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Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.: “Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

De colores.
Un recorrido por los colores y la toponimia de la campiña.




Con frecuencia, en los paseos por la campiña o por la sierra, nos llaman la atención los colores del paisaje: las variadas gamas de verde de la vegetación natural y de los cultivos, los tonos blancos de los suelos de albariza y de los cortijos encalados, los grises, ocres, y pardos de las rocas y la tierra… En muchas ocasiones, estos colores, por su especial contraste o relevancia, dan también nombre a montes, cerros y lomas, a arroyos y gargantas, a cortijos, viñas y parajes, que guardan así memoria en la toponimia de nuestro territorio de los más variados tonos con los que la naturaleza pinta los paisajes. En nuestro recorrido de hoy vamos a recordar algunos de los más de un centenar de lugares que hemos localizado en torno a Jerez en cuyo nombre tienen un papel destacado los colores.

Blanco de albariza y cal.

El blanco es el color que domina en la toponimia de nuestro territorio. Y no faltan razones para ello ya que en muchos rincones de la campiña, los suelos de albarizas dan al paisaje esos tonos blanquecinos tan característicos del viñedo jerezano. El blanco está también presente en algunos paisajes marismeños en los que hubo salinas o en construcciones como cortijos, casas, pozos, que han bautizado distintos rincones de nuestros campos con su color.



El Cerro Blanco (152 m) es una elevación a medio camino entre Torremelgarejo y Jédula, frente a La Peñuela, cuyas faldas de albariza acogen uno de los viñedos situados más al este del término. En su zona más elevada, el caserío del cortijo de Motecorto Alto es visible desde muchos lugares de la campiña. Ríos Ruiz lo menciona en una de sus obras: “…y escuchábanse… retumbar los relinchos y galopes de los potros cartujanos, allá por Jédula, La Jarilla y La Jareta, Cerro Blanco…” (1). Al norte de la ciudad, por el camino de Lebrija, el arroyo Blanquillo corre por las faldas de Montegilillo para entregar sus aguas en el caño del Bujón, atravesando la carretera de Morabita junto al Rancho del Moral y la casa del Hinojal. En su pequeña recorrido pasa por entre cerros de albariza arrastrando en sus aguas los limos blancos que dan color a su cauce. Sin embargo, muy lejos de este lugar, el arroyo de Pasada Blanca debe su nombre, no al tono de las tierras y roquedos que atraviesa, sino al de sus aguas de naturaleza sulfurosa y con aspecto lechoso, ya que proceden de un manantial conocido desde los siglos medievales por sus propiedades medicinales. En estos parajes, situados en el extremo oriental del término de Jerez, colindantes con el de Cortes, este topónimo de Pasada Blanca bautiza también a la garganta por donde discurre el arroyo, a la dehesa que atraviesa, a una casa del lugar y a los baños que tradicionalmente se tomaban en las pozas de este pequeño curso fluvial tributario del Hozgarganta y que aún eran frecuentados a mediados del siglo XIX como menciona Madoz en su Diccionario Geográfico (2). En sus proximidades encontramos también la Loma de Casablanca y el rancho del mismo nombre, en tierras ya de la cercana dehesa de Benahú.



El topónimo de Mojón Blanco es conocido también desde los siglos medievales y da nombre al cortijo, al cerro y al puntal de Mojón Blanco, figurando en los documentos de delimitación de términos donde se señalaba la mojonera que definían las lindes. En este caso, suponemos que aluden a un hito que se construiría en piedra y se pintaría de blanco para su visualización desde la distancia. El cortijo de Mojón Blanco, cercano al de Cápita, y el cerro colindante del mismo nombre era el lugar donde confinaban los términos de Lebrija, Jerez y Trebujena: un trifinium. Con idéntico nombre se mantiene todavía otro cerro de Mojón Blanco (y el caserío homónimo), en las proximidades de Gibalbín, frente al cortijo de Las Navas, señalando en este caso el punto donde confluían los términos de Arcos, Lebrija y Jerez (3).



Junto a los ríos y los montes, las casas y construcciones son también elementos visuales de primer orden en el paisaje y no es de extrañar que su color bautice en muchos casos a los parajes donde se enclavan. Así, el cortijo de Casablanca, llama la atención por su peculiar fisonomía, destacando en el paisaje de dilatados horizontes de las marismas que llevan también su nombre y que el viajero descubre en las proximidades de la vecina población de El Cuervo, junto a su conocido silo de cereales.

También es muy conocido otro cortijo de nombre Casablanca situado en las proximidades de la Junta de los Ríos y cercano a Jédula. Su imponente caserío preside un cerro desde el que se contempla un hermoso paisaje de campiña.



Menos a la vista quedan para el paseante las tierras de Casablanquilla, junto al cortijo de Los Ballesteros, cuyo acceso vemos en la carretera de Gibalbín una vez que hemos dejado atrás el cortijo de Jara.



Entre los numerosos pozos y abrevaderos repartidos por todos los rincones del alfoz jerezano, los hay que tienen nombre propio, como el Pozo Blanco del cortijo de Fuente Rey u otro con esta misma denominación perteneciente al cortijo del Chorreadero, próximo a Paterna, ambos los encontramos ya señalados en el Plano Parcelario de López Cepero de 1904 (4). Entre las viñas, no podían faltar tampoco las referencias al color blanco, teniendo en cuenta que buena parte de ellas se asienta en suelos de albariza. Este es el caso de la conocida Viña La Blanquita, junto a la carretera de Rota, en el pago de Balbaína. También frente al núcleo rural de Añina existe otra viña con la denominación de La Blanquita. Por el contrario, Viña Blanco (una en el pago de Solete, junto a Santa teresa y otra en Cerro Pelado), creemos que puede deber su denominación al apellido de un propietario.



En las laderas de Gibalbín, entre la cañada y las cumbres donde despunta la torre, se ubica el cortijo de La Blanquita que perteneció en su día al médico y político jerezano Fermín Aranda y cuyo caserío aparece en uno de los azulejos de la fachada de la que fuera su casa en la plaza de las Angustias.

Las albinas, pequeñas lagunas más o menos temporales que se forman en los montes o en las zonas de marismas, son también muy frecuentes en nuestro término. Una de ellas, enclavada en la zona del Zurraque que luego pasaría a formar parte del término de Puerto Real, era conocida como la Albina Blanca, siendo ya dedicada en 1500 a la extracción de sal, como nos recuerda el profesor Emilio Martín (5). Con el color blanco se relaciona también el conocido topónimo de Los Albarizones, paraje cercano a la Cartuja que da nombre a una barriada rural y a una de las fuentes más conocidas del término, cuyas aguas fueron canalizadas en el siglo XVI hasta la Alcubilla para el abastecimiento urbano de Jerez. Otra Fuente de los Albarizones, más modesta y de menor caudal, se localiza también en las tierras del Cortijo de Picado, en la falda de la Sierra de las Cabras.



Negros, oscuros y umbríos.

A diferencia del blanco, es mucho más difícil encontrar en nuestro territorio lugares y paisajes en los que el color negro o los tonos oscuros sean los predominantes y por lo tanto, un motivo para que figuren en los mapas. Pese a todo, aún se mantienen algunos topónimos relacionados con estos colores.



Tal vez el más conocido es el de Montenegro, un lomo montañoso de casi 4 km de longitud, que en dirección norte sur, se alza frente a La Jarda, en los Montes de Propios de Jerez. A sus pies discurre la carretera que se dirige al Puerto de Gáliz y en sus faldas se desarrolla la típica vegetación presente en los montes del Parque Natural de los Alcornocales al que pertenece, con predominio de alcornoques, quejigos, acebuches y algarrobos. En su ladera oriental, la situada frente a la entrada de La Jarda, se encuentra la Laguna del Moral, próxima a los Tajos del Fraile, un espolón rocoso que se alza en el extremo norte de la Loma de Montenegro. En muchas zonas del país, este topónimo se relaciona con montes de encinas o montes muy cerrados y, aunque en el caso que nos ocupa no está claro su origen, se apunta como posible razón de su nombre, la gran densidad de vegetación de sus faldas y la espesura del matorral y del bosque que aquí se desarrolla. El Rancho de Montenegro, junto al arroyo de Cabañas y la Cañada de Albadalejo, figura ya en los mapas de comienzos del siglo XX. Próximo al Chaparrito, en los llanos de Malabrigo, es un claro antropónimo que alude al nombre de su propietario sin vinculación alguna con las características del terreno.



La Cañada de Bocanegra y la antigua Laguna de Bocanegra, situadas en las cercanías de la Fábrica de Cemento, aunque son topónimos conocidos hace más de dos siglos, pensamos que aluden al apodo de algún propietario o habitante de estos parajes, más que a los rasgos fisiográficos de este rincón de la campiña. Otro tanto sucede con el curioso topónimo de Puerto de los Negros, que figura ya en documentos de 1577 de Señalamiento de las dehesas de los Montes de Propios, estudiados por el profesor Emilio Martín (6). Situado en los montes de la Dehesa de la Alcaría, en el costado sur del actual embalse de los Hurones, este lugar era paso obligado de los caminos que desde Tempul se dirigían a Cardela y Ubrique, por lo que fue muy frecuentado en los siglos medievales. La Garganta de los Negros, un arroyo que discurre entre estos montes y el Camino del Puerto de los Negros, son también topónimos de este alejado rincón del término colindante con Ubrique. Pero, ¿a qué negros se refieren? ¿Tal vez apuntan a un lugar en el que vivieron los últimos moros vinculados al castillo de Cardela, o a un rincón de la serranía en el que habitaron negros o que fue tal vez refugio de descendientes de esclavos negros que vivieron en Jerez? (7).

La toponimia conserva también otros nombres relacionados con lo “oscuro” o lo “sombrío” que están estrechamente relacionados con las características del paisaje al que se refieren. Es el caso, por ejemplo de La Umbría, o Umbría del Escobar, paraje del cerro del Escobar colindante con el embalse de los Hurones y situado en la dehesa de La Alcaría. Por contraposición con La Solana, el topónimo hace alusión a las laderas orientadas al norte de este cerro, que se mantienen más sombrías y húmedas, y por lo tanto más oscuras y privadas de iluminación que las orientadas al sur o de solana. El Escobar, hace alusión a la presencia de arbustos del género Cytisus, conocidos vulgarmente como escobones. El topónimo “La Umbría”, está ya recogido en el s. XIV en el Libro de la Montería en los montes de Tarifa, referido, como en este caso a una zona sombría y oscura (8).



En relación a estos lugares umbrosos o menos expuestos al sol, hay que recordar también otros topónimos que hacen alusión a “lo oscuro” y “la oscuridad”. Este es el caso de la Cañada de la Oscuridad o del Cortijo de la Oscuridad, situados en la zona de Alcornocalejo, próxima a San José del Valle. Este último cortijo, está ligado a los sucesos de la Mano Negra y en sus tierras aún se conserva la Laguna de la Oscuridad, una hermosa lámina de agua casi permanente, rodeada de alcornoques y encinas, en un paraje situado junto a la Cañada de Arcos a Medina. Esta lagunas es también conocida como de Alcornocalejo, de Marimorena o de Medina (9). Con el nombre de La oscuridad, se conoce también un paraje del cortijo de Picado, situado en las laderas de umbría de la Sierra de las Cabras, cubierto de una densa vegetación.



En la Dehesa de Gami, en el extremo oriental del término, encontramos también el paraje de Cueva Oscura, en un hermoso y cerrado alcornocal.

Para terminar este recorrido, no podemos dejar de mencionar el topónimo de Puerto Oscuro, ubicado en las proximidades del Pico del Aljibe, en un paraje por donde salvaban estas cumbres los caminos que unían Alcalá con La Sauceda. Situado en el punto donde se parten los términos de Alcalá de los Gazules, Cortes y Jerez (un trifinium), Puerto Oscuro es la divisoria entre la Garganta de Pasada Llana, que atraviesa La Sauceda, y la Garganta de Puerto Oscuro, en cuya cabecera se sitúa el nacimiento del Río Barbate.

Continuaremos en nuestra próxima entrega, descubriendo los “colores” presentes en otros muchos rincones de nuestras campiñas y sierras.

Para saber más:
(1) Ríos Ruiz, M.: Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre, Premio Nacional de Poesía Flamenca 1977, p. 3.
(2) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 246.
(3) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 37.
(4) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera, Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 200, p. 98.
(6) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural… Ob. Cit. pp. 259-260
(7) Sobre los esclavos negros en Jerez puede consultarse el magnífico trabajo: Mingorance, J.A. y Abril, J.M.: La esclavitud en la Baja Edad media. Jerez de la Frontera. 1392-1550, Peripecias Libros, 2013, pp.122-125.
(8) Pascual Barea, J.: “El paisaje histórico de los términos de Tarifa y Algeciras según la toponimia del Libro de la Montería en el siglo XIV”, en Martín Gutiérrez, E. (Ed.) El paisaje rural en Andalucía Occidental durante los siglos bajomedievales, Servicio de publicaciones e la Universidad de Cádiz, p. 116.
(9) Sobre la Laguna de la Oscuridad puede consultarse: García Lázaro A. y J.: Las lagunas perdidas. Diario de Jerez, 07/02/2016. También disponible en internet en el enlace: Las lagunas perdidas.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre Toponimia, Paisajes con Historia, Miscelánea, De colores. Un recorrido por los colores y la toponimia de la campiña (y 2).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 22/01/2017

 
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