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Pinos y pinares.
Noticia de algunos pinos centenarios (y 3).




En nuestras anteriores entregas iniciamos un recorrido por la historia y los paisajes de los pinares que existieron en las cercanías de la ciudad, así como por los que se encuentran hoy repartidos por distintos rincones de nuestras sierras y campiñas. En lo que a pinos centenarios y singulares se refiere, mencionábamos el famoso Pino de la Legua, único que figuraba por derecho propio en toda la cartografía del siglo XIX, así como de los conocidos pinos de Cuartillo. En nuestro recorrido de hoy, y para cerrar esta trilogía dedicada a pinos y pinares, vamos a ocuparnos de algunos ejemplares centenarios que existieron o aún se conservan en los parques, calles y plazas de la ciudad. Las alturas que se ofrecen son aproximadas y los perímetros del fuste están medidos a 1,5 m del suelo.

El pino de la Alameda Vieja.



Uno de los pinos más singulares de Jerez, tal y como recuerdan muchos jerezanos, fue el conocido como pino de la Alameda Vieja. Situado en el jardín bajo, en un gran parterre que aún se conserva frente a la entrada de las bodegas de González Byass, este pino centenario era el de mayor calibre de la ciudad y un auténtico superviviente de la arboleda que se plantó en este lugar en las últimas décadas del siglo XIX. La conocida Alameda Vieja, fue el primer espacio de recreo del Jerez moderno, comenzándose su obras en 1788 de la mano del corregidor Eguiluz.



A lo largo del siglo XIX conoció diferentes ampliaciones y reformas y en la década de los 60 de esa centuria, se ajardinaron los taludes colindantes con la bodega de González Byass con la colaboración de la firma vinatera. En 1931, el arquitecto municipal Rafael Esteve, junto al ingeniero municipal Juan Pedro Simó, llevaron a cabo nuevas reformas que afectaron también a los muros del jardín bajo (1) donde se ubicaba nuestro singular pino carrasco (Pinus halepensis) que fue confinado en un parterre al realizarse la ampliación de la calle. Con el paso del tiempo, el árbol fue perdiendo sujeción y sus ramas comenzaron a secarse y a quebrarse. Cuando amenazaba con caerse no quedó más remedio que talarlo. El 5 de julio de 2008 comenzaron a cortarse sus ramas y hasta dos meses después, se estuvo troceando su enorme tronco, tal como recogía la prensa local (2).

El pino de la Alameda Vieja, por su tamaño y su emplazamiento era muy popular. Su silueta aparece en numerosas fotografías de la Alameda por lo que ha quedado ya, pese a su desaparición, en la memoria colectiva de los jerezanos. Las páginas más hermosas que se han escrito sobre él se deben a nuestro amigo, el escritor e historiador Antonio Mariscal Trujillo, quien en su libro La historia pequeña de Jerez de la Frontera, realiza una emotiva evocación: “Siempre guardaré en mi mente el recuerdo de aquel viejo pino que había en la Alameda Vieja frente a la bodega de los González. Centenario, enorme, soberbio, frondoso como ninguno. Refugio de los pajarillos para anidar con segura protección, porque jamás nadie había podido alcanzar su copa… El hermoso aroma que aquel pino desprendía en verano es algo que a fuego tengo guardado en ese lugar que debe haber en el cerebro donde se archivan los olores de la infancia… Pasó el tiempo, y un día aparecieron por allí grandes máquinas y excavaron la tierra para construir un aparcamiento subterráneo. Aquella infernal maquinaria arrancó sin piedad parte de las raíces que alimentaban a mi pino, las demás, aprisionadas entre el hierro y el hormigón, se quedaron sin tierra para alimentar al gigante y sin agua para darle de beber. Así el pino de la alameda fue entrando en declive y muriendo en lenta agonía. Comenzaron a secarse muchas de sus frondosas ramas que fueron cortadas para evitar que cayeran al suelo. Un día comprobé, con gran dolor, cómo aquel centenario árbol había desaparecido, lo habían talado sin piedad. La tristeza que sentí fue infinita, como si me hubieran arrancado parte de mi alma, de mi vida, Ya nunca sentiré el perfume de mi viejo pino, y nunca más aromará mis recuerdos, sólo quedaron allí las moradas flores de las jacarandas arrastradas por el viento de levante” (3).

En tiempos pasados, junto a este singular pino ya desaparecido, la alameda y los jardines interiores del Alcázar contaron también con otros ejemplares notables. Con motivo de la subasta pública del palacio y sus dependencias se realizó en 1887, se realizó un inventario del arbolado de sus jardines en el que se recogen ciento veinte pies entre frutales y plantas ornamentales, entre los que figuran “cuatro pinos”. A título de curiosidad, entre los árboles ornamentales se citan mencionan también junto a los pinos, tres chopos, tres pinsapos, cinco cipreses, dos tecas, tres eucaliptus, así como acacias y falsos pimenteros (4).

El pino del Retiro.



Uno de los pinos sobrevivientes de aquellos que fueron plantados en el siglo XIX es el pino del Parque de El Retiro. Este magnífico ejemplar de pino carrasco, uno de los más hermosos de su especie en Jerez, formaba parte de la arboleda original de la finca de recreo de Don Luis de Ysasi y Lacoste, que fue cedida a la ciudad, tras su muerte en 1902, para su utilización como alameda pública (5). Este colosal pino, que hoy podemos admirar junto al estanque, tiene una altura aproximada de 33 m y un perímetro de 4,05 m. Su fuste, elevado y rectilíneo, se ramifica a más de 15 m del suelo en gruesas ramas secundarias (6). Su edad se estima en unos 140 años, pudiendo verse su silueta, junto a los de otros ejemplares de pino carrasco de gran porte, en fotografías antiguas del parque. A modo de ejemplo, citaremos la publicada en 1925 en la Revista del Ateneo, donde ya despunta claramente por encima de la arboleda, compitiendo en altura con la chimenea de la antigua Fábrica de Gas. En la imagen se aprecia también otro gran pino, ya desaparecido, situado justo detrás de la casa de recreo de Ysasi, utilizada en ese momento como escuela municipal, conocida popularmente como “El Castillito” (7).



Los pinos de la Avenida y del Camino de Espera.



A quienes pasean por la Avenida Alcalde Álvaro Domecq, les habrá llamado la atención en alguna ocasión el altísimo pino que sobresale entre la arboleda que rodea al Instituto Padre Luis Coloma.

Este magnífico ejemplar de pino carrasco crece en un pequeño parterre circular situado cerca de la entrada, sobrepasando ampliamente en altura al edificio del conocido como “Pabellón Viejo” de dicho instituto junto al que despunta. El pino presenta un fuste limpio y recto que ramifica a más de 15 m del suelo, presentando un perímetro de 3,15 m y una copa abierta y poco densa. Su altura total supera los 25 m y su edad puede superar los 120 años.

Este pino, junto con otros de su especie, pudo formar parte de la arboleda de los antiguos Viveros Municipales que estuvo instalado en este lugar, en el antiguo Paseo de Capuchinos, frente a la Yeguada Militar, como nos recuerda José Moreno Alonso (8). Los Viveros, figuran ya en el Plano de Calvet y Boix de 1884 en el que se recoge también la existencia en este mismo lugar de un jardín y un estanque, por lo que presumiblemente debió contar con una arboleda acompañante (9). De este pino existen numerosas referencias gráficas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, quedando también plasmado en distintas vistas aéreas de la ciudad realizadas entre 1953 y 1955 (10), o en las fotografías del Vuelo Americano de 1956. En ambas se aprecia nuestro pino junto a otros ejemplares del mismo tamaño que no sobrevivieron y que se situaban también junto al recién construido Instituto Padre Luis Coloma inaugurado el 10 de octubre de 1953 (11).



El pino carrasco del Camino de Espera se encuentra ubicado en la Avenida del Altillo, en la confluencia con la calle Ursulinas. Con la urbanización de esta zona a finales del siglo pasado, se perdieron otros ejemplares de grandes árboles que, como este pino centenario, formaron parte en sus orígenes del antiguo Recreo de Warter.

El pino, que se alzaba en la orilla del viejo Camino de Espera frente a la entrada de la antigua finca de las Cuatro Norias, crece en la actualidad en un parterre elevado, habiéndose destruido en su día buena parte de sus raíces superficiales. Su altura aproximada está por encima de los 20 m y el perímetro de su tronco es de 3,10 m. El fuste se ramifica a unos 8 m del suelo en dos grandes ramas secundarias en forma de “V” que dan lugar a una copa aparasolada, similar en su forma a la de los pinos piñoneros. Este pino es un ejemplar centenario, al igual que el que crece, en esta misma avenida, en el interior de la rotonda situada más adelante, en el cruce con la Avenida de los Jardines Escénicos. En este último caso el ejemplar presenta un perímetro ligeramente menor



(2,95 m) y su fuste se encuentra más ramificado, pudiendo formar parte de una antigua alineación existente entre las fincas colindantes con el Camino de Espera.

De interés son también algunos ejemplares de pino carrasco que crecen en el parque González Hontoria, entre los que sobresalen dos de ellos próximos al monumento a Shakespeare, ambos de gran altura, con perímetros de 2,50 y 2,95 m respectivamente, probablemente centenarios y fruto de las primeras repoblaciones efectuadas en este parque a comienzos del siglo XX. En este mismo parque, en los Jardines de la Rosaleda, encontramos también otro ejemplar de gran altura con un perímetro de 2,50 m, similar a los anteriores. Por último, no queremos dejar de mencionar los pinos carrascos que fueron plantados en la década de los cincuenta del siglo pasado cuando se urbanizó la Avenida Alcalde Álvaro Domecq. Muchos de estos ejemplares, que cuentan en la actualidad unos 70 años, aún sobreviven en la zona de terrizo que se extiende junto a las aceras de la Avenida.

Los pinos piñoneros: algunos ejemplares centenarios.

Entre los ejemplares más notables de pino piñonero (Pinus pinea) destaca el del Zoo y Jardín Botánico Alberto Durán, un hermoso árbol de edad centenaria que por su porte y altura, lo convierten en el mayor de la ciudad y uno de los más altos del país, tal como puede leerse en el cartel situado a sus pies. Su perímetro es de 3,35 m y su altura aproximada de 34 m. Crece este árbol en las proximidades del estanque del Zoo y su tronco se alza recto ramificándose a unos 8 m en tres ramas principales que se dividen en numerosas secundarias para conformar una copa poco densa (12).



En la avenida de Lebrija, el pino de La Espléndida, crece en un pequeño parterre sobre la acera situada junto a la antigua barriada del mismo nombre. Se trata de un soberbio ejemplar que llama la atención por el gran calibre de su fuste, robusto y homogéneo, que alcanza los 3,85m de perímetro, uno de los mayores de la ciudad. Este grueso tronco se trifurca a 5 m del suelo en tres enormes y gruesas ramas maestras, sobre las que se conforma una amplia y densa copa que sombrea todos los alrededores. Este singular pino, de un típico porte aparasolado, tiene una altura cercana a los 20 m, estimándose que su edad supera también los cien años como la de otros grandes ejemplares de la ciudad. Originalmente se encontraba a la orilla del antiguo Camino de Lebrija que partía de la ciudad en los alrededores de la actual calle Ponce para dirigirse a la citada población por lo que hoy se conoce como Carretera de Morabita. En la imagen aérea de esta zona del conocido Vuelo Americano de 1956, ya se distingue la silueta de su copa.



De interés son también algunos ejemplares de pinos piñoneros que crecen en los parterres de la Avenida Alcalde Álvaro Domecq, junto a la Glorieta Miguel Primo de Rivera, donde llaman la atención del paseante dos grandes ejemplares que superan los 25 m de altura. El de mayor grosor, presenta un fuste ligeramente inclinado, de 3,55 m de perímetro, que se divide en la cruz a unos 9 m del suelo, en dos grandes ramas maestras, que a su vez se subdividen en otras dos para dar lugar a una amplia copa. Originalmente, formaban parte a comienzos del siglo XX de los jardines del Recreo de Warter, que se encontraba en este lugar junto a la carretera de Sevilla y que incluía también el cercano parque de la Urbanización El Bosque, donde, entre otros muchos árboles de gran porte, existen también otros ejemplares de pinos piñoneros. Hace 10 años uno de ellos perdió una gran rama de más de una tonelada de peso como consecuencia de un temporal de viento (13).



En la avenida de Nazaret, frente al IES Fernando Savater, destaca también por su singularidad un curioso pino piñonero que crece aislado en una zona de terrizo entre la acera y la valla del Club Nazaret. Este hermoso árbol de unos 12 m de altura, presenta un grueso tronco de 3,05 m de perímetro, que se bifurca a 2,70 m en dos gruesas ramas principales de 2 m de perímetro que hacen las veces de fustes secundarios. En su primer tramo se encuentran unidos presentando entre ellos una oquedad. Entre los dos configuran una amplia y densa copa aparasolada, estimándosele una edad cercana a los 80 años. Este árbol, formaba parte de una alineación que separaba la antigua finca del Camino de Pedro Díaz, (actual Avenida del Nazaret) a cuyas orillas crecían, como muestran las imágenes aéreas de 1956 del mencionado Vuelo Americano. Hasta hace unos años, aún se conservaba junto a él otro ejemplar que fue talado tras resultar dañado en una tormenta.



El pino de la Plaza de Macedonia es también un ejemplar singular, por presentarse aislado en el interior de la zona peatonal de esta plaza ubicada en la barriada Nueva Andalucía, a la que da sombra permanente con su amplia y densa copa. Su grueso tronco tiene un perímetro de 3,20 m, ramificándose en su cruz, a unos 4 m del suelo en cuatro grandes ramas secundarias prácticamente horizontales, razón por la cual su copa se presenta muy extendida y poco elevada, con una altura que no supera los 15 m. Su edad puede estar próxima al siglo y su silueta ya se adivina en las fotografías aéreas del Vuelo Americano de 1956, hace setenta años. Originalmente, pudo formar de la arboleda de la antigua Hacienda San José, parcelada a partir de la década de los sesenta del pasado siglo.



El parque González Hontoria alberga también algunos ejemplares de pinos piñoneros y carascos de notables dimensiones. Entre los primeros destacan el que se encuentra junto a la puerta de acceso de la avenida del Ejército, pegado literalmente a la valla del recinto. Con un perímetro de fuste 2,55 m, su cruz de abre en grandes ramas a unos 9 m del suelo presentan la típica forma aparasolada que alcanza una altura próxima a los 15 m.

En el interior del parque, en la trasera del Restaurante El Bosque y junto al monumento a W. Shakespeare, crecen también otro grupo de pinos piñoneros, entre los que sobresale por su grosor un ejemplar de 3,15 m de perímetro con una altura que supera los 20 m. Otro grupo de cinco pinos crece en los jardines de La Rosaleda, frente al conocido bar Bodosky el mayor de los cuales alcanza un perímetro de 2, 5 m.



Junto a los anteriores, no queremos dejar de mencionar otros pinos de grandes dimensiones que se encuentran en los jardines de las bodegas de González Byass o de Domecq. Con todo, el más sobresaliente es el pino piñonero de las Bodegas Harveys, que crece tras el edificio de oficinas y que pasa desapercibido a los visitantes de la bodega pese a su enorme copa. El pino, también centenario, tiene más de tres metros de perímetro y se cuenta entre los mayores de la ciudad, dando cobijo a buen número de aves entre las que destacan las tórtolas.


Para saber más:
(1) Aroca Vicenti, F.: De muladar a alameda. Evolución de algunos espacios de recreo en el Jerez moderno y contemporáneo, pp. 130-134, en Revista de Historia de Jerez nº 10, 2004, pp. 125-146.
(2) Haciendo leña del árbol caído. Diario de Jerez, 8 de octubre de 2008.
(3) Mariscal Trujillo, A.: La Historia pequeña de Jerez de la Frontera en parte del siglo XX, Bookingfax, 2013, pp 16-18 . De Antonio Mariscal son también las fotografías del pino de la Alameda Vieja, que amablemente nos ha cedido para su publicación.
(4) El inventario fue realizado por los peritos Miguel Palacios y Lutgardo Ruiz tal como se describe en Rodrigo de Molina.: La alameda Vieja (II). Diario de Jerez 1-VIII, 1988.
(5) García Lázaro, A.: El Retiro cumple cien años, Pliegos de Opinión, nº 2, Verano de 2002, Jerez. Disponible en internet en este enlace: PLIEGOS DE OPINION
(6) Sánchez García, I., Ballarín Ondiviela, J., Clares Sánchez, A., Lozano Sampalo, Mª C.: Árboles singulares de Jerez, Ayuntamiento de Jerez,2000, p. 44.
(7) Revista del Ateneo, El Retiro, 15 de Diciembre de 1925, nº 17, p. 98.
(8) Moreno Alonso, J.: Historias, Leyendas y Fiestas de Xerez de la Frontera, Colección Alcubilla, Jerez, 1987, p. 34.
(9) Calvet y Boix, J.: Plano Industrial y Comercial de la ciudad de Jerez de la Frontera, 1884. Nosotros hemos consultado el ejemplar conservado en el Institut Cartográfic de Catalunya, disponible en internet.
(10) Entre 1953 y 1955 la empresa TAF Elicoptérs S.A. realizó una serie de vistas aéreas de la ciudad entre la que se encuentran esta de los alrededores de las bodegas de W. & H., donde se aprecian los pinos del Instituto P.L. Coloma, que se encontraba entonces recién construido. La referencia es: Bodegas Williams y Humbert a Jerez de la Frontera, Arxiu Nacional de Catalunya, FONS ANC1-564 / TAF HELICÒPTERS, SA, Ref. ANC1-564-N-7749.
(11) Rodríguez Doblas, Mª D.: Instituto Padre Luis Coloma. 150 años de historia., B.U.C. Cuadernos de Divulgación, 2, Jerez, 1989, p. 149.
(12) Sánchez García, I., Ballarín Ondiviela, J., Clares Sánchez, A., Lozano Sampalo, Mª C.: Árboles singulares de Jerez, Ayuntamiento de Jerez, 2000, p. 45.
(13) Diario de Jerez, 16 de Julio de 2006. Cae una rama de más de una tonelada de peso en el bosque.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre Árboles singulares, Flora y Fauna, Paisajes con historia, Pinos y pinares. Un recorrido por la historia de los pinos centenarios de Jerez (1) y Pinos y pinares. Un recorrido por la historia de los pinos centenarios de Jerez (2).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/03/2017

Pinos y pinares.
Un recorrido por la historia de los pinos centenarios de Jerez (1).




Es bien conocido de los lectores que el término de Jerez ha contado desde antiguo con importantes masas forestales, situadas mayoritariamente en su sector oriental y en especial en la zona de los Montes de Propios. Este amplio territorio, donde los suaves colinas de la campiña dejan paso a los abruptos relieves de los montes y sierras, conservan aún extensas manchas de bosques de alcornoques y quejigos o dehesas de encinas y acebuches, que dan testimonio de la importancia que tuvieron los espacios arbolados en nuestra economía y nuestros paisajes.

Alcornocales, encinares, acebuchales y quejigales constituyeron, por este orden, las formaciones predominantes en nuestros montes, mientras que los pinares tuvieron siempre una presencia muy escasa, casi residual, frente al papel predominante del que gozaron en muchas poblaciones vecinas donde los pinos fueron, con mucho, la especie más abundante en los paisajes de las campiñas, los bordes marismeños y el litoral.

En el paseo que hoy les proponemos vamos a tratar de rescatar la memoria de aquellos pinares jerezanos, hoy prácticamente desaparecidos, y de algunos de los pinos centenarios que aún se conservan en distintos rincones de la ciudad y sus alrededores.

Los pinares en los siglos XVII y XVIII.



Aunque, como se ha dicho, los pinares nunca ocuparon extensiones significativas en nuestro territorio, si contamos con muchas referencias que apuntan a su presencia en las cercanías de la ciudad. Ya a mediados del siglo XVII tenemos constancia de la existencia de pinares en los Llanos de Caulina, tal como se desprende del testamento de D. Diego Pabón y su esposa Ana de Vera a favor de su hijo D. Miguel Pabón de Fuentes, Caballero de Santiago, a quien en 1650 asignan entre otros bienes, tierras en Montegil, el cortijo de la Torre de Cera, el del Trobal y “el pinar de Caulina”, próximo a éste último (1), que pasaría más adelante, a comienzos del XVIII a manos de su nieto y heredero, Miguel José Pavón de Fuentes y González Rojas, nombrado en 1706 por Felipe V como primer Marqués de Casa Pavón (2).

Un siglo después, en las respuestas al Catastro de Ensenada (1752) se apunta la existencia de “ciento quince y media aranzadas de Pinar de primera calidad, sesenta y media de Segunda y treinta y tres y quartas la tercera” (3), es decir, una extensión de poco más de 200 aranzadas, que pone de manifiesto lo escasa entidad de estas formaciones arbóreas en nuestro alfoz. Destinadas principalmente a la obtención de madera y leña, para el consumo local, su cultivo no aportaba beneficios significativos y, según la misma fuente, “la aranzada de Pinar de primera Calidad se considera el rendimiento anual por corta de madera en ella sesenta reales, veinte la de Segunda y diez la de inferior”, menguada rentabilidad si la comparamos, por ejemplo, con lo que producía una aranzada de cañaveral (600 reales) o de sauzal (240 reales) (4).

Parada y Barreto nos aporta un interesante dato sobre la superficie del término destinada a pinares a mediados del siglo XVIII (1754) coincidente con la de las “respuestas”: apenas 199 aranzadas, frente a las 7.554 de olivares, las 9.112 de viñas o las 27.680 de encinares (entendemos que se engloban aquí los alcornocales y quegijales) (5). A esta estadística hace referencia Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico señalando que en ese mismo año en el término de Jerez se contabilizaban 20.811.603 árboles, entre los que aparecen 163.632 pinos, frente a 15.412.591 alcornoques, 3.138.340 encinas, o 1.2900.675 acebuches o 772.245 quejigos (6).

Sobre la ubicación de estos pinares jerezanos a finales del XVIII, ofrece una valiosa información Bartolomé Gutiérrez, en su Historia de Xerez (1787), si bien no aclara su superficie, ya que la presenta unida a la de otros cultivos: “De olivares Huertos y Pinares son ocho mil las aranzadas que se cuentan” (7). Con todo, son de gran interés sus referencias a los lugares donde se encuentran así como a sus propietarios, señalando que: “Los Pagos de Siembra de Pinares componen las suertes siguientes: El pinar de D. Álvaro Carrizosa y Perea. El de D. Pedro Miraval. El de las monjas de Espíritu-Santo. El de D. Marcos Picado. El de la Compañía de Jesús. El de D. Alonso Paredes. El de S. Juan de Dios. 2 del Monasterio de la Cartuxa. El de D. Gerónimo Enciso. El de la condesa de Villafuerte. El del Marqués de Valhermoso. Y el del Marqués de Casa Pabón, que todos los más están en las Abiertas de Caulina y componen el número de 13” (8). Algunos de estos pinares permanecerán hasta bien entrado el siglo XIX siendo un referente en el paisaje de la campiña y aún en nuestros días, la toponimia guarda la huella de la ubicación de varios de ellos como son los casos de los de Carrizosa, Mirabal o Las Pavonas, en las proximidades de El Trobal.

Otra curiosa información sobre aquellos pinares del dieciocho es la que aporta el ilustrado Antonio Ponz quien en su Viage de España informa como en 1789 existen 166 aranzadas de pinar, frente a la 7.969 de olivar o las 8.245 de viñas, por lo que se pone de manifiesto que en apenas medio siglo la superficie de los pinares se ha reducido notablemente. Ponz hace también un retrato de otro rincón del alfoz jerezano donde aún se encontraban algunos pinares de pino piñonero: el sector de marismas situado en los límites con el término de Puerto Real. En su camino desde La Cartuja a Puerto Real, nuestro ilustrado viajero bordea la marisma por el camino de la antigua Cañada de la Isla y de Cádiz y según informa, el terreno “no da otras producciones que palmitos, y ruines pinares, aunque tales quales son, pueden considerarse de extrema necesidad para surtimiento de Cádiz, de la Isla de León…” (9). Ponz se lamenta amargamente del lamentable estado de estos pinares y apunta que, según le han informado, los propietarios no dejan crecer los árboles, cortándoles la guía principal para evitar que “creciendo el árbol, lo marque luego la



Marina, y prive al dueño del usufruto; por tanto solo creen las ramas tortuosas de los lados que se aprovechan en hacer leña, sin que se encuentre un tronco de quatro varas, ni poderse cortar una biga para uso dalguno en los dilatados términos que ocupan dichos pinares
” (10). Hoy día, afortunadamente, los hermosos pinares de pino piñonero de La Zarza y de la Dehesa de las Yeguas ofrecen un magnífico aspecto que a buen seguro, hubiese sido alabado por Antonio Ponz.

Los pinares jerezanos en el siglo XIX: “El Pinar”.

Tanto el número de árboles, como la superficie ocupada por los pinares iría disminuyendo, como se ha visto, a lo largo del s. XVIII y en las primeras décadas del XIX habría descendido a más de la mitad. Eso es al menos lo que se deduce de los datos estadísticos del Apeo de Garay, que los reducen a 79,5 aranzadas en 1818, tal como ha estudiado Dolores Lozano Salado (11). Los parajes donde permanecían estos pinares, ya residuales, seguían siendo los mismos, y estaban situados en los bordes de los Llanos de Caulina y en las proximidades de la ciudad, al este y al noreste.

Una “prueba gráfica” del emplazamiento de algunos de estos pinares del diecinueve nos la aporta un curioso mapa militar francés, elaborado en el primer tercio del siglo XIX. En el aún se conserva memoria de aquellos bosquetes de pinos cercanos a la población. Así, a la izquierda del camino que desde la ciudad parte hacía Arcos, figura una gran parcela señalada como “Pinar”, pasada la alcantarilla de Los Alunados, y en las proximidades de la antigua Venta de La Cuchara, en un sector que hoy se correspondería con toda la zona de Chapín y Torresblancas, en la antesala de los Llanos de Caulina (12).



En esta misma zona de la campiña, un paraje se ha denominado desde antiguo “El Pinar”, nombre que hoy ha perdurado en una gran urbanización de unifamiliares. Ya en 1868, Parada y Barreto, al estudiar describir los Pagos de Viñas en Jerez menciona el de El Pinar y testimonia que aún existen allí pinares de considerable extensión: “toma este pago su nombre del plantío de pinos que existe en él, y se halla á la derecha de la carretera de Arcos en la inmediación del Badalejo, con unas cien aranzadas: se halla en el mismo grupo de viñedo que Barbadillo, Mirabal y Cabrestera, participando de sus caracteres” (13). Los pinares debían crecer en las cercanías de la actual “Ciudad de los Niños” y en los alrededores del Cementerio, donde todavía la finca “Mirabal”, en la carretera de Estella del Marqués, nos recuerda que aquí se ubicaba uno de los pinares dieciochescos a los que hacía alusión Bartolomé Gutiérrez, el de D. Luis de Mirabal y Espínola, jerezano que fuera presidente del Consejo de Castilla a quien Felipe V en 1722 otorgó el Marquesado de Mirabal.

Con todo, en el último tercio del siglo XIX, apenas debían quedar ya en este sector de la campiña sino pequeños rodales y ejemplares aislados, testigos decadentes de lo que fueron los antiguos pinares de Caulina. No es de extrañar por ello que la escritora Fernán Caballero apenas los mencione cuando en uno de sus cuentos, “Lucas García”, publicado en 1862, nos describe el camino entre Jerez y la Torre de Melgarejo cruzando los Llanos de Caulina, en los que sólo reclaman su atención los palmitares: “Saliendo de Jerez en dirección á los montes de Ronda… se atraviesa una extensa llanura, que lleva el nombre de Llanos de Caulina. El uniforme y desnudo camino, después arrastrarse dos leguas por entre palmitos, hace alto al pié de la primera elevación de terreno… Vese á la derecha el castillo de Melgarejo, que es de las pocas construcciones moriscas, que no han llegado á destruir el tiempo y la impericia, su fiel auxiliadora en la destrucción…” (14).



Algo más de atención que la escritora gaditana debieron poner en la observación del paisaje de los Llanos de Caulina los ingenieros de montes y los botánicos que realizaron los trabajos de catalogación para la Comisión de la Flora Forestal Española. Tan sólo unos años más tarde (1869-1870), realizan una excusión científica por los alrededores de la Torre de Melgarejo para estudiar las especies vegetales presentes. En su informe describen el camino de Jerez hasta la Dehesa de La Torre: "Ésta dista de la ciudad unas dos leguas, siguiendo la carretera de Arcos. Caminando por esta, se encuentran á ambos lados viñedos protegidos por grandes setos de tunas ó chumberas... Al cabo de unos tres cuartos de hora se entra en los "Llanos de Caulina", extenso palmitar de vegetación poco variada, destinado á pastos. A la entrada el llano se encuentra la “huerta del pinar”, así llamada sin duda por tener un rodalito de pino, que parece ser el piñonero” (15).

De nuevo El Pinar, topónimo que aún persiste en el mismo lugar donde estuvo siempre, entre la Cañada de Albadalejo, el camino de Arcos y los pinares de Mirabal, hoy ocupados en parte por el Cementerio. Estos mismos pinares que apenas unos años después, en 1892, serán testigo de un importante acontecimiento. Como escribió Luis Morote, periodista de “El Liberal” destacado como corresponsal en Jerez para cubrir los sucesos de enero de 1892, El Pinar fue el escenario preparatorio del conocido como “Asalto Campesino a Jerez de la Frontera” (16). Acuciados por la calamidad, en estos parajes de los Llanos de Caulina, se concentraron centenares de obreros del campo venidos de todas las localidades cercanas, al abrigo de estos pinares, el 8 de enero de 1892 para emprender la marcha a la ciudad entre las 11 y las 11,30 de la noche, recorriendo los 4 km que separaban este pago del Paseo de Capuchinos, por donde entraron (17).
Continuará...

Para saber más:
(1) Lasso de la Vega, M.: Historia nobiliaria española: contribución a su estudio, Imp. Y Editorial Maestre, 1953, p. 298, disponible en Internet.
(2) Parada y Barreto, D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera, Imprenta del Guadalete, 1878, Edición Facsimil Extramuros, 2007, p.328.
(3) Orellana González, C.:El Catastro de Ensenada en Jerez de la Frontera”, Colección de monografías nº 2, Separata de la Revista de Historia de Jerez, nº 8, 2002. P. 9
(4) Ibdem, p. 10
(5) Parada y Barreto, D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera, Imprenta del Guadalete, 1878, Edición Facsimil Extramuros, 2007, p. LXXXIV.
(6) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, pp. 73 y 248. Esta estadística no es otra que la que ofrece el “Extracto de las estadísticas de riqueza inmueble y pecuaria de esta ciudad y su término”, 1754, A.M.J.F. Memoranda 4, fol. 95. Citada por la profesora e investigadora Dolores Lozano Salado en su libro La Tierra es nuestra. Retrato del agro jerezano en la crisis del Antiguo Régimen, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz-Diputación de Cádiz, 2001, p. 49.
(7) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. I, p 19.
(8) Ibídem, pp. 26-27.
(9) Ponz, A.: Viage de España, Tomo XVII, 1791, Carta Quinta, 85, p 262. Disponible en Internet.
(10) Ibídem, Carta Sexta pp. 292-293. Disponible en Internet.
(11) Lozano Salado, L.: La Tierra es nuestra. Retrato del agro jerezano en la crisis del Antiguo Régimen, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz-Diputación de Cádiz, 2001, p. 49.
(12) Leve a vue de la route de Jerez de la Frontera au cortijo de la Peñuela : fesant partie de la communication de Jerez a Ronda‎, Escala 1:20.000‎, 1827, Centro Geográfico del Ejército.
(13) Parada y Barreto, D.I.: Cultivo de la vid. Noticias sobre la historia y el estado actual del cultivo de la vid y del comercio vinatero. Imprenta del Guadalete, Jerez, 1868, p. 101
(14) Hemos extraído los fragmentos entrecomillados del cuento “Lucas García”, de Fernán Caballero, incluido en su obra “Cuadros de costumbres” pp. 209-210), editada en Leipzig, 1865, disponible en Internet.
(15) Comisión de la Flora Forestal Española. Resumen de los trabajos verificados por la misma durante los años de 1869 y 1870, Madrid, Tipografía del Colegio Nacional de Sordo-Mudos y de Ciegos, 1872, pp. 86. Debemos a nuestro amigo Pedro Oteo Barranco, la localización de este interesante estudio.
(16) Pérez Garzón, J.S.: Luis Morote: la problemática de un republicano (1862-1913), Castalia, 1976, p. 48
(17) Aguilar Villagrán, J.: El asalto campesino a Jerez de la Frontera en 1892, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez 1984. Pp. 25-26.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 19/02/2017

 
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