De toros, vacas y bueyes.
El ganado vacuno en la toponimia y los paisajes de la campiña.




A nuestro amigo Javier Espinosa Romero, veterinario.

Aunque de un tiempo a esta parte ha venido perdiendo su esplendor de antaño, la Feria de Jerez tuvo como uno de sus pilares la exposición y el mercado de ganados en recuerdo del importante papel que la actividad pecuaria jugó siempre en la economía de nuestra tierra. Si la ganadería caballar es la que por excelencia se ha vinculado más a la campiña jerezana y la que ha dado más fama a la ciudad, el ganado vacuno –vacas, toros y bueyes- ha estado desde antiguo muy presente en la historia de la ciudad.



A finales del s. XV tenemos ya noticia de su importancia en la cabaña local y así, en 1491… se supo por declaración de los conocedores, el número de ganado que entonces havía en esta Ciudad y son estos: 17.840 vacas, 1.662 yeguas, 28.592 ovejas, 3.850 cabras y 4.930 puercos” (1). Apenas 30 años más tarde se da cuenta de la existencia de más de 20.328 vacas en 1519 (2) que pastan en los “echos”, espacios acotados para la ganadería que se ubican en las tierras del este del término municipal y en las dehesas y baldíos situadas al sur del Guadalete.

A mediados del siglo XVIII (1754), la ciudad cuenta con 16.679 cabezas de ganado vacuno (3). En esa misma época, en las respuestas al Catastro de Ensenada (1755), ya se señala la mayor rentabilidad de la cría de reses bovinas frente al ganado caballar, afirmándose que “El Ganado Bacuno está contemplado que cada tres Bacas producen anualmente un Becerro útil y su valor es ciento diez Reales de vellón”. De las yeguas se apunta una producción similar, si bien se la valora en “noventa reales de vellón”, un precio inferior al pagado por vacas y toros (4). Junto a las grandes familias de la nobleza, algunos conventos eran los mayores propietarios de ganado vacuno. A modo de ejemplo citaremos cómo en 1755 La Cartuja declaraba entre sus propiedades 453 bueyes y 773 vacas, mientras que el convento de Santo Domingo poseía 100 bueyes y 136 vacas. A ellos le seguían los Jesuitas, que en 1767 contaban con 97 bueyes y 75 vacas (5).



Un siglo después (1846) la cabaña jerezana se cifraba en 15.000 cabezas de ganado vacuno (por 8.000 de caballar), tal como recogen los datos estadísticos del Diccionario Geográfico de Madoz (6). Ya en nuestros días, a comienzos del siglo XX (2003), el ganado bovino sigue siendo el que tiene una mayor representación en el término municipal jerezano con unas 28.314 cabezas censadas, de las que la mitad son hembras reproductoras El ganado caballar, pese a su especial relevancia en el municipio, ofrece un cómputo de 5.273 cabezas (7).

En la actualidad numerosas explotaciones, tanto en extensivo con en intensivo, siguen dedicadas a la cría del ganado vacuno, haciendo de Jerez el principal centro ganadero provincial y uno de los más importantes de Andalucía. Como dato curioso, en nuestro término contamos también con un buen número de ganaderías de bravo. Entre las más conocidas figuran la de F. Domecq (antigua ganadería del Marqués de Domecq) en Martelilla, finca en la que también pastan los toros de la de J.P. Domecq. El Romero acoge la ganadería de M.ª D. González Gordon y la finca Corteganilla, próxima a Gigonza, la de Cebada Gago. En el Cortijo de La Sierra, junto a Gibalbín, se crían los toros de Rocío de la Cámara. En El Corchadillo y Garcisobaco, en los Montes de Jerez, hallamos la de S. Domecq, en Fuente Rey los toros de Fermín Bohórquez, en la Dehesa de La Fantasía, junto al Mojón de la Víbora, los de A. y D. Vilariño…



Recién terminada esta Feria de tantas evocaciones ganaderas, queremos invitarles a un paseo por el término municipal para rastrear en los parajes de nuestro entorno, esa geografía del
ganado vacuno que descubrimos de la mano de la toponimia y de la historia. ¿Nos acompañan?

Bueyes en el paisaje y la toponimia.

Como es bien conocido por los lectores, los bueyes son los toros que se castran después de la pubertad (de cuatro años en adelante) para ser utilizados, por su fortaleza, como animales de tiro en el transporte de cargas o en diferentes faenas agrícolas, especialmente el arado. A veces eran también dedicados al engorde para, tras su sacrificio, servir de alimento. Hasta la mecanización del campo, eran insustituibles en aquellas labores en las que se requería una gran potencia de tracción que no podían proporcionar los mulos, por lo que los grandes cortijos y haciendas contaban con buen número de bueyes, para cuya alimentación se reservaba una importante superficie de las fincas.

No es de extrañar por ello que, desde antiguo, en las tierras comunales se dispusieran algunas dehesas donde las reses de labor de los vecinos pudieran pastar libremente, de acuerdo a lo establecido en las ordenanzas municipales (8). En la campiña se conservan aún topónimos que lo recuerdan como es el caso de la Dehesa Boyal, situada frente a Torrecera a orillas del Guadalete, por donde cruzaba el camino de Jerez a Gigonza atravesando el río por la Pasada o Vado del Boyal. En este mismo lugar existió una barca de pasaje de la que tenemos noticia por Bartolomé Gutiérrez, quien al describir en 1756 las dehesas del término jerezano señala que la Dehesa Boyal está en el “linde del Guadalete y tiene la fuente de la Barca” (9). En este mismo paraje aún perdura el arroyo del Boyal, así como el Cortijo El Boyal, donde se levantó hace unos años un centro ecuestre, actualmente cerrado.



En otros cortijos de la campiña se mantiene el topónimo de Cerro del Buey, tal vez en recuerdo de las tierras reservadas para los pastos de las reses en estos lugares. Tal es el caso del Cortijo de Alcántara, donde el Cerro del Buey se alza en las laderas que limitan el embalse del arroyo del Gato, o el del cortijo La Matanza, donde el Cerro del Buey destaca, junto a Baldío Gallardo en un paraje dominado por los aerogeneradores del parque eólico de Doña Benita. Con el nombre de Cerro del Buey se conoce también un lomo, entre la Ronda Oeste y el Rancho Colores, que perteneció al antiguo convento de Santo Domingo, y que hoy forma parte del cortijo del mismo nombre. El Cerro de Matabueyes, junto la Cañada Real de Salinillas, que une San José del Valle con Peña Arpada, en las proximidades de Gigonza, puede tener su origen en las duras condiciones del terreno para los animales de labor y para la realización de las tareas agrícolas.



Vacas y becerras.

Al igual que los bueyes, las vacas están muy presentes en la toponimia dando nombre a distintos rincones de nuestras campiñas y sierras. Frente a Gigonza, en las tierras de Corteganilla donde pastan los toros bravos de la ganadería de Cebada Gago, está desde antiguo la Loma de las Vacas; mientras que, en Cuartillo de Plata, junto a Gibalbín, se conserva el nombre de Majada de las Vacas para un sector de la finca donde unos pequeños arroyos discurren entre el olivar que se plantó hace unos años en estos parajes. En el cortijo de El Barroso, junto a la denominada carretera de las Viñas, el haza Besana de las Vacas, cercana a San José de Prunes, nos recuerda que en otros tiempos este paraje cruzado por el arroyo de Tabajete hoy sembrado de garbanzos, fue una dehesa dedicada a la cría de ganado vacuno.



Las vacas también aparecen en la toponimia como “víctimas” de las dificultades que les imponen nuestros ríos y montes. Así lo atestiguan el Regajo de Matavacas, que nace a los pies mismos de la Torre de Gibalbín y tras cruzar las tierras del cortijo de La Guillena, se dirige hacia las marismas de Lebrija con crecidas torrenciales en época de grandes lluvias.

Algo parecido sucede con el modesto Arroyo de Matavaca (hoy conocido como del Palmetín), que cruza las tierras del cortijo del Parralejo antes de unir sus aguas a las del embalse de Guadalcacín.



En este arroyo se construyó el puente del Palmetín sobre el que pasa el acueducto de los Hurones.

Un topónimo curioso es el de Huelvacar que da nombre en la actualidad a la Huerta y a la cortijada de Huelvacar, junto a la carretera de Medina a Paterna, en un rincón de la campiña que en la época medieval formó parte del término jerezano. Ya en el siglo XV se tiene constancia del “echo de la Boca del Guadalbacar” y de los proyectos de repartir estos baldíos dedicados a pastos, entre los campesinos sin tierra (10).



Se trata del mismo topónimo que da nombre a la cabecera del arroyo que hoy se conoce como Salado de Paterna, y que como ha señalado el profesor Bustamente Costa procede del árabe andalusí wád al-baqár: “río o vaguada de las vacas” (11).



Los becerros no podían faltar en nuestro paisaje y un ejemplo de ello es el Peñón de la Becerra, lomo rocoso situado en la zona de los Montes de Jerez, junto a los Tajos de la Penitencia, a cuyos pies pasa el río Majaceite poco antes de entregar sus aguas en el embalse de Guadalcacín. Más escasos que vacas y becerros son los vaqueros y así, sólo la Fuente de la Vaquera, los recuerda. Este paraje se encuentra en Montealegre Alto, junto a la Hijuela del Serrallo, en el tramo final antes de bajar al Monasterio de La Cartuja. En él se encuentra una antigua fuente que, al igual que otras alimentadas por el acuífero de Los Albarizones, fue inspeccionada por el ingeniero Ángel Mayo para el posible abastecimiento de Jerez en el último tercio del siglo XIX (12).

Toros, toriles… y toreros.

Para terminar este recorrido por los lugares cuyos nombres se vinculan a nuestro pasado ganadero, vamos a ocuparnos de los relacionados con el toro. Así, próximo al conocido descansadero de El Barroso, donde se cruzan la carretera de las Viñas con la de Añina, encontramos el Prado del Toro, junto al que suele hacer el rengue la hermandad jerezana del Rocío en su camino hacia Bajo de Guía. En la Dehesa de los Caños, situada en las laderas de la Sierra de las Cabras y dedicada en buena parte a la cría de ganado retinto, está desde antiguo la Fuente del Toro. Frente a la pantaneta de Jara, en la carretera de Torremelgarejo a Gibalbín, el olivar de La Basurta crece en las faldas del Cerro de Toro. A unos kilómetros de aquí, en las proximidades de Gibalbín el cortijo Cuartillo de Plata tiene entre sus olivares una pequeña elevación que se conoce también como Cerro del Toro. En Cuartillos existió la Viña El Toro, junto a la Cañada de las Ánimas, próxima al parque de las Aguilillas y en El Portal, entre el Rancho de La Bola y las nuevas viviendas, hubo también otra Viña El Toro, en un paraje hoy conocido como El Almendral. Ambas viñas desaparecieron con el tiempo dedicándose a otros cultivos. Másconocida y con apenas unas décadas de existencia, es conocida la Finca El Toro, junto a la carretera de Cartuja. Otros toros singulares, los cabestros, tienen también un lugar en nuestra toponimia conservándose el nombre de Charco de los Cabestros, en la dehesa de La Jardilla, en los Montes de Propios de Jerez. Como es conocido, los cabestros son una raza especial de toros que se castra a los dos años para facilitar su doma, empleándose sobre todo en las tareas de manejo de las reses bravas en el campo y en las plazas de toros.

Muy abundantes en la geografía de la campiña son los toriles. Entre los más antiguos se encuentra el del Rancho de la Capota, junto al cortijo el Parralejo, a los pies de la carretera que conduce al Tempul. Este singular Toril, próximo al Arroyo de Matavacas o del Palmetín, tiene tres corrales circulares unidos y figura ya



en los mapas que en 1783 trazó la expedición ordenada por el Conde O´Reilly, gobernador de Cádiz, al objeto de reconocer los restos del antiguo acueducto romano de Tempul a Gades. La toponimia y la cartografía recogen también, con nombre propio, algunos toriles singulares y muy antiguos como el Toril de Garcisobaco (dehesa que en la actualidad tiene ganadería de bravo), el del Rodadero, el de Garganta Millán, el Toril de las Pitas, en el rancho del mismo nombre ubicado junto al arroyo de Cabañas, en los llanos de Malabrigo, o el del cortijo de La Alcaría, donde aún se conserva la Cañada del Toril. En la sierra de La Sal o de Alazar, encontramos la Dehesa de Pesebres, próxima a la del Romero, dedicada también desde antiguo a la cría de toros y vacas.

Tampoco podían faltar en esta relación de lugares relacionados con el toro los que hace alusión a sus pastores: los toreros. Ya en los siglos medievales la ciudad pagaba a los toreros de La Jarda, que cuidaban las vacadas y toradas en las tierras comunales dispuestas para ello. Aún hoy se conoce como Loma del Torero al espolón montañoso que desde la Peña de La Gallina llega hasta el cortijo de El Marrufo. Desde este lugar baja hasta la Garganta de la Sauceda el Arroyo de los Toreros, nombres ambos que nos recuerdan la vocación ganadera de estos parajes serranos próximos al Puerto de Gáliz.



Junto a San José del Valle discurre la Garganta del Valle, conocida también como Arroyo de los Toreros que desde hace unos años cuenta con un sendero en sus orillas que permite recorrer, en un agradable paseo, el tramo urbano de este pequeño curso fluvial tributario del Majaceite que trae sus aguas desde la Sierra de Alazar y Los Llanos del Valle.



A título anecdótico mencionaremos aquí otros toros muy singulares que ya figuran en la cartografía y en la toponimia: los Toros de Osborne. Elevados por la Junta de Andalucía a la categoría de Monumento del Patrimonio Histórico de la región, en los alrededores de Jerez se conservan dos de ellos: el de la cuesta de Matajaca y el del Cerro del Cuadrejón, próximo a Nueva Jarilla, junto a la autopista.


Los Conocedores y el Hato de la Carne.

Para terminar, mencionaremos otros dos topónimos jerezanos muy vinculados a la ganadería vacuna. El primero es el de Conocedores, que desde el siglo XVI da nombre a una calle del antiguo barrio de San Pedro ya que en ella se avecindaban varias personas dedicadas a este oficio ganadero (13). El segundo es el de Hato de la Carne, paraje situado en los Llanos de Caulina, en la antigua Dehesa de los Carniceros. “Esta dehesa cumplía una doble finalidad: si por un lado concentraba el ganado que había sido destinado para el abastecimiento de la ciudad, por otro se constituía en el punto de partida de la mesta local que se dirigía a la sierra jerezana. "Lo primero, que la mesta se haga xunto con la dehesa de la Carne desta çibdad. Es lugar muy conocido...junto al Toril de la Carne desta çibdad. Yten, quel dicho lugar serca del dicho Toril se traygan, por los conoçedores desta çibdad, todos los ganados bacunos que tubieren en sus hatos” (14). No es de extrañar que por esta vinculación ganadera, en 1868 se estableciera el Mercado de Ganados en el Hato de la Carne. Pero esta es ya otra historia… Que tengan ustedes buen final de Feria.


Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol II, p. 281.
(2) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 69
(3) Parada y Barreto, D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera, Imprenta del Guadalete, 1878, Edición Facsímil, Extramuros, 2007, p. LXXXIV.
(4) Orellana González, C.:El Catastro de Ensenada en Jerez de la Frontera” Colección de Monografías nº 2. Revista de Historia de Jerez nº 8, 2002, p. 16.
(5) López Martínez A.L.:Una élite rural. Los grandes ganaderos andaluces, siglos XIV-XX”, Hispania, LXV/3, núm. 221 (2005) 1023-104 p. 1038.
(6) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 250
(7) Consejo Económico y Social de Jerez.: Jerez, Economía y Sociedad 2003, p. 41-42, donde se ofrecen datos facilitados por la Delegación provincial de Cádiz de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía
(8) Carmona Ruiz M.A. y Martín Gutiérrez, E.: Recopilación de las ordenanzas del Concejo de Xerez de la Frontera. siglos XV-XVI. Estudio y edición. UCA, Servicio de Publicaciones, 2010, pp. 199-201.
(9) Gutiérrez B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC, Jerez, 1989, T. II. Libro 3º, págs. 318.
(10) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería… pp. 136-137.
(11) Bustamante Costa, J.:Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 39.
(12) García Lázaro, J. y A.: En busca del agua con el ingeniero Ángel Mayo, Diario de Jerez, 5/11/2013.
(13) y Gómez, A.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC, pp. 172-173.
(14) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pp79-80.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas relacionadas: Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos viñas y haciendas

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 21/05/2017

La Feria de Jerez… hace cien años.
Un paseo por la Feria de 1917.




Este domingo, recién estrenada la Feria del Caballo de 2017, les proponemos un paseo en el tiempo por el Real, para visitar la Feria de Jerez… de 1917.

Para situarnos en el tiempo, la ciudad cuenta en esos años con 65.000 habitantes y tiene al frente de la Alcaldía desde 1914 a Julio González Hontoria, político con amplia experiencia, quien ya había sido alcalde en otros tres periodos anteriores. Desde 1903, gracias a sus gestiones, Jerez dispone de un parque de ferias que acabaría llevando su nombre.

Durante casi dos meses, desde el 7 de marzo, la ciudad carece de suministro de agua al arrastrar la riada el sifón del acueducto de Tempul en La Florida, recuperándose de nuevo de manera provisional el 29 de abril, primer día de feria. La situación económica del Ayuntamiento atraviesa por dificultades y en los días previos a las fiestas, la prensa local se muestra muy crítica con la gestión del alcalde. Varias escuelas nacionales van a ser desahuciadas por impago del alquiler de los edificios y se adeuda también a los maestros desde hace meses parte de su sueldo (1). Los empleados municipales no cobran tampoco sus salarios, aunque para calmar los ánimos se ordena un pago de cinco duros el primer día de Feria. Peor suerte correrán los miembros de la Guardia Rural, que serán cesados en plenas fiestas al solicitar un anticipo de 6 pesetas (2).

Así las cosas, el presupuesto de la Feria de 1917, es relativamente modesto y asciende a 10.780 ptas., tal como se aprueba en la Sesión Ordinaria del Ayuntamiento el 20 de abril, destinándose las mayores partidas al alumbrado del Real y de varias calles (4.000), a la Exposición de Ganados (1.759) o a las cuatro funciones de fuegos artificiales (1.000), por mencionar sólo las más relevantes (3).



Los actos festivos comienzan el sábado 28 de abril por la noche, terminando el miércoles 2 de mayo. Así recogía la prensa local el inicio de la Feria: “En la plaza de Alfonso XII, se quemó anoche una vistosa función de fuegos artificiales, espectáculo que fue presenciado por millares de personas. La banda de música del Hospicio se estacionó en el crucero de las calles Santa María y Duque de Almodóvar, interpretando escogidas piezas de su repertorio. La animación en las referidas vías y en la Lancería duró hasta después de las doce de la noche. En los distintos trenes de ayer llegaron a ésta numerosas personas, tanto de la línea de Cádiz como de la de Sevilla. Durante todo el día presentaron animado aspecto las vías céntricas, viéndose muy concurridos los cafés, círculos y casinos” (4).

Pero la Feria propiamente dicha, aunque tuviera la “inauguración del alumbrado” en la Plaza del Arenal (Alfonso XII) y calle Larga (Duque de Almodóvar), se desarrollaba ya en el parque González Hontoria donde junto al bullicio de las casetas y las atracciones, tenían lugar las principales actividades del programa. Veamos algunas de ellas.

La Exposición de Ganados.

Desde sus inicios, allá por el s. XIII, la Feria de Jerez fue antes que otra cosa, un mercado ganadero. No es de extrañar por ello que, en recuerdo de aquellas ferias medievales y en reconocimiento a la repercusión económica de la actividad pecuaria, la feria jerezana mantuviese durante muchos años entre sus actividades exposiciones, muestras y mercado de ganados. En la de 1917 fue también uno de los “platos fuertes”, encabezando el programa de actos en el que se recogía que “en los días 25, 26 y 27 de Abril se celebrara una "Exposición de Ganados" concediéndose valiosos premios por la familia Real, Asociación de Ganaderos del Reino y otros Centros Superiores del Excmo. Ayuntamiento, diferentes Sociedades y personalidades”. En el presupuesto de la feria se destinaban 1.000 ptas. con destino a premios para esta actividad (5).



Con anterioridad a su comienzo, el acalde accidental Pedro Díaz López firmaba un bando en el que se regulaban los horarios de acceso del ganado al recinto de la Exposición, que se estabulaba en el Hato de la Carne (en los Llanos de Caulina) y era conducido hasta el Real por la Cañada de la Feria (actual Avda. de Europa). En él se prohibía "la venta en ambulancia de toda clase de artículos" en el Real de la Feria a quienes no hubiese satisfecho el correspondiente arbitrio (6).

La Exposición estuvo muy animada y entre los ejemplares presentados destacaban los lotes de los hermanos Guerrero, con sementales importados de Inglaterra, caballos de las razas hispano-anglo-árabe, hackney, lotes de yeguas para silla y tiro, yuntas de bueyes de raza española, lotes de gallinas de raza española, castellana, negras y de la raza Rhode Island. Fuera de concurso, la Yeguada Militar exponía a los sementales Van Dick y Visir, así como lotes de potros, yeguas con rastra y yeguas "vacías" (7). El Marqués de Casa Domecq participaba con distintos lotes de caballos, de potros, potrancas y yeguas, lotes de ovejas y de gallinas y gallos (8). De gran interés fueron también los lotes aportados por los Sres. Hijos de D. Francisco Perea, con caballos de raza española, potros, así como un hermoso caballo pura sangre árabe: Van Dick III (9).



El balance final de la Exposición tuvo luces y sombras. La prensa reflejaba que debido a la escasez de agua (al encontrarse la ciudad sin suministro) “…notóse la falta de lucimiento de los ejemplares presentados, efecto del polvo que se levantaba en aquellos alrededores (10). Hubo menos participación de que en años anteriores, pero aún así, el movimiento de ejemplares y de ventas fue notable y uno de los días se da cuenta de que “en el mercado entraron las siguientes cabezas de ganado Caballar (2.423), Mular (1.685) Asnal (818) Vacuno (2.032), Cabrío (1.291), Lanar (2.664), Cerda (1.225)”. A modo de ejemplo se menciona como el conocido tratante D. Antonio Muñoz, Antoñuelo, compró más de 1200 ovejas (11).

Las corridas de toros: El Gallo, Pacorro y Carnicerito.



El programa taurino incluía dos corridas: el domingo 29 y el lunes 30 de abril. Unos días antes la prensa informaba que "los novillos del Sr. Villalón llegarán a Jerez por tierra, quedando expuestos en los Llanos de Caulina, la víspera y el primer día de Feria” (12). En la misma crónica se criticaban duramente los altos precios pagados en el coso sevillano: “¡Qué imbéciles!



A veinte pesetas han llegado a cotizarse las entradas de Sombra para la corrida de hoy en Sevilla, y a nueve las de Sol. ¿Y habrá desgraciado que pague esas cantidades, por dos horas de espectáculo taurino? ¡Pobre país! No tiene cura
” (13). Los toreros Rafael Gómez “El Gallo” y Manuel Martín Vázquez, se desplazaron desde Sevilla en automóvil la noche anterior, mientras que Julián Saiz “Saleri” “llegó en el correo descendente” (14).

Como muestra del interés que suscitaban las corridas de toros, El Guadalete ofrecía un amplio reportaje de la "primera de Feria", en la que el cronista desplegaba los tópicos al uso: "El Presidente saca el moquero y hacen su aparición las cuadrillas que capitaneadas por "el Gallo", Vázquez II y "Saleri" son acogidas con palmas por las masas... Es el alarde viril de la raza... En los antepechos de los palcos, en las balaustradas y acodadas en ellas, emergen tras el mantón manileño, los bustos airosos y graciales de nuestras gentilísimas paisanas; son sus pechos, sus cabellos, floración de policromos cármenes, tocadas de blondas y de sedas, presetan perfiladas una ancestral silueta, que es nexo y paralelo rítmico, entre la fémina de hoy y aquella maja y señoril de antaño" (15).

Las crónicas de la corrida eclipsan por completo a la que sin duda a la noticia que todo el pueblo esperaba y que el diario despachaba en unas líneas: "Feliz acontecimiento" A las cuatro menos diez minutos de la tarde de hoy ha entrado el agua de Tempul en los Depósitos del Calvario" (16). La feria de 1917, con la llegada del agua, no podía empezar mejor, ya que la ciudad llevaba dos meses sin agua tras la rotura del acueducto de Tempul en La Florida, arrastrado por la riada del 7 de marzo. Por eso no es de extrañar que al detectarse la presencia en el palco del ingeniero Juan Gavala y de su colaborador, el también ingeniero González Gordon, artífices de la reparación del acueducto, el público estallara en una “ovación espontánea y calurosa” que se repetiría al día siguiente. Se rendía así un justo reconocimiento popular a quienes tanto habían hecho por la ciudad (17).

En la “segunda de Feria”, el lunes 30 de abril, toros de Villalón para los diestros "Pacorro", Domínguez y "Carnicerito". La prensa destaca que "después de celebrada la corrida de novillos hubo desfile de carruajes en el Parque, viéndose ocupados aquellos por hermosas mujeres que lucían, en muy escaso número, la clásica mantilla y el mantón filipino, prendas que por lo que viene utilizándose en esta tierra, parece que están llamadas a desaparecer.



Por la noche acudió numerosísimo público a la feria hasta el punto de llenar por completo las avenidas de peatones. Se quemó una vistosa colección de fuegos artificiales. Las casetas tanto particulares como públicas, se vieron muy concurridas. No obstante la aglomeración de público, no ocurrió el menor incidente desagradable
" (18).

Concurso Hípico Regional.

Como era tradicional, la Feria incluía pruebas hípicas que se celebraban en la pista de San Benito, donde realizaban habitualmente sus entrenamientos los jinetes de la Yeguada Militar, cuyas instalaciones eran colindantes. Con la denominación de Concurso Hípico Regional, contaba con un Comité de Honor presidido por D. Miguel Núñez de Prado, D. Pedro Nolasco González de Soto y D. Julio González Hontoria. Además de los trofeos y premios en metálico ofrecidos por diferentes instituciones, el Ayuntamiento había presupuestado 750 ptas. para la “adquisición de medallas para el concurso” (19)

En la prueba inaugural -el miércoles 2 de mayo, último día de feria- el primer premio, de 200 ptas., fue ganado por el caballo Cabezal montado por el teniente F. Alcaraz. La prueba Omnium, dotada con premio de 700 ptas., la victoria fue para el caballo Raspón, conducido por el teniente F. León. La crónica social añade que "la mayoría de las distinguidas personas que ocuparon las localidades de preferencia, tomaron el té en la hacienda de San Benito" y recuerda que durante la celebración de las pruebas, "la banda de música del Hospicio que con tanto acierto dirige el competente profesor D. Anselmo Apolo, interpretó el pasodoble "Viva la Jota", el vals Flores marchitas, La Corte del faraón, y otras conocidas composiciones” (20). Como dato curioso, la prensa destaca que ese último día de Feria llegaron a Jerez para visitar La Cartuja una expedición de 65 arquitectos que celebraban el VII Congreso Nacional en Sevilla, guiados, entre otros, por el arquitecto jerezano F. Hernández Rubio. Tras la visita al monasterio les esperaba un almuerzo en el Hotel Los Cisnes. Por la tarde, un recorrido por S. Miguel, la Colegial y las bodegas de González Byass, para regresar a Sevilla en el "exprés ascendente" (21).

El Concurso Hípico, en su segunda y última jornada del jueves 3 de mayo, “con las tribunas muy concurridas de personas distinguidas entre las que se encontraban la inmensa mayoría de las que integran nuestra buena sociedad", vería coronarse como ganador de la prueba “Honor” al caballo La Ina, propiedad del Marqués de Casa Domecq, quien obtuvo la copa donada por S.M. el Rey, siendo montado por el Capitán de Caballería D. Luis Moreno, quien recogió el galardón a los sones de la Marcha Real, interpretada por la banda del Hospicio que amenizó el acto. En la prueba nacional, el primer premio de 500 ptas. se le adjudicó al caballo Tarambana, montado por el teniente Francisco León (22).

La “Batalla de las Flores”.



Uno de los actos que tradicionalmente formaba parte de la Feria era la conocida Batalla de las Flores. Programada en esta ocasión para su último día, competían en este festejo singular carruajes y automóviles engalanados con flores naturales o artificiales cuyos ocupantes arrojaban ramos, flores, guirnaldas, serpentinas y papelillos. Para incentivar la participación el ayuntamiento había previsto 750 pesetas en premios, correspondiéndole 350 a la carroza más alegórica y artísticamente decorada con flores naturales, 200 al carruaje "más lujosamente adornado y con más gusto", 125 al carruaje o automóvil igualmente engalanado con flores naturales y un cuarto premio de 75 para toda clase de carruajes adornados con flores naturales o artificiales. (23)

La animación de los primeros años de su implantación, en los que nunca faltaban en esta fiesta la representación de las bodegas o de las familias distinguidas de la ciudad, se saldó en esta ocasión con un estrepitoso fracaso ya que la celebración había venido a menos en las últimas ediciones. Eso es lo que se deduce de la crónica publicada por El Guadalete donde se informaba que “La anunciada "batalla de flores" se redujo a ligeras escaramuzas, pues como previamente no se había inscripto ni un solo vehículo, los automóviles y carruajes que concurrieron sólo iban adornados con "modestos ramos" para poder "entrar en acción" según prevenían los programas". Al parecer, durante la celebración de la fiesta imperó un gran desorden por la ausencia de la guardia rural, que días antes había cesado el alcalde. El diario se extrañaba de que no hubiesen ocurrido desgracias personales ya que "numerosos chicos anduvieron poco menos que debajo de las patas de los caballos recogiendo las flores y serpentinas que caían al suelo, sin que nadie procurara retirarlos del peligro".



Irónicamente, y continuando con sus críticas a González Hontoria, señalaba que "Constituyó esta fiesta otro éxito para el alcalde, que quien por no recoger los "laureles" que pudieran corresponderle, tuvo a bien no aparecer por el Parque" (24).

El último día de Feria, y a modo de despedida, la prensa local refleja que “por la noche afluyó numeroso público al parque. Las avenidas de peatones se vieron totalmente ocupadas, como así mismo las casetas particulares y públicas”. Entre los incidentes curiosos que tuvieron lugar se señala la presencia de juegos ilegales ante la ausencia de la guardia rural, como "multitud de ruedas de las llamadas del 25, donde se ha engañado a los incautos, sin cortapisas que lo impidieran". A las diez de la noche, cuando mayor era la concurrencia en el Parque, "sentó sus reales en el mismo una vaca de leche que emprendió veloz carrera por una de las avenidas de peatones, sembrando el pánico entre cuantas personas deambulaban por aquellas. La gente se refugió en las casetas y, aunque se trataba de una vaca mansa "no faltó quien se despojase de la americana, sin duda para dejar en pañales a Joselito o Belmonte" (25).



Tras el susto de la vaca y como fin de fiesta, igual que ahora, tuvo lugar “una función de fuegos artificiales que fue presenciada por mucho público”. El 3 de mayo, un día después de terminar la Feria, El Guadalete publicaba la siguiente noticia: “Desde anoche han dejado de ser encendidas en las primeras horas, la mitad de las farolas del alumbrado público por gas” (26). Menos mal que esto pasaba… hace 100 años. ¡Feliz Feria!

Para saber más:
(1) El Guadalete, 26 de abril de 1917.
(2) Sobre la situación de estos días de abril y mayo, puede verse las noticias locales de El Guadalete, de los días 28, 29, 30 de abril y 1 y 2 de Mayo 1917. Las descalificaciones de la gestión del alcalde Julio González Hontoria son constantes y de un tono “subido”.
(3) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Punto 2, folios 437-441.
(4) El Guadalete, 29 de Abril de 1917
(5) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Ver punto 2, folio 440.
(6) El Guadalete, 24 de Abril de 1917.
(7) El Guadalete, 25 de Abril de 1917.
(8) El Guadalete, 26 de Abril de 1917.
(9) El Guadalete, 27 de Abril de 1917.
(10) Ibídem.
(11) El Guadalete, 1 de Mayo de 1917
(12) El Guadalete, 27 de abril de 1917.
(13) Ibídem
(14) El Guadalete, 29 de abril de 1917.
(15) El Guadalete, 30 de abril de 1917.
(16) Ibídem
(17) El Guadalete, 30 de abril y 1 de Mayo de 1917.
(18) El Guadalete, 1 de Mayo de 1917.
(19) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Ver punto 2, folio 440.
(20) El Guadalete, 3 de Mayo de 1917.
(21) Ibídem
(22) El Guadalete, 4 de Mayo de 1917.
(23) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Ver punto 2, folios 437-441. De ello se informaba también en El Guadalete, 21 de abril de 1917.
(24) El Guadalete, 2 de mayo de 1917.
(25) Ibídem
(26) El Guadalete, 4 de mayo de 1917.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 14/05/2017

 
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