Ventas con historia.
Un recorrido por antiguas ventas en torno a Jerez.




Las ventas son, y han sido, uno de los espacios públicos gaditanos con mayor enjundia. Sin ellos el tejido de relaciones humanas de la provincia de Cádiz no podría entenderse” (1). Con esta contundencia se expresa la escritora Elena Posa en su libro “Cádiz, venta a venta”, un delicioso trabajo publicado hace unos años, en el que realiza un recorrido histórico, literario y cultural por estos singulares establecimientos y en el que hace un completo recorrido por la geografía provincial recalando en lo mejor de estas populares instalaciones hosteleras.

A las ventas más conocidas que se levantaron junto a las carreteras y los caminos más transitados, hay que añadir los ventorrillos del entorno rural y las humildes ventas del campo, próximas a descansaderos de ganados, cruces de cañadas, vados y pasadas de ríos y arroyos.

Cumplían estos espacios una función insustituible como punto de abastecimiento de materias básicas y lugar de relación social, de encuentro, charlas y compañía entre vecinos, siendo también marco de pequeñas transacciones comerciales en el medio rural: compras, ventas, trueques, difusión de novedades… No faltaban en las ventas y ventorrillos los productos naturales recolectados en el entorno más cercano, los procedentes de la caza o los elaborados por los lugareños más hábiles en cualquiera de las ramas de la artesanía popular.

Aún hoy, en nuestros itinerarios por la comarca y por los caminos del interior de la provincia, las ventas se nos antojan como puertos seguros en los que hacer un alto, en los que parar un rato para encontrarnos también, en muchas ocasiones, con la historia, con la geografía y, como no podía ser menos, con la gastronomía. Entre todas las ventas, las que más nos gustan son aquellas que se encuentran identificadas con el paisaje, las que están estrechamente unidas al territorio del que son ya un hito inseparable.



Nos referimos especialmente, a esas viejas ventas con historia que, con edificios renovados o no, anclan sus raíces en un pasado que en ocasiones se remonta más de un siglo atrás, en un tiempo en el que fueron posadas, ventorrillos, casas de postas, lugares de parada obligada junto a caminos inciertos.

Aquellas antiguas ventas.

Como señala Elena Posa, “…el carácter de las ventas también ha ido variando a lo largo del tiempo. Empezaron vendiendo algo más que cosas y mercancías: alojamiento, descanso, calor humano y animal, porque a menudo… no había cosas ni mercancías que vender. Y por ese linaje suyo de acoger en descampado, se han erigido a lo largo de los siglos en escenario rural único de relaciones humanas” (2).

Esta evolución en la fisonomía y las funciones de nuestras tradicionales ventas viene de antiguo. Algunos autores las han llegado a relacionar con las “mansio” romanas, lugares de parada en la red de calzadas donde pasar la noche durante el viaje. También en los siglos de dominio andalusí, los viajeros podían descansar al final de cada jornada en los “manzil” que, a modo de posadas u hospederías, podían encontrarse en las vías de comunicación más importantes. Para Covarrubias, en su “Tesoro”, el vocablo “venta” designa ya a “la casa en el campo, cerca del camino real a donde los passageros suele parar al medio día y a necesidad hacen noche”, como nos recuerda también E. Posa.

En nuestro entorno, no faltan referencias a ventas, posadas o casas de postas en los relatos de viajeros, historiadores, escritores o naturalistas que nos aportan algunas pistas de los aspectos más relevantes de estos establecimientos y de su evolución desde la época medieval hasta nuestros días (3).



Por mencionar sólo algunas de las más celebres, recordaremos como ya en el siglo XVI se da cuenta de la Venta de Casas Viejas, en la que comió y descansó en 1579 el rey de Portugal, Don Sebastián, cuando se dirigía a su corte de Lisboa después de haber desembarcado en Gibraltar, invitado por el Duque de Medina Sidonia.

En su Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera, Fray Esteban Rallón menciona la Venta de la Vizcayna, entre Jerez y Las Cabezas, que a mediados del s. XVII servía de posada a los viajeros que realizaban la ruta entre Sevilla y nuestra ciudad (4). La carretera de Madrid a Cádiz (conocida también como el “arrecife”), impulsada por Floridablanca a finales del s. XVIII como la principal vía que comunicaba la Corte con Andalucía, contaba en su recorrido con numerosas posadas, ventas y casas de postas.

Entre ellas, por citar sólo algunos ejemplos, se encontraba la de Torres de Alocaz y la más cercana y conocida Venta de El Cuervo, célebre casa de postas, cuyo viejo edificio aún se conserva habiendo sido objeto de una reciente restauración. Todas ellas guardan entre sus muros páginas literarias e históricas de las que nos iremos ocupando en próximas entregas. También en el s. XVIII ya era conocida la Venta de Lleja o Ventalleja, ubicada en un paraje situado en las proximidades del Mojón de la Víbora, entre El Cándalo y Garganta Millán, lugar de parada obligada para los viajeros que transitaban los caminos que desde Jerez y Alcalá de los Gazules se dirigían a Ubrique. Esta venta, junto a la situada en la Ermita del Mimbral , ya figuran en un pergamino conservado en el Archivo Municipal de Jerez que muestra un plano-mapa del sector más oriental del término municipal atribuido a las primeras décadas del citado siglo (5).



Antonio Ponz, Pérez Bayer, Richard Ford, Gustavo Doré, Madoz, Fernán Caballero, Abel Chapman y W.J. Buck o Wilhelm Giese, son algunos de los muchos autores que nos han dejado diferentes escenas sobre cómo eran las ventas de nuestro entorno en los últimos tres siglos. Entre las ya desaparecidas, citadas por Madoz a mediados del siglo XIX, recordamos aquí la Venta del Zumajo, (cerca del cortijo de Berlanga, junto al arroyo del mismo nombre), la de El Polvorilla, ente Alcalá y Los Barrios (desaparecida hace más una década con la construcción de la nueva autovía), las ventas de Torres de Alocaz y El Cuervo, en el camino real de Jerez Sevilla, la de Los Badalejos, en Benalup, o la Venta del Cantero, en el camino de Jerez a Espera y cuyo antiguo edificio se halla hoy oculto a la vista del viajero, entre las viviendas de la actual barriada rural de Gibalbín (6). Esta última venta, junto a la de la Vizcayna, figura también en el Mapa geográfico de Xerez de la Frontera, de Tomás López (1787) (7). En relación a la Venta del Zumajo hemos de decir que sería sustituida por la de Santa Inés, situada muy cerca de aquella, en el molino del mismo nombre. De este lugar todavía se conservan los restos del edificio situados a orillas del arroyo del Zumajo, en los caminos que unían Arcos con Medina (8).

Ventas con mucha historia.



Entre las ventas que hunden sus raíces en el siglo XIX o comienzos del XX, mencionaremos la de Nepomuceno, en Cuartillos, recientemente demolida por las obras de la carretera Jerez-La Barca o la del Molino de Cartuja, remodelada a mediados del siglo pasado y ampliada de nuevo hace unos años con la incorporación de parte de las instalaciones del antiguo molino.

En esa época surgen también la de Gibalbín, la de San Miguel (ubicada en El Chaparrito, en el cruce de las carreteras de Jerez a Cortes y de Arcos a Vejer y ya fuera de servicio), la de El Pedroso (en el cruce de las carretera de Jerez-Medina y Puerto Real -Paterna), la Venta de Pinto, en La Barca de Vejer o la de La Perdiz (a los pies de Sierra Aznar, entre Arcos y Algar), por citar sólo algunas.



En el camino de Jerez a Arcos estuvo la vieja venta de La Cueva en Torremelgarejo (un singular establecimiento excavado en la roca que fue cerrado tras la construcción de un hotel con el mismo nombre), La Primera (en Jédula) o La Mina, junto al puente del Arroyo Salado, en un paraje ubicado a los pies del cerro del Guijo, donde existió una mina de azufre de la que tomó su nombre.

En San José del Valle se cuentan entre las más antiguas la de La Parada del Valle (mencionada ya por los naturalistas ingleses Abel Chapman y Walter J. Buck. a finales del XIX en su obra España Agreste) o la de El Boquete que aún persiste en un paraje singular, conocido con ese mismo nombre, por donde el Arroyo Garganta del Valle cruza una angosta cerrada ubicada a los pies del Monte de la Cruz.



Entre nuestras preferidas, por el marco geográfico en el que se enclavan y por la historia que encierran entre sus muros, están también las ventas de Tempul y Puerto de Gáliz, el ventorrillo de Las Cañillas y la venta de la Junta de los Ríos. La de Tempul, próxima al manantial del mismo nombre, se enclava desde mediados del siglo pasado en un edificio colindante con la Casa de las Aguas que vino a sustituir al del antiguo ventorrillo, situado al otro lado de la carretera y cuyas



estancias presentan en la actualidad estado ruinoso.

Con la de Puerto de Gáliz sucede algo parecido. Situada en un cruce de caminos serranos vino también a tomar el relevo de un antiguo ventorrillo del siglo XIX cuyas ruinas aún se mantienen en pie junto al Peñón de Ballesteros, frente a la venta actual de mediados del siglo XX. Hace apenas 20 años, aún se mantenía abierta por su último ocupante, el entrañable y recordado “Juan el Igualeja” y Catalina, su mujer, que ofrecían café de pucherete en una modesta estancia, al pie de la chimenea, donde un curioso cartel alertaba al visitante: “Venta de Juan el Igualeja: el que tenga bulla que se vaya” (9). El Ventorrillo de las Cañillas persiste todavía, junto al puente del mismo nombre en el río Hozgarganta y era parada obligada para los viajeros que desde el Puerto de Gáliz se dirigían a Jimena después de pasar por la Sauceda.



Para terminar dejamos la Venta de la Junta de los Ríos, una de nuestras favoritas, situada en la confluencia del Guadalete y el Majaceite, junto a los conocidos sifones del canal de la zona regable del Guadalcacín, las populares “morcillas” (10). Esta venta, regentada desde 2001 por Juan Jesús Ramírez Alpresa, cumplió el pasado 2010 su primer centenario. La remodelación de sus instalaciones no ha hecho perder al local su antiguo encanto. A los servicios de bar y restaurante, se suman también los de tienda de recuerdos y de productos de artesanía. Cerámica, cacharros de barro, piezas de forja, cuchillera, objetos de madera y corcho pueden verse y admirarse en sus apretadas estanterías en las que lo mismo hallamos una jaula para perdices que un esquilo, un búcaro, un dornillo, un cuchillo de Albacete, un taburete de corcho, una olla de porcelana de las antiguas… La venta cuenta también con una amplia muestra de vinos y aceites de localidades cercanas, de mieles, chacinas, dulces, legumbres, quesos, aceitunas… de manera que este rincón se nos antoja como el más completo expositor de productos de la tierra y donde, por un momento, nos transportamos a aquellas antiguas ventas que salpicaban los caminos y carreteras formando parte, como ahora, del paisaje de nuestra memoria.

Para saber más:
(1) Posa, Elena.: Cádiz, Venta a Venta. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz. 1999, pg. 8.
(2) Posa, Elena.: Cádiz, Venta a Venta…, pg. 14.
(3) Para conocer algunas de las visiones que de las ventas de nuestro entorno dejaron algunos viajeros puede consultarse Clavijo Provencio, Ramón.: Viajeros apasionados. Diputación de Cádiz. Cádiz, 1997. Otras referencias de interés pueden encontrarse también en Jurado Sánchez, José.: Caminos y pueblos de Andalucía (S. XVIII). Editoriales Andaluzas Unidas S.A. Sevilla, 1989. Sobre la sierra de Cádiz pueden encontrarse referencias en Wilhelm Giese.: Sierra y Campiña de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1996, p. 429. De este libro ha sido tomada la imagen del ventorrillo entre Benaocaz y El Bosque.
(4) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. I, pg. 10
(5) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de la ciudad de Jerez. Anónimo, [s.XVIII], en pergamino. AMJF. C.12, nº 4 BIS.
(6) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986.
(7) López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes….1787. AMJF, C. 13, nº 27. 33 x 42 cms.
(8) García Lázaro A. y J.: “Santa Inés, el monasterio jerezsano que nunca existió”. Blog “Entornoajerez”, 23/05/2012.
(9) García Lázaro A. y J.: “Con Juan el Igualeja, en el Puerto de Gáliz”. Blog “Entornoajerez”, 17/03/2009.
(10) García Lázaro A. y J.: “La venta de la Junta de los Ríos cumple cien años”. Blog “Entornoajerez”, 18/10/2010.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/04/2015


Cruces en el paisaje




La Semana Santa es sin duda el mejor momento para admirar y contemplar, en las calles y en los templos, el rico patrimonio artístico de nuestras hermandades y cofradías. Para muchos, supone también un periodo de descanso en el que podemos aprovechar para descubrir distintos rincones de nuestro entorno cercano, muchos de ellos poco conocidos, que esconden pequeñas sorpresas. Hoy les proponemos algunos de estos parajes o lugares que, por aquello de la "semana de pasión", hemos querido que tuvieran como elemento común la presencia de la “cruz”.

Cruces en la toponimia

Desde tiempo inmemorial ha sido costumbre situar cruces a orillas de los caminos a la salida de los pueblos y ciudades, en lugares elevados, en la cumbre de cerros y montes sobresalientes o en los puertecillos por los que las antiguas hijuelas y cañadas atravesaban los parajes serranos.



La cruz o las cruces, además de su carácter simbólico, religioso o conmemorativo suponían un hito, una referencia en el paisaje que, en muchas ocasiones ha dejado también su huella en la toponimia. Este es el caso de una de las cruces más llamativas y conocidas de nuestra campiña, la situada en lo más alto de la Sierra del Valle. Como nos apunta nuestro amigo Juan García, “desde su instalación en la primera década del s. XX el entonces denominado Cerro del Águila paso a ser conocido como Monte de la Cruz. Esta singular cruz de hierro se debe a la iniciativa de la Comunidad Salesiana que se instala en El Valle en 1909 bajo los auspicios de los hermanos Vicente y Rafael Romero. Este último era sacerdote y miembro del cabildo de la catedral de Jerez. Con el apoyo de D. Rafael, conocido cariñosamente por los vallenses como “el Abuelito”, instalan una cruz en la cima del monte y la bendicen e inauguran el 5 de mayo de 1910” (1). La cruz, desde cuya base se divisa un soberbio panorama, será desde entonces el símbolo de esta sierra y del pueblo.

En otros casos, las cruces eran mucho más modestas y, aunque no se conservan, debieron existir junto a la Cañada de la Sierra a su paso por las cercanías de Cuartillo. No en balde, las tierras de Salto al Cielo fueron conocidas tiempo atrás como Dehesa de Las Cruces y de la Parrilla, siendo adquiridas en el primer tercio del siglo XVIII por el Monasterio de La Cartuja para ampliar sus posesiones. En ellas se levantaría a comienzos de la centuria siguiente la conocida ermita de Salto al Cielo. Una modesta cruz preside todavía la linterna que se alza sobre la media naranja de la ermita, visible desde un amplio sector de la vega baja del Guadalete.

Muy cerca de este lugar corren las aguas del Arroyo de Las Cruces, topónimo en el que perdura la antigua denominación de estos parajes. Este arroyo tiene su origen en las proximidades de la planta potabilizadora de Cuartillo. Sobre él se traza el Puente de las Cruces, con tres grandes arcos de sillares de cantería, que construyera el ingeniero Ángel Mayo en 1868 para dar paso por esta zona al Acueducto de Tempul (2). El arroyo atraviesa las tierras de Las Majadillas y Salto al Cielo para, después de embalsarse en las cercanías del Rancho de El Cortesano, unirse al arroyo de Cuerpo de Hombre en San Isidro, donde desemboca en el Guadalete.



Otro arroyo con el nombre de Las Cruces, nace en las faldas de la Sierra del Valle y atraviesa por tierras de Las Salinillas, el Algarrobillo y del Rancho Las Cruces, colindante con a la Cañada de las Salinillas que une el Valle con Gigonza.

En muchos pueblos de la provincia es frecuente el topónimo “Puerto de las Cruces”, al igual que en Jerez. En la mayoría de las ocasiones, este nombre tuvo su fundamento en la existencia de cruces de piedra o de madera que se situaron en los pasos de los caminos por parajes serranos, en los collados o en lugares abiertos junto a los puertos. Este es el caso del Puerto de las Cruces en la Dehesa de La Atalaya (próxima al embalse de Los Hurones), por el que cruzaba la Cañada de la Higuera que, desde tierras de Algar se dirigía a Ubrique.

Aún se mantiene también el nombre del Puerto de la Cruz, para el de un puertecillo existente en la carretera que une el Puerto de Gáliz y el Mojón de la Víbora entre El Marrufo y el Canuto del Lobo, en las proximidades de las Casa del Abanto. Con este mismo nombre se conservan también en los caminos serranos otros puertos en la Dehesa de la Alcaría y en la de Benahú, y con el de Piedra de la Cruz o de las Cruces, otros tantos parajes en las dehesas de Fasana (donde confluyen los arroyos de La Sauceda y Pasada Blanca) y de Garganta Millán, todos ellos en el rincón más oriental del término, lindando ya con los de Cortes y Ubrique. En tiempos pasados, tal como nos recuerda A. López Cepero, existió también un Quejigo de la Cruz en la Dehesa del Cándalo (3).



Más transitado en la actualidad es el Puerto de la Cruz, paraje situado en el acceso a la barriada rural vallense de Alcornocalejo o Briole donde se cruzan la carretera que desde san José del Valle se dirige al embalse de Guadalcacín y la Cañada de la Peruela o de Briole. Por este lugar discurría una de las principales vías pecuarias del término y se trazó en la antigüedad el acueducto romano de Tempul a Gades a través de una galería subterránea. Muchos siglos después, este puerto vería pasar las conducciones del acueducto de Tempul a Jerez, uno de cuyas torretas de acceso vemos aún junto al Puerto.



Muy conocido es también el Puerto de las Cruces que se encuentra en el límite de los términos municipales de Jerez y El Puerto de Santa María, en un paraje situado junto a los accesos a los Depósitos de la Sierra de San Cristóbal. Aún perviven aquí dos columnas apoyadas en sendos pedestales, en los que faltan las cruces que las coronaban y que estaban situadas a las orillas del camino real ente Jerez y El Puerto. Este paraje de Las Cruces ha quedado ya para siempre en la literatura en la obra Caín, del Padre Coloma (1873) donde describe este rincón, los caminos que lo transitaban, y los paisajes del valle de Sidueña (4).

Cruces en los viñedos.

No faltan tampoco en el viñedo jerezano o en las tierras de cereal otras referencias a las cruces. Entre ellas pueden citarse la antigua viña de La Vera Cruz, en el pago de Zarzuela, junto a la actual barriada rural de Añina o La Cruz del Husillo, situada en el pago de Marihernández, junto a Las Tablas, aunque en este caso se hace referencia en el nombre a la denominación con la que se conoce la cruz formada por el brazo horizontal y el tornillo de hierro o madera que se utiliza para el movimiento de las prensas. La antigua viña Santa Cruz, ya desaparecida, cedió su nombre al actual Polígono Industrial Santa Cruz, en la carretera de Sevilla, levantado en los terrenos de aquellos viñedos. El Haza de la Cruz da nombre todavía a sendas parcelas de tierras de secano situadas en Las mesas de Santiago y Mesas de Asta.



Junto a todas ellas, se conserva también la conocida viña La Santa Cruz, ubicada en el pago de Balbaina, entre la cañada de Las Huertas y la carretera de Rota, adquirida hace unos años por la empresa Huerta de Albalá. En la parte más alta de la ladera del cerro donde se asienta esta antigua viña, se alza una sencilla cruz de hierro sobre un pedestal que despunta entre los trigales.





Cruceros monumentales y pequeñas cruces.

En este recorrido por las cruces de la campiña no queremos dejar de mencionar dos de los cruceros más sobresalientes de cuantos podemos admirar en las cercanías de la ciudad. Uno de ellos, el más conocido, es el situado en el patio exterior de La Cartuja, conocido como Cruz de la Defensión. Este hermoso crucero fue visitado por el conocido pintor y dibujante francés Gustavo Doré quien lo incluyó, junto a otros grabados de la ciudad, en su conocida obra L´Espagne, moeurs et paysages (1862). En palabras del profesor Antonio Aguayo, “se trata de una hermosa cruz pétrea, que conmemora la victoria de las tropas cristianas sobre las sarracenas, gracias a la intervención milagrosa de la Virgen, que da lugar al nombre de Defensión, que adopta la cartuja jerezana”. Apunta este autor que la cruz se levanta bajo el priorato de Tomás Rodríguez, constituyendo “una bella obra del Renacimiento jerezano” (5).

Menos conocido es el Crucero de Alcántara, que se levanta en un llamativo montículo, cubierto de vegetación, situado en las inmediaciones de la carretera de Arcos entre los cortijos de Cartuja de Alcántara y La Peñuela. El observador puede adivinar entre las copas de la frondosa arboleda que crece sobre las laderas del cerro, la silueta de una cruz que despunta ligeramente sobre la espesura vegetal que parece protegerla. Se trata de un crucero mandado levantar por D. Salvador Díez, antiguo propietario de la finca de Cartuja de Alcántara e inaugurado en 1911. Como reza la lápida que figura en su base, la cruz fue bendecida por el arzobispo de Sevilla, D. Enrique Almaraz y Santos “con gran asistencia de clero y fieles… el día 24 de octubre de 1911, concediendo 100 días de indulgencia por cada Padre Nuestro o Credo que se rece delante de ella en memoria de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo” (6).



Para cerrar este recorrido que tiene como hilo conductor las cruces y sus referencias geográficas y materiales en distintos rincones de nuestra campiña, destacamos también la gran cruz que se alza en el monumento al Sagrado Corazón de Jesús levantado en la viña el Majuelo. Presidiendo uno de los viñedos de más nombradía del Marco de Jerez, y sobre un gran pedestal cilíndrico, llama la atención del visitante una figura monumental de Cristo con la mano derecha levantada y la izquierda sujetando una gran cruz de piedra que tiene grabada la leyenda “In hoc signo vinces”.



En las veletas y en las rejas, sobre los pozos y las puertas, en los paneles cerámicos, en las hornacinas de muchos cortijos… por todas partes cruces. Grandes unas y otras pequeñas, casi diminutas, como las que encontramos en los muros o en el interior de nuestras capillas y oratorios rurales. A modo de ejemplo, en la Ermita de la Ina, una "cruz de la victoria", recuerda la hazaña de Diego Fernández de Herrera y la batalla que en estos llanos se libró entre los jerezanos y los musulmanes en el siglo XIV. En el interior de esta misma ermita, podemos admirar un "vía crucis" que ha sido plasmado en sencillos azulejos presididos por una pequeña cruz.

Para saber más:
(1) Información facilitada por nuestro amigo Juan García Gutiérrez.
(2) Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera, por D. Ángel Mayo. Anales de Obras Públicas, nº 3, 1877. Pgs. 59, 63 y 64.
(3) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
(4) García Lázaro A. y J.:Por las tierras de Sidueña con el Padre coloma”. Blog “Entornoajerez”. 31/03/2009. Sobre la novela Caín puede consultarse: López Romero, José.: Edición de Caín del Padre Luis Coloma. Biblioteca Virtual Cervantes. También puede consultarse en Biblioteca on-line del C.E.H.J.. 2007.
(5) Aguayo Cobo, A.: Arquitectura religiosa del renacimiento en Jerez II. Cartuja de la Defensión. Convento de Santo Domingo. UCA, 2006, pp. 23-24. Sobre este crucero hemos escrito: García Lázaro A. y J.:Con Gustavo Doré en el patio de La Cartuja”. Blog “Entornoajerez”. 05/10/2014.
(6) García Lázaro A. y J.:El crucero de la Cartuja de Alcántara cumple cien años”. Blog “Entornoajerez”. 24/10/2011.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 29/03/2015

 
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