En El Retiro con Luis de Ysasy.
Un parque con historia (I).




Para nuestra querida Lucía, que llena de alegría las tardes del Retiro

A finales del siglo XIX Jerez es una ciudad de más de 60.000 habitantes que ha venido experimentando un gran crecimiento económico durante toda la centuria, gracias al florecimiento y expansión de la industria vinícola. Como consecuencia de ello, su fisonomía urbana ha sufrido grandes cambios de la mano del extraordinario aumento de las construcciones bodegueras que han ido ocupando todos los espacios libres en torno a los viejos barrios (1).

Buena parte del caserío se renueva también, surgiendo nuevas calles y barrios que se extienden, sobre todo, hacia la zona Este de la ciudad, conocida como El Ejido. La calle Porvenir y el nuevo barrio de Vallesequillo serán unas de las principales áreas de ensanche, de expansión bodeguera y de mayor crecimiento urbano por el atractivo que, en buena medida, supone la instalación de la estación de ferrocarril. Desde 1854 Jerez cuenta con la primera línea férrea de Andalucía (y la tercera de España) que le permite la salida al mar de sus vinos a través del muelle del Trocadero, en Puerto Real (2). Los espacios urbanos entre la ciudad y las vías se van ocupando con nuevas construcciones mientras que las tierras situadas al otro lado del trazado del ferrocarril seguirán siendo territorio destinado a huertas y viñas.

Los primeros paseos y jardines.

Con el crecimiento de la población, gracias al despegue económico y urbanístico que la ciudad vive a lo largo del siglo XIX, surgen también nuevas necesidades de espacios abiertos y de recreo.



Desde que en 1787, bajo el mandato del Corregidor Eguiluz se creara la Alameda del Alcázar, la principal zona de esparcimiento de los jerezanos, se han ido acometiendo diferentes obras que, aunque de menor envergadura, han ido dotando a la ciudad de nuevos paseos y plazas arboladas.

Entre los más destacados figuran el paseo y salón de Cristina (1833), las alamedas de Las Angustias (1841) y La Merced (1843), los jardines de las plazas del Arenal (1851) y del Arroyo (1860), de Eguiluz (1855) o de Madre de Dios (1858).

Desde 1869, en torno a los Depósitos de Aguas del Tempul, se crearán también unos jardines públicos abiertos a la población (3).

Junto a estos espacios, las entradas y salidas de Jerez en los caminos que llevan a Sevilla, Medina, Arcos, Lebrija y Los Puertos verán también en sus orillas plantíos de olmos, acacias, moreras… o pequeños paseos arbolados que enlazan la ciudad con el campo. Pese a estas iniciativas, a finales del XIX se siente ya como una necesidad la creación de un gran parque público, de un nuevo espacio arbolado que venga a cubrir las demandas de un Jerez en plena expansión demográfica y urbanística.

Haciendas y Recreos.

A medida que Jerez crece, las clases más acomodadas optan, en muchos casos, por instalar sus viviendas en las cercanías de la ciudad, construyendo villas, haciendas y recreos en las zonas del extrarradio, cuando no en pleno campo, en las fincas de su propiedad. Aunque muchas de ellas quedarán absorbidas por el casco urbano en futuras expansiones, estas haciendas y recreos fueron a veces auténticas mansiones rodeadas de jardines y de arbolado.



A mediados del XIX, zonas como las calles Santo Domingo, Lealas, Paseo de Capuchinos, Camino de Lebrija... verán levantarse en sus cercanías magníficas fincas de recreo que, al calor del negocio vinatero, construirán las familias más pudientes de Jerez. "El Palacio" (hoy Escuela Andaluza de Arte Ecuestre) que en 1865, construye Pemartín, "La Atalaya" o "El Recreo" de D. Francisco Rivero son algunas de ellas, de la que en otra ocasión nos ocuparemos (4).

En el extrarradio de la ciudad, algo más aisladas, algunas de estas haciendas alcanzarán también renombre. A mediados de siglo Madoz cita entre las más notables, "La Granja" de J. Pedro Domecq, la de "Giraldino" de Patricio Garvey o la de "Vallesequillo" de D. Juan David Gordon muy próxima a la estación de ferrocarril (5). Varias de estas fincas y recreos, con sus jardines y arboledas, pasarán, como años más tarde sucederá con El Retiro, a ser de propiedad municipal o a pertenecer a instituciones y organismos que facilitarán el acceso a los ciudadanos y posibilitarán el disfrute de sus zonas ajardinadas, como en los casos de La Atalaya, La Granja, o El Recreo de Las Cadenas (6).

El Camino de las Delicias.

Bien avanzado el siglo XIX, son ya muchas las ciudades de España que, de acuerdo con los nuevos planteamientos urbanísticos, cuentan con paseos arbolados y alamedas junto a las carreteras o caminos de acceso en cuyas orillas se siembran álamos, olmos, plátanos de sombra... Estos espacios son, a la vez que una carta de presentación para la ciudad, un lugar de esparcimiento y ocio para la población. Los árboles y la vegetación, la sombra y el frescor, lo ameno de la zona por la que suelen discurrir a modo de corredores de transición entre el campo y la ciudad, hacen de estos paseos lugares agradables, "deliciosos" en el lenguaje de la época, calificativo que se aplica de manera recurrente en las principales poblaciones del reino a aquellos paseos que se consideran más gratos. No es pues de extrañar, que "Las Delicias" sea el nombre propio de tantas calles, alamedas y caminos arbolados y así, ciudades como Vitoria, Madrid, Zaragoza, Sevilla (Las Delicias de Arjona) o Cádiz (Las Delicias de Martínez), cuenten desde mediados del XIX con este tipo de paseos (7).



En el Jerez de la época, gozando de las ventajas del campo y próxima como ninguna al casco urbano, la zona que se extendía frente a la estación de ferrocarril en el camino de Cortes, era un lugar privilegiado para las haciendas y recreos. El Camino de las Delicias era ya desde mediados del s. XIX un paseo arbolado en su primer tramo hasta "La Rosa Celeste", finca propiedad de D. Manuel Ponce de León y Villavicencio, donde en 1860 se inauguró una renombrada Casa de Baños alimentada por un pozo de aguas sulfurosas (8). El "arrecife de La Rosa Celeste", como era conocido por entonces era un lugar frecuentado por su cercanía a la ciudad, jalonado por olmos, moreras y árboles frutales de los fincas colindantes entre las que se encontraba, en su tramo inicial, nada más cruzar el viaducto, la hacienda "El Retiro" propiedad de D. Luis de Ysasi Lacoste.

Cuando se construye la casa-recreo en la finca, en el último tercio del siglo XIX, en sus proximidades se palpa ya el rumbo fabril e industrial que la ciudad va tomando. La primera estación de ferrocarril, el Viaducto (Puente de Cádiz), los proyectos de carretera de Jerez a Cortes, la cercana Fábrica de Gas, cuya chimenea aún se observa en las fotografías que se conservan de la hacienda El Retiro en la década de 1920... Son signos inequívocos de una ciudad en expansión, con proyectos de futuro, en muchos de los cuales Luis de Ysasi jugará un papel destacado (9).

D. Luis de Ysasi y Lacoste.

Cuando tras su muerte Ysasi dona a Jerez su hacienda "El Retiro" para la creación de uno de nuestros primeros parques, no hace sino culminar toda una larga trayectoria de preocupación por los asuntos públicos y de apoyo a numerosos proyectos y causas educativas, culturales y benéficas en la ciudad.

Luis de Ysasi Lacoste era hijo del rico hacendado D. Gregorio de Ysasi y de Dª Juana de Dios Lacoste. Su madre destacó por sus muchas obras en beneficio de los sectores más necesitados de la ciudad, lo que llevó a que el Ayuntamiento rotulara con su nombre, en 1888, aún envida, la calle contigua al Colegio del Salvador, institución que ella misma contribuyó a fundar (10).

Dedicado a sus negocios familiares, Luis de Ysasi impulsó iniciativas benéficas y de ayuda a las clases más desfavorecidas. Entre ellas destaca la construcción de un "Barrio Obrero", que aún se conserva junto a la calle Armas de Santiago. Apoyó a centros religiosos de caridad y a obras benéficas, compaginando esta labor filantrópica con su decidido mecenazgo a muchas iniciativas culturales de la ciudad, como su protección a la Academia de Bellas Artes, creada por el Marqués de Bonanza y que sería luego Escuela de Artes y Oficios; al Ateneo Jerezano, y a diferentes escuelas y colegios públicos y privados. A título anecdótico mencionamos la invitación -"lunch", tal y como recogen los periódicos de la época- que realizó en "El Retiro" a todos los maestros de las escuelas de Jerez tras la celebración de la primera Fiesta del Árbol en 1898, para impulsar desde el comienzo esta feliz iniciativa. Ysasi estuvo también presente en distintos proyectos innovadores para la ciudad, siendo uno de los más firmes y entusiastas puntales del proyecto del Ferrocarril de la Sierra (11).

Su fallecimiento, el 2 de diciembre de 1902, fue muy sentido por todo el pueblo jerezano, que concurrió en masa al funeral celebrado en la iglesia de S. Miguel y al que asistieron el Ayuntamiento en pleno ("bajo mazas") y las juntas de las entidades culturales, las casas de beneficencia y los centros escolares de la ciudad.



En la primera plana del periódico local "El Guadalete", podía leerse, el día 5 de diciembre de 1902, el artículo titulado "Justo Tributo" del que entresacamos estas palabras: "Podrán la vanidad y la soberbia levantar hasta el cielo monumentos y estatuas en vanagloria de los que se llamaron grandes en la tierra; podrán los honores y grandezas humanas rendir el homenaje de su falso brillo en aras de la adulación y del servilismo; esas ostentaciones materiales nacen condenadas a la muerte y al olvido; pero lo que nunca morirá, lo que no puede morir, es el monumento levantado sobre el corazón y la gratitud de un pueblo por las virtudes, la ardiente caridad y las buenas obras de un bienhechor como el Sr. de Ysasi; ese monumento espiritual desafiará al olvido y a la muerte, y pasará de generación en generación, transmitiendo con el nombre ilustre de aquel buen ciudadano, el recuerdo de sus méritos y el ejemplo de sus acciones" (12).

Donación del Retiro a la ciudad.

Junto a las diferentes plazas arboladas y alamedas levantadas a lo largo del siglo XIX, a la muerte de Ysasi en 1902, Jerez acaba de estrenar el parque del Recreo, que luego tomaría la denominación de González Hontoria en reconocimiento del alcalde que lo impulsó. Concebido en principio como espacio destinado a la celebración de la tradicional Feria de Ganados, que hasta entonces se llevaba a cabo en el Hato de la Carne, junto a Caulina, el nuevo parque nacía también con la vocación de ser un lugar de esparcimiento para una población en permanente crecimiento. Sin embargo lo distanciado de su ubicación con respecto al casco urbano y la ausencia de arbolado, hacían presentir que hasta pasados unos años no se cumplirían las grandes expectativas creadas con el nuevo parque.



Así estaban las cosas cuando en el diario local "El Guadalete", se dio a conocer el 7 de diciembre en un artículo titulado "El legado del Sr. Ysasi", la donación al pueblo de Jerez de su hacienda El Retiro para su utilización como parque público. Según se informaba, la finca tenía una superficie aproximada de 16 aranzadas y estaba valorada en más de 400.000 pesetas de la época. El último día de aquel 1902, el Ayuntamiento jerezano recibía un escrito de los albaceas testamentarios de D. Luis de Ysasi en el que se decía: "Protocolizado ya el testamento del señor don Luis de Ysasi Lacoste (q.s.g.g.), tenemos el honor de enviar a V.E. copia de la cláusula por la que lega a esta ciudad la hacienda "El Retiro", rogándole se sirva dar cuenta del legado a la Excma. Corporación que dignamente preside y manifestar en la misma que estamos dispuestos a otorgar la escritura del inmueble en el momento en que el Excmo. Ayuntamiento obtenga la autorización necesaria al efecto”. Firmaban la carta los albaceas, Federico de Ysasi Dávila, Salvador Dastis Ysasi, Manuel de Ysasi" (13).

Condiciones del testamento:

Para que se respetara su deseo, Ysasi establecía ciertas condiciones, siendo la principal la de hacer partícipes de su donación a todas las clases sociales de Jerez.

Así, en la Clausula 21 de su testamento, dictado en 1897 ante el notario Sr. Esteve, se decía: “Lego a la ciudad de Jerez de la Frontera y en su representación al Excmo. Ayuntamiento de la misma, la hacienda de recreo de mi propiedad llamada "El Retiro", situado al frente de la Estación del Ferrocarril, entre los caminos de la Fuente de Pedro Díaz y el arrecife de la Rosa Celeste, de cabida de más de once aranzadas y casa habitación.

Mi deseo al hacer esta donación a Jerez es que disfrute de un paseo en las cercanías de la población, el que se podrá agrandar y mejorar con la viña de unas cinco aranzadas que forma parte de la donación, y que sirva de solaz a todas las clases y por consiguiente, quiero que sea público y nunca se le dé otra aplicación. Si alguna vez se le diera o se abandonara su cuidado, anulo el legado y mando que pase a ser propiedad de mis sobrinos los hijos de mi difunto hermano Federico de Ysasi, y si no existieran, a sus descendientes legítimos, entendiéndose que correspondería a todos aquellos que se encuentren en igual grado. Lo mismo si el Excmo. Ayto. no aceptara el legado, o el Estado pretendiera incautarse de la finca por cualquier motivo y el Ayuntamiento no pudiera o no quisiera sostener su derecho.

La casa podrá utilizarla el Excmo. Ayto. en lo que le parezca más conveniente. Quizás sería útil establecer una biblioteca popular católica, un pequeño museo u otra institución que redundará en beneficio e ilustración del pueblo
” (14).

El Retiro pasa a manos del municipio.

Aunque el legado se produjo a finales de 1902, aún pasarán unos meses hasta que el Ayuntamiento asuma la gestión de la finca. En la Sesión Municipal de 18-8-1903 se da lectura a un oficio de los albaceas de D. Luis de Ysasi instando al municipio a tomar posesión de la hacienda del Retiro, acordándose esperar unos días hasta que "la superioridad resuelva el asunto".



Previamente, una semana antes, ya se había aprobado la propuesta para la prolongación de la tubería de agua potable hasta la Hacienda El Retiro así como hasta el Parque González Hontoria por la Calle Santo Domingo, queriendo así garantizar el suministro a las nuevas zonas verdes de la ciudad (15).
Continuará.

Para saber más:



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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/04/2018

La Corta.
Breve historia de un antiguo azud que está siendo demolido.




Unos días antes de Semana Santa, el pasado 22 de marzo, la Consejería de Medio Ambiente inició la demolición del antiguo azud del río Guadalete situado en la barriada rural de La Corta, que debe su nombre a la presencia de esta pequeña presa en el río. Con la construcción hace unos años del azud móvil de El Portal, el de La Corta había perdido ya su funcionalidad, por lo que su derribo elimina obstáculos en el cauce del Guadalete facilitando la evacuación de los caudales de avenida. Así lo explicaba Ángel Acuña, Delegado Territorial de Medio Ambiente, a los vecinos de esta barriada rural que, alarmados por la presencia de maquinaria pesada, se habían concentrado junto al río al carecer de información previa sobre las obras a realizar (1). En los siguientes días, se acumularon grandes bloques de piedra en el lecho del río que han permitido el acceso de maquinaria pesada, habiéndose retirado ya la mitad de esta antigua presa.

Aunque el paraje donde se encuentra La Corta, conocido desde antiguo como Vado de los Hornos, guarda muchas historias de las que nos ocuparemos en otros artículos, no queremos dejar pasar la ocasión para dedicar unas líneas a este antiguo azud que cuenta con más de un siglo de existencia. Si bien fue reformado en la década de los cincuenta del siglo pasado, fecha en la que se construyó también la estación elevadora a la que está ligado y se amplió la red de acequias y canales a los que surtía, esta modesta obra de ingeniería tiene tras de sí una curiosa historia.



La Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete.

El inicio de nuestro relato puede fijarse el 15 de noviembre de 1897, cuando la Gaceta de Madrid anunciaba la subasta pública para la “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”. Con un presupuesto de partida de 1.227.968 pesetas, este proyecto tenía como finalidad la construcción de una presa o azud en el “Vado de los Hornos”, lugar que acabaría siendo conocido como “La Corta”, para poner en riego las vegas cercanas a El Portal (2).

Toda la comarca, y en especial la ciudad de Jerez, atravesaba entonces por una grave crisis marcada por el paro y los conflictos sociales que se había visto acentuada por la plaga de filoxera desatada unos años atrás, que terminó por arruinar en poco tiempo todo el viñedo. No es de extrañar por ello que en estos años de finales del XIX se alzaran voces que clamaban por buscar alternativas al monocultivo de la vid. Las propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término. La construcción del Pantano de Guadalcacín, que habría de esperar aún más de una década, estuvo precedida por una iniciativa más modesta: los regadíos, de unas 2000 hectáreas, en las vegas de los Villares, El Torno, las Quinientas, El Palmar y El Portal que la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete (SAIG) pretendía desarrollar mediante una amplia red de canales y acequias. Y con ellos la introducción del cultivo de la remolacha y la construcción de la primera fábrica de azúcar en nuestra provincia: la Azucarera Jerezana, en El Portal (3).

Constituida el 18 de febrero de 1892 con un capital de 4 millones de pesetas, la SAIG contó entre sus accionistas con destacados personajes del mundo de la empresa y las finanzas. Durante años, su presidente fue Antonio M.ª Martínez de Pinillos Izquierdo, propietario de una importante naviera gaditana y entre sus directivos figuraban los banqueros Amaro Duarte Cardenal y Abelardo Gómez Infante o empresarios como Servando Molins y José Ramón Pacheco Bernal, componentes asimismo de la Sociedad de Aguas Potables de Cádiz y de la Sociedad Siderúrgica Andaluza. Este último figura como secretario de la SAIG en la presidencia de M. de Pinillos, a quien sucedió Gómez Infante, ocupando entonces el cargo de secretario Molins, tal como puede comprobarse en los Balances Generales anuales presentados por la Sociedad (4).



Además de la presa de La Corta, la estación elevadora y los canales de riego, la Sociedad edificó la Azucarera Jerezana en la que invirtió más de 3,5 millones de pesetas, cuyas ruinas aún pueden verse en El Portal. Construyó también una carretera entre la planta industrial y la Cañada de la Isla y un puente de hierro en el Guadalete (en La Herradura) para acceder a las tierras que administraba. Se trataba, en definitiva, de “un proyecto netamente modernizador de carácter agroindustrial que significaba un cambio muy apreciable” e introducía cambios cualitativos con los que afrontar la crisis finisecular derivada de la filoxera (5). Aunque en otra ocasión nos ocuparemos de esta pionera fábrica de azúcar, esta prometedora experiencia resultó fallida. La escasa riqueza en azúcar de la remolacha, el alto coste del cultivo de regadío, la falta de experiencia de los colonos, las avenidas del Guadalete que hicieron perder algunas cosechas, el escaso caudal en estiaje, la incipiente contaminación de las aguas y el auge de esta industria en otras zonas del país fueron algunas de las causas de este fracaso que llevaron al cierre de la fábrica en 1906 (6).

La presa, azud o “corta”: una obra singular del ingeniero Luis Vasconi.

La Sociedad Agro Industrial del Guadalete encargó su proyecto al prestigioso Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Luis Vasconi y Cano (Málaga 1840 – Madrid 1924). Vasconi, a quien en 1874 encontramos ya de Ingeniero Jefe de su provincia natal, ocupo en su dilatada vida profesional distintos cargos técnicos, académicos y empresariales. De Málaga pasó a la Isla de Cabrera y en 1888 realizó las obras de abastecimiento de aguas a Cádiz, de cuya Sociedad de Aguas Potables llegó a ser propietario. En 1889 dirigió la ampliación del puerto de Málaga junto a su socio, el también ingeniero José Bores. Concluidas las obras en 1896, realizó el proyecto que nos ocupa de presa y canales en el Guadalete. En 1902, año de su jubilación y en el que se concluyeron las obras de “La Corta”, participó junto con Bores en una nueva tarea: el abastecimiento de aguas a Bilbao a través de la sociedad “Aguas del Cerneja”, de la que era presidente. En estos años dirigió numerosas obras para distintas empresas en algunas de las cuales participó también como socio, como en la Sociedad Azucarera Antequerana (7).



La presa fue construida en el lugar conocido desde antiguo como Vado de los Hornos, situado 1 km río abajo del monasterio de La Cartuja, en un paraje de gran interés histórico del que nos ocuparemos en otra ocasión. Este lugar está situado a 4437 m del puente de Cartuja, punto hasta el que llegaba la carrera de la marea. Como se indicaba en el proyecto, la coronación de la presa, esto es su altura máxima, estaba “a la ordenada de 14 m con relación al plano general de comparación elegido, que está a 10 m inferior al nivel de la bajamar equinoccial de la bahía de Cádiz, o sea con una altura de 1,63 m sobre el lecho general del río en el indicado emplazamiento". Habida cuenta de que la máxima diferencia entre mareas en la Bahía de Cádiz es de 3,90 m, la altura de la presa garantizaba que, con la máxima pleamar posible, la marea no sobrepasaría su cota de coronación.



Para la construcción del muro fue preciso realizar una gran zanja de 100 m de larga, hasta una profundidad de 1,5 m bajo el lecho del río, dragándose 975 m3 en su base. Se hincaron entonces 200 pilotes escuadrados de 5 m de longitud y 0,30 x 0,30 m, “de madera de pino tea del Canadá”, a lo largo de toda su longitud y se clavaron 600 tablaestacas de 5m de largas con sección de 0,25 x 0,15 m, así como otros 200 pilotes rollizos de 3 m de longitud y 0,20 m de diámetro. Para asegurar el entramado de los cimientos se utilizaron también 5.760 kg. de hierro galvanizado en pernos, barras y tensores para el arriostrado de la estructura.

El muro de la presa, con una longitud de 100 m, tenía en su base 5 m de ancho. Para su construcción, además de la madera utilizada en el pilotaje de su cimentación, se emplearon 600 m3 de hormigón hidráulico en las fundaciones, vertido en cajones de madera hasta su fraguado. En la obra de fábrica se emplearon también 250 m3 de mampostería hidráulica de relleno sobre el agua y otros 250 m3 de sillarejos y sillares unidos con mortero hidráulico en el cuerpo del muro, que se protegió con otros 400 m3 de escollera. En total, casi 2.500 m3 de material. El coste de la presa ascendió a 116.712 pesetas a las que hubo que añadir otras 3.000 por la edificación de una casilla para el guarda (8).

A raíz de su construcción, el azud empezó a ser conocido como “La Corta” del río nombre que, por extensión, se dio también a este paraje del Guadalete y que desplazó al tradicional de Vado de los Hornos con el que era conocido desde el siglo XVII.

Elevación de aguas: casa de máquinas y pozo de bombas.



Junto a la presa, otros elementos fundamentales de la obra fueron la planta elevadora, el pozo de toma de aguas y la casa de bombas que se edificaron en un recodo de la margen izquierda del río, en un punto muy próximo a la Cañada Real de la Isla y de Cádiz y cercano a la desembocadura del Arroyo Buitrago. Este paraje, conocido como Hoyo de las Piedras, estaba situado a 2935 m aguas arriba de la presa y a 1502 m aguas abajo del Puente de Cartuja. Las instalaciones se renovaron en los años 50 y de nuevo hace unos años (9), permaneciendo en el mismo lugar. En la casa de máquinas puede leerse “Estación Elevadora. Comunidad de Regantes Margen Izquierda Bajo Guadalete

La toma de aguas se llevaba a cabo mediante una galería que unía el río con el pozo de bombas de la casa de máquinas y calderas. Allí se construyó también una chimenea de ladrillo, una carbonera para almacenar hasta 300 toneladas de carbón y una casa para albergue de los cuatro operarios encargados del servicio de elevación de aguas. Junto a estas instalaciones hubo que construir un acueducto de fábrica de casi 300 m, que desde la casa de máquinas llegaba hasta una loma cercana en la que se bifurcaban los canales del Este y del Oeste. Lo más costoso fue, lógicamente, las máquinas de vapor (200.000 pesetas) así como otros elementos mecánicos, bombas, calderas y accesorios, con capacidad para elevar 1.250 litros por segundo a la altura media de 8 m. El coste total de las instalaciones de elevación de agua ascendió a 307.987 pesetas, casi el doble que la presa (10).

La red de canales, acequias y acueductos.

El principal propósito de las obras fueron poner en regadío 2000 hectáreas de tierras situadas en la margen izquierda del Guadalete, para las que el proyecto había previsto la construcción de una presa La Corta) y la planta elevadora.



Las tuberías de impulsión de las máquinas vertían las aguas elevadas en el origen de un acueducto de 300 m de longitud, apoyado sobre la Loma del Torno, frente a la casa de máquinas, donde se bifurcaba en dos grandes canales.

El canal del Oeste terminaba en el Pozo de Carmona, a los pies del Cerro del Pavo, situado junto a la Cañada de la Isla y Cádiz frente a la dehesa de la Tapa, con una longitud de 9015 m. De él se derivaban nueve acequias principales de distribución con un desarrollo de 16092 m. Para el saneamiento de este terreno se trazaron cuatro grandes azarbes o canales de drenaje en los puntos más bajos de las fincas, así como ramales secundarios para canalizar el excedente del agua de riego hacia el río con una longitud de 10783 m. A lo largo de toda esta red fue preciso construir 8 tajeas, una alcantarilla y un acueducto sobre la hondonada de El Torno con un coste de, este último de 76.593 ptas. En la Loma del Palmar se practicó un túnel para el paso del acueducto (34.068 ptas.), construyéndose también 8 alcantarillas para los pasos superiores de servidumbres sobre el canal. De la misma manera se edificaron dos casillas de guardas del canal. Los terrenos expropiados se pagaron a 500 pesetas la hectárea.



En la actualidad aún se conservan algunos tramos de este acueducto en Las Pachecas, Las Quinientas y junto al Palmar del Conde.

El canal del Este conducía el agua desde la Loma de El Torno hasta el Rancho de los Villares, situado junto al río, recorriendo un trayecto de 5356 m. De él se derivaban dos acequias principales de distribución, así como otras secundarias con 4354 m de longitud y cinco alcantarillas para pasos superiores de servidumbres en el canal. Para salvar las hondonadas se construyeron varios tramos de acueducto de los que se conservan todavía algunas arcadas junto a la carretera o en la finca La Llave. Este sector contaba también con una red de canales de drenaje (4290 m) para los excedentes de riego y con una casilla para el guarda del Canal (11).

Los materiales empleados en esta obra, que duro cinco años, se trajeron de las cercanías y la Sociedad abrió una cantera frente a El Tesorillo.

La piedra para mampostería y hormigón se tomó también de las canteras de “arenisca compacta” de Lomopardo. Para la construcción de la presa se trajeron sillares y sillarejos de las canteras de arenisca de la cercana Sierra de San Cristóbal transportados en carros por la carretera Madrid-Cádiz y por el camino que enlaza a través del puente del Duque con la Cartuja.

Las cales y cementos, ladrillo, hierro y madera se traían desde Jerez por la “carretera provincial de La Cartuja y otras cañadas de ganado transitables por carros en verano”. La arena, extraída del cauce de río en las proximidades del puente de Cartuja y en el propio Vado de los Hornos, se transportó en carros y caballerías. El proyecto incluye un exhaustivo estudio del transporte de los materiales a cada sector de la obra y los canales, así como las distancias medias y el coste (12).

El Pliego de Condiciones.



El Decreto de aprobación de la concesión lleva el visto bueno del Ministro de Fomento D. Aureliano Linares Rivas y está firmado el 21 de mayo de 1897 por María Cristina, la Reina Regente, “en nombre de Mi Augusto Hijo el Rey don Alfonso XIII”. En el que se indica que “el presupuesto de las obras asciende a 1.058.593 pesetas 90 céntimos por ejecución material, y á 1.227.968 pesetas y 90 céntimos por contrata”. De la misma manera se declaran de utilidad pública las obras del canal, facilitando con ello las expropiaciones necesarias. La concesión recibió una subvención del 30% del presupuesto de las obras, otorgándose por un tiempo de 99 años.

En el Pliego de Condiciones se estipulaba que las obras se ejecutarán de acuerdo al proyecto del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Luis Vasconi, debiendo comenzarse dentro del plazo de seis meses y para terminarlas en el de cinco añoscontados desde la fecha del acta de replanteo”.

La obra se ejecutó por sectores, comenzándose por las del canal del Oeste, el de mayor desarrollo, construyéndose los tramos más largos del acueducto en Las Pachecas y Las Quinientas, de los que se conservan aún buena parte de sus arcos. En el segundo año se abordó la construcción de las acequias generales y los canales de saneamiento de este sector, mientras que en el tercero se construyeron las instalaciones de elevación de aguas y la presa, la famosa “Corta”, que quedaría terminada en el año 1900.

En 1901 se realizó el canal del Este, hasta los Villares (del que aún se conservan algunos tramos de los acueductos), así como sus acequias y sus canales de saneamiento. Por último, en 1902 se instalaron las máquinas de vapor que elevarían el agua, dando por concluidas las obras.



El Pliego de condiciones contemplaba que a medida que el adelanto de las obras lo permitiese, podrían los concesionarios hacer contratos a los agricultores para regar, estableciéndose en el Decreto el canon anual por hectárea de terreno regado en función de los distintos cultivos: trigo y cebada, habas y maíces, lino y cáñamo, legumbres, raíces alimentarias, huerta, remolacha, plantas forrajeras, viña y olivar o jardines y viveros… (13).

… Y no pararíamos de contar otros curiosos detalles de esta singular obra de ingeniería, pionera en tantos sentidos, cuya presencia ha permanecido más de un siglo en muchos puntos de nuestra campiña. Por estas razones, cuando estos días hemos visto demoler el antiguo azud de La Corta hemos sentido también, con sus vecinos, que una parte de nuestra historia se perdía, tal vez, para siempre.


Para saber más:
(1) Mouré, M.:El río baja un centímetro a la hora y la Junta demuele el azud de La Corta”, Diario de Jerez, 23 de marzo de 2018.
(2) “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”, Revista de Obras Públicas, 1897, Tomo II, nº 1157, págs.. 587-590. De esta publicación hemos obtenido los datos más relevantes que se exponen en el artículo.
(3) García Lázaro, J. y A.:Azúcar amargo: breve recorrido por un siglo de azucareras en la campiña”, Web Entorno a Jerez, 08/08/2013, http://www.entornoajerez.com/2013/07/azucar-amargo-breve-recorrido-por-un.html
(4) Peñuela Jiménez, A.:Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete”, en Aportes para una Historia de la Banca en Andalucía. 1780-1936. Disponible en https://bancaandalucia.blogspot.com.es/search/label/Sociedad%20Agr%C3%ADcola%20Industrial%20del%20Guadalete, consultado el 08/04/2018.
(5) Montañés, E.: Transformación agrícola y conflictividad campesina en Jerez de la Frontera (1880-1923), Biblioteca de Urbanismo y Cultura, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1997, p. 103. Sobre esta cuestión, puede consultarse también Boletín de la Cámara Agrícola de Jerez, mayo de 1897, pp.408-409, así como Historia y Geografía del Hábitat Rural de Jerez, Asociación para el desarrollo rural de la comarca de Jerez, 1999 p. 14.
(6) Sobre las diferentes razones que llevaron a cerrar la Azucarera Jerezana pueden consultarse: Romero Rodríguez, J.J. y Zoido Naranjo, F.: Colonización agraria en Andalucía: estudios sobre las actuaciones para la transformación del espacio rural en las provincias de Cádiz y Córdoba., Secretariado de Publicaciones de la Universidad, Sevilla, 1977, p. 51; Montañés, E.: Transformación… p. 160; Commercial Relations of the United States with Foreign Countries, Volumen 1, 1909, p. 392.
(7) Los principales datos biográficos sobre Luis Vasconi pueden consultarse en: Tous Meliá, J.: Cabrera a través de la cartografía [C. 1275- 1916]. Atlas histórico-geográfico de la isla. Ed. Idea Música, 2017, p. 184.
(8) “Concesión de un canal… obra citada, p. 589.
(9) Proyecto de mejora y modernización de la Comunidad de Regantes de la margen izquierda del bajo Guadalete. Captación y Estación de bombeo. Términos Municipales: Jerez de la Frontera y Puerto Real (Cádiz), disponible en : https://www.feragua.com/La-comunidad-del-Bajo-Guadalete-adjudica-su-proyecto-de-modernizacion_a2170.html, Consultado el 08/04/2018
(10) “Concesión de un canal… obra citada, p. 588.
(11) Ibidem, p. 587.
(12) Ibidem, p. 589.
(13) Ibidem , p. 589.




Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con historia, Puentes y Obras públicas, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/04/2018

 
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