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Los sifones de la Junta de los Ríos.
Una obra de ingeniería centenaria del Patrimonio Hidráulico Andaluz.




Los sistemas de captación de aguas de Baelo Claudia y su factoría de salazones (Tarifa), el Molino de Mareas del Río Arillo (Cádiz), la Fábrica de Mantas de Mario, en la Ribera de Gaidovar (Grazalema), el acueducto atirantado de Tempul en La Barca (Jerez), los aljibes árabes del Castillo y el canal del Hozgarganta para la real Fábrica de Artillería (ambos en Jimena), los restos del acueducto romano de Tempul, el Puente Zuazo (San Fernando) y los Baños del Alcázar de Jerez son elementos del patrimonio histórico, monumental, arqueológico e industrial que tienen una característica común: forman parte del selecto grupo de la decena de obras e ingenios de la provincia de Cádiz incluidos en el catálogo de Patrimonio Hidráulico de Andalucía (1). Con este reconocimiento la Consejería de Medio Ambiente, a través de la Agencia Andaluza del Agua, ha querido distinguir de manera destacada, entre otros muchos ejemplos repartidos por toda nuestra geografía, antiguas obras hidráulicas singulares o construcciones más recientes, ejemplo de aplicaciones industriales del agua o notables muestras de la arquitectura popular, industrial o de las obras públicas. A la lista anterior hay que añadir uno más: los sifones en arco del Guadalete y Majaceite en la Junta de los Ríos a los que dedicamos hoy nuestro paseo “en torno a Jerez”. Veamos sus orígenes y su pequeña historia.

Un sueño llamado pantano

En el comienzo de todo estuvo la plaga de filoxera que en junio de 1894 se detectó en nuestra campiña y que en pocos años asoló el viñedo jerezano. La comarca atravesó entonces una grave crisis y como consecuencia del declive del campo y de la falta de trabajo se acentuaron los conflictos sociales. No es de extrañar por ello que, en estos turbulentos años de finales del XIX, se alzaran voces que clamaban por buscar alternativas al monocultivo de la vid. Todas las propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término, para lo que sería necesario construir un pantano, un viejo sueño de la sociedad jerezana.

Tras la autorización definitiva del gobierno de la nación para levantar una presa sobre el cauce del río Majaceite, se encargó el proyecto al ingeniero Pedro González Quijano, quien en 1905 lo presentó para su aprobación por la administración. En 1906 comienzan las obras del embalse que se prolongarían durante más de una década, entrando finalmente en servicio en 1917. Junto a la presa, González Quijano proyectó también una amplia red de canales para llevar el agua a todos los rincones de la extensa Zona Regable cuya superficie prevista era de casi 12.000 hectáreas.

Según explica en 1916 el propio ingeniero en uno de sus artículos: “Para el riego de esta zona se proyectan los canales principales… Parte el más importante de la Angostura misma, siguiendo la margen izquierda… llega a la confluencia (de los ríos), donde se bifurca en dos: el más caudaloso atraviesa el Guadalete mediante un sifón, y el otro continúa su desarrollo por las laderas de la izquierda, hasta los llanos de Aina y vertiendo los sobrantes en el arroyo de Bocanegra. A la salida del sifón a la Junta de los Ríos, y al llegar al arroyo de los Charcos se divide de nuevo, marchando un ramal a regar las vegas del río y siguiendo otro en dirección a Gédula, remontando el arroyo de este nombre en trinchera cada vez más profunda, hasta internarse al fin en túnel por debajo de Gedulilla, para reaparecer de nuevo a cielo abierto en el arroyo de Montecorto, cuyo curso sigue hasta llegar a la vista de los llanos de Caulina”. (2)

Los sifones en arco: una obra de ingeniería centenaria.



El problema mayor que suponía este diseño de red de canales era sin duda el paso de los ríos Majaceite y Guadalete. Para ello, el ingeniero había proyectado aprovechar el viejo puente de la carretera Arcos-Vejer que cruzaba el Guadalete, apenas unas decenas de metros, aguas abajo, del punto donde se une al Majaceite. La gran tubería del sifón, se alojaría así en un cajón de hormigón armado que se apoyaría en las pilas del puente y sobre él se situaría la calzada (ver ilustraciones). Este proyecto inicial, realizado en 1915, aprovechaba las cinco pilas con las que el puente se apoyaba en el cauce del río, salvando vanos de 18 metros. La idea, sin embargo, no acababa de convencer al ingeniero porque obligaba a elevar mucho la rasante de la carretera y porque, a su juicio, “… el emplazamiento del puente era poco afortunado. Situado en la misma confluencia, estaba expuesto a las avenidas de una u otra corriente, no siempre completamente concordantes, lo que podría hacer variar y reforzar, en condiciones difíciles de prever, la fuerza de socavación”. Prueba de ello es que el río ya había destruido uno de los arcos del antiguo puente, que hubo de reconstruirse en 1906. Sus intuiciones estaban bien fundamentadas y en marzo de 1917, una extraordinaria avenida del Guadalete, con una fuerza y un caudal que no se recordaba, arrastró el primitivo puente de la Junta de los Ríos, así como los de Villamartín y Arcos y el que cruzaba el río en La Florida, hacia Jerez, con la tubería de abastecimiento del manantial del Tempul (3).

Así las cosas, la opción adoptada era tan novedosa como atrevida para la ingeniería de la época: construir una gruesa tubería formando dos grandes arcos sobre ambos ríos, a modo de puente, para salvar con ellos el valle. El propio González Quijano lo explica en un artículo que escribe para la Revista de Obras Públicas (1923) dando cuenta de los pormenores de la obra: “el paso de los ríos ha exigido así dos arcos: el del Majaceite situado en la dirección general del sifón, que atraviesa normalmente el río, y el del Guadalete, un poco desviado, aunque ligándose al resto del trazado por amplias curvas… Entre los ríos, y a uno y otro lado, el sifón se apoya sobre el terreno natural, por intermedio de una cama…” (4).



Antes de ser encauzada en los sifones, el agua llega hasta este lugar procedente de la presa de Guadalcacín, 8 km río arriba, a través del canal principal que discurre literalmente “colgado” en las laderas de la orilla izquierda del Majaceite a algo más de 23 m de altura sobre el nivel del río. En ese punto se construyó la boca de carga del sifón, en un ensanchamiento del canal que fue regulado por grandes compuertas. El ingeniero, describiendo las características de su obra señala que “la sección interior del tubo es de 2,50 m., con una velocidad media de 1,43 m, por segundo da paso a un caudal de 7 metros cúbicos/segundo



El espesor de las paredes que reposa sobre las camas es de 0,30 m.
” Este espesor de los tramos horizontales se ve engrosado en los arcos, cuya armadura interior está constituida por aros transversales unidos longitudinalmente por gruesas varillas de hierro recubiertos de hormigón. Los arcos tienen una luz de 40 m. salvando así el cauce de los ríos sin apoyos centrales. El espesor de la gruesa tubería de hormigón que forma los sifones varía de 46 cm. en los arranques, hasta 28 en la clave, el punto más alto de los arcos. Sobre ellos se alza una caseta o castillete que protege las ventosas, que no son sino tubos verticales colocados sobre los arcos que permiten la salida del aire que pudiera almacenarse en el interior de la conducción, evitando así, el “golpe de ariete” que pudiera producir en la estructura. Hasta estas casillas, visibles hoy entre las copas de los sauces y álamos que forman la galería del bosque de ribera, se accede través de una singular y empinada escalinata “defendida por barandillas”.

Una solución técnica novedosa.



La construcción de los sifones, conocidos popularmente como “las morcillas”, supuso en su época una importante innovación técnica, puesto que la forma tradicional de “U” que adoptan este tipo de obras para salvar el cauce de los ríos apoyando sus tuberías en un puente (“venter”), fue aquí desechada por el ingeniero. La solución novedosa por la que se optó fue la contraria, utilizar para la disposición de la conducción la forma de “U” invertida, con lo que las tuberías describen un “puente-arco” (5). Proyectados en 1915, se iniciaron sus cimentaciones en 1916, siendo necesario utilizar en esta obra el “tren de aire comprimido del Servicio Central Hidráulico”, que permitió inyectar el hormigón, a través de la gruesa capa de acarreos de arena y grava del río, hasta llegar a la roca de base de “arcillas azules”.



Las obras sufrieron un parón de más de tres años por “las dificultades experimentadas en los años posteriores para obtener el regular suministro de hierros y cemento, debidas a las perturbaciones acarreadas por la guerra (I Guerra Mundial)”. Reanudadas en 1920 se terminaron en 1921 y se pusieron en servicio en 1922. Para la construcción de los arcos fue preciso instalar una enorme cimbra (ver ilustración) en la que se apoyaron los encofrados de las tuberías, lo que permitió que en poco más de mes y medio se terminara esta fase del proyecto.

Tras su construcción, los sifones fueron un lugar de visita por lugareños y vecinos de los pueblos cercanos, así como por técnicos e ingenieros de toda España. Las excursiones y visitas a la Junta de los Ríos a conocer a conocer los puentes-arco, denominados popularmente como “morcillas” fueron muy frecuentes, existiendo numerosas fotografías de grupos, familias y excursionistas, al pie de las escaleras o en las inmediaciones de los sifones, que fueron también objeto de reportajes en las revistas especializadas de distintos países.

González Quijano, quien fuera también ingeniero y director de la presa de Guadalcacín, obtuvo por esta obra un gran reconocimiento. En su glosa sobre los ingenieros hidráulicos de la España del Siglo XX, el profesor Mendoza Gimeno destaca de González Quijano que fue “profesor de Hidráulica Teórica de la Escuela de Ingenieros de Caminos y hombre de tal sabiduría científica en todos los órdenes que transcendió más allá de nuestras fronteras; autor del notable sifón invertido en el río Guadalete, maravilloso ejemplo de lo que la técnica hidráulica alcanza cuando se pone al servicio de una potente imaginación como la suya” (6). La novedosa solución adoptada por nuestro ingeniero estuvo fundamentada técnicamente en laboriosos cálculos, de los que ofrece curiosos apuntes en un segundo artículo sobre la obra que escribe para la Revista de Obras Públicas, en 1924. González Quijano da en él prolijas explicaciones matemáticas sobre los cálculos realizados para la elección de la curva que adoptan los arcos, o para determinar el grosor de las paredes y la estructura de la armadura interna de los sifones (7).



Más allá de su inclusión en el catálogo de Patrimonio Hidráulico de la provincia de Cádiz, esta obra, de cuyo inicio se cumple este año un siglo y que mereció en su día todos los elogios de la comunidad técnica y científica, ha obtenido el mayor de los reconocimientos: su pervivencia en el tiempo.



Aquí están hoy, prestando los mismos servicios para los que fue diseñada hace cien años, las populares “morcillas, los sifones en arco del Majaceite y Guadalete, asomando los castilletes de sus claves por entre las copas de la alameda en el hermoso paraje de la Junta de los Ríos.

Nota: El sifón del Guadalete se encuentra dentro de las instalaciones de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, junto a la conocida Venta de la Junta de los Ríos, siendo necesario solicitar permiso para acceder a ellas. El Sifón del Majaceite es visible desde los accesos al antiguo puente de hierro y podemos aproximarnos hasta sus cercanías a través de un sendero que corre en paralelo a la ribera. En todo caso, el acceso sin permiso no está permitido.

Para saber más:
(1) Bestué Cardiel, I. y González Tascón, I.: Breve Guía del Patrimonio Hidráulico de Andalucía. Agencia Andaluza del Agua. Consejería de Medio Ambiente. Sevilla, 2006.
(2) González Quijano, P.: Alrededor del Pantano. Revista de Obras Públicas. 1916, Tomo I, p. 19.
(3) García Lázaro, A.: El Guadalete, Cuadernos de Jerez. Cuaderno del profesor. Ayuntamiento de Jerez, 1989.
(4) González Quijano. P.: “Sifón del Guadalete”. Revista de Obras Públicas. 1923 pp. 231-236
(5) Bestué Cardiel, I. y González Tascón,I.: Breve Guía… pp. 86-87
(6) Mendoza Gimeno, J.L.: Los Ingenieros Hidráulicos en España. Revista de Obras Públicas, junio, 1961, pp. 364-367
(7) González Quijano, P.: “Sifón del Guadalete II”. Revista de Obras Públicas. 1924, Febrero, pp. 37-40.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Rio Guadalete, Patrimonio en el medio rural, Obras Públicas

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 21/02/2016

El molino de mareas “El Caño” cumple dos siglos.
Nuevos usos para un viejo edificio rehabilitado.




Desde el 1 de Septiembre ha abierto sus puertas el nuevo local del famoso restaurante “A PONIENTE”, que capitaneado por el reputado cocinero Ángel León se ubica ahora en un singular emplazamiento: el Molino de Mareas "El Caño", en El Puerto de Santa María.

No vamos a detallar aquí su atractiva y sugerente carta plagada de numerosas innovaciones gastronómicas y de platos vanguardistas con los que el conocido como "Chef del Mar" está consiguiendo llevar la cocina de Cádiz a la élite gastronomía mundial. Tampoco vamos a ocuparnos de la cuidada restauración de este viejo edificio, ni de la magnífica decoración y ambientación del nuevo local, cuestiones de los que ya han dado cuenta los medios de comunicación en estos días. Por nuestra parte queremos adentrarnos en la pequeña historia de este singular molino de mareas, uno de los más relevantes de Andalucía.

El molino del Caño de la Madre Vieja.

Nuestra historia se remonta más de dos siglos atrás, cuando Gaspar de Molina y Saldívar, marqués de Ureña, arquitecto, ingeniero y viajero gaditano de la Ilustración, realizó un largo viaje entre 1787 y 1788 por Francia, Inglaterra y Holanda. A su vuelta informará acerca de los numerosos avances que había observado en las más variadas ramas del conocimiento y de la industria e impulsará, entre otras muchas iniciativas, mejoras técnicas en la construcción de los molinos de mareas en nuestra región que ya contaba con una larga historia en lo que a la existencia de estos ingenios se refiere. Julio Molina Font, a quien debemos los más completos trabajos de investigación sobre los Molinos de Marea de la Bahía de Cádiz, ha documentado la existencia de estos singulares ingenios hidráulicos en nuestros caños y esteros al menos desde el siglo XV, aportando datos en sus estudios de una veintena de ellos que, con mayor o menor grado de deterioro, han llegado hasta nuestros días (1). Uno de los más sobresalientes es sin duda el Molino de El Puerto de Santa María que cumple este mismo año dos siglos de historia.



Ubicado en las cercanías de la Estación de Ferrocarril, se llega hasta él por el nuevo paso subterráneo que salva la vía férrea. A buen seguro, muchos viajeros habrán observado esta singular construcción emplazada sobre un antiguo caño del río Guadalete, visible desde el puente de la carretera.



El edificio del molino, que como se ha dicho ha sido recientemente restaurado, es una sólida construcción de dos plantas, edificada con sillares de piedra ostionera, y emplazada de manera transversal sobre un caño que confluye con el río Guadalete en las cercanías del puente del ferrocarril, aguas arriba del antiguo Puente de San Alejandro. Aunque actualmente se le conoce como Caño del Molino, era denominado en el siglo XIX como Caño de la Madre Vieja, al ser éste un antiguo cauce del río Guadalete que se mantuvo en doble conexión con el actual, tal como puede verse en la cartografía del Instituto Geográfico Nacional de 1960. De este caño da cuenta Madoz en su Diccionario Geográfico a mediados del XIX y al referirse a los ríos y arroyos de El Puerto de Santa María, se detiene el Guadalete mencionando el puente colgante de San Alejandro, “de moderna construcción” y nos informa que “...Pasado el primer puente sobre el Guadalete el r. que se dirige al Portal de Jeréz, deja un brazo conocido con el nombre de Madre Vieja, que va á perderse en el sitio delicioso, llamado de la Piedad..." (2).

Estos topónimos pueden también localizarse en el mapa “Contornos de Cádiz” de Francisco Coello (1868), perteneciente al "Atlas de España y sus posesiones de ultramar" que este cartógrafo elaboró como complemento del "Diccionario geográfico-estadístico-histórico" de Pascual Madoz (1845-1850). El citado mapa nos muestra la zona donde se enclava el molino en un momento en el que acababa de construir el primer puente colgante sobre el río Guadalete (1846) que sustituyó al antiguo de barcas, o las líneas férreas de Jerez al Trocadero (1856) y de Jerez a Cádiz (1861), de la que acabaría llegando un ramal para transportar el grano hasta el mismo molino.



Y junto a todo ello, como fiel testigo del progreso que avanza deprisa por estas tierras, el viejo molino de mareas que cuenta ya medio siglo de existencia en sus piedras cuando Francisco Coello traza su preciso mapa (2).

El molino de mareas: una singular obra del patrimonio hidráulico.

El estudio más completo del molino es el realizado por Lourdes Márquez Carmona publicado en la Revista de Historia de El Puerto, del que extraemos los datos más relevantes de su estructura original (3). Esta autora señala que “su emplazamiento es perpendicular al caño secundario del río Guadalete, disposición que le permitía ejercer de tapón del cauce del caño para embalsar el agua en su estanque durante la pleamar”. De base rectangular, consta de dos edificios unidos con dos plantas cada uno. En la primera, junto a distintas dependencias, se encontraba el taller de molienda, la amplia estancia que albergaba las piedras trituradoras y el taller de clasificación de harinas. En la segunda, las habitaciones y vivienda del administrador, el granero y la azotea.

Molina Font en su libro Molinos de Marea de la Bahía de Cádiz, nos informa también de su funcionamiento y señala que “…en la cara que se dispone hacia el estero se abren diecisiete arcos cinco de mayor tamaño y doce más pequeños, guardados por tajamares parecidos a los del molino de marea del Río Arillo, éstos últimos destinados a favorecer la salida de las aguas procedentes de las cubas de “regolfo”, al funcionar este molino con rodetes y no con rodeznos como ruedas motrices. Las arcadas de la fachada anterior donde estaban alojadas las ruedas motrices no se corresponden, en su número, con las existentes en su cara posterior, al parecer dos o tres ruedas motrices estaban alimentadas a la vez por el agua que hacían salir por cada uno de los arcos posteriores del edificio”.

La construcción de estos ingenios hidráulicos movidos por las mareas, como el Molino del Caño, sólo era posible en determinados parajes de las costas atlánticas (o cantábricas) donde podían aprovecharse las carreras de marea, allí donde éstas eran significativas. Se precisaba para ello, como sucede aquí, cerrar fácilmente un estero mediante una presa que permita además la creación de un embalse de grandes dimensiones donde quede retenida el agua, cerrando unas compuertas en pleamar para aprovechar el desnivel cuando la marea baja. Si nos damos un paseo por los alrededores del molino podremos observar todavía el canal lateral por donde se llenaba la parte trasera del caño, que actuaba como embalse y que se cerraba tras la subida de la marea con una compuerta, los arcos de diferentes tamaños y formas en los que se alojaban los rodetes, el canal lateral, los tajamares, los salientes en los sillares donde se apoyaban las compuertas… En la zona trasera del Matadero, aún pueden verse también tres viejas piedras del molino que, para evitar su deterioro debían ser protegidas.



Un molino con dos siglos de historia.

Por los citados estudios de Martínez Carmona y Molina Font, sabemos que la historia del molino arranca en el último cuarto del siglo XVIII. En 1778 un francés afincado en el Puerto, Pedro Francisco Saval, propone al cabildo la edificación de un molino mareal, en el caño situado a espaldas del matadero (edificio que hoy alberga la sede del Imucona) para abastecer de harina a la ciudad, sin que dicha petición llegara a relizarse. Dos décadas después, en 1799, el comerciante y consignatario gaditano de origen vasco Juan José Uría de Guereca solicita al cabildo la autorización para edificar un molino de marea en el “Caño de la Madre Vieja”, argumentando que con su construcción se abarataría el precio de la harina y del pan al incrementarse notablemente el corto suministro que, a juicio del solicitante, aportaban las tahonas locales. Junto a todo ello, se crearían nuevos puestos de trabajo y se limpiaría de fangos el mencionado caño del río con lo que se beneficiaría toda la población. Ese mismo año, Miguel Alvarez Montañez, propietario del Molino del Río Arillo, solicita también la cesión de terrenos para levantar otro molino en el mismo caño, si bien los informes de los comisionados municipales se inclinarán finalmente por la propuesta de Uría, al que le será otorgada la concesión para la construcción del molino por Real Despacho de 1801. Sin embargo, nuevas vicisitudes retrasarán el comienzo de las obras y será Diego Álvarez, hijo de otro de los peticionarios, quien, por último, las inicie en 1815, después de que los informes de los ingenieros municipales (“los caballeros hidráulicos”) despejaran los temores de que la construcción del molino perjudicaría al puente de barcas de San Alejandro, situado aguas abajo en el Guadalete.



El molino comenzará a funcionar unos años más tarde, en 1819, siendo entonces su dueño Francisco Larrad. Por estas fechas será el único molino harinero del término municipal de El Puerto de Santa María. En 1857, su propietario es Santiago Parody, conociéndose entonces con el nombre de “Molino de Jesús, María y José”.



Es la época en la que se construye la línea férrea Jerez-El Trocadero y el molino, testigo de las obras, verá como un ramal llega desde la cercana estación del ferrocarril hasta sus puertas para facilitar el transporte de trigo y harina. La Guía Rosetty de Cádiz de 1871, nos da pistas de otro de sus propietarios, José Elizondo. En ella, como informa el investigador Julio Molina Font, se lo describe como “un molino en extramuros con motor de aguas por represas con 8 piedras”. Antonio López González será su dueño en 1886 y tres años después, la propiedad pasará a Francisco Puente, quien también poseía un molino de vapor en esta misma ciudad.



Y cuando el vapor y el ferrocarril, cuando los nuevos tiempos anunciaban aires cambio en la industria…, nuestro molino comenzó su lento e inexorable declive. Como señala Lourdes Márquez Carmona en su estudio, apartado de la vista de todos, tras la vía férrea… “el Molino del Caño paulatinamente cayó en desuso ante la competencia que ejercían las maquinas de vapor, en plena Revolución Industrial. Y el Caño de la Madre Vieja también fue cegándose con el tiempo al no efectuarse los trabajos de limpieza necesarios. Y poco a poco se fue olvidando que a la espalda de la Estación de Ferrocarriles existía este ingenio hidráulico que cumplió para la ciudad de El Puerto de Santa María, una función muy importante, como era la transformación del cereal en harina, producto tan necesario para la población portuense y el resto de la Bahía de Cádiz”.

El molino en la actualidad.



Casi dos siglos después de su construcción, el molino ha sido recuperado y restaurado por la Dirección General de Costas y ha pasado, por una concesión administrativa, a la empresa del conocido cocinero Ángel León, quien junto al restaurante A Poniente recientemente inaugurado, instalará en él un “Laboratorio de Investigación Gastronómica”.



Esta concesión fue cuestionada por distintos colectivos ciudadanos que reclamaban un uso educativo y cultural para este importante elemento del patrimonio hidráulico e industrial de Andalucía, al haber sido rehabilitado con fondos públicos, invirtiéndose en estos trabajos una cantidad cercana a los 800.000€.



Sea como fuere el molino ha sido rescatado del olvido y del deterioro que sufría hace sólo unos años y ha llegado también el momento de recuperar su entorno. Entre las muchas propuestas surgidas en los últimos años, mencionamos, a modo de ejemplo, la que plantea un ambicioso proyecto integral de “Regeneración ambiental de la margen derecha del río Guadalete a su paso por la localidad de El Puerto de Santa María” elaborado por un grupo de Ingenieros de Caminos de la E.T.S.I. (4).



En él se contemplan, junto a otras iniciativas, la recuperación de las cercanas Salinas De San José, la regeneración hídrica de la marisma del Río Guadalete en su margen derecha entre el puente de la autovía de Cádiz y el de San Alejandro, la recuperación del paso peatonal inferior bajo este puente, la construcción de un pantalán de pesca y de un observatorio de aves…

El proyecto incluía también la rehabilitación del molino como “centro de interpretación del parque Medioambiental del Guadalete” – aspecto que ya no podrá contemplarse- completándose con el trazado de senderos peatonales y de un carril bici, así como con la limpieza y regeneración del Caño del Molino y su entorno, cuestión esta última más que necesaria. En todo caso, el viejo Molino de mareas “El Caño”, ha sido felizmente recuperado y, cuando se cumplen dos siglos de su construcción, aloja el que está llamado a ser uno de los centros de investigación gastronómica y de los restaurantes más relevantes del país.

Para saber más:
(1) Molina Font, Julio (2001): Molinos de Marea de la Bahía de Cádiz (siglos XVI-XIX). Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. Pgs. 166-168.
(2) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. pág. 273. Incluye el mapa de Francisco Coello: “Contornos de Cádiz”. Mapa escala 1:100.000.
(3) Márquez Carmona, Lourdes: El Molino mareal del Caño de El Puerto de Santa María (Cádiz). Revista de Historia de El Puerto, nº 40, 20008 (1er trimestre), 81-102.
(4) Almazán Gárate, J.L; Palomino Monzón, M.C.; García Montes, J.R.; Fernandez Carrasco, P.; Ortega Cuenllas, A.: Regeneración ambiental de la margen derecha del río Guadalete a su paso por la localidad de El Puerto de Santa María (Cádiz). E.T.S.I. de Caminos, Canales y Puertos. III Congreso de Ingeniería Civil, Territorio y Medio Ambiente. 2008


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Puedes ver otros temas relacionados en nuestro blog enlazando con Paisajes con historia, Patrimonio en el medio rural y el río Guadalete.

Sobre 'molinos de marea', anteriormente hemos publicado... El Molino de marea de Goyena. Un paseo por las marismas de Las Aletas

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 13/09/2015

 
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