Mostrando entradas con la etiqueta Majaceite. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Majaceite. Mostrar todas las entradas

La gran riada (II): Arcos y Junta de los Ríos.
Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917.


En estos días se cumplen cien años de la gran riada de marzo de 1917 que tuvo consecuencias graves en toda la cuenca del Guadalete. Para recordar aquel suceso, recreamos la semana pasada su incidencia en Grazalema, Villamartín y Bornos. Hoy continuamos con los impactos de aquella excepcional avenida en Arcos y en el curso bajo del río.

La riada en Arcos.

Al igual que en toda la provincia en Arcos descargó “una espantosa tormenta de agua y granizo” (1). Como relataría el corresponsal de El Guadalete en su sección de “Notas Arcobricenses”, "desde las primeras horas de la noche del lunes (5 de marzo) hasta las nueve de la mañana de hoy miércoles (7 de marzo), no ha cesado de llover en esta ciudad unas veces, la mayoría, de un modo torrencial y otras aguaceros, todo acompañado de un viento fortísimo que impedía el tránsito del vecindario por las calles. Los daños causados por el temporal en la población y riberas del río Guadalete son enormes. Jamás se ha conocido una crecida tan alta... pues ha subido más de ocho metros sobre su nivel ordinario” (2).

Todos los diarios nacionales (La Nación, El País, ABC, Heraldo de Madrid, La Correspondencia…) avanzaban los daños más relevantes causados por la inundación en términos parecidos: "hay dos ahogados; pero se cree que no se reducen a estas las desgracias. Se ha hundido el ojo central de un puente. Un desprendimiento del terreno arrastró un molino que tenía más de 6.000 arrobas de aceite. Muchas casas del pueblo han quedado destruidas y la desolación es enorme. Como se conserva parte del puente, tratase activamente de unirle a la otra orilla” (3). A las 8 de la noche, el alcalde de Arcos consiguió hacer llegar un telegrama al de Jerez, Julio González Hontoria, dándole cuenta de la catástrofe y solicitando que se dirigiera al gobernado civil demandando socorros para Arcos, ante la imposibilidad de hacerlo él directamente. Aunque a esa hora el nivel del río ya había descendido unos cuatro metros, el panorama no podía ser más desolador (4). El diputado jerezano Moreno Mendoza, también recibió un telegrama del alcalde en el que le daba cuenta de la grave crisis obrera desencadenada, así como del hundimiento del puente y del consiguiente corte de comunicaciones con la mayoría de las polaciones cercanas, circunstancias de las que el diputado informó al gobierno de la nación solicitando, especialmente, la inmediata reconstrucción del puente de San Miguel (5).

En el casco urbano los daños causados fueron muy importantes. La fuerza del huracán tronchó árboles en el Paseo Duque de Almodóvar del Río, en la Plaza de la Constitución, en el Camino de las Nieves, en la calle Alameda… Se derrumbaron también “varias casas que se encontraban en estado ruinoso, un lienzo de muro de más de 200 metros de longitud, a espaldas del convento de Monjas Mercedarias” (6). El suministro eléctrico quedó interrumpido, al quedar paralizada la fábrica de electricidad a causa del temporal (7), ante lo que el gobernador civil de Cádiz telegrafío al de Sevilla “rogándole que gestione de las Compañías de electricidad faciliten fluido al pueblo de Arcos, en el que se halla paralizada su industria a causa del temporal” (8). Las crónicas de prensa no podían ser más explícitas: “la población se encuentra a oscuras por averías en los cables del alumbrado” (9).



Daños en la industria, los molinos y las huertas.

Junto a los daños en el casco urbano y en el puente, las instalaciones industriales y los molinos, quedaron también muy afectados. Ubicadas a orillas del Guadalete, la fábrica de corchos del Sr. Vázquez Segovia o la de curtidos del Sr. Reguera Marín, sufrieron importantes daños quedando “en medio del río” viendo destruidas sus instalaciones. Con todo, la peor parte la llevaron los molinos. La corriente “arrancó de cimiento el molino harinero llamado de Angorrilla”, inundándose también en el Barrio Bajo varios molinos de aceite “entrando las aguas en las tinajas y depósitos donde se encerraba el pecioso líquido subiendo éste a la superficie de aquellas, siendo arrastrado por la corriente. En el molino de D. Francisco Martel, se calculan en más de tres mil arrobas de aceite las llevadas por el río. En el D. Antonio Matos, llamado Valdespino son incalculables los perjuicios y destrozos causados por la riada. Todo el aceite que se encerraba en sus depósitos ha desaparecido… Igual le ha ocurrido a D. Antonio Dueñas en su molino La Condesa en el cual no ha quedado una gota de aceite, de las quinientas y pico arrobas que tenía almacenadas” (10).



Las huertas y los campos quedaron aún peor parados. El diario ABC resumía los efectos con esta lacónica frase: “en Arcos el temporal destrozó la campiña” (11). El corresponsal de El Guadalete describía en su crónica la triste escena que la riada había dejado en los campos cercanos al río: La ribera de huertas está completamente inundada viéndose solamente las copas de los árboles, y en los tejados de las casas, los colonos, sus familia y operarios aguantando el temporal desde media noche, ateridos de frío, dando gritos de socorro que nadie podía prestarle. Multitud de personas que habían acudido al Paseo de Boliches para desde alli contemplar la arriada, se retiraban con los ojos arrasados en lágrimas al ver el horroroso cuadro… Han perecido cientos de cabezas de ganado lanar, cabrío, cerda, vacuno y algunas caballerías” (12). Con la vuelta de las aguas a su cauce, apenas diez días después, pudieron apreciarse mejor las consecuencias de la riada: “Apena el ánimo ver nuestra frondosa y exhuberante ribera de huertas, hoy arrasadas por completo, sin vallados, casi sin arboleda, por haberla arrancadao la fuerza de la corriente y sus blancas casitas derruidas y algunas convertidas en un montón de escombros. ¡Pobres huertanos! ver en unas horas desaparecer el fruto de su constante y rudo trabajo, sus enseres de labor, sus ganados, muebles, ropas y pequeños ahorros” (13).

Las inundaciones habían dejado el campo y la industria arrasados y el hundimiento del puente de San Miguel y de otros en la cuenca, habían bloqueado las comunicaciones. La crisis social no se hizo esperar y el mismo día 8, aunque el temporal había amainado y las aguas del río habían descendido, se desataron las primeras protestas, siendo requerida la Guardia Civil para proteger las panaderías por temor de sufrir asaltos ante la carencia de víveres. Ese mismo día se llevó a cabo “un reparto de pan, siendo socorridos 625 obreros; pero muchos quedaron sin sustento. Algunos industriales desaprensivos intentaron elevar el precio de los artículos de primera necesidad; pero el alcalde lo impidió enérgicamente. De Jerez se enviaron a Arcos por orden superior 5.000 k. de harina y 1.000 de pan. Se gestiona que la Compañía Sevillana de electricidad facilite fluido a la fábrica de pan de Arcos” (14). Ante la desesperación y la falta de recursos, no faltaron quienes fueron a buscarlos al río donde “las guardias civil y rural hicieron regresar ayer a numerosas personas que se dirigían a los sitios inundados y al río con objeto de apoderarse de las carnes de los animales que habían perecido ahogados.” (15).

El puente de San Miguel destruido.



Una de las peores consecuencias que para Arcos tuvo la riada fue sin duda la destrucción del Puente de San Miguel. Levantado en 1867 con un coste de dos millones de reales de la época, esta sólida obra de sillería retuvo entre sus ojos los grandes árboles arrancados por la corriente, pero no pudo resistir la onda de avenida que empujó con una fuerza sorprendente al puente hasta derribarlo. Si la destrucción del puente de Villamartín cortó la carretera Jerez-Ronda, el arrastre del de San Miguel, dejaba incomunicada la campiña con El Bosque y la Serranía de Grazalema.

Como medida urgente, el mismo día 8 el alcalde ordena tender una “guindaleta” entre ambas orillas del puente “por medio de la cual se ha establecido comunicación con los vecinos de la otra parte del río los que gracias a este medio, pudieron proveerse de los artículos de primera necesidad de que carecían" (16). Gracias a este cable (en realidad, una cuerda de cáñamo), que logra tenderse a las dos de la tarde se pasan vivéres y otros artículos de primera necesidad (17).

En los días siguientes se suceden las peticiones para la construcción de un nuevo puente. El ingeniero jefe de Obras Públicas, D. Enrique Martínez, comunicó de inmediato al gobernador civil que era “…urgentísima la construcción del Puente de San Miguel, que se proyecta construir de hierro o de hormigón armado, cuyo proyecto se enviará a la aprobación del ministro de Fomento. Mientras tanto ha sido habilitado un vado para que pasen coches, carros y automóviles, y se espera que dentro de tres días quedará en condiciones de que pasen personas” (18).

Junto a los vados se plantean de inmediato la instalación de un puente de madera y de una barca de pasaje. El primero frente al molino del Algarrobo, la segunda, en el mismo emplazamiento del viejo puente de San Miguel. Apenas una semana después de la riada el Conde de los Andes, diputado en Cortes por la provincia, informó al alcalde de Arcos de la aprobación por el Ministerio de Fomento de un proyecto de barca para el que se destinaron 40.000 pesetas (19). En los días posteriores la prensa local informaba que “con objeto de terminar cuanto antes la construcción de la balsa que ha de servir para establecer la comunicación con la otra banda del río, se ha dado ocupación a todos los carpinteros de Arcos. Se cree que aquella se inaugurará muy en breve dado el número de obreros empleados en su construcción” (20). La barca o balsa, que entró muy pronto en servicio no estuvo exenta de polémica, pues si al principio se anunció que sería gratis hasta la construcción del nuevo puente, en pocos días comenzó a cobrarse el pasaje, lo que trajo como reacción que “un numeroso grupo de obreros se colocara en actitud levantisca, siendo necesaria la presencia de la autoridad para calmar los ánimos, quien ordenó pasaran todos gratis. Hoy se está cobrando el pasaje con el auxilio de fuerzas de la guardia municipal” (21).



Menos problemas dio el puente de madera que comenzó a construirse apenas dos semanas después de la riada. Así, la prensa local recogía una noticia del 22 de marzo en la que se apuntaba que “han dado principio los trabajos para construir un puente provisional de madera sobre el río Guadalete junto al molino harinero "Algarrobo", capaz de soportar el tránsito de caballerías y carruajes. Las maderas que se emplearán en la obra proceden del puente de Villamartín y a los trabajos se les imprimirá gran actividad” (22). Junto a este puente que permitía el paso de carruajes, y del que han quedado testimonios gráficos, existieron también otros pequeños puentes provisionales de madera para el paso de personas, utilizandose también los vados y pasadas tradicionales cuyo cruce en los días posteriores a la riada estuvo a punto de llevarse la vida de algunos arcenses. Tales fueron los casos de Alejandro Fernández Medina, de 65 años, quien al vadear el río por la pasada de La Molina, se hundió su caballo en el fango, pudiendo salvarse por ser un excelente nadador; o el del joven Antonio Murciano Meza, quien fue arrastrado por la corriente en el vado de Los Carriles, lográndose salvar gracias a la poderosa caballería que montaba (23).



Con todo, la principal preocupación de los arcenses fue la construcción del nuevo puente. Tras la riada, el alcalde Juan J. Velazquez Gaztelu, así como el gobernador civil y distintos diputados a Cortes por la provincia solicitaron al Ministerio de Fomento su intervención para acelerar las obras. Apenas dos semanas depués el alcalde confirmaba que “el proyecto del nuevo puente se remitirá a Madrid antes del 15 del próximo” (24). Unos días más tarde, un telegrama del Conde de los Andes informaba que “el puente estará terminado en muy breve plazo. Aquel se construirá en los Altos Hornos de Bilbao y su costo ascenderá a unas 300.000 pesetas; será colgante y de un solo tramo” (25). El nuevo puente de San Miguel, proyectado por el ingeniero Juan Romero Carrasco (como el de Villamartín), fue construido finalmente en los talleres de "La Artística Valenciana", entidad con la que se contrataron las obras, siendo inaugurado el 14 de octubre de 1920. De vigas metálicas parabólicas, y con una luz de 63m, tuvo un coste de 288.00 pesetas y utilizó como apoyos los estribos del viejo puente de cantería destruido por la riada del Guadalete (26).



La riada en la Junta de Los Ríos y la vega de Abadín.

Dejando atrás Arcos, la riada inundó lo Llanos de las Huertas, las vegas de Coviches y La Pedrosa y la Vega del Drago, donde el molino de Matos quedó semidestruido por las aguas del Majaceite.

En la Junta de los Ríos, unidos los caudales del Guadalete y de sus tributarios, el Salado de Espera y el Majaceite, los efectos de la riada se multiplicaron. La presa de Guadalcacín, construida unos años antes, pudo frenar los efectos de la crecida, laminando en parte la avenida. Aún así, por su alividadero llegaron a evacuarse 500 m3 por segundo, calculándose el caudal de ambos ríos entre la Junta y La Florida, en unos 2000 m3 por segundo en los momentos de apogeo de la avenida (27). No es de extrañar por ello que la fuerza de la riada arrastrará también el puente de la Junta de los Ríos, en la carretera Arcos-Vejer, como lo había hecho aguas arriba con los de Villamartín y San Miguel. El puente de fábrica, de 5 claros de 18 metros de luz cada uno, había sido construido en 1866 y ya había sufrido graves daños por una riada en 1881, aunque en esta ocasión no pudo soportar el empuje de la avenida (28). El mismo día 7, así lo comunicó por telegrama el alcalde de Arcos al de Jerez (29), dando también de ello cuenta los diarios nacionales que informaban de que “en el sitio llamado Junta de los Ríos, se hundió el ojo central del puente” (30). Para sustituirlo, el ingeniero Juan Romero Carrasco proyecto un nuevo puente de hierro, similar al de Villamartín, que sería inaugurado en 1925.



Durante los ocho años en los que la carretera estuvo sin puente, el paso del río se solucionó parcialmente con la instalación de una barcaza de sirga de la que conocemos sus características por las fotografías antiguas que de ella se conservan, similar a la instalada en Villamartín (31).

Aguas abajo, en las vegas de Casina y La Misericordia el río alcanzó una anchura extraordinaria, inundando totalmente las vegas de Albardén y Abadín, ya en término de Jerez, con una lámina de agua superior a un metro. En este último lugar, el diario El Guadalete informaba con el titular “A punto de perecer” que “en el caserío de la huerta de Lavadín, próxima a la Junta de los Ríos, estuvieron a punto de perecer sus moradores. A las cuatro de la mañana el contratista de las obras del Pantano de Guadalcacín don Federico Sáez, que tiene aquí alquilada una habitación en la expresada huerta, fue avisado de que estaba completamente inundada la planta baja. El Sr. Sáez, con la precipitación que exigía la gravedad del peligro, ensilló su caballo y montó a la grupa a la esposa del colono de la huerta. Éste y un mozo, en otro caballo y una mula, siguieron al señor Sáez, conocedor del terreno, orientándose como podía, dada la oscuridad de la noche, se dirigió a una choza enclavada a una altura y distante de la huerta unos quinientos metros, llegando a ella, por fortuna, sin más consecuencias que el remojón sufrido, pues hay que tener en cuenta que el agua llegaba a los caballos a la altura del vientre” (32)



Sin embargo, lo peor aún estaba por venir. Aguas abajo, en La Florida, la avenida del río iba a destruir el puente sifón del acueducto de Tempul, cortando así el suministro de agua potable a la ciudad de Jerez.
(Continuará)
Para saber más:
(1) La Correspondencia, 8 de Marzo de 1917, p. 3.
(2) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(3) La Correspondencia, 9 de Marzo de 1917, p. 3.
(4) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p. 1.
(5) Heraldo de Madrid, 8 de marzo de 1917, p. 2.
(6) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1. La crónica contiene la información del día 7.
(7) La Época, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(8) La Nación, 10 de marzo de 1917, p. 9.
(9) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(10) Íbidem.
(11) ABC, 8 de marzo de 1917, p. 9.
(12) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(13) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(14) El Día, 9 de marzo de 1917, p. 2. El Imparcial destaca también esta noticia así como que, ante la insuficiencia del reparto, “hubo un conato de alteración del orden” El Imparcial, 10 de marzo de 1917, p.1.
(15) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p. 2.
(16) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(17) El Día, 9 de marzo de 1917, p. 2.
(18) La Correspondencia, 11 de Marzo de 1917, p. 3.
(19) El Guadalete, 29 de marzo de 1917, p. 1.
(20) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(21) El Guadalete, 31 de marzo de 917, p. 1.
(22) El Guadalete, 26 de marzo de 1917, p. 1.
(23) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(24) El Guadalete, 26 de marzo de 917, p. 1.
(25) El Guadalete, 31 de marzo de 917, p. 1.
(26) "Puente de Villamartín y de San Miguel, sobre el río Guadalete, en la provincia de Cádiz", Revista de Obras Públicas, vol.71, nº 2382, junio e 1923, pp. 62-63
(27) Gavala y Laborde, Juan.: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, p. 27-28. Véase también González Quijano, P.M.: “Los bosques y las inundaciones”, La Correspondencia Española, Año LXVIII Número 21593 - 1917 marzo 27, p. 3.
(28) García Lázaro, A. y J.:El puente de hierro de la Junta de los Ríos”, Diario de Jerez, 13 de noviembre de 2016.
(29) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p. 1.
(30) ABC, 8 de marzo de 1917, p. 9. y La Correspondencia, 9 de marzo de 1917, p. 3, entre otros.
(31) García Lázaro, A. y J.:El puente de hierro…”, obra citada.
(32) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p. 2


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre El Guadalete se desborda, Paisajes con Historia, Río Guadalete, La gran riada (I). Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917., La gran riada en Jerez (III). En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917. y Jerez: una ciudad sin agua. En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917 (y IV).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 19/03/2017

El Nacimiento de Benamahoma.
Un manantial con historia.




Si hay un lugar en Andalucía que se relacione con el agua, este es Grazalema, localidad donde se registran las máximas precipitaciones del país. Y si hay un manantial que sobresalga entre cuantos brotan en su serranía, este es sin duda el Nacimiento de Benamahoma.

Secularmente, los privilegiados lugares de la Sierra de Cádiz en los que surgen fuentes y manantiales contaron con asentamientos humanos en sus cercanías. En los siglos medievales, en estos entornos es segura la presencia de los árabes, quienes sintieron especial atracción por el agua para, mediante azudes y acequias, utilizarla para el riego. No es de extrañar por ello que algunos de estos rincones serranos sean conocidos desde antiguo por sus afamadas huertas, tal como sucedió en Zahara con las de Bocaleones y Arroyomolinos, en Benaocaz con las de Tavizna o en Grazalema con las de la Ribera de Gaidovar. Pero sin duda, las “Huertas” por excelencia y con mayúscula fueron siempre las de Benamahoma. A ello contribuyeron sus copiosas fuentes entre las que destaca, como ninguna otra, la conocida como El Nacimiento.

Los Cachones, el antiguo nombre del manantial.

Este célebre manantial es, junto al de Tempul, una de las surgencias más conocidas de la provincia de Cádiz y, sin duda, la más caudalosa y constante. Ya en 1845, Madoz repara en la importancia de las fuentes del entorno de la aldea de Benamahoma en su Diccionario Geográfico y al describir este pueblo serrano señala que “… Benamahoma está situado a espaldas del Peñón de San Cristóbal, o Sierra del Pinal, en una hondonada rodeada de elevadísimas montañas que la resguardan de todos los vientos menos el oeste… En sus inmediaciones hay dos manantiales abundantes, con los que se riega una partida de huertas de frutales y hortaliza, llamado el uno de los Cachones, situado al norte; en el que se hallan dos molinos harineros y tres batanes; el segundo es conocido por el Descansadero, por serlo de los ganados que pastan en sus alrededores y ofrece la particularidad de secarse completamente en invierno…” (1).

Este antiguo nombre de “Los Cachones” (frecuente en otros manantiales de distintas provincias) hace alusión a la forma en la que el agua aflora del interior de la tierra por numerosos manaderos, ya que un “cachón” es un chorro de agua que cae a poca altura y rompe formando espuma. Este fenómeno lo podemos observar todavía en el entorno del manantial donde en diferentes puntos (junto al camino que baja al Museo del Agua, por ejemplo), el agua sigue brotando entre las rocas y la vegetación formando pequeñas chorreras espumosas o “cachones”, por donde desagua también esta gran surgencia.



Agua que mueve molinos.

Benamahoma, antiguo cazadero de los Duques de Arcos, debe su historia y su vida a este singular manantial que se localiza en la parte alta del pueblo, junto al camino que sube hasta el Puerto del Pinar y el bosque de pinsapos. Durante muchos siglos el Nacimiento lo significó casi todo: agua para las huertas, caudal permanente para el Majaceite (llamado en su primer tramo Arroyo del Pinar, luego Río de El Bosque), fuerza hidráulica para mover molinos, batanes y hasta un martinete. En este último se elaboraban objetos de cobre que gozaron de gran prestigio en la zona. La disposición del caserío estuvo también, durante mucho tiempo, condicionada por el manantial de tal forma que su cota marcaba la del crecimiento de la población, que no se extendía ladera arriba para poder tener así acceso al agua. El hecho de que la parte baja de la aldea, situada junto al río, correspondiera a la de los mejores terrenos para el cultivo, motivó la disposición alargada del casco urbano entre la cota de El Nacimiento y las huertas.



En este sentido, tanto las aguas de El Nacimiento, como las del cercano arroyo del Descansadero, permitieron establecer en los terrenos arcillosos del Triásico, próximos a la población, cultivos de regadío. Las afamadas Huertas de Benamahoma, fueron, con las de Arroyomolinos y Bocaleones en Zahara, las principales abastecedoras de frutas y hortalizas de este rincón de la Sierra de Grazalema.

Aguas abajo, hubo hasta los años cincuenta una fábrica de luz, la Eléctrica de la Sierra, que mediante un salto artificial aprovechaba el caudal permanente que el manantial proporciona al río de El Bosque. A comienzos de los ochenta se instaló una piscifactoría a los pies del manantial y en estos años no han faltado tampoco polémicos proyectos para la creación de una planta embotelladora. Junto a todo ello, de la mano de la pureza de las aguas de El Nacimiento, la pesca deportiva, con el coto truchero más meridional de Europa y el turismo rural que, desde hace más de medio siglo, tiene en Benamahoma un referente privilegiado y en su famoso manantial, visita obligada (2).

El manantial: una explicación geológica.



La surgencia del Nacimiento debe su origen a la peculiar estructura geológica de la zona y a la excepcional pluviosidad de la Sierra de Grazalema. Las aguas subterráneas afloran a la superficie en la zona de contacto entre las calizas liásicas que lo integran y los materiales impermeables triásicos que, a modo de suelo, impiden su progreso hacia cotas más bajas viéndose obligadas a buscar una salida.

El insigne ingeniero de minas y geólogo Juan Gavala Laborde, tras la visita que realiza a estos parajes en 1917 lo expresa así: “…los macizos de calizas liásicas y jurásicas, que tan grandes superficies ocupan en la serranía, constituyen importantes cuencas de infiltración de las aguas meteóricas e inmensos depósitos de alimentación de los manantiales… Como estas rocas están muy fisuradas y sus capas cortadas por repetidas fallas, las aguas circulan por su interior con gran facilidad, y acumulándose en las juntas de separación de los estratos, en los planos de falla y en las cavernas interiores que ellas mismas han producido al disolver el carbonato de cal, llegan a formar grandes depósitos subterráneos que desbordan constantemente por las grietas cuyo nivel es interior al hidrostático del macizo en que se reúnen”. (3)

Las calizas que forman la Sierra del Pinar actúan aquí como una gran superficie de captación de agua hacia niveles inferiores, hasta donde penetra a través de las grietas y fisuras permitiendo con ello que las aguas llovedizas circulen hacia el interior del macizo con gran facilidad. Internamente, el proceso de disolución de las calizas forma oquedades y galerías que se comportan como grandes depósitos y reservas subterráneas, cuyas aguas saldrán al exterior al cumplirse determinados requisitos. En el caso que nos ocupa, se ven forzadas a discurrir paralelamente a la dirección de los estratos hacia Benamahoma. Allí, seguramente, hubiesen dado lugar a un buen número de pequeños manantiales pero, como estudió Gavala, la existencia de una falla perpendicular a la población cambia el rumbo de las aguas y da origen a esta surgencia que brota en el contacto de las calizas con los materiales triásicos impermeables que forman la base de estas sierras y que afloran en las Huertas de Benamahoma (4).

Los estudios realizados en esta zona han determinado que el conjunto de montañas calizas que integran la Sierras del Pinar, Monte Prieto y otras colindantes, limitadas al sur por el conocido Corredor del Boyar, constituyen una Unidad Hidrogeológica alimentada por las infiltraciones del agua de lluvia a través de los potentes estratos de calizas y dolomías, de hasta 700 m. de espesor en algunos puntos, muy fallados y fisurados. El “muro” o suelo impermeable de esta unidad lo constituyen materiales triásicos (margas, yesos…). El drenaje de las aguas subterráneas tiene lugar a través de importantes manantiales como los de Arroyomolinos y Grazalema (extremo NE del macizo) y el de El Nacimiento de Benamahoma (extremo SO), habiéndose estimado que los recursos medios de esta unidad, es decir, la cantidad de agua que aflora de sus fuentes, es de 14,1 Hm3/año (Atlas Hidrogeológico de la Provincia de Cádiz), de los que la mayor parte proceden del Nacimiento de Benamahoma. A título comparativo baste decir que los recursos del segundo manantial en importancia de la provincia, el de Tempul, se estiman en algo más de 5 Hm3/año. (5)

A pesar de que nunca deja de manar, el caudal de la Fuente del Nacimiento es, con todo, muy variable, oscilando entre los 400 litros por segundo en la época de lluvias y los 100 litros en los momentos más secos. Un dato significativo de la constancia de sus caudales es el que recoge González Quijano, ingeniero del Embalse de Guadalcacín, quien refiere como de los manantiales estudiados a mediados del siglo XIX por Ángel Mayo, con motivo de su proyecto de abastecimiento a Jerez, el más constante de todos era el de Benamahoma, “que aforado en el verano de 1861 dio 20.342 m3 en las veinticuatro horas, y representaba en aquel momento el 65% del caudal total del río (Majaceite) medido en la Angostura (lugar donde se construyó el embalse)”. Es decir, que en aquel verano nuestra fuente de El Nacimiento arrojaba un caudal de 235 litros por segundo. (6)

Las aguas.



Junto a los aprovechamientos tradicionales a los que ya nos hemos referido, han existido proyectos para embotellar el agua de El Nacimiento, de excepcional calidad, que por su composición química estable en el tiempo, le valió ser declarada mineromedicinal ya en 1975, estando catalogada actualmente como agua mineral natural. En un interesante artículo con el elocuente título “Beba Grazalema”, el periodista Rafael Navas (actual director de Diario de Cádiz) relataba, hace ya veinticinco años, los intentos empresariales para embotellar el agua de Benamahoma. A las primeras ideas de comercialización del jerezano Manuel Muñoz Diosdado, en 1969, se sucedieron los de la sociedad Aguas de Benamahoma (1980), que llegó a construir una gran nave para la planta embotelladora, y los de la multinacional belga Spadel (1989), todos ellos frustrados. En 2003 se anunció la inversión de 9 millones por parte de Lanjarón (Grupo Danone) para la construcción de una nueva planta embotelladora, que no llegó a levantarse, existiendo en la actualidad nuevos proyectos. (7)

Sea como fuere, ello no hace sino confirmar algo que ya se conocía desde tiempo inmemorial, la excelente calidad del agua de El Nacimiento, “Un agua casi milagrosa” como señalaba Rafael Navas en el citado artículo en el que en el que se aportaban los datos del estudio realizado por el departamento de Química Técnica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cádiz, según el cual “…el agua posee los siguientes parámetros físico-químicos y bacteriológicos. (Las concentraciones están expresadas en miligramos por litro (mg/l): fosfatos (0,1), cloruros (14,3), nitratos (29), sulfatos (42,8), bicarbonatos (256), calcio (57), magnesio (20), fluoruro (0,25), sodio (22,3) potasio (16). Su Ph es de 7,73. No se han detectado en el agua fenoles, sulfuros, nitritos, amonio, amoniaco, cloro residual, hierro, cobre, cinc, cadmio, plomo, cromo ni la existencia de coliformes o estreptococos fecales. La demanda química de oxígeno es de 1,1 mg/l y el residuo seco a 110 grados centígrados es de 297,0 mg/l.” “¿Qué quiere decir todo esto?”, se preguntaba entonces el periodista. Él mismo daba la respuesta que ya conocían los lugareños y visitantes desde tiempo inmemorial: “Pues que el agua minero-medicinal de la sierra de Grazalema es casi milagrosa”. (7)

“Cuando bebas agua, recuerda la fuente”.

Nosotros, cada vez que venimos a Benamahoma preferimos acudir a El Nacimiento para beber su agua fresca, recién salida de las entrañas rocosas de la Sierra del Pinar y disfrutar del hermoso paraje en el que se encuentra, dando un paseo por el camino que conduce hasta la fuente para bajar luego por una agradable y corta senda, hasta el antiguo molino harinero que, rehabilitado, acoge el Eco-Museo del Agua. Si lo prefieren, pueden acudir también a la Fuente de los Tres Chorros, situada en el pueblo, a unos doscientos metros del manantial, y de la que se abastecen todos los lugareños llenado sus garrafas… O llegarnos hasta la cercana piscifactoría, o pasear por las riberas del Majaceite para bajar por el sendero del río hasta El Bosque. Sea como fuere, nos gusta siempre recordar el viejo proverbio chino y no se nos olvida que el agua de Benamahoma viene de la fuente por excelencia: la de El Nacimiento.



Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 58.
(2) Bel Ortega, C. y García Lázaro, A. (1990): La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. También puede consultarse: Bel Ortega C. y García Lázaro A.: Itinerarios Didácticos de la sierra de Grazalema. Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Cádiz. 1983
(3) Gavala y Laborde, Juan.: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (Del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, pg.139
(4) Gutiérrez Más, J.J. et alt.: Introducción a la Geología de la provincia de Cádiz. Universidad de Cádiz. 1991
(5) Atlas Hidrogeológico de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. 1985.
(6) González Quijano, P.: El Pantano de Guadalcacín y las Obras Hidraúlicas. Revista de Obras Públicas, nº 2071. Junio. 1915. (aporta las referencias de aforo realizadas por Ángel Mayo). También puede consultarse para más datos de la visita de Ángel Mayo a estos manantiales en 1961: Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera, por D. Ángel Mayo. Anales de Obras Públicas, nº 3. 1877.
(7) Navas Renedo, Rafael: Beba Grazalema, Diario de Jerez, 19/02/1989.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con Geología y paisajes, Paisajes con historia, Patrimonio en el mundo rural.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 2/11/2014

 
Subir a Inicio