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En las cumbres del Aljibe.
Historia, vegetación y vistas panorámicas.




La semana pasada iniciamos esta ruta que, partiendo del antiguo poblado de La Sauceda nos conduce a través de un sendero por las laderas del alcornocal, hasta las cumbres del Aljibe.

Desde el inicio del itinerario junto a la carretera, hasta la zona más altas, hemos salvado un desnivel de casi 600 metros, pero la subida ha merecido la pena. Kavafis, en su hermoso poema “Viaja a Ítaca” nos recuerda que lo importante es el viaje, el camino, y que llegar al destino es sólo un feliz pretexto para realizarlo. En este caso, si el recorrido por el bosque justificaría ya la realización del itinerario, alcanzar la zona de cumbres es también un merecido premio a nuestra caminata.

En la pilita de la reina.

Una vez en la planicie que corona la sierra, podremos acercarnos hasta los dos mogotes rocosos que la presiden. Si trepamos (fácilmente) al primero de ellos podremos ver entre los bloques de arenisca cubiertos por líquenes, una tumba antropomorfa excavada en la roca, conocida como la “Pilita de la Reina", quizás la más popular y conocida de todas. Con este mismo nombre se designa también en muchas ocasiones a esta cumbre ya que, según una tan extendida como infundada tradición popular, “se bañó en ella la reina Isabel la Católica”. Sepulturas similares aparecen en otros puntos de las sierras del Campo de Gibraltar y muchos investigadores las consideran “tardorromanas”, visigóticas o del periodo alto-medieval. En el segundo montículo puede verse el vértice geodésico del Aljibe (1.092).

Distintos autores, y también el “imaginario colectivo” han visto en la “Pilita de la Reina” y en otras oquedades excavadas en la roca, donde se retienen las aguas de lluvia, la explicación fundamental por la que este monte sea conocido como “El Aljibe”. Por esta razón, no es de extrañar que a mediados del s. XIX Pascual Madoz, ya contemplaba en su conocido Diccionario Geográfico esta posibilidad y así, al describir el relieve provincial, apunta que “en la eminencia de la sierra, existen los restos de un grande algibe de tiempos muy remotos, de donde quizá toma aquella el nombre” (1). Esta misma idea es apoyada por V. García de Diego (2) quien recuerda que el nombre de la sierra procede “del árabe al-chibb" o “pozo del aceite”, haciéndose este significado extensivo al de cisterna o depósito para almacenar líquidos. Otros autores, como el arabista Oliver Asín, participan también de esta opinión en relación con el origen del topónimo.

Frente a estas interpretaciones “transparentes” de este topónimo, el profesor Bustamante Costa atribuye a “Algibe” el significado de “el monte”, haciéndolo derivar del árabe antiguo /al-gébel/ (árabe clásico /al-gabal/) (3). Razones de carácter filológico y documental unidas a la relevancia geográfica de esta montaña, que la hacen destacar de manera nítida sobre el paisaje circundante, apoyan con fuerza esta propuesta (4).

De lo que no cabe duda es que estas cumbres están cargadas de historia siendo ya mencionadas en distintos documentos castellanos del siglo XIV. También se citan en el Libro de la Montería, atribuido a Alfonso XI donde se da cuenta de sus bondades cinegéticas: "… el Arroyo de los Almezes, que es al Pie de la sierra de Alxibel es buen monte de Oso e de Puerco en todo tiempo, e es la una bozeria de la parte de la Sierra de Mon Santo, como da en los Riscos de los Almeces; e la otra de parte del Cerro Breçoso. E es la armada en el abertura, q salle fasta la sierra del Gibel" (5).

Una rábita andalusí en las cumbres del Aljibe.

Diferentes autores apuntan la posibilidad de que en época andalusí existiera en las cercanías del pico del Aljibe una rábita. De ello dan cuenta, entre otros, Salas Organvídez, Gozalbes Cravioto, Becerra Parra y Martínez Enamorado. Las fuentes castellanas medievales así parecen confirmarlo y a esta rábita se alude en distintos documentos sobre los deslindes entre los términos de Cortes, Jerez, Alcalá y Jimena.

La denominación árabe de este emplazamiento situado en la línea de cumbres entre el Aljibe y El Montero era la de Bibarábita (con significación de “puerta de la Rábita”), “…siendo puerta sinónimo de paso de montaña o puerto. El nombre con el que es llamado en ese mismo documento el lugar es el de Puerto del Roble”, situado a poco más de un km al este del Pico del Aljibe, y visible desde las cumbres (6).



M. Antonia Salas, señalando los antiguos límites a finales del siglo XV entre Jerez, Cortes y Alcalá aporta el testimonio de Hamete el Fordu, vecino de Benarrabá quien menciona en arábigo los topónimos de las lindes entre términos, y donde volvemos a encontrar pistas sobre la mencionada rábita: “Desde el Puerto de Alcatyma al Cauz y a la Vallesta… Sigue por el Puerto de la Rábita o Bexuarabita y al Puerto de Ortela y al de Gales y al Puerto de Laurit y a la Peña de la Gallina… Especifica que todo lo de la derecha es de Cortes y lo de la izquierda, de Alcalá, Tempul, Cardela y Garciago” (7).

Para algunos autores, el paraje del citado Puerto del Roble, por el que hasta la primera mitad del siglo pasado se trazaba el camino que unía las vertientes de los arroyos de Pasada Llana (La Sauceda, Cortes), con las del Montero (Alcalá de los Gazules) pudo ser el emplazamiento de esta rábita andalusí (8). Becerra Parra y Martínez Enamorado se decantan por el Pico del Aljibe para la ubicación de este enclave, tomando como referencia los documentos de la visita de términos efectuada por la ciudad de Ronda a La Sauceda y las cumbres del Aljibe donde, al describir el lugar se menciona un villar: “Por la cordyllera de la syerra adelante fasta dar a una peña donde estava en ella una pila grande de agua, como



sepultura, que dixeron que se llamava la peña del Aljibe, donde estava un villar junto a la dicha peña alta …
”. Estos autores plantean que por lo inhóspito del paraje, azotado por los vientos de levante, es muy dudoso que existiera en las cumbres del Aljibe una pequeña aldea o villar, por lo que las ruinas de construcciones que en los siglos medievales pudieran observar los jueces de términos, bien pudieran corresponderse con la rábita que mencionan las fuentes castellanas, que encontraría aquí un emplazamiento más adecuado para sus labores de control del territorio, desde el a modo de balcón natural se dominan las costas africanas y del Estrecho, la Serranía de Ronda y la costa Atlántica de Cádiz (9). Sea como fuere, cada vez que venimos a las cumbres del Aljibe, nos gusta imaginar que al abrigo de sus peñas, los morabitos, mitad monjes, mitad soldados de frontera, cumplían con sus preceptos religiosos a la vez que vigilaban estos parajes fronterizos.

Una curiosa vegetación.

En estas zonas altas de la sierra, azotadas por los vientos y la lluvia expuestas al sol y a las heladas, el bosque deja paso a un matorral achaparrado adaptado a estas duras condiciones, en el que aparecen especies como brezos (brecina, brezo cucharero, bermejuela), jaras (jaguarzo, jara estepa) y robledillas, junto a coscojas, robles achaparrados y algunas leguminosas como Genista tridentata (retama de tallo alado o engordatoro) o Teline tribracteolata (escobón gaditano), entre otras (10).

En 1930 los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños visitan las cumbres del Aljibe y describen en su Estudio sobre la Vegetación Forestal de la Provincia de Cádiz la singularidad botánica de estos parajes y, en especial, la observación de distintas especies del género Quercus: “En algunos puntos de la sierra del Aljibe, al rebasar el canuto los 800 m. de altitud, el alcornoque desparece y en su lugar se presenta el roble, siendo raro que las tres especies reunidas ofrezcan porte arbóreo, sino que en el natural escalonamiento, creciendo la altitud vayan pasando por un máximo en el orden alcornoque-quejigo-roble; pero el último no llega a ese estado, pasando de nuevo a su talla arbustiva momentos antes de las crestas, que en ese lugar tienen unos 1.000 m. de elevación. En la provincia de Cádiz, únicamente existe el roble en el mencionado sitio y en corta



cantidad; teniendo en cuenta la cita que hacemos de encinas en el Picacho y la abundancia de la roulilla (robledilla) por todas las lomas, es curioso que en radio de 3 km. se hallen seis especies de Quercus, de las ocho clásicamente conocidas en nuestra Península
” (11).

De la misma manera, estos autores llaman la atención sobre el matorral achaparrado que cubre las herrizas de estas crestas y que describen como “asociación del Quercus humilis”, de las que podemos hoy observar, como hace casi cien años atrás, las especies más significativas que lo integran. Así, junto a la robledilla o roulilla, de porte achaparrado y rastrero, veremos las lustrosas matas de jara estepa, de flores blancas, o los omnipresentes brezos, que desde finales del invierno y durante la primavera, dan a estas cumbres con sus flores un hermoso tono blanco y rosado.

Un soberbio panorama.

Pero además de disfrutar con la observación de estas singulares especies vegetales, la subida al pico del Aljibe tiene otra magnífica recompensa. Si tenemos suerte y la atmósfera está limpia y despejada (después de un día de lluvia, o en una jornada con viento de poniente, por ejemplo), las vistas que podremos obtener desde este lugar se cuentan entre las más espectaculares de cuantas pueden ser observadas en la provincia de Cádiz. En caso contrario nos conformaremos, cuando menos, con admirar los amplios horizontes y entrever o adivinar las distintas sierras, poblaciones y parajes que se nos ofrecen.



Así, en un rápido recorrido en sentido de las agujas del reloj veremos, al norte, los Montes de Jerez y a lo lejos las tierras de Prado del Rey y las campiñas sevillanas. La mole rocosa de la Sierra del Pinar sirve como telón de fondo a las cercanas sierras de Ubrique. Hacia el Este, la Sierra del Endrinal nos muestra en sus faldas el caserío de Benaocaz, para pasar después a los perfiles del Caillo, Los Pinos y los montes de Cortes y la Serranía de Ronda, donde despunta el Torrecilla. Los días claros, puede verse hacia el sur el Peñón y el Etrecho de Gibraltar, así como los montes de Jimena y Castellar y, más cerca de



nosotros, siguiendo la cordal, el pico del Montero, con el radar militar coronando su cima. Hacia el oeste los horizontes se multiplican: Vejer, Benalup, el embalse del Barbate, Alcalá de los Gazules, más cerca... Los pueblos y ciudades de la Bahía de Cádiz se adivinan a lo lejos entre Medina y Paterna. Las lomas y cerros de la campiña, ofrecen un paisaje de molinos, que se extiende ya por buena parte de esta zona de la provincia. La Sierra del Valle, la silueta de Peña Arpada, Valdelagrana, El Puerto, Jerez… se suceden en esta magnífica vista.

La Sierra de Aznar, nos muestra la herida de su cantera y tras ella se



adivina Arcos y la Sierra de Gibalbín, y la central térmica de laJunta de los Ríos y las colas del embalse de Bornos… Muy cerca del Pico del Aljibe, hacía el norte, adivinamos la cercana cumbre del Picacho de la que nos separa la Garganta de Puerto Oscuro, donde volveremos en otra ocasión para bajar, con el río Barbate, hasta Alcalá.

Unas vistas excepcionales de las que sólo se puede disfrutar en lugares como este y que a buen seguro serán la feliz recompensa a nuestro paseo.

Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 69.
(2) García de Diego, V.: Toponimia de la zona de Jerez de la Frontera. Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Gráficas del Exportador. Jerez, 1972. Págs., 45 y 65.
(3) Bustamante Costa, J.: “Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 31.
(4) García Lázaro J. y A.: Por la Sierra del Aljibe. Tras las pistas de un curioso topónimo árabe. Diario de Jerez, 19 de Octubre de 2014.
(5) Libro de la Montería: L. Tercero, Cap. XXIX, 88. Ed. Andrea Pescioni. Sevilla, 1582. Ejemplar conservado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, disponible en Internet.
(6) Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo en la Serranía de Ronda: Una propuesta para el análisis de sus rábitas y zāwiya-s., Takurunna, nº 1, 2011, pp. 129
(7) Salas Organvídez, M.A.: “Relaciones de la ciudad de Jerez con la ciudad de Ronda y villas de la Serranía de Villaluenga. (Final siglo XV y XVI)”, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, Servicio de Publicaciones del ayuntamiento de Jerez, 2014, Pg. 379.
(8) Es el caso de Gozalbes Cravioto, C., citado por Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo,… p. 130.
(9) Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo... p. 130
(10) VV.AA.: Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar, Guías Naturalistas de la Provincia de Cádiz. III. Diputación de Cádiz, 1991. pp. 141-146
(11) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 129 y 201

Por su interés didáctico debemos y queremos citar aquí una obra pionera en la Educación Ambiental, en el que se recoge el fruto de una experiencia escolar en estos parajes, coordinada por nuestro amigo Agustín Cuello Gijón: VV.AA. LA Sauceda. Una experiencia escolar en el trabajo de campo de las Ciencias Naturales. Diputación de Cádiz. 1982.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Parajes naturales, Flora y Fauna, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios, De La Sauceda al Aljibe. Una Ruta por la Sierra del Aljibe (1)..

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/01/2017.

Por los Llanos del Valle y el Puerto de las Palomas.
Una carretera secundaria con “encanto” (y II)

A nuestro amigo Agustín Cuello Gijón, maestro de maestros y “Picachero”.



Retomamos el recorrido que iniciamos la semana pasada por la carretera que desde San José del Valle conduce hasta el Puerto de las Palomas, a los pies del Picacho y que cruza por un paraje de singular “encanto”: Los Llanos del Valle. Después de un pequeño paseo por los alrededores de la Boca de la Foz, continuamos nuestro camino.



A la altura del km 8, la ruta va cambiando de orientación para buscar el Puerto de las Palomas. En este lugar cruza la carretera la antigua Vereda de Alcalá de los Gazules (que queda a la derecha) y viene a unirse a la vía pecuaria conocida como Vereda de la Boca de la Fox, que atraviesa la garganta hacia las tierras de Tempul y de Algar, caminos centenarios que no pueden perderse.



Frente a la Boca de La Foz, esta vereda, discurre paralela al Arroyo de Bogas, entre las tierras del Rancho de Calvo (izquierda) y del Cortijo de Cortés (derecha). En este lugar, donde podremos parar un rato para contemplar el paisaje circundante y los perfiles de la sierra y la garganta, veremos los primeros carteles que señalizan los límites del Parque Natural de Los Alcornocales, en cuyo territorio acabamos de entrar.



Frente a nosotros, llaman también la atención en este lugar, los vallados, del Cortijo de Cortés Alta (Casa de la Cortés, figura ya en el mapa del IGN de 1917), cuyo renovado caserío se divisa en las laderas de la Loma de los Poyales. En la entrada puede verse un panel cerámico obra del conocido pintor jerezano Rodrigo Báez.

Desde el “Llano de Cortés”, antiguo descansadero, la carretera inicia un suave descenso siguiendo el trazado de la antigua cañada dejando a la izquierda, a lo lejos, las laderas occidentales de la Sierra de Las Cabras sobre los que crece un espeso monte arbolado. En las faldas se adivinan los caseríos de algunas fincas, perdidos entre el bosque y que pertenecen a las Dehesas de Los Dornajos y de Los Caños.



Junto a la carretera (que fue un camino sin asfaltar hasta 1997), corre el arroyo Garganta de la Toma y, a juzgar por las barranqueras que se aprecian en algunos puntos, debe bajar nutrido de aguas en época de lluvias. Por muchos lugares veremos los carteles que nos indican los contornos del Parque Natural así como los que anuncian el paso de animales silvestres o ganados ya que, a diferencia de las fincas que hemos dejado atrás en los Llanos del Valle, de clara vocación agrícola, las que ocupan las faldas de estos montes están dedicadas a la ganadería y a usos forestales y cinegéticos. A la altura del km 12, podemos ver a la derecha un gran cercado en el que, con frecuencia, pueden observarse de cerca los toros de lidia de la Dehesa de Los Caños.

Tras los vallados destaca el llamativo perfil del Cerro de La Cuna, con dos cumbres gemelas separadas por un pequeño collado, a cuyos pies nace el río Fraja, afluente del Barbate.



La berrea: el sonido del bosque.



Desde mediados de septiembre, estos escondidos parajes de la Sierra de las Cabras, son un lugar privilegiado para observar a los ciervos en las proximidades de la carretera. Los machos están entonces en su periodo de celo, la berrea, y es fácil escuchar sus profundos berridos en el silencio de estos rincones poco transitados de los Llanos del Valle. Cuando la carretera se adentra entre la zona de mayor densidad de vegetación es posible sorprender a los ciervos que bajan desde las laderas arboladas de la Sierra de las Cabras, desde la Loma de los Poyales, desde la Dehesa de Puerto Frontino y, algo más adelante, ya en las cercanías del Puerto de las Palomas, desde los cerros abruptos y boscosos de Montifarti, en los Montes de Jerez. Cuando se inicia el otoño, a la caída de la tarde, nos gusta venir a estos solitarios parajes de los Llanos para salir al encuentro de los venados en celo o, cuando menos, para escuchar sus berridos que resuenan en las espesuras forestales dejando a las claras que estos grandes ciervos son, por si quedara duda, los “reyes” del bosque.



A partir del km 14 el paisaje vuelve a cerrarse y la carretera inicia un suave ascenso entre cerros poblados de acebuches, algarrobos, encinas… En los lugares orientados a exposiciones de umbría y en las vaguadas más frescas no faltan tampoco los quejigos, los espinos, los madroños, muy abundantes en las laderas y hondonadas con más humedad. Un cartel nos sale al paso y nos indica que abandonamos el término municipal de San José del Valle para internarnos en el de Jerez, mientras la carretera asciende por una estrecha garganta. A nuestra izquierda se aprecia ya el extremo sur de la Sierra de las Cabras, “el Puntal”, a cuyos pies la ruta cambia bruscamente de orientación para rodear las faldas de esta sierra.



Apenas pasamos el km 15, en el horizonte se apunta la cima piramidal del Picacho, una de las más notables de las que conforman la cercana Sierra del Aljibe. Al poco, en un recodo a la izquierda de la carretera y al pie del extremo sur de la Sierra de las Cabras, en un hermoso y escondido paraje, se encuentra la vieja Casa de las Palomas, ejemplo de arquitectura popular de estos rincones de las sierras gaditanas. La casa está enclavada en la finca de Montifarti, que forma parte de los Montes de Propios de Jerez y a la que pertenecen las tierras que se atraviesan en este tramo de nuestra ruta como nos indican varios monolitos que podremos ver junto al camino.



Hacia el Puerto de Las Palomas.



Al poco de pasar el Km 16 llamará nuestra atención, a la derecha, junto a la cuneta, la Fuente de los Pastores, cuyo caño alimenta un gran pilar, reformado en 1959, y donde podremos parar para refrescarnos y admirar el paisaje que se abre frente a nosotros. La Sierra de las Cabras nos muestra aquí las faldas de su extremo meridional, a cuyos pies se encuentra la Cueva de las Palomas, gran cavidad en la que halló refugio el hombre prehistórico.


En las proximidades de estos parajes próximos a la Fuente de los Pastores y la punta de Las Palomas, tuvimos ocasión de “tropezarnos” en 1997 con los escenarios de rodaje del primer documental que National Geographic realizó en España, dedicado íntegramente al Parque de los Alcornocales: “El latido del bosque”.

Dejamos la fuente para continuar subiendo las rampas que la carretera presenta en este tramo, camino del Puerto de Las Palomas. Atravesamos por un pinar de repoblación y a la derecha dejamos la entrada de la finca Chaparro Dulce siempre con la presencia, frente a nosotros, de la imponente silueta del Picacho. Algo más adelante, otra cancela conduce a la Dehesilla de Alba, para llegar, pasado el km. 18 a un paraje abierto: el Puerto de las Palomas, fin de nuestro camino.



En el Puerto se ha instalado un mirador en el que encontraremos también paneles informativos y desde donde podremos apreciar un soberbio paisaje que tiene como telón de fondo las cumbres de la Sierra de las Cabras, las más lejanas de los Montes de Jerez y de la Sierra de Grazalema y las más cercanas, a nuestra derecha, del Picacho.




Desde aquí podremos optar por seguir la carretera que conduce a Alcalá de los Gazules o continuar por la que nos lleva hasta el Puerto de Gáliz.

Carreteras secundarias. “Carreteras con encanto” por las que otro día volveremos para disfrutar del paisaje de nuestra tierra.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros temas relacionados en nuestro blog enlazando con Entornoajerez. Rutas y Paseos y Por los Llanos del Valle

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/09/2015

 
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