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Un paseo de Arcos a Gibalbín.
Por carreteras secundarias al encuentro de la historia y los paisajes.

A nuestro amigo Francisco Jordi Páez, entusiasta de la historia.



La carretera que desde Gibalbín conduce a Arcos atraviesa por cerros de suaves laderas en los que abundan los viñedos y las “tierras de pan sembrar”, grandes extensiones dedicadas a los cultivos de secano. Se trata de una apacible y poco transitada vía secundaria, de trazado ondulado y sinuoso que sigue en muchos de sus tramos el antiguo Camino de Lebrija a Arcos de la Frontera por La Bernala, una vía pecuaria que deja a uno y otro lado las tierras de renombrados cortijos. En nuestra salida de hoy la vamos a recorrer sin prisas, recreándonos en sus paisajes y sus pequeñas historias. ¿Nos acompañan?

Entre los viñedos de Gibalbín.

Nuestro itinerario arranca junto a las últimas casas de Gibalbín, construidas desde mediados del siglo pasado en los márgenes de la antigua Cañada de Espera, convertida hoy en su primer tramo en la carretera que une Gibalbín con Espera y Las Cabezas de San Juan. Frente a la venta La Choza y poco antes de llegar a la venta de Gibalbín, sale a la derecha esta vía secundaria que tras 13 km de recorrido nos llevará hasta Arcos (CA 5101).

Tras subir una pequeña cuesta en las que el camino está escoltado por adelfas, nos adentramos en las tierras del pago Cuartillo de La Plata, donde prosperan nuevos plantíos de olivos y en las que destacan los viñedos de Barbadillo, cuyos lagares y bodegas se levantan en lo alto del cerro a la derecha de la carretera. De estas cepas proceden los conocidos y afamados vinos de esta importante firma bodeguera entre los que sobresalen el renombrado Castillo de San Diego (el blanco más vendido del país) y el tinto Gibalbin, que lleva el nombre de estos parajes por todos los lugares de España.

Frente a estas instalaciones, al otro lado de la carretera, se encuentra el caserío del cortijo de La Bernala. Este curioso topónimo, presente ya en los primeros tiempos de la ocupación castellana de estas tierras en el siglo XIII, da nombre a los parajes de este rincón de nuestro término. Antaño formaron parte de una dehesa arrebatada por el concejo jerezano al arcense en los primeros años del siglo XIV, junto a las de la Cespedosa y las Navas de Cabrahígo, próxima está última también a Gibalbín (1).



Los litigios por la posesión de estos parajes se mantuvieron durante los siglos siguientes, decantándose finalmente su posesión, como la de las dehesas de Berlanga y El Abadín por la ciudad de Jerez. A decir del historiador arcense Pedro de Gamaza (1640), el nombre de estas tierras procede de Garci Bernal, uno de los cincuenta caballeros que se cuentan entre los primeros pobladores de Arcos, a quien en el repartimiento de su alfoz se le adjudicó un “donadío de tierras de labor de pan, que hoy conserva su nombre en la campiña… y llaman la Cañada de la Bernala” (2).



Tras una pronunciada bajada, la carretera cruza el modesto arroyo de la Cepera, tributario del Salado de Espera, dejando a la izquierda unos llamativos mogotes rocosos, testigos de una antigua cantera de yeso. Entre monótonas laderas con cultivos de cereales y girasol, asciende después por las lomas del cortijo de Granadillas (o Granadillo), cuyo caserío y almacenes quedan a la izquierda del camino. De este cortijo se tienen ya noticias desde comienzos del siglo XVI, siendo mencionado en el testamento del vicario arcense Juan González de Gamaza. Posteriormente perteneció al convento de las Concepcionistas de la Encarnación de Arcos, siendo a finales del XVII dehesa baldía de aprovechamiento común para los vecinos de Arcos (3).

Por Sanlucarejo y San Rafael.



Apenas dos km adelante, una hilera de adelfas a la izquierda del camino nos anuncia el carril que asciende hasta el cortijo de Sanlucarejo, situado en lo alto de un pequeño promontorio, en el extremo sur de Sierra de Gamaza. Frente a él, al otro lado de la carretera, el caserío del cortijo de San Rafael se divisa dominando un cerro.

Antaño, las tierras de Sanlucarejo formaron parte del vecino San Rafael, del que se escindió, señalando como dato curioso que a mediados del XIX figuraba entre las propiedades del jerezano Patricio Garvey (4). En sus proximidades, junto al antiguo camino de Espera, tiene un magnífico manantial, la fuente de Sanlucarejo. Esta surgencia se alimenta por el acuífero que se desarrolla en las areniscas que constituyen Sierra Gamaza, siendo canalizadas sus aguas a un pilar abrevadero, siempre rebosante aún en los meses más duros del estío.

A los pies del cortijo, junto a la carretera que se dirige a Bornos, los restos de una necrópolis hispanovisigoda, son testigos de la antigua ocupación de este rincón de la campiña. Entre diciembre de 1991 y febrero de 1992, con motivo de unas obras de ampliación de la carretera que une Bornos con Mesas de Santiago (actualmente cortada), se realizó una excavación arqueológica de urgencia en las proximidades del cruce cercano al cortijo de Sanlucarejo, que dio como resultado el hallazgo de 35 tumbas. Del denominado “tipo bañera”, las tumbas estaban excavadas en un afloramiento rocoso de arenisca visible desde la carretera y cubiertas con lajas de piedra. Las fechas de ocupación de la necrópolis podrían abracar los siglos VI-VIII d.C. (5).

La necrópolis se encuentra en un importante cruce de caminos (cañada de Arcos a Lebrija, Cañada de Jerez a Bornos por Mesas de Santiago y Colada de Sierra de Gamaza). Por la dispersión geográfica de los yacimientos de la zona y por la situación junto a los caminos, puede suponerse que esta vía sería usada desde, al menos, época romana (6).

De este enclave ya se tenían noticias desde finales de los 60 por los hallazgos junto al colindante cortijo de San Rafael de un tesorillo de monedas, así como por un estudio publicado por Luis de Mora Figueroa en 1981. En él se daba cuenta de los materiales cerámicos (vasijas, anforitas, jarritas) y metálicos (hebillas cruciformes y de placa rígida, puntas de lanza, apliques, zarcillos…) procedentes de ese lugar que se encontraban en distintas colecciones particulares a las que el autor tuvo acceso (7).





Frente a Sanlucarejo, al otro lado de la carretera, destaca en lo alto de un cerro el caserío del cortijo de San Rafael al que pertenecen también los tres pabellones de viviendas de trabajadores que se observan a media ladera, junto al carril de acceso. Hasta el último tercio del siglo XIX San Rafael era conocido como Cortijo Gamaza, por la proximidad de la sierra del mismo nombre a cuyos pies se extienden esta finca. En las tierras de San Rafael, existió una villa romana de época imperial que pudo perdurar en el bajo imperio y en los siglos posteriores (8). Como se ha dicho, en 1969 se halló aquí un tesorillo de 28 monedas romanas de oro, depositado inicialmente en el Museo Arqueológico de Cádiz, del que paso al MAN, donde se encuentra. Las monedas son de finales del siglo IV d.C., correspondientes a la época de los emperadores Honorio y Arcadio (9).

San Rafael, prototipo de los antiguos cortijos de secano de la campiña, ya es mencionado por Madoz (1848), quien lo cita en el camino de Jerez a Bornos, entre el cortijo de El Palomar y las huertas y el Pilar de Gamaza, como se conocía ya a la fuente del actual cortijo de Sanlucarejo (10). Como construcción singular, conserva unos curiosos graneros, con rampas de acceso para carros al piso superior que se cuentan entre los pocos ejemplos de este tipo que han llegado hasta nuestros días. No es de extrañar que por sus especiales características y con tanta historia a sus espaldas, San Rafael saltara también a las páginas de la literatura de la mano de la hermosa novela “Historia de una finca”, obra de José y Jesús de las Cuevas ambientada en este cortijo de la campiña arcense y publicada en 1958 (11). De ella se ha escrito que “…aun con la reserva de tratarse de una obra de ficción, aporta una pormenorizada y fidedigna visión del tránsito de los modos de producción a las fórmulas modernas” (12). Como apunta acertadamente Ramón Clavijo, la novela es la historia de los profundos cambios que vivió la finca “que va pasando de los tinahones de bueyes iluminados con candiles de aceite y las cobras de yeguas en las trillas, a las cosechadoras y los tractores. Pero el horizonte siempre es el mismo, la tierra, mientras todo lo demás seres y formas de vida se van transformando” (13).

Dejando atrás San Rafael y Sanlucarejo, pasamos ahora por el cruce con la que en otros tiempos se denominara “carretera agrícola”, que unía Bornos con Mesas de Santiago y que hoy se encuentra cortada. Junto al cartel que lo indica podemos asomarnos a ver el antiguo pozo de San Rafael (construido en 1959) que surte con sus aguas un pilar-abrevadero para el ganado de la finca.



Por la fuente del Jadramil.

Continuando en dirección a Arcos, la carretera cruza durante tres km por monótonos campos sembrados de cereal o girasol. Junto a sus arcenes, una orla de palmitos nos recuerda que sigue el trazado de la antigua cañada de Arcos a Lebrija, que en algunos lugares conserva aún su anchura tradicional. Pasamos entre las tierras de Las Valderas y, algo más adelante, de El Jadramil (o Jaramil). Antes de llegar a este cortijo, cuyo caserío queda a la derecha sobre una pequeña loma, un bosquete de eucaliptos nos marca la entrada de una antigua cantera de arenisca calcárea que se explota



en estos parajes, el mismo material rocoso que conforma la cercana Sierra de Gamaza y la Peña de Arcos. A su interés geológico hay que sumar el histórico, como recuerdan los hermanos De Las Cuevas en su monografía sobre Arcos, donde mencionaban los hallazgos realizados por Mancheño y otros en la Colada del Jadramil (14). Mas recientemente, excavaciones de urgencia en estas canteras permitieron conocer que en estos parajes del Jadramil, tan cargados de historia, se emplazaba un asentamiento de la Edad del Cobre (o Calcolítico), fechado entre finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio antes de nuestra era. Aparecieron aquí estructuras subterráneas (pozos y silos), de características similares a las puestas a la luz en las canteras de El Trobal, próximas a Nueva Jarilla. Junto a estas estructuras funerarias prehistóricas se encontraron también enterramientos de época romana. Para un mayor conocimiento de este interesante yacimiento remitimos al lector a los trabajos de María Lazarich González (15).

Pero volvamos de nuevo a la arenisca y al paisaje. Esta roca, también conocida como “caliza tosca” o calcarenita, formada en el Mioceno superior, tiene naturaleza porosa y permite la filtración de las aguas de lluvia y escorrentía hasta niveles inferiores.



Aparecen aquí materiales menos permeables (margas gris-azuladas o de color crema), que retienen el agua y favorecen, en los puntos donde se dan las condiciones geológicas adecuadas, la aparición de fuentes y manantiales (16).

Uno de estos puntos es la conocida Fuente de Jadramil (o Jaramil) que encontramos en un prado, a la derecha de la carretera en dirección Arcos, pasada la entrada del cortijo, en un paraje en el que antaño abundaban las chumberas, hoy destruidas por una imparable plaga. El manantial ha sido encauzado hasta una pequeña construcción con bóveda de ladrillo, que guarda un pequeño depósito de agua desde el que se alimenta un curioso pilar. De forma rectangular, estrecho y muy alargado, el pilar permite que beban en él simultáneamente un buen número de cabezas de ganado. No en balde se emplaza en un antiguo descansadero de la vía pecuaria. Su fuente mana durante todo el año y sólo se agota en ocasiones excepcionales habiendo sido usada tradicionalmente para el abastecimiento ganadero, aunque en tiempos pasados también se utilizaban sus aguas para beber. A las orillas del reguero que forman las aguas que salen de su caño, nunca faltan los típicos berros que muchos vecinos recogen.



Dejando atrás la fuente del Jadramil, nuestra ruta pasa ahora junto a La Mancheña, que queda a la izquierda, poco antes del cruzar el puente sobre el arroyo Salado de Espera, tributario del Guadalete al que se une en las proximidades de la Junta de los Ríos. Este modesto curso fluvial, escoltado aquí por cañas y tarajes, tiene sin embargo violentas crecidas que cortan la carretera en numerosas ocasiones. Desde aquí, el camino inicia un pequeño repecho que deja a la izquierda una singular construcción, el Cortijo de San Pedro, construido en 1929 como indican los azulejos de su fachada, en la que destaca una curiosa puerta de entrada, con un tejado elevado sobre la línea de cubiertas de las demás dependencias. Conocido también como Rancho de Beltrán, el cortijo estuvo en otro tiempo dedicado a la cría caballar. Frente a la entrada, un curioso pilar nos da pistas de ello (17).



Nuestro camino llega a su fin y, al poco, damos ya con el desvío para la autovía Jerez-Arcos y los accesos a esta población, fin de nuestro camino y del recorrido por esta olvidada carretera secundaria tan cargada de paisajes y de historia.

Para saber más:
(1) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 150.
(2) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 76.
(3) Ibidem, 180
(4) Ibidem, 302-303
(5) Martí Solano, J.: Excavación arqueológica de urgencia en la necrópolis hispanovisigoda de "Sanlucarejo". Arcos de la Frontera. Cádiz, Anuario Arqueológico de Andalucía, 1991, III Actividades de Urgencia, pp. 29-36. El emplazamiento se describe en p. 29 y siguiente. Ver también Carta Arqueológica del término municipal de Arcos de la frontera, 2009, Vol. III (1), p. 133-146
(6) Martí Solano, J.: Op. Cit. p. 35
(7) Mora-Figueroa, L. de:La necrópolis hispanovisigoda de Sanlucarejo (Arcos de la Frontera, Cádiz)”. Estudios de Historia y Arqueología medievales, 1, pp. 63-76. Universidad de Cádiz, 1981, Cádiz.
(8) Carta Arqueológica…, Op. Cit., p. 315-320.
(9) Pérez Regordán, M.: Op. cit. p. 302;
(10) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 83.
(11) De las Cuevas, J. y J.: Historia de una finca, Jerez Industrial, 1958.
(12) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. C. de Obras Públicas y Transportes. 2002, p.; 318)
(13) Clavijo Provencio, R.:Historia de una finca”, Diario de Jerez, 12 de abril de 2008. También se dan las referencias de este libro al Cortijo de San Rafael en Pérez Regordán, M.: Op. cit. p. 302;
(14) De las Cuevas José y Jesús.: Arcos de la Frontera. Diputación de Cádiz. 1985. pp. 24 y 50.
(15) Lazarich González, María. (2003): El Jadramil (Arcos de la Frontera). Estudio arqueológico de un asentamiento agrícola en la campiña gaditana. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera. Cádiz. 496 pp.
(16) Mapa Geológico de España. Hoja 1.062. Paterna de Rivera. Instituto Geológico y Minero de España. 1987. pg. 18-20
(17) VV.AA.: Cortijos… Op. Cit. p. 465.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Carreteras secundarias, En torno a Arcos, Fuentes, manantiales y pozos, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 1/07/2018

El Salado: algo más que un arroyo (1).
Un recorrido por los paisajes y la historia del arroyo Salado de Caulina.




En diferentes ocasiones, hemos traído a estas páginas en las que compartimos con los lectores nuestros recorridos por los paisajes y la historia en torno a Jerez, algunos artículos dedicados a los cursos fluviales más importantes que discurren por nuestro término, con especial incidencia -como no podía ser de otro modo- en el Guadalete y el Majaceite.

Poco a poco, sin embargo, nos iremos ocupando también de otros cursos menores (Guadajabaque, Mata Rocines, Buitrago, Salado de Paterna…) que por su cercanía a la ciudad, por su vinculación a nuestros paisajes y a nuestra historia guardan no pocos aspectos de interés. Hoy vamos a fijar nuestra atención en uno de ellos, el Arroyo Salado. ¿Nos acompañan?

El Salado: algo más que un arroyo.

Junto a nuestros dos ríos principales, el Salado, denominado comúnmente como arroyo Salado de Caulina, es el más citado en las fuentes documentales antiguas y el más estrechamente relacionado con distintos episodios de nuestra historia. Este curso fluvial, ha sido conocido también con los nombres de Badalejo, Badalac, Badalae, Salado de Cuenca, Albadalejo… figurando con todos ellos en distintas páginas de la historiografía tradicional jerezana y en los planos y mapas de los últimos tres siglos (1).

El Salado drena un amplio territorio situado al noreste de la ciudad de Jerez, comprendido entre la sierra de Gibalbín, los Llanos de Caulina y la margen derecha del Guadalete. La extensión aproximada de su cuenca es de unas 23.000 hectáreas (2) mientras que la longitud de su curso principal, es de unos 13,5 km, contados a partir del puente del Rizo, poco antes de su entrada en los Llanos de Caulina, donde su cauce se amplia y su corriente se torna ya permanente. A esta longitud habría que sumar otros 10 km, que es la que le aportan algunos de los arroyos tributarios de su cabecera.

Se forma el Salado por la confluencia de una amplia red de cursos menores que avenan este extenso rincón de la campiña. Así, en las cercanías de Las Mesas de Santiago se unen los arroyos (del Palomar, de la Silla, de La Plata…) que bajan de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur y que arraciman sus aguas en el arroyo de Santiago.

En las proximidades de los cortijos de Jarilla y Jareta se suman a este curso otros pequeños arroyos como los de El Chivo, Montecorto y Arroyodulce. De la importancia de los aportes de esta pequeña cuenca dan idea los desbordamientos que, en los últimos años, inundaron (y destruyeron) algunos tramos de la carretera de Torre de Melgarejo a Gibalbín, en la zona de Majarazotán.



Las imágenes que tomamos en octubre de 2008 muestran la fuerza de las avenidas de este arroyo a la altura del puente de la traza del ferrocarril de la Sierra, junto a la que fuera antigua estación de El Rizo.

Por los Llanos de Caulina, Morla y El Mayorazgo.

A partir del cortijo del Algarrobillo (próximo a la barriada rural de La Inmaculada, junto a Torremelgarejo) y ya con el nombre de Arroyo Salado, se adentra en los Llanos de Caulina cuyas tierras improductivas en las que crecían extensos palmares y juncales, fueron transformadas en tierras de regadío en la segunda década del siglo pasado.

Fue entonces cuando se realizaron obras de drenaje y canalización para evitar los encharcamientos e inundaciones, “domesticando” el curso del río que vio profundamente alterado su cauce histórico, realizándose también en muchos lugares grandes obras de nivelación de terrenos para favorecer el riego. Como pueden verse en las imágenes aéreas del conocido “Vuelo Americano de 1956” se enderezaron buena parte de sus tornos perdiendo su trazado meandriforme a favor de tramos más rectilíneos. En algunos sectores, se construyó un nuevo cauce protegiendo sus riberas artificiales con grandes muros para frenar la erosión.

Desde el Algarrobillo, cruza el Salado por entre las tierras de Morla y las de El Mayorazgo que fueron habilitadas para el cultivo por el I.N.C. y repartidas estas últimas entre pequeños agricultores hace más de sesenta años.

Llegamos a este diseminado por un desvío a la izquierda de la carretera que une Torremelgarejo y Gibalbín, adentrándonos por un paisaje de cultivos agrícolas entre las viviendas de los antiguos colonos que, a diferencia de en otros núcleos rurales, fueron aquí construidas de manera aislada, en las parcelas.

Desviándonos por los carriles que se trazan en los Llanos podemos seguir el curso del Salado que mantiene un mínimo caudal hasta en los meses más secos al recoger los excedentes de riego de las parcelas por los canales de drenaje.

Un camino de servicio que corre paralelo junto a la autopista A-4, nos ha llevado hasta las proximidades del cortijo Las Pitas. En sus proximidades cruzan el Salado los puentes de la autovía de Arcos, atravesando el río la dehesa de Sepúlveda donde antes de las intervenciones del INC se encontraba la laguna de Torres o de Sepúlveda, que se desecó.



Poco antes de llegar a Estella del Marqués se le une el conocido Arroyo del Rano o del Cuadrejón que viene desde las tierras de Romanina y de La Torre de Pedro Díaz, bajando de las faldas de la sierra de Gibalbín, después de haber pasado por las cercanías del cortijo de El Trobal y de Nueva Jarilla.

Este pequeño pero importante tributario canaliza las escorrentías del sector occidental de los Llanos de Caulina y es, con sus 13 km de largo, el principal afluente del Salado, drenando una cuenca de casi 6.000 hectáreas. Este arroyo, recoge las aguas de la Ciudad del Transporte, y las Dehesas de Siles y de las Carreras, entre otros sectores de la campiña (3).

Por Estella del Marqués y los Llanos de la Catalana.



El Salado llega así a las tierras donde se asentó el antiguo descansadero de Albadalejo, auténtico cruce de caminos del Jerez rural, donde en 1956 se levantó el poblado de colonización de Estella del Marqués. Al llegar a esta población, junto a la conocida Venta Las Cuevas, cruza nuestro arroyo bajo los arcos del puente de la carretera de Cortes, en un lugar donde existieron ya dos antiguas alcantarillas en el siglo XVIII (4). Esta zona se ha visto inundado en no pocas ocasiones por las furiosas crecidas del arroyo cuyas aguas han llegado a cortar también la autopista Sevilla-Cádiz en momentos de grandes desbordamientos, como los de febrero de 2010, que se muestran en las fotografías de J.J. Cabrera Bueno que acompañan este artículo y en los que quedó aislada Estella (5).



Aguas abajo de esta población, el Salado discurre ahora por los Llanos de la Catalana, dejando a su derecha a la autopista A-4. Aunque aquí presenta un tramo recto, antaño su curso se acercaba hasta el paraje de Las Salinillas, un curioso humedal salobre del que nos ocupamos en otra ocasión (6). En este lugar atraviesan el cauce del arroyo las conducciones del acueducto de Tempul y del acueducto de los Hurones. El primero trae desde 1869 las aguas del manantial de Tempul hasta los depósitos del Parque Zoológico, el segundo, nos muestra aquí su gran tubería de hormigón que desde la década de los 50 del siglo pasado abastece a la Zona Gaditana desde el pantano de los Hurones, transportando sus aguas hasta los depósitos reguladores de San Cristóbal. Poco más adelante, recibe por la derecha a uno de sus tributarios más urbanos, el arroyo de la Canaleja, que recoge buena parte de las aguas pluviales del casco urbano de Jerez canalizadas por colectores hasta la conocida urbanización Zafer.

Siguiendo su curso, a los pies de los cerros de Montealegre el Salado es cruzado por un nuevo puente de la autopista A-4, bajo cuyas vigas llaman la atención los curiosos nidos de la golondrina dáurica. En este rincón, aún pueden verse en sus riberas algunos fresnos, árboles que junto a los álamos y tarajes debieron formar sus galerías vegetales antes de que las obras de canalización de la década de los cincuenta del siglo pasado alteraran considerablemente su trazado.

Si por los Llanos de Caulina el valle del Salado mostraba una anchura que, en algunos puntos, era superior a los 5 km, en La Catalana esta distancia se va reduciendo drásticamente estrechándose entre los cortados del pago de Montealegre a su derecha y los cerros de Lomopardo a la izquierda, separados ambos por apenas 400 m, distancia que se reduce a la mitad conforme nos acercamos a La Cartuja. En estos parajes estuvieron ubicados, siglos atrás, la molineta de La Catalana y el antiguo molino de La Cartuja.

Dos nuevos puentes cruzan ahora aquí cauce: el nuevo que conduce a la autovía de Los Barrios y el de la antigua carretera de Medina, que pasa junto a Viveros Olmedo. Desde este último aún pueden verse, aguas abajo, los estribos de las primeras alcantarillas que cruzaban el salado en los siglos medievales (7). Apenas 400 m separan este lugar de su desembocadura en el Guadalete, al que se une en su orilla derecha en un hermoso rincón situado 400 m aguas abajo del puente de Cartuja, a cota 6 m.s.n.m.

El Salado y las inundaciones.

Sin embargo, este rincón de la campiña, donde confluyen el salado y el Guadalete, no siempre ha sido tal como lo vemos en la actualidad ya que en los últimos años ha sufrido grandes transformaciones, en este caso para bien.



Como ya se ha apuntado, cuando después de unos días de fuertes lluvias en la campiña se producen episodios de avenida, el Salado puede llegar a transportar un enorme caudal al tener que dar salida a las escorrentías de su amplia cuenca de recepción.

A diferencia de la del Guadalete, regulada por distintos embalses que pueden amortiguar los efectos de las >avenidas, la del Salado ha de ser desaguadas a través del río principal, sin otro recurso que la laminación de sus caudales en su llanura de inundación, los Llanos de Caulina, que se transforman en estos momentos críticos en una inmensa laguna. El estrechamiento del valle, que se produce entre los cerros de Montealegre y Lomopardo, próximo ya el punto de confluencia con el Guadalete, el aterramiento de su cauce y la densa vegetación que crecía en las orillas del tramo final del arroyo disminuyendo su sección, habían convertido este punto en un auténtico “cuello de botella” con nefastas consecuencias en los momentos de grandes crecidas.

La fuerte corriente del Guadalete suele producir en estos casos un “efecto tapón” sobre la del Salado, que se incorpora en dirección casi perpendicular a la del río principal, con lo que se dificulta enormemente su rápida evacuación. Se producen entonces grandes retenciones que impiden el desalojo de la gran lámina de agua transportada por el arroyo. Ésta, se extiende curso arriba hasta las cercanías de Estella del Marqués, formándose grandes balsas de agua en los llanos de La Catalana que han llegado a cortar, como se ha dicho, el trazado de la autopista A4, causando también grandes daños materiales en cultivos y otras instalaciones.

Recuperando el Salado: restauración ambiental.



Para tratar de paliar algunos de los problemas descritos, durante el verano y otoño de 2011 se realizaron obras de restauración ambiental en distintos puntos del río Guadalete y sus afluentes. Uno de ellos fue el paraje donde el Salado de Caulina confluye con el río, considerado como uno de los puntos más críticos de la cuenca debido a las grandes inundaciones que este arroyo provocaba aguas arriba. Se retiraron entonces lodos y sedimentos acumulados en sus riberas, en la zona trasera de Viveros Olmedo, y se cortaron numerosos eucaliptos que habían invadido el propio cauce del río disminuyendo la sección del canal fluvial, lo que le restaba capacidad de desagüe en los episodios de avenida, favoreciendo desbordamientos en casos de grandes lluvias. Aquellas obras, en las que se invirtieron 108.165 €, restituyeron la sección hidráulica del arroyo, despejando sus riberas de los grandes eucaliptos que cegaban el cauce, especialmente en el tramo aguas abajo del puente de “Viveros Olmedo” y en la margen derecha de las riberas del meandro de La Isleta. Se cortaron entonces unos 1300 pies en este sector, lo que da idea de la densidad de la masa forestal que casi estrechaba el arroyo e invadía, igualmente, el cauce del Guadalete (8).



Los álamos, tarajes y sauces, que forman parte de la vegetación natural del río, se respetaron, con lo que los sotos fluviales están recuperando, poco a poco, el aspecto que tuvieron décadas atrás, antes de que los eucaliptos invadieran las alamedas. También se retiró una gran cantidad de sedimentos para despejar el cauce, rectificando parcialmente el tramo final del Salado, que se ensanchó en su margen derecha. Con ello se consiguió también que el ángulo de incorporación al río, casi perpendicular, fuese más abierto lo que ha facilitado ya en las crecidas de estos últimos años, el flujo de caudales paliando en parte ese “efecto tapón” ya descrito.

A todo ello hay que unir la mejora paisajística que hace un par de años se llevó a cabo en la margen izquierda del Guadalete, frente a la confluencia del Salado, donde se retiraron también sedimentos y eucaliptos y donde se ha recuperado para el paseo un importante tramo de la ribera. En octubre de 2017, en el último tramo del arroyo, ha tenido lugar la retirada de la antigua tubería que, adosada al Puente de Cartuja, cruzaba también junto a Viveros Olmedo, apoyada en los estribos de la antigua “alcantarilla” del Salado, histórico puente cuyos restos esperamos ver recuperados algún día, máxime si se



tienen en cuenta los futuros proyectos de trazar por estos rincones del río un sendero fluvial para el uso y disfrute de todos los ciudadanos (9).

En nuestro próximo artículo haremos un recorrido por las historias más significativas en torno al Salado de Caulina, “algo más que un arroyo”.
Continuará
Para saber más:
(1) Sobre los diferentes nombres del Arroyo salado pueden verse los trabajos de Alberto Manuel Cuadrado Román, y en especial: Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90. Del mismo autor: El Guadalaque en un documento de Alfonso X, Diario de Jerez, 16 de febrero de 2008; 'Guadalete y Guadalquivir en la geografía antigua', Diario de Jerez, 25 de noviembre de 2008; El Badalac, el río perdido, Diario de Jerez, 7 de junio de 2011., entre otros. Numerosas referencias Salado de Cuenca desde los siglos medievales pueden verse también en Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.
Con respecto a la cartografía, pueden consultarse: Llobet F.: Mapa del Reynado de Sevilla, 1748. López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes, 1787; Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz; Lechuga y Florido, A.:Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000, entre otros.
(2) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez, Diciembre de 2011, Págs. 43-35.
(3) Ibidem, p. 43.
(4) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 de octubre de 2015.
(5) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010 (III), publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010.
(6) García Lázaro, J. y A.: Salinas con historia junto a Estella del Marqués, Diario de Jerez, 28 de junio de 2015.
(7) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes… obra citada.
(8) Fonteseca, G.:La Junta actúa de nuevo sobre los cauces del término de Jerez”, Información Jerez, 15 de Mayo de 2011; García Lázaro, J. y A.: Obras de restauración ambiental en el Guadalete (IV), 31 de octubre de 2011: http://www.entornoajerez.com/2011/10/obras-de-restauracion-ambiental-iv-el.html
(9) Aleu, F.C.: Un gran paseo unirá Jerez con El Puerto a través del Guadalete , Andalucía Información, 31 de enero de 2017.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: : Paisajes naturales, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/06/2018

 
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