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La Esperanza.
Un paseo por los viñedos de Balbaína.




En estos días de octubre, cuando ya las hojas de las vides empiezan a pintarse poco a poco de los colores del otoño, limpio ya el cielo tras las primeras lluvias y libres ya del calor del verano, son los que elegimos siempre para pasear por los senderos y carriles que se trazan entre los viñedos de la campiña. En nuestro paseo de hoy hemos salido por los caminos de Balbaína, entre las carreteras de Rota y Sanlúcar, y buscando un otero para ganar altura, hemos llegado hasta la Casa de La Esperanza.

El Caballo, Santa Cruz, Santa Cecilia, La Rabia…, son otros tantos viñedos junto a los que pasamos, una vez que hemos dejado atrás la carretera de Rota, después de haber tomado la Cañada de Los Huertos donde hemos ido parando en cada recodo de estos carriles para disfrutar del paisaje. A medida que caminamos por entre las lomas en las que hoy irrumpen los molinos de viento del parque eólico de “La Rabia”, reclaman nuestra atención algunas de las antiguas casas de viñas que han llegado hasta nuestros días y que antaño poblaban todos los rincones de estos pagos.



Conviene recordar que las tierras de Balbaína, a caballo entre las campiñas portuense y jerezana, han gozado siempre de merecida fama por la excelencia de sus suelos de albarizas, habiendo destacado desde muy antiguo por la calidad de sus viñas. Diferentes autores se han referido a este rincón del Marco de Jerez como al heredero de los milenarios viñedos que las fuentes latinas sitúan en nuestro territorio. “Seguramente aquí estaban las propiedades agrícolas de los Balbo. No existe documentación histórica ni arqueológica que lo constate, pero la propia existencia del topónimo parece testimoniarlo”. Así lo defienden Juan José López Amador y Enríquez Pérez Fernández (1), quienes sitúan también en estas campiñas la hacienda de Marco Columela, a la que se refiere en sus escritos agronómicos (De rustica) el ilustre Lucio Junio Moderato Columela donde alaba la fertilidad de las viñas ceretanas.

La casa de viña de La Esperanza.



Preside la casa de viña de La Esperanza una suave loma abierta al horizonte, que despunta en estos dilatados paisajes del pago de Balbaína. Por sus cercanías discurría el antiguo ferrocarril de Jerez a Bonanza y aún se ven desde aquí la carretera de Sanlúcar, el camino de Jerez al Santuario de Regla, la trocha de Rota… ¿Podía haber algún rincón mejor comunicado y con mejores vistas?



Eso mismo es lo que debieron pensar los propietarios del viñedo cuando en 1840 construyeron una hermosa casa que pronto destacaría por su privilegiado emplazamiento. Son tiempos en los que el negocio del vino de Jerez vive momentos de esplendor de la mano de la explosión de las exportaciones que tiene lugar en las décadas centrales del siglo XIX, lo que multiplicó el cultivo de la vid y la extensión del viñedo, así como la construcción de numerosas casas de viña, como la de La Esperanza.

Llegamos hasta la casa tras cruzar una gran puerta en la que destacan dos grandes pilastras en las que se puede leer “Año 1935”, la fecha de su construcción y en la que se llevó también a cabo una profunda renovación y ampliación del caserío de la viña.

El núcleo original de la casa de La Esperanza, de planta rectangular, responde a los modelos tradicionales, destacando ya desde la lejanía, cuando el viajero la divisa desde la carretera de Sanlúcar, su gran cubierta a dos aguas con la típica teja árabe propia de estas construcciones.



Ocho grandes pilares conforman su magnífico portal adintelado sobre el que descansa el alero de la cubierta. “La planta sigue la disposición habitual de crujías longitudinales en la que el lagar de pisa ocupa el espacio central desde el que se accede a las demás dependencias” (2). La distribución original se transformó posteriormente para albergar la vivienda de los propietarios, añadiéndose en el costado de la casa un pequeño porche acristalado por el que se accedía al interior, que hoy se muestra semiderruido.

Como ha señalado J. Manuel Aladro, a diferencia de los cortijos y haciendas, las casas de viña ocupan lugares preferenciales en el paisaje, destacando en las lomas y oteros más elevados donde "se abren al paisaje a través de la galería de portales construyendo auténticas fachadas de acceso orientadas hacia los caminos de llegada" (3), idea que queda patente con claridad en La Esperanza.

En 1935, su propietario José de Soto Abad, amplió el edificio original de La Esperanza con otras naves para albergar la bodega y los nuevos lagares hidráulicos. Estas dependencias rompieron la estética y el equilibrio formal de la casa tradicional, pese a que se trató de mantener cierta unidad enrasando la fachada exterior de estas nuevas construcciones con la del portal de la vieja casa de viña.



La entrada a la antigua casa de viña está presidida por un azulejo devocional de Nuestra Señora de la Esperanza. A ambos lados de la puerta aún se conservan los soportes donde se apoyaban los cántaros. En el almijar, llama la atención un pozo con brocal de mármol.

Sobre el tejado, despunta también una llamativa chimenea, reforzada con elementos metálicos y una curiosa veleta con motivos taurinos, que nos muestra un torero a punto de entrar a matar.



Las palmeras que acompañaban el camino de entrada se han visto afectadas, como tantas otras de la ciudad, por el picudo rojo, pero en la parte trasera de la casa aún se conservan algunos árboles frutales (ciruelos, membrillos…) como era tradicional en las casas de viña.



Pero sin duda, los elementos más sobresalientes de la casa los encontramos en el portal, donde destacan tres grandes bancos adosados la pared, revestidos con azulejos trianeros de la casa Mensaque y Rodríguez realizados en 1935 cuando La Esperanza fue renovada y ampliada. En ellos se muestran escenas tradicionales relacionadas con la vid y la viña, el vino, la bodega y el campo en general.






En uno de los azulejos aparece la casa de la Viña de Cerro Viejo, que pertenecía al mismo propietario y que en la actualidad es aún la sede de Vinícola Soto. En el banco que ocupa a posición central puede leerse en grandes letras azules, “Viña La Esperanza”. En los laterales figuran las leyendas “Se edificó en 1840” y “Renovada en 1935” respectivamente.


Hacemos aquí un paréntesis en el relato para apuntar unos datos sobre José de Soto Abad, el propietario que renovó la casa de La Esperanza y con quien alcanzó su máximo esplendor. José de Soto, miembro de una larga dinastía vinatera que se remonta a 1771 cuando el montañés Francisco de Soto se establece en Jerez, fue un conocido industrial y bodeguero jerezano que impulsó especialmente la plantación de nuevos viñedos en el marco. Fallecido en 1961, fue presidente de la Cámara de Comercio desde 1934 hasta 1949, siendo nombrado Hijo Predilecto de la ciudad en 1950. Cabe destacar que fue también académico de la de Bellas Artes de Cádiz, lo que le permitió relacionarse con personas relevantes del ambiente artístico y cultural de la época.

Un panel cerámico excepcional… gravemente amenazado.

Pero volvamos al portal de la Esperanza donde el visitante se habrá quedado sorprendido por el gran panel cerámico que cubre una de sus paredes laterales. Compuesto por 403 piezas (31 x 13), es sin duda el más relevante de cuantos pueden encontrarse en las casas de viña de la campiña de Jerez. Una gran orla de hojas de vid enmarca una escena típica en la que se ve un lagar con pisadores y una prensa en la que se los trabajadores se afana para obtener el mosto. Este trabajo, realizado por la conocida fábrica de cerámica Navia, de Triana, es sin duda una obra maestra. El escultor y ceramista extremeño afincado en Sevilla, Pedro Navia, impulsó un célebre taller en el 21 de la trianera calle Ruiseñor 21, datos que figuran en el panel de La Esperanza. Su fábrica colaboró activamente en el suministro de piezas decorativas para la Exposición Iberoamericana de 1929, especialmente las modeladas, como remates, balaustradas, ranas para fuentes y murales (4).

El mural aún guarda otra sorpresa relevante, dado que el dibujo y el diseño de la escena es obra del conocido pintor gaditano Francisco Hohenleiter (1899-1968) quien, tal como figura en uno de los azulejos, lo realiza en 1937. Este reputado artista, amigo del propietario, diseñó también para las bodegas de José de Soto etiquetas para varios de sus vinos (Juncal, La Espuela) y para el brandy Ilustrísimo, como nos recuerda el investigador J. Luis Jiménez (5). A título anecdótico señalaremos que Hohenleiter, formado en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, fue un reconocido pintor de temáticas costumbristas ganando también justa fama como muralista, decorador, ilustrador de revistas y cartelista.

Entre otras cosas, fue el autor del primer diseño del escudo de Andalucía, publicado en un cartel que realizó para las Fiestas Primaverales de 1934 de Sevilla. De su mano es también un dibujo del Cristo de la Expiración, datado entre 1915-1925, estudiado por el investigador Antonio de la Rosa Mateos (6). El panel cerámico de La Esperanza, se completa con un poema de M. del Prado donde se cantan las excelencias de “La Esperanza” y de sus inigualables vistas sobre la campiña.

Pero si bien hemos destacado el excepcional valor de este panel cerámico, no podemos sino lamentarnos por el deterioro que el mismo ha venido sufriendo en los últimos años. Cuando lo visitamos por primera vez en abril de 2013, se mostraba casi completo y sólo faltaban 5 piezas de su orla, como puede verse en la fotografía que publicamos entonces. Lamentablemente, algunos desaprensivos han ido arrancado más losas (ya faltan 19), tal como se observa en el borde superior de este gran mural, y han destruido algunos azulejos cuyos restos se aprecian a los pies de la pared que lo alberga.

Desde estas líneas hacemos un llamamiento a la protección de esta singular pieza del patrimonio cultural de la campiña, para evitar su progresiva destrucción.

Y es que, por muchos otros motivos, La Esperanza es un enclave privilegiado. Desde la amplia explanada del almijar, limitada por un pequeño murete a modo de balcón, podremos obtener una excepcional perspectiva sobre los viñedos del Marco de Jerez y unas magníficas vistas de la ciudad que, como telón de fondo en los días claros, tiene desde aquí los inconfundibles perfiles de la Sierra de Grazalema.



Volveremos otro día por los caminos de Balbaína al encuentro del singular patrimonio de sus casas de viñas, de sus pozos centenarios, de sus dilatados horizontes, de los paisajes de viñedos más hermosos que pueden contemplarse en nuestras campiñas.


Para saber más:
(1) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, págs. 175-176.
(2) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, págs. 136-137. En la pg.65 de esta misma obra se muestra una magnífica reproducción del panel cerámico al que se alude.
(3) Aladro Prieto J. Manuel: Algunas claves para la comprensión del paisaje rural del viñedo del marco de Jerez. Revista de Historia y Teoría de la Arquitectura. Número 2-3. Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónica de la ETS de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, 2002, páginas: 260 – 273.
(4) Para más información sobre el ceramista Pedro Navia puede consultarse: http://www.retabloceramico.net/bio_naviacampospedro.htm
(5) Para más referencias sobre este artista puede consultarse: Jiménez García J-L.:
http://www.jerezsiempre.com/index.php/Francisco_Hohenleiter_de_Castro. Del archivo de esta autor hemos tomado las imágenes de José de Soto y Hohenleiter.
(6) De la Rosa Mateos, A.: Una ilustración del Cristo obra de Hohenleiter. Diario de Jerez, 30-11-2010.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Cortijos, viñas y haciendas, Rutas e itinerarios, El paisaje y su gente

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 23/10/2016

La virgen de la Merced.
Un recorrido por los azulejos devocionales de la campiña




En diferentes ocasiones nos hemos ocupado en ENTORNOAJEREZ de los azulejos devocionales y paneles cerámicos que encontramos en los cortijos, casas de viña y antiguas haciendas de olivar que se reparten por todos los rincones de nuestro término municipal o de otras poblaciones cercanas. Por sus valores artísticos, muchos de ellos constituyen notables muestras de los tradicionales talleres de artesanos ceramistas sevillanos y trianeros de los siglos XIX y XX y deben considerarse como elementos que forman parte del rico patrimonio disperso en nuestro entorno rural.

En última instancia, estos cuadros, paneles o retablos cerámicos, no son sino un testimonio de la devoción de los antiguos propietarios de los lugares donde los encontramos, representándose en ellos escenas muy variadas en las que no faltan imágenes de Cristo, de distintos Santos y, especialmente de la Virgen María. Hoy, día en el que se celebra la Virgen de la Merced, patrona de Jerez, hemos querido ofrecer a los lectores una muestra de algunos de esos azulejos devocionales dedicados a esta imagen.



Entre todos ellos, queremos destacar el panel cerámico que se encuentra en la fachada de la Capilla de los Caminantes de la Cartuja de Jerez. Instalado hace unos años, junto a otro del Cristo de la Defensión, está formado por 99 azulejos que tienen como motivo central la "Milagrosísima imagen de María Santísima de la Merced Patrona de la ciudad de Xerez de la Frontera", como puede leerse en el texto que figura al pie. En torno a esta imagen central se disponen 12 escenas en las que se relatan otras tantas intervenciones milagrosas de la Virgen. Es obra del pintor Antonio Muñoz Ruiz, de cerámicas Montalván donde trabajó a partir de 1943.


Más modestos son los paneles que encontramos en el Cortijo de Campo Real, en las proximidades de Jédula, o en el de Las Pitas, en los Llanos de Caulina. El primero, obra de los afamados talleres sevillanos Mensaque  Rodríguez y Cía.,  tiene como leyenda "Ntra. Sra. de las Mercedes"  y está integrado por 12 azulejos rodeados por una orla. El segundo, más sencillo, lo componen tres azulejos y está firmado por los célebres artesanos trianeros de Cerámica Santa Ana. 


Por su simplicidad y belleza, traemos aquí la imagen de Ntra. Sra. de la Merced que puede verse en la fachada del cortijo La Mariscala, en la carretera de Trebujena, formada por tres azulejos (Cerámica Santa Ana). Más elaborada es la que se muestra en el hermoso panel cerámico que puede apreciarse en el cortijo de Martelilla, formado por 25 piezas.


Como se ha indicado, la variedad de representaciones, formatos y composiciones de los azulejos devocionales dedicados a la Virgen de la Merced que encontramos en el entorno rural es muy amplia. Como contraste sirvan una de las más modernas y una de las más antiguas. La primera, corresponde a la zona central del retablo de la Capilla de los Caminantes de la Cartuja, dedicado a la Virgen. Obra de mediados de los 80 del siglo pasado, fue realizado por el Taller  Águilas 25, de  Sevilla y firmado por el ceramista Juan Aragón Cuesta, nos ofrece, en treinta y cinco piezas, una elaborada composición. La segunda, todo un prodigio de sencillez y armonía, se conserva en la fachada del cortijo de Mesas de Santiago. En un cuidado dibujo de sutiles y delicados trazos, nos ofrece una preciosa imagen en dos azulejos salidos de la afamada Cerámica Santa Ana.



También de Cerámica Santa Ana, y para cerrar esta muestra de azulejos devocionales que tienen como motivo central la imagen Nuestra Señora de la Merced, destacamos el panel de 12 azulejos del cortijo de Cabeza de Alcaide, rodeado por una hornacina y realizado en 1952 y una magnífica composición integrada por 68 piezas que puede admirarse en la pequeña capilla del cortijo de Tabajete.



¡Buen día de La Merced!

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 24/09/2015

Los azulejos con nombres de calles del siglo XVIII.
Un patrimonio singular amenazado.




En diferentes ocasiones, nos hemos ocupado en estas páginas de “entornoajerez” de algunos elementos singulares de nuestro patrimonio que, por distintos motivos, presentan un notable interés histórico, cultural y etnográfico. Entre ellos, por su especial relevancia artística y decorativa, hemos tratado en otros artículos los denominados azulejos devocionales, también conocidos como retablos cerámicos, que aún se conservan en las entradas, fachadas o patios de muchos de nuestros cortijos, haciendas o casas de viña, por resaltar sólo los que encontramos en el ámbito rural.


Rastreando el origen de algunos de estos azulejos y cuadros cerámicos tan singulares, se apunta a su posible elaboración en el siglo XVIII. Y es muy probable ya que a lo largo de esta centuria es cuando se deja sentir en nuestro entorno la influencia de la azulejería sevillana y trianera que persistirá durante el siglo XIX, alcanzando su máximo esplendor en el primer tercio del XX.


Junto a la inevitable renovación del caserío urbano que debió ocasionar la pérdida de muchos de estos azulejos en derribos y demoliciones, otro de los factores que han contribuido a su progresiva desaparición hay que buscarlo en el permanente cambio de nombre que han venido


experimentando (o mejor diríamos “sufriendo”) nuestras calles y plazas en los dos últimos siglos de la mano de los frecuentes vaivenes políticos que, invariablemente, han querido dejar su huella en el callejero. No es de extrañar que, bien sea por rotura, deterioro, sustitución, eliminación o por simple ocultación bajo los recubrimientos de pintura o de enfoscado de las fachadas, la mayoría de estos valiosos azulejos hayan desaparecido.


Sin embargo, a lo largo de estas últimas décadas, no han faltado voces que reclamen su conservación y su protección por su gran valor histórico, como “memoria” de nuestra trama urbana y como testigos de nuestro pasado más reciente. Por esta razón, los azulejos realizados en el siglo XVIII que aún se conservan en algunas calles del Conjunto Histórico de Jerez, figuran en el Catálogo de Bienes de Carácter Singular incluido en la Carta Arqueológica Municipal. (1)


Un curioso origen.

A falta de estudios más detallados, el origen de estos curiosos azulejos hay que buscarlo, en el Real Despacho de 1771 por el que se dispone “la numeración de las casas y nombre de las calles para un mejor gobierno de las ciudades y pueblos”.


Así lo afirman los investigadores Teresa Álvarez González y Eduardo Martínez Glera en su Aproximación al estudio de la historia de la alfarería de Jerez de la Frontera a través de la documentación de su archivo municipal, un interesante trabajo en el que el lector curioso podrá encontrar numerosas referencias y apéndices documentales, sobre los más variados aspectos de los oficios del barro en nuestra ciudad. (2)


Al abordar la producción alfarera en el siglo XVIII, los mencionados autores resaltan el hecho de que los alfareros jerezanos se ocupaban, especialmente, de la fabricación de cantarería (en sus distintas variedades), tinajería y ollería vidriada y sin vidriar. "Esto nos hace pensar que se hacía un trabajo basto, y el vidriado al que se refieren debía ser el comúnmente utilizado en esas labores, es decir, el de sulfuro de plomo o plumbífero. De hecho no encontramos referencia de alfareros de obra fina o vidriada con cubierta estannífera, así como tampoco de "azulejeros" (3)


Esta aparente falta de alfareros que se dedicasen en nuestra ciudad a la elaboración de azulejos es la que puede justificar el hecho de que, cuando el Cabildo jerezano ha de dar cumplimiento a las Reales Órdenes que obligan a numerar casas y rotular calles, deba realizar el encargo de la elaboración de las losetas requeridas para ello al taller del maestro sevillano, Alonso de Gandía, fabricante de loza fina. Como indican los citados autores, “parece raro que, en caso de existir


algún alfarero de Jerez capaz de realizar estas placas, no se las hubieran encargado a él, sobre todo si pensamos que el transporte encarecería todavía más las losetas. De todos modos, la Ciudad no se dio demasiada prisa en pagar estos materiales, pues, si bien el citado alfarero mandó las losas en enero de 1776, fue necesaria una carta orden del Excmo. Señor Gobernador del Real y Supremo Consejo de Castilla, fechada en 1781, para que se las pagasen y, así, el 20 de marzo de dicho año el Cabildo dio la correspondiente orden”. (3)


En un interesante apéndice documental aportado en el estudio, se apunta que el maestro alfarero Alonso de Gandía entregó a los diputados y escribanos del Cabildo jerezano la cantidad de 2628 losetas “de real y quartillo cada una” si bien tardó más de 5 años en cobrar, tras hacer cuatro viajes a la ciudad para reclamar su dinero y denunciar los impagos ante el Gobernador Real. Como puede verse, los retrasos en el “pago a proveedores” por parte del Ayuntamiento jerezano vienen ya desde muy antiguo. (4)


Con todo, como señalan Teresa Álvarez y Enrique Martínez en su estudio, no acabaron aquí los problemas en relación con los azulejos pues “si mucho se tardó en el pago, más todavía fue demorada las colocación, ya que, por un acuerdo sobre "azulejos y canapés" de 19 de febrero de 1783, se manda que se revise el estado y paradero de los mismos, con el fin de que sean fijados los que no lo estuvieren. No obstante, hemos de esperar hasta el 13 de septiembre de 1787 para ver cómo de nuevo se manda que se coloque de una vez las losetas y azulejos de la numeración de las casas.” (5)

De acuerdo con lo anterior podemos apuntar que los azulejos del maestro sevillano Alonso de Gandía que aún se conservan en algunos rincones de la ciudad y cuyas fotografías ilustran este artículo, llevan ya en nuestras calles no menos de 225 años.

Los “azulejos de Olavide”.

En Sevilla, estas antiguas losetas son conocidas como los “azulejos de Olavide” ya que tienen su origen, como se ha señalado, en los Despachos, Órdenes y Cédulas reales dictadas en los años en los que el ilustrado Pablo de Olavide era “Asistente” de la ciudad. Los afanes modernizadores de Olavide trajeron consigo una nueva organización de la trama urbana que se quedará dividida en cuarteles, barrios y manzanas, que vendrán a sustituir a las antiguas


collaciones medievales. Este cambio administrativo obligó también a nombrar e identificar todo el callejero, señalizándolo con rótulos cerámicos y numerándose también las distintas casas de cada calle. Aunque en el casco histórico sevillano se conserva un buen número de estos azulejos (6), en los últimos años se han expoliado muchos de ellos, hecho que ha sido denunciado públicamente para reclamar una mayor protección de los mismos. (7)


Otras ciudades de nuestro entorno, como El Puerto de Santa María, conservan también muchos de estos azulejos del siglo XVIII, algunos de los cuales han sido sustituidos (para su conservación) por réplicas. A los lectores interesados les recomendamos consultar los enlaces de nuestro blog amigo, “Habitantes y Gentes de El Puerto de Santa María” donde se han documentado buena parte de los que han llegado hasta nuestros días. (8)

Los azulejos del XVIII en Jerez.

Como ya se ha dicho, buena parte de los azulejos del siglo XVIII que aún se conservan en algunas casas y calles de la Jerez han sido registrados en el Catálogo de Bienes de Carácter Singular que puede consultarse en la Carta Arqueológica publicada en 2008 (1). Muchos de ellos se encuentran en mal estado, rotos o deteriorados, cuando no semiocultos por la pintura o por el cableado urbano que tanto afea fachadas y muros en nuestro casco histórico.

Conviene recordar que la simplicidad de su diseño obedece básicamente a que la función con la que fueron fabricados era meramente informativa y no artística. Pese a sus modestas dimensiones, su elaboración artesanal y su característica coloración han hecho de ellos piezas de notable interés y de gran valor patrimonial por su significado histórico. La mayoría de las losetas han sido realizadas siguiendo un mismo esquema compositivo y utilizando una tipografía muy característica que las hace inconfundibles.

Aunque se aprecian algunas variaciones, los azulejos suelen tener fondo blanco, un fino marco exterior de azul cobalto y letras azules o negras (realizadas en este caso con manganeso). Todos los rótulos de calles o números de las casas están encabezados con una pequeña cruz que se sitúa en posición central en la parte superior del azulejo. Como señala el arquitecto Juan Ramón Sánchez-Suarez en el estudio que ha realizado de estos azulejos en Sevilla y que nosotros hacemos también extensivo para Jerez, “esta unidad tipológica es, precisamente, una señal de modernidad y, al mismo tiempo, refuerza la idea de que pueden ser protegidos como conjunto, algo que actualmente se echa de menos”. (7)

En nuestros recorridos por el centro histórico de la ciudad hemos tratado de documentar algunos de estos pequeños azulejos del siglo XVIII para, en su caso, llamar la atención sobre su deterioro y sobre su necesidad de conservación y protección. Más que ofrecer un censo de todos los existentes, nos ha movido el hecho de dejar testimonio de los más relevantes, tomando como referencia los incluidos en el ya citado Catálogo de Bienes de Carácter Singular a los que hemos añadido, en la relación que sigue, otros que no figuran en él y que hemos documentado, así como otros dos que se citan en el libro Curiosidades Xerezanas (9) y de los que no se facilitan datos de localización.

En las imágenes que ilustran este artículo se incluyen los siguientes:

• Calle de Barraganas (1)
• Calle de Barraganas (2)
• Calle de la Alcaydesa
• Calle de la Torneria
• Calle de la Visitación
• Calle de la Yglesia de San Lucas
• Calle de las Cavezas
• Calle de las Cruces
• Calle de las Novias
• Calle de Lecheras
• Calle de los Ciegos
• Calle de San Miguel
• Calle de Santa Clara
• Calle del Palomar
• Casa Nª 6 (Carpintería Baja)
• Plaza Arenalejo (Iglesia de Santiago)
• Plaza de Belen
• Plazuela de la Visitación
• S. Dionisio Nº 104
• S. Matheo Nº 15
• S. Miguel 257
• S. Tiago Nº 364
• S. Salbador Nº 32
• San Miguel 1485
• San Miguel 613 (Caballeros, 33)

De estos veinticinco azulejos localizados, ocho no están incluidos en el citado Catálogo…(1), donde se mencionan además oros dos que, por distintos motivos, no se encuentran en su antigua ubicación y se conservan en el Museo Arqueológico. Se trata de los de Calle San Juan Nº 2 (en la Plaza de Melgarejo, 4, frente a San Juan de los Caballeros) y el de Calle Salas (en C/ Liebre nº 2, edificio que fue demolido). En el libro Curiosidades Xerezanas (9) se incluyen fotografías de otros dos azulejos, que reproducimos aquí por cortesía de sus autores: el de S.Tiago Nº 326 y el de Sn.Miguel Calle de Conosedores Nº 36, si bien este último, por la tipografía y composición que presenta, pudiera ser posterior.


Como ejemplo de nuevos azulejos realizados imitando el estilo de los del siglo XVIII hemos incluido el de Sta Ysabel Nº 1, aunque son muy frecuentes en otros muchos lugares del centro histórico.

A buen seguro que los lectores sabrán de la ubicación de otros azulejos tan singulares como los mencionados cuya comunicación agradeceríamos ya que, en última instancia sólo hemos pretendido llamar la atención de todos sobre una pequeña faceta de nuestro rico patrimonio que, de no actuar a tiempo, corre riesgo de acabar perdiéndose para siempre.


Nueva incorporación (31/03/2014).

Agradecemos a D. José Manuel Collado los datos facilitados para la localización del azulejo que a continuación se describe.


Para saber más:
(1) González Rodríguez R., Aguilar Moya L., Martín Mochales D., Barrionuevo Contreras F., Collado Moreno M. (2008): Carta Arqueológica Municipal. Jerez. 1: El núcleo urbano. Junta de Andalucía. Consejería de Cultura.
Para información detallada de la mayoría de los azulejos aquí reseñados ver el Anexo O7. Catálogo de Bienes de carácter singular Interior CH.
(2) Álvarez González, T. y Martínez Glera E. (1993): Aproximación al estudio de la historia de la alfarería de Jerez de la Frontera a través de la documentación de su archivo municipal. Atrio: Revista de Historia del Arte, Nº. 6, 1993, págs. 7-26
(3) Álvarez González, T. y Martínez Glera E. (1993): … págs. 12-13
(4) Álvarez González, T. y Martínez Glera E. (1993): … Apéndice documental nº 27.
(5) Álvarez González, T. y Martínez Glera E. (1993): … Apéndices documentales nº 28 y nº 29.
(6) “Azulejos de Olavide” en Sevilla: algunos enlaces: Nomenclator de Olavide, Mapa y Azulejos de la Sevilla de Olavide, Ejemplos, Retablo Cerámico, Un hito de modernidad en Sevilla
(7) Sánchez Moliní L.:Pequeños robos, gran expolio”. Diario de Sevilla 08-01-2012.
(8) Una detallada información sobre los azulejos del siglo XVIII con nombres de calles en El Puerto de Santa María puede encontrarse en el magnífico blog Habitantes y Gentes de El Puerto de Santa María, en estos enlaces:
http://www.gentedelpuerto.com/2010/04/16/619-azulejos-de-las-calles-del-siglo-xix-y-ii/
http://www.gentedelpuerto.com/2010/04/15/618-azulejos-de-las-calles-del-siglo-xviii/
(9) Ramírez López M., Cirera González J.A., Gómez Palomeque J.I. (2010) : Curiosidades Xerezanas, Editorial AE, II Edición, pags. 386-391.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 30/03/2014

 
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