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Lugares de la memoria.
Un recorrido en recuerdo de las víctimas del golpe militar y la dictadura.




El pasado 14 de junio se ha conmemorado en Andalucía el Día de la Memoria Histórica como homenaje a las víctimas del golpe militar y la dictadura.

Cuando hablamos de “Memoria Histórica” como explican claramente los colaboradores e investigadores de asociaciones como “Todos los nombres” o “Jerez Recuerda”, o como sostiene la plataforma para la Memoria Democrática de Jerez, estamos hablando, sobre todo, de justicia. En estos tiempos revueltos en los que se quiere pasar página apresuradamente, sin que haya dado tiempo a escribirla ni a leerla, en estos tiempos en los que no faltan quienes reinventan la historia a su capricho, conviene, antes que cualquier otra cosa, hablar de justicia y hacer justicia. Justicia a tantos nombres, que es decir personas, que es decir vidas, familias, recuerdos, memoria.

En los últimos años, grupos y asociaciones como las mencionadas, contando con el trabajo de familiares e investigadores, han ido construyendo y publicando una completa base de datos y poniendo nombre a las víctimas de la represión franquista en Jerez (1). Trabajos como el realizado por la Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica “Jerez Recuerda” (2), o el realizado por José García Cabrera y Cristóbal Orellana González (3), han aportado valiosos datos sobre centenares de víctimas.

Los Lugares de la Memoria.

Junto a los nombres de personas, los estudios realizados informan también de los lugares donde fueron asesinadas. Lugares que guardan memoria de aquellos episodios sangrientos con los que el golpe militar de 1936 llenó muchos rincones de la campiña. Para que tampoco se olviden. Son nombres ligados ya para siempre a parajes que fueron escenario de la injusticia y del crimen, “lugares para la Memoria”.

Con la finalidad de que no quedaran en el olvido, la Junta de Andalucía creó en 2011 la figura de Lugar de Memoria Histórica y el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía (4). Como se indica en el Decreto de su creación, se entienden por tales “aquellos vinculados a hechos o acontecimientos singulares ocurridos durante la guerra ocasionada por el golpe de estado militar y la Dictadura franquista, desde el 18 de julio de 1936, fecha de la sublevación militar contra el Gobierno legítimo de la II República Española, hasta el 29 de diciembre de 1978, fecha de entrada en vigor de la Constitución Española”. Como se desprende de la normativa, la declaración de un Lugar de Memoria Histórica trae de la mano el “recordatorio y el reconocimiento de las personas que sufrieron violencia, vejación, persecución o privación de libertad por el mero hecho del ejercicio de sus derechos fundamentales, así como por la defensa del Estado legítimo, de las libertades y de la democracia” (5).

Como instrumento para su conocimiento, consulta y divulgación, se ha creado también el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. Entre 2011 y 2017, y por diferentes acuerdos del Consejo de Gobierno, se han incluido un total de 41 de estos emplazamientos, estando en estudio la declaración de otros 13 (6). En lo que respecta a la provincia de Cádiz los Lugares de la Memoria que por ahora forman parte de este inventario son la fosa común del cortijo El Marrufo (Jerez), el castillo de San Sebastián y los muros de Puerta de Tierra (Cádiz), escenarios de prisión y fusilamiento masivo, el antiguo penal de El Puerto de Santa María donde se hacinaron hasta 6.000 presos, el valle de la Sauceda, último lugar de resistencia republicana donde las 'operaciones de limpieza' dejarían un reguero de asesinatos, y la “fosa de las mujeres” de Grazalema. En referencia a este último lugar, las autoridades falangistas detuvieron a 15 mujeres, luego rapadas, paseadas y cruelmente asesinadas. En 2008 fueron rescatados los restos de un niño y 15 mujeres. Tres de ellas estaban embarazadas (7).

Lugares de la Memoria en Jerez.



Aunque no están incluidos en el inventario oficial, queremos traer aquí el recuerdo de algunos rincones de la ciudad y de distintos parajes de los alrededores de Jerez o diseminados por la campiña que guardan también la memoria de tantas víctimas. En todos ellos, como se detalla en los estudios ya citados, tuvieron lugar fusilamientos, desapariciones, torturas, prisión o internamiento de la mano de la represión franquista. En algunos de ellos mencionaremos, a modo de testimonio, el nombre de distintas personas que allí fueron asesinadas tal como se recoge en los trabajos de García Cabrera y Orellana González.

En el casco urbano son tristemente célebres lugares como las inmediaciones de la conocida Huerta de Terry, las tapias del cementerio de Santo Domingo o las explanadas cercanas a la Plaza de Toros donde fusilaron, entre otros, al viticultor Florencio Bustillo Moyano. En el entorno del Parque Scout está aún la fosa del cementerio de Santo Domingo. En La Rosaleda del Parque G. Hontoria encontró la muerte el albañil Carlos Rodríguez Alcedo y en el solar del antiguo Teatro Eslava o en los muros del Alcázar, junto a la alameda Vieja, fueron ejecutados muchos jerezanos como el camarero José Aguilar Heredia. Los alrededores de la Puerta de Rota fueron también triste escenario de la represión de ciudadanos como Francisco Acosta Gaitero, empleado municipal, al igual que sucedió en el cercano y conocido Pozo de la Víbora, en Picadueña Baja donde acabaron con la vida, entre otros, de Francisco Guerra Tenorio, periodista y escritor. En el Cuartel de Caballería fusilaron a Juan A. Marín Jiménez, maestro de la escuela de Montealegre, en el Picadero de Domecq a Manuel Salado González y en El Portal a Francisco López Tejero, ferroviario.

Los caminos y carreteras de entrada y salida de la población fueron también lugares elegidos por los sublevados para asesinar y hacer desaparecer en fosas improvisadas a muchos jerezanos. La Laguna de Medina, la Sierra de San Cristóbal, la carretera de La Barca o las cunetas de la carretera de Trebujena son algunos de ellos, como recordaba Manuel Soto, “Sordera de Jerez”, testigo de las matanzas en este último lugar (8).



En la Hijuela de Albadalejo se ejecutó a Juan mesa Ramírez, cajonero y otros muchos jerezanos fueron llevados hasta el tristemente célebre Rancho del Pescadero (junto a la actual Laguna de Torrox), situado en el tramo inicial de La Trocha, el antiguo y trágico camino de El Puerto, donde fusilaron y enterraron a tantos convecinos como al albañil José Arantave Ortegón. Junto a la Casa de Postas, cercana a Torremelgarejo, en la carretera de Jerez a Arcos, ejecutaron y enterraron en una fosa cuyo paradero se desconoce a veinte vecinos de Algar, entre los que se encontraban los miembros de su corporación municipal (9). En las cercanías de este paraje estaban las antiguas canteras y caleras de Torremelgarejo, un lugar donde hacer desaparecer con relativa facilidad los cadáveres de las víctimas.

Un entorno rural marcado por la represión.



Nuestro entorno rural no se vio libre de los crímenes de la represión franquista. En la Cañada de Tocina se dio muerte a Francisco Sánchez Fernández, en la Torre de Melgarejo a Antonio Morales Bernal, en el cortijo de El Majuelo al tonelero Lorenzo Montes Cerro y en San José del Valle, entre otros muchos, al agricultor Lorenzo Pérez Almagro.

En nuestro entorno serrano, al este del término, se prodigaron las ejecuciones: en Los Castillejos mataron a Francisco Pérez Fernández, en el cortijo de La Alcaría al hortelano José Romero Núñez, en los Montes de Propios a Manuel García Román, en la Ermita del Mimbral a Juan Durán Orellana, concejal del PCE… y a tantos otros. En este sector se encuentran también no pocas fosas que precisan ser localizadas e investigadas para que un día, puedan exhumarse los cadáveres de las víctimas allí enterradas. Como la que se encuentra en algún lugar del punto kilométrico 56-57 de la carretera de Cortes o la que se localiza en el cortijo de La Jarda, en el fondo de un barranco.



Pero sin duda, la más conocida es la que ubicada en El Marrufo, situada cerca de la capilla de este cortijo próximo a La Sauceda y al Puerto de Gáliz. Tras unas naves que aún hoy se conservan, en una pequeña pendiente sobre la que en tiempos pasados podía verse una pequeña cruz de hierro, se encuentra la fosa. Allí están enterrados los restos de mujeres y niños que fueron apresados en la aldea de La Sauceda (10). Declarado como Lugar de la Memoria de Andalucía, el cortijo de El Marrufo puede albergar en sus fosas los restos de más de 600 víctimas de la represión franquista y de los fusilamientos masivos que aquí tuvieron lugar entre noviembre de 1936 y febrero de 1937. Hasta el cortijo, que funcionó como un auténtico centro de tortura y exterminio, “llegaron camiones cargados de mujeres y niños, y hombres a pie, procedentes de La Sauceda. Por la noche, las mujeres eran sacadas de la capilla para ser violadas y fusiladas” (11). En su entorno existen varias zonas de enterramiento, donde en el verano de 2012 pudieron recuperarse los restos de 28 víctimas, 13 de las cuales pudieron ser identificadas y enterradas dignamente en el cementerio de La Sauceda.



Junto a El Marrufo, el cercano Valle de la Sauceda, a caballo entre las provincias de Cádiz y Málaga, fue también declarado como Lugar de la Memoria. El poblado de La Sauceda, emplazado en las laderas de la Sierra del Aljibe fue el último lugar de resistencia republicana. Allí se refugiaron numerosas personas procedentes de las poblaciones del entorno (Alcalá, Cortes, Jimena, Algar, San José del Valle, Ubrique…) que huían del avance de las tropas sublevadas. El poblado fue bombardeado, atacado y destruido por las columnas que procedían de Jerez al mando del Comandante Militar de la plaza, Salvador Arizón, de infausto recuerdo. Las 'operaciones de limpieza' dejarían un reguero de asesinatos que culminarían con los fusilamientos masivos de El Marrufo y otros lugares del entorno. Junto al antiguo cuartelillo de Puerto de Gáliz, una ladera conserva todavía el recuerdo de aquellos episodios siendo conocida como “Majá de los Muertos” (12).

Garcisobaco y Vicos.

No queremos terminar este recorrido por los Lugares de la Memoria sin referirnos a los cortijos de Garcisobaco y Vicos, que albergaron durante al menos cinco años (1936-1941) los “batallones disciplinarios de soldados trabajadores”, eufemismo con el que se encubrían los trabajos forzados de muchos republicanos represaliados retenidos durante años en estos lugares que funcionaron como “campos de concentración” (13).

En Garcisobaco, próximo a los Montes de Propios de Jerez, los presos trabajaron en la construcción de caminos forestales. En el cortijo de Vicos, donde se ubicaba una unidad militar dependiente del Depósito de Recría y Doma de Jerez, dedicada a la cría de ganado caballar, estuvieron detenidos numerosos jerezanos a la espera de Consejo de Guerra. Durante este tiempo realizaron tareas agrícolas o trabajos forzosos, como los caminos que unen el cortijo con la carretera de Arcos y Garrapilos.

Los investigadores José García Cabrera y Cristóbal Orellana han aportado numerosos testimonios de personas que estuvieron retenidas en estas instalaciones en el marco de un estudio que la Plataforma por la Memoria Democrática de Jerez ha remitido a la Junta de Andalucía para que el cortijo de Vicos, por todos estos motivos, sea declarado como Lugar de la Memoria (14).

Un recuerdo a Teófilo Azabal.

Entre los muchos nombres de personas que fueron ejecutadas en los primeros meses de 1936, queremos traer aquí, a modo de homenaje a todos ellos, el recuerdo de un maestro, Teófilo Azabal, que fue director del colegio Carmen Benítez e inspector de enseñanza primaria.



José Antonio Martín Pallín en uno de sus artículos (“Sin pasado no hay mañana”), dice refiriéndose a los maestros: “Resulta significativa la saña con la que se persiguió a los maestros que habían dedicado su vida a sembrar los valores de la cultura en las aldeas y ciudades de nuestra Patria” (15). Estas palabras están escritas a la medida de Teófilo Azabal, maestro y hombre de bien, de quien nos habló en diferentes ocasiones su hija Pilar, ya fallecida. Emocionada, nos contaba los días trágicos de la detención de su padre y de su fusilamiento. Ella era entonces una niña de cuatro años, la misma “niña” que se menciona en el Certificado de Defunción que aparece publicado en el citado trabajo de Jerez Recuerda (16). Nos hablaba Pilar de las peripecias de su familia en aquellos aciagos días, de su refugio en Los Albarizones. Y nos hablaba sobre todo de la emoción que sintió cuando, pasado el tiempo, tuvo ocasión de trabajar como maestra durante muchos años en el Colegio Nacional Carmen Benítez del que su padre había sido profesor y era director cuando fue fusilado en el Alcázar o la Puerta de Rota.

El Alcázar, el Pozo de la Víbora, Vicos, El Marrufo, La Sauceda, Casa de Postas, la Puerta de Rota, La Trocha… “Lugares de la Memoria” que dibujan un itinerario trágico, un largo camino de recuperación de la justicia y de la dignidad para con tantas víctimas, que tenemos que recorrer sin más demora. Sin esperar a que pasen otros ochenta años.

Para saber más:
(1) Una de las primeras publicaciones al respecto fue: Jerez Recuerda, “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe de estado militar de 1936: una aproximación” en Revista de Historia de Jerez, nº 13, 2007, pgs.137-180.
(2) Jerez Recuerda (2009): “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe militar de 1936: una aproximación” Editado por Jerez Recuerda en colaboración con la Delegación de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Jerez.
(3) García Cabrera, J. y Orellana González, C. (Eds. y Coords.): Represión franquista y memoria histórica en la provincia de Cádiz, Publidisa, 2012.
(4) DECRETO 264/2011, de 2 de agosto, por el que se crean y regulan la figura de Lugar de Memoria Histórica de Andalucía y el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. BOJA Nº 158, 12 de agosto de 2011, P. 19.
(5) Idem, Art. 2.1. y 2.2.
(6) Acuerdo de 27 de diciembre de 2013, del Consejo de Gobierno, por el que se declaran treinta y cuatro Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. BOJA nº 26, de 07/02/2014
(7) Información disponible en: http://www.juntadeandalucia.es/organismos/presidenciaadministracionlocalymemoriademocratica/areas/memoria-democratica/lugares/paginas/fosa-mujeres-grazalema.html
(8) Castaño Hervás, J.Mª.: Manuel Soto, "Sordera de Jerez": La elegancia del duende, Signatura Ediciones, 2005; citado por García Cabrera, J. y Orellana González, C.: Obra citada.
(9) Junta de Andalucía, Mapa de Fosas. Disponible en este enlace: http://www.juntadeandalucia.es/presidenciaadministracionlocalymemoriademocratica/mapadefosas/busquedaTumbas.cgj?codigoTumba=1102006&codigoProvincia=2
(10) Perales Pizarro, J.C.:El Marrufo, Fosa Común”, Diario de Jerez 17/05/2004.
(11) Fosa común del Cortijo de El Marrufo, Diputación de Cádiz: http://www.dipucadiz.es/memoria_historica/catalogo-de-lugares-y-senderos/FOSA-COMUN-DEL-CORTIJO-DEL-MARRUFO.-JEREZ-DE-LA-FRONTERA
(12) Junta de Andalucía, Mapa de Fosas. Disponible en este enlace: http://www.juntadeandalucia.es/presidenciaadministracionlocalymemoriademocratica/mapadefosas/busquedaTumbas.cgj?codigoTumba=1102004&codigoProvincia=2
(13) García Cabrera, J. y Orellana González, C.: Obra citada.
(14) Solicitud de Declaración del "Cortijo de Vicos" como "Lugar de la memoria". Plataforma por la memoria Democrática de Jerez. Redacción a cargo de José García Cabrera y Cristóbal Orellana González, Jerez 24 de enero de 2018.
(15) Martín Pallín, J.A.: Sin pasado no hay mañana, El País, 15 de junio de 2004
(16) Jerez Recuerda (2009):Las cifras…, Obra citada.


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Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El paisaje y su gente, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 24/06/2018

De La Sauceda al Aljibe.
Una Ruta por la Sierra del Aljibe (1).




Estos días en los que el otoño apunta ya a su fin y en los que las lluvias pasadas han hecho que nuestros campos y montes se vistan de verde, invitan a que los amantes del senderismo se animen a volver a disfrutar de las muchas rutas que pueden realizarse por la campiña y la sierra.



La que hoy les proponemos discurre por la Sierra del Aljibe, territorio a caballo entre las provincias de Cádiz y Málaga, donde confluyen los términos municipales de Alcalá de los Gazules, Jerez y Cortes de la Frontera. El Pico del Aljibe es la altura más destacada de los montes y sierras que pertenecen al Parque Natural de Los Alcornocales y con sus 1092 m de altitud, es también una de las principales cumbres gaditanas, superada tan sólo por las de la Sierra de Grazalema.

El itinerario parte del antiguo poblado de La Sauceda, un lugar cargado de historia al que dedicaremos otro artículo, situado en tierras del municipio malagueño de Cortes de la Frontera, al pie de la carretera que une Jimena con el Puerto de Gáliz, apenas a cuatro km de este último enclave.

Muy cerca del aparcamiento habilitado junto a esta vía, un cartel nos anuncia la entrada al Núcleo Recreativo Ambiental La Sauceda y otro nos indica el Sendero del Pico del Aljibe, apenas pasamos la cancela que se abre junto a una casa que sirve de oficina de recepción. De inmediato cruzaremos un pequeño puente junto al que se ha instalado un curioso reloj de sol y dejándonos llevar por la senda, a unos 1200 m.



llegaremos hasta una zona de cabañas habilitadas para turismo rural. El camino discurre entre verdes prados en los que aparecen ya los primeros alcornoques y quejigos, sobre cuyos troncos reclaman nuestra atención el verdor de los musgos y de los pequeños helechos que crecen en sus horquillas: los polipodios.

En el poblado de La Sauceda.

Llegamos así en un cómodo paseo hasta otra cancela (“siempre cerrada, ganado suelto”). Tras sortearla el sendero nos conduce, ente escobones de llamativas flores amarillas, jaras y gamones, hasta el interior del bosque de alcornoques.

El paseante curioso podrá observar en el borde del camino, a la derecha, unas piedras de molino que nos anuncian la cercanía de los restos de un antiguo molino harinero. Reconoceremos su alberca por los muros visibles junto al sendero, poco antes de llegar a las primeras cabañas que pertenecieron a los antiguos habitantes de La Sauceda, de las que se han restaurado una treintena. Caminando entre ellas llegaremos al arroyo Pasada Llana que desde el comienzo de la ruta nos ha acompañado a nuestra derecha y que cruzaremos por un rústico puente de madera. Desde aquí, el sendero sube entre las cabañas que se distribuyen por este lugar en tres



enclaves (La Ermita, La Pasada y La Rasera) y que fueron habilitadas en 1979, recuperando así algunas de las muchas que constituían este antiguo poblado.

La Sauceda tiene una larga historia a sus espaldas que cobra especial importancia en los siglos medievales y, posteriormente, en los siglos XVI y XVII cuando sirve de refugio a los monfíes. Originariamente, los monfíes (voz de origen árabe equivalente a “desterrados”) fueron moriscos rebeldes que huyeron a las sierras. Hay constancia de que tras la represión castellana de 1570, se refugiaron ya monfíes en



La Sauceda y otros lugares de la Serranía de Ronda donde permanecieron hasta bien entrado el siglo XVII (1).

El historiador Rallón relata cómo el 4 de septiembre de 1628proveyó la ciudad (de Jerez)… que fuese son Álvaro Pérez de Acuña y Bartolomé Román, veinticuatros, a la sierra con gente a allanar la de los monfíes”, ordenando a quien se encuentre con ellos “… que los prendan si pudiesen y dándolos por bandidos los puedan herir y matar como hombres de mala vida, banderizados y levantados contra la justicia y ninguno los traten ni comuniquen, so graves penas”. Los monfíes eran salteadores y se dedicaban también al robo de ganado en la campiña, refugiándose posteriormente en los lugares más intrincados de la sierra, siendo La Sauceda uno de sus lugares favoritos. Pese a las persecuciones que sufrían se escabullían por el buen conocimiento de este difícil terreno “cifrando toda su defensa en mudar puestos y esconderse por las breñas y sitios ásperos”. El mismo autor señala como en 1640, el problema persistía y “se hallaba Xerez con nuevos cuidados originados de la libertad con que los bandidos de la sierra –que se llaman monfíes- traían inquieta toda la comarca, saliendo de lo montuoso de la sierra a la tierra llana, en la cual cometían insultos y maldades” (2). El propio Miguel de Cervantes en El coloquio de los perros, alude a estos rebeldes refugiados en La Sauceda, a quienes denomina “los bravos de Andalucía” (3).

Siguiendo nuestro camino, y dejando atrás las historias de aquellos monfíes, que conocían el monte y el bosque como nadie, llegamos a una pequeña explanada presidida por las ruinas de la antigua ermita del poblado de La Sauceda edificada posiblemente en 1923, como señala una inscripción en la parte superior del campanario, y destruida por los bombardeos de la aviación franquista en noviembre de 1936. Conviene recordar como en las primeras décadas del siglo XX La Sauceda era un núcleo rural muy poblado por familias que vivían de los aprovechamientos del monte. Pastores, corcheros, carboneros, arrieros… formaron allí una concurrida comunidad que sirvió de refugio, en los primeros meses del golpe militar, a quienes desde los pueblos cercanos (Jimena, Alcalá, Ubrique, Cortes), de la campiña de Jerez y de distintos rincones de las sierras de Grazalema y Ronda, huían de la represión franquista. Las represalias contra los habitantes del poblado y quienes se refugiaban en él fueron brutales y en el cercano cortijo de El Marrufo, convertido en centro de detención, tortura y ejecución, fueron asesinados hombres, mujeres y niños. Entre 300 y 600 personas se cree que pueden estar enterradas en la que es la mayor fosa común de Andalucía (4).



Siempre que venimos a La Sauceda, aprovechamos para visitar el cercano cementerio donde están enterrados los cuerpos exhumados en El Marrufo, para rendir tributo a la memoria de las víctimas.

Por el sendero de El Aljibe.

Dejamos atrás la ermita para proseguir nuestro camino y nos dirigimos hacia un llano vecino en cuyo centro se ha reconstruido un viejo horno de pan, en torno al que se levantan otras construcciones y una fuente donde podremos aprovisionarnos de agua.

Desde este mismo lugar parte el sendero bien señalizado que, tras sortear una angarilla, se bifurca, desviándose a la derecha hacia la



Laguna del Moral. Seguiremos por el de la izquierda en dirección al Pico del Aljibe entre un denso bosque de alcornoques y quejigos en el que llama la atención el magnífico porte de algunos ejemplares, así como algunos árboles con ramas tronchadas o troncos caídos, por efecto de los temporales de viento y nieve. El arroyo nos acompaña durante todo el recorrido y en sus orillas no faltan ojaranzos, adelfas, sauces, fresnos. El ojaranzo o rododendro es, con sus hojas de un verde intenso y lustroso y sus llamativas flores de pétalos grandes y rosados, una de los atractivos del itinerario.

En un punto de nuestro ascenso, el sendero se va separando progresivamente de la orilla del arroyo, ganando altura, para pasar a los pies de grandes bloques de arenisca que quedan a nuestra derecha. Estas curiosas rocas guardan a sus espaldas un pequeño secreto: los restos de otro viejo molino harinero, sobre cuyos muros arruinados crecen musgos, hiedras, helechos… Entre los bloques y lajas se adivina lo que en su día fue el canal que conducía las aguas hasta el cubo del molino y, oculto por la vegetación, aún puede verse el arco de piedra bajo el que la fuerza del agua movió, hace décadas, el rodezno.

Siguiendo nuestro ascenso llegaremos a una pista forestal que tiene su origen en la carretera, junto al punto donde iniciamos el itinerario, y que recorre las laderas de umbría de esta sierra hasta salir a la vía que une Alcalá con el Puerto de Gáliz. Por esta pista (que tiene un depósito de agua junto al sendero) seguiremos subiendo, en un cómodo paseo, a través de un denso alcornocal cuyas laderas se encuentran tapizadas por los omnipresentes helechos comunes que lo cubren todo. Tras un suave recorrido de algo menos de un kilómetro, encontraremos a la izquierda de la pista un arroyo cuyo cauce ha sido cortado



con un murete que forma un pequeño salto de agua. Justo en este lugar, una indicación nos señala el ”Sendero del Pico del Aljibe”, debiendo desviarnos a la izquierda, abandonando la pista por la que habíamos venido subiendo, para internarnos de nuevo en el bosque e iniciar un ascenso muy empinado entre alcornoques, quejigos y cantos de arenisca.

Camino de las cumbres.

Estamos ante el tramo más duro del camino y si hasta aquí el itinerario estaba marcado con postes y señales blancas pintadas en las rocas, ahora deberemos fijarnos en los hitos, esos pequeños montones de piedras, que de vez en cuando nos marcan el sendero. En otoño e invierno, después de las lluvias, la senda se presenta en algunos puntos rezumando agua y con firme resbaladizo, por lo que habrá que extremar las precauciones para evitar caídas. A las especies vegetales que nos han acompañado durante todo el recorrido se suman en este tramo acebos y robles, especies ambas que sólo podemos ver en contados lugares de algunos montes de la provincia de Cádiz. En las zonas encharcadas, y húmedas de las laderas, atraerán nuestra atención los ranúnculos, cuyas llamativas flores amarillas contrastan con el lustroso verdor de sus hojas. Dignas de destacar son también las distintas especies de orquídeas que encontraremos en el recorrido o las romuleas, o las saxífragas, o los ruscos…. En las más expuestas no faltan tampoco jaras, aulagas, retamas, escobones, jaguarzos… (5).

Al llegar a un pequeño claro en cuyos linderos abundan los majuelos, el suelo se encharca por la presencia de un manantial que brota cercano como delatan los juncos. En este lugar pueden verse cilindros de malla que protegen plantones de una repoblación forestal. La pendiente disminuye, y el sendero, cómodo y bien marcado, se ensancha y discurre entonces por un bosque menos denso y más aclarado con alcornoques más jóvenes, entre los que crecen también robles de escaso porte. El horizonte se despeja y frente a nosotros, a la derecha, en dirección suroeste, vemos ya cercanos los bloques rocosos que presiden las cumbres del Aljibe, entre un denso matorral en el que, si realizamos la visita en primavera, destacan los tonos rosados de la brecina en flor.



Continuaremos por el camino hasta llegar a un cercado de piedra que separa las provincias de Cádiz y Málaga y los montes y términos de Cortes y Alcalá. Tras cruzar la alambrada, habremos llegado a la zona de cumbres de la Sierra.
Continuará la próxima semana: “En las cumbres del Aljibe”.
Para saber más:
(1) Torremocha Silva, A.: Los monfíes de la Alpujarra y la Serranía de Ronda: ¿salteadores de caminos u hombres santos?. Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales, [S.l.], n. 7-8, p. 277-300, jun. 2014. ISSN 2341-3549. Disponible en: http://www.epccm.es/index.php?journal=epccm&page=article&op=view&path%5B%5D=178. Fecha de acceso: 14 dic. 2016
(2) Rallón E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. IV, p. 43 y 68.
(3) Miguel de Cervantes: El coloquio de los perros. Nosotros hemos consultado la edición. “El Licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, Ebro, 1960 p. 85.
(4) Huguet, A.: En busca de los 600 del Marrufo, Diario El País, 13 de julio de 2012.
(5) VV.AA.: Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar, Guías Naturalistas del a Provincia de Cádiz III, Diputación de Cádiz, 1991, pp. 141-146.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar El paisaje y su gente, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios, En las cumbres del Aljibe. Historia, vegetación y vistas panorámicas (2)..

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/12/2016.

 
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