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¿Tiene solución Torrox? Perspectivas de futuro.
La Laguna de Torrox (3).




En las dos anteriores entregas nos hemos ocupado de algunos aspectos históricos acerca del origen y evolución de la Laguna de Torrox, del desvío del Arroyo de Morales (o Guadajabaque) a la “nueva laguna” y del proyecto de recuperación de su entorno para la creación de un gran espacio “verde y azul” en este rincón de la ciudad. Vamos a asomarnos ahora a la parte menos conocida de esta obra y a las perspectivas de recuperación real en un futuro de este antiguo humedal, cubierto hoy, en buena parte por el lodo y la vegetación.

El canal de desagüe o aliviadero.



Como ya se ha indicado, la antigua laguna de Torrox, no tenía una salida natural al Guadalete siendo una pequeña cuenca endorreica, es decir, cerrada que, al rebosar en periodos de intensas lluvias, inundaba amplios espacios y desaguaba, sólo parcialmente, a través del Arroyo Morales al río.




La derivación de buena parte de la cuenca de este arroyo directamente a los estanques de la “recuperada” laguna, requería la creación de una comunicación directa con el Guadalete para permitir una evacuación de los caudales de inundación que confluyen en este punto en momentos de grandes precipitaciones. Nos referimos al conocido como “canal de desagüe o aliviadero de Torrox”.

Panorámica del tarajal que cubre el primer estanque

En una visita que la consejera de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Fuensanta Coves, realizó a la ciudad el 3 de marzo de 2005 para informar del comienzo de la construcción del desagüe de la laguna, se hicieron públicas las principales características de esta obra, adjudicada a la UTE RUS-ARPO, por un importe de 5,9 millones de euros que se concluiría casi dos años después. El denominado “aliviadero” de Torrox serviría para conducir las aguas aportadas por la cuenca del arroyo Morales hasta el río Guadalete en aquellas crecidas que no pudieran ser retenidas en los estanques.

La obra realizada consistió en un canal de 3,1 km de longitud que permite aliviar un caudal de 40 metros cúbicos por segundo. El primero de los tramos discurre a cielo abierto y tiene la sección trapecial característica que vemos también en muchos canales de riego. Está revestido de hormigón y tiene 1.400 m de longitud. Para su trazado fue necesario realizar grandes trincheras entre los cerros de albariza, como se aprecia en las fotografías que adjuntamos. El segundo tramo, de 1700 m., está formado por cajones rectangulares de hormigón armado y es subterráneo. El túnel por el que se canaliza arranca prácticamente bajo el un punto en el que cruza por este lugar la conducción del acueducto de los Hurones, que atraviesa también estos cerros hacia los Depósitos de la Sierra de San Cristóbal.

El canal de desagüe de Torrox desemboca en el río Guadalete, aguas abajo del punto por el que el canal de la EDAR entrega sus aguas ya depuradas al río. En enero de 2007 pudimos fotografiar la construcción de uno de sus tramos, frente a la Depuradora, pudiéndose apreciar en las imágenes la estructura en cajones de este sector del canal. Hace unos años, cuando se realizaban los grandes desmontes para la construcción del canal, sólo era posible contemplar las obras desde la lejanía de los cerros circundantes. Una vez terminadas, se cerró el camino de servicio del canal que partía junto al aliviadero del segundo estanque. Sin embargo, cuando semanas atrás, antes de las primeras lluvias de octubre, nos acercamos de nuevo al lugar, comprobamos que este acceso había quedado lamentablemente expedito, ya que los “amigos de lo ajeno” han robado parte del vallado y hasta las puertas de hierro que lo cerraban. Sirva esta denuncia pública para reclamar su pronta sustitución en evitación de riesgos mayores.

Como los lectores podrán comprobar en las imágenes que acompañan a este reportaje, sorprende el llamativo “tajo” que se ha tallado en las lomas de Torrox y Parpalana para dejar paso al primer tramo del canal, aunque nos tememos que la excesiva pendiente de las laderas provoque aterramientos del camino de acceso y del propio desagüe, como ha quedado ya de manifiesto con los desprendimientos de tierra y lodos arrastrados por las últimas lluvias que han formado profundas cárcavas en las laderas.

Junto al canal principal, las obras de este gran desagüe se completaron con otros elementos como los canales de entrada a la laguna (junto a la obra de fábrica del arroyo Morales que cruza bajo la N-IV frente a la bodega de W. & H.), el aliviadero o salida de aguas del segundo estanque, que vierte por rebosamiento al canal principal, y la “obra de entrega al río Guadalete”, una gran embocadura con aletas de hormigón protegidas con escolleras que se levanta en el punto donde “desemboca” el desagüe. Este lugar está próximo a la salida de aguas de la EDAR y situado río arriba de la barriada rural de El Portal.

La “recuperada” Laguna de Torrox cinco años después.

Así pues, en la actualidad se encuentra “terminada y en funcionamiento” la obra de recupe-ración de Laguna de Torrox y su desagüe de manera que, al menos en teoría, se pueden paliar las reiteradas inundaciones que se venían sufriendo en este sector de la ciudad. ¿Pero sucede así en realidad?




Como es conocido, las zonas de cotas más bajas de esta cuenca por donde discurre el arroyo Morales se ven frecuentemente anegadas los años lluviosos. Pese a las actuaciones realizadas estas inundaciones no quedan resueltas con la obra de la Laguna de Torrox. Sí puede afirmarse, sin embargo, que con esta infraestructura se eliminarán en buena medida los problemas de inundaciones aguas abajo de la laguna, es decir se evitarán los desbordamientos de esta cuenca cuasi endorreica que anegaba distintos sectores de la Zona Sur y del Poligono Industrial El Portal.

Por el contrario, los problemas aguas arriba de la actual CN-IV, seguirán produciéndose y además, como nos recuerda un reciente informe de AJEMSA (1), estas inundaciones periódicas son necesarias para el correcto funcionamiento de la laguna y su desagüe y para evitar su completo aterramiento. Es decir, es indispensable disponer de zonas inundables aguas arriba de Torrox para evitar males mayores en el entorno de la laguna y en los sectores aguas abajo, muchos más poblados y construidos. Por eso resulta vital evitar la urbanización de las amplias llanadas por las que discurría el arroyo de Morales, la cañada de Guadabajaque, Corchuelo y Moro, la cañada de la Loba… Es preciso mantener libres y despejadas esas dilatadas vaguadas, con extensos bajos encharcadizos, que las lluvias transforman en vastos aguazales donde se laminan las escorrentías de una cuenca nada despreciable. Buena parte de estos terrenos han sido convertidos en las últimas décadas en escombreras y vertederos. Se han llevado a cabo en estos lugares grandes movimientos de tierra y numerosos rellenos sobre los que se construyeron las actuales bodegas de Williams & Humbert, el polígono industrial de la carretera de Sanlúcar, las infraestructuras de la Ronda Oeste, las grandes áreas comerciales de



Luz Shoping y Área Sur… Con todo ello se ha alterado de manera sensible el paisaje y la topografía y se ha perdido así una gran superficie para la laminación de las crecidas. Conviene no olvidar que, cada vez que se registren intensas precipitaciones, las aguas seguirán buscando su salida natural arrastrando tierra y lodo… hacia la laguna “escalonada” de Torrox, donde se depositarán los sedimentos. Las consecuencias de todo ello las hemos visto en estos años cuando se han producido las primeras lluvias fuertes: el primero de los estanques ha quedado prácticamente saturado y sobre las tierras arrastradas por el arroyo se ha desarrollado un denso tarajal inutilizando así el primero de sus vasos.



El problema creado no tiene fácil solución. Los vecinos reclaman, con razón, la retirada de los sedimentos acumulados en el estanque, operación que se ha venido retrasando por lo elevado de su coste y que parece que ya está programada para el próximo verano. Aún en el caso de que se lleve a cabo, existen muchas posibilidades de que estos problemas vuelvan a repetirse cada vez que se produzcan grandes lluvias si no se interviene aguas arriba. Así lo
expone un reciente informe de AJEMSA (1) que al referirse a la cuenca del arroyo de Morales señala que: “… Esta cuenca presenta el problema de los aterramientos que se sufren en la parte baja de la misma y que actualmente están dejando a la Laguna de Torrox sin capacidad de almacenamiento, es necesario actuar con Administraciones Publicas (Agencia Andaluza del Agua) y la Delegación municipal de Urbanismo para que los sectores urbanizables que se van a disponer en las márgenes del citado arroyo compensen este problema con la ejecución de un proyecto que evite la deposición de estos sedimentos en la laguna de manera que queden capturados con anterioridad y se puedan limpiar con facilidad de manera periódica”.

Se puede decir con otras palabras pero no más claro. Lástima que AJEMSA, redactora con la GMU del proyecto inicial de recuperación de Torrox, no lo hubiese previsto antes. Y es que, tal como se deduce del citado informe, será necesario “capturar” los sedimentos aguas arriba de la laguna con “la ejecución de un proyecto” (¿otra “laguna” que a su vez también se aterraría con los arrastres de aguas arriba?) a cargo de los promotores de las futuras áreas urbanizables que se habían previsto en las márgenes del arroyo hasta los límites de la Ronda Oeste. Habida cuenta del “parón urbanístico” que ya sufrimos en la ciudad y que parece que va para largo, no se vislumbra otra solución a corto o medio plazo para los problemas de aterramiento de la laguna de Torrox, más allá de la retirada de sedimentos… cada vez que estos saturen el vaso de la laguna. Un solución muy costosa y que por tanto hace del problema “un gran problema”.

Torrox, una gran zona verde para la ciudad.

Como ha quedado dicho, la recuperación de Torrox no se reducía a una obra de ingeniería hidráulica sino que planteaba también la rehabilitación de un humedal y la restauración de un entorno degradado para transformarlo en una gran zona verde.

Pese a las buenas intenciones, será difícil que Torrox pueda transfor-marse en una “laguna” al uso con la fauna y vegetación natural que suele acompañar a los ecosistemas palustres, básicamente porque tanto sus márgenes como su fondo apenas se han naturalizado. No obstante, hemos visto como en estos años han crecido en el vaso de los estanques carrizos, juncos, tarajes… especies habituales en los humedales. Los tarajes han colo-nizado por completo el primero de los estanques de la mano del nuevo suelo aportado por los sedimentos de tierra y lodo. De la misma manera frecuentan ya la “laguna” distintas especies de aves propias de estos ambientes acuáticos, en especial limícolas -como las omnipresentes cigüeñuelas- y anátidas. Estas últimas están representadas por especies como ánade real, porrón común, pato colorado, ánade friso, malvasía cabeziblanca… Cormoranes, calamones, flamencos, avocetas, patine-gros, garcillas, martinetes… son otras de las muchas especies de aves acuáticas de las que se han visto ejemplares en la “laguna.

Torrox ha sido también colonizado por las carpas, que han sido tristes protagonistas este verano. La evaporación y las altas temperaturas provocaron una fuerte bajada del nivel de oxígeno disuelto en el agua de los estanques, lo que ocasionó la muerte masiva de carpas. En las fotografías que pudimos hacer durante la última semana de agosto se refleja el testimonio de este lamentable episodio que ha puesto también en evidencia otro de los proyectos que no llegó a cumplirse: el prometido bombeo de agua depurada desde la EDAR de Jerez para que la laguna mantuviera sus niveles estables durante todo el año. El deterioro de las instalaciones de la estación de bombeo y de sus cuadros eléctricos lo dice todo. A título anecdótico, quedará para la pequeña historia de la laguna la presencia en sus aguas de una cría de cocodrilo del Nilo, de 80 cm. de longitud, que fue detectada en sus aguas y que costó casi un mes capturar, en septiembre-octubre de 2007.

Las distintas repoblaciones con las que se pretendido reforestar el cinturón de la laguna para dotarlo de una densa arboleda no han tenido mucho éxito por falta de riego, habiéndose perdido muchos de los pies sembrados. Aún así, podemos encontrar representantes de distintas especies en la banda perimetral que, a modo de zona verde se extiende a ambos lados del camino que rodea la laguna. Según los sectores, destacan ejemplares de pino carrrasco y pino piñonero, fresno común, almez, algarrobo, acebuche, lentisco, taraje, ombú, sófora... Sólo un adecuado mantenimiento posibilitará que la laguna cuente algún día con la arboleda que se proyectó en sus márgenes.

El penúltimo episodio de esta ya demasiado larga “recuperación” de la laguna de Torrox se ha escrito recientemente al anunciar la creación de un área recreativa en Torrox en la que el Ayuntamiento tiene previsto, con cargo al Plan Urban “…levantar kioscos, bares y un restaurante, además de servicios públicos, duchas y vestuarios. No faltarán tampoco “equipamientos para actividades de ocio y deportivas combinadas con zonas de descanso y un parque para mayores y elementos de ejercicios de rehabilitación… un parque infantil; pistas de skate; y una novedosa zona para la práctica de paintball ecológico. Dentro de los equipamientos culturales para este espacio libre de 165.000 metros cuadrados -al margen del humedal- se contempla la construcción de un auditorio al aire libre y templetes de música para conciertos, actuaciones teatrales, cuenta-cuentos y títeres y marionetas. "La propuesta es muy ambiciosa porque tenemos claro que cuanto más atractiva sea y más contribuya a revitalizar esta zona deprimida habrá más posibilidades de que la UE vea de buen grado el proyecto de recuperación integral", insistió la delegada municipal de Medio Ambiente”. (2)


Ver Laguna de Torrox, Arroyo de Morales y cuenca tributaria. en un mapa más grande

Los vecinos se muestran ya algo descreídos ante tantos grandes planes proyectos y por nuestra parte pensamos que hubiese sido preferible apostar por intervencio-nes más sostenibles y respetuosas con el entorno. Cada vez que venimos por Torrox y contemplamos la laguna desde lo alto de Gibalcón, o desde los cerros de Parpalana, nos gusta pensar que la antigua laguna de Torrox podría haber sido aquella que en Jerez andalusí era conocida como “laguna de las Aves” de la que el profesor Abellán apunta que se situaba al sur de la ciudad (3). Nos tememos que, en todo caso, la vieja laguna de Torrox sólo se recuperará cada vez que visitemos los paisajes de la memoria.

Para saber más:
(1) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez. Diciembre de 2011. Pgs. 46.
(2) ”El Consistorio costeará con el Plan Urban un área recreativa en Torrox. Diario de Jerez 17 de Octubre de 2010..
(3) Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia”. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. pag. 141.


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y sobre la Laguna de Torrox...

La Laguna de Torrox (1): crónica de una recuperación “fallida”.
Tras las huellas del Guadajabaque y del Arroyo de Morales: la Laguna de Torrox (2)

Tras las huellas del Guadajabaque y del Arroyo de Morales: la Laguna de Torrox (2)




Como se apuntaba en la primera parte de este artículo, la antigua Laguna de Torrox –que tenía dimensiones mucho más reducidas que las de los nuevos estanques creados en 2007- se mantuvo hasta la década de los 60 del curso pasado como una pequeña cuenca endorreica sin conexión directa con el Guadalete. El arroyo Morales no vertía sus aguas en la laguna, sino que lo hacía directamente en el río, en las cercanías de El Portal, en un lugar próximo al punto en el que actualmente desagua la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Jerez. En ocasiones, cuando el arroyo se desbordaba o cuando en época de grandes lluvias la laguna y su entorno se saturaban, podía formarse una gran lámina de agua que ocupaba ambos cauces así como buena parte los terrenos situados en las cotas más bajas de este sector de la ciudad.

Esta laminación natural de las crecidas se mantuvo hasta mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, momento a partir del cual comenzó a urbanizarse la que hoy se conoce como Zona Sur de Jerez. En las ortofotografías del conocido como “vuelo americano” de 1956, donde se aprecia con nitidez la cuenca de la laguna y se adivina el cauce del arroyo, pueden apreciarse los momentos iniciales del gran cambio paisajístico que empieza a experimentar la ciudad de la mano de la urbanización de las denominadas Playas de San Telmo. Estas actuaciones traerán también como consecuencia la alteración de la red hidrográfica de la zona y la práctica “desaparición” de los arroyos que la drenaban, especialmente del arroyo Morales conocido anteriormente como Guadajabaque. ¿Qué ha sido de él?

Morales o Guadajabaque: el arroyo “perdido”.

Haciendo un breve inciso, queremos aclarar que el Arroyo Morales ha sido conocido con diferentes nombres a lo largo de la historia, tal como se desprende de las fuentes documentales y cartográficas consultadas. De la misma manera, los distintos tramos de este arroyo-río y sus pequeños afluentes tributarios han recibido también distintas denominaciones lo que ha provocado que esta modesta red hidrográfica cuente sin embargo con una amplia lista de nombres para sus contados cursos de agua. Aunque dejamos para otra ocasión el estudio de estos curiosos hidrónimos, diremos que el mapa del IGN en su edición de 1918 (1), es el primero que atribuye el nombre de Morales al tramo final de este arroyo. En él puede verse como su cauce, en su tramo final, discurre desde El Balneario en paralelo a la antigua carretera Madrid-Cadiz (por su margen derecha), encajado en las vaguadas existentes al pie de los cerros de Gibalcón, de La Liebre y de las laderas del pago de Parpalana, tierras que luego se ocuparían por el Polígono Industrial El Portal.

Alcantarilla del arroyo de Curtidores

El Plano Parcelario de López Cepero de 1904 (2) lo bautiza en este mismo tramo con el nombre de Arroyo de Curtidores, pequeño cauce que “nace” en el corazón del casco histórico y que da nombre desde los siglos medievales, a la plaza y calle del mismo nombre. El Arroyo de Guadabajaque se representa en este mapa como afluente de aquel uniéndose ambos en un lugar próximo a la actual rotonda de El Balneario. A su vez, el Guadabajaque toma dicho título –según esta misma fuente cartográfica- a partir de la confluencia de los arroyos del Amarguillo y La Loba.

Si nos remontamos algo más atrás en el tiempo, el Plano de Lechuga y Florido (1897) introduce un nuevo nombre y denomina Arroyo de las Salinillas al que el anterior plano nombraba como Guadaba-jaque (3). Este último topónimo, que ha sido rescatado recien-temente para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas en este paraje, es el que se descubre en las fuentes escritas más antiguas y el que enlaza con la denominación árabe del que fuera Wadt as-sabak, “río de las redes” o Guadaxabaque (4). Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque son también otras formas alteradas de aquel nombre original y cuentan todas ellas con numerosas referencias en las fuentes documentales (5), como veremos en otro artículo en el que recorreremos este histórico arroyo con nombre de río desde su nacimiento hasta su desembocadura. Para el lector curioso baste decir que aún pueden recorrerse las orillas del Guadabajaque en algunos puntos, como la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, como muestran las fotografías que adjuntamos.



Pero para no “enredarnos” más en este “río de las redes” o Guadajabaque volveremos al Arroyo Morales, como se le conoció después, hasta casi su práctica “desaparición”. Ésta hay que buscarla a mediados de la década de los 60 del siglo pasado, durante el periodo en el que dirigió la alcaldía de Jerez Miguel Primo de Rivera. Fue entonces cuando se cambió definitivamente la fisonomía de este sector de la ciudad, al urbanizarse las parcelas colindantes a la antigua carretera Madrid Cádiz para la creación del Polígono Industrial El Portal. El trazado



de la actual calle Sudáfrica, que bordea el polígono en su sector oeste, se corresponde en buena medida con el que seguía el antiguo cauce de dicho arroyo. A todo ello hay que añadir que la construcción en esta zona de la ciudad de nuevos barrios (Federico Mayo en 1951, Cerrofruto en 1952, Santo Tomás de Aquino en 1959, Liberación en los 70…) y sus correspondientes obras de rellenos y redes viarias, alteraron también la absorción natural de las aguas pluviales, lo que dificultó su capacidad de drenaje, incrementándose por ello la escorrentía.



Los nuevos colectores del saneamiento urbano, que vertían directamente al Guadalete, se trazaron –como no podía ser de otra manera- en las cotas más bajas de este sector ( el talweg o vaguada), como sucede en la citada avenida de Sudáfrica y su prolongación hasta la EDAR. Esta canalización subterránea ocupa en gran parte de su desarrollo el lecho del antiguo arroyo que terminaría por desaparecer, literalmente, en su tramo final, absorbido y desplazado por la urbanización que acabó sellando su cauce, sus riberas y su entorno.



Pero si, por diferentes razones, pareciera que el arroyo se había “difuminado”, no sucede lo mismo con su cuenca. Un reciente informe municipal (6) nos recuerda que la del Arroyo Morales es una “cuenca rustica situada en la parte Noroeste, Oeste y Suroeste de la ciudad con una superficie aproximada de 4.680 Has, la parte alta de la misma se encuentra a la cota 104,00 y las zonas bajas a la cota 7,00. Es una cuenca cuasi - endorreica donde la salida natural de las aguas fue ocupada en su momento por la construcción del Polígono Industrial El Portal provocando, las aguas pluviales procedentes de esta cuenca, frecuentes inundaciones en el citado Polígono y Áreas habitadas como la barriada de la Liberación, etc.” El mismo informe menciona que otra cuenca urbana de unas 500 Has, la denominada de Curtidores (en recuerdo del antiguo arroyo existente en el centro histórico) canalizada hacia la EDAR, puede aportar también las aguas pluviales superficiales, en caso de lluvias intensas, a la zona de El Balneario y el Polígono industrial El Portal, incrementándose así los riesgos de inundaciones.

“Jerez, tenemos un problema”.

Pronto quedó en evidencia que cuando se producían episodios de grandes precipitaciones, la cuenca del Arroyo Morales se transformaba en un gran embudo que conducía las aguas a sus cotas más bajas. Y aquí se empezó a echar en falta el antiguo cauce y las extensas áreas donde se laminaban las crecidas ocupadas por el polígono industrial y las nuevas barriadas de la Zona Sur que… se sufrían inundaciones con relativa frecuencia. La red de alcantarillado, ese “río subterráneo artificial” en que se había transformado el arroyo, no era capaz de canalizar los grandes volúmenes de escorrentía que, procedentes de una amplia cuenca, llegaban hasta la zona tratando de buscar la que había sido su “salida natural”: el arroyo Morales. El agua buscaba su cauce y éste había sido “entubado” o, simplemente, había desaparecido. No es de extrañar que, las inundaciones del polígono industrial El Portal, de los alrededores de El Balneario o de barrios como La Liberación fueran algo habitual cada vez que se registraban fuertes precipitaciones.

Al problema de las inundaciones periódicas de la Zona Sur había que añadir también el deterioro medioambiental de los parajes cercanos a la Laguna de Torrox que se habían convertido, poco a poco, en la mayor escombrera de la ciudad. Si las lluvias transformaban este espacio en un aguazal, los vertidos incontrolados acabaron por desnaturalizar definitivamente este enclave que en su día fuera un rico humedal lleno de vida.

En junio de 2002 el Ayuntamiento presentó un ambicioso proyecto para la recuperación de la “Laguna de Torrox”. “Un vergel en Jerez”, así titulaban los diarios la noticia en la que daban cuenta de la intervención prevista para la zona, que presentaban el alcalde de la ciudad, Pedro Pacheco, y el director técnico de Ajemsa, Eduardo Campos. (7)

Un ambicioso proyecto.



El proyecto de recuperación de la laguna de Torrox fue fruto de un convenio de cooperación entre el Ayuntamiento de Jerez y la Junta de Andalucía al objeto de realizar las obras de infraestructura necesarias que permitieran laminar las avenidas del arroyo Morales en la zona inmediata al suelo edificable situado al suroeste de la ciudad. Su desarrollo incluía la creación de dos grandes estanques (con una superficie permanente de 29,7 hectáreas) y la urbanización y ajardinamiento de la zonas verdes que los rodean, a cargo del municipio, y la construcción de un canal de desagüe de algo más de 3 km. de longitud que unía el segundo de los estanques con el río Guadalete, obra que debía ejecutar la Junta. El coste total del proyecto superó los 14 millones de euros. De ellos 8.848.269 correspondieron a la primera fase, asumida por el Ayuntamiento con la ayuda de fondos de cohesión de la Unión Europea (80% del coste) y con la participación de AJEMSA, que se hizo cargo del restante 20%. La Junta de Andalucía sufragó las obras del canal-aliviadero que tuvo un presupuesto inicial de 5,9 millones de euros.

Las obras de los estanques se iniciaron en 2005 y se terminaron en 2007. Las del aliviadero o desagüe se retrasaron algo más y no concluyeron hasta marzo de 2009. De una publicación municipal (8) sobre las obras de la laguna extraemos las principales características de los trabajos realizados:

La recuperación de la Laguna de Torrox ha contribuido a la enorme transformación que viene experimentando la zona sur de la ciudad en los últimos años. El proyecto, ejecutado por Aguas de Jerez y la Gerencia de Urbanismo, persigue un doble objetivo: evitar que se produzcan inundaciones en época de lluvias frecuentes y recuperar un espacio de gran valor medioambiental, de forma que el humedal pueda mantener los niveles necesarios de agua durante todo el año, con el consiguiente beneficio para el mantenimiento de su flora y fauna. La recuperación de la Laguna de Torrox aporta un horizonte verde y azul al patrimonio paisajístico de Jerez, y se suma al inventario de espacios públicos promovido por la Gerencia de Urbanismo para disfrute de la ciudadanía”.

De gran interés son los datos técnicos más relevantes del proyecto. Así, la superficie total intervenida supera el medio millón de m2 (512.831), con un volumen embalsado de 446.998 m3, casi medio Hm3. La lámina de agua prevista tendría una superficie permanente de 29,7 hectáreas. Rodean la laguna grandes praderas de césped (165.000 m2) en las que se plantaron inicialmente 800 árboles. Un paseo peatonal de 4,4 km. permite recorrer el perímetro de los dos estanques cuya superficie de encharcamiento aparece delimitada por una rústica barandilla de madera. En la citada publicación se exponen los grandes objetivos de este proyecto:

La Laguna de Torrox fue, hasta la creación del polígono industrial de El Portal, en los años 60, una laguna endorreica alimentada por el arroyo Morales. Hasta entonces mantuvo una rica diversidad de flora y fauna lacustre, que desapareció tras su desecación. Ahora, gracias a la actuación recientemente finalizada por Aguas de Jerez y Urbanismo, será posible rescatar esta diversidad biológica y recuperar el ecosistema de la laguna. Para ello, se mantendrá un aporte de agua permanente durante todo el año, gracias a las aguas procedentes de la Estación Depuradora de Aguas Residuales EDAR, las cuales recibirán un tratamiento previo a su vertido en la laguna”.



Pedro Pacheco, concejal de urbanismo manifestaba en su visita a la laguna en febrero de 2007 que con esta actuación “Ajemsa y la GMU han contribuido a solucionar los problemas de inundaciones que ocasionalmente padece la zona, apostando por una ciudad más sostenible y fomentando la proyección de la zona sur de Jerez como una de las de mayor atractivo residencial”. La revista señalaba que “La Gerencia de Urbanismo se encargará del mantenimiento de los márgenes de la laguna, mientras que Aguas de Jerez asume el mantenimiento de la lámina de agua, que será alimentada artificialmente para cubrir las pérdidas por evaporación y procurar el riego de las zonas verdes mediante la reutilización de aguas procedentes de la EDAR”. (8)



Para saber más:
(1) Mapa del Instituto Geográfico Nacional. Hoja 1062 (Paterna), Edición de 1918.
(2) Plano Parcelario del Término de Jerez de la Frontera. Adolfo López Cepero. 1904. Ayuntamiento de Jerez.
(3) Plano de Término Municipal de Jerez de la Frontera. Escala 1: 100.000. Antonio Lechuga y Florido. 1897
(4) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(5) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(6) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez. Diciembre de 2011. Pgs. 48 y 49.
(7) La noticia puede leerse en los diarios locales, p. ej. en Información Jerez, 27/06/2002, pg. 10, de donde se ha tomado la imagen que aparece en este post.
(8) Laguna de Torrox. Aguas de Jerez y Gerencia Municipal de Urbanismo. Ayuntamiento de Jerez. Febrero de 2007.


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Entre los humedales que en tiempos pasados podían encontrarse en muchos rincones de nuestra campiña, la laguna de Torrox era uno de los más cercanos a la ciudad y, por tanto, de los más conocidos. Ubicada al sur de la población, en una zona deprimida con cotas inferiores a los 10 msnm. La de Torrox era una laguna estacional que solía secarse en los estíos acusados. En época de grandes lluvias se transformaba en un extenso aguazal cuya lámina ocupaba entre 10 y 15 hectáreas, una superficie similar a la de la actual laguna de las Quinientas, según se desprende de la información cartográfica de hace un siglo.

El lector habrá observado que, al referirnos a la laguna de Torrox, hablamos en pasado por la sencilla razón de que ya no existe. En el lugar que ocupaba encontramos ahora un ¿estanque, zona verde, humedal…? del que en este verano se han ocupado a menudo los medios de comunicación ya que la “recuperada laguna de Torrox”, como se conoce a este espacio ha sido noticia porque los vecinos que residen en las urbanizaciones circundantes han denunciado reiteradamente los problemas más relevantes que le afectan. Mortandad de peces, aterramiento del estanque de cabecera, nubes de mosquitos en el tarajal, suciedad del agua, basura en los vasos de la laguna, deterioro de las zonas verdes, falta de riego en la arboleda perimetral en la que se han perdido muchos árboles, actos vandálicos en el mobiliario urbano, destrucción del camino que la bordea… son sólo algunos de los asuntos que aparecen en las denuncias y que se repiten, prácticamente desde su puesta en funcionamiento en el año 2007.

No les falta razón a los vecinos al quejarse una y otra vez del abandono de este espacio: muchos de ellos se siente “engañados”. Conviene recordar que la “recuperación de la laguna de Torrox” fue en su día el principal reclamo para la urbanización de este rincón de la ciudad y que la misma se publicitó por los responsables políticos y las promotoras inmobiliarias como la solución para dotar a la zona sur de Jerez de un nuevo y atractivo espacio verde que a la vez resolvía los episodios de inundaciones que, un año sí y otro también, venían sufriendo barrios como La Liberación, Santo Tomás de Aquino, Federico Mayo o el Polígono Industrial El Portal.

Cinco años han bastado para poner en evidencia aquellas buenas intenciones: el espacio verde se ha “abandonado” a su suerte y la solución técnica adoptada no funciona como se había planeado, a juzgar por el aterramiento y la colmatación de lodos de la primera laguna. El coste de devolverle su capacidad de embalsamiento y de retirar los sedimentos depositados en el vaso es, hoy por hoy, inasumible. Ya existen informes oficiales que, como veremos, subrayan que este último aspecto NO TIENE SOLUCIÓN A CORTO PLAZO y que, aún en el hipotético caso de que se invirtieran importantes sumas en su restauración, bastaría un nuevo episodio de lluvias intensas como las sufridas hace dos años para que nuevamente se cubriera de lodo, cuando menos, el primer estanque. Y es que, pese a la vocación de zona verde y de “humedal” con la que fue recuperada esta antigua laguna, el producto final no es sino un “tanque de tormentas” o, si se quiere, en un cauce alternativo al antiguo Arroyo de Morales que aunque no vertía sus aguas en la laguna, la llenaba también en sus desbordamientos, laminando así sus crecidas. Este arroyo, cuyo cauce atravesaba el actual Polígono Industrial El Portal tenía, como veremos, una salida natural al Guadalete en las proximidades de la actual EDAR. Ésta se vio seriamente alterada en los años 60 con la construcción del citado polígono. El desvío artificial de este arroyo, “canalizado” ahora a través



de la “nueva” laguna de Torrox y de su aliviadero está provocando buena parte de los problemas de aterramiento que sólo con grandes inversiones podrían evitarse.

En las líneas que siguen vamos a tratar de conocer más a fondo este problema a través de una mirada al pasado de esta laguna, de un recorrido por la red hidrográfica que en la actualidad la alimenta y de las obras que se realizaron hace unos años para evitar las inundaciones de la zona.

Torrox: una laguna con historia… y con un nombre cambiante.

Torrox, Torroy, Torrós, Torroz, Torró, Torro… son algunos de los nombres con los que se ha conocido este humedal de la zona sur de Jerez, tal como hemos podido constatar en la cartografía histórica o en distintas fuentes documentales.

Para el profesor Emilio Martín Gutiérrez el topónimo Torrox, presente también en otros lugares de Andalucía, “puede hacer referencia a una villa rural fortificada, a un tipo de torre exenta o a un recinto torreado de carácter defensivo” (1) existente en la zona que, recordemos, no queda muy lejos de dos enclaves históricos importantes: la sierra de San Cristóbal y la antigua Sidueña (Doña Blanca). La existencia de la Torre de Torrox (2) está constatada documentalmente, tal como se desprende de la descripción del amojonamiento realizado en la cannada de Guadaxabaque e Garciagos por el juez de términos Alfonso Núñez en 1434, según expone este mismo autor.

A mediados del siglo XVIII el historiador Bartolomé Gutiérrez se refiere al lugar como “marismas de Torroy” y así, al describir en su Historia… de Xerez de la Frontera, el curso del arroyo de Guadajabaque apunta: “Demás envejesida memoria consideramos el arroyo que oy tiene el nombre de Guadaxavaque, conservando en el idioma arábigo la denominación de Rio que, aunque este corre ahora por lomas bajo de las Playas y cercano á las marismas de torroy, en aquellos siglos venía circundando la vecindad de los muros y rodeaba el circuito por la ensenada que ay sobre la hoyanca de San Telmo, sobre el cerro del fruto…”. (3)

Un siglo más tarde Madoz, en su conocido Diccionario, menciona esta laguna con el nombre de “Torrós” (4). Al mencionar las lagunas más destacadas del término de Jerez señala que “…son las tituladas de Torrós, Medina, El Cuervo, Rajamancera, Gami, Torres, Alcornocalejo y Caños de Uza".

Diferentes fuentes cartográficas de finales del siglo XIX y del XX recogen este humedal si bien le asignan distintos nombres. Así, por ejemplo, en el plano de Lechuga y Florido (1897) figura como Torroz (5). López Cepero, en su Plano Parcelario del Término de Jerez (1904), “recupera el tradicional topónimo de Torrox (6), que vuelve a “perderse” para la cartografía oficial en la primera edición del mapa del Instituto Geográfico Nacional (1917), donde figura como laguna de Torró (7). En el Mapa provincial de 1935 la encontramos como L. de Torro y como Torró de nuevo en la edición de 1988…(8). Hoy, seis siglos después de las primeras citas, este espacio recupera con fuerza su viejo nombre de Torrox, de resonancias latinas. Lástima que lo hace cuando ya ha desaparecido como laguna.

La antigua laguna de Torrox.



La que denominaremos “antigua laguna de Torrox”, para diferenciarla de los estanques actuales, pervivió, poco más o menos, hasta la década de los 60 del siglo pasado. Fue entonces, con la construcción del Polígono Industrial El Portal, cuando la zona sufrió grandes transformaciones al cortarse la salida natural del Arroyo Morales al Guadalete y al transformarse el vaso de la laguna, progresivamente, en un vertedero de escombros. Ello no era obstáculo (más bien todo lo contrario) para que en época de lluvias persistentes se formaran grandes láminas de agua y se provocaran graves inundaciones en diferentes barriadas de la zona sur, levantadas en un sector en el que el arroyo de Guadajabaque (o de Morales) laminaba históricamente parte de sus crecidas.



Sea como fuera, la antigua laguna de Torrox ocupaba una superficie que estimamos entre 10 y 15 has., mucho menor que la que presenta en la actualidad, como puede deducirse de la cartografía que acompaña a este artículo y que ilustra su ubicación exacta hace un siglo. El lector puede hacerse una idea muy aproximada de como era la antigua laguna en las fotos aéreas del conocido como "Vuelo americano de 1956", una ortofotografía que hemos presentado superpuesta, a la misma escala, con la de la laguna actual gracias a la aplicación que nos facilitan la Consejería de Medio Ambiente y Google Earth. En esta imagen puede comprobarse como la antigua laguna se nos muestra en esas fechas con un vaso de superficie prácticamente circular cercano a los 300 m. de diámetro. La lámina de agua, en esta fotografía, apenas supera las 5 has, si bien se aprecia claramente el perímetro de la cuenca lagunar que en




momentos de máxima capacidad pudo ocupar unas 15 has. El emplazamiento de la antigua laguna se encontraba, como puede comprobarse en un rincón del segundo de los actuales estanques, con lo que queda claro que su superficie era mucho mas reducida, habida cuena que la superficie actual supera las 50 hectáreas y que en los rebosamientos, esta superficie casi se duplica. Veamos con más detalle su antiguo emplazamiento.

Al oeste estaba limitada por la Hijuela o Camino de Pozo Nuevo, que en dirección sur conducía hasta la Cañada del Carrillo, a los pies de la Sierra de San Cristóbal y coincide, en parte de su trazado, con la vía que actualmente separa los dos vasos de la laguna (y que da acceso a una tonelería, al desguace y al centro de Siloé) para continuar entre viñas hasta San Cristóbal. Al este, lindaba con la Hijuela de Torrox que desde las cercanías del Balneario, se adentraba en las viñas del Cerro de la Liebre y de los pagos de Torrox y Parpalana, discurriendo en su tramo inicial por la base del cerro de Gibalcón (actual Loma de los Toruños) que hoy pone el telón de fondo del segundo estanque. Al sur, la laguna tenía como límite las laderas de los viñedos y olivares de Torrox, ocupadas en la actualidad por urbanizaciones y por una fábrica de ladrillos. Al norte la bordeaba la cañada de Guadajabaque (o de La Loba) que formaba un gran arco entre la carretera de Sanlucar y el Balneario, paralelo al curso del antiguo Arroyo de Guadajabaque cuyo curso transcurría, como veremos, por lugares hoy absorbidos por urbanizaciones y por un amplio sector del Polígono Industrial El Portal.



Hasta mediados del siglo pasado debió conservar su condición de “humedal”, esto es de espacio natural con la fauna y vegetación propia de estos espacios. Por distintas razones pensamos que los naturalistas ingleses Chapman y Buck se refieren a este lugar cuando describen en su libro La España inexplorada (1910) un paseo matinal que realizan por una laguna muy cercana a la ciudad: “Nos encontramos ahora en nuestro “pantano local” a una milla o dos de distancia; es a mediados de febrero. A quince yardas una docena de cigüeñuelas avanzan con pasos majestuoso en el agua; cerca hay un grupo de agujas, algunas de ellas escarbando en el cieno y el resto arreglándose las plumas con el pico en excéntricas poses. Más allá, la orilla más seca se halla adornada con garcillas bueyeras (Ardea bubulcus), blancas como la nieve, algunas de ellas posadas sobre el ganado, librándoles de las garrapatas que tanto le atormentan. De esta forma, a menos de cincuenta yardas, hemos podido contemplar tres de las aves más raras y exquisitas en Gran Bretaña. Y la lista puede ser ampliada. Un aguilucho lagunero, con vuelo amenazante y barriendo con sus amplias alas los aneales, cruza el pantano, espantando a un ánade real y a varias agachadizas. Hay cigüeñas y zarapitos trinadores a la vista (aunque estos últimos posiblemente sean zarapitos finos) y hay una banda de sisones agazapados entre los palmitos a 500 yardas. De un sumidero de la ciénaga salta un andarríos grande; y cuando tomamos el camino de vuelta, ambientados por el sonido de las ranas toro y alacranes cebolleros, resuena sobre nuestras cabezas el trompeteo de las grullas que surcan el cielo en su camino hacia el norte”(9). Todo un espectáculo natural que nos gustaría presenciar cuando la “recuperación” de Torrox se lleve a cabo algún día.



En la próxima entrada nos ocuparemos de la destrucción y la posterior transformación de este espacio que, como veremos, no acaba de “recuperarse” como laguna.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del doblamiento. El Alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media. En Historia Instituciones y Documentos, nº 30. Universidad de Sevilla, 2003. Pg 291.
(2) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pgs.239-240.
(3) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsimil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol I P. 48-49
(4) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. Pg. 246.
(5) Plano de Término Municipal de Jerez de la Frontera. Escala 1: 100.000. Antonio Lechuga y Florido. 1897
(6) Plano Parcelario del Término de Jerez de la Frontera. Adolfo López Cepero. 1904. Ayuntamiento de Jerez.
(7) Ediciones de 1917 de las hojas 1048 (Jerez) y 1062 (Paterna) del Mapa del IGN.
(8) Provincia de Cádiz. Escala 1:200.000. Instituto Geográfico y Catastral. 1935 y Mapa Provincial. Cádiz. Instituto Geográfico Nacional. Escala 1:200.000. MPOU. 1988
(9) Chapman, A. y Buck, W.J.: La España Inexplorada. Junta de Andalucía y Patronato del Parque Nacional de Doñana. Sevilla, 1989. pp. 424-425.


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