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Los árboles de la ciudad se visten de verano.




En el campo, en los montes y en las zonas más agrestes de nuestras sierras, el inicio del verano se manifiesta en la vegetación arbustiva y arbórea con la aparición de los primeros frutos y, en general, con las señales, ya evidentes de la sequedad de la tierra y del ambiente. Sin embargo, en la ciudad, muchos de los árboles ornamentales que pueblan nuestras calles, plazas y parques, se muestran en estas semanas, cuando un nuevo verano comienza, con sus mejores “galas”. ¿Nos acompañan a comprobarlo?

A la sombra de las tipuanas en flor.

Las tipuanas (Tipuana tipu) tan abundantes en calles y avenidas, provistas ya sus copas de un denso follaje, nos ofrecen ahora su espectacular floración. Exhiben estos árboles sus pequeñas y hermosas flores amarillas que contrastan con el verde intenso de sus hojas y alfombran el suelo cuando caen, dando color a las aceras. Por el contrario, las jacarandas (Jacaranda mimosaefolia), que un mes atrás se vestían de gala y cubrían el suelo con sus corolas azulinas, apenas muestran ya sus últimas flores mientras sus copas se van poblando de hojas nuevas, entre las que llaman la atención sus peculiares frutos, aún verdes.

Los jaboneros de la China (Koelreuteria paniculata y K. bipinnata), están también presentes en muchas de nuestras calles, y apuntan ya los primeros “farolitos”, esos peculiares frutos formados por tres valvas, que cuelgan del árbol en numerosos ramilletes y en cuyo interior se formarán las semillas. No es de extrañar que esta especie sea también conocida como “árbol de los farolitos”, por la singular forma de sus “frutos”. En algunos ejemplares (junto a Sementales, por ejemplo) aún pueden verse también sus grandes panículas, inflorescencias de más de treinta centímetros de longitud formadas por numerosas flores de color amarillo, que despuntan en su copa y que durante los meses de mayo y junio, hacen de estos árboles uno de los más llamativos de nuestros paseos.

Más escasas, pero igualmente llamativas, son las parkinsonias (Parkinsonia aculeata). Podemos verlas, por ejemplo, escoltando la Avenida de Arcos, entre la rotonda de los Juegos Olímpicos y la de Biarritz. Su copa presenta un aspecto ligero y poco denso, debido al diminuto tamaño de los foliolos de sus hojas compuestas, que cuelgan de sus ramillas espinosas y, por lo general, péndulas, dando un aspecto casi transparente a su follaje. En estos días de comienzo del verano, las parkinsonias se muestran más hermosas que nunca, exhibiendo en sus copas sus racimos de flores con corolas de un intenso color amarillo salpicado de pequeñas manchas rojas.

La fragancia de las sóforas.

Una mención especial merecen las sóforas (Sophora japonica), árboles que jalonan muchas de nuestras calles y que crecen en casi todos los parques de la ciudad. Durante buena parte del año, estos árboles caducifolios que nos recuerdan a la falsa acacia, pasan desapercibidos. Sin embargo, desde primeros de junio, sus copas se cubren de pequeñas y delicadas flores de color crema amarillento, dispuestas en inflorescencias (panículas) que despiden un delicado y agradable perfume, mostrándose realmente hermosos.

Bajo las copas de estos árboles, el suelo de las aceras o de los paseos se alfombra literalmente de estas pequeñas flores, cuyos colores contrastan con el verde intenso de las hojas, ofreciendo así una hermosa combinación en estos días de comienzos del verano. En las aceras de la Ronda Este, o en las de la calle Santo Domingo (entre otras muchas) puede verse esta “alfombra de flores” y disfrutar de su aroma bajo el techo sombreado de las copas de las sóforas.



gualmente llamativos resultan en estos días los aligustres (Ligustrum japonicum, L. lucidum), que pueden verse también en toda la ciudad.

Desde comienzos de junio se visten con sus llamativas y olorosas inflorescencias, compuestas de cientos de diminutas flores de color blanco amarillento. En algunos árboles llegan a cubrir toda la copa, despidiendo una suave fragancia.



Distintas especies de acacias (“mimosas”) muestran también sus llamativas inflorescencias amarillas que, en ocasiones, llegan a cubrir literalmente la copa, ofreciendo entonces un aspecto espectacular. Así sucede, por ejemplo, en la Acacia karroo, también conocida como carambuco, que junto a la “fiereza” de las estípulas espinosas que posee en sus ramas, se cubre de densos ramilletes de flores amarillas. Más frecuentes en los alrededores de la ciudad y más raras en nuestros parques, estas acacias, junto a otras “mimosas” que crecen en los jardines y paseos arbolados (A. retinodes y A. cyanophylla, sobre todo) ponen una nota de color en estos días de verano.

Albizias, lagunarias, tilos…



Pocos árboles pueden presumir de flores tan vistosas y llamativas como la acacia de Constantinopla, especie también conocida como árbol de la seda (Albizia julibrissin). Sus flores, que alcanzan su máxima belleza a finales de mayo, están dispuestas en umbelas terminales y muestran sus numerosos estambres de un llamativo color rosa que va perdiendo intensidad a medida que maduran. En estos primeros días de verano, la mayoría de estos árboles muestran ya las flores con un aspecto menos vistoso y dejarán paso, progresivamente a unas legumbres que nos recuerdan a las del árbol del amor. Las lagunarias (Lagunaria patersonii), que eran muy escasas en nuestras calles, están siendo plantadas en los últimos años en muchos de los nuevos paseos. Esta especie, conocida también vulgarmente como “árbol del pica-pica”, podemos verla, por ejemplo, en la calle Porvenir, en Madre de Dios o frente a la Ermita del Cristo de la Expiración. Su copa es piramidal y densa y sus hojas son de un color verde pálido, con envés tomentoso entre las que resaltan, en estos días de inicio del verano, sus flores rosadas. Muy llamativas, estas flores son de mediano tamaño y se presentan solitarias. Por su forma nos recuerdan, salvando las distancias, a las del hibisco. En muchos de estos árboles las flores han dejado ya paso a los primeros frutos.



Espectaculares se muestran también en estos días los sauzgatillos (Vitex agnus-castus), un arbusto de la familia de las verbenáceas que llena su copa con hermosos racimos terminales de flores azules en estos días de comienzos del verano. Los vemos en San Joaquín, en la C/ José Cádiz o en el Parque de Puertas del Sur. En este mismo lugar las copas del pino carrasco (Pinus halepensis) muestran ya sus nuevas piñas, aún verdes que conviven junto a las del verano anterior. Pero sin duda, lo que más llama la atención en este parque, son los contados ejemplares de árbol de las llamas (Brachychiton acerifolius) que el paseante puede localizar desde la lejanía, entre la confusión del ramaje de la densa arboleda de este parque, por lo impactante de su floración que transforma su copa en una espectacular explosión de color. Las flores de este curioso árbol, traído a comienzos de los 90 del siglo pasado de los viveros de la Expo de Sevilla, son muy vistosas, de un intenso color rojo carmín, creciendo en racimos axilares que aparecen, habitualmente, cuando el árbol está casi sin follaje. Las pequeñas flores, acampanadas, de 1 cm de diámetro y con su cáliz glabro, tapizan literalmente el suelo del parque y de los paseos ofreciendo una hermosa escena.



Muy llamativos resultan también en estos días, los olmos de bola (Ulmus minor var. Umbraculífera) que crecen en muchas calles de la ciudad (Ronda del Pelirón, calle Fresa…) y que llaman la atención del paseante por la forma globosa. Si en invierno nos mostraba sus numerosas ramas delgadas, a comienzos de verano lo vemos vestido con un denso y apretado follaje que realza su llamativa copa esférica. Acabamos, para no hacer interminable esta relación, con los tilos (Tilia sp.) que aunque más escasos, están representados en las calles de la ciudad por distintas especies. Los de la calle Pizarro (Tilia x vulgaris), junto a la barriada de La Plata, nos muestran ahora las brácteas de color blanco verdoso que contrastan con el verde más intenso y oscuro de sus hojas y que aparecen una vez que ya se han perdido las flores. De estas brácteas cuelgan sus característicos frutillos globosos.

Volveremos en otoño a recorrer los campos, los bosques y las riberas “en torno a Jerez” para recrearnos en los frutos y en los colores con los que las hojas de los árboles y arbustos se cubren en esta estación.

Que pasen ustedes un buen verano.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 3/07/2016


Un siglo de podas… abusivas




A quienes paseen estos días por el Parque del Retiro o, especialmente, por la Ronda de los Alunados (por citar sólo algunos rincones de la ciudad), les habrá llamado la atención la poda a la que han sido sometidos los fresnos o los plátanos de sombra que crecen en esos espacios públicos.

Como sucediera con los eucaliptos del González Hontoria (en el cruce de las avenidas Alcalde Álvaro Domecq y del Éjercito) que sufrieron en su día talas abusivas, los plátanos de la Ronda de los Alunados ofrecen estos días un triste aspecto y sus troncos terciados (casi podríamos decir “amputados”), nos recuerdan en algunos ejemplares al torso del “Minotauro” a quien popularmente se bautizó como “el mutilao”. Igual que estos árboles. Los viejos fresnos del parque de El Retiro, transformados en patéticas columnas vegetales tras su poda, son como esos plátanos, un dramático monumento a la supervivencia.

No dudamos que, bien por enfermedad, bien por lo deformado de sus copas, estos árboles están ya amenazados. Sin embargo, como han hecho otros ciudadanos en sus denuncias a los medios de comunicación, nos preguntamos si las podas realizadas, podrían haberse hecho mejor.

Lo que vemos nos ha hecho recordar un artículo publicado en el diario jerezano “El Guadalete”… hace más de CIEN AÑOS. Lean y verán cómo no pasa el tiempo en lo que a las podas del arbolado urbano se refiere.

POR EL ARBOLADO. “El Guadalete”, 17 de diciembre de 1902.

"Ya estamos en la época del año en que deben hacerse las plantaciones del arbolado en los paseos, calles y jardines públicos, así como las podas de los que la necesitan, y creemos que la autoridad debe preocuparse algo de la forma en que se llevan a cabo estas operaciones, mirando por el ornato público y por los intereses del municipio.

Lo que en otras poblaciones es objeto de cuidadosas atenciones, aquí se desprecia; un árbol parece que ha sido siempre para nosotros cosa despreciable, que solo servía para obtener de él leña y que se entregaba a cualquier obrero, quien, hacha en mano, podía cortar y rajar cuanto le viniera en ganas. Procurar el cuido y frondosidad del arbolado, investigar las podas para que se efectúen sin detrimento de los árboles ni mengua del ornato público, jamás se ha hecho aquí; y resulta que el estado en que vemos los árboles de los paseos y calles es lamentable.

No es posible encontrar como en los paseos de Málaga, Granada y Sevilla, árboles corpulentos y de copas frondosas: aquí por todas partes crece un arbolado enclenque, torcido, lleno de las señales del hacha bárbara que lo mutiló y no le deja desarrollarse nunca.

Eso no puede obedecer sino al sistema de poda brutal que aquí se emplea, y que consiste en cortar las ramas grandes, impedir la formación de las copas, y convertir a los pobres vegetales en altas berlingas en cuya cima se admiran sólo por los pájaros un pequeño plumero de hojas en vez de lo que debiera ser ancha y frondosa copa.

Quien lo dude que vea las podas hechas a las hermosas acacias de la alameda de las Angustias y se observará como han caído al suelo grandes palancas y han sido desechas las copas de las más de ellas. Hasta las palmeras ha llegado la saña de los podadores, cortando a algunas, magníficas, hasta cinco o seis círculos de hojas, lo cual supone haber destruido treinta o cuarenta ramas: es decir, haber destrozado la copa.

Lo mismo sucede en todos los jardines, así no es posible tener nunca arbolado: porque el vegetal pierde vitalidad y desarrollo y al cabo muere prematuramente.

Tienen que oír las razones que dan los jardineros cuando se les pregunta por qué hacen esas podas: unos dicen que cuando la copa de las palmeras es muy frondosa, se crían mal las florecillas que se plantan a sus pies, por lo cual es preciso abrir camino al sol; es decir, que se destroza la copa de una magnífica palmera, para que luzcan más las yerbecillas de los parterres, como si esto fuera lo principal, y no el hermoso vegetal que vale y cuesta mucho dinero y que necesita años y años para desarrollarse; otras veces dicen que se poda así, para evitar que se crucen las ramas; y no hace muchos años a un magnífico álamo negro de la alameda de Fortún de Torres, el mejor sin duda de todos los árboles, se le cortó una enorme rama bajo el pretexto de que avanzaba demasiado sobre el paseo a una altura imposible de molestar el tránsito.

¿Será verdad como dicen algunos que este sistema de poda obedece a la necesidad de hacer mucha leña? Es un colmo, dedicar el arbolado de adorno de nuestros paseos a leñas, como si se tratara de un pinar.

Otras graves deficiencias que respecto al arbolado se nota, es la tardanza en reponer las marras y la manera defectuosa y tardía con que suele hacerse. Hemos olvidado los años que hace están sin reponer las marras de naranjos de la Corredera, en el paseo de Capuchinos se plantaron en invierno pasado cerca de 200 árboles de los que más fuertemente arraigan, y ni uno solo ha podido vivir; tal estuvo hecha la plantación.

Precisa, pues, que la autoridad intervenga de un modo directo y eficaz en todas las operaciones que al arbolado se refieren.

El futuro Parque de Capuchinos va a plantarse ahora, según los propósitos del Sr. González Hontoria, formando las calles principales de palmeras y de otros árboles; suponemos que se hará la plantación antes de febrero y que cuando llegue el verano, habrá agua abundante para regarlos, porque de lo contrario, será lo mismo que tirar el dinero.

También debieran hacerse ahora las plantaciones en los andenes del antiguo callejón de Los Alunados, hoy trozo de ronda, y en toda la parte por la explanada de la ronda, así como debiera darse órdenes para reponer todas las marras del Paseo de las Delicias, bajada de la Alcubilla, camino de Cartuja y en la explanada de San Telmo, donde podía señalarse con arbolado una alameda que en aquel sitio de tan hermosas vistas debiera levantarse.

No hay adorno mejor ni más barato, ni más útil que un árbol. La naturaleza se encarga de embellecerlo, pero es preciso que se le cuide, se le proteja y defienda contra los accidentes naturales y la mano del hombre. A desarrollar ese adorno, el más encantador de las poblaciones, a mejorarlo y hacerlo respetar debe dedicarse sin descanso la administración pública, como una de los más preciados intereses a su custodia confiados."



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Lo mejor de nuestros bosques: árboles y arboledas singulares de la provincia de Cádiz.



Sentimos desde siempre una especial fascinación por los árboles. Por esas encinas cuyas raíces se agarran a los peñascos calizos de las sierras más abruptas, allá en Benaocaz o Grazalema, por los pinos que se asoman a los acantilados en La Breña, por las robledillas que crecen, azotadas por el viento, en lo más alto del Aljibe, por los pinsapos que brotan con nuevos bríos en las paredes empinadas de la sierra de Zafalgar, por los enebros marítimos acorralados en los acantilados de Roche, por los eucaliptos centenarios repartidos por tantos Ombú de Faínrincones de la campiña de Jerez, por los viejos y nudosos acebuches que custodian, como si de un lugar mágico se tratase, la entrada de la Cueva de las Palomas, a los pies de la Sierra de las Cabras. Nos gustan los árboles –en general y sin excepciones- grandes y pequeños, los de porte soberbio y majestuoso y los más humildes. Los árboles…

En ocasiones, por su especial relevancia o notoria singularidad, algunos de ellos merecen ser considerados como auténticos monumentos y, como tal están siendo ya reconocidos incluyéndolos en inventarios y catálogos que garanticen su protección. En diferentes ocasiones nos hemos referido aquí a los árboles singulares. Como se recoge en la presentación del Inventario, “un árbol es considerado Alcornoque de Rojitánsingular cuando destaca del resto de los ejemplares de su misma especie, bien sea por adoptar una forma poco habitual, tener una avanzada edad, poseer dimensiones excepcionales, adquirir un alto valor paisajístico, localizarse en lugares poco habituales para su especie, por su historia o tradiciones populares, o sencillamente por su rareza". De algunos de ellos nos hemos ocupado en estas páginas en las que hemos admirado el monumental Pinsapo de las Escaleretas, el imponente Ombú de Faín, el singular taraje del puente de La Barca, el frondoso alcornoque de Rojitán o los más modestos pero no menos hermosos pinos de Cuartillo, por citar sólo algunos.


Ver mapa de los árboles singulares de la provincia de Cádiz más grande

De la misma manera, junto a los árboles más significativos de cada provincia se han seleccionado también para su protección las arboledas singulares. En estos casos “la singularidad se presenta en un grupo de árboles que alberga un elevado número de individuos singulares; en otras ocasiones, es el conjunto armonioso de árboles el que ofrece el carácter Pinos de Cuartillode singularidad, pudiendo ocurrir que los ejemplares que lo integran pierdan cierto valor al separarlos del mismo”.

Es conocido el viejo refrán que afirma que “los árboles no dejan ver el bosque”, pero con frecuencia sucede lo contrario: es el bosque el que no deja admirar los árboles, los ejemplares singulares que oculta, aquellos que poseen más valor por algún motivo especial.

Sin embargo, estamos de enhorabuena ya que van a ser posible las dos cosas a la vez: ver los bosques y admirar los árboles singulares que albergan. Y ello gracias a una interesante y completa aplicación informática elaborada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Taraje del puente de La BarcaAndalucía: Aplicación del Inventario de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía, que nos permite disfrutar de ambas cosas.

Gracias a esta información disponible en la red, podemos consultar, bien a través de una aplicación de Google Earth, bien a través de otra aplicación de Google Maps, toda la información que en su día fue editada en los ocho libros dedicados a los árboles y arboledas singulares de cada una de las provincias de Andalucía. Para consultar los catalogados en la provincia de Cádiz, hemos incluido los siguientes enlaces utilizando el soporte de Google Maps facilitado por la Consejería de Medo Ambiente.


Ver mapa de las arboledas singulares de la provincia de Cádiz más grande

Son todos los que están, pero no están todos los que son. De algunos de ellos traeremos aquí, en próximas entradas los méritos que, a nuestro entender poseen también para figurar en este selecto grupo de árboles y arboledas singulares de la provincia de Cádiz.

 
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