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Por la Laguna de las Quinientas (1).
Historia de un antiguo humedal en vías de recuperación.




A nuestro amigo José Trujillo Martínez.

Todos los años, el 2 de febrero, se celebra el Dia Mundial de los Humedales, fecha en la que se conmemora la adopción de la Convención sobre los Humedales, que tuvo lugar en la ciudad iraní de Ramsar en 1971. Este tratado intergubernamental, al que se han adherido la inmensa mayoría de los estados miembros de Naciones Unidas, ofrece el marco para la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos. La edición de 2018 tiene como lema de "Humedales para un futuro urbano sostenible”, y pretende llamar la atención acerca de los valores de estos espacios y de los múltiples beneficios que reportan para la vida de los habitantes de las ciudades.

Conviene recordar que las zonas húmedas son una parte importante de nuestro patrimonio natural y ecológico. En ellos encuentran refugio un gran número de especies animales y vegetales lo que los convierte en uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad. Por esta razón, y al objeto de que este rico patrimonio no se deteriore y pueda mejorarse, tanto la Unión Europea como otros organismos internacionales han puesto en marcha distintas figuras de protección para tratar de preservar estos espacios naturales. En nuestro país, el Inventario Nacional de Zonas Húmedas incluye más de 2.500 humedales distribuidos por todo el territorio. A pesar de esta abultada cifra de espacios catalogados, organizaciones como SEO-BirdLife o Ecologistas en Acción vienen recordando cada año los principales riesgos que amenazan su conservación y nos alertan acerca de la pérdida y degradación de muchos de ellos. La SEO advierte que han llegado a desaparecer casi el 80% de las llanuras de inundación de los ríos (transformadas en cultivo y desecadas), el 68% de las lagunas interiores y el 59% de los humedales costeros (1).

Entre los humedales más sobresalientes que encontramos en el término municipal de Jerez destacan sin duda los declarados como Reservas Naturales, entre las que se incluyen la Laguna de Medina y las lagunas de Las Canteras y El Tejón.

Desde 1989, forman parte del Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía por sus valores ecológicos y por la importancia de la avifauna acuática que albergan, llegando a identificarse unas 120 especies, entre las que destacan las pertenecientes a las familias de las anátidas, limícolas y ardéidas (2). La importancia de estos espacios para la fauna posibilitó también su reconocimiento como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) o su catalogación como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

Frente a estos humedales en buen estado de conservación, hay que lamentar la desaparición de no pocas lagunas de nuestro entorno que, hasta mediados del pasado siglo, se mantenían aún en distintos rincones de la campiña. Recordamos así las de Rajamancera, Torrox, La Isla, Bocanegra o los Fosos, por citar sólo algunas (2). Un caso aparte es el de las lagunas de Los Tollos, Mesas de Asta y Las Quinientas que en los últimos años se están recuperando de un abandono de décadas. Ello ha sido posible gracias a la presión de grupos ciudadanos y ecologistas y a las obras de restauración ambiental llevadas a cabo por las administraciones implicadas en colaboración con empresas privadas. Desde Entornoajerez, para sumarnos a la celebración del Dia Mundial de los Humedales, vamos hoy a ocuparnos de una de estas lagunas, la de Las Quinientas, tan cerca de la ciudad como desconocida para la mayoría de sus habitantes.

La laguna de las Quinientas: una mirada a la historia.



La laguna de Las Quinientas está enclavada en la antigua dehesa del mismo nombre, en una amplia zona llana que se extiende en la margen izquierda del Guadalete. Oculta a la vista del paseante por una pequeña loma, ocupa una cubeta natural que se encuentra a los pies de un cerro presidido por las edificaciones del cortijo de Las Quinientas, inconfundible construcción de comienzos del siglo XX con aspecto de “castillo”. Se llega hasta ella a través de un camino que parte a la izquierda de la carretera que desde el Puente de Cartuja se dirige a Puerto Real (CA-9001), y que arranca frente a la finca de Los Potros.

Situada a una distancia aproximada de 3 km del puente, la laguna de las Quinientas es una de las pocas sobrevivientes del conjunto de pequeños humedales (Rajamancera, La Isla, Las Pachecas, Bocanegra…) que hasta mediados del siglo pasado existían en torno a la Laguna de Medina de la que la separan algo más de 3 km (ver mapas).

En los siglos medievales, este rincón de la campiña era conocido como Dehesa de las Quinientas Aranzadas, tierras entonces de propiedad municipal, situadas junto a la vereda de Martín Díaz, camino también conocido después como Cañada Real de la Isla o de Cádiz y Puerto Franco, nombre con el que



se denominaba la vía que, desde el Puente de Cartuja se dirigía a Puerto Real bordeando la margen izquierda del estuario del Guadalete, y que era paso obligado de las comunicaciones por tierra con las poblaciones de la Bahía de Cádiz (4).

A comienzos del siglo XVI, cuando se realiza su amojonamiento de estas fincas por los jueces de términos, se la denomina también como dehesa de Los Potros, nombre que se ha mantenido hasta nuestros días en un sector de la finca. En la descripción de la misma se apunta que está situada "... junto al río de Guadalete, en la vereda e vadera de Martín Días, que es junto a las QuinientasArançadas, que an por linderos tierras de los frailes de San Gerónimo de Bornos e de tierras de las que esta çibdad tómo de las monjas del Espíritu Santo para se las dar en otra cosa y en linde del dicho río" (5). Como su propio nombre indica, en su origen debió tener una gran extensión (quinientas aranzadas) que se fueron ampliando con sucesivas incorporaciones de terrenos colindantes y con permutas de tierras como sucedió con las que pertenecieron a las monjas del Espíritu Santo que daban, hasta comienzos del siglo XX nombre a un sector de la finca.

La Dehesa de Las Quinientas o de los Potros limitaba entonces con las posesiones del monasterio de San Jerónimo de Bornos que se correspondían con parte de las actuales dehesas de Roalabota y las de la Fuente del Suero y del Amarguillo. De la misma manera colindaba también con las tierras que pertenecieron, como se ha dicho, al convento del Espíritu Santo (al sur de la laguna) y con el río Guadalete (6).



Este rincón de la campiña era cruzado por el pequeño arroyo de Las Quinientas y por el de Bocanegra, que desde las faldas del Cerro del Viento llegaba hasta la dehesa de las Quinientas desaguando en su laguna. El arroyo de Buitrago, que drena los Llanos de las Pachecas para unirse después al Guadalete, también atravesaba una parte de esta extensa dehesa.

Bueyes, yeguas y potros junto a la laguna de las Quinientas.

Si el propio nombre de Dehesa de Las Quinientas Aranzadas o de los Potros nos ofrece referencias sobre su superficie, también nos pone en la pista sobre sus usos en el pasado, cuando estas tierras, lo fueron de uso comunal o concejil. Como otras repartidas por nuestro extenso alfoz, esta dehesa surgió



por iniciativa del concejo jerezano, quien solicitó a la corona el permiso para acotar estos llanos y lomas a orillas del Guadalete al objeto de reservarlos como pastos para los animales de labor. En los siglos medievales, como sucedió también con la dehesa de Los Potros, sirvió de lugar de pastos para potros y yeguas, animales estos últimos imprescindibles para el mantenimiento de la afamada cabaña caballar jerezana y para determinadas faenas agrícolas como la trilla, en las que resultaban insustituibles.

Junto a los pastos de yeguas y potros, Las Quinientas fue destinada a partir de 1576 a dehesa boyal, por acuerdo del concejo confirmado también en 1609, como nos recuerda el profesor Pérez Cebada, “dado que la anterior ubicación de la dehesa boyal, en la Jarda, se hallaba a excesiva distancia, lo que dificultaba el tráfico de este ganado desde las tierras de labor. Así, por Real Provisión se dispone que se acoten anualmente desde el primero de octubre hasta fin de diciembre las dehesas de la Espadañuela y Quinientas de la Puente "para abrigo de los bueyes de labor y carreteros" (7). El curioso nombre de “Quinientas de la Puente”, servía para diferenciarla de otra dehesa con idéntica denominación situada en las cercanías del arroyo Salado, junto a la actual carretera que desde Estella del Marqués conduce al circuito de velocidad.



Las Quinientas contaba con amplios espacios abiertos donde no faltaban las arboledas, representadas aquí por bosquetes de encinas y acebuches, así como las especies de ribera en las orillas de los arroyos que cruzaban la dehesa, la laguna o el río Guadalete donde crecían álamos, olmos, fresnos, sauces o tarajes. La proximidad a importantes vías pecuarias como la Cañada de la Isla, la de Medina, el camino de Vejer o el Puente de Cartuja dotaban a esta dehesa de un emplazamiento óptimo para el fácil acceso de los animales desde distintos sectores de la campiña. A todas estas ventajas había que sumar la disponibilidad de agua durante todas las estaciones, bien en los arroyos o en la Laguna de Las Quinientas o bien en el propio río Guadalete, en cuyas orillas podía abrevar el ganado en la estación seca en caso de necesidad.

Junto a Las Quinientas se emplaza actualmente la finca Los Potros, situada en las proximidades del Puente de Cartuja, junto a la planta elevadora del canal del bajo Guadalete, conservando aún en su nombre el uso que como dehesa concejil tuvieron estos parajes hace siglos.
Continuará...

Para saber más:
(1) SEO/ BirdLife.: Proteger los humedales. Una respuesta al cambio climático. 2009, Disponible en: www.seo.org/wp-content/uploads/tmp/docs/Cuaderno_Proteger_Humedales.pdf, consultado el 28/01/2018.
(2) J. y A. García Lázaro.: Humedales en torno a Jerez (1). Un recorrido por las principales lagunas cercanas a la ciudad. Diario de Jerez, 31 de enero de 2016. También puede consultarse en este enlace: http://www.entornoajerez.com/2016/04/monografias-entornoajerez.html
(3) J. y A. García Lázaro.: Las lagunas perdidas. Humedales en torno a Jerez (2). Diario de Jerez, 7 de febrero de 2016. También puede consultarse en este enlace: http://www.entornoajerez.com/2016/04/monografias-entornoajerez.html
(4) Sobre el recorrido de esta cañada puede verse: Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez, Ayto. de Jerez, 1948.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 247.
(6) Ibidem, p. 195
(7 VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, p. 219. Información más completa puede encontrase también en Pérez Cebada, D.: San José del Valle, Diputación provincial de Cádiz, 1998.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Lagunas y humedales, Paisajes con historia, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 04/02/2018

Caballos, yeguas y potros en la campiña.
Un recorrido por la toponimia de nuestro término.




En estos días en los que Jerez celebra la Feria del Caballo, queremos invitarles a un paseo por nuestro término municipal para rastrear en los parajes de nuestro entorno, esa geografía del caballo que descubrimos de la mano de la toponimia y de la historia. ¿Nos acompañan?

Caballos en la toponimia de la campiña.



Frente a lo que pudiera pensarse, no abundan los topónimos que mencionen explícitamente al caballo. Buena parte de ellos tenemos que buscarlos en los paisajes serranos de nuestros montes. Así, en las faldas del Picacho que miran al norte, nace el Arroyo del Caballo, o de la Garganta del Caballo, que recoge las aguas de otros cursos menores para entregarlas al embalse de Guadalcacín, entre los cortijos de Picado y Garcisobaco. El arroyo cruza por un sector de los Montes de Jerez separando las dehesas de Montifarti y Montifartillo. La carretera que une el Puerto de Las Palomas con el Puerto de Gáliz cruza por este arroyo serrano cuyo valle cerrado es un típico exponente de los “canutos” que encontramos en el Parque Natural de los Alcornocales al que pertenecen estos terrenos. Próximo a estos lugares está también el Lomo del Caballo, un espolón rocoso que se forma en las faldas del Picacho en dirección al Puerto de las Palomas, separando los términos de Jerez y Alcalá de los Gazules. Frente al cortijo de Vicos se encuentra también el Arroyo de los Caballos, que baja de las laderas del Cerro de Vicos.



Ya en la campiña encontramos varios lugares donde se repite un mismo topónimo de Haza del Caballo. En Tabajete, junto a las estancias del cortijo, se denomina con este nombre un sector del mismo colindante con las marismas de Asta y Tabajete. Lo mismo sucede en el cortijo de El Troval, donde el Haza del Caballo da nombre a las tierras que vemos junto a la carretera que une Nueva Jarilla con la Torre de Melgarejo, en cuyo extremo sur hay una cantera de arenisca. Otro tanto sucede en la carretera de Morabita, frente a El Bujón, donde una parte de las tierras del cortijo de Casablanca son conocidas como Haza del Caballo. Tal vez este nombre repetido en otros puntos de la campiña, puede hacer alusión a la porción de tierra sin cultivar que se destinaba en muchas fincas para el ganado de labor y donde pastaban bueyes y caballos.



En las tierras de albariza no podía faltar la Viña El Caballo, ubicada en el pago de Balbaina, en el cruce de la carretera de Rota con la Cañada de las Huertas. Colindante con las viñas de Santa Cruz o el Calderín, su casa principal se construyó en 1865 como cabecera y centro de la gran explotación de las bodegas Osborne. En la actualidad comparte a la vez los usos de casa de labor, edificio social de la empresa y casa de recreo de sus propietarios. Junto al caserío destaca un hermoso jardín privado que “realza la condición señorial y social de la viña” (1).

Caballería y caballerías en la campiña.

Son también frecuentes los topónimos en los que aparece la expresión caballería o caballerías que en estos casos sólo apuntan indirectamente, a la presencia de caballos en los lugares a los que dan nombre. En los ejemplos que hemos localizado, su utilización obedece a distintas razones. En varios de ellos, como nos informa el diccionario de la RAE, la “caballería” está referida a una medida agraria de superficie del terreno al que alude que es “equivalente a 60 fanegas o a 3863 áreas aproximadamente”, es decir, casi cuarenta hectáreas. En otros, adquiere el significado de “porción de tierra que se repartía a los caballeros que habían contribuido a la conquista o a la colonización de un territorio” o de “la suerte de tierra que, por la Corona, los señores o las comunidades, se daban en usufructo a quien se comprometía a sostener en guerra o en paz un hombre de armas con su caballo”.

En las fuentes documentales medievales hallamos algunos ejemplos de esta acepción de “caballería” como pago a los servicios prestados a la corona. Así, en el último cuarto del siglo XV, nos recuerda el historiador Esteban Rallón que “… por este tiempo hizo merced el rey a Martín de Vera, hijo del valiente alcaide de Jimena Pedro de Vera, del castillo y casa del Berrueco de Medina y de cien caballerías de tierra en su contorno. Presentó esta gracia en el cabildo y la ciudad se opuso a ello, como perniciosa a sus vecinos” (2). Y no es de extrañar la reacción del concejo jerezano ante la gran superficie entregada por Enrique IV a Martín Gómez de Vera.



Años después, los Reyes Católicos, atendiendo a las quejas del cabildo, “rebajarían” finalmente la donación a 20 caballerías (3). Otro ejemplo en el que “caballería” hace alusión a medida de superficie y que se emplea como el terreno que se cede a cambio de un impuesto es el que nos apunta el profesor Emilio Martín, en el caso de los intentos por parte de la corona castellana de crear nuevas poblaciones en las tierras comunales del alfoz jerezano. Así, en 1503 se pregonó a los interesados: “Sepan todos que la reyna, nuestra sennora, manda poblar dos lugares en el término de esta çibdad de Xeres: el vno en la Fuente del Rey y el otro en la Vega del Vicario. E que el caballero se le dé vna cauallería de tierra para labrar por pan e al peón vna peonía… e paguen a esta çibdad de terradgo vn cahis de trigo por cauallería de tierra de cada vno anno” (4).

Por citar sólo algunos ejemplos de nuestra campiña donde aún se conservan estos topónimos, mencionaremos el paraje conocido como La Caballería, entre los cortijos de Mojón Blanco y Los Villares, próximo también al aeródromo de Trebujena. Se trata de un espacio llano que conecta con las marismas del Bujón y de Mesas de Asta, colindante con Monasterejos, drenado en la actualidad por el Caño de El Bujón. La Caballería y La Caballería de Infante, son también sendos lugares situados a orillas el Arroyo del Alquitón, junto al Castillo de Gigonza. Caballerías de Casa Jauría, da nombre a un rincón de la campiña, ubicado entre los cortijos de Las Piletas, Los Arquillos y Lomo del Orégano, ya en los límites con los términos de Medina y Paterna, en un espacio por el que discurría la antigua cañada que unía Jerez con esta última población.



Como Caballerías de la Zarza, se conoce también a un paraje situado junto a la carretera de Jerez a Puerto Real, que sigue el trazado por el borde de la marisma de la antigua Cañada Real de la Isla y Cadiz. En él se conserva un antiguo puente (denominado “puente romano”) sobre el Arroyo Salado de Puerto Real, próximo a la conocida granja de cocodrilos “Kariba”.



Por último, en las proximidades de la Laguna de Medina, junto a la Cañada Real de Lomopardo, conocida también como “Puerta verde de Jerez”, encontramos las tierras del Caserío de Las Caballerías y del Cortijo de Las Caballerías Altas. En el primero, el olivar cubre buena parte de su superficie que linda con la laguna. El segundo, vecino de las tierras de Martelilla, está próximo a El Mojo.



Buena parte de estas “caballerías” citadas se sitúan en tierras que lo fueron de baldíos y monte bajo, por lo que cabe pensar en su posible entrega o reparto en tiempos pretéritos a quienes prestaron algún tipo de servicio en la conquista o colonización del territorio.

Yeguas y potros.

En esta geografía de los lugares vinculados al caballo no podemos olvidarnos de las dehesas. Las dehesas de uso comunal o concejiles surgieron por iniciativa de los concejos que solicitaban a la corona el permiso para acotar determinadas zonas al objeto de reservarlas como pastos para los animales de labor: bueyes, caballos, yeguas, potros… Por lo general, las dehesas contaban con amplios espacios abiertos entre los que no faltaban los árboles que, según la naturaleza del suelo, solían ser encinas, acebuches, alcornoques o quejigos. Para su ubicación se buscaba también su proximidad a las vías pecuarias que discurrían por el término, así como la existencia de agua, bien por las cercanías de un río, arroyo o laguna importante, bien porque en estos espacios se contara con fuentes o pozos.

En la campiña de Jerez, las dehesas concejiles contaban con cierta especialización que llevaba a la reserva de distintos espacios a determinadas especies ganaderas (5). Así, en lo que al ganado caballar se refiere, destacamos la Dehesa de los Potros o del Cubo, ubicada junto a la antigua aldea de Albadalejo, en las proximidades de la actual población Estella del Marqués. Las tierras de esta dehesa estaban cruzadas por el Arroyo Salado y en sus cercanías estaba la laguna de Torres, conocida también como de Sepúlveda, desecada a mediados del pasado siglo. En la actualidad conserva aún el nombre de Los Potros una de las fincas de este mismo paraje, situada junto a la carretera que une Estella con El Circuito (antigua Cañada de Bornos), dedicada a cultivos hortícolas de primor.

Lo mismo sucede con la Dehesa de Las Quinientas o de Los Potros, espacio comunal que en los siglos medievales acogía yeguas, potros y caballos de los jerezanos. Situada en una amplia zona llana, en la margen izquierda del Guadalete, junto a la Cañada de la Isla y de Cádiz,



contaba con amplias zonas de pastos con bosquetes de encinas y sotos fluviales, además de con los humedales de La Isleta, Bocanegra y Las Quinientas. Actualmente, la finca Los Potros, situada en las proximidades del Puente de Cartuja, junto a la planta elevadora del canal del bajo Guadalete, conserva aún el nombre que estos parajes tuvieron hace siglos.

Algo parecido sucede con la Dehesa de las Yeguas, espacio forestal y marismeño en el término de Puerto Real, que formó parte en su día del alfoz jerezano hasta la segregación de estas tierras con la fundación por los Reyes Católicos de aquella población. Las Yeguas es hoy un pinar de pino piñonero situado junto a las marismas de Cetina y el Río San Pedro y constituye un espacio de esparcimiento y ocio para las poblaciones del entorno de la Bahía.

En los siglos medievales, como las dehesas de Los Potros, sirvió de lugar de pastos para potros y yeguas, animales estos últimos imprescindibles para el mantenimiento de la cabaña caballar y para determinadas faenas agrícolas como la trilla.

Otros topónimos vinculados a la ganadería equina.

Junto a los citados, otros topónimos de la campiña se relacionan con la ganadería equina. Así, por ejemplo, el conocido Cerro o Cabeza del Asno, pequeña loma situada frente al centro comercial Área Sur, o la conocida Cuesta de Matajaca, un paraje situado en las laderas de la Sierra de San Cristóbal, por donde discurre la carretera que une Jerez y El Puerto de Santa María. Esta famosa cuesta era uno de los tramos de mayor dificultad de la antigua Trocha del Puerto, camino que transitaban los arrieros y los viajeros a lomos de mulas y caballos ya que en sus tramos de mayor pendiente, no era apto para carretas por las anfractuosidades de la ruta.

Pero si las jacas salen mal paradas en nuestra geografía, no se quedan atrás los rocines. Eso es lo que se desprende del curioso topónimo de arroyo de Mata Rocines (que da también nombre a un antiguo puente de rosca de ladrillo), pequeño curso fluvial afluente del Guadalete, que discurre a los pies de la cuesta de Matajaca y de la Sierra de San Cristóbal y que en la actualidad es conocido como arroyo del Carrillo. Aunque ya no se conserva como topónimo, existió el paraje de Mata Asnos, un lugar próximo al Guadalete, tal vez un vado, situado en las cercanías del actual azud del Portal o Puerto Franco, en el límite del término de Jerez con el Puerto. En las ordenanzas municipales de 1510, regulando la pesca en el río se escribe que "... ningunas personas veçinos de ella ni otros algunos no pudiesen pescar en el río realengo desta çiudad de la Yna fasta Mata Asnos con tejones ni con bolantes ni atrabesar el río a agua tener e con otros artes pryuidos en las dichas ordenanças" (6).

Repartidos por toda la campiña encontramos en la actualidad numerosos cortijos, instalaciones hípicas, cuadras, yeguadas, picaderos… dedicados a la cría del caballo o a sus cuidados. Con todo, en la toponimia sólo unos pocos de estos nombres reflejan esta vinculación. Este es el caso, por ejemplo, del Cortijo de Los Establos, situado en la carretera de Trebujena, próximo al de La Mariscala, del que forma parte. Llaman la atención en este cortijo las naves alargadas, destinadas a establos de mulos, cuyos muros fueron construidos en piedra vista, en los que destacan los huecos de puertas y ventanas, enmarcados por ladrillos. Las cuadras de mulos recuerdan aquí a la tradicional disposición de las estancias destinadas a los bueyes, con hileras dobles de pesebres de madera y pavimentos de cantos rodados (7).



La Yeguada del Hierro del Bocado o de La Cartuja, ubicada en la finca Fuente del Suero conserva también un antiguo topónimo que enlaza con la estirpe de los famosos caballos cartujanos. Otros lugares de la campiña, como los cortijos de Vicos o Garrapilos, acogen a la Yeguada Militar, donde se crían los caballos de pura raza española y aunque en su nombre no exista vinculación aparente con el caballo, son referentes de primer orden a nivel nacional en lo que a la ganadería equina se refiere.



Dejamos para el final un curioso topónimo: Majarromaque, tal vez uno de los más antiguos de cuantos se conservan en nuestra campiña, muy relacionados con el mundo del caballo. Su sonoridad y su rareza encierran un hermoso origen ya que se trata de un topónimo árabe que procede de la adición de las voces “maysar” (cortijo o cortijada) y “rummak” (yegüero): “el cortijo del yegüero” (8). No deja de ser curioso que, hace ya un milenio, este rincón de la campiña era conocido por que aquí se criaban caballos, como sucede hoy en Vicos y en Garrapilos, colindantes con Majarromaque. Que tengan ustedes un buen final de feria.

Para saber más:
(1) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes. 2002. pp. 215.
(2) Rallón E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, 4 vols., edición de E. MARTÍN y A. MARÍN. Jerez de la Frontera, 1997, vol. II p. 390.
(3) García Lázaro, A. y J.: El castillo de Berroquejo. Un superviviente de las luchas de frontera. Diario de Jerez, 20/04/2014. También en http://www.entornoajerez.com/2014/04/el-castillo-de-berroquejo-un.html.
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 162
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pp78-79.
(6) Carmona Ruiz M.A. y Martín Gutiérrez, E.: Recopilación de las ordenanzas del Concejo de Xerez de la Frontera. siglos XV-XVI. Estudio y edición. UCA, Servicio de Publicaciones, 2010, P. 177.
(7) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares… pp. 240-241.
(8) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, p. 279,


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 08/05/2016

 
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