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Todas las Santas.
Un recorrido por la hagiotoponimia de la campiña de Jerez.


Pasado mañana, 1 de noviembre, la Iglesia católica celebra la festividad de Todos los Santos, una fecha en la que se honra a “todos los santos del cielo”, sean conocidos o desconocidos. Desde hace siglos, esta conmemoración está muy arraigada en la tradición cristiana y cuenta con numerosas manifestaciones religiosas, culturales y festivas en la devoción popular.

Como no podía ser de otra manera, los santos están también presentes en nuestros paisajes más cercanos a través de la toponimia, dando nombre a muchos lugares y rincones de nuestra campiña. Son los conocidos como “hagiotopónimos” (1), a través de los cuales podemos acercarnos también al conocimiento de la historia religiosa y devocional de nuestra ciudad. Y es que, junto a las imágenes de nuestras iglesias, capillas y ermitas rurales, o los azulejos devocionales de cortijos y casas de viña, huellas materiales de la religiosidad popular, los hagiotopónimos suponen también un patrimonio inmaterial que nos ayuda a conocer mejor algunos rasgos de nuestra historia local (2).



Como sucede con las construcciones o los paisajes, los nombres de lugar también se van perdiendo con el tiempo. O se cambian por otros, abandonándose ya las viejas denominaciones con las que eran conocidas algunas casas de viña, cortijos, pagos o parajes de la campiña jerezana. Por nuestra parte, hemos recopilado más de dos centenares de estos curiosos topónimos relacionados con el nombre de santos que han sido utilizados al menos en los dos últimos siglos. De ellos, aproximadamente un tercio ya han desaparecido o apenas se conocen. Buena parte de estos nombres los encontramos en las tierras que tradicionalmente se han dedicado al cultivo de la vid, o en lugares más cercanos a la ciudad y de la periferia urbana. La mayoría tienen su origen en el siglo XIX, coincidiendo con la gran expansión de la vitivinicultura jerezana.





Las razones por la que viñas y haciendas, cortijos o tierras de secano fueron bautizados o conocidos con nombres de santos son muy variadas. En algunos casos se justifica por la devoción familiar o personal de sus propietarios. En otros hay constancia de que el nombre de familiares (hijos, esposas, padres…) influía también en esa elección. En menor medida, el nombre de un santo o una santa dado a una finca estaba relacionado con su vinculación histórica a determinadas órdenes religiosas o militares, iglesias o conventos quienes habían sido sus antiguos propietarios.



En nuestro paseo de hoy, y a modo de modesta contribución para rescatar esa herencia cultural de siglos que supone la toponimia, les proponemos un recorrido por nuestro término municipal en busca de aquellos parajes y lugares que aún conservan estos hagiotopónimos. Para no hacer demasiada larga esta relación, vamos a centrarnos en esta ocasión en los referidos a nombres de santas, de los que hemos seleccionado algo más de medio centenar entre los que encontramos una treintena de nombres distintos.

Santa María, Santa Teresa, Santa Isabel.

Entre los más repetidos figuran los de Santa Teresa, con 12 referencias, Santa Isabel, con 7 y Santa María con 6. Santa María, en su advocación de la Defensión, da nombre a nuestra célebre Cartuja, levantada en el paraje de El Sotillo a orillas del Guadalete, lugar en el que según la leyenda su intercesión fue decisiva en una batalla contra los musulmanes y donde se levantó una ermita a su nombre en el siglo XIV. Santa María da también nombre a un paraje, casas, cortijo, vega y cerro –Cabeza de Santa María- situado a medio camino entre Torrecera y Paterna, a orillas del arroyo Salado de Paterna y de la carretera que une ambas poblaciones. El Rancho Santa María, y el haza del mismo nombre se emplazan en el cruce de las carreteras de Sanlúcar y Rota junto a la conocida Venta Antonio. Santa María del Pino es también el nombre de una finca situada entre el Camino de Espera, la Cañada Ancha y la carretera de Sevilla, ocupada en parte en la actualidad por el barrio del mismo nombre de la pedanía de Guadalcacín, si bien en tiempos pasados albergó viñedos pertenecientes al pago de Lima. De la antigua Viña Santa María, situada en la confluencia de las Hijuelas de Pinosolete y Geraldino, apenas queda ya uno de los pilares de su puerta de acceso.

Santa Teresa es el hagiotopónimo más representado en nuestra campiña y llevan su nombre más de una docena de lugares, casas de viña, fincas… Uno de los más conocidos es la conocida Granja de Santa Teresa, citada ya por Madoz a mediados del siglo XIX. Desde 1826 perteneció a la familia Domecq, que tenía en estos parajes próximos al río Guadalete, una finca de recreo. En 1995 fue adquirida por el Ayuntamiento de Jerez y en la actualidad alberga un parque periurbano y un Aula de la Naturaleza que acoge al recién creado Centro de Interpretación del Río Guadalete.



Junto a ella se ubica también la Torre de Santa Teresa, un curioso mirador visible desde La Corta, desde el que se divisa la Bahía de Cádiz y el curso del Guadalete. Con este mismo nombre existió también otra viña junto a la Hijuela de Pinosolete cuya casa está hoy arruinada, una finca de recreo en la carretera de Cartuja, que aún pervive, al igual que la Viña Santa Teresa, en el pago de Tizón, colindante con la del Dulce Nombre. También se conserva la finca Santa Teresa, entre el cruce de las carreteras de Rota y Sanlúcar y la antigua traza del ferrocarril de Bonanza.

En el Camino de Albadalejo (junto a la conocida Venta La Cuchara, ya desaparecida), frente a la Harinera de la Avenida de Europa o en el Camino de Espera, junto a las 4 Norias, Santa Teresa dio nombre a otras tantas fincas, que se han ido incorporando a la trama urbana. No han desaparecido, pero han cambiado de nombre, otras antiguas casas de viña que llevaban por nombre Santa Teresa o Santa Teresa de Jesús. Este es el caso de la que perteneció a las bodegas Valdespino y estuvo dedicada a viñedo, pero que en la actualidad se conoce como El Serrallo, al inicio de la hijuela homónima, y hoy aparece rodeada de naranjos. También el de otras dos viñas del pago de Balbaína. Una de ellas, junto a la Viña La Esperanza permutó su antigua denominación de Santa Teresa por la de La Guita. La otra, próxima a la carretera de Rota, lleva ahora por nombre Las Puentes.



Santa Isabel da también nombre a diferentes casas de viñas y viñedos, algunos de los cuales se dedican hoy a otros cultivos. Una de las más conocidas se encuentra en la carretera de Trebujena, frente al cortijo de Romanito, y que perteneció en su día a D. José de Soto. En la actualidad, aún puede leerse su nombre en los pilares de su singular puerta de entrada. Los pagos de Canaleja y Montealegre también tuvieron sendas viñas conocidas como Santa Isabel. La primera en el camino de Pedro Díaz, colindante con Montesierra, la segunda junto a la carretera de Cartuja, frente al actual depósito de aguas; ambas ya desaparecidas. En El Carrascal, frente al Corregidor, otra viña lleva el nombre de Santa Isabel, al igual que otra situada en el pago de Corchuelo, frente a Las Salinillas. La que existió hace unas décadas junto al actual polígono industrial Santa Cruz, ya ha sido absorbida por el crecimiento urbano. Los Llanos de Santa Isabel, conocidos también como de Mirabal, se extienden junto a la cañada del Carrillo en el lugar donde se unen la ronda Oeste con la carretera de El Puerto.

Santa Rosa, Santa Ana, Santa Lucía, Santa Julia, Santa Inés.

Santa Ana, además de en la toponimia urbana, está presente en nuestro entorno rural con varias referencias, algunas de ellas ya olvidadas. En el pago de viñas de Valdepajuela, hoy integrado en la ciudad, la finca Santa Ana estuvo situada junto a la Cañada del Hato de la Carne (actual avenida de Europa) que unía el González Hontoria con Caulina, y ocupó una parte de los terrenos del actual centro comercial Carrefour Norte. En el mismo pago, corrió idéntica suerte la viña Santa Ana, ubicada junto a la carretera de Arcos en cuyas tierras, pasado el tiempo, se levantaría la barriada de Torresblancas. Otra pequeña viña del pago de Montealegre, situada junto al último tramo de la hijuela del Serrallo, frente a la actual finca San Joaquín, llevó también este nombre. En nuestros días aún mantiene la denominación de Viña Santa Ana, la ubicada en la barriada rural de Polila, a los pies de Cerro Obregón, justo al inicio de la Cañada de Cantarranas.



Más alejadas de la ciudad estuvieron las tierras del Olivar de Santa Ana, situado entre las del Cortijo del Sotillo Nuevo y las de la Dehesa de Malduerme, junto al cruce de la carretera de Cortes con la cañada de la Pasada del Rayo. En la actualidad forman parte de la Dehesa de Giles, un hermoso rincón de la campiña donde prospera un magnífico alcornocal.

Con menor número de referencias que los anteriores, también se repiten en la toponimia de la campiña los lugares con el nombre de Santa Rosa. El más conocido es el de la barriada rural Mesas de Santa Rosa, situada al norte de la ciudad, entre el Camino de Ducha y la carretera de Sevilla, apenas a un km del parque empresarial.

El  enclave pudo tomar su nombre de la antigua Haza de Doña Rosa, perteneciente al cortijo de Carrizosa y colindante, junto con el cortijo de La Norieta de estos parajes de Las Mesas. Así mismo, hubo sendas viñas con el nombre de Santa Rosa, ya integradas en el núcleo urbano y que estuvieron situadas tras la Huerta de las Oblatas y en el actual espacio del “botellódromo”, respectivamente. También en la Hijuela de Pozo Nuevo, que une la Laguna de Torrox con la Cañada del Carrillo, encontramos la viña Santa Rosa.



En las proximidades de la laguna de Los Tollos y separada de las tierras de Romanina por la autopista Sevilla Cádiz, la Viña Santa Lucía alberga hoy uno de los mayores viñedos del marco pertenecientes a las bodegas sanluqueñas de Barbadillo. Visibles desde la carretera, llama la atención del viajero el camino de acceso al caserío, escoltado de grandes adelfas que recorre las lomas entre las vides. Santa Lucía da también nombre a una antigua viña del pago de la Carrahola, situada junto a la Cañada de las Huertas cuyo caserío aún se conserva, si bien las tierras se dedican a cultivos de cereal. En el pago de San Julián, en las proximidades de la barriada rural de Polila encontramos la viña Santa Julia, que mantiene este nombre desde hace más de un siglo, colindante con los de la conocida viña Las Conchas. Frente al Cuco, y colindante con la Huerta de las Oblatas, en la actual avenida del Duque de Abrantes, existió en tiempos pasados otra viña con el nombre de Santa Julia, frente al Recreo de Rivero, tierras todas que fueron absorbidas por el núcleo urbano en la década de los 60 del pasado siglo. Un caso curioso es también el de Santa Inés, que da nombre a un antiguo molino, ya semiderruido, a orillas del arroyo Zumajo, cerca de La Barca de la Florida. De la misma manera bautiza también a un camino y a un barrio construido en sus cercanías, por la antigua Hijuela de Geraldino.

Todas las Santas.



Como puede verse, la relación de hagiotopónimos relacionados con santas que dan aún nombre a muchos rincones de la campiña es muy extensa. Para no cansar a los lectores terminaremos señalando algunos otros que, en menor proporción que los anteriores, encontramos también repartidos en los alrededores de la ciudad o diseminados por el término. El genérico de La Santa, da nombre a una pequeña viña ubicada en el cruce de las carreteras de Sanlúcar y Rota, junto a la vía de Servicio. En la carretera de Cartuja, donde desde el siglo XIX se construyeron casas de recreo en estas fincas enclavadas en el pago de Montealegre, aún permanecen los nombres de Santa Bibiana, Santa Genoveva, Santa Teresa o Santa Amalia, esta última muy cerca del monasterio.

Santa Bárbara es una conocida viña que encontramos en la carretera del Calvario, situada en el Cerro de Orbaneja, cuyo caserío puede verse desde la carretera al pasar el puertecillo de los Olivos. El Haza de Santa Bárbara, perteneciente al cortijo de Tabajete, guarda también el recuerdo de esta santa. En la hijuela de las Anaferas, frente al actual campo de golf estuvo la viña de Santa Basilia, y al igual que sucede con la de Santa Matilde, junto a Ducha, sólo nos quedan de ellas los restos de su caserío.




Por el contrario, aún perviven las viñas de Santa Emilia, Santa Petronila y Santa Cecilia. Las dos primeras en el pago de Tizón, a las que llegamos por la cañada del Amarguillo, en un rincón de la campiña que tanto nos gusta. Santa Cecilia, en el pago de Balbaína, junto al parque eólico de La Rabia, perdió parte de su espléndida casa de viña, pero conserva aún sus viñedos y parte de sus dependencias.

Santa Cristina, en el Pago de San Julián, cercano a Añina; Santa Marta, en Macharnudo Bajo; Santa Rosalía, en el pago de Lima, junto a Guadalcacín; Santa Juana, en tierras de la actual Avenida de Europa, frente a Carrefour; Santa Victoria, en Torrox, junto a la Hijuela de Pozo Dulce… son algunos ejemplos de viñas que perdieron sus vides, sus casas y sus nombres.



A diferencia de las anteriores, Santa Honorata, propiedad de Sánchez Romate, con casa, viñedos y lagares, aún luce en la fachada y en la puerta de acceso, su llamativo nombre, visible desde la autovía de Sanlúcar, en el cruce de la carretera de Las Tablas. En este mismo enclave rural, la viña Santa Luisa, al pie de la carretera que conduce al cortijo del Barroso, mantiene también su antigua casa entre sus renovadas vides.

Volveremos el próximo año, por “Todos los Santos”, a pasear nuevamente por la campiña jerezana para rescatar esos curiosos hagiotopónimos, esta vez referidos a los “santos”, que forman parte del rico patrimonio inmaterial de nuestro entorno rural.

Para saber más:
(1) Albaigés Olivart, J.M.:La toponimia, ciencia del espacio”. Prólogo de la Enciclopedia de los topónimos españoles. Ed. Planeta, 1998.
(2) Molina Díaz, F.: De los hagiónimos a los hagiotopónimos: la toponimia como instrumento para la historia religiosa. Indivisa. Boletín de Estudios e Investigación, 2014, nº 14, pp. 30-43.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Cortijos, viñas y haciendas, Toponimia, Paisajes con historia, Patrimonio en el mundo rural.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 30/10/2016


Una fuente con historia: la Fuente de la Salud, en las Peñas del Cuervo (II)


Fuente de La Salud
Un paraje con historia.

Desde el paraje de las Peñas, junto a la Fuente de la Salud, una suave ladera desciende hasta una vaguada por donde discurre el Arroyo de Los Prados, cuyo valle pone en comunicación este antiguo fondo de marisma con los Llanos de Caulina. Frente a nosotros destaca en el horizonte el alto de Montegil, en cuya cumbre se instaló a comienzos del XIX una torre para el Viña Santa Lucíatelegráfo óptico. Las tierras más cercanas a estas laderas donde brota la Fuente de la Salud, son las de los cortijos de Santa Lucía, Gazañina, El Mirón , El Cuervo Grande… Hacia el oeste llamarán nuestra atención los grandes silos de cereal que se levantan junto a la antigua estación de Ferrocarril de El Cuervo, por donde penetraba el caño de la Marisma de El Cuervo, a través de los esteros de Capita y Casablanca. En la falda del cerro de Montegil divisamos también las tierras de Los Prados y de Haza de La Torre, que recorreremos en otra ocasión ya que guardan interesantes vestigios del paso de antiguas culturas.

Situación de la 'Fuente de la Salud' y las 'Peñas del Cuervo'
Como señalan R. González Rodríguez y D. Ruiz Mata, las marismas penetraban hasta el fondo del valle por donde discurre el Arroyo de los Prados, habiendo sido colmatadas progresivamente en época histórica por la acumulación de sedimentos procedentes de la Silos de cereales en El Cuervoerosión. No es de extrañar por ello que en el entorno de la Fuente de la Salud y otros enclaves cercanos, han sido encontrados vestigios de pequeños asentamientos protohistóricos pertenecientes al Bronce final (silos X y IX a.C.) ubicados en los alrededores de la antigua Marisma de El Cuervo, en toda la zona comprendida entre las Peñas y el citado arroyo. J. Ramos y otros autores, en un interesante estudio sobre Tecnología lítica de las edades del cobre y bronce en las marismas del Cuervo dan cuenta de un buen número de yacimientos repartidos por estos parajes. El Cortijo del Cuervo Grande, Cuervo Chico, Peñas del Cuervo, Laguna de los Tollos, Viña santa Lucía, Haza de la Torre, Estación del Cuervo… son algunos de los enclaves que guardan testimonio del paso de otras culturas desde el Neolítico final al Calcolítico, Bronce y Bronce final.

La presencia romana en los alrededores de la Fuente de la Salud está también más que atestiguada. Por citar sólo algunas referencias, mencionaremos aquí los trabajos de Pierre Sillieres, quien en su ya clásica obra Prospections le long de la Via Augusta, da cuenta de sus hallazgos a lo largo del recorrido de la Vía Augusta entre Córdoba y Cádiz y menciona los Entorno de la Fuente de la Saludmateriales cerámicos y otros restos que encuentra en la Fuente de la Salud. Según este autor, el emplazamiento corresponde a “una verdadera villa en la que los vestigios esparcidos por las labores cubren 5 o 6 hectáreas. Restos de estuco pintado y de teselas de mosaico evocan una villa urbana bastante lujosa. Instalada al pie del escarpe calcáreo ocupado por el pueblo de El Cuervo, se extendía en suave pendiente al borde de un importante punto de agua y estaba poco distante de la marisma de El Cuervo, extremidad del estero de Asta et Nabrissa”. (La traducción es nuestra).

Otro ejemplo de la huella de Roma en la zona de Peñas del Cuervo es la inscripción en mármol que se conserva en el Museo arqueológico de Jerez, procedente del Cortijo de El Cuervo Grande, aunque al parecer fue hallada en la Fuente de la Salud, donde, como señala el profesor Pedro Sáez Fernández, quien ha estudiado la inscripción, “se ubica una villa con un parte urbana bastante amplia”. Se trata de una pieza de 17,6 cms de largo por 11, 5 cms de ancho, que pudiera datarse “en una fecha de la primera mitad del s. II d.C. o quizás algo anterior”, en la que puede leerse el siguiente texto: “D(i) M(anibus) S(acrum) Sarapia cvs vixit a.n.n. XX Entorno de la Fuente de la Salud(…)”: “A los dioses Manes. Sarapiacus. Vivió XX (…?) años.” El citado autor afirma que “se trata de la inscripción funeraria de un esclavo, Sarapiacus, a juzgar por la inexistencia de tria nomina”. Por no abundar en los numerosos vestigios de la época romana en la zona, sobre los que volveremos en otra ocasión, destacaremos el hallazgo en Los Prados de un horno romano, con planta circular y pilar central, relativamente bien conservado.

El entorno de la Fuente de la Salud fue durante la época antigua y medieval, un frecuentado cruce de caminos. Debemos recordar que en estos parajes de las Peñas del Cuervo se unen la cañada real de Trebujena, la de Jerez a las Cabezas de San Juan, la de Casinas y la de Peñas del CuervoGibalbín. Ello permite la comunicación de este enclave con las marismas, la campiña de Jerez y la sierra de Gibalbín, siendo también paso obligado de los caminos que se dirigían a Lebrija y los Llanos de Caulina, a través del arroyo de los Prados y Montegil.

¿Qué queda hoy de la Fuente de la Salud? Hasta mediados de la década de los 80 del siglo pasado, la fuente mantuvo un caudal regular. Junto a las propiedades curativas y medicinales que los lugareños atribuían a sus aguas, sus aportes eran utilizados para el riego de huertas y los sobrantes alimentaban el Arroyo de la Salud, en cuyas orillas crecían frondosos cañaverales. R. Molina, autor de la ficha sobre la Fuente de la Salud que figura en el inventario de Manantiales y Fuentes de Andalucía, informa que “hace unos años era una huerta muy valorada en la zona y había un cañaveral enorme en los alrededores de la fuente. Este cañaveral atraía miles de estorninos, ave migratoria, cuya caza con enormes redes que cubrían todo el cañaveral era espectacular. Varios carros llenos de pájaros eran el resultado de la cacería. La presencia de aves anilladas hacia interesante ver cual era la que procedía de un país más lejano”.

Vista panorámica del emplazamiento de la Fuente de la Salud
Con el inicio de las explotaciones de la cantera de arenas silíceas “El Tollón” en 1985, que a decir de los vecinos afectó seriamente a la fuente, todo su entorno se vio también seriamente alterado. Tras el abandono de la explotación, la fuente ya no volvió a ser la misma y los cortados de las Peñas, así como la cañada, fueron ocupadas con construcciones y corrales trayendo como consecuencia el deterioro paisajístico y medioambiental que hoy se aprecia. En la actualidad, todavía la surgencia es utilizada para el riego de las huertas colindantes, habiéndose construido varias balsas con la que se riegan también unos invernaderos. R. Molina señala que el caudal medio del manantial, que en raras ocasiones suele secarse, oscila entre los 10 y 100 litros por segundo.

Laguna de Los Tollos
Ahora que la cercana Laguna de los Tollos parece haber encontrado la senda de su recuperación con proyectos de restauración recientemente aprobados, no estaría mal que se recordara que, tanto el paraje de las Peñas del Cuervo, como el de la Fuente de la Salud, podían incorporarse al mismo para recuperar así un enclave de gran interés geológico, paisajístico y cultural que no podemos dejar que se pierda definitivamente.

Para saber más:
- Estudio general de las actividades extractivas en la provincia de Cádiz. Consultora G-3. Sevilla. 1991
- González Rodríguez R. y Ruiz Mata, D.: Prehistoria e Historia antigua de Jerez, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999.
- Gutierrez Mas, J.J. et alt.: Int. la Geología de la provincia de Cádiz. Universidad de Cádiz. 1991.
- Molina Fernández-Miranda, R.: La Fuente de la Salud, en “Manantiales y Fuentes de Andalucía”. Agencia Andaluza del Agua. Consejería de Medio Ambiente.
- Ramos Muñoz, J, et alt.:Tecnología lítica de las edades del Cobre y Bronce en la marisma del Cuervo (Jerez de la Frontera, Cádiz)”. SPAL: Revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla. Nº 1, 1992, pags. 151-178.
- Sáez Fernández, P.:Tres inscripciones romanas en la provincia de Cádiz”. Habis, nº 22, 1991, pags. 273-281.
- Sillieres, P.:Prospections le long de la Via augusta”. Habis, nº 8, pags. 331-343, 1977, Sevilla.


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La Fuente de la Salud, en las Peñas del Cuervo (I)



La Consejería de Medio Ambiente y la Universidad de Granada han elaborado el catálogo-inventario de Manantiales y Fuentes de Andalucía con el que pretenden promover una estrategia de conservación de estos elementos tan singulares de nuestro patrimonio ambiental y cultural. Entre las más sobresalientes de las que han sido incluidas en el término municipal de Jerez, destaca una muy poco conocida: la Fuente de la Salud. Ubicada en las proximidades de la localidad sevillana de El Cuervo, brota en el paraje conocido como Peñas del Cuervo, próximo a la Laguna de los Tollos con cuyo acuífero está relacionada. Su entorno, lamentablemente, se encuentra muy alterado como consecuencia de las excavaciones que se realizaron en una cercana cantera. Antes de que desaparezca definitivamente, queremos recordar hoy aquí la importancia de este enclave que es preciso proteger y conservar.

Como es sabido, los manantiales son, de alguna manera, los rebosaderos de las aguas subterráneas, los puntos por los que estas afloran a la superficie de manera natural. Cuando estas surgencias han sido facilitadas, acondicionadas o conducidas por la mano del hombre, las denominamos fuentes. Estos grandes “depósitos” de agua en el interior de la tierra suelen asociarse a materiales geológicos más o menos permeables o porosos en los que el agua queda retenida y almacenada. En nuestro entorno buena parte de ellos se corresponden con formaciones calizas (como en el caso del manantial de Tempul o el Nacimiento de Benamahoma, el mayor de todos ellos), aunque también son numerosos los casos de acuíferos formados por materiales detríticos, como en la Fuente de la Salud. Aquí, los paquetes de arenas silíceas actúan como una gran esponja subterránea, rodeada por materiales impermeables que impiden que el agua progrese hacia capas más profundas, lo que lleva a su afloramiento en superficie (como en la cercana Laguna de los Tollos) o a través de pequeñas fuentes y manantiales como la que hoy visitamos.

Un paraje singular:


Los escarpes de las Peñas del Cuervo se encuentran situados escasamente a un km. al sur de esta población sevillana. Llegamos a ellos desde la calle que parte, a la derecha de la carretera, frente a la conocida Casa de Postas, y atravesando el casco urbano nos desviamos después por un camino a la derecha, que linda con campos de cultivo y que nos conduce a las afueras de la localidad. Se trata de una antigua vía pecuaria, la Cañada de Casinas, que en buena parte ha sido usurpada por edificaciones o utilizada como vertedero y escombrera.

El camino deja a su izquierda los cortados de la antigua cantera, hoy ocupados parcialmente por construcciones y corrales y a la derecha, una zona de huertos, invernaderos y cañaverales donde aflora la surgencia de la antigua Fuente de la Salud, que, digámoslo ya, dejó de existir en su antiguo emplazamiento hace casi dos décadas como consecuencia de la explotación de la cantera y la posterior ocupación de su antiguo emplazamiento.

Algo más adelante, la cañada toma altura ofreciéndonos una singular perspectiva de las antiguas marismas de El Cuervo y pasando a los pies del punto más alto de las Peñas, donde se encuentra el depósito de aguas que abastece a la población y una antena de telefonía. En este punto los cantiles y cortados alcanzan su máxima desnivel y nos ofrecen una auténtica lección de geología al aire libre. En el corte estratigráfico que las labores de la cantera provocaron pueden verse los potentes paquetes de arenas, cubiertos en su parte superior por un estrato de calizas lacustres que, en algunos puntos, forma una cornisa que se nos antoja “colgada” en el aire.


Continuando nuestro camino, a la izquierda del camino nos seguirán acompañando los escarpes y trincheras de la antigua cantera de El Tollón, una concesión minera que inició sus trabajos para la extracción de arenas silíceas en 1985 y que cesó su actividad hace unos años dejando tras de si las grandes cicatrices en el paisaje que hoy vemos. En un sector de la explotación, ya en el tramo final del camino, observaremos grandes fosos y trincheras que quedaron sin restaurar y que se inundan parcialmente por afloramiento del freático. Aunque una parte de ellos está siendo “restaurado” tras la creación de un vertedero autorizado de escombros, el paseante podrá comprobar como en diferentes sectores de la cantera, aparecen signos evidentes de vertidos incontrolados. Se arrojan aquí escombros, enseres y materiales no autorizados pudiendo afectar con ello a las aguas del freático que terminan así por contaminarse.

La cañada que bordea las peñas del Cuervo se une, un poco más adelante, al camino rural que desde El Cuervo se dirige a la cercana Laguna de los Tollos, en las proximidades de la entrada de la Viña Santa Lucía, que nos muestra aquí una singular portada. Desde este lugar podremos acercarnos para visitar la laguna o continuar, atravesando el puente que cruza la autopista, hacia la carretera que se dirige a Gibalbín…. Pero volvamos a la Fuente de la Salud.

Un manantial milenario.

Con independencia de que la Fuente de la Salud fuera obra de los antiguos pobladores de la zona que, a buen seguro, canalizaron una surgencia natural, la naturaleza geológica del paraje de las Peñas del Cuervo, justifica en buena medida la existencia de manantiales en este lugar.

Como podremos observar, en las capas más superficiales que coronan este paraje afloran calizas y margas blancas que, a modo de cornisa rocosa, pueden verse en distintos rincones, en la parte superior de los taludes de la cantera o en los estratos blanquecinos que despuntan sobre las primeras construcciones adosadas a los taludes. Se trata de calizas lacustres del Plioceno Superior, rocas formadas geológicamente en el fondo de lagos o zonas pantanosas. Estos materiales pueden incluir nódulos de sílex que fueron explotados por los asentamientos protohistóricos establecidos en la zona, como han puesto de manifiesto los estudios de J. Ramos y otros autores.

A través de estos materiales el agua se infiltra, encontrándose entonces con potentes estratos de arenas pliocenas que quedan a la luz en los cortes efectuados para la extracción de áridos, como hemos podido ver junto a la Cañada de Casinas. El paseante curioso podrá observarlos detenidamente a todo lo largo del paraje que conforman las “Peñas del Cuervo” descubriendo sus llamativas coloraciones en tonos blancuzcos, amarillentos o rojizos.

Estos bancos arenosos albergan un importante acuífero (que ha sido dañado por la cantera), debido a que en su base aparecen materiales impermeables del Mioceno Superior, constituidos fundamentalmente por arcillas margosas de tonos grises y azulados, que impiden que el agua penetre a niveles inferiores. Ello provoca su afloramiento superficial cuando se alcanzan niveles de saturación (caso de la Laguna de los Tollos), o a través de pequeñas surgencias y manantiales. Este último caso se da en los lugares de contacto entre los materiales impermeables y los paquetes arenosos “empapados” de agua que, por circunstancias geológicas y topográficas (cortes, taludes, pequeñas fallas…), quedan al descubierto –como en el paraje de Las peñas de El Cuervo- , donde se producían afloramientos naturales como el de la antigua Fuente de la Salud.

Para saber más:
- Estudio general de las actividades extractivas en la provincia de Cádiz. Consultora G-3. Sevilla. 1991
- González Rodríguez R. y Ruiz Mata, D.: Prehistoria e Historia antigua de Jerez, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999.
- Gutierrez Mas, J.J. et alt.: Int. la Geología de la provincia de Cádiz. Universidad de Cádiz. 1991.
- Molina Fernández-Miranda, R.: La Fuente de la Salud, en “Manantiales y Fuentes de Andalucía”. Agencia Andaluza del Agua. Consejería de Medio Ambiente.
- Ramos Muñoz, J, et alt.:Tecnología lítica de las edades del Cobre y Bronce en la marisma del Cuervo (Jerez de la Frontera, Cádiz)”. SPAL: Revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla. Nº 1, 1992, pags. 151-178.
- Sáez Fernández, P.:Tres inscripciones romanas en la provincia de Cádiz”. Habis, nº 22, 1991, pags. 273-281.
- Sillieres, P.:Prospections le long de la Via augusta”. Habis, nº 8, pags. 331-343, 1977, Sevilla.


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