San Telmo: el “puerto” de Jerez.
Un sueño de siglos.




A mediados del siglo XIX la ciudad estaba empeñada en uno de sus más grandes desafíos: tener una vía de unión directa con el mar para facilitar la exportación de vinos. La línea férrea Jerez-El Trocadero, la primera de Andalucía, haría realidad en 1856 buena parte de aquel viejo sueño que durante tantos años acarició la ciudad. Un sueño que se resumía en aquel grito de “¡Al Trocadero!”, que se hizo tan popular, como síntesis de todos los anhelos y que un poeta local resumía con un expresivo verso: “Fuera las dudas y el terror siniestro, demos un paso más y el mar ya será nuestro”. Llevar Jerez al mar … (1)

Siglos atrás, sin embargo, la gran aspiración de la ciudad era otra mucho más ambiciosa: traer el mar a Jerez. Desde el siglo XVI, de manera recurrente, el concejo anduvo embarcado en dos grandes empresas: la traída de aguas y la canalización del Guadalete y su unión con el Guadalquivir. Si bien la primera de ellos vio la luz avanzado ya el XIX, la mejora de la navegación por el Guadalete y el sueño de acercar el río y el mar a los pies de la ciudad, han conocido tantas frustraciones como proyectos se han sucedido en todos estos siglos.

Un embarcadero en la Puerta Nueva y la Ermita de Guía.



Al menos desde el quinientos, la historiografía local ofrece no pocas referencias sobre distintos estudios e informes que pretendían “hacer de Jerez puerto de mar”. De ellos nos da buena cuenta el investigador A. M. Cuadrado Román en sus documentados trabajos acerca de los proyectos de obra pública hidráulica en Jerez y apunta que, “por su elevado coste económico, las rivalidades de las ciudades vecinas o la desidia político administrativa” nunca llegaron a materializarse. El lector curioso podrá encontrar amplia información de ellos en las distintas publicaciones del citado autor (2).

Por reseñar sólo algunos de estos proyectos, citaremos que Fray Esteban Rallón, en su Historia de Jerez de la Frontera, recoge ya en 1563 el de Guillermo Banesque (o Guillermo Báñez, según el historiador J. Portillo), quien sostuvo ante el cabildo que el río “se podía traer hasta la Puerta Nueva” del Arroyo, o el de Martín Alemán (1573), ingeniero y relojero del rey, quien pretendía “volver a su madre el río Guadalete y acercarlo a la ciudad y ponerlo en el convento de Guía” (3).



Primera noticia de la traza. Atribuida conjuntamente a Juan de Herrera, que dibujaría la representación de la ciudad, y a Pietre Janson, que trazaría la canalización y muelle de embarque.



Igualmente sugerente es la propuesta atribuida por F. Íñiguez Almech (4) a Juan de Herrera y Pietre Janson (1566) de la que se conserva un curioso plano en el que se representa la ciudad de Xerez a cuyos pies aparece un puerto artificial, integrado por dos lagos circulares, con acceso desde la Puerta Nueva y la Cuesta de San Telmo. Estos lagos circulares se unen por un canal. Del lago superior nace hacia la derecha otro canal que conduce a un tercer estanque, ubicado junto al río en El Portal (5). Como dio a conocer N. García Tapia, este proyecto, basado en la traza anterior, sería desarrollado por el carmelita Fray Mariano Azaro y el ingeniero Francisco de Montalbán (1581) quienes lo presentaron al Consejo de Estado del rey Felipe II y que lleva por nombre: “Relación que el padre Mariano Ázaro hizo a su Majestad sobre el estuario navegable que se pretende hacer en Jerez de la Frontera s/f, aunque remitida al Consejo Real el 7 de Noviembre de 1582” (6). Las dársenas circulares estarían muy cercanas a la ciudad, en la Puerta Nueva y San Telmo, unidas por un canal navegable de 3.500 pies, comunicadas a su vez con una tercera ubicada en el Portal, junto al río a través de un largo canal de 9.400 pies y 30 de anchura. El canal se llenaba aprovechando las aguas del Guadajabaque y terminaba en el río Guadalete, situado a un nivel algo más bajo. Los barcos procedentes de la Bahía de Cádiz desembarcarían sus mercancías en el muelle del río y a través de los canales serían transportadas a la ciudad (7). El informe apuntaba también la interesante idea de que esta doble dársena a los pies de la ciudad permitiría que la flota de Indias pudiese atracar en Jerez sin necesidad de remontar el Guadalquivir y su peligrosa barra. ¡Se imaginan si se hubiese realizado…!



En 1604, el portugués Antonio Grafión, (8) quien dirigió la fábrica de pólvora de Cartagena, propone también la construcción de un canal desde El Portal a la Puerta Nueva… Y como éste otros muchos proyectos que pretendían acercar el río a la ciudad o la unión del Guadalete con el Guadalquivir…. Un sueño de Jerez que duró siglos.

Los proyectos de Juan Machimbarrena.



En el “ADN” de la ciudad debe estar –como se dice ahora- el sueño de "una salida al mar". Por esta razón no dejaron de sucederse proyectos y más proyectos. Tanto es así que, la última de estas iniciativas fallidas tuvo lugar hace apenas setenta años, en 1946, y se debe al ingeniero de caminos vasco Juan Machimbarrena Aguirrebengoa. Machimbarrena, quien fuera presidente del Partido Republicano Federal de Guipuzkoa en 1931, había ocupado la plaza de ingeniero municipal de San Sebastián en la década de los veinte del siglo pasado, interviniendo directamente en las grandes reformas urbanísticas que se llevaron a cabo en aquella ciudad, entre ellas la intervención en las obras de canalización y desvío del río Urumea.

En 1946 sustituye a Antonio Durán Tovar, como Director de la Comisión Administrativa de la zona portuaria de El Puerto de Santa María. Entre otras muchas iniciativas de mejora (drenajes, ensanchamiento y encauzamiento del río, construcción de muelles comerciales…) plantea también la conveniencia de mejorar las comunicaciones terrestres del Puerto de Cádiz a la vez que apunta la novedosa idea de establecer una “comunicación marítima fluvial entre Cádiz y Jerez de la Frontera” (9).

El ingeniero pretende ante todo “abaratar las comunicaciones de los puertos de la bahía de Cádiz” ante el auge que está empezando a tener el movimiento comercial en la zona y presenta su proyecto como una alternativa a la doble vía de ferrocarril que por entonces demandaban las autoridades de Cádiz. A juicio de Machimbarrena la solución ferroviaria no evitaría el gran coste económico que suponía “el volumen innecesario de toneladas-kilómetro a transportar por el contorneo de la bahía”. Junto a estas consideraciones reconocía también que “la zona servida por el Guadalete” tenía un enorme peso comercial y que Jerez era “el verdadero centro de gravedad de la provincia, convergiendo en ella el ferrocarril Cádiz-Madrid, el de Jerez-Almargen y el de Jerez-Sanlúcar, así como las carreteras a Algeciras, Medina, Arcos, Cortes, Sevilla, Cádiz, Trebujena y Sanlúcar”.

Como consecuencia de este diagnóstico basado en criterios técnicos y económicos, redacta en 1946 su anteproyecto denominado “Plan General de Habilitación del Puerto de Puerto de Santa María y enlace fluvial con Jerez de la Frontera”. En última instancia pretende con él establecer una comunicación marítima fluvial entre Cádiz y Jerez.

El Canal de El Portal.

Machimbarrena propone para ello el “encauzamiento y canalización del río Guadalete al Portal, en longitud de 10 kilómetros, y la construcción de un canal desde este último lugar a Jerez, con un desarrollo de 5 kilómetros”. Además de las razones económicas ya expuestas, argumenta como la canalización de ríos es algo habitual en los países europeos e insiste en un claro principio inspirador de la idea afirmando que introducir el mar, “adentrando la navegación hasta el propio corazón de una zona terrestre es, en buena economía, cosa mucho más deseable que lo contrario, esto es, alargar la tierra introduciéndola en el mar”.

El proyecto contempla realizar algunas modificaciones en un tramo de 12 km. del río, desde el Puente de San Alejandro hasta El Portal. A decir del ingeniero, el Guadalete presenta en su cauce entre estos dos puntos, “grandes alineaciones rectas y curvas perfectamente aprovechables”. Para facilitar la navegación, y dar al encauzamiento la traza adecuada, planea realizar 11 cortas con las que rectificará los meandros más cerrados y “las bruscas inflexiones y pequeños radios que hoy tiene el río”, reduciendo también con ello su recorrido en dos kilómetros (10).

Desde El Portal se proyecta un canal de 30 m. de anchura (que podría, incluso, reducirse a 20) con un calado mínimo de 2 m. calculado para la marea más baja de las previstas (la “Bajamar Viva Equinoccial”). Las márgenes del río se recrecerían con los materiales extraídos de los dragados y excavaciones de las cortas formando un malecón de 1 metro de altura por encima de la cota que alcanza la máxima pleamar prevista en la zona, cuya onda de crecida, como recuerda el ingeniero, se deja sentir hasta las “inmediaciones del Puente de Cartuja”. Conviene recordar, a este respecto, que antes de la construcción del azud de La Corta, la carrera de la marea llegaba hasta el citado puente y que en los siglos medievales pudo llegar hasta las cercanías de La Greduela. A los lados del río y del canal proyectado por Machimbarrena se trazarían caminos de servicio y sirga para los vehículos que remolcasen a las barcazas. “Como el volumen de la excavación para construir el canal navegable, incluidas las cortas, asciende a unos 2.000.000 de m3, de los que 1.200.000 corresponden al canal del Portal a Jerez, vemos podía disponerse de productos suficientes para rellenar y explanar caminos de servicio y sirga en las márgenes del río y zonas de embarcaderos, muelles y terrenos de expansión contiguos”.

El “puerto de San Telmo”.

El trazado del nuevo canal para llegar hasta la ciudad arrancaba del cauce del río a la altura de El Portal (aguas arriba de la vieja azucarera) y “discurre… por un primer tramo paralelo al ferrocarril, cruzando a éste en el kilómetro 114, y a continuación a la carretera general a Cádiz”. Este cruce se producía en la zona de la actual Estación Depuradora de Aguas Residuales y desde este punto, se proyectaba por los terrenos más bajos del actual polígono industrial de El Portal: “...desde aquí la traza seguirá el cauce seco que hoy existe paralelo a la carretera general, a la que nuevamente cruzará antes de llegar hasta las playas de San Telmo”.



Esta vaguada (cauce del antiguo rio Guadajabaque) fue utilizada posteriormente para la construcción del colector principal de aguas residuales de Jerez, actualmente canalizado a través de la depuradora.

El “mar”, o “el mar a través del río y de un canal”, llegaba así hasta las explanadas a los pies de la ciudad, donde años más tarde se levantarían las barriadas de Federico Mayo, San Telmo, Santo Tomás de Aquino y Cerrofruto, y donde Machimbarrena proyectó los embarcaderos y muelles del que hubiese sido el “puerto de San Telmo” o el “puerto de Jerez”. Este muelle terminal, perfectamente unido por carretera con la población, contaba también en el con un ramal de ferrocarril enlazada a la línea Jerez-Sanlúcar desde la cercana estación de La Alcubilla (11). Recordaba el ingeniero que “una vez concluidas las obras y construidos los muelles y embarcaderos en El Portal y Playas de San Telmo, la navegación podrá efectuarse, bien con carácter puramente fluvial, ente Jerez y el Puerto de Santa María, o mixto, fluvio-marítimo, entre Jerez y Cádiz”.



El canal estaba diseñado para permitir el paso de grandes barcazas automotoras o bien conducidas por remolcadores desde el río o arrastradas por sirgas desde las orillas, habiéndose calculado que el tiempo invertido para recorrer los 15 km. que separan Jerez y El Puerto no excediese de hora y media. El coste total del proyecto, que requeriría unos seis años de obras, rondaba los 91 millones de pesetas, estando previsto un volumen de tráfico fluvial de medio millón de toneladas.



Cuando desde el mirador situado junto a la Ermita de San Telmo contemplamos hoy la zona del polígono industrial de El Portal, o los populosos barrios de la Zona Sur, imaginamos por un momento el canal de Machimbarrena y nos parece ver, junto a la plaza de la Iglesia de Federico Mayo, los muelles y el embarcadero de las Playas de San Telmo, aquel Puerto de Jerez que –otra vez más- quedó en un sueño.

Para saber más:
(1) García Lázaro, A. y J.: Nuestro patrimonio ferroviario. Algunos elementos singulares de la línea férrea de Jerez a El Portal. Diario de Jerez, 11/01/2014
(2) Entre otros trabajos que hemos consultado citamos Cuadrado Román, A.M. “Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90 y, especialmente, “Un proyecto económico revolucionario en la españa de los austrias: la construccion de un canal para la union de los rios guadalquivir con guadalete, y pasar la casa de contratacion de indias, a jerez de la frontera”, C.E.H.J., 18/03/2014. Recomendamos también al lector interesado la serie de 5 artículos publicados por este autor en Diario de Jerez que llevan por título El Canal de Guadajabaque (I-V), así como el titulado El puerto de Jerez. El proyecto secreto de Felipe II. Diario de Jerez 02/06/2013.
(3) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. III, pp. 155. y 195
(4) Íñiguez Almech, F.: Los ingenios de Juan de Herrera, El Escorial, 1563-1963, IV Centenario de la Fundación del Monasterio de San Lorenzo el Real, II, Arquitectura, Artes, Madrid, 1963, pp. 181-214.
(5) La descripción de ha tomado de “Plano topográfico con canal navegable entre Jerez de la Frontera y el río Guadalete/ Fray Ambrosio Mariano Azaro y Francisco de Montalbán. IBIS. Base de datos del patrimonio bibliográfico del Patrimonio Nacional” , así como de Cuadrado Román, A.M.:Un proyecto…”. (véase cita 2).
(6) Cuadrado Román, A.M.:Un proyecto económico…”, p.3
(7) De los Ríos Martínez, E.: Los informes de Cristóbal de Rojas y Julio Cesar Fontana para hacer un muelle y un puente sobre el río Guadalete en Jerez de la Frontera. Laboratorio de Arte 14 (2001) 13-35. p. 16
(8) Cuadrado Román, A.M.: El Canal de Guadajabaque. Diario de Jerez, 20/11/2012.
(9) Todas las referencias al proyecto de J. Machimbarrena se han tomado de: Machimbarrena Aguirrebengoa, Juan.: Las comunicaciones terrestres del Puerto de Cádiz. Revista de Obras Públicas. Nº 2807, Marzo 1949, pg.97-104. De este artículo proceden los párrafos entrecomillados y los croquis.
(10) Algunos de las ilustraciones de los planos del proyecto de J. Machimbarrena y en especial los que muestran el trazado, se han tomado de: Barragán Muñoz, J. Manuel (1995):Un nuevo río para un nuevo puerto”, en Puerto, ciudad y espacio litoral en la bahía de Cádiz: las infraestructuras portuarias en la ordenación del espacio litoral de la bahía de Cádiz. Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz. Pg. 91-92.
(11) La fotografía de la Estación de la Alcubilla, derribada en 1990 ha sido tomada de la web del Club Ferroviario Jerezano.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Puentes y obras públicas, Río Guadalete, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 12/10/2014


Con Gustavo Doré por la Cartuja de Jerez




A nuestro amigo Antonio Aguayo Cobo

Mucho antes de que la fotografía hiciese su aparición, una de las imágenes más conocidas de Jerez y su entorno es la que nos ofrecen diferentes grabados que desde el siglo XVI y hasta bien entrado el XIX, repiten invariablemente una misma escena: la ciudad vista en la lejanía desde algún rincón del camino de El Puerto, con la Ermita de Guía en primer plano. El segundo lugar, a buen seguro, lo ocupan las ilustraciones que tienen como motivo el Monasterio de La Cartuja y sus alrededores.

Viajeros en La Cartuja de Jerez.

Es sobradamente conocido que junto a nuestras bodegas, una obra tan singular como el cenobio cartujano, era parada obligada para cuantos visitantes acudían a la ciudad, tal como se puede deducirse de los numerosos testimonios escritos que sobre La Cartuja han dejado viajeros románticos e ilustrados, historiadores, artistas o escritores y que conocemos, en buena medida, gracias a los trabajos de Ramón Clavijo Provencio (1).

La mayoría de estos autores se centran en los aspectos artísticos y arquitectónicos del monasterio a la vez que se lamentan por el estado de deterioro y abandono que sufre el monumento. Algunos de estos viajeros, como Antoine de Latour describen también los claustros, los patios y jardines, las dependencias o los caminos de acceso. Otros, como Antonio Ponz, nos aportan datos hasta de los curiosos árboles que crecen junto a la puerta de acceso… Pocos, sin embargo, mencionan la Cruz de la Defensión, que aún se conserva en el jardín exterior, junto a la puerta principal de entrada al monasterio. Aunque en los relatos de los viajeros no se alude a este sencillo monumento, este singular crucero mereció la atención de uno de los mejores ilustradores y grabadores del siglo XIX; el francés Gustavo Doré quien dejó para siempre testimonio gráfico de cómo la contempló en 1862.

En compañía del barón Jean Charles Davillier, un célebre escritor e historiador del arte al que hoy calificaríamos como “hispanista”, Doré viajará por toda España encargándose de ilustrar las crónicas que aquel escribe “por entregas” para la revista de viajes "Le tour du Monde", que por entonces publica la editorial francesa Hachette. Las crónicas tendrán un gran éxito popular y se recopilarán unos años después en un libro con el título “l’Espagne". Este “Viaje por España” ,como será conocido en la versión que se editó en nuestro país, romperá en parte los tópicos que los viajeros románticos habían venido ofreciendo hasta entonces sobre nuestro país, aportando una visión más real y ajustada de la España de esa época. A ello contribuyeron vivamente las casi 500 ilustraciones de Gustavo Doré que contenía la obra.

Gustavo Doré en la Cartuja.

Una de las ciudades que figura en el recorrido de estos autores fue Jerez, donde visitaron sus principales calles y monumentos o las bodegas de Pedro Domecq, como nos recuerda José Luis Jiménez a propósito del comentario sobre un grabado de Doré dedicado a los vendimiadores (2). Y entre estas visitas no podía faltar La Cartuja, donde cabe suponer que Doré tomaría los apuntes para el grabado que comentamos (3), en el que nos llama la atención, junto a su limpio y preciso trazo, la ausencia de vegetación junto a la entrada del monasterio.

El grabado nos muestra en primer plano la Cruz de la Defensión, a cuyos pies parece descansar una mujer con su cántaro. Otra mujer, con un cántaro en la cabeza aparece en la escena delante del pórtico, obra del maestro Andrés de Ribera, que se muestra también en la ilustración, al igual que el crucero, con un gran realismo.



Sin embargo no hay rastro de los árboles que setenta años atrás describiera Antonio Ponz en este lugar. La imagen de Doré contrasta igualmente con la de los jardines que en la actualidad pueden verse en la entrada de La Cartuja cuyos árboles (cipreses, naranjos, algarrobos, falsos pimenteros, palmeras…) envuelven, literalmente, al crucero.

Lo que no resulta extraño en el grabado de Gustavo Doré es la presencia de mujeres con cantaros que, a buen seguro, acudirían a buscar agua a la fuente que ofrecía agua a los caminantes y que se ubicaba en una de las paredes del convento, proveniente de una canalización realizada para el monasterio desde el cercano manantial de Los Albarizones que también abastecía a la fuente de la Alcubilla. En una curiosa “guía para viajeros” publicada a mediados del siglo XVIII, de la que nos da cuenta J. Jurado Sánchez, se describe el itinerario que se sigue de Medina a Jerez y se informa ya de la existencia de esta fuente. Tras cruzar el puente sobre el Guadalete: “se pasa por las puertas del convento de La Cartuja de Xerez, que es muy dilatado en fábrica y tiene dos patios, en uno un estanque grande de agua con galápagos y otro en el otro con peces, y en una pared de dicho convento está una fuente al mismo camino” (4).

El grabado de Doré (1862) ofrece una visión “amable” del Monasterio que, por aquel entonces, ya sufría el deterioro que siguió a la exclaustración provocada por la desamortización de Mendizábal (1835). Apenas una década después de la marcha de los monjes apunta Madoz en su célebre Diccionario, refiriéndose a los monumentos más destacados del término municipal, que “Uno de los objetos más notables… es el célebre monasterio de la Cartuja, el cual va desapareciendo insensiblemente por el descuido e incuria con que se le tiene” (5). Muy cercano en el tiempo a la visita de Gustavo Doré, contamos también con el testimonio del sacerdote francés N. Léon Godard, quién en su condición de historiador y arqueólogo visito la Cartuja en 1861 aportando su visión del deterioro del Monasterio en su obra L´Espagne, moeurs et paysages, editada al año siguiente.

Otros muchos autores nos dejarán testimonio de la preocupante situación que a medidados del siglo XIX mostraba La Cartuja, que pese a que en 1856 se declararía Monumento Histórico Artístico Nacional, el primero de la provincia de Cádiz, requería urgentes obras de consolidación y restauración. Así por ejemplo, José Bisso, refleja en su Crónica General de España publicada en 1868, apenas unos años después de la visita de Doré lo siguiente: “…la Cartuja de Jerez subsiste todavía desafiando los rigores del tiempo y presentándose a nuestros ojos como recuerdo vivo de épocas memorables; pero difícil es calcular su duración en este siglo de universal movimiento, y al ver como se apodera la industria de tantos edificios históricos como vemos convertidos en grandes establecimientos fabriles, no pueden menos de abrigarse serios temores sobre la existencia de ese monumento que quisiéramos se procurarse a toda costa conservar” (6).

Afortunadamente, el Monasterio de la Cartuja pudo superar la ocupación de las tropas francesas que lo convirtieron en cuartel y sobrevivir al deterioro de su utilización como presidio de soldados carlistas, a las paulatinas pérdidas que sufrió cuando el ejército español lo utilizó como depósito de caballos sementales o a los permanentes saqueos de sus dependencias por los propios vecinos de Jerez tras la marcha de los monjes…

El Crucero hoy.



Las diferentes restauraciones que se acometieron en el monumento durante el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del siglo XIX, también repararon en el el crucero, que fue salvado de la ruina mediante la instalación de unos aros de hierro en torno a los diferentes elementos de su base.

Como es conocido, la Cartuja contó con varias cruces repartidas por distintas dependencias del monasterio. La más conocida es la denominada Cruz de la Defensión, que como hiciera Doré, los visitantes pueden contemplar en los jardines exteriores situados delante de la monumental portada de acceso, obra esta última de Andrés de Ribera. El profesor Antonio Aguayo Cobo, que ha realizado un completo estudio de este crucero (7), apunta también que el historiador H. Sancho de Sopranis cuestiona que esta sea la cruz del Humilladero, mencionada en las fuentes documentales, toda vez que existieron también otras cruces junto al estanque de los galápagos, en el jardín del claustro o en el exterior de los muros del monasterio, junto a la torre del molino de aceite en las proximidades del río (8).

Sea como fuere, el crucero ha llegado hasta nuestros días mostrándonos en los bloques calizos que conforman su base las muchas vicisitudes sufridas en estos siglos. En palabras del profesor Aguayo, “se trata de una hermosa cruz pétrea, que conmemora la victoria de las tropas cristianas sobre las sarracenas, gracias a la intervención milagrosa de la Virgen, que da lugar al nombre de Defensión, que adopta la cartuja jerezana”. Apunta este autor que la cruz se levanta bajo el priorato de Tomás Rodríguez, constituyendo “una bella obra del Renacimiento jerezano”.

Rodeada actualmente por la arboleda del jardín exterior de La Cartuja, que la oculta parcialmente, el visitante puede sentarse tranquilamente a contemplarla en alguno de los bancos instalados en su entorno. Para ello, nada mejor que hacerlo siguiendo la descripción que de ella realiza el citado autor: “la cruz se yergue sobre una alta columna corintia, con el fuste ornado con paños. Se asienta sobre basa cuadrada, en cuyo interior se inscriben varios relieves. El conjunto se asienta sobre una semiesfera rebajada, situada sobre gradas. La cruz se halla tallada por ambas caras, representando en un lado la figura de Cristo crucificado, y en el otro a la Virgen María, Madre de Dios. A pesar de la dureza del material, la calidad de la talla se puede considerar como algo más que aceptable.


La base de la columna se encuentra tallada en sus cuatro caras. En cada uno de los relieves se representan diferentes instrumentos de la Pasión de Cristo: corona de espinas, columna de los azotes y cuerda, túnica sin costuras, y los clavos de la crucifixión. Estos elementos, además de ser los instrumentos de la Pasión, constituyen los símbolos que conforman el escudo de la cartuja jerezana, adquiriendo, por tanto, un doble significado. [...] por su estilo y aspecto debe pertenecer a los últimos años del siglo XVI, debiendo su factura a la mano de un artista local
”. (9)

Cada vez que nos acercamos a la puerta del monasterio, nos alegra comprobar que el dibujo y posterior grabado que hiciese Gustavo Doré en 1862, pudiera haberlo realizado en estos tiempos, con la única salvedad de que en él aparecería, junto a la Cruz de la Defensión y la portada de Andrés de Ribera, la arboleda del jardín que recibe hoy día a los visitantes de La Cartuja. Esperemos que en tiempos no muy lejanos, el crucero pueda ser restaurado como merece.


Para saber más:
(1) Clavijo Provencio, R.: Jerez y los viajeros del XIX. B.U.C. Jerez, 1989. Del mismo autor, rsulta también de obligada lectura, Viajeros apasionados. Testimonios Extranjeros sobre la provincia de Cádiz 1830-1930. Diputación de Cádiz, 1997.
(2) Jiménez, J.L.: Doré y el barón Davillier visitaron Jerez en 1862.La Voz. 30/04/2006.
(3) El grabado de G. Dore, ha sido tomado de Diccionario Geográfico Estadístico Histórico Madoz. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. pg. 238.
(4) Jurado Sánchez, J.: Caminos y pueblos de Andalucía (s. XVIII). Ed. Andaluzas Unidas S.A. 1989. pg. 133. Recoge copia de un Manuscrito Anónimo de la Biblioteca Nacional.
(5) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico Madoz. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. pg. 245.
(6) Bisso, J.: Crónica General de España. Provincia de Cádiz. Ed. Rubio, Grilo y Vitturi, 1868. Edición Facsímil. Editorial Maxtor. Vallodolid 2006. Pg. 42.
(6) Aguayo Cobo, A.: Arquitectura religiosa del renacimiento en Jerez II. Cartuja de la Defensión. Convento de Santo Domingo. UCA, 2006, pp. 23-24.
(8) García Lázaro A. y J.: Un rincón olvidado de la Cartuja: el humilladero y el mirador sobre el Guadalete. Diario de Jerez 09/032014.
(9) Aguayo Cobo, A, obra citada. Pg. 23.
La fotografía de G. Dore, ha sido tomada de: http://agaudi.files.wordpress.com/2008/10/paul_gustave_dore_by_felix_nadar_1855-1859.jpg


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte:
- Signos y dibujos en el patio de la Cartuja. Un paseo con Antoine de Latour.
- Con Antonio Ponz en el patio de La Cartuja. Una visita en 1791 con noticia de unos curiosos árboles.
- Paisajes con historia
- Vertidos junto al Monasterio de la Cartuja
- Un rincón olvidado de La Cartuja: el humilladero y el mirador sobre el Guadalete.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/10/2014

 
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