Mostrando entradas con la etiqueta Puerto de Gáliz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Puerto de Gáliz. Mostrar todas las entradas

En el Puerto de Gáliz.
Un recuerdo a Juan “el Igualeja”.




En un paraje remoto donde las provincias de Cádiz y Málaga comparten bosques, montes y arroyos, en un lugar alejado de pueblos y ciudades, en el corazón del Parque de Los Alcornocales, allí el Puerto de Gáliz.



Desde siempre -como sucede ahora- fue encrucijada de caminos y paso obligado de quienes iban y venían de las comarcas de la campiña gaditana a las serranías de Cádiz y Málaga, o de los que buscaban las rutas hacia el Campo de Gibraltar, pasando por La Sauceda y por Jimena.

Gales, Galis, Gáliz: un nombre cambiante.

Desde la conquista en 1309 del castillo de Tempul por las tropas castellanas de Fernando IV, este enclave, como sus montes y valles cercanos, pertenecieron al término de Tempul, pasando posteriormente a sumarse al alfoz jerezano tras la cesión en 1333 de estos territorios al Concejo de Jerez por la Corona.

Desde el s. XVI, tenemos ya referencias del Puerto de Gáliz. En La Carta de previlexio donando el castillo de Tempul (1351), las menciones a este lugar aparecen con la forma Gales: “(…) partiendo término de Gales con Venajssin”, se ayunta el río que sale del puerto de Gales” (1). A mediados del S. XVI, en el Libro de la Montería, existen varias alusiones a la alcaría o alquería de Gales, que da también nombre a un río. Aunque algunos autores asocian estas citas a los parajes del Puerto de Gáliz, pensamos que por la descripción del entorno que se apunta en esta obra, debe tratarse de un enclave con el mismo nombre próximo al Tiradero, en Los Barrios (2).



A finales del XV, se mantiene aún este mismo topónimo y, como Puerto de Gales figura también en los documentos y testimonios de los jueces, procuradores y medidores que visitan la zona con motivo de los pleitos que el Consejo de Jerez mantiene con el Duque de Arcos por los términos de las Cuatro Villas, a partir de 1485, y con la ciudad de Ronda, desde 1490 (3).

Como Puerto de Galis se menciona ya en 1500, en la copia del Privilegio de Cesión, en el que se describen los límites del término de Tempul y su amojonamiento y donde se alterna también este nombre con la primitiva forma de Gales: “(…)E el otro mojón va a cabo delante y esta en una syerra donde se levanta Focalcuerda, agua vertiente de Tempul e cabo adelante sube a una carera antigua a mano yzquierda desta caueza que va a ayuntarse con el camino que va de Tempul a Benafasin e dende toma un çerro ayuso partiendo término: Galis con Benahazín y es Gales de Xerez e Banahazin de Alcalá e da consigo do se ayunta una garganta que se levanta de la syerra del Algibe y se ayunta en el río que sale del Puerto de Galis(4). En 1577, en el Señalamiento de las dehesas de Montes de Propios existen ya sólo referencias al Puerto de Galis (5).

En los siglos posteriores parece consolidarse esta denominación. Un fragmento de un mapa en pergamino, datado a comienzos del s. XVIII, que es el más antiguo que se conserva en nuestro archivo, lo recoge ya como Galis (6), al igual que un curioso plano de 1729 sobre los pleitos de términos con el Duque de Arcos (7). También el primer mapa provincial de Cádiz, elaborado por F. Coello en 1868 (8), El Plano Catastral de 1897 (9) o el del término de Jerez de Lechuga y Florido (1898), mantiene esta misma forma (10). El Plano Parcelario de A. López Cepero (1904) introduce una nueva variante. "Puerto de Galli" (11) y el ingeniero Antonio Gallegos, describiendo en 1916 el proyecto de construcción de la carretera de Cortes, vuelve de nuevo a la forma más antigua para referirse a este lugar: Puerto de Gales (12).



Definitivamente, para fijar el topónimo que hoy pervive, habrá que esperar al primer mapa topográfico Nacional del Instituto Geográfico en 1917 en el que se incluye ya la forma actual de Puerto de Gáliz, que se mantiene en la cartografía posterior hasta nuestros días.

Un paraje testigo de la Historia.



Por su condición de encrucijada de caminos no resulta extraño que el Puerto de Gáliz fuese testigo en los siglos medievales de las guerras de frontera, y del ir y venir de las tropas musulmanas que guerreaban entre el Tempul y Cardela o de las cristianas que peleaban por la toma de Jimena y de la Serranía de Villaluenga. Conoció después, en el s. XVI, las escaramuzas contra los moriscos, o la rebelión de los monfíes en la zona de los Montes de Jerez y en los bosques del Aljibe y La Sauceda.

Fue testigo del paso de bandoleros, de arrieros y carboneros, de corcheros y cazadores, de contrabandistas y trajinantes. En la Guerra de la Independencia, estos parajes vieron pasar las tropas del General Ballesteros en sus refriegas serranas contra los franceses y en recuerdo de este personaje, la enorme roca de arenisca, auténtico hito natural que se levanta en el cruce frente a la venta, es conocida como Peñón de Ballesteros. Ya en el siglo XX, aún frescos en el recuerdo los bombardeos y la destrucción de La Sauceda, los fusilamientos junto al Marrufo…, el Puerto de Gáliz guarda también memoria del paso de aquellos crímenes de 1936 que esperan aún –por dignidad y justicia- ser reparados.



La venta de Puerto de Gáliz: un lugar de parada obligada.



Hoy en día, el Puerto de Gáliz continúa siendo esa encrucijada de caminos entre las carreteras que unen Jerez, San José del Valle y Algar con Cortes y Ubrique o con Jimena y Alcalá. Y presidiendo este paraje, como un faro entre los bosques de alcornoques, la conocida Venta del Puerto de Gáliz. Los actuales propietarios nos informan que ya en 1940, la casa en torno a la que se construyó posteriormente la venta, servía sus primeras viandas a los viajeros que transitaban por estos apartados lugares. A partir de 1960 amplió sus servicios y hoy es parada obligada de quien circula por estas carreteras y aún destino final de otros que quieren disfrutar del paseo y de los magníficos paisajes que nos deparan los Montes de Jerez, y los bosques de Los Alcornocales. Y es que a veces, como en el Viaje a Itaca, lo importante es la travesía y estos caminos bien la merecen si a todo ello sumamos además la estampa añeja y hogareña de esta venta que, en palabras de Elena Posa, “invita a la excursión por sí misma”, y a la posibilidad de saborear los mejores platos de carne de caza (13).


En la cercanías del Puerto de Gáliz no faltan hermosos parajes naturales y rincones con sabor serrano para disfrutar de un día de campo o de un agradable paseo por el monte: La Sauceda, El Marrufo, la Sierra del Aljibe, Los Hurones, El Tempul los Montes de Jerez, El Mojón de la Víbora, el Cerro del Berrueco… lugares a los que nos acercaremos en futuras excursiones.



Un recuerdo a Juan “el Igualeja”.



Y junto a todo lo anterior, queremos atraer la mirada del viajero hacia las ruinas de una vieja casa ubicada frente a la Venta, al otro lado de la carretera, a los pies del Peñón de Ballesteros, esa enorme roca aislada que preside el puerto y que es ya un auténtico monumento natural. Esas ruinas es todo lo que queda de un antiguo ventorrillo. El Plan General de Ordenación Urbana de Jerez de 1995 incluía esta casa, la “Casa Contreras” -como se la conocía y como figura aún en la cartografía del IGN- en su catálogo de bienes a proteger como patrimonio rural y etnográfico gracias al acierto de M.A. González Fustegueras y J. Antonio Márquez que reconocieron sus valores (14). Se quería destacar así la singularidad de esta construcción -claro ejemplo de arquitectura popular-, su especial estampa y su sabor tradicional. Los que la conocimos antes de su ruina recordamos su horno de pan, su solería de piedra de Tarifa, las vigas de madera que sostenían su tejado de teja árabe, su soberado, el pequeño emparrado de la entrada…

Pero sobre todo recordamos a sus últimos moradores: “Juan el Igualeja” y su esposa Catalina. Allí, en su casa, en la Venta “vieja” de Puerto de Gáliz servían, junto a su apacible conversación, algunos refrescos o café de pucherete o unos huevos fritos con chorizo. En ocasiones, los huevos se recogían para la ocasión en el corral de la casa y las chacinas colgaban de una alcayata clavada en una viga del techo… La casa cerró a finales de la década de los noventa, pero la recordamos vivamente. Hace casi veinte años, la última vez que visitamos la casa-ventorrillo de Juan y Catalina, con Agustín Cuello, J. A. Márquez y otros compañeros, en la pequeña estancia donde esta buena gente recibía a sus “clientes”, visitantes y amigos, podía leerse en un cartelito colgado en la pared: “Casa de Juan El Igualeja. El que tenga bulla que se vaya”. Toda una rotunda declaración de intenciones. De buenas intenciones.

Cada vez que venimos al Puerto de Gáliz, además de disfrutar de su Venta y del paseo, nos gusta acercarnos hasta lo que queda de la casa de Juan “El Igualeja”. Entre las ruinas, aún podían verse hasta no hace mucho, los restos de aquel viejo sillón donde se sentaban las visitas que no tenían “bulla”.

Para saber más:
(1) Carta de previlexio donando el castillo de Tempul. Sevilla, 30 de diciembre de 1351. Archivo de la Catedral de Cádiz. MARTINEZ RUIZ, J.: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII, Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de la muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, p. 120.
(2) Pascual Barea, J.: El Paisaje histórico de los términos de Tarifa y Algeciras según la toponimia del Libro de la Montería en el siglo XIV en El paisaje rural en Andalucía Occidental durante los siglos bajomedievales. Actas de las I Jornadas Internacionales sobre paisajes rurales en época medieval. (Emilio Martín Gutiérrez (ed.), UCA, 2009, p. 141. Valverde sitúa este otro “Gales” en el Cerro de los Gádalos, próximo a San Carlos del Tiradero, en Los Barrios. Véase al respecto-Valverde, J.A.: Anotaciones al Libro de la Montería del rey Alfonso XI, ed. J.A. de la Fuente Freyre, Salamanca, 2009. Págs. 1449 y 1452
(3) Salas Organvídez, Mª. Antonia.:Relaciones de la ciudad de Jerez con la ciudad de Ronda y villas de las Serranía de Villaluenga. (Final Siglo XV y XVI)”, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, Ayuntamiento de Jerez-Universidad de Cádiz, 2014, pp. 373-382
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004, p. 257.
(6) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(7) Mapa del Término de Tempul, Anónimo, 1729, Impreso, 41 x 54 cm. AMJF. C.13, nº 26
(8) Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(9) Archivo Histórico Provincial de Cádiz.: Trabajos Topográficos. Provincia de Cádiz. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. Escala 1:25.000, Hoja 5, 1897
(10) Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera, Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897, por Antonio Lechuga y Florido.
(11) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto. Año de 1904. Escala 1:25.000
(12) Gallegos, A.:Alrededor del pantano”, Revista de Obras Públicas Madrid, 23 de Marzo de 1916, nº 2113 Año LXIV, p. 134
(13) Elena Posa.: Cádiz Venta a Venta. Diputación de Cádiz, 1999, p.160.
(14) Plan General Municipal de Ordenación Urbana. Jerez. 1995. Puede consultarse también el Plan Especial de Protección de la Sierra del Aljibe (T.M. de Jerez). 1986.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos relacionados

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/01/2016

Del Puerto de Gáliz al Mojón de la Víbora.
Una carretera con “encanto” (1)




A comienzos del siglo XX la sociedad jerezana estaba embarcada en una serie de grandes proyectos de obras públicas. Se pretendía con ello intentar paliar la crisis provocada por la plaga de la filoxera que a finales del XIX había arruinado el viñedo y con él, la principal fuente de ingresos de todo el marco de Jerez. Junto a la presa de Guadalcacín y el Ferrocarril de la Sierra, el otro gran reto que la ciudad se había planteado era la construcción de la carretera de Cortes, vía de comunicación indispensable para conectar la ciudad con su extenso alfoz y facilitar así una salida comercial a las producciones de las grandes fincas agrícolas, ganaderas y forestales que se extendían al este del vasto término municipal jerezano, cuyos confines lindaban con la provincia de Málaga.

La carretera de Cortes: un sueño hecho realidad.

Antonio Gallegos, quien fuera ingeniero director de la presa de Guadalcacín, expresaba en una de las conferencias que sobre estas cuestiones organizó el Ateneo Jerezano en 1916 la necesidad de construir esta carretera, de “interés excepcional para la ciudad… al ser la arteria central que en dirección de Occidente a Oriente ha de cruzar el extenso término municipal, desarrollando un recorrido de 90 kilómetros para llegar al término de Cortes, en la Provincia de Málaga”. En esos años ya se encuentran muy avanzadas las obras entre Jerez y El Mimbral, habiéndose adjudicado también las que unían El Mimbral con el “Puerto de Galis”.

El tramo más dificultoso, por lo abrupto del terreno era el comprendido entre este último lugar y el Mojón de la Víbora. A este respecto, el ingeniero apuntaba que “…por último, entre el Puerto de Galis y el límite del término habrán de construirse otros 10 km á lo largo de la Loma de la Novia, en la sierra de la Gallina; y es tal el deseo y el interés que por esta obra han demostrado los propietarios de aquellas dehesas, que hace tiempo se dijo que con el fin de facilitar la ejecución y evitar los trámites de expropiación, habían ofrecido al Estado ceder gratuitamente los terrenos que hubiera de ocupar la nueva carretera".

Consciente de las dificultades, pero también de la necesidad de la obra para el progreso de una extensa zona de la provincia, Gallegos era optimista y defendía que ..."en plazo no lejano podría quedar esta vía disponible para el tráfico; pero es que este camino tiene un carácter muy especial: constrúyense carreteras en todas partes para servir a los pueblos de la comarca y aquí, en 90 kilómetros no ha de servirse más pueblo que Jerez, sin que por esto haya de ser poco frecuentada; antes bien ha de sufrir un tráfico muy intenso, pues aparte de su carácter estratégico, tiene otro aspecto muy importante; no se construye para servir antiguos pueblos, se construye para crear pueblos que no existen y debieran existir".



Cien años después les invitamos a recorrer este último tramo de la carretera de Cortes, el comprendido entre El Puerto de Galiz (o Galis) y el Mojón de la Víbora, en los límites de los términos de Jerez, Cortes y Ubrique, una ruta de apenas 20 km que, a nuestro juicio, pasa por ser una de las carreteras secundarias con mayor “encanto” de la provincia. ¿Nos acompañan?

En el Puerto de Gáliz.



Nuestra ruta comienza en el Puerto de Gáliz (pk. 20), donde hemos dejado atrás su conocida Venta en el cruce donde confluyen los caminos de Jimena, Ubrique y Alcalá de los Gazules, junto a la singular mole rocosa del Peñón de Ballesteros.



El peñón, una enorme roca de arenisca que destaca, aislada, entre los prados que se abren en el alcornocal, es un hito natural de primer orden, todo un monumento geológico al que la erosión ha dado formas redondeadas. A su lado se construyó el primer ventorrillo de estos parajes que hoy nos muestra sus ruinas y que hace apenas dos décadas regentaba el entrañable “Juan el Igualeja” junto a su esposa Catalina.



Desde hace unos años, se ha instalado a sus pies una improvisada “capilla” al aire libre a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz”, una nueva advocación más pagana que religiosa, rodeada de “exvotos” y “ofrendas” de lo más kitsch, cuya hornacina de corcho ha sido instalada en una pequeña oquedad de esta mole rocosa rompiendo, a nuestro entender, el natural encanto del lugar.

Dejamos atrás el Peñón (que debe su nombre al general Francisco Ballesteros quien anduvo por estos parajes combatiendo a los franceses en la Guerra de la Independencia) para tomar la carretera en dirección a Ubrique. En su primer tramo discurre por un trazado paralelo al que llevaba el antiguo camino que unía esta población serrana con Alcalá y que se conserva aún parcialmente como vía pecuaria. Desde los primeros kilómetros, el viajero descubre que transita por una ruta muy especial, escoltada por las arboledas del bosque que se desarrolla en las faldas de la Sierra de la Gallina, que queda a nuestra izquierda. Con 787 m el Pico de la Gallina constituye la máxima elevación del término municipal de Jerez, prolongándose en una misma formación montañosa con las lomas de La Novia (752 m) y de La Gitana (705 m). Cruzamos aquí por tierras de la Dehesa de El Marrufo, que en otros tiempos formó parte de los Montes de Propios de Jerez hasta que en 1859 fue sacada a pública subasta.

Apenas hemos recorrido un par de kilómetros, la carretera atraviesa una zona más despejada que deja a la vista, frente a nosotros, el caserío de El Marrufo que se adivina entre las arboledas y los prados que descienden, ladera abajo, hasta la Garganta de la Sauceda. El Marrufo (pk. 17) es una gran explotación de 1.000 hectáreas de superficie y uno de los más singulares cortijos del término, dedicado a los aprovechamientos del bosque y sus recursos forestales, cinegéticos y ganaderos.

Sus edificios, visibles desde la carretera, se organizan en torno a un amplio patio central, muy abierto, donde se aprecian las estancias del señorío, las viviendas y gañanías, así como su peculiar capilla de estilo neogótico, coronada por una curiosa espadaña de cantería. Tras la edificación se aprecian tres naves gemelas construidas con muros de mampostería de piedra vista, dedicadas a almacenes, cuadras y estancias.



Siempre que pasamos por este lugar, hacemos un alto en el camino frente a la capilla, en recuerdo de las mujeres y niños de la cercana aldea de La Sauceda, que en noviembre de 1936 fueron aquí encerrados antes de ser fusilados. Sus cuerpos fueron sepultados en las cercanías del cortijo, en una de las mayores fosas comunes de Andalucía, en la que hace sólo dos años han comenzado a exhumarse las primeras víctimas.

Entre bosques de alcornoques.

Dejando atrás El Marrufo, veremos a la izquierda sendas cancelas que dan paso a pistas forestales que se internan en el bosque. La primera, junto a una fuente, cruza la Loma del Torero. Por la segunda se accede a la antigua “Casa de los Colonos” que estuvo habitada, como otras que encontramos repartidas por estos montes, por las familias que se dedicaban a los trabajos forestales.

Seguimos nuestra ruta, dejándonos llevar por una carretera que traza por aquí curvas cerradas y que, a tramos, parece techarse por las copas de los árboles que la escoltan a sus orillas. Muy pronto, a la izquierda, veremos la entrada a la Dehesa del Quejigal (pk. 16) que forma parte de los Montes de Propios de Jerez. Crece en ella un magnífico alcornocal -con abundantes quejigos en las zonas umbrosas- que se cruza a través de una pista forestal que se interna en un bosque cuyas arboledas se extienden por las faldas de La Gallina y del Cancho de las Caretas, a los pies de unos llamativos riscos de arenisca conocidos como Tajos del Sol.

La carretera trepa ahora hasta un puertecillo (el antiguo Puerto de la Cruz), hasta el que subía el camino de Cortes y que descubrimos aún tras una cancela que da paso a la pista que conduce a las Casas del Abanto, y que queda a nuestra derecha. En este tramo, cruzamos por un denso alcornocal en el que reclamaran la atención del viajero los troncos marcados con números de muchos árboles que observamos a ambos lados del camino (pk. 16).

José María Sánchez, Ingeniero de Montes, buen conocedor del Parque de Los Alcornocales, nos explica el origen de este curioso “bosque de los números” que tiene su origen en la práctica de marcar ciertos árboles con el último dígito del año en el que ha sido descorchado. Así, nos informa que, tradicionalmente, “las fincas corcheras tienen organizadas los “tramos” de descorche con límites fácilmente identificables, de tal modo que sus gestores saben que la pela correspondiente a tal año acaba -o comienza- en tal arroyo, divisoria o camino. No obstante, en algunas ocasiones se pueden producir confusiones. Por ejemplo, si un año hubo que interrumpir el descorche porque el corcho no se daba bien, y esa zona se suma al descorche del año o años siguientes, el límite entre tramos o pelas se ve modificado… Entonces los gestores marcan ciertos árboles para indicar hasta dónde llegó la pela”.

Por lo general, el descorche tiene lugar cada nueve años, pero “suele ser habitual que las explotaciones de gran extensión no descorchen todos los árboles de un mismo sector a la vez y repartan las pelas en años sucesivos. Con esta práctica no se expone toda la finca a la vez a los riesgos de daños graves tras un descorche (por incendios, sequías, plagas...), dado que el árbol queda temporalmente sin defensas. A ello hay que sumar también las ventajas económicas ya que al dividir la cosecha en distintos años se reparten los ingresos y se equilibran los precios de venta, que pueden variar mucho de unos años a otros”.



En estos casos se realiza el marcado de los troncos pelados de cada sector para distinguirlos con claridad en espera del turno de nueve años cuando serán de nuevo descorchados. “Para evitar confusiones se recurre también entonces a marcar algunos árboles que delimitan aproximadamente la pela. El número empleado en la marca suele ser el último dígito del año que se descorchó, por tanto, del 0 al 9
”.

Continuamos nuestro camino no sin antes pararnos en algún recodo de la carretera para “asomarnos” a las vallonadas forestales que divisamos, a vista de pájaro, en la margen derecha, entre las que descubrimos las Casas del Abanto en el ameno valle del arroyo del Parrón. La carretera cruza ahora entre un pinar de pino negral o resinero que crece en las faldas del Cancho de las Caretas cuyos altos y espigados ejemplares forman un tupido dosel vegetal sobre la calzada, que aparece en muchos tramos (pk. 15-14) totalmente sombreada. Las agujas secas de los pinos -la pinaza- se amontona en las cunetas llegando a los bordes del asfalto, dando así a la carretera un aspecto más agreste y “natural”, como de pista forestal que discurriera por el interior de un bosque. En uno de los pinos, en la cuneta derecha, se ha instalado una pequeña capillita de corcho con una imagen de la virgen, desde cuyas cercanías podremos obtener buenas vistas del caserío del Abanto.



Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Por si te interesa, también hemos publicado en este blog otros temas relacionados con el que aquí se trata. Puedes verlos en Carreteras con encanto, En el Puerto de Gáliz. Un recuerdo a Juan “el Igualeja”, El Peñón de Ballesteros. En el Puerto de Gáliz con el general Ballesteros y Del Puerto de Gáliz al Mojón de la Víbora. Por Los Alcornocales (2).

Nota: La fotografía de Antonio Gallegos ha sido tomada del blog de Antonio Mariscal Trujillo

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 28/12/2014

El Peñón de Ballesteros.
En el Puerto de Gáliz con el general Ballesteros.




Desde antiguo, el Puerto de Gáliz (o de Galis) ha sido una encrucijada de caminos. Por allí pasan los que van desde el Campo de Gibraltar por Jimena a la campiña sevillana a través de la Sierra de Grazalema. También cruzan por estos parajes los que partiendo de Alcalá de los Gazules y Jerez buscan, por el Mojón de la Víbora, las tierras de Ubrique o de Cortes de la Frontera, ya en la provincia de Málaga.

Ubicado entre la Sierra de la Gallina y la del Aljibe en pleno Parque Natural de los Alcornocales, este enclave guarda viejas historias como las de “los monfíes” (1) aquellos rebeldes indomables que en los últimos años del siglo XVI, capitaneados por Pedro Machuca, se refugiaron en la espesura de sus bosques y en los agrestes parajes de La Sauceda, siendo finalmente indultados por Felipe II. Bandoleros, contrabandistas, partidas de guerrilleros que pelearon contra los invasores franceses… han tenido como paso obligado este lugar que frecuentan en estos tiempos excursionistas y domingueros, moteros y ciclistas, y aún viajeros curiosos, que como nosotros hoy, recorremos estos rincones en busca de viejas historias.

Siempre que pasamos por aquí recordamos los trágicos sucesos que tuvieron lugar en las cercanías del Puerto de Gáliz en el verano de 1936, cuando más de 600 personas, habitantes del poblado de La Sauceda (que llegó a ser bombardeado) y de otros pueblos de la sierra, fueron fusiladas en El Marrufo por las fuerzas falangistas sublevadas. Tampoco nos olvidamos de un personaje singular, Juan “el Igualeja”, a quien conocimos hace más de treinta años. Las ruinas de la que fuera su casa-venta siguen allí, frente a la nueva Venta del Puerto de Gáliz. Sin embargo, en esta ocasión, queremos rememorar las andanzas del general Francisco Ballesteros que anduvo por estos rincones de la sierra hace dos siglos peleando contra los ejércitos franceses.

El Peñón de Ballesteros.

Quienes hayan visitado alguna vez estos parajes habrán reparado, a buen seguro, en una enorme roca de arenisca que destaca, aislada, entre los prados que se abren en el alcornocal situado frente a la actual Venta de Puerto de Galiz. Este gran bloque rocoso, al que la erosión ha dado formas redondeadas, es un hito natural de primer orden, una referencia visual en estos espacios abiertos entre montañas y es lógico pensar que, desde antiguo, no pasara desapercibido para quienes transitaban por los caminos y veredas de la sierra. A su lado se construyó la antigua venta, que hoy nos muestra sus ruinas. Desde hace unos años, se ha instalado a sus pies una improvisada “capilla” al aire libre a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz”, una nueva advocación más pagana que religiosa, rodeada de “exvotos” y “ofrendas” de lo más kitsch, cuya hornacina de corcho ha sido instalada en una pequeña oquedad de esta mole rocosa.



Este singular mogote es conocido como Peñón de Ballesteros, debiendo su nombre –según algunos autores- al general Francisco Ballesteros, militar y político español que jugó un importante papel en la Guerra de la Independencia. Una de las primeras referencias a este lugar nos la ofrece Pascual Madoz quien en su conocido Diccionario Geográfico Estadístico Histórico (1845-50), describiendo el entorno de La Sauceda y el Puerto de Galiz, señala que: “La sierra de Marrufo… tiene como 1 leg. de long. … y forma cordillera con la de Ballesteros con uno de sus costados. Saliendo de Ballesteros hacia el ENE, se halla a dist. de 1 leg. la Piedra-arpada, que es un gran peñón sin producto alguno vegetal, encontrándose en el intermedio tierras de labor con varios cortijos grandes y suntuosos…” (2). Medio siglo después, el Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López-Cepero (1904), incluye de manera nítida una referencia a esa gran roca con el nombre explícito de Peñón de Ballesteros, junto al Puerto de Gáliz, en el lugar donde se cruzan la Cañada del Marrufo, el camino de La Sauceda y la



que sería después carretera de Jerez a Cortes, que figura en el citado plano como “proyecto”. (3)

El General Francisco Ballesteros.

Hace sólo un par de años se llevaron a cabo en nuestra provincia diferentes actos para conmemorar el bicentenerario de la Constitución de 1812. Fue entonces también cuando se editó un interesante trabajo, titulado “Estudios sobre la Guerra de la Independencia Española en la Sierra de Cádiz” coordinado por Luis Javier Guerrero Misa y Fernando Sigler Silvera, donde el lector curioso podrá obtener una amplia y documentada información sobre el desarrollo de las operaciones militares que tuvieron lugar en estas sierras en muchas de las cuales tuvo un papel protagonista el General Ballesteros. (4)

Como señalan los citados autores, a finales de agosto de 1811 es nombrado comandante del Campo de Gibraltar el teniente general Francisco Ballesteros, hombre de fuerte carácter con grandes dotes de mando, habilidad e intuición en el campo de batalla que había demostrado en numerosos combates contra el ejército invasor. En septiembre de ese año, los franceses planifican una ofensiva sobre la Sierra. Yunquera, Igualeja, Benaoján, Montejaque, Ubrique, Cortes… caen en sus manos en apenas una semana de combates con las partidas de guerrilleros serranos. Ballesteros iniciará el contraataque sobre Alcalá de los Gazules enfrentándose con los franceses también en las cercanías de Jimena. A primeros del mes de octubre, Ballesteros… promulga un decreto militarizando a todas las partidas e integrándolas en batallones, quedando formando los denominados batallones de “cazadores patriotas” de Casares, Jubrique, Gaucín y Cortes. (…) desde el punto de vista militar, esta reorganización no sólo era necesaria, sino que confirió una nueva dimensión al ejército de la sierra. Esta concentración y, sobre todo, control de las hasta entonces divididas fuerzas, dio una mayor operatividad y efectividad al conjunto del ejército, dejando atrás la estrategia de debilitar al enemigo mediante el acoso de las partidas y confiriéndole así la capacidad de enfrentarse en campo abierto al ejército francés. (4).

Vendrían después distintas acciones bélicas en las que Ballesteros derrotará a los franceses en Bornos y Tarifa si bien, su carrera de éxitos militares tendría un mal desenlace ya que en octubre de 1812 fue cesado por oponerse al nombramiento de Wellington como General en Jefe de todas las tropas españolas en la península. Pero volvamos a los escenarios de la Sierra y al Puerto de Gáliz.



Ballesteros, a la cabeza de una división de 4.000 hombres, a la que se sumaron numerosas partidas de guerrilleros de los pueblos de las serranías de Cádiz y Málaga, tuvo en estos parajes de la Sierra de Cádiz que hoy visitamos, así como en los cercanos montes de Ronda, significativas victorias contra los franceses. De las andanzas del general por estos territorios y, en especial, por Ubrique y su entorno, recomendamos también al lector el interesante y completo trabajo de José María Gavira Vallejo, “200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique: Así la vieron los franceses (1811-12)” (5). Nosotros queremos centrarnos en su presencia en este paraje de Puerto de Gáliz, de la mano de lo que cuenta sobre ello el historiador arcense Manuel Pérez Regordán y de la semblanza que de Ballesteros incluyó el historiador gaditano Adolfo de Castro en su “Historia de Cádiz y su provincia”.

Pérez Regordán, en un curioso trabajo sobre el Puerto de Gáliz publicado en Diario de Cádiz (22/06/1995), señala que: “Y, en todo lo más elevado del lugar… se alza un montículo de unos 10 o 15 metros de altura, que es el protagonista de aquellos parajes. Sobre la meseta altiva, el Peñón de Ballesteros, como es conocido, destaca en la distancia".(6). Se refiere este autor al llamativo bloque rocoso de arenisca situado frente a la venta que hemos mencionado. “¿Y por qué el nombre de Ballesteros? La defensa natural que ofrecen estas sierras, donde la vegetación es riquísima, fue el elemento principal para la guerrilla, el bandolerismo y el contrabando. Es natural que, junto con la cercana Sierra de Rogitán, fuera centro de operaciones, de instrucción y de estudio para las partidas guerrilleras contra los ejércitos napoleónicos durante nuestra Guerra de la Independencia , y que aquí se guarecieran las partidas guerrilleras de don Antonio García de Veas, la de don Pedro Zaldívar –que terminó sus días luchando contra el absolutismo de Fernando VII-, la de don Gaspar Tardío y la del general don Francisco Ballesteros, del que se ocupa el gaditano Adolfo de Castro en su obra “Cádiz y su provincia”.(6)

Por su parte, Adolfo de Castro afirma de Ballesteros que “Era hombre de valor probado: nunca supo acertar a su corazón el miedo. Tenía sin embargo como general, una reputación superior a su mérito”. Sobre la forma de actuar del general y sus hombres, reclutados en los pueblos de la serranía, escribe: “Levantó muchas guerrillas en la provincia… Allegó así a muchos de los que habiendo huido de los pueblos, vivían en las sierras peregrinos de los hombres e indignos compañeros de los brutos. Su albergue era una gruta oscura que lo fue de una fiera: su lecho pieles, su alimento no el que busca el apetito, sino el que ofrece la suerte. Sin tener camino que seguir, iban siempre a donde la voluntad los gobernaba”. (7)



Pérez Regordán, sitúa en estos parajes al general, en su idas y venidas de Bornos y Ubrique a Jimena y San Roque y, es aquí donde el gran bloque de arenisca que preside el cruce de caminos de Puerto de Gáliz, se transforma en el púlpito natural desde el que el militar se dirige a sus soldados. Así, a decir de este autor: “Cuentan los ancianos que han vivido en Puerto de Galis que, en aquel montículo se subía el General Ballesteros para arengar a sus valientes guerrilleros, y de ahí su denominación de “El Peñón de Ballesteros.(6)

Las tropas de Ballesteros.

Adolfo de Castro sigue aportando pistas -adobadas de espíritu patriótico, rayando en la leyenda- de las tropas del general, a las que se unían las partidas de hombres de la sierra: "movíase veloz Ballesteros de aquí para allí, de allí a allá, ora a esa sierra, mañana a este campo. Sorprendía a los que estaban con el azadón en las manos, el sudor en el rostro y los ojos atentamente en la tierra. Incitábalos a ofender al enemigo diciéndoles que la victoria se desdeñaba de recorrer nuestras campiñas, si primero no estaban humedecidas con sangre francesa. Para los valientes no servía la fuerza de los discursos sino la evidencia de los peligros. Juntábanse a Ballesteros jóvenes robustos, mancebos de embravecido semblante, feroz vista, manos duras, brazos musculosos y cuerpo fuerte: su vestido un rustico sayal, algunos de manchadas y blandas pieles, montera en la cabeza, zurrón al hombro, cuatro o cinco piedras en él, honda que estallaba en la mano y un mal torcido cayado en la otra. Otros más militares empuñaban un corpulenta y fuerte lanza, mientras coronaba su cabeza, si no es que abrumaba sus sienes, un morrión pesado y crespo, las armas de fuego en esperanza: el enemigo que huyese en apresurada fuga o quedase muerto en la sorpresa ese había de facilitarlas: todos con la ambición de obedecer, ninguno con la de mandar sino la muerte a los contrarios". (7)

Los franceses contra Ballesteros.

Pérez Regordán se recrea en la figura del militar subrayando la popularidad que en poco tiempo adquirió lo que motivó que tres generales franceses se distinguieran en su búsqueda Godinot, Semelé y Barroux “y hasta se cuenta que Godinot, una vez que encontró de frente a las tropas del general guerrillero, se detuvo un día entero sin atreverse a atacar con sus armas de fuego contra el improvisado ejercito que tenia por armas las hondas de los cabreros y los cayados de los campesinos. Y todos estos serranos arengados en Puerto de Galis desde "el Peñon de Ballesteros" estuvieron presentes en la batalla del Cerro, en Chiclana de la Frontera, capitaneados por el teniente general Manuel de la Peña, en la que causaron al ejército francés más de 2000 bajas y 400 prisioneros. El hecho motivo la decisión francesa de tomar la plaza de Tarifa, a la desesperada porque fue allí donde se situó Ballesteros. En la hábil estrategia de los hombres que conocen el terreno, Ballesteros cruzo de noche el Guadalete y llegó hasta Bornos (el 4 de noviembre de 1811) donde sorprendió al general Semelé y consiguió más del centenar de prisioneros”.



No le falta razón a Manuel Pérez Regordán cuando escribe que: “La Sierra de Cádiz, desde Puerto de Galis, tiene ganada una bella pagina patriótica en la independencia nacional. Ningún estamento oficial ha recordado agradecerlo, pero el pueblo, ese pueblo sencillo que guarda los recuerdos contados en las antiguas gañanías o en noches de invierno, se que se ha preocupado por levantar un monumento en la palabra al general que llevó a sus abuelos a defender nuestra provincia del invasor, conociendo para siempre al peñón de Puerto de Galis por "El Peñon de Ballesteros".



Doscientos años después, no estaría mal que junto al Peñón que lleva su nombre, se situara un panel informativo recordando los hechos históricos que protagonizaron el General Ballesteros y las partidas de guerrilleros serranos por estos parajes en la conocida como Guerra de la Independencia. A buen seguro que a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz” no le importaría.

Para saber más:
(1) Rallón, Esteban: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. IV. En los capítulos IV, XVII, XIX, XXXI se recogen distintas referencias a los monfíes.
(2) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Ed. facsímil. Ámbito, Salamanca, 1986, pg. 69.
(3) López-Cepero, Adolfo: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
(4) Guerrero Misa L.J. y Sigler Silvera, F: (Coord.). Estudios sobre la Guerra de la Independencia española en la Sierra de Cádiz. Consejería de Gobernación y Justicia. Junta de Andalucía 2012, pg. 102-104 y siguientes.
(5) José María Gavira Vallejo, 200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique (4): Así la vieron los franceses (1811-12).
(6) Manuel Pérez Regordán: El Puerto de Galis. “Don Francisco Ballesteros. La provincia de Cádiz en la historia y la leyenda”. Diario de Cádiz 22/06/1995, pg. 45.
(7) Adolfo de Castro: Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Imprenta de la revista Médica, 1858. Ver el Capítulo VI: El General Ballesteros y las guerrillas en la provincia. (pg. 755-56)

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con Del Puerto de Gáliz al Mojón de la Víbora. Una carretera con “encanto” (1), En el Puerto de Gáliz. Un recuerdo a Juan “el Igualeja”, Paisajes con Historia, El paisaje y su gente.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 29/12/2013

 
Subir a Inicio