Mostrando entradas con la etiqueta Tempul. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tempul. Mostrar todas las entradas

NUESTRO PATRIMONIO HIDRÁULICO EN PELIGRO
AQUAJEREZ y Ayuntamiento descuidan el mantenimiento del histórico Acueducto de Tempul

Estado ruinoso de “La Casa de las Aguas” y otros elementos del histórico Acueducto de Tempul.


            Excursión de trabajadores de González Byass a Tempul (Fianales de los 20- comienzos de los 30) antes de la modificación de la fachada y la inclusión del escudo de Jerez.

Entre los hechos más significativos de la historia contemporánea de Jerez está, sin duda, el de la traída de las aguas hasta la ciudad que tuvo lugar en 1869, de la que hace dos años se conmemoraba el 150 aniversario. Esta gran empresa fue posible gracias a la construcción del acueducto de Tempul, con proyecto del ingeniero Ángel Mayo, reconocido en su época como una de las más brillantes obras de la ingeniería hidráulica española.

Desde que en 1864 se iniciaran los trabajos de su construcción, y hasta su finalización en 1869, el acueducto dejó marcado el paisaje de la campiña en sus 46,5 km de recorrido con numerosas obras de fábrica. El lago artificial de la cabecera del manantial, la presa de sillería, la casa de toma de aguas, la "Casa de las Aguas", los registros y ventiladores de las minas, las almenaras de desagüe, los puentes-acueductos (18), las minas, los depósitos, los caminos de servicio y servidumbre... constituyen elementos patrimoniales de primer orden que es preciso conservar y preservar por su valor arquitectónico e histórico.

Desgraciadamente, y por lo que se viene viendo en los últimos años, las tareas de mantenimiento del acueducto dejan mucho que desear y en algunos lugares brillan por su ausencia, a raíz del aspecto que ofrecen algunos de sus elementos más emblemáticos como la conocida “Casa de las Aguas” (junto al manantial), el puente-acueducto de El Bollo o la ocupación en algunos lugares de la franja de terreno de servidumbre bajo la que discurre el acueducto.

"Casa de las Aguas" con las modificaciones de fachada y la inclusión del escudo de Jerez, el mismo 
que ahora se ha desplomado.

En enero de 1936 la sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas Potables y de Riego de Jerez de la Frontera cedió las acciones al Ayuntamiento de la ciudad quien crearía, 6 años más tarde, el Servicio Municipalizado de Aguas. Con esta cesión se traspasaba también la responsabilidad y la obligación de los cuidados del histórico acueducto de Tempul. Recordemos que con el advenimiento de la democracia, y para mejorar la gestión del ciclo del agua se creó en 1983 la empresa municipal AJEMSA, que tuvo a su cargo el mantenimiento y conservación de los distintos elementos del acueducto, desde los manantiales y conducciones, hasta los puentes, edificios, depósitos y, un aspecto que pasa muchas veces desapercibido, los caminos de servidumbre y la franja de terreno por la que discurre, de propiedad también municipal y, usurpada ya en parte en algunos tramos, cuando no abandonada.

El cambio más significativo, no obstante, vendría a partir de 2013 cuando el Ayuntamiento de Jerez convocó un concurso público para licitar la gestión del servicio de abastecimiento de agua en baja, alcantarillado y depuración en el término municipal durante 25 años, adjudicándose la misma a Aquajerez, la sociedad conformada por distintas filiales del grupo FCC que lidera la marca Aqualia. Entre las condiciones de esta “privatización” del servicio por 25 años figuraban también la de realizar inversiones en el mantenimiento de las infraestructuras y, por tanto, en la conservación de los elementos patrimoniales más significativos del histórico ACUEDUCTO DE TEMPUL.





"Casa de las Aguas", antes del desplome de la parte superior de la fachada.

Sin embargo, a la vista de todos está el abandono de la conocida como “Casa de las Aguas”, situada junto a los manantiales y la venta de Tempul. Un edificio que empezó ya a arruinarse ante la pasividad de AJEMSA y que amenaza con desplomarse de no mediar en el corto plazo, actuaciones de consolidación y de rehabilitación. A la caída de una parte de sus tejados hace unos años, se ha sumado recientemente el desplome de la parte superior de la fachada principal, donde lucía en mármol rojo el escudo de Jerez desde que a finales de los años 30 del pasado siglo, el acueducto pasó a manos municipales. 




El desplome del escudo es otra lamentable noticia, cargada esta vez de un triste simbolismo que ve hecho añicos y por los suelos, el signo más claro de que esta casa (y el acueducto) pertenecen al pueblo de Jerez, aunque la empresa privada que actualmente lo gestiona y que debe velar por su mantenimiento y conservación, no haya invertido ni un céntimo en evitar su ruina. En la selección de imágenes que ofrecemos, aparece la Casa de las Aguas en su estado original (foto cortesía de Francisco Jordi Sánchez) y ya al pasar a manos municipales a partir de la década de los 30 del siglo pasado (fotos gentileza de J.M. G. Montero), con la reforma de su fachada y la incorporación del escudo de la ciudad, ese que en estas semanas vemos por los suelos.
Y es una lástima y una oportunidad perdida para restaurar este edificio y destinarlo al turismo rural o la instalación de un pequeño museo del agua o de los acueductos. No olvidemos que hace sólo unos años los arqueólogos del proyecto AQUADVCTA localizaron junto a la casa restos del primitivo acueducto romano de Tempul a Gades.
El ESCUDO DE JEREZ por los suelos. Todo un símbolo... caído.

Similar suerte ha corrido el Puente -acueducto de El Bollo, uno de los más emblemáticos del Acueducto de Tempul, junto al de Ojos Azules. Las fotografías que ofrecemos, hechas ya hace unos años, no recogen el derrumbe parcial que se ha producido ya de uno de sus arcos sin que en una década se haya hecho nada por parte de AJEMSA primero, y de AQUALIA después, por apuntalar las partes que amenazaban ruina y por evitar la misma.

                                          Puente-acueducto de El Bollo. En estado de ruina en parte de sus arcos.




El colmo de los colmos es la ocupación, en los últimos años, de algunos de pequeños tramos de la franja de servidumbre del acueducto, bajo la que discurre la conducción, por parcelas, edificaciones y cerramientos, como por ejemplo se observa en la zona de Cuartillos junto a la casilla de entrada del sifón de Albadalejo. Si, llegado el caso, hubiera que levantar el terreno para reparar una importante avería, se presentaría un problema de primer orden.

"Casilla de entrada del sifón de Albadalejo. Con signos de ocupación en sus inmediaciones del trazado
 de servidumbre del  acueducto.
.

Nada de esto parece importar a NADIE, ni al Ayuntamiento, -el propietario- ni a AQUAJEREZ, la concesionaria. El abandono de nuestro patrimonio y el olvido de los 150 años de historia del Acueducto de Tempul no puede ser más doloroso. No somos nadie para EXIGIR a los responsables que actúen y lo hagan ya... Tal vez si lo pedimos muchos ciudadanos y muchas ciudadanas y lo difundimos, se lo tomen más en serio. Que buena falta hace 


Con Ramón de Cala por las gañanías de la campiña.


Uno de los políticos jerezanos más destacados en el siglo XIX fue sin duda Ramón de Cala (1827-1902). Organizador del Partido Republicano en nuestra comarca, participó activamente en “La Gloriosa”, la Revolución de 1868, siendo nombrado Presidente de la Junta Revolucionaria de Jerez. Diputado y senador por la ciudad en las Cortes Constituyentes de 1869-1871, y en las de la Primera República de 1873-1874, llegó a ser vicepresidente del Congreso (1).

Destacado fourierista, mostró siempre un gran interés a lo largo de su vida política por los aspectos sociales. La instrucción pública, las cuestiones sanitarias, la defensa de los derechos de las clases más desfavorecidas y la denuncia de las condiciones de vida de los trabajadores de la ciudad y, especialmente, de los obreros del campo, estuvieron entre sus preocupaciones constantes durante su actividad política.

Una de sus obras más conocidas es la publicada en 1884 con el título de El problema de la miseria resuelto por La harmonía de los intereses humanos (2). En ella recoge sus respuestas y sus propuestas a un amplio cuestionario elaborado en 1883, durante el gobierno liberal presidido por Sagasta. Se crearon entonces comisiones provinciales “con el objeto de estudiar todas las cuestiones que directamente interesan a la mejora y bienestar de las clases obreras, tanto agrícolas como industriales” y Ramón de Cala, quien había destacado en su ya por entonces amplia trayectoria política en la defensa de las clases trabajadoras, fue una de las personas consultadas por dicha comisión (3).

Veamos en lo que sigue, algunas de las reflexiones que el político jerezano dejó recogidas en su libro y que sirven de testimonio para conocer cómo era la vida en el Jerez de finales del último cuarto del siglo XIX.

Las condiciones de vida en las casas de vecinos.



¿Cómo visten los trabajadores?: Con pobreza”, esa escueta respuesta al cuestionario de la comisión, sin entrar en detalles, no puede ser más elocuente de lo que observa a su alrededor Ramón de Cala. Sin embargo en las que proporciona en relación con la alimentación y la habitación de los obreros se extiende en argumentos. Con respecto a la comida que de ordinario toman los obreros apunta lo siguiente: “Lleguemos a un taller cualquiera, si nos repugna asomarnos á lo escondido del hogar, y descubriremos que se alimentan con pan no abundante, sardinas ó queso, y como gollería un poco de café hervido en agua copiosa. Y aun así, no les alcanza el jornal, y dejan de pagar la casa y quedan debiendo el vestido; todo esto á cambio de sonrojo, de resultas de las reclamaciones; sonrojos que principian mortificando y concluyen pervirtiendo”.

Las condiciones de vida en las casas de vecinos, la morada más habitual de los trabajadores, quedan descritas en toda su crudeza por nuestro político con la contundencia de la realidad: “Esas miserables casas llamadas de vecindad, por cuyas puertas pasamos indiferentes, y que algunos bien hallados no conocen siquiera. Hacinamiento de salas y cuartos apretados por el interés de aprovechar el terreno y aumentar la renta. Como en una pieza sola ó en dos cuando mas, se



amontona una familia entera, no se inutilizan las paredes con ventanas, aunque la higiene las reclame; y también porque un hueco supone una puerta y la puerta un gasto para el dueño; aun sin la demasía y el lujo de cristales, poco usados en las casas de los pobres
” (4).

Con Ramón de Cala por las gañanías de los cortijos.

Pero si la situación de los obreros en las ciudades era mala, “la de los campesinos… es si cabe más desdichada todavía”. Los “cortijeros”, como los denomina, “viven en el cortijo en el departamento nombrado la Gañanía, no tan ventilado, ni tan higiénico como el establo de los bueyes, ni como la zahúrda de los cerdos. Desván en lo grande, no en lo alto, con poyetes de piedra corridos a lo largo de las paredes, que a la vez sirven de asiento y de cama, y por muelle colchón una estera. En medio, ó en un extremo, está el fogarín, donde arde rara vez leña, y de ordinario excremento de los bueyes. Que expide una humareda asfixiante. Algún respiradero para que el aire se modifique, ya que no se renueve".

Apenas un cuarto de siglo después, las condiciones habían variado muy poco a juzgar por el retrato que de las gañanías realiza Vicente Blasco Ibáñez en una de sus obras más conocidas: La Bodega. Por la gran similitud en las descripciones, de los ambientes pensamos que el político valenciano pudo conocer los escritos de Ramón de Cala casi con toda seguridad. Pero si las condiciones de habitabilidad de las gañanías son pésimas, la alimentación de los trabajadores del campo no se queda atrás: “El cortijero come un pan hecho



con lo peor de los almacenes, en que entra tanto como el trigo, variedad de granos, que ni los animales aprovechan, y algunos pedruscos desbaratados en el molino para formar un compuesto semejante á harina, que amasada dá por resultado un pan en teleras, plomizo e indigesto. Por la mañana el ajo, especie de sopa con aceite, que ni para los candiles, sal, pimiento y agua caliente. Al medio día gazpacho con los mismos ingredientes en frio, y la agregación de vinagre, que parece legía, según está de turbio y mal formado. A la noche se repite el ajo. Y así un día y otro día, y todos los del año que no sea que la suerte depare en alguno el festín de una res muerta de enfermedad ó por accidente, cuya res se guisa y se devora en perjuicio de los buitres (5).

Como señala el historiador Diego Caro Cancela, al estudiar la vida en Jerez durante el Sexenio Revolucionario, en la campiña jerezana, los trabajos del campo podían clasificarse en tres grandes grupos: de viña, de cortijos y en la “guardería” de ganados. De los tres, el que ocupaba durante todo el año a un mayor número de trabajadores, era el que se realizaba en los cortijos, fundamentalmente, en el cultivo de los cereales. El prototipo, por excelencia, del trabajador agrícola andaluz y jerezano era el “gañán”. “Se trataba de un jornalero que pasaba largas temporadas en el cortijo, realizando distintas faenas, para recibir a cambio tres reales diarios y la comida. Era éste, por tanto, el salario más bajo que se pagaba en la España de la segunda mitad del siglo XIX, con la paradoja de que coincidía también precisamente con el grupo de trabajadores que realizaba la jornada de trabajo más larga….llegada la recolección, solía abandonarse el trabajo a jornal, para sustituirlo por el destajo, en el que se cobraba, no en función del tiempo, sino según el rendimiento del propio trabajador. Se formaban cuadrillas de segadores que cobraban una determinada cantidad por la superficie de tierra segada. En 1872, por ejemplo, era al precio de veinte a veintitrés pesetas la hectárea” (6).

En estas mismas ideas, así como en las duras condiciones de vida de los gañanes abunda Ramón de Cala en sus respuestas que no son sino un retrato de la pobreza que padecen los jornaleros y de la que parece difícil escapar: “Dos o tres veces en el año van los cortijeros á la población. Como naturalmente se deduce, el gañán no puede formar familia; y si por excepción comete la imprudencia de formarla, vive siempre separado de ella, y allá se las compone como pueden en el poblado la mujer y los hijos. El cortijero gana de dos á tres y medio reales de jornal al día, según las labores y las costumbres de la localidad. Tal es la situación económica de los obreros de las ciudades y la de los campesinos… Viven entre penalidades, y mueren de pobreza. Pocas veces el hambre mata como un puñal; pero muchas, innumerables, la mala alimentación de todos los días los venenos de la viciada atmósfera que los pobres respiran, las frecuentes abstinencias, seguidas de extemporáneas harturas, van engendrando la muerte poco á poco, y el fatal desenlace se achaca después, según la ciencia, á la gastritis, á las tifoideas y á otros males de variados nombres, que debían llamarse sencillamente hambre y privaciones; en una palabra, pobreza”. (7)

La Mano Negra, huelgas, ocupación de cañadas y la utopía del falansterio.



Entre los distintos y variados temas de los que se ocupa Ramón de Cala en El problema de la miseria, muchos están relacionados con el mundo rural, con el trabajo en el campo y con los sueños del socialismo utópico como solución.

En lo relativo a las penosas condiciones de trabajo, apunta el político jerezano como los segadores prefieren el trabajo por peonadas al trabajo a destajo “como medio de no equivocarse en la apreciación de aquella cosecha difícil de estimar por extraordinaria”. Estas peticiones fueron uno de los principales motivos de enfrentamiento en el Jerez de la época y como cuenta nuestro autor: “Los labradores rechazan la exigencia y la huelga sobreviene. No hay que averiguar quiénes tienen más razón, pues que unos y otros están en su derecho; los capitalistas para negar, los trabajadores para pedir, y todos para abstenerse”. Cala, critica el desenlace de estos conflictos acusando de falta neutralidad a las autoridades y apuntando las graves consecuencias de ello: “¿Pero que hacen en estas circunstancias las autoridades? … Recurren al arbitrio de traer soldados para la siega, y los ponen á disposición de los labradores. Y los obreros pierden en el juego de esta huelga, porque la autoridad se ha puesto de parte de los capitalistas. Así se agravan los males y se pierde la fé en todo remedio pacífico” (8).

El trabajo de los niños en el campo y la ciudad, la falta de instrucción y recursos educativos, la usurpación de cañadas, la práctica del rebusco, el nacimiento de las primeras asociaciones agrarias, o la Mano Negra, son otros tantos temas sobre los que Ramón de Cala realiza agudas críticas. En relación a este último asunto afirma de manera taxativa: “… después



de haber visto y estudiado los hechos, declaro por mi honra y con toda sinceridad, que la Mano Negra es un mito, que no ha existido, ni existe, y que es una invención desdichada del interés y del pánico, que vive solo en la fantasía, pero que por mala suerte toma realidad en lo de ahondar los abismos que á las clases separan y en alimentar sus rencores. Es posible que se admire de mi afirmación rotunda quien esto lea; pero la repito y repetiré mil veces: la Mano Negra es una invención, calumniosa si intencionada” (9).

Dejamos para otra ocasión su apuesta por la creación de Falansterios, las comunidades agrícolas autosuficientes que, basándose en las ideas del socialismo utópico, ya habían adelantado los fourieristas gaditanos Joaquín Abreu y Manuel Sagrario de Beloy con la propuesta de creación del Falansterio de Tempul.

Como ya hemos escrito en otras ocasiones, cada vez que recorremos la campiña en torno a Jerez y estamos ante una gañanía… sentimos un profundo respeto en recuerdo de aquellos jornaleros del campo, de su explotación y de las penosas condiciones de vida que sufrieron. Que no se olviden y que no se repitan.

Para saber más:
(1) Caro Cancela, D.: Ramón de Cala: republicanismo y fourierismo, en Serrano García, R. (Coord) “Figuras de “La Gloriosa”. Aproximación biográfica al Sexenio Democrático”, Valladolid, 2006, págs 49-72.
(2) Ramón de Cala: El problema de la miseria resuelto por la harmonía de los intereses humanos (1884) Edición Facsímil (2002), pp. 92-94.
(3) Ravina Martón, M.: Ramón de Cala y un plano del Falansterio (1884) en Ramón de Cala: El problema de la miseria… págs. XXXIV-XXXVII.
(4) Ramón de Cala: El problema de la miseria…, págs. 91-92
(5) Ramón de Cala: El problema de la miseria…, págs. 92-94
(6) Caro Cancela D.: Burguesía y jornaleros. Jerez de la Frontera en el Sexenio Democrático (1868-1874). Caja de ahorros de Jerez, 1990. Págs. 268-270
(7) Ramón de Cala: El problema de la miseria…, págs. 94-95
(8) Ramón de Cala: El problema de la miseria…, págs. 128-129
(9) Ramón de Cala: El problema de la miseria…, págs. 146-147


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar El paisaje y su gente, El paisaje en la literatura, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/05/2016

El Plano General de Ángel Mayo.
Una imagen de la campiña ciento cincuenta años atrás.




Recuperar un mapa –en este caso poco conocido y casi olvidado- es también rescatar parte de la historia del territorio que en él se representa, saliendo al encuentro del tiempo en el que fue trazado. Un viejo mapa se transforma así, de alguna manera, en una ventana que nos permite asomarnos al pasado y redescubrir en los paisajes de hoy, las claves que lo han hecho posible. Eso es lo que nos sucede cuando disfrutamos recorriendo cada rincón del “Plano General” de Ángel Mayo de la mano de la digitalización que realizó hace unos años el profesor e investigador Francisco Zuleta Alejandro. Miembro del Seminario Agustín de Horozco de la Universidad de Cádiz, viene compartiendo generosamente sus trabajos en GigaPan (1), pagina donde también están disponibles otras de sus realizaciones de las que hemos ido dando cuenta en otros artículos.

Publicado en el tomo 3º de los Anales de Obras Públicas de 1877, el “Plano General de la parte estudiada en la cuenca del río Guadalete, con la representación de los manantiales principales y los trazados hechos para la conducción de aguas á Jerez de la Frontera”, forma parte de la “Memoria relativa a las Obras del Acueducto de Tempul”, obra del ingeniero Ángel Mayo, quien realizó los trabajos de campo para su elaboración en 1861 (2).

El plano o mapa de Mayo, recoge a escala 1:100.000 buena parte de la mitad norte de la provincia de Cádiz y la práctica totalidad del término municipal de Jerez, centrándose especialmente en las cuencas de los ríos Guadalete y Majaceite. A diferencia de otros planos cercanos en el tiempo (el de San Martín, por ejemplo) cuya escala figura en varas castellanas, el de Mayo recoge ya la expresión en Kilómetros, conservando sin embargo formas de representación del relieve o de los ríos que nos recuerdan vagamente a otras cartas anteriores como el Mapa geográfico de Xerez de la Frontera, de Tomás López (1787), del que ya nos hemos ocupado en estas páginas.

Las vías de comunicación, los puentes, los molinos… hace 150 años.

El plano de Ángel Mayo es sin duda una pieza cartográfica de gran interés, ya que nos permite conocer algunos aspectos relevantes de la organización del territorio siglo y medio atrás. Aporta interesantes datos sobre todo lo relacionado con las vías de comunicación, la red hidrográfica y las fuentes, manantiales y pozos, considerados ya en aquella época como elementos “estratégicos”, en cuanto que de ellos dependía el suministro de agua potable para el abastecimiento de la población y para usos agrícolas y ganaderos.

El origen del plano hay que buscarlo en el encargo que la Sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas Potables y Riego de Jerez de la Frontera, presidida por Rafael Rivero de la Tixera, realiza al prestigioso ingeniero Ángel Mayo, al objeto de garantizar el suministro de agua a la ciudad.



Los estudios comienzan en el mes de agosto de 1861 y en un corto periodo de tiempo visitará ríos, pozos y manantiales de la campiña y la sierra al objeto de localizar los recursos hídricos que aseguren un abastecimiento estable y en cantidad suficiente. Del periplo de Ángel Mayo “en busca del agua” (3), el lector interesado podrá encontrar más detalles en sendos artículos publicados en su día en este medio.

Pero volvamos al plano en el que el ingeniero resume sus propuestas y representa los lugares visitados y las posibles alternativas a sus proyectos. Una de las cuestiones que reclama nuestra atención es la red viaria existente a mediados del XIX que ya cuenta con carreteras desde Jerez a las principales ciudades vecinas. Las de Medina o Cortes no aparecen todavía como tales, si bien se recoge en el mapa la vía sobre la que se trazará esta última en las siguientes décadas: la cañada de Albadalejo, que se dirige hacia el este del término atravesando Cuartillos y cruzando el río por el vado de La Florida. También figura el Camino de la Sierra, que se unirá a la anterior tras pasar por los Llanos de La Ina y cruzar el Guadalete por el vado del Alamillo.

En el mapa puede verse el Camino á San Fernando, que partiendo del Puente de Cartuja se dirige a Las Quinientas para bordear las marismas hacia Puerto Real, La Isla y Cádiz. El camino conocido como “La Trocha”, entre Jerez y El Puerto a través de la cuesta de Matajaca, por donde actualmente discurre la carretera entre estas poblaciones, es ya una alternativa en el plano de Mayo a la Carrretera del Puerto y Cádiz que pasa por El Portal. En este lugar, todavía existe cuando se elabora el mapa los “muelles”: el puerto fluvial de Jerez que desaparecería pocos años después con la puesta en marcha del Ferrocarril cuyo trazado ya se recoge también en el plano.



Siguiendo el curso del Guadalete se descubren los puentes y vados existentes a mediados del XIX. Junto a la Cartuja se aprecia en el mapa la ya desaparecida alcantarilla sobre el Salado, que aquí aparece nombrado como arroyo de Albadalejo.



Aguas arriba del Puente de Cartuja, el más antiguo de todos, se aprecia la “Presa y molino de Cartuja”, todavía visible en algunas fotografías de comienzos del siglo XX. Siguiendo hacia el este aparece el Vado del Alamillo (donde actualmente se levanta el puente de El Torno) y algo más adelante, río arriba, los vados de El Boyal (en la actual Torrecera), La Florida y Berlanga. Junto a los dos últimos, el mapa da cuenta de sendas ventas: la de La Barca de La Florida y la del Zumajo, en las proximidades del que hoy se conoce como cortjo de La Marmolilla.

En la Junta de los Ríos se menciona un “Puente de piedra”, construido a mediados del siglo XIX, que sería después sustituido por uno de hierro tras ser parcialmente destruido en la riada de 1917. En Arcos, el Guadalete es cruzado por otro puente, el de San Miguel -que en esta época es también de sillares de cantería- y por un vado que conduce hacia la cuesta de La Escalera, por donde discurre hacia El Bosque el Camino de Ronda.


La “Angostura de Bornos”, en la Sierra del Calvario, se emplaza en el lugar donde hoy se levanta la presa de Bornos. El Puente de Villamartín, que se recoge en el Plano se encuentra recién construido cuando se elabora el mapa y vino a sustituir a la vieja barca de maroma existente en este punto para el paso del río. Este puente también sería arrastrado por la riada de 1917 y sustituido por uno de hierro unos años después.



El curso del Majaceite depara también algunas sorpresas. Aguas arriba de la Junta de los Ríos el mapa recoge la existencia de varios molinos (Matos, La Molineta, La Angostura) hoy desaparecidos totalmente o en ruinas. La “Angostura de Arcos” es el lugar donde cincuenta años más tarde se levantará la presa de Guadalcacín. La Ermita y Venta del Mimbral, la Venta y Molinos de Tempul, el Molino de Carvajal o el paraje del Charco de los Hurones son otras tantas referencias que se encuentran también en el plano de Ángel Mayo. Ya en la zona de la Sierra, llama la atención el topónimo de “Las Poblaciones”, como también se conocía a la villa de Prado del Rey, o el de la “Aldea de Benamahoma” y su “Nacimiento del Moro", o enclaves como el de “Salinas de Hortales” o Aznar, por citar sólo algunos de los más notables.



Fuentes, pozos y manantiales.

Pero el plano de Mayo destaca sobre todo por la cartografía precisa de los pozos, manantiales, fuentes y otros lugares de captación de agua en ríos y arroyos, principal objeto de su elaboración.



Desde agosto de 1861, durante varios meses, recorre el término de Jerez y de otros municipios de la provincia aforando fuentes y manantiales para estudiar las posibilidades de la conducción de sus aguas hasta nuestra ciudad, recogiendo después en su mapa estas posibilidades y los posibles trayectos que habrían de seguir las conducciones según la alternativa que finalmente se eligiese.



Así, en sus recorridos, Ángel Mayo viaja hasta puntos muy alejados de Jerez, como la aldea de Benamahoma, donde estudia el manantial más caudaloso de la provincia, el Nacimiento. En los Montes de Jerez y en las faldas de la sierra del Aljibe afora también las surgencias de Ortela, Ñames, Fonfrías y otras pequeñas fuentes cuyos caudales unidos superaban a los de Tempul.



El manantial de Tempul, que figuraba como uno de los de mayores posibilidades para la Sociedad promotora del proyecto, había sido descartado ese mismo año por el ingeniero francés P. Rouaulth, quien también realizaba estudios similares. Ángel Mayo, sin embargo, lo visitará en varias ocasiones y estudiará sus caudales con detenimiento, sabedor del interés de la ciudad en esta opción que, como es conocido, saldría finalmente triunfante.

Otras alternativas estudiadas por el ingeniero fueron los manantiales recogidos en el plano de La Piedad, en las faldas de la cercana sierra de San Cristóbal, los Mesas de Asta y La Mariscala, los de la Sierra de Gibalbín, La Torre de Pedro Díaz y Romanina, los de San Andrés, en las cercanías del cortijo del mismo nombre, entre Arcos y Bornos, así como varias fuentes ubicadas en la Sierra del Calvario, en esta última población.

Junto a todo ello, en su Memoria, Ángel Mayo aportó también nuevos estudios de otros puntos de abastecimiento próximos a la ciudad, de menor caudal que los citados anteriormente y que sitúa también en su plano como las fuentes de La Canaleja, La Teja, el Clérigo, La Vaquera o Pedro Díaz, situadas todas ellas en las vertientes de Albadalejo, así como la conocida fuente de Los Albarizones que durante varios siglos alimentó los depósitos de La Alcubilla.



Por último el ingeniero estudia también – y así lo refleja en su mapa- la posibilidad de realizar tomas en el Río Guadalete, en el lugar conocido como Cerrada o Angostura de Bornos (donde casi un siglo después se construiría la presa), en el propio río Majaceite a la altura de la Angostura de Arcos, o en el Guadalete en la zona del Puente de La Cartuja, el punto más próximo a Jerez y con aguas de peor calidad, que sería necesario elevar mediante bombeo a unos depósitos ubicados en los Cerros del Real (Lomopardo) desde los que llegarían por gravedad hasta la ciudad, tal como figura en los trazados que recoge en su plano.



De todos estos lugares podrá obtener el lector una detallada información “paseando virtualmente” por el plano de Ángel Mayo que en “tamaño real” podemos disfrutar a través de la digitalización realizada por Francisco Zuleta. No se lo pierdan.

Para saber más:
(1) Enlace al “Plano General de la parte estudiada en la cuenca del río Guadalete, con la representación de los manantiales principales y los trazados hechos para la conducción de aguas á Jerez de la Frontera”, en la página de GIGAPAN de Francisco Zuleta.
(2)Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera, por D. Ángel Mayo. Anales de Obras Públicas, nº 3. 1877.
Otras lecturas de interés para profundizar en los trabajos de ángel Mayo son:
-Arcila Garrido, M.Luis.: La figura de Ángel Mayo vista por la prensa de la época" en Aguas de Jerez. Tempul: entre el medio natural y la técnica hidráulica. Coord. J. M.Barragán Muñoz, Ed. Ajemsa. Jerez de la Frontera, 1993.
-Barragán Muñoz, M. Coord.: Agua, ciudad y territorio. aproximación geohistórica al abastecimiento de agua a Cádiz. Ed. Servicio de Publicaciones de la UCA, Cádiz, 1993.
-Barragán Muñoz, M. Coord.: Aguas de Jerez. Evolución del abastecimiento urbano. Ed. Ajemsa. Jerez de la Frontera, 1993.
-Inauguración de las Aguas de Tempul. Revista de Obras Públicas. 1869. Tomo 15-2, pg. 177-79.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Cartografía histórica y grabados, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 24/04/2016

 
Subir a Inicio