, aunque en sus laderas no queda ni una cepa de aquellos viñedos para los que se eligió, nada menos, que el nombre de “Viña de Dios”, un topónimo a imitación del célebre “Monte Carmelo”, que ya encierra en sí mismo una poderosa imagen.

Frente a la “Viña de Dios” en una pequeña loma, a la derecha, llama la atención un conjunto de edificaciones de nueva planta. Se trata de las casas, bodegas, lagares y almacenes de la Viña San Patricio, levantados a mediados de los 60 del siglo pasado, en el lugar donde se alzaba la Viña del Diablo, por cuyas laderas paseamos ahora entre sembrados de trigo. Nada queda ya de aquellos horizontes de cepas que llegaban hasta las tierras del cortijo de La Zangarriana, en las proximidades de la carretera de Sevilla, al que volveremos en otra ocasión para hablar de una de las cunas del flamenco de gañanía.

Casas, bodegas, lagares y almacenes de la Viña San Patricio
El guarda de esta viña nos cuenta que conoció las ruinas de la antigua casa y la pequeña historia de sus primeros propietarios y de cómo este lugar cambió su primitiva denominación por la actual. Mientras charlamos, recordamos aquel escueto anuncio que publicaba el ABC de Cartel indicador del Cortijo Viña de Dios desde 'La Zangarriana'Sevilla en su edición del 17/12/1076: “Se necesita un casero para la finca de labor “Viña del Diablo” (Jerez), Carretera de Madrid-Cádiz. Kilómetro 626,5”. A buen seguro que con ese inquietante nombre, más de un interesado se lo pensó dos veces. Cuando le preguntamos por el origen de ambas viñas surge la duda, como si de una discusión teológica se tratase: ¿Cuál de ellas fue la primera? Tiene oído que fue la del Diablo… Tal vez sea cierto. Puede ser que aquel primer propietario que Cortijo Viña de Diosbautizó a su viña con el nombre del Diablo, provocara la reacción de sus vecinos de pago que, para salvar irónicamente la “afrenta”, dieran el nombre de “Viña de Dios” a la suya… O puede que fuera al revés.

Lo que sí es cierto es que, aunque la casa de la Viña de Dios dejo de habitarse hace casi medio siglo, sus antiguos propietarios, al cambiar de finca, no quisieron desprenderse de su singular nombre y bautizaron con él una de las propiedades de su familia que hoy se mantiene como “Cortijo Viña de Dios”, en las proximidades de La Zangarriana, en la carretera de Sevilla. Mientras dejamos atrás este lugar recordamos que, junto a los de Torrox, los viñedos del pago de Ducha fueron los primeros de la campiña Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López Cepero (1904)jerezana en ser atacados por la filoxera, en julio de 1894. ¿Acaso la Viña del Diablo, situada más al norte y más próxima a Lebrija, de donde al parecer llegó, fue la primera en ser arrasada por aquella plaga de proporciones casi bíblicas? Sea como fuera, lo que sí sabemos es que la Viña de Dios tampoco se libró de ella ya que en poco tiempo acabó arruinando todo el viñedo jerezano.

Hemos tomado ahora la carretera de Sanlúcar y, desviándonos por la Primer mapa del IGN de 1918vía servicio, a la altura de Las Tablas, el camino discurre –esta vez sí- entre viñas. Son las tierras de los pagos de Cerro Obregón, de San Julián y, sobre todo, de Balbaina, que se encuentran entre las mejores del marco. Las casas de viña están aquí, en su mayor parte, bien conservadas y guardan aún, en la mayoría de los casos, el sabor de los mejores tiempos del viñedo jerezano.

Hemos venido hasta aquí para visitar los parajes de otra Viña de Dios, ubicada en este caso en el pago de Balbaina Alta, junto a la autovía de Sanlúcar, a la izquierda en dirección a esta población. El Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López Cepero (1904), ubica Casa de la Viña de Dios (Carretera de Sanlucar)aquí, con el escueto y rotundo nombre de “Dios”, un sector de la campiña colindante con otros predios cargados también de significación religiosa. Allí están Los Judíos, Las Ánimas, Santa Teresa de Jesús, Santa Cecilia, San Ginés… Allí también Santa Julia, Santa Cristina, San Julián, La Santa… Diríase que todo el santoral, hecho viñas, custodia a “DIOS”. Esta otra “Viña de Dios” figura ya en el primer mapa del IGN de 1918 (Hoja 1047 de Sanlúcar) como “Casa de Casa de la Viña de Dios (Carretera de Sanlucar): pozoDios” denominación que cambiaría luego a la de “Viña de Dios” o “Casa de la Viña de Dios”.

Este topónimo, de perfiles casi místicos y sobrenaturales, se mantiene asociado hoy día, en los mapas del IGN, a lo poco que queda de la antigua casa de viña. En la actualidad sólo se conserva una pequeña parte del primitivo edificio, al que se fueron agregando otras dependencias que han roto la típica estampa de la casa de viña Casa de la Viña de Plantalina (Carretera de Sanlucar)tradicional aunque, esta vez sí, está rodeada de viñedos. Junto a ella se conserva un viejo pozo y en sus cercanías aún pueden visitarse otras viñas de renombre como las de Las Cañas (frente a la Viña de Dios), la de El Cuadrado, La Soledad (algo más lejos, El León, La Cruz del Husillo... Entre todas ellas merece especial atención, pese a su deterioro, la de Plantalina, una magnífica casa de viña, con aspecto de palacete decimonónico, que conserva todavía sus muros, labrados en piedra de arenisca y sus techumbres en buen estado.

Etiqueta del cognac español 'El Diablo'De vuelta a casa, nada no gustaría más que tomarnos una copita de un oloroso “Viña de Dios” o de un amontillado “Divino”… Aunque, al parecer, deberemos conformarnos con un “cognac español” “El Diablo”, como el que figura en esa singular etiqueta de 1830, de los productores jerezanos “Gutiérrez Hermanos” que nos ha facilitado gentilmente José Luis Jiménez.

El refranero tradicional nos recuerda aquello de que “hay que poner una vela a Dios y otra al diablo”. En Jerez nos pasamos de precavidos y, por si acaso, hemos puesto en nuestros viñedos, dos Viñas de Dios” y una “del Diablo”.

En un próximo recorrido visitaremos "El Cielo" y "La Gloria", y, pasando por "El Limbo" y el Purgatorio en busca de "Las Ánimas", nos asomaremos a los tajos del "Infierno"... Y todo ello sin salir de la Campiña de Jerez

- Otros artículos sobre Cortijos, viñas y haciendas, y sobre Toponimia.


Historia de Medina Sidonia


Pulsar sobre la imagen para consultar el índice de la obraHistoria de Medina Sidonia es el título de una obra, integrada por tres tomos, editada por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz con la colaboración del Ayuntamiento de Medina Sidonia.

Como señala en la presentación de la obra su coordinador, el profesor Diego Caro Cancela, esta ciudad no ha sido olvidada por cronistas e historiadores, más bien al contrario: “el hecho de dar su nombre a una de las casas nobiliarias más conocidas de España, su riquísimo pasado, su indudable protagonismo en las épocas romana y musulmana, todo ello hizo posible una abundante bibliografía que ha continuado hasta nuestros días.” Por estas razones, lo que esta reciente publicación añade, desde su concepción como Historia General de la localidad, es la sistematización y puesta al día de de las numerosas investigaciones parciales realizadas en las últimas décadas. Y todo ello combinando el rigor científico del historiador con la labor divulgativa que los autores han sabido imprimir a la obra, para hacer de ella un trabajo de interés general y de atractiva lectura.



La Historia de Medina Sidonia está integrada por tres tomos. El primero abarca de los orígenes a la época medieval, el segundo se ocupa de las épocas Moderna y Contemporánea y el tercero y último está exclusivamente dedicado al rico patrimonio histórico artístico de la ciudad. Todos ellos nos permiten profundizar en el conocimiento de la historia y el arte, pero además nos acercan también al marco geográfico, aportando numerosas claves económicas, sociológicas, políticas y culturales que han condicionado el devenir histórico de esta importantelocalidad gaditana. A buen seguro esta obra será de gran interés para los lectores curiosos, o para todos aquellos que ya conocen Medina o tienen previsto visitarla. Después de asomarnos y detenernos en su lectura encontraremos nuevos motivos para volver a esta ciudad y disfrutar, aún más, de sus paisajes y de su historia.

Por no extendernos en demasía, resaltaremos aquí el contenido del primero de sus tomos: “De los orígenes a la época medieval”, de imprescindible lectura para comprender también muchas claves de la historia de las poblaciones cercanas (Jerez, Alcalá, Benalup, Vejer, Arcos…) y aún de la historia provincial.

Ana Mª Niveau y Ester López Rosendo se ocupan, en un prime capítulo, de desgranar la Prehistoria y Protohistoria, aportando datos sobre la presencia fenicia y el impacto orientalizante en la campiña baja gaditana, así como de la importancia de la ciudad en la época turdetana.

La antigüedad romana de Medina Sidonia es estudiada por el profesor Lázaro Lagóstena quien aborda uno de los periodos en los que la ciudad, la antigua Asido Caesarina, alcanza un indiscutible protagonismo. Su entorno geográfico, su territorio cívico y político, la red de comunicaciones, el poblamiento rural y los núcleos secundarios dependientes de Asido … son otros tantos temas que se desarrollan en este interesante capítulo, en el que se estudian también la evolución histórica y urbana de la ciudad o la sociedad asidonense en época romana. Esta completa síntesis, bien merecería un libro en exclusiva dada la importancia que este periodo tuvo para la historia de la ciudad.

De Medina Sidonia en la época medieval, el tercero –y más extenso- de los capítulos de este libro, se ocupa el profesor Emilio Martín Gutiérrez a cuyos trabajos recurrimos en tantas ocasiones en estas páginas de “entornoajerez”. Tanto en la época visigoda como en el periodo bizantino, Asido jugará un papel determinante en el contexto regional, siendo también sede episcopal. El obispado asidonense, las ermitas dependientes de él erigidas por el entorno de Medina, los yacimientos tardorromanos repartidos por la campiña… son estudiados en este apartado.

En la época islámica la ciudad amplia su influencia siendo una de las más importantes de la Cora de Sidonia. El autor rastrea sus huellas en los distintos periodos de la dominación árabe (Emirato, Califato, Taifa, período almorávide, época almohade…) y ofrece una completa visión de la Cora de Sidonia y su ámbito geográfico, sus ciudades y núcleos de población más relevantes, la organización de poblamiento y el paisaje rural, las actividades comerciales, los grupo sociales… sin eludir la polémica sobre el nombre de la ciudad y los topónimos vinculados a ella: Siduna y Madinat Ibn al-Salim.

De gran interés y actualidad -ahora que acaban de cumplirse XIII siglos de aquel acontecimiento histórico- son las páginas dedicadas a la batalla de Guadalete, a las que remitimos al lector interesado por tratarse de una lograda síntesis de este hecho histórico sobre el que tanto se ha escrito. El autor sitúa aquel episodio en el marco del control del espacio por los árabes, apuntando también datos relevantes sobre el itinerario de los conquistadores, la polémica de la ubicación de la batalla y la conquista de Medina, aspectos que deben contemplarse en estrecha relación.



Todo ello no es sino una prueba más de lo que ya se apuntaba: la lectura de esta Historia de Medina Sidonia, proporciona claves que trascienden lo meramente local para proporcionar elementos de reflexión que nos ayudan a entender también la historia de las ciudades cercanas, la historia del espacio provincial y, en suma, nuestra propia historia. No se la pierdan.

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En Publicaciones se referencian otras obras relacionadas con nuestro entorno.


En las cumbres del Albarracín: paisajes con historia (y II)

Casa de las Zahurdas
... continúa de la entrada anterior.

Después de un pequeño descanso retomamos nuestra ruta dejando atrás este apacible paraje, para subir desde aquí hasta el pequeño lomo que corona los prados en dirección al monte Albarracín, que ahora se nos oculta parcialmente. Dejamos atrás la Casa de las Zahurdas, arruinada en los últimos quince años, recordando con nostalgia los tiempos en los que aún Casa de las Zahurdas en 1988 (J.M.Amarillo V.)estaba habitable y conservaba sus techumbres, tal como nos muestra la fotografía de 1988, cedida por nuestro amigo José Manuel Amarillo.

En nuestro camino pasamos por la cercana cabreriza, aún en uso, donde se encierra el ganado que vemos pastando por los alrededores. Ascendemos ahora por una suave ladera en la que afloran los estratos rocosos de calizas liásicas, casi verticales, que forman Cabrerizaestas sierras. Desde lo alto se nos ofrece un hermoso espectáculo y, si volvemos la vista atrás, admiraremos frente a nosotros las imponentes cumbres de la Serranía de Grazalema entre las que sobresalen, de izquierda a derecha, la Sierra del Labradillo, la de Zafalgar, el collado donde se abre el Puerto del Pinar, la mole del Torreón, presidiendo la Sierra del Pinar, y las cumbres del Endrinal, por citar sólo los relieves más sobresalientes que constituyen las mayores alturas de la provincia y el núcleo montañoso del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Collado de Las ZahurdasEn dirección E. se levantan ante nosotros las empinadas laderas del Monte Albarracín, a la derecha, y del Cerro Ponce, unido al anterior, algo más a la izquierda. Ambas cumbres se encuentran separadas por un amplio collado por el que discurre la senda que nos llevará hasta las cumbres. Abundan en estas laderas encinas, algarrobos, acebuches, lentiscos, espinos…, parasitados estos últimos, en muchos casos, por el inconfundible muérdago. Algunos de estos arbustos han adoptado un inusual porte arbóreo y presentan una curiosa copa, de forma aparasolada, “modelada” por el ramoneo del ganado (vacas y cabras) que en las épocas en las que el pasto escasea, aprovechan también los brotes tiernos de las ramas de lentisco, de espino o de labiérnago.

En el “Llano de los Fósiles”: un recuerdo a Juan Gavala Laborde.

Estratos verticales de calizas tabularesDesde la loma, bajamos ahora hacia la pequeña vaguada que nos separa de la base del monte Albarracín, faldeando por las laderas, para ir perdiendo altura progresivamente. Estos parajes, despejados de vegetación, son la cabecera de un pequeño arroyo que se excava entre las faldas del Cerro Ponce (a la derecha) y del Albarracinejo (a la izquierda) y cuyo cauce se precipita, descendiendo con fuerte pendiente, hasta el cercano río Tavizna al que se une a los pies del cerro del castillo de Aznalmara, en las cercanías del Molino de la Angostura. Conocido también como Molino del Escopetazo, aún podemos ver sus restos. Al Majanos en el camino del Albarracíncaminante interesado le apuntamos que este descenso es muy trabajoso, por lo acusado de la pendiente y lo cerrado de la vegetación, pudiendo hacerse esta misma ruta, con mayor comodidad, por la senda que desde los Llanos del Berral sigue el valle del arroyo de los Charcones. Este camino nos deja, en un punto situado apenas 300 m. aguas arriba en la orilla derecha del Tavizna y a él volveremos en otra ocasión.

En la vaguada nos llaman la atención, entre los prados, montones de piedras, hoy desordenados, que fueron retiradas antaño para facilitar el crecimiento del pasto: son los majanos. Delatan una antigua práctica que vemos en otros rincones de la sierra cuando en tiempos pasados, se rozaban hasta los más pequeños rellanos y laderas, despejándolas de vegetación y de piedras para sembrar cereal o fomentar los pastos. En este lugar afloran también entre los prados, estratos verticales de calizas tabulares liásicas, que se asemejan en algunos puntos a paredones rocosos o a restos de muros ciclópeos que poderosos plegamientos se encargaron un día de tallar. Estos parajes, conocidos por algunos senderistas como Llano de los Fósiles, bien merecen Ladera este del Albarracínbautizarse con el nombre del insigne geólogo Juan Gavala Laborde, que los recorre a mediados de la segunda década del siglo pasado. En 1918 publica su Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema y describe en las faldas del Albarracín, entre otras muchas especies fósiles, la presencia de belemnites que halla en las “calizas titónicas, rojas con manchas de color hueso”, que asoman también cerca de la cumbre. En la base del cerro, por estos rincones, apunta la existencia de “calizas margosas con sílex del Lías medio… cargadas de pedernal”, y en la que también se encuentran fósiles de “…braquiópodos, entre otros la Terebratula punctata”.

Camino de las cumbres entre encinas, algarrobos… y pinsapos.


Pinsapo en la ladera este del AlbarracínCaminando entre estos estratos, nos hemos desviando ligeramente hacia la izquierda de la base del monte, hasta un punto donde se aprecian las huellas de la erosión en la ladera. Aunque podemos trepar hacia la cumbre desde otros rincones, desde este lugar que indicamos nos será más fácil acceder por la falda del monte zigzagueando por un sendero que, a veces, se desdibuja entre la vegetación. Ascendemos aquí entre grandes encinas, entre algarrobos que crecen en las empinadas rampas que conducen hasta el collado que separa las cumbres de Cerro Ponce (a la derecha) y Albarracín (a la izquierda. En nuestro camino hemos encontrado ejemplares aislados de pinsapos, alguno de los cuales presenta un soberbio porte, como se aprecia en las fotografías. Ello demuestra que el área de expansión de los pinsapos en esta serranía es más extensa de lo que en principio se creía, tal como señala un completo estudio del Departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba en el que, por cierto, también se incluyen estos ejemplares.

Valla entre Albarracín y Cerro PonceLlegamos al collado, donde se separan los términos de El Bosque y Grazalema, encontrándonos con una valla que lo divide en sentido longitudinal y que presenta algunas angarillas por las que podemos cruzar al otro lado, hacia la vertiente occidental de la sierra que desciende hacia El Boque. La mejor opción es caminar en paralelo a esta alambrada, llegando así hasta la base de la cumbre a la que accederemos fácilmente trepando entre bloques de caliza. El vértice geodésico, que vemos a lo lejos, tumbado por la corrosión de su estructura, nos servirá de orientación.

En la cumbre del Albarracín: un sorprendente paisaje.

Una vez arriba, nos merecemos un descanso, un buen rato de reposo para disfrutar de las magníficas vistas panorámicas que nos aguardan. Para ello, lo mejor es sentarnos junto al caído vértice, e punto más elevado, y contemplar, sin prisas, el soberbio espectáculo que se nos brinda hacia los cuatro puntos cardinales.

Vista desde el vértice geodésico del AlbarracínSiguiendo el sentido de las agujas del reloj, al Norte se divisan en la lejanía los relieves de la sierra de Montellano, con el pueblo a su izquierda y de la Sierra de Esparteros, en Morón. Más cerca de nosotros, en esta misma dirección, destacan los de la sierras de El Labradillo, Margarita y Zafalgar. Hacia el Este, el horizonte lo cierran las cumbres de El Torreón, en la sierra del Pinar, que desde aquí se nos antoja más abrupta que nunca, flanqueda a sus lados por los Vista desde el vértice geodésico del Albarracínpuertos del Pinar y del Boyar. El Reloj y el Simancón, máximas alturas de la sierra del Endrinal, son también visibles al Este, seguidas por la Sierra del Caillo y las de Las Viñas y Ubrique, que junto a la de Los Pinos, en Cortes, cierran este murallón montañoso. El caserío de Benaocaz parece desde aquí camuflado entre el roquedo calizo de estas sierras.

Algo más al Sur, la vista se nos pierde hacia las tierras del Parque Vista desde el vértice geodésico del AlbarracínNatural de los Alcornocales, donde sobresale, a lo lejos el pico del Aljibe. Más cerca de nosotros descubrimos las inconfundibles cimas de La Silla y, por todas partes, las colas del embalse de Los Hurones que rodean la base de algunos cerros (Cabeza de santa María, Pendones, La Caldera) como si fueran islotes. El caserío de Ubrique también se nos muestra, en parte, en dirección S.E.

Siguiendo nuestro recorrido visual, veremos al S.O. la cumbre horizontal y alargada de la sierra de Las Cabras, los Montes de Jerez, San José del Valle, escoltado por el mogote alargado de la Sierra del Valle, los parques eólicos de Paterna, Medina, Jerez… En esta misma dirección, llama también la atención la lámina de agua del embalse de Guadalcacín, o los relieves de Sierra de Aznar y Sierra Valleja, con las cicatrices de sus canteras. En el horizonte se adivinan las lomas de la campiña y tras ellas, como difuminada la ciudad de Jerez.

Embalse de Los Hurones desde el Albarracín
Hacia el Este, descubrimos también el embalse de Bornos y un buen número de pueblos del curso medio del Guadalete. Arcos sobresale en su escarpe rocoso, Bornos a los pies de la sierra del Calvario, sobre la lámina del pantano, Espera, encaramada en el cerro de Fatetar, el Coto de Bornos, o Villamartín (donde se aprecia la trama ortogonal en la que se dispone su caserío), son algunas de las muchas poblaciones que se divisan desde la cumbre del Albarracín. Más cerca de nosotros, apenas se aprecian alagunas casas de Prado del Rey, oculto tras Cerro Verdugo, pero se identifica muy bien el cerro de Cabeza de Hortales, donde

El Bosque desde el Albarracín
se conservan las ruinas de la antigua Iptuci. Y a nuestros pies, protegidas sus espaldas por el Albarracín, el caserío de El Bosque se nos muestra, a vista de pájaro, como la mejor de las estampas. Cuanto más lo contemplamos, más nos sorprende este paisaje…

Estas vertientes occidentales del Albarracín, albergan un frondoso pinar. A partir de 1957 se emprendieron tareas de repoblación ya que, en estas laderas más cercanas y accesibles a la población de El Bosque, se había perdido buena parte de la cobertura vegetal de la mano del hacha, el carboneo y el pastoreo. Más de 600.000 pinos (en especial Pinus halepensis y en menor medida manchas de Pinus pinea) se plantaron entonces. En la actualidad, estas tareas de

'El Torreón' (Sierra del Pinar)
reforestación van orientadas a la progresiva sustitución de estos árboles por la vegetación natural que, poco a poco se ha ido regenerando con vigor. Desde el vértice del Albarracín, se divisa la pista forestal que, desde la carretera de EL Bosque a Benamahoma, asciende por el pinar hasta las pistas de lanzamiento de ala delta y parapente que quedan a unos cientos de metros la cumbre. Este camino, a través de la pista, es utilizado también por mucho senderistas para llegar hasta aquí. Otros prefieren hacer la travesía completa, desde Benamahoma a El Bosque, en la que se invierten entre 5 y 6 horas.

Una sorpresa en la cumbre: nos asomamos a la historia.

Inscripciones junto al vértice geodésico del AlbarracinAntes de tomar el camino de regreso aún nos aguarda una última sorpresa. De la mano de una sorprendente inscripción grabada de la piedra, junto al vértice geodésico, nos asomamos también a los paisajes de la historia. Mientras descansamos a los pies del monolito, hoy semidestruido y casi caído, que indica la altura del monte (977 m.) llama nuestra atención lo que parece ser una cruz (que por su forma nos recuerda a las cruces de Malta), grabada en la roca, junto la que pueden leerse unas cifras: 156?. ¿Se trata de una fecha a la que le falta la última cifra? ¿Está asociada esta fecha a la cruz que figura junto a ella? ¿Tal vez fueron ambas inscripciones realizadas en el s. XVI? ¿Habrán sido realizadas en fechas muy posteriores?...

No tenemos respuesta para tantas preguntas, pero siempre que subimos al Albarracín nos gusta pensar que estas inscripciones guardan alguna relación con la lejana fundación de El Bosque. Tal vez con alguno de los clérigos, nobles o servidores ilustrados que debieron residir durante las largas temporadas de caza en la casa de campo o palacete que los Duques de Arcos levantan para venir a cazar a “EL Bosque de Benamahoma” y que , en uno de Inscripciones junto al vértice geodésico del Albarracinsus paseos, pudiera subir hasta estas cumbres, dejando su huella. Conocida como Marchenilla y posteriormente como Santa María de Guadalupe, este enclave rústico daría lugar en el s. XIX al actual pueblo de El Bosque. Los hermanos De las Cuevas, atribuyen la creación de este lugar al tercer Duque de Arcos, D. Luis Cristóbal Ponce de León (muerto en 1573).

En estrecha relación con esta noble familia está también el nombre de Descenso de la cumbre siguiendo la vallaotra de las cumbres que corona la sierra de Albarracín, el cercano Cerro Ponce (957 m.), al que llegamos atravesando el collado. El historiador arcense, Miguel Mancheño y Olivares cuenta en su obra Apuntes para una Historia de Arcos (1896) que en 1445, siendo conocedor Pedro Ponce de León que Mohamad aben Ozmin, rey de Granada, amenazaba la serranía, “salió con los vecinos de arcos contra el enemigo, cuya retaguardia alcanzó entre Cardela y Garciago, El Albarracinejo desde las laderas del Albarracínvillas de los moros próximas a Ubrique, y le causó grandes pérdidas, recuperando muchos cautivos y multitud de ganados. El sitio en que alcanzó y derrotó a los moros se llamó desde entonces Lomo de D. Pedro Ponce, que aún se conserva”. Las Lomas de Cerro Ponce son hoy la falda sur Monte Albarracín que miran hacia el río Tavizna, en las proximidades del que fue enclave musulmán de Aznalmara y no lejos de la fortaleza de Cardela.

Senda hacia el Llano de los FósilesMayores dificultades entraña conocer el origen del topónimo Albarracín. Los hermanos De las Cuevas, en su libro sobre El Bosque (1979) se preguntan “¿Y por qué el denominarlo Albarracín? ¿Y Albarracinejo la otra cara, la del Campo de las Encinas, la de Grazalema?. No lo sabemos.” Eso mismo afirmamos nosotros, que sí conocemos la existencia de este topónimo en otras provincias como Almería y Jaén. Al parecer del arabista Elias Terés, todos ellos tienen su origen en el Albarracín turolense que debe su nombre al apellido de uno de sus gobernadores, de origen bereber, Al Banū Razin. ¿Cómo se bautizó a esta sierra con este nombre? ¿Qué relación guarda todo ello con las inscripciones de la cumbre? Nos hacemos estas preguntas mientras regresamos, camino de Benamahoma, pensando en que cualquier paraje de esta serranía guarda hermosos rincones que visitar para disfrutar de la naturaleza y de la historia.



Ver Subida al Albarracín desde Benamahoma en un mapa más grande


Puedes ver otros temas relacionados en nuestro blog enlazando con
Un paseo desde Benamahoma hasta la cumbre del monte Albarracín (1). También en: Parajes naturales y Rutas e itinerarios.


Para saber más:
- Bel Ortega, Carlos y García Lázaro, Agustín (1990):
La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Pgs.328-331.
- De las Cuevas, Jose y Jesús (1979): El Bosque. Instituto de Estudios Gaditanos. Diputación Provincial de Cádiz.
- Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918. Pgs. 16, 39 y 79. Incluye un interesante corte geológico entre el Río del Bosque y el Albarracín en la pg. 79.
- Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publiciaciones de la UCA y Excmo Ayto. de Arcos. 2002. Vol I. Pg. 91
- VV.AA.: Aproximación a la definición del hábitat fisiográfico del Abies pinsapo Boiss. en Andalucía. Descargar PDF. Pg. 147.

 
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