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S.O.S.: patrimonio amenazado en torno a Jerez.




Como hemos comentado otras veces en estas páginas, cuando por regla general nos referimos al patrimonio histórico o monumental de Jerez, tendemos a pensar en clave urbana, limitando así los elementos que integran nuestro rico legado a aquellos edificios, iglesias, monumentos, o jardines históricos que podemos admirar en la ciudad. Junto a ellos, conviene recordar que entre los Bienes Catalogados de nuestro municipio y de los de las localidades vecinas, aparecen otros muchos que se encuentran dispersos en distintos rincones de las campiñas y sierras cercanas. Una parte de ellos están amparados bajo el régimen de protección de Bien de Interés Cultural (B.I.C.), constituyendo en muchos casos un referente de primer orden en el paisaje en el que se enclavan y al que se encuentran vinculados por razones históricas y culturales. Así, a modo de ejemplo, no se conciben ya lo sotos y riberas del Vado de Medina sin los perfiles del Monasterio y del viejo Puente de Cartuja.

Sin lugar a dudas, el más conocido de estos elementos relevantes de nuestro patrimonio es el Monasterio de La Cartuja, que fue ya declarado Monumento Nacional en 1856, el primero de nuestra provincia en gozar de esta calificación. En la actualidad se realizan obras en una parte de sus dependencias para la rehabilitación de celdas en el ala norte del claustro grande, así como en las antiguas cuadras, donde se están construyendo media docena de celdas destinadas a una pequeña hospedería, lo que permitirá abrir, al menos, una parte del monasterio a nuevos usos turísticos. Con todo, no son pocos los



colectivos ciudadanos que reclaman un incremento de la inversión en la rehabilitación y conservación del monasterio y una mayor apertura a las visitas, como sucede en otras ciudades que cuentan con cartujas en los que respetando un espacio reservado para la clausura, puede accederse a buena parte de las dependencias, cosa que no sucede en Jerez.

El anunciado proyecto de realización de un sendero fluvial entre Jerez y El Puerto, que pasaría junto al monasterio, podría ser otra oportunidad para que su entorno fuera objeto de una intervención de mejora paisajística y para hacer de este monumento jerezano un elemento de dinamización del medio rural.

De monumentos… y ruinas.



Con más pena que gloria contemplamos las torres, atalayas y castillos repartidos por la campiña, incluidos todos ellos en la categoría de “Monumento” y que, salvo meritorias excepciones, se encuentran seriamente amenazados por su deficiente estado de conservación, cuando no están prácticamente arruinados.

En los últimos años se han venido realizando en distintos rincones de la provincia, tanto por la iniciativa pública como por parte de propietarios privados, obras de consolidación y de restauración de castillos, lienzos o torres. De la misma manera, se han potenciado o facilitado las visitas a las personas interesadas… Recordemos a modo de ejemplo los casos de Zahara, Olvera, la apertura del castillo de Arcos a visitas concertadas o el más conocido de la Torre de Matrera en Villamartín cuya restauración, no exenta de polémica, recibió numerosos premios internacionales.



En nuestro entorno, sin embargo, se caen literalmente a pedazos buena parte de las torres y castillos ante la pasividad de todos, ignorando que algunos de esos elementos pueden ser un atractivo turístico y cultural y un complemento a otras iniciativas de desarrollo rural. Así, nadie se ocupa de que la vegetación no termine por arruinar el viejo castillo de Berroquejo, levantado en el reinado de Alfonso X, como el de Torrestrella o el de Peña arpada, para el control de la frontera, al que las higueras y acebuches que crecen entre sus muros acabaran por destruir. El torreón del Cerro del Castillo, en Torrecera, muestra ya desplomado uno de sus lienzos sin que lleguen nunca las obras de consolidación o rehabilitación que reclama a gritos. Enclavado en la finca Torrecera, que recibe numerosas visitas a su magnífica bodega donde se elaboran los afamados vinos Entrechuelos o Alhocén, podría ser un complemento cultural e histórico extraordinario (¡ya quisieran muchas bodegas tener un castillo en sus viñedos!) que debieran sopesar sus propietarios, para intentar salvar así lo que queda de esta torre vigía almohade, antes de que desaparezca definitivamente.



Una suerte parecida corre la conocida Torre de Melgarejo, tan cercana a la ciudad, cuyo interior tiene también muestras claras de ruina. Su proximidad al Circuito de Velocidad y a importantes vías de comunicación y establecimientos hosteleros le permitiría integrarse en distintas iniciativas de desarrollo rural como un elemento histórico de gran interés… si estuviese consolidada y restaurada.



Así lo han entendido, por ejemplo, los propietarios del castillo de Gigonza que desde hace ya un tiempo vienen organizando visitas concertadas a esta antigua fortaleza que fue también notable casa de baños en los pasados siglos y que, poco a poco, están mejorando para poner en valor ese importante elemento patrimonial de la campiña que, no en balde, pasa por ser uno de los castillos mejor conservados y de mayor interés de nuestro territorio. O las bodegas Fundador, que han incluido la visita a la Torre de Macharnudo en una singular propuesta turística que combina el disfrutar de los mejores paisajes de viñedo del marco de Jerez, la degustación de los excelentes caldos de su bodega y los atractivos históricos de este enclave de la campiña.



El Tempul: un lugar con grandes potencialidades.

Peor lo tiene el antiguo castillo de Tempul, cuyas ruinas presiden aún el entorno del hermoso paraje donde se encuentra el manantial y la conocida venta del mismo nombre.



La que fuera en los siglos medievales una importante fortaleza, aún mantiene en pie algunos de sus lienzos y los restos de una torre, aupada sobre un mogote ofítico que por lo abrupto de sus paredes, hizo de ella un bastión casi inexpugnable.

Hace unos años, al calor de la buena acogida que tuvieron las instalaciones turísticas del Tajo del Águila, situadas justo enfrente de Tempul en la cercana población de Algar, se plantearon proyectos por parte de los ayuntamientos de San José del Valle, para consolidar sus restos. Se pretendía con ello integrarlo en una iniciativa que proponía instalar en la orilla del embalse de Guadalcacín que baña los pies del castillo, un complejo de turismo rural.

De aquel proyecto nunca más se supo, como del de la rehabilitación de la conocida Casa de las Aguas del manantial de Tempul. Se trata de una hermosa construcción del último tercio del XIX, arruinada en parte, que por hallarse en un privilegiado entorno donde abunda el agua y la vegetación, podría ser un elemento patrimonial de primer orden para la puesta en marcha de iniciativas de desarrollo rural en este inigualable rincón de la sierra. Años atrás, cuando se planteó instalar una planta embotelladora que aprovechase parte del caudal del manantial, parecía haber llegado la hora para la restauración de esta casa, aunque ambas iniciativas quedaron finalmente en el olvido. Muy cerca en el tiempo, hace tan sólo un par de años, de la mano del proyecto ACUADUCTA, se realizaron excavaciones en este mismo lugar que dieron como resultado el descubrimiento de algunos restos materiales del acueducto romano de Tempul a Gades.



No cabe duda de que este conjunto de elementos de interés en el entorno del manantial y sus propias instalaciones que datan de la década de los sesenta del siglo XIX, están pidiendo a gritos una “puesta en valor” que no acaba de llegar.

Zonas Arqueológicas… que duermen un sueño de siglos.



Los yacimientos arqueológicos de nuestro entorno corren también una suerte desigual en lo que a conservación se refiere. La base de datos del patrimonio inmueble del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, incluye un buen número de yacimientos en los alrededores de Jerez y otras localidades cercanas, entre los que figuran asentamientos, construcciones funerarias, edificios agropecuarios e industriales, infraestructuras hidráulicas, sitios con útiles líticos… pertenecientes a diferentes épocas históricas desde el Paleolítico a la Edad Media pasando por la Edad del Cobre, la Época romana o la andalusí.



Entre todos ellos merecen subrayarse Zonas Arqueológicas como la de Mesas de Asta, el Poblado de las Cumbres (en la Sierra de San Cristóbal), o el Castillo de Doña Blanca. Estas dos últimas, aunque se encuentran muy cercanas a la ciudad, se enclavan en el término municipal de El Puerto de Santa María.

El yacimiento de Asta Regia, ubicado en la barriada rural de Mesas de Asta, ha dormido el sueño de los justos desde 1956, año en el que D. Manuel Esteve llevara a cabo la última campaña de excavaciones y desde que en 1992 el Museo Arqueológico de Jerez estudiase parte de la necrópolis destruida parcialmente por el arado. Con presencia ininterrumpida desde el neolítico hasta el periodo califal de la época islámica, Mesas de Asta es un enclave de primer orden para conocer nuestra propia historia, como ya dejó claro el Foro Asta Regia, constituido en 2005 para impulsar los trabajos en este yacimiento que a decir de Esperanza Mata, puede ser uno de los más importantes de Andalucía. Tantas veces traído a los programas electorales y al que todos los grupos políticos quieren “poner en valor” (como gusta decir ahora), este yacimiento ha sido objeto en el último medio siglo de numerosas expoliaciones y un auténtico filón para los “piteros” que con sus detectores de metales han saqueado todos los rincones del enclave arrasando valiosos restos de gran valor histórico y científico. Las investigaciones que recientemente está llevando a cabo un equipo de la UCA bajo la dirección de Lázaro Lagóstena, con la utilización de un georradar, hacen albergar alguna esperanza de que en un futuro cercano puedan reiniciarse las excavaciones en los puntos de mayor interés: un sueño que dura ya demasiadas décadas.



Por la dificultad de los accesos, más difícil lo tiene el yacimiento arqueológico de Gibalbín así como las ruinas de la torre medieval, de la cerca almohade que la rodea y de los restos monumentales que se conservan en el cortijo de La Mazmorra. Una visita a Gibalbín deja clara la importancia histórica de este lugar en el que sólo un estudio arqueológico -que no acaba de llegar nunca- pondrá luz. Como diversos colectivos ciudadanos y culturales de la vecina población de El Cuervo vienen solicitando en los últimos años, sería necesaria una pronta intervención en Gibalbín… antes de que acaben de desplomarse las ruinas que aún se mantienen en pie o de que terminen por ser expoliadas (aún más) por los “buscadores de tesoros” –auténticos piratas de vestigios arqueológicos- que al igual que en Mesas de Asta, llevan décadas saqueando y destruyendo lo mejor de nuestro patrimonio rural.



Es ya un clamor que estos yacimientos merecerían ser investigados, conocidos y puestos en valor para que, como ya sucede en otros lugares de nuestro país, contribuyeran también al desarrollo de los núcleos rurales y el territorio donde se ubican.



Como un ejemplo positivo y esperanzador de intervención en nuestro entorno rural hay que subrayar el proyecto AQVA DUCTA, para la valorización patrimonial, económica y social del acueducto romano de Tempul a Gades. De la que fuera una de las más notables obras de ingeniería de la Hispania romana, con más de 75 km de recorrido entre la sierra y la costa, aún se conservan en algunos parajes de nuestras sierras y campiñas importantes vestigios que nos ayudan a vislumbrar lo que fue esta gran obra pública de la antigüedad. Algunos de ellos han salido a la luz con las intervenciones del equipo de profesionales de Aqua Ducta, y los elementos más notables, por su gran valor histórico y patrimonial, servirán de soporte a futuras acciones de carácter cultural, turístico y de desarrollo rural.



Un ejemplo, un buen ejemplo de que con proyectos serios y con apoyos de las administraciones y los particulares, que consideran estas iniciativas como una inversión a futuro, aún es posible salvar lo que queda de nuestro rico patrimonio en torno a Jerez.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con historia, Patrimonio en el mundo rural

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 17/09/2017


Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez


Agradecemos esta colaboración del profesor e historiador Jesús Caballero Ragel (C.E.H.J.), publicada en Diario de Jerez en 12/06/2012 y 19/06/2012.

La Vía Augusta es un amplio proyecto de comunicación terrestre entre la Bética y la capital del imperio. Iba, pues, de Gades a Roma. Existen referencias arqueológicas y literarias sobre su recorrido a través del conventus gaditano, como nos muestran los vasos de Vicarello y el itinerario de Antonino Pío, recogido, entre otros, por el Anónimo de Rávena. La confusión y el desconocimiento que presenta el recorrido de la Vía Augusta por la provincia de Cádiz está motivado por la presencia de nume-rosas zonas inundables, marismas, lagunas, riachuelos, esteros, arroyos naturales y artificiales, etc., que hacen hoy día muy difícil reconstruir su camino original.

El entorno de la actual Jerez en época alto imperial estaba lleno de zonas inundadas, que harían intransitable los caminos que comunicaban las poblaciones que debieron existir dispersas en la zona. Una época, el siglo I, donde el clima debió ser más lluvioso que el actual, más parecido al húmedo clima oceánico que al seco y caluroso clima mediterráneo y donde la fuerza de las mareas en los estuarios y esteros de los ríos se hacía sentir con más virulencia que en la actualidad.

Todavía en el siglo XIX las fuentes nos hablan de que los caminos de Jerez a Sanlúcar, Sevilla o Arcos eran intransitables durante gran parte del invierno. La zona de la actual Jerez, elevada, dominaba zonas de marismas y arroyos. El Guadabajaque por el sur y oeste, bañaba las playas de San Telmo hasta la zona de Raboatún y Montealto. . El entonces caudaloso arroyo de Balac o Badalejo, junto con el arroyo Salado, llegando su influencia prácticamente hasta El Trobal y las laderas de Gibalbín, rodearían prácticamente por el este y norte el ámbito rural de la actual Jerez. Caulina debió ser un gran humedal que recibía las aguas del noroeste de Jerez y del Badalejo. El Guadalete era mucho más caudaloso y navegable en parte de su recorrido, siendo su anchura mucho mayor que en la actualidad y encharcando en sus crecidas parte de las actuales Playas de San Telmo. Todo el entorno estaba lleno de lagunas como las de Medina y Torrox, de mayor amplitud que en la actualidad.

Todo lo que rodeaba a Jerez era marisma, agua y fango, en cuyos cerros más altos crecían con suma fertilidad trigales, olivos y viñedos. Sin duda, el “ager ceretanus” de Columela. Más al oeste, se encontraban los esteros del Guadalquivir con las zonas inundables de Tabajate y Asta. Hacia el norte, entre Lebrija y Gibalbín las marismas del Bujón, Albina y Tollón. Un panorama acuático que harían confundir al propio Avieno, y a los que describieron la zona antes que él y en los que inspiró su “Ora Marítima”, creyendo que la zona formaba una fértil isla, a la que llamó Cartare.

La actual Jerez también estuvo llena de arroyos naturales, hoy canalizados, como el de Curtidores y aquellos que atravesando la ciudad de oeste a este desembocaban en las zonas bajas de la Canaleja y Caulina, lugar donde desembocaban las madronas de aguas sucias y pluviales de la ciudad del XIX y que a través del Badalejo conducían al Guadalete.

Marismas de CasablancaEl análisis geográfico resultante nos presenta una zona donde era más fácil el tránsito fluvial que el terrestre. De hecho, sería común entre los distintos y numerosos emplazamientos rurales existentes el transporte en pequeñas embarca-ciones a través de los arroyos y humedales como si de Venecia se tratase. Sería más que probable que arroyos naturales o artificiales comunicasen las cuencas de los ríos Guadalete y Guadalquivir, sobre todo para el transporte de Marismas de Casablancamercancías, aunque en algunas zonas altas este transporte se hiciera a pie.

Debió existir un arroyo natural o artificial que conectaba por el norte las zonas inundables del Badalejo y Caulina con los esteros de Asta, discurriendo junto a la Cañada Ancha. Quizá también por el sur, otro ramal de vías fluviales comunicaban discontinuamente las Playas de San Telmo por donde discurría el Guadabajaque con el arroyo Morales hacia los esteros de Tabajete y Asta Regia. Sin duda, Asta y El Portal (Ad Portum) debieron ser grandes puertos de exportación fiscalizadores de productos a los que se llegaría con mayor facilidad por vía fluvial. Asta Regia fue un importante puerto interior, que recogería más productos agrícolas y ganaderos que mineros, para trasladarlos a Gades y desde allí a Roma.

La vía Augusta es la alternativa terrestre en la zona a la navegación marítima y fluvial. Debieron servirse de ella con frecuencia las zonas de producción agrícola más alejadas de los cauces pluviales, así como los contingentes militares. Fue vital para el transporte de trigo, base del impuesto de la Annona que mantenía a los ejércitos. El recorrido de la vía augusta resulta más o menos claro desde Hispalis hasta Ugía (Torres de Alocaz). En el camino, el puentecillo de La Alcantarilla cercano a Utrera, aún conserva una inscripción original que nos indica que por allí discurría.

Parece también más o menos claro el camino de Gades hasta “Ad Pontem”, puente de Suazo en San Fernando, y a través del barrio Jarana y la carretera C-133 hacia el punto fiscal de “Ad Portum”, más probablemente El Tesorillo en El Portal que Bolaños o El Puerto de Santa María.

Pero ¿Cómo era el paso desde Alocaz hasta El Portal atravesando zonas de marismas, inundables e impracticables para el transporte? – Muy complejo debió ser el camino, pues todos los documentos nos llevan a identificar a Asta Regia, en las Mesas de Asta, como una “mansio” o zona de descanso en el camino oficial, lo que obligaba a atravesar por alguna parte las marismas junto a Nebrixa, los esteros del Guadalquivir y posteriormente los humedales de la zona y demás arroyos del Guadalete hasta llegar hasta la ribera oriental de este río.

Parece lógico pensar que existieron en la zona caminos anteriores a la presencia romana que fueron utilizados habitualmente por los pueblos pre-romanos para unir los núcleos más importantes. A falta siempre de la certeza de las excavaciones, la población anterior a Asta Regia y la púnica establecida en Doña Blanca (quizá Tartessos, quizá Gadir, y probablemente, después, la Saduña o Sidueña islámica) debieron estar bien comunicadas. Probablemente este camino iba a través de la actual cañada del Carrillo, que atravesando Cantarranas, San Julián y Macharnudo Bajo y Añina llegaba hasta el Tabajete y Asta Regia (Bartolomé Gutiérrez nos certifica la existencia de tumbas en el Pago de San Julián).

La vía Augusta debió utilizar caminos ya existentes. Lo más probable es que desde El Tesorillo (Ad Portum), continuase hasta el vado de la Cartuja, siguiese bordeando el alto de Lomopardo hacia Estella, donde el camino se bifurcaría hacia el interior (hacia Torre Melgarejo y Gibalbín), hacia la actual Jerez (por Cartuja y por el camino de Albadalejo) y hacia Asta Regia, que sería la vía oficial. Esta última –probablemente la auténtica vía Augusta- continuaba hacia Guadalcacín bordeando el Badalejo y Caulina y embocaría hacia la actual Cañada Ancha atravesando la actual Nacional IV y posteriormente el Camino de Lebrija y continuando hacia Asta Regia a la altura de la finca “El Denario” (¿antiguo punto fiscalizador?), por donde discurre la actual Cañada Ancha. El último tramo hasta Asta Regia debió hacerse en barcas para poder atravesar el estero. Desde la Finca el Denario, el Camino de Lebrija, actual carretera de Morabita, sería la continuación de la vía Augusta hacia Alocaz.

Es más que probable que no todo el camino necesitase empedrarse, siendo válido para el tránsito de bestias y carruajes la sólida tierra firme, por lo que es difícil encontrar restos arqueológicos de tan compleja vía. Prácticamente toda la vía Augusta iría paralela a arroyos donde saciar su sed los bueyes y demás animales de transporte.

La vía Augusta, aunque tuviese un trazado oficial, se bifurcaría en varios caminos para comunicar las distintas zonas productoras en su entorno. Es probable que según el estado de los riachuelos y humedales siguiese, según la época del año, caminos diferentes. No es descartable que un camino de la vía atravesase El Guadalete por El Portal y continuase por la antigua vía ya descrita de la Cañada de El Carrillo, o que atravesase las Playas de San Telmo bordeando el Guadabajaque hacia Las Salinillas, Macharnudo Bajo, Tabajete y Asta Regia.

No deja de ser curioso que de la vía Augusta oficial salgan distintos caminos hacia la actual Jerez, que debió ser un centro productor de cereal y aceite de primer orden. Así, desde El Portal, siguiendo la cañada de la Plata llegaba hasta la Ermita de San Telmo y la calle de la Plata. En la construcción del Camino Real de Madrid a Cádiz en el siglo XVIII, que pasaba por este camino, se encontraron varias tumbas colectivas. Desde el Vado de Cartuja llegaba hasta la “Empedrada de Cartuja”, actual calle Empedrada, que nos hace pensar en una vía muy antigua y que se comunicaba con la “Empedrada de la Puerta Real”, hoy parte de la calle Consistorio. Desde Estella partía el camino del Albadalejo que desembocaba a la altura del Pelirón y la fábrica de Botellas, donde en el siglo XVIII todavía existía “la mina”, un subterráneo que albergaba tumbas. Otra “mina” o tumba subterránea similar existió en la Puerta de Santiago. Desde Guadalcacín partía hacia Jerez el Camino de Espera, que llegaba hasta la Puerta de Sevilla. Este camino continuaba desde Guadalcacín hacia Espera y Bornos, y desde allí hasta Carmona (Carmo). Todas estas vías que conducían a Jerez llegarían hasta los centros productores del noroeste (Raboatún, Monte Altro, El Almendral) y continuarían hacia Asta Regia por el Camino de Lebrija y Morabita, hasta conectar de nuevo con la Vía Augusta.


En este entramado de vías de comunicación, que dependían de la vía Augusta a la vez que la completaban, debió estar Ceret. Frente a las tesis que ubican esta población en Gibalbín (Montero Vítores) y su perduración en el tiempo, creo que Ceret fue un enclave comercial y fiscalizador en las cercanías de estas vías. Debió ser un enclave muy pequeño y de escasa duración que no fue más allá de la época republicana, no siendo citada en ninguna fuente escrita de la época y de cuyo recuerdo sólo nos ha dejado sus escasas monedas.

Jesús Caballero Ragel (C.E.H.J.)

Foto denuncia:
zonas arqueológicas sin protección


Sierra de San Cristóbal. Yacimiento de 'Poblado de las Cumbres'
De la mano del vandalismo y la expoliación, los nuevos piratas del patrimonio, armados con detectores de metales y azadas y esos otros aventureros a lomos de sus motos de trial o de sus quads, están causando serios daños, (irreversibles algunos) en importantes yacimientos arqueológicos de nuestro entorno. Y todo ello, en muchas ocasiones, debido a la falta de medidas para garantizar una adecuada protección de estos enclaves, cuando no a la pasividad de quien debiera velar por salvaguardarlos.

Yacimiento arqueológico 'Mesas de Asta'La normativa reguladora de la protección y fomento del patrimonio histórico de Andalucía incluye entre los bienes inscritos con carácter específico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, las Zonas Arqueológicas, asignando a sus propietarios la obligación de su conservación, mantenimiento y custodia. La base de datos del patrimonio inmueble del Instituto andaluz de Patrimonio Histórico, incluye un buen número de yacimientos en los alrededores de Jerez entre los que figuran asentamientos, construcciones funerarias, edificios agropecuarios e industriales, infraestructuras hidráulicas, sitios con útiles líticos… pertenecientes a diferentes épocas históricas desde el Paleolítico a la Edad Media pasando por la Edad del Cobre, la Época romana o la Alta Edad Media. Hoy queremos llamar la Yacimiento arqueológico 'Mesas de Asta'atención, entre otros muchos ejemplos del deterioro de nuestro patrimonio, de dos de estas Zonas Arqueológicas que se encentran entre las más relevantes y que destacan por su desprotección: Asta Regia y el Poblado de Las Cumbres.

No hace falta abundar en la importancia del yacimiento de Asta Regia, ubicado en la barriada rural de Mesas de Asta, que duerme el sueño de los justos desde 1956, año en el que D. Manuel Esteve llevara a cabo la última campaña de excavaciones. Con presencia ininterrumpida desde el Neolítico hasta el periodo califal de la época islámica, la Zona Arqueológica de Mesas de Asta es un enclave de primer orden para conocer nuestra propia historia. El Foro Asta Regia, que agrupa a un buen número de personas y colectivos entre los que se encuentra el Centro de Estudios Históricos Yacimiento arqueológico 'Poblado de Las Cumbres'Jerezanos y los propios vecinos de Las Mesas de Asta, ha llamado en numerosas ocasiones la atención acerca del expolio continuado del yacimiento así como de la ausencia de protección del mismo. La situación ha sido denunciada de manera recurrente en los medios de comunicación, sin que se tomen medidas eficaces para proteger adecuadamente este enclave, en espera de que puedan realizarse nuevos estudios y excavaciones.

A diferencia de lo que sucede con el Yacimiento de Doña Blanca, que cuenta con un recinto vallado y vigilancia permanente, el Poblado de Las Cumbres, ubicado en lo más alto de la Sierra de San Cristóbal y vinculado estrechamente a aquél, carece de toda protección. Excavado por Ruiz Mata entre 1985 y 1991, este poblado de época turdetana, ocupado desde Sierra de San Cristóbalfines del siglo IV y durante todo el siglo III a.n.e. (época en la que al parecer se abandonó por sus moradores), fue de nuevo cubierto tras su excavación, ante la imposibilidad de garantizar su protección. Las vallas y puertas que se instalaron en su día pronto se perdieron y desde hace uno años se utiliza como “pista de motocross” y “campo de pruebas” de quads o bicicletas de montaña ante la pasividad de todos. En ocasiones hemos visto automóviles en este mismo lugar, al que acceden a través de la Cañada del Carrillo y de un antiguo camino de la vieja cantera de arenisca, llegando hasta lo más alto de la Sierra y contribuyendo al deterioro de lo que queda del “yacimiento”.


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