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Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

Por el antiguo Camino de Lebrija (2).
En tierras de Espartinas, Capita y Morabita.


Continuación de la entrada anterior.

Siguiendo nuestra ruta por el antiguo Camino de Lebrija (hoy carretera de Morabita) y tras cruzar el Arroyo de Zarpa, el camino inicia un ligero ascenso discurriendo entre el Cerro de Oria (64 m) a la derecha, y el de Espartinas (118 m) a la izquierda. Este vértice es el punto más alto de una suave colina que junto a la Loma de la Compañía, se extiende en dirección N-S y separa las marismas de Asta de los paisajes ondulados del pago de Ducha. Estas tierras lo fueron en otros tiempos de olivar, conservándose en distintos cortijos, como el de Espartinas, torres de contrapeso que atestiguan la presencia de antiguas molinos de aceite. En nuestros días crecen sobre ellas cultivos de secano y algunos viñedos, aunque lo que más llama la atención en las laderas de estos cerros, son las profundas zanjas y cárcavas labradas por la erosión de las aguas llovedizas.



El viajero se deja llevar por el camino entre sembrados monótonos que conforman un “paisaje minimalista” de singular belleza. Al poco, a la izquierda, unas hileras de adelfas que ascienden por la ladera, delatan el carril que conduce a la finca Berango, cuyo caserío se asienta en la parte más elevada de esta loma. Se trata de una antigua casa de viña dedicada hoy día, preferentemente, a los cultivos de secano y a la ganadería equina (1). En la actualidad la finca alberga una prestigiosa ganadería de caballos hispano-árabes, una de las continuadoras del ya centenario hierro del marqués de Casa Domecq.

Dejando atrás Berango, el camino nos muestra a la derecha una extensa hondonada en la que adivinamos los restos de una gran construcción. Se trata del paraje conocido como los Llanos del Sastre donde divisamos las ruinas del cortijo de La Vicaría, que fuera en otro tiempo un sólido caserón labrado en sillares de arenisca del que aún resisten en pie sus muros. En esta misma dirección se nos muestran los cerros del pago de Ducha, sobre los que despunta, en la lejanía, el caserío y las naves de bodega de la Viña del Diablo. A la izquierda de la carretera, las laderas de la Loma de Espartinas muestran en su suelo arcilloso las cicatrices de la erosión. Para frenar sus efectos se han construido en muchos lugares gaviones, pequeños muros de piedras contenidas en malla de alambre que, a modo de diques, retienen las tierras arrastradas por las escorrentías que en ocasiones han llegado a cortar el paso por este camino.

Algo más adelante, también a la izquierda, una cancela nos señala el acceso a la Viña La Alamedilla y al caserío del Cortijo de Espartinas, que no vemos desde la carretera por estar situado al otro lado de la loma, frente a Mesas de Asta. Este privilegiado emplazamiento, desde el que se domina buena parte del entorno circundante desde las marismas de Asta y del Guadalquivir, hasta los Llanos de Caulina, ha hecho del cerro de Espartinas un enclave habitado desde muy antiguo. La cercanía de Asta Regia y el paso por estos parajes de un ramal de la Vía Augusta, como nos recuerda el profesor J. Montero Vítores (2), explican la existencia de villas romanas en estos parajes de Espartinas (3), topónimo que puede derivar, posiblemente, del nombre de un antiguo propietario: Spartus o Spartarius (4). En tierras del cortijo de Espartinas se encontró una estela funeraria de Baebius Hilarus, a quien Cesar Pemán identifica con un rico labrador al que hace referencia Marcial en sus Epigramas (5).

En los siglos medievales, el cerro de Espartinas jugó también un papel importante en el control del territorio al ser uno de los de mayor altitud de los que se situaban en las cercanías de la ciudad. Como nos recuerda el profesor Emilio Martín, “la cabeza de Espartina, formaba parte de la relación que el concejo realizó en 1459 en la que se señalaban los puntos y atalayas principales de su sistema defensivo” (6).

Este autor apunta también que las Ordenanzas Municipales del 1450, dedicadas a la guerra prestan gran importancia al mantenimiento de estas atalayas que, como Espartinas son fundamentales para alertar a la ciudad de posibles peligros: “Yten, que se de orden como en el tienpo que ouiere rebato, todos los ganados e los omes que estouieren en el campo, lo sepan por almenara o ahumadas fechas en los lugares do puedan ser vistas. E que luego que por ellos fueren vistas, dexen todas las fasiendas e se vengan a la çibdad… E para esto aya omes deputados e tengan cargo de faser las dichas almenaras e ahumadas cada uno en su lugar çierto, cada que les fuere mandado. E que tenga cargo los que primero vieren las dichas almenaras e ahumadas de llamar e apellidar a los otros çercanos dellos que no las vieren. E los que este cargo tosieren, porque mejor lo fagan, sean quitos de otros seuicios. E los lugares donde las tales personas deuen estar, son estos: en san Cristóual, en la Cabeça del Real, en la Torre de Diego Dias, en la Cabeça de Esprynas, en el Torrejón de asta, en el Cabeça de Macharnudo” (7).



Desde Espartinas, el camino inicia un suave descenso entre viñedos y tierras de labor cruzando el arroyo Blanquillo, que viene por la derecha desde las faldas de Montegil y Montegilillo buscando las hondonadas y tierras bajas que en otros tiempos ocupaban las Marismas del Bujón. A través de un caño de drenaje, cuyo arranque observamos a la izquierda de la carretera, se canalizan hasta el Guadalquivir las aguas que antes se estancaban en estos parajes. Sin embargo, nada evita que en los años lluviosos los aguazales cubran las tierras llanas del Bujón recordando que siempre lo fueron de marismas.

Junto al camino, que discurre ahora entre sembrados, queda la entrada al Rancho del Moral, a la izquierda, como nos lo indica un azulejo visible en el puentecillo que sobre el caño del Bujón, cruza el carril que da acceso a las estancias de la finca. Algo más adelante, a la derecha, una senda flanqueada por olmos, conduce a la casa del Hinojal, en las faldas del cerro de Montegilillo.



Continuando por estos rincones, pasamos ahora por las tierras del Cortijo El Bujón, cuyo acceso delatan los grandes eucaliptos que escoltan el camino que nos lleva hasta el caserío que divisamos muy cerca, a la izquierda.



Entre lomas sembradas de cereal en las que no crece ni un sólo arbusto, la carretera avanza adaptándose a las suaves ondulaciones del terreno. Son paisajes casi desnudos, solitarios, hermosos….

Tras un suave ascenso llegamos a un pequeño collado, el Puerto de Capita, donde la carretera da un brusco giro de 90 grados. Una señal nos indica que podemos enlazar con la carretera Jerez-Sevilla, pasando por el cortijo de Casablanca. Dejamos este desvío para otra ocasión y continuamos recto, en dirección norte, por la pista sin asfaltar, pero en buen estado, que nos conduce hacia las marismas y que sigue la traza del antiguo Camino de Lebrija.

Una parada en el cortijo de Capita y la alquería andalusí de Šarāna.



Desde el cruce divisamos ya, a la izquierda del camino, el caserío del cortijo de Capita a cuya entrada llegamos cuando hemos recorrido algo más de un kilómetro de pista. Nos detenemos un momento frente a la puerta de acceso a este cortijo, al que se llega por la Cañada de Capita (8), un carril flanqueado por olmos y moreras que se prolonga hasta el vecino de Mojón Blanco y por el que también puede llegarse, cruzando el caño de El Bujón, al de Monasterejos y a Trebujena.

Estos parajes que rodean al cerro de Capita, situados en los límites septentrionales del término municipal de Jerez y colindantes con los de Lebrija y Trebujena, guardan memoria de asentamientos humanos desde la más remota antigüedad. El de Capita es también conocido como cortijo de Arana (9). Este segundo nombre ha “fosilizado” la huella de anteriores denominaciones de este enclave que puede tener su origen, según A. Tovar, en un “topónimo latino relacionado con Sacran y con un poblamiento romano, en concreto con el fundus Sacranensis” (10), un asentamiento rural que, de localizarse en este lugar, estaba situado a medio camino entre Asta Regia y Nabrissa, ciudades a las que tal vez pudo estar ligado.

Este enclave debió alcanzar mayor relevancia durante la dominación árabe. Como señala el arabista M. A. Borrego Soto, las primeras referencias a la alquería musulmana de Šarāna (Jarana) aparecen en el siglo XII (Ibn Bassām), siendo origen del linaje jerezano de los Banū l-Murjī, algunos de cuyos miembros que desempeñaron un papel de mediana importancia en la historia política y literaria de al-Andalus entre los siglos XI y XIII (11). Esta alquería es también citada en la obra de Ibn Sa'id al Magribí (s. XIII), donde se menciona “que es una de las aldeas de la ciudad de Jerez y está adornada con la biografía del visir-secretario Abu Bark Muhamad b. Abd al-Aziz” (Muerto en 536/1141-42) (12).

Aunque algunos autores proponen para la ubicación de Šarāna, el emplazamiento del actual Barrio Jarana, próximo a Puerto Real (13), existen ya algunos testimonios arqueológicos que apoyan la idea de que esta aldea se encontraba junto al Camino de Lebrija. Así parece deducirse de los trabajos de prospección superficial realizados por técnicos del Museo Arqueológico de Jerez (14), que detectaron en estos parajes restos de una alquería musulmana que bien pudiera corresponderse con la aldea de Xarana que aparece en las fuentes medievales y que se cita en el amojonamiento efectuado en 1274 por el hijo de Alfonso X, Alfonso Hernández. En este documento se asignan a Jerez las aldeas de Xarana e Grannina, en los límites entre Jerez y Lebrija, y en él se menciona que la alquería de Xarana está junto a la carrera que va de Jerez a Lebrixa (15). El Cortijo de Arana se encuentra entre los treinta donadíos del alfoz jerezano concedidos por Alfonso X a diversas instituciones y particulares. Sea como fuere, la toponimia (Arana- Xarana- Šarāna- Sacran) parece también reforzar lo que la arqueología y la geografía ya apuntan: que los parajes de Capita y Mojón Blanco, junto al Camino de Lebrija están cargados de historia.

Hacia las marismas de Casablanca y La Morabita.



Dejando atrás el cortijo de Capita, el camino inicia un suave ascenso y al llegar a un puertecillo el horizonte nos muestra, detrás de las lomas, el caserío de Lebrija en el que despuntan las torres de sus iglesias. Se encaja la pista ahora entre los cerros de Capita y Mojón Blanco y tras un prolongado descenso, el paisaje se abre en las amplias llanadas que en los años lluviosos vemos cubiertas por una inmensa lámina de agua dando lugar a las marismas de Casablanca, a la derecha y de Capita, a la izquierda.

Nos detenemos junto al puentecillo que cruza el caño para admirar el singular paisaje de la marisma. Hacia la derecha, destaca una imponente construcción: el nuevo silo de El Cuervo que, en los meses de invierno, parece un singular navío que surcara el inmenso aguazal que se forma en los bajos de Casablanca. En el horizonte, encaramado en las lomas, se adivina el casco urbano de El Cuervo y la omnipresente silueta de Gibalbín, dominando estos parajes desde la altura. Es curioso observar como en el mapa de F. Coello (1868) se denomina a esta marisma con el nombre de Caño de Romanina. El Plano Parcelario del Término de Jerez de 1904, obra del topógrafo agrimensor A. López Cepero, denomina a estos terrenos bajos y encharcadizos inmediatos al Camino de Lebrija con el nombre de Marismas de La Morabita.

El curioso topónimo de “morabita”, del que ya nos hemos ocupado en otra ocasión y que da nombre a este rincón, puede estar vinculado con la ubicación en estos parajes de un “morabito”, una especie de ermita o pequeño convento habitado por musulmanes piadosos que, por lo general se situaban en despoblados. Laureano Aguilar, en su estudio sobre el Jerez Islámico, se refiere también a este topónimo apuntando que puede hacer referencia “…a la existencia de un ribat o morabito, precisamente sobre el posible trazado de la antigua vía romana. Estos morabitos, en palabras de Torres Balbás, “… eran conventos fortificados que jalonaban costas y fronteras y habitaban musulmanes devotos dedicados a expediciones militares y a prácticas ascéticas; servían al mismo tempo de puestos de vigilancia” (16).



En la soledad de los espacios abiertos de las marismas de Capita y Casablanca, de los amplios horizontes de las antiguas marismas de La Morabita, terminamos nuestro recorrido que retomaremos en otra ocasión, en su tramo final, hasta Lebrija. Un camino milenario al que tanto nos gusta volver para reencontrarnos con estos paisajes singulares de nuestro entorno y nuestra historia.


Para saber más:
(1) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes, 2002. Pg. 258.
(2) Montero Vítores, J.:Los caminos de la Vía Augusta en torno a Ceret”. Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez, 2012, CEHJ.
(3) Padilla Monge, A.: La transferencia del poder de Gades a Asido. Su estudio a través de la perspectiva social. Habis, 21, 1990, pg. 249.
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. S. de Publicaciones de la Universidad d Cádiz., 2003, Pg. 96
(5) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 169.
(6) Martín Gutiérrrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg 141.
(7) Martín Gutiérrrez, E. y Marín Rodríguez J.A.: “La época cristiana (1264-1492) en CARO CANCELA, Diego (coord.), Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval, I, Cádiz, 1999, p. 282-283.
(8) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez. En este documento también se mencionan, junto a Capita, los pozos de “Arana”.
(9) Véase a tal respecto el Mapa del IGN Hoja 1034, Lebrija, edición de 1918. También la obra citada en (1), pg. 159.
(10) Citado por Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300. Pag. 263.
(11) Borrego Soto, M. A.: “La alquería de Jarana y los Banu l-Murji”, en Al-Andalus Magreb: Estudios árabes e islámicos, nº 12, 2005, págs. 19-38
(12) Abellán Pérez, J.: El Cádiz Islámico a Través de sus Textos, 2ª ed., Cádiz, 2005. págs. 74-75. Versión de F.N. Velázquez Basanta.
(13) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, pg. 68.
(14) Aguilar Moya L.: “Jerez islámico”, en Caro Cancela D. (coord.), Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval, I, Cádiz, 1999, p. 242. Véase también Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural… Págs. 76-77
(15) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural…, pg. 96. Aguilar Moya L.: “Jerez islámico” …, pg. 242.
(16) Aguilar Moya, L.:Jerez Islámico”…, pg. 245.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 30/11/2014

 
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