50 años de azucareras y maños en Jerez




A los maños y azucareros de Jerez.

El pasado 9 de octubre, día de San Dionisio, tuvo lugar la entrega anual de los premios Ciudad de Jerez que este año distinguían con su Premio Especial, a los trabajadores aragoneses de las azucareras, con motivo del 50 aniversario de su llegada a nuestra ciudad. Sirvan estas líneas como homenaje a la “comunidad maña” y a todos los azucareros.

Una historia que comienza hace más de un siglo.

Por elegir una fecha relevante, la historia de las azucareras en Jerez (1) puede empezar a contarse a partir del 15 de noviembre de 1897, cuando la Gaceta de Madrid anunciaba la subasta pública para la “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”. Con un presupuesto inicial de 1.227.968 pesetas, este proyecto tenía como finalidad la construcción de una presa o azud en el “Vado de los Hornos” -lugar que acabaría siendo conocido como “La Corta”-, para poner en riego las vegas cercanas a El Portal (2).



Toda la comarca, y en especial la ciudad de Jerez, atravesaba entonces por una grave crisis marcada por el paro y los conflictos sociales que se había visto acentuada por la plaga de filoxera, desatada en 1984, y que terminaría por arruinar en poco tiempo todo el viñedo. No es de extrañar por ello que en estos años se alzaran voces pidiendo buscar alternativas al monocultivo de la vid.

Las propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término (3). La construcción del Pantano de Guadalcacín, que habría de esperar aún más de una década, estuvo precedida por una iniciativa más modesta: los regadíos, de unas 2000 hectáreas, en las vegas de los Villares, El Torno, las Quinientas, El Palmar y El Portal. Promovida por la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete (4) supuso la construcción del azud de La Corta, una estación elevadora a vapor y una amplia red de canales y acequias para poner en riego 2000 hectáreas (5). En definitiva “un proyecto netamente modernizador de carácter agroindustrial que significaba un cambio muy apreciable” (6). Y todo con el propósito de introducir en las vegas del Guadalete el cultivo de la remolacha, para lo que se levantó también la primera fábrica de azúcar de nuestra provincia, la Azucarera Jerezana, en El Portal.

Iniciada su construcción en 1899, la vida de aquella azucarera fue muy corta. Pese a la puesta en regadío de una amplia vega, el contenido en azúcar de la remolacha cultivada ofrecía bajos porcentajes. El auge de esta industria en otras zonas del país (Zaragoza, León, Granada…) (7) y las dificultades económicas de la Sociedad promotora llevaron al cierre de la factoría en 1906 (8). La nave central y muchas de sus dependencias aún siguieron en pie durante varias décadas, sufriendo en algunas ocasiones, las crecidas del Guadalete que inundaban parcialmente sus instalaciones. Su maquinaria fue desmontada progresivamente y vendida a otras azucareras que, en esos años, habían iniciado también su andadura o realizaban ampliaciones.



Y aquí, en una de esas curiosas idas y venidas de la pequeña historia de las azucareras entra en juego un técnico mecánico, D. Nicolás Moliner Gallego, a quien encontramos en el mes de noviembre de 1919 desmontando en El Portal una de estas máquinas de la Azucarera Jerezana para trasladarla a la Azucarera del Jalón, en Épila (Zaragoza), donde trabaja. Su hijo, Salvador Moliner Ortega –quien se empleará años más tarde en la misma empresa- nacerá en Jerez durante la estancia temporal de su familia que regresará, cumplida la tarea, a la localidad aragonesa. Cincuenta años después, por esas paradojas de la vida, la Azucarera de Épila se cerrará y parte de su maquinaria se desmontará para ser trasladada a la nueva Azucarera de Jédula.

Arruinadas sus techumbres, la vieja Azucarera Jerezana mantiene aún en pie sus viejos muros. Las elegantes arcadas de ladrillo de su nave central y los restos de almacenes y dependencias, resistieron más de medio siglo para ser testigos de la vuelta de la industria azucarera a Jerez. Veamos a grandes rasgos como sucedió.



La vuelta de las azucareras a Jerez: medio siglo atrás.

Tras el abandono casi en su totalidad del cultivo de la remolacha en los campos gaditanos, será partir de los años 50 cuando vuelve a aparecer para sustituir parcialmente al algodón en los secanos de la provincia. Los agricultores que se aventuran de nuevo con este cultivo se ven obligados a transportar la remolacha a las azucareras de Granada (provincia que desde 1878 fue



pionera en estas industrias), a la sevillana de Los Rosales o a la cordobesa de Villarubia. Muchas son las voces que a lo largo de estos años insisten en la necesidad de construir una azucarera en Jerez, destacando sobre todas ellas las de Fermín Bohórquez Gómez, impulsor de la azucarera de Guadalcacín (9).

Así las cosas, el panorama cambiaría cuando en 1965 la compañía Ebro adquiere en Pozoalbero, junto a la pedanía de Guadalcacín, una finca de 33 hectáreas para construir una planta azucarera ante el empuje del cultivo en la provincia. Habría que esperar para ello a 1967, año en que se autorizó el cierre y el traslado de la Azucarera del Gállego (Zaragoza). Procedente de esta planta, en ese eterno ir y venir de los ingenios industriales sobre el que ya hemos hablado, llegó a Guadalcacín buena parte de su maquinaria (secaderos de pulpa y azúcar, calderas, molinos, tachas...), si bien la flamante instalación fabril, conocida primero como de Guadalcacín y desde 1969 como “Azucarera de Sevilla”, se dotaría de nuevos equipos que la convertirían en la más moderna y la de mayor capacidad de molturación de su época. En poco más de un año, Guadalcacín vio levantarse la planta azucarera que fue inaugurada el 9 de julio de 1968 por el ministro de Industria, D. Gregorio López Bravo, y el alcalde de Jerez D. Miguel Primo de Rivera. Ese mismo verano realizó ya su primera campaña de producción molturando casi 300.000 toneladas de remolacha a razón de 4.000 de media diaria. Todo un récord para la época. (10)



Al año siguiente, en 1968, Jerez contaría con una nueva factoría, la Azucarera del Guadalete, instalada en el flamante Polígono Industrial “El Portal”, junto a la vía férrea. Perteneciente a la Sociedad General Azucarera, la planta se creó tras el cierre y el traslado de la azucarera oscense de Monzón de Cinca, así como de otras pequeñas azucareras del Valle del Ebro, muchos de cuyos trabajadores, como sucedió con la de Guadalcacín, se vieron obligados a trasladarse a Jerez. Su primera campaña de molturación, en 1969, vino acompañada por el gran crecimiento de los cultivos de remolacha en todos los rincones de la campiña. Hasta 203 trabajadores, trasladados de otras azucareras del país, formaron su plantilla en la que no faltaron los maños de Monzón de Cinca (24 trabajadores), Alagón (7 t.), La Puebla de Híjar (3 t.) o Zaragoza (15 t.). La historia de esta azucarera ha sido objeto del interesante libro del historiador, investigador y azucarero Manuel Ramírez López, “Azucarera de Guadalete. 50 años en Jerez” un trabajo indispensable al que remitimos a los lectores para conocer la evolución del sector azucarero en Jerez (11).



El triángulo de las azucareras se cerraría un año más tarde con la construcción de una nueva planta en Jédula a la que llegaba un ramal del antiguo Ferrocarril de la Sierra que, aunque nunca llego a funcionar, estuvo activo hasta esta fábrica. La Azucarera de Jédula, perteneciente a la Compañía de Industrias Agrícolas (C.I.A.), inició su construcción a lo largo de los años 1968 y 1969 y llevaría a cabo su primera campaña en 1970. Una parte importante de su maquinaria y de su plantilla, procedía de la Azucarera del Jalón, industria pionera en España que había iniciado su andadura en 1904 en la localidad zaragozana de Épila y que fue hasta su cierre el mayor complejo industrial azucarero del país con una plantilla que llegó a contar con 1400 operarios. Desde Épila y la cercana localidad de Lumpiaque, casi cien familias se trasladaron a residir en Jerez formando una de los más nutridos grupos de maños de Jerez.



Azúcar amargo: de la época dorada al cierre de azucareras.

Las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado son también las del auge de la remolacha y de las azucareras en las campiñas gaditanas. Son los años en los que el cultivo alcanza su mayor expansión, llegando a superar en sus momentos culminantes las 50.000 hectáreas de superficie, que situaban a la provincia de Cádiz a la cabeza nacional llegando a concentrar el 25% de la



producción española y el 60% de la andaluza (12). En esta “época dorada” de las azucareras, las producciones de remolacha provienen por orden de importancia, de los términos de Jerez, Arcos, Medina, Vejer, Conil y Villamartín, recibiéndose también de municipios de la provincia de Sevilla. En estos años de gran producción llegó incluso a proyectarse la ubicación de una nueva planta en el cruce de Las Cabezas. Sin embargo, el mismo Estudio apunta ya problemas preocupantes en la década de los 80: “El exceso de oferta existente, tanto a nivel nacional como europeo, hace que este cultivo, de gran trascendencia en la economía gaditana, se encuentre contingentado, fijándose objetivos de producción a nivel nacional mediante cupos. participa en un 15%-20% de la producción nacional de remolacha, consiguiéndose actualmente, y a través de múltiples negociaciones cupos extras, incluso en detrimento de los de otras provincias” (13).

Las azucareras y el cultivo de la remolacha trajeron trabajo y prosperidad, pero también hubo contrapartidas negativas derivadas, fundamentalmente, del grave impacto ambiental que causaron en sus primeros años (14). Ya en el verano de 1969, los vecinos de El Portal y el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María denunciaban como la contaminación de las aguas del río, a las que vertía la Azucarera del Guadalete, habían ocasionado un grave daño en la fauna piscícola que no llegó a recuperarse pese a la instalación de balsas de decantación y sistemas de depuración que, al parecer, no llegaron a funcionar correctamente.



Los malos olores propios de estas instalaciones se denunciaron también en Jédula y en Guadalcacín, cuya azucarera se vio obligada a trasladar sus balsas a un paraje aislado en las cercanías de las Mesas de Asta, ocupando el vaso de la antigua Laguna de Las Mesas, en plena marisma, como lo hiciera la Azucarera de Guadalete en la laguna de Las Quinientas. Ambos espacios naturales quedaron destruidos si bien hoy se encuentran ya en vías de recuperación (15).

Desde hace casi dos décadas, la pequeña historia de las azucareras, la “dulce” historia del cultivo de la remolacha y de la industria del azúcar comenzó a amargarse. Las políticas agrarias comunitarias (PAC), las regulaciones del mercado y de producciones, la OCM, la asignación de cupos, las bajadas de precio de la remolacha, las fusiones empresariales, los intereses de las multinacionales de la alimentación… trajeron como consecuencia el declive y el cierre de las plantas de Jédula (2001) y de Guadalcacín (2007), siendo desmantelada a lo largo de 2008.



Cincuenta años después de la instalación de las azucareras en la campiña de Jerez, el futuro es, cuando menos, incierto. La Azucarera del Guadalete, única factoría superviviente del “glorioso” pasado azucarero jerezano, pasó a ser propiedad en 2009 del grupo británico ABF, quien ha realizado una gran renovación de la planta jerezana incorporando en 2011 una nueva refinería de azúcar y consolidándose como una de las más importantes azucareras de España. De la misma manera, el declive de la industria ha traído también como consecuencia el de los cultivos, un horizonte que nadie hubiese previsto hace cincuenta años, cuando la campiña era un “mar de remolacha” y las azucareras empleaban directamente, durante sus largas campañas estivales a más de mil trabajadores. Cincuenta años después, el azúcar se vuelve un poco amargo en el recuerdo.

Para saber más:
(1) Para conocer a fondo la historia de las azucareras en Jerez hay que consultar el magnífico trabajo de Manuel Ramírez, historiador, investigador y azucarero quien además de una seré de artículos sobre el tema ha publicado recientemente: Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete. 50 años en Jerez, Tierra de Nadie editores, 2018.
(2) “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”, Revista de Obras Públicas, 1897, Tomo II, nº 1157, pp. 587-590. De esta publicación hemos obtenido los datos más relevantes que se exponen en el artículo.
(3) Historia y Geografía del hábitat rural de Jerez, Asociación para el Desarrollo Rural de la comarca de Jerez, 1999, pp. 14-16
(4) Peñuela Jiménez, A.:Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete”, en Aportes para una Historia de la Banca en Andalucía. 1780-1936. Disponible en:
https://bancaandalucia.blogspot.com.es/search/label/Sociedad%20Agr%C3%ADcola%20Industrial%20del%20Guadalete, consultado el 10/10/2019.
(5) García Lázaro, J. y A.:La corta. Breve historia de un antiguo azud que está siendo demolido”, Diario de Jerez, 8 de abril de 2018. También puede consultarse en http://www.entornoajerez.com/2018/04/la-corta-breve-historia-de-un-antiguo.html
(6) Montañés, E.: Transformación agrícola y conflictividad campesina en Jerez de la Frontera (1880-1923), Biblioteca de Urbanismo y Cultura, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1997, p. 103. Sobre esta cuestión, puede consultarse también Boletín de la Cámara Agrícola de Jerez, mayo de 1897.
(7) Biel Ibáñez, M.ª Pilar.: "El patrimonio industrial remolachero en Aragón: estado de conservación, catalogación e intervención.", en Patrimonio cultural, remolacha y nuevas tecnologías. Castillo Ruiz, J. y Romero Gallardo, A., (Coords), Universidad de Granada 2018, pp. 163-165
(8) Sobre las diferentes razones que llevaron a cerrar la Azucarera Jerezana pueden consultarse Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete…, pp.:35-49; Romero Rodríguez, J.J. y Zoido Naranjo, F.: Colonización agraria en Andalucía: estudios sobre las actuaciones para la transformación del espacio rural en las provincias de Cádiz y Córdoba., Secretariado de Publicaciones de la Universidad, Sevilla, 1977, p. 51; Montañés, E.: Transformación… p. 160; Commercial Relations of the United States with Foreign Countries, Volumen 1, 1909, p. 392.
(9) Simó, J.P.: “Azúcar amargo”, Diario de Jerez, 3 de febrero de 2008
(10) Simó, J.P.:Azúcar amargo” …; García Lázaro, J. y A.:Azúcar amargo: breve recorrido por un siglo de azucareras en la campiña”, Web Entorno a Jerez, 08/08/2013 y Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete…, pp.:54-60.
(11) Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete. 50 años en Jerez, Tierra de Nadie editores, 2018
(12) Zoido, F. (Dir.). Cádiz y su provincia. Ediciones Gever. Sevilla 1984, pg. 150.
(13) Estudio Económico de la Provincia de Cádiz. Análisis descriptivo y diagnóstico de la situación actual. Diputación de Cádiz. 1983. pg. 98-99.
(14) Clavero Salvador, J.: Guadalete, río del olvido, Pliegos de Opinión, nº 0, Jerez, junio de 1985, pp. 15-16.
(15) García Lázaro, J. y A.:Por la laguna de Las Quinientas. Un antiguo humedal en vías de recuperación”, Diario de Jerez, 11 de febrero de 2018.

García Lázaro, J. y A.:Azúcar amargo: breve recorrido por un siglo de azucareras en la campiña”, Web Entorno a Jerez, 08/08/2013, http://www.entornoajerez.com/2013/07/azucar-amargo-breve-recorrido-por-un.html. El presente artículo, está basado, con las oportunas modificaciones en este trabajo anterior que citamos.


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Paisajes alfonsíes en torno a Jerez.
Un recorrido por algunos lugares vinculados al rey Sabio.


Cada 9 de octubre, día de San Dionisio,  se conmemora la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla. Por nuestra parte queremos contribuir modestamente a esta celebración haciendo un recorrido por diferentes lugares y parajes de nuestro entorno rural que, de una u otra manera, se vinculan con Alfonso X y que aparecen mencionados en distintas fuentes documentales relacionadas con el "rey Sabio".

La aldea de Grañina.

Para el conocimiento del medio natural y el entorno rural de nuestro territorio en el último tercio del siglo XIII, constituyen un referente de primer orden los denominados libros de repartimiento. En el caso de nuestra provincia se han conservado los correspondientes a Cádiz-El Puerto de Santa María, Vejer y Jerez. Pero si bien podemos conocer con bastante detalle todo lo referente al reparto urbano de las casas y solares de estas poblaciones, en lo relativo a la distribución de tierras y heredades existe lamentablemente una gran laguna, ya que a diferencia de lo que sucede en otras ciudades, en Jerez se perdió el libro del repartimiento rural a finales del siglo XVI. Por esta razón, la información que se tiene de la organización del amplio término municipal jerezano, de las tierras, parajes y aldeas que integraban su extenso alfoz es muy reducida.



El profesor Emilio Martín Gutiérrez localizó en las Actas Capitulares de 1505 la copia de un capítulo del libro del repartimiento rústico: el de la aldea de Grañina situada al pie de la Sierra de Gibalbín. El texto está fechado en 1269, y da cuenta del reparto de las tierras de este lugar entre diez pobladores. La pervivencia en el tiempo de este enclave rural debió de ser muy limitado ya que la lejanía de la ciudad dificultaba su protección. E. Martín apunta que “las indudables dificultades de toda índole que tuvieron que sufrir los pobladores de la aldea de Grañina durante las incursiones de los meriníes, que utilizaron la Sierra de Gibalbín como centro de operaciones para sus razias, provocaron presumiblemente la huida y el abandono de este lugar” (1). Aunque se desconoce el emplazamiento exacto de esta antigua aldea alfonsí, el topónimo de Gratina ha llegado hasta nosotros dando nombre a una de las hazas que integran el cortijo de Romanina, tal y como puede verse también en el Plano Parcelario del término de Jerez que en 1904 realizara Adolfo López Cepera. Sus tierras lindan con la actual cañada de Romanina que, arrancando desde las cercanías de Nueva Jarilla, llega hasta el Cortijo de La Sierra, a los pies de Gibalbín. (2)

Por Tabajete y el Guadaxabaque.




En su estudio sobre el Libro del Repartimiento de Jerez, los profesores M. González y A. González aportan también interesantes referencias acerca de algunos enclaves rurales en los que se distribuyeron tierras a los primeros pobladores de la ciudad. Buena parte de los nombres de estos parajes o aldeas han pervivido hasta nuestros días, quedando así –de alguna manera- la huella alfonsí en muchos de nuestros topónimos.

En 1267 se concedieron a los franciscanos tierras y huertas junto a la Puerta Real y a los dominicos junto a los caminos de Sevilla y Sanlúcar. Estos últimos recibieron además 1.000 aranzadas en distintos lugares del término: “…ochocientas cabe é pasado Guadaxabaque en la media legua de carrera que va de Xerez a Solúcar,… é las doscientas á comprir, en un olivar, é mas tierra en el sitio de Tabayet por soma de un cerro antes del Arroyo” (3). En la actualidad Tabajete aún da nombre a un cortijo y aún extenso paraje ubicado al borde las marismas del mismo nombre, junto a Mesas de Asta.

Peor suerte ha corrido el Arroyo de Guadajabaque, cuyo tramo final ha “desaparecido”, literalmente, canalizado en parte a través de la laguna de Torrox y a través de los colectores que corren por el polígono industrial El Portal. Sin embargo, aún queda constancia en la actualidad de aquellos originarios repartos alfonsíes a la orden de predicadores, ya que las tierras que se extienden a ambos lados de la



carretera de Sanlúcar, en sus primeros kilómetros, conservan aún el nombre de Santo Domingo, al igual que el cortijo que las preside, del que nos llama la atención su edificio principal que fuera en otro tiempo una renombrada casa de viña. No debe extrañarnos la pervivencia en el tiempo de este topónimo ya que, no en balde, pertenecieron a los dominicos casi seis siglos hasta la desamortización de 1835. El actual Arroyo de La Loba, que cruza también la “carrera de Solúcar” y que linda con las tierras de Santo Domingo, formó parte en su día de la cabecera de aquel río Guadajabaque mencionado en los documentos alfonsíes. (Ver mapas).



En las donaciones realizadas por el Rey Sabio a diferentes Órdenes Militares aparecen también, desde los primeros días de la ocupación cristiana del territorio jerezano, otros nombres de distintos rincones de nuestro término que aún hoy nos resultan familiares. Como los que figuran, por ejemplo, en el documento de la donación a la Orden de Calatrava en 1269 de “…3 aranzadas de huerta, cerca de la muralla, 8 aranzadas de viña en Barbaina, 30 aranzadas de olivar y 12 yugadas de tierra de labor en Crespellina”. Según el mismo privilegio, la Orden de Alcántara, recibió también huertas junto a la muralla y a la Orden de Santiago se le asignaron tierras de viña y olivar en Casarejos, Vicos y Barbayna, parajes todos ellos que aún dan nombre a otros tantos pagos del alfoz jerezano. Las Mesas de Santiago o “de Santiago de Fe” figuran, así mismo, entre los lugares que en 1270 Alfonso X concedió a Fernando Alfonso de Mendoza, a quien quiso premiar entregándole “la aldea de Fe con su torre” (4).



El Portal y el Guadalete.

Junto a los ya citados, existen en los documentos alfonsíes otras referencias a distintos topónimos de nuestro entorno. Tal es el caso de las menciones a la aldea de El Portal y al río Guadalete.

La historiografía tradicional jerezana atribuye la fundación de la aldea de El Portal al rey Sabio. Así lo apunta por ejemplo, entre otros autores, Parada y Barreto, quien sostiene que tras la sublevación mudéjar, que acabo con la guarnición cristiana del alcázar de la ciudad, “…volvió D. Alonso el Sabio a aparecer por segunda vez en los campos de Jerez y con ánimo entonces decidido de asegurar para siempre la población […] sentó sus reales a alguna distancia de la ciudad […] Dícese que D. Alonso puso su campamento hacia el sitio que llaman del Portal y que dejó allí fundada una villa que ha desaparecido con el tiempo.



En dicho sitio que sirve de puerto a Jerez para el comercio de transporte por el Guadalete, existía una ermita de Nuestra Señora del Portal, cuya imagen, que había sido encontrada allí en un pozo en 1709, gozaba de gran devoción y se le atribuían multitud de prodigios. Dicha imagen fue trasladada en 1752 a la iglesia de San Miguel…
” (5).



Sea como fuere, el nombre de este antiguo enclave es mencionado ya en las fuentes alfonsíes y así aparece en un documento de deslinde (27/06/1269) de los términos de La Puente de Cádiz, donde se señala que en las salinas del Zurraque se encuentra el mojón que divide los términos de La Puente, Medina y El Portal (6). Es muy probable que el origen de esta población pudiera estar en la reutilización o ampliación de un antiguo embarcadero árabe que se ubicase en la zona y que recobraría una mayor importancia estratégica como puerto fluvial del Guadalete, una vez que la alquería musulmana de Alcanate situada aguas abajo, pasara a manos cristianas con el nombre de Santa María del Puerto controlándose definitivamente la desembocadura del río.

Un suceso milagroso.

De lo que no cabe duda es que tanto El Portal como el Guadalete aparecen también citados en las Cantigas de Santa María. En una de ellas, la nº 356, se glosa “como Santa María do Porto fez viir hua ponte de madeira pelo rio de Guadalete pera a obra de sa igreja que fazian, ca non avian y madeira con que lavrassen”. El supuesto milagro de la Virgen narrado en esta cantiga hace referencia a la curiosa forma en la que pudo obtenerse la madera



necesaria para erigir la iglesia-fortaleza (actual Castillo de san Marcos) que Alfonso X mandó construir en Santa María del Puerto y de la que se carecía (7). Así, las vigas que se precisaban para los andamiajes de los muros y las cimbras de las bóvedas pudieron levantarse gracias a que una providencial riada del Guadalete arrastró milagrosamente un puente de madera existente en El Portal que llegó flotando por el río hasta los pies del castillo. La versión en castellano actual del “milagro” narrado en la citada cantiga es la siguiente: “Hizo venir una riada de agua, que pasó por el Portal / y arrastró un puente de madera, tan íntegra / como en él estuviera; nunca se vio mejor. / Y por el río Guadalete la hizo llegar, / tal como estaba, allí donde / construían la iglesia, / para que no fallasen en terminar / a tiempo la obra” (8).

Este delicioso relato esconde algunos datos de gran interés que, como sucede en muchas otras cantigas, pudieran tener alguna base cierta. El río Guadalete se presenta aquí como un curso caudaloso y de grandes crecidas, característica a la que ya se aludía también en la Cantiga 328. El profesor Martín Gutiérrez nos recuerda como en esta cantiga, al enumerarse las bondades de la alquería de Alcanate (el actual Puerto de Santa María), se señala que está situada entre el Guadalquivir –“que es muy noble río en el que entran muchas aguas y por el que pasan grandes navíos”- y el Guadalete, “que corre con mucho brío” (9).

El texto de la Cantiga 356 confirma también la existencia del enclave de El Portal y de su relativa importancia, que deducimos por la posible ubicación en este lugar de un puente de madera (o de barcas), en las proximidades del embarcadero. De ser cierto, nos encontraríamos con uno de los primeros puentes documentados en la cuenca del Guadalete, levantado tres siglos antes del puente de cantería que en el s. XVI se construiría en el vado de Medina. Dado que en los siglos medievales no se tiene noticia de otros puentes en este sector del río -que se cruzaba por vados, pasadas y barcas- cabe pensar que en la elección de este lugar para su construcción pudo pesar el hecho de que por El Portal se accedía más directamente que por otros vados a la calzada que conducía hacia La Puente de Cádiz. Esta vía pasaba por las tierras del Tesorillo, Frías y Bolaños y circundaba las marismas situadas en la margen izquierda del Guadalete, un camino que aún hoy discurre por la antigua Cañada Real de la Isla y Cádiz.

Habría que esperar hasta el siglo XX para que, el viejo puente de madera de El Portal que por la intervención milagrosa de la Virgen fue arrastrado por una riada del Guadalete hasta Alcanate, fuese sustituido por uno de hierro, el conocido como “Puente de la Azucarera”.



Hoy, el “Puente de la Herradura” ocupa el lugar de aquellos para seguir comunicando Jerez con los caminos que conducen a las tierras de Medina y Vejer y, especialmente, con esos otros que, bordeando la marisma, se dirigen a Puerto Real, San Fernando y Cádiz. Como hace 750 años cuando Alfonso X, el rey Sabio batallaba por estas tierras.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: Aproximación al repartimiento rural en Jerez de la Frontera: la aldea de Grañina. En la España medieval, 1999, nº 22, pg. 355-368. La cita está tomada de la p. 367.
(2) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(3) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. I, pp. 12-13.
(4) González Jiménez, M. y González Gómez, A.: Jerez de la Frontera en el siglo XIII. CEHJ, Jerez, 1984, pp. 27-28.
(5) Parada y Barreto D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera. Imprenta del Guadalete, Jerez, 1878, pg. XXXIII.
(6) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p. 73.
(7) Cómez Ramos, R.: “Arquitectura y técnicas constructivas en la miniatura Castellana del siglo XIII”, en Sousa Melo, A. y Ribeiro, M.C.: História da Construção – Arquiteturas e Técnicas Construtivas, Braga, 2013, pp. 135-151, ver pp. 140-143.
(8) Montoya Martínez, J.: “Cancionero de Santa María del Puerto. Edición, traducción y notas”, en Alcanate I (1998-1999), Cátedra Alfonso X El Sabio, 1999, pp. 145-146 y 237. Citado por J.J. López Amador y E. Pérez Fernández: El Puerto Gaditano de Balbo, El Puerto de Santa María, 2013, p 190, nota 485.
(9) Martín Gutiérrez, E.: “Reflexiones en torno a los paisajes rurales en Jerez de la frontera durante el último cuarto del siglo XIII, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla 1264-2014. Ayuntamiento de Jerez, 2014, Colección Patrimonio. p. 184. Véase también la nota a pie de página nº 55.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 9/11/2014

Por los Llanos del Valle y el Puerto de las Palomas.




Retomamos el recorrido que iniciamos la semana pasada por la carretera que desde San José del Valle conduce hasta el Puerto de las Palomas, a los pies del Picacho y que cruza por un paraje de singular “encanto”: Los Llanos del Valle. Después de un pequeño paseo por los alrededores de la Boca de la Foz, continuamos nuestro camino.



A la altura del km 8, la ruta va cambiando de orientación para buscar el Puerto de las Palomas. En este lugar cruza la carretera la antigua Vereda de Alcalá de los Gazules (que queda a la derecha) y viene a unirse a la vía pecuaria conocida como Vereda de la Boca de la Fox, que atraviesa la garganta hacia las tierras de Tempul y de Algar, caminos centenarios que no pueden perderse.



Frente a la Boca de La Foz, esta vereda, discurre paralela al Arroyo de Bogas, entre las tierras del Rancho de Calvo (izquierda) y del Cortijo de Cortés (derecha). En este lugar, donde podremos parar un rato para contemplar el paisaje circundante y los perfiles de la sierra y la garganta, veremos los primeros carteles que señalizan los límites del Parque Natural de Los Alcornocales, en cuyo territorio acabamos de entrar.



Frente a nosotros, llaman también la atención en este lugar, los vallados, del Cortijo de Cortés Alta (Casa de la Cortés, figura ya en el mapa del IGN de 1917), cuyo renovado caserío se divisa en las laderas de la Loma de los Poyales. En la entrada puede verse un panel cerámico obra del conocido pintor jerezano Rodrigo Báez.

Desde el “Llano de Cortés”, antiguo descansadero, la carretera inicia un suave descenso siguiendo el trazado de la antigua cañada dejando a la izquierda, a lo lejos, las laderas occidentales de la Sierra de Las Cabras sobre los que crece un espeso monte arbolado. En las faldas se adivinan los caseríos de algunas fincas, perdidos entre el bosque y que pertenecen a las Dehesas de Los Dornajos y de Los Caños.



Junto a la carretera (que fue un camino sin asfaltar hasta 1997), corre el arroyo Garganta de la Toma y, a juzgar por las barranqueras que se aprecian en algunos puntos, debe bajar nutrido de aguas en época de lluvias. Por muchos lugares veremos los carteles que nos indican los contornos del Parque Natural así como los que anuncian el paso de animales silvestres o ganados ya que, a diferencia de las fincas que hemos dejado atrás en los Llanos del Valle, de clara vocación agrícola, las que ocupan las faldas de estos montes están dedicadas a la ganadería y a usos forestales y cinegéticos. A la altura del km 12, podemos ver a la derecha un gran cercado en el que, con frecuencia, pueden observarse de cerca los toros de lidia de la Dehesa de Los Caños.

Tras los vallados destaca el llamativo perfil del Cerro de La Cuna, con dos cumbres gemelas separadas por un pequeño collado, a cuyos pies nace el río Fraja, afluente del Barbate.



La berrea: el sonido del bosque.



Desde mediados de septiembre, estos escondidos parajes de la Sierra de las Cabras, son un lugar privilegiado para observar a los ciervos en las proximidades de la carretera. Los machos están entonces en su periodo de celo, la berrea, y es fácil escuchar sus profundos berridos en el silencio de estos rincones poco transitados de los Llanos del Valle. Cuando la carretera se adentra entre la zona de mayor densidad de vegetación es posible sorprender a los ciervos que bajan desde las laderas arboladas de la Sierra de las Cabras, desde la Loma de los Poyales, desde la Dehesa de Puerto Frontino y, algo más adelante, ya en las cercanías del Puerto de las Palomas, desde los cerros abruptos y boscosos de Montifarti, en los Montes de Jerez. Cuando se inicia el otoño, a la caída de la tarde, nos gusta venir a estos solitarios parajes de los Llanos para salir al encuentro de los venados en celo o, cuando menos, para escuchar sus berridos que resuenan en las espesuras forestales dejando a las claras que estos grandes ciervos son, por si quedara duda, los “reyes” del bosque.



A partir del km 14 el paisaje vuelve a cerrarse y la carretera inicia un suave ascenso entre cerros poblados de acebuches, algarrobos, encinas… En los lugares orientados a exposiciones de umbría y en las vaguadas más frescas no faltan tampoco los quejigos, los espinos, los madroños, muy abundantes en las laderas y hondonadas con más humedad. Un cartel nos sale al paso y nos indica que abandonamos el término municipal de San José del Valle para internarnos en el de Jerez, mientras la carretera asciende por una estrecha garganta. A nuestra izquierda se aprecia ya el extremo sur de la Sierra de las Cabras, “el Puntal”, a cuyos pies la ruta cambia bruscamente de orientación para rodear las faldas de esta sierra.



Apenas pasamos el km 15, en el horizonte se apunta la cima piramidal del Picacho, una de las más notables de las que conforman la cercana Sierra del Aljibe. Al poco, en un recodo a la izquierda de la carretera y al pie del extremo sur de la Sierra de las Cabras, en un hermoso y escondido paraje, se encuentra la vieja Casa de las Palomas, ejemplo de arquitectura popular de estos rincones de las sierras gaditanas. La casa está enclavada en la finca de Montifarti, que forma parte de los Montes de Propios de Jerez y a la que pertenecen las tierras que se atraviesan en este tramo de nuestra ruta como nos indican varios monolitos que podremos ver junto al camino.



Hacia el Puerto de Las Palomas.



Al poco de pasar el Km 16 llamará nuestra atención, a la derecha, junto a la cuneta, la Fuente de los Pastores, cuyo caño alimenta un gran pilar, reformado en 1959, y donde podremos parar para refrescarnos y admirar el paisaje que se abre frente a nosotros. La Sierra de las Cabras nos muestra aquí las faldas de su extremo meridional, a cuyos pies se encuentra la Cueva de las Palomas, gran cavidad en la que halló refugio el hombre prehistórico.


En las proximidades de estos parajes próximos a la Fuente de los Pastores y la punta de Las Palomas, tuvimos ocasión de “tropezarnos” en 1997 con los escenarios de rodaje del primer documental que National Geographic realizó en España, dedicado íntegramente al Parque de los Alcornocales: “El latido del bosque”.

Dejamos la fuente para continuar subiendo las rampas que la carretera presenta en este tramo, camino del Puerto de Las Palomas. Atravesamos por un pinar de repoblación y a la derecha dejamos la entrada de la finca Chaparro Dulce siempre con la presencia, frente a nosotros, de la imponente silueta del Picacho. Algo más adelante, otra cancela conduce a la Dehesilla de Alba, para llegar, pasado el km. 18 a un paraje abierto: el Puerto de las Palomas, fin de nuestro camino.



En el Puerto se ha instalado un mirador en el que encontraremos también paneles informativos y desde donde podremos apreciar un soberbio paisaje que tiene como telón de fondo las cumbres de la Sierra de las Cabras, las más lejanas de los Montes de Jerez y de la Sierra de Grazalema y las más cercanas, a nuestra derecha, del Picacho.




Desde aquí podremos optar por seguir la carretera que conduce a Alcalá de los Gazules o continuar por la que nos lleva hasta el Puerto de Gáliz.

Carreteras secundarias. “Carreteras con encanto” por las que otro día volveremos para disfrutar del paisaje de nuestra tierra.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/09/2015

 
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