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S.O.S.: La torre de Melgarejo se desploma.




Cuando nos referimos al patrimonio histórico o monumental de Jerez, por regla general, tendemos a pensar en clave urbana, limitando así los elementos que integran nuestro rico legado a aquellos edificios, iglesias, monumentos, o jardines históricos que podemos admirar en la ciudad. Junto a ellos, conviene recordar que entre los Bienes Catalogados de nuestro municipio aparecen otros muchos que se encuentran dispersos en distintos rincones de las campiñas. Una parte de ellos están amparados bajo el régimen de protección de Bien de Interés Cultural (B.I.C.), constituyendo en muchos casos un referente de primer orden en el paisaje en el que se enclavan y al que se encuentran vinculados por razones históricas y culturales.

De monumentos… y ruinas

Como es de suponer, la lucha por evitar la ruina y el mantenimiento y conservación de estos “monumentos” es asunto complejo. Como ejemplos positivos y de que se pueden dar pasos hacia la puesta en valor del patrimonio, en los últimos años se han venido realizando en distintos rincones de la provincia, tanto por la iniciativa pública como por parte de propietarios privados, obras de consolidación y de restauración de castillos, lienzos o torres. De la misma manera, se han potenciado o facilitado las visitas a las personas interesadas… Recordemos a modo de ejemplo los casos de Zahara y Olvera, la apertura del castillo de Arcos a visitas concertadas o el más conocido de la Torre de Matrera en Villamartín cuya restauración, no exenta de polémica, recibió numerosos premios internacionales.

Por citar ejemplos más cercanos a nuestra ciudad, así lo han entendido también los propietarios del castillo de Gigonza que desde hace ya un tiempo vienen organizando visitas concertadas a esta antigua fortaleza. Sus dependencias fueron también notable casa de baños en los pasados siglos y, poco a poco, se están mejorando para poner en valor ese importante elemento patrimonial de la campiña que, no en balde, pasa por ser uno de los castillos mejor conservados y de mayor interés de nuestro alfoz. Destacable es también el esfuerzo de bodegas Fundador, que han incluido la visita a la Torre de Macharnudo en una singular propuesta turística que combina el disfrutar de los mejores paisajes de viñedo del marco de Jerez, la degustación de los excelentes caldos de su bodega y los atractivos históricos de este enclave de la campiña.

En el otro lado de la balanza contemplamos, con más pena que gloria las torres, atalayas y castillos repartidos por el territorio, incluidos todos ellos en la categoría de “monumento” y que, salvo meritorias excepciones, se encuentran seriamente amenazados y algunos de ellos se caen, literalmente, a pedazos ante la pasividad de todos, ignorando que algunos de esos elementos podrían ser un atractivo turístico y cultural importante y un complemento a otras iniciativas de desarrollo rural.

Así, nadie se ocupa de que la vegetación no termine por arruinar el viejo castillo de Berroquejo, levantado en el reinado de Alfonso X, como el de Torrestrella o el de Peña Arpada, para el control de la frontera, al que las higueras y acebuches que crecen entre sus muros acabaran por destruir. El torreón del Cerro del Castillo, en Torrecera, muestra ya desplomado uno de sus lienzos sin que lleguen nunca las obras de consolidación o rehabilitación que reclama a gritos. Enclavado en la finca Torrecera, que recibe numerosas visitas a su magnífica bodega donde se elaboran los afamados vinos Entrechuelos o Alhocén, podría ser un complemento cultural e histórico extraordinario (¡ya quisieran muchas bodegas tener un castillo en sus viñedos!) que debieran sopesar sus propietarios, para intentar salvar así lo que queda de esta torre vigía almohade, antes de que desaparezca definitivamente.

La Torre de Melgarejo se desploma.

Con todo, uno de los casos más preocupantes es el de la conocida Torre de Melgarejo, tan cercana a la ciudad y visible para quienes transitan por la autovía Jerez-Arcos. A buen seguro, en las últimas semanas, muchos de los viajeros habrán podido observar con tristeza como su esquina de poniente se está desplomando. Una parte de los muros se ha venido, literalmente, al suelo, dejando a la vista la bóveda de cañón de una de las salas del antiguo castillo. Si a comienzos de agosto podía observarse un pequeño desprendimiento de bloques en el hueco de lo que fue una ventana, a día de hoy, tal como muestran las fotografías que adjuntamos, la esquina de los muros se ha arruinado formando un considerable cono de derrubios apreciable desde la carretera. Como se aprecia desde el exterior, las techumbres colindantes con los muros amenazan también con arruinarse a juzgar por los grandes bloques de piedra sueltos que se aprecian sobre la bóveda de una de las salas laterales, que ha quedado al descubierto.



La proximidad al Circuito de Velocidad y a importantes vías de comunicación y establecimientos hosteleros siempre nos hizo creer que, en un corto o medio plazo, la vieja torre y sus dependencias se recuperarían para el turismo o la hostelería tras ser consolidada y restaurada, pudiendo integrarse así en distintas iniciativas de desarrollo rural, habida cuenta de que constituye un elemento histórico y arquitectónico de gran interés.



Estos días, sin embargo, sólo albergamos malos augurios al contemplar el inexorable y rápido avance de la ruina y el desplome de los muros y techumbres. Una ruina que hay que parar cuanto antes, desde la propiedad de la Torre antes que nada y, si fuera preciso, con las pertinentes ayudas públicas también para que no termine por perderse definitivamente.



Quienes quieran conocer la historia de la Torre de Melgarejo y la curiosa leyenda que tiene asociada pueden consultar el siguiente enlace:

https://www.entornoajerez.com/2014/01/una-leyenda-para-un-castillo-en-la.html

Por el camino de Jerez a Arcos.
Un recorrido en 1744.




En “entornoajerez” nos gusta transitar por los carriles y antiguas cañadas de la campiña, por esos viejos y olvidados caminos en los que aún es posible descubrir algunos testimonios de la importancia que en el pasado jugaron en las comunicaciones entre poblaciones cercanas.

En nuestro paseo de hoy nos vamos a trasladar a mediados del siglo XVIII, de la mano de un curioso manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional, dado a conocer hace unos años por el historiador Antonio Domínguez Ortiz. De autor desconocido, lleva por título “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, y fue escrito en torno a 1744 como apunta José Jurado Sánchez, quien ha estudiado este interesante documento que nos permite conocer la estructura de la red viaria de buena parte de la provincia (1). Para ser fieles al texto realizaremos nuestro “viaje” partiendo de Arcos para entrar en Jerez por los “callejones de las viñas”.

Cinco leguas de camino.



La descripción del camino, saliendo de Arcos, comienza aportando unos datos generales sobre la distancia entre ambas poblaciones y las características del terreno que atraviesa: “Hay desde Arcos a Xerez 5 leguas. El terreno es bueno; a la media legua está poblado de olivar, dos leguas de tierra limpia de lavor y como 3 cuartos de legua poblados de viña y olivar, sin otro monte alguno, a lo que se sigue para entrar en Xerez unos callejones, como de media legua, formados de las cercas de viñas, olivares, etc.” (2)



La distancia por carretera que hoy día hay entre ambas poblaciones es de 32 km, y algo menor (29 km) por la autovía de reciente construcción, por lo que las 5 leguas (unos 29 km) se aproxima bastante a la actual, aunque el trayecto, como veremos, se trazaba por distintos lugares. También el paisaje agrícola guarda algunas semejanzas y así, al salir de Arcos, tras bajar la cuesta de Valdejudíos las laderas de los cerros junto a la carretera están cubiertas en parte con el extenso olivar de Macharaví. Más adelante, en el camino hacia Jédula, también nos encontramos con amplias extensiones de tierra “limpia y de labor”, como a mediados del s. XVIII que pertenecen a los cortijos de La Torre, La Cantarera, Cortijo Nuevo, Jédula, ... Entre Vicos y La Peñuela, completando también las dos leguas que se apuntan en el manuscrito, se repiten las lomas de tierras de secano, apareciendo las primeras viñas en La Cartuja de Alcántara, lejos aún de la ciudad de Jerez, a diferencia de las de los callejones que se mencionan en el relato dieciochesco.

El paso de ríos y arroyos.



La red hidrográfica también está presente en esta suerte de “guía de viajes” ya que la eventualidad de tener que cruzar ríos y arroyos y la existencia de vados, pasadas o puentes era un asunto de vital importancia para un viajero. Así se indica que: “A la media legua hay el arroyo salado de esta ciudad (Arcos), que pasa por una puente pequeña de ladrillo y mampostería, es el mismo camino que se encuentra al principio del camino que va a Las Cabezas. Así mismo, a las 3 leguas y media se encuentra el arroyo que llaman del Gato, termino de Xerez; tiene su origen en las tierras que llaman Quartillos, que son pobladas de olivar y viña, y desagua en el arroyo de Sepúlveda. A las 4 leguas y media hay otro que llaman el Valadejo, tiene una calzada para pasarse, su origen en las marismas de Lebrija y Trebujena y desagua en el río de San Pedro".

El arroyo salado al que se alude no es otro que el Salado de Espera, que cruza actualmente la carretera y la autopista en el punto conocido como Venta La Mina, un singular paraje así denominado porque desde mediados del siglo XIX y hasta comienzos del XX se explotó allí una mina de azufre. Este arroyo, que se une al Guadalete en las cercanías de la Junta de los Ríos, ha tenido siempre furiosas crecidas que lo hacían intransitable en la época de lluvias. No es de extrañar por ello que, al menos desde el siglo XVII, haya contado con pequeños puentes o alcantarillas para cruzarlo. En la actualidad aún se mantiene en pie la “puente pequeña de ladrillo y mampostería” a la que se alude en nuestra “guía de viajes” cuya visita recomendamos al lector.



La alcantarilla del Salado, a los pies de los cerros del Guijo, junto a la antigua Venta La Mina, era también conocida como Puente de Valdejudíos, mientras que en otras fuentes es denominada como “alcantarilla de Matajaca”, o incluso como “alcantarilla de Jerez”. Al menos desde 1611 ya consta la existencia de un puente en este lugar del camino de Arcos a Jerez (3), así como otras referencias a su reparación y reconstrucción a lo largo de los siglos XVII y XVIII (4).

Aunque en la Descripción no se hace mención a otros arroyos que el camino de Arcos debió también cruzar (los de Jédula, Arroyo Dulce y Canillas) sí que repara en el “arroyo que llaman del Gato”. Este arroyo, que figura ya en todos los mapas de los siglos XVIII y XIX, pasa hoy día desapercibido a los viajeros. Tiene su origen, como bien apunta el texto, en “las tierras que llaman Quartillos”, entregando sus aguas al “arroyo de Sepúlveda” que no es otro que el actual arroyo Salado de Caulina. La cabecera del arroyo del Gato la encontramos junto al cortijo de Alcántara, cercano a Cuartillo, donde una hermosa galería de olmos lo escoltan en su primer tramo. Curso abajo es embalsado en la zona trasera del Circuito de Velocidad y del Campo de Golf de Montecastillo, al que abastece de agua de riego. Canalizado después por un modesto desagüe abierto entre los aparcamientos del Circuito, se une al Salado de Caulina en las tierras de la antigua finca de Sepúlveda, que en otros tiempos dieron nombre a este último arroyo. Como se ve, el antiguo



camino de Arcos en el s. XVIII, seguía a partir de la Torre de Melgarejo la traza de la actual Cañada de Bornos que discurra junto a la carretera que hoy en día comunica Estella del Marqués con el Circuito. Evitaba así el cruce de Los Llanos de Caulina que en aquel siglo era una tierra encharcadiza e inculta, cubierta por palmares y juncales, que sólo permitía su tránsito en la estación seca.

Desde el arroyo del Gato, y ya a solo media legua de Jerez (algo menos de tres km), la “guía” nos indica que el camino se encontraba con otro arroyo que “llaman el Valadejo,” y que éste “tiene una calzada para pasarse”. El Valadejo (metátesis de Badalejo o Albadalejo), no es otro que el actual arroyo Salado de Caulina. El descansadero de Albadalejo (todavía conserva este nombre) es el paraje en el que se edificaría en parte el pueblo de Estella del Marqués, y el que daba nombre a este rincón de la campiña surcado por el arroyo Salado. Para cruzarlo existían dos puentes (como puede verse en todos los mapas de los siglos XVIII y XIX, ya que, en este lugar, junto a la actual Venta La Cueva y al Vivero Los Cántaros, el arroyo se bifurcaba en dos brazos, que volvían a unirse aguas abajo, buscando ya el Guadalete en un curso paralelo a la autopista.



Como dato curioso (erróneo en este caso), el texto señala que el arroyo tiene su origen en las marismas de Lebrija y Trebujena, aunque en realidad procede de la confluencia de los pequeños cursos fluviales que bajan de la sierra de Gibalbín. Los altos de Montegil forman una divisoria que impide la comunicación de estas aguas con las de las marismas, que vierten ya al Guadalquivir. De gran interés resulta también la afirmación de que el Valadejo… “desagua en el río de San Pedro” en lugar de en el Guadalete, al que se une junto al Monasterio de La Cartuja, a la altura de Viveros Olmedo. La explicación de este cambio de nombre hay que buscarla en el hecho de que el Guadalete presentaba hasta mediados del s. XVII dos brazos en su estuario: el que desembocaba en El Puerto de Santa María, y el conocido como “madre vieja” o Albadalejo que en 1648 el Cabildo jerezano (bajo el auspicio de la cofradía de San pedro) comunicaron con un canal para darle salida a la Bahía de Cádiz en las cercanías de Puerto Real (5). Este brazo (que luego sería cortado) pasaría a llamarse desde entonces río San Pedro.

Los cortijos del camino de Arcos a Jerez.



Pero dejemos los arroyos y volvamos de nuevo al camino para fijarnos en los cortijos que describe esta “guía de viajeros”. Partiendo de Arcos, “…. A los 3 cuartos de legua está el cortijo de Yllena; a las 2 el de Jedala; a las 4 el de Melgarejo, y a la izquierda otro de Jedala, a las 2 leguas de esta ciudad; a 3 el de Bicos, a las 3,5 el de la Peñuela y a las 4 el de los Aziagos, y otros muchos que no son de nombre”.

El cortijo de Yllena (o de Illena, en otras fuentes) ya desaparecido con este nombre (6), es el actual cortijo de La Torre oculto a los viajeros que circulan por la carretera, tras las lomas cercanas al cortijo de La Cantarera, a la derecha del camino. Por sus tierras aún se conserva la vieja traza del ferrocarril de la Sierra que comunica con la antigua estación de Jédula. Más adelante, tras dos leguas de recorrido, el camino de



Arcos dejaba a ambos lados los cortijos de “Jedala”. Se trata de los actuales de Jédula (a la izquierda) y Jedulilla (a la derecha), ambos absorbidos por el casco urbano de esta poblada pedanía arcense, pero que hasta mediados de los cincuenta del siglo pasado aún podían verse aislados entre sus tierras de labor.



Continuando el camino, y a una legua de ambos, estaba a la izquierda el de “Bicos”, actual cortijo de Vicos sede de la Yeguada militar, por cuyas cercanías atravesaba antes de llegar a La Peñuela. Este último fue siempre uno de los de más renombre de la campiña por la extensión de sus propiedades y por su poblado caserío. En el XVIII y hasta casi mediados del pasado siglo, las de La Peñuela fueron tierras de olivares, como



lo fueron las de sus vecinos Alcántara y Cartuja de Alcántara, fundos todos que pertenecieron al monasterio cartujano, si bien en este último se plantaron también viñas. Por último, la “guía” menciona el cortijo de los “Aziagos”, el actual de Los Garciagos, donde en los años 80 del siglo pasado se construyeron el circuito de Velocidad y el campo de Golf de Montecastillo. En estas tierras de cerros cubiertos de monte bajo, se explotaron durante varios siglos canteras de caliza y de rocas de yeso para la fabricación de cal y yeso en sus conocidas caleras.



Después de recorrer cinco leguas, el camino de Arcos entraba en Xerez por unos “callejones, como de media legua, formados de las cercas de viñas, olivares” cuyo trazado debió corresponder en parte con el primer tramo de la actual carretera de Cortes, a la salida de los puentes de Albadalejo que como se ha dicho estuvieron situados en el paraje en el que hoy se encuentra el puente de la autopista que conduce a Estella del Marqués. Aunque el camino descrito no coincide a partir de la Torre de Melgarejo con el que sigue la actual carretera de Arcos, hay que recordar que también existió otra variante, más directa, que cruzaba los Llanos de Caulina, si bien, como se ha dicho, en la estación lluviosa no podía ser utilizado.



Así lo deja patente el conocido mapa de Tomás López (7) que ilustra este artículo y donde se reflejan las dos variantes de este camino centenario que hoy hemos querido recorrer como lo hicieron los viajeros del siglo XVIII.

Para saber más:
(1) Jurado Sánchez, J.:Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989.
(2) Jurado Sánchez, J.:Descripción…” pp. 66-67. Todos los entrecomillados referidos a este manuscrito han sido extraídos literalmente de estas dos páginas.
(3) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 160.
(4) García Lázaro, A. y J.: La alcantarilla del Salado. UN viejo puente con cuatro siglos de historia, www.entornoajerez.com, publicada el 27 de abril de 2012.
(5) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 189-190
(6) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199, pp. 194 y 273.
(7) López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes…1787. En este trabajo hemos manejado la versión digitalizada por nuestro amigo Francisco Zuleta Alejandre conservándose otro original en el AMJF, C. 13, nº 27. 33 x 42 cms.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con Historia, En torno a Arcos, Carreteras secundarias.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/11/2017


S.O.S.: patrimonio amenazado en torno a Jerez.




Como hemos comentado otras veces en estas páginas, cuando por regla general nos referimos al patrimonio histórico o monumental de Jerez, tendemos a pensar en clave urbana, limitando así los elementos que integran nuestro rico legado a aquellos edificios, iglesias, monumentos, o jardines históricos que podemos admirar en la ciudad. Junto a ellos, conviene recordar que entre los Bienes Catalogados de nuestro municipio y de los de las localidades vecinas, aparecen otros muchos que se encuentran dispersos en distintos rincones de las campiñas y sierras cercanas. Una parte de ellos están amparados bajo el régimen de protección de Bien de Interés Cultural (B.I.C.), constituyendo en muchos casos un referente de primer orden en el paisaje en el que se enclavan y al que se encuentran vinculados por razones históricas y culturales. Así, a modo de ejemplo, no se conciben ya lo sotos y riberas del Vado de Medina sin los perfiles del Monasterio y del viejo Puente de Cartuja.

Sin lugar a dudas, el más conocido de estos elementos relevantes de nuestro patrimonio es el Monasterio de La Cartuja, que fue ya declarado Monumento Nacional en 1856, el primero de nuestra provincia en gozar de esta calificación. En la actualidad se realizan obras en una parte de sus dependencias para la rehabilitación de celdas en el ala norte del claustro grande, así como en las antiguas cuadras, donde se están construyendo media docena de celdas destinadas a una pequeña hospedería, lo que permitirá abrir, al menos, una parte del monasterio a nuevos usos turísticos. Con todo, no son pocos los



colectivos ciudadanos que reclaman un incremento de la inversión en la rehabilitación y conservación del monasterio y una mayor apertura a las visitas, como sucede en otras ciudades que cuentan con cartujas en los que respetando un espacio reservado para la clausura, puede accederse a buena parte de las dependencias, cosa que no sucede en Jerez.

El anunciado proyecto de realización de un sendero fluvial entre Jerez y El Puerto, que pasaría junto al monasterio, podría ser otra oportunidad para que su entorno fuera objeto de una intervención de mejora paisajística y para hacer de este monumento jerezano un elemento de dinamización del medio rural.

De monumentos… y ruinas.



Con más pena que gloria contemplamos las torres, atalayas y castillos repartidos por la campiña, incluidos todos ellos en la categoría de “Monumento” y que, salvo meritorias excepciones, se encuentran seriamente amenazados por su deficiente estado de conservación, cuando no están prácticamente arruinados.

En los últimos años se han venido realizando en distintos rincones de la provincia, tanto por la iniciativa pública como por parte de propietarios privados, obras de consolidación y de restauración de castillos, lienzos o torres. De la misma manera, se han potenciado o facilitado las visitas a las personas interesadas… Recordemos a modo de ejemplo los casos de Zahara, Olvera, la apertura del castillo de Arcos a visitas concertadas o el más conocido de la Torre de Matrera en Villamartín cuya restauración, no exenta de polémica, recibió numerosos premios internacionales.



En nuestro entorno, sin embargo, se caen literalmente a pedazos buena parte de las torres y castillos ante la pasividad de todos, ignorando que algunos de esos elementos pueden ser un atractivo turístico y cultural y un complemento a otras iniciativas de desarrollo rural. Así, nadie se ocupa de que la vegetación no termine por arruinar el viejo castillo de Berroquejo, levantado en el reinado de Alfonso X, como el de Torrestrella o el de Peña arpada, para el control de la frontera, al que las higueras y acebuches que crecen entre sus muros acabaran por destruir. El torreón del Cerro del Castillo, en Torrecera, muestra ya desplomado uno de sus lienzos sin que lleguen nunca las obras de consolidación o rehabilitación que reclama a gritos. Enclavado en la finca Torrecera, que recibe numerosas visitas a su magnífica bodega donde se elaboran los afamados vinos Entrechuelos o Alhocén, podría ser un complemento cultural e histórico extraordinario (¡ya quisieran muchas bodegas tener un castillo en sus viñedos!) que debieran sopesar sus propietarios, para intentar salvar así lo que queda de esta torre vigía almohade, antes de que desaparezca definitivamente.



Una suerte parecida corre la conocida Torre de Melgarejo, tan cercana a la ciudad, cuyo interior tiene también muestras claras de ruina. Su proximidad al Circuito de Velocidad y a importantes vías de comunicación y establecimientos hosteleros le permitiría integrarse en distintas iniciativas de desarrollo rural como un elemento histórico de gran interés… si estuviese consolidada y restaurada.



Así lo han entendido, por ejemplo, los propietarios del castillo de Gigonza que desde hace ya un tiempo vienen organizando visitas concertadas a esta antigua fortaleza que fue también notable casa de baños en los pasados siglos y que, poco a poco, están mejorando para poner en valor ese importante elemento patrimonial de la campiña que, no en balde, pasa por ser uno de los castillos mejor conservados y de mayor interés de nuestro territorio. O las bodegas Fundador, que han incluido la visita a la Torre de Macharnudo en una singular propuesta turística que combina el disfrutar de los mejores paisajes de viñedo del marco de Jerez, la degustación de los excelentes caldos de su bodega y los atractivos históricos de este enclave de la campiña.



El Tempul: un lugar con grandes potencialidades.

Peor lo tiene el antiguo castillo de Tempul, cuyas ruinas presiden aún el entorno del hermoso paraje donde se encuentra el manantial y la conocida venta del mismo nombre.



La que fuera en los siglos medievales una importante fortaleza, aún mantiene en pie algunos de sus lienzos y los restos de una torre, aupada sobre un mogote ofítico que por lo abrupto de sus paredes, hizo de ella un bastión casi inexpugnable.

Hace unos años, al calor de la buena acogida que tuvieron las instalaciones turísticas del Tajo del Águila, situadas justo enfrente de Tempul en la cercana población de Algar, se plantearon proyectos por parte de los ayuntamientos de San José del Valle, para consolidar sus restos. Se pretendía con ello integrarlo en una iniciativa que proponía instalar en la orilla del embalse de Guadalcacín que baña los pies del castillo, un complejo de turismo rural.

De aquel proyecto nunca más se supo, como del de la rehabilitación de la conocida Casa de las Aguas del manantial de Tempul. Se trata de una hermosa construcción del último tercio del XIX, arruinada en parte, que por hallarse en un privilegiado entorno donde abunda el agua y la vegetación, podría ser un elemento patrimonial de primer orden para la puesta en marcha de iniciativas de desarrollo rural en este inigualable rincón de la sierra. Años atrás, cuando se planteó instalar una planta embotelladora que aprovechase parte del caudal del manantial, parecía haber llegado la hora para la restauración de esta casa, aunque ambas iniciativas quedaron finalmente en el olvido. Muy cerca en el tiempo, hace tan sólo un par de años, de la mano del proyecto ACUADUCTA, se realizaron excavaciones en este mismo lugar que dieron como resultado el descubrimiento de algunos restos materiales del acueducto romano de Tempul a Gades.



No cabe duda de que este conjunto de elementos de interés en el entorno del manantial y sus propias instalaciones que datan de la década de los sesenta del siglo XIX, están pidiendo a gritos una “puesta en valor” que no acaba de llegar.

Zonas Arqueológicas… que duermen un sueño de siglos.



Los yacimientos arqueológicos de nuestro entorno corren también una suerte desigual en lo que a conservación se refiere. La base de datos del patrimonio inmueble del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, incluye un buen número de yacimientos en los alrededores de Jerez y otras localidades cercanas, entre los que figuran asentamientos, construcciones funerarias, edificios agropecuarios e industriales, infraestructuras hidráulicas, sitios con útiles líticos… pertenecientes a diferentes épocas históricas desde el Paleolítico a la Edad Media pasando por la Edad del Cobre, la Época romana o la andalusí.



Entre todos ellos merecen subrayarse Zonas Arqueológicas como la de Mesas de Asta, el Poblado de las Cumbres (en la Sierra de San Cristóbal), o el Castillo de Doña Blanca. Estas dos últimas, aunque se encuentran muy cercanas a la ciudad, se enclavan en el término municipal de El Puerto de Santa María.

El yacimiento de Asta Regia, ubicado en la barriada rural de Mesas de Asta, ha dormido el sueño de los justos desde 1956, año en el que D. Manuel Esteve llevara a cabo la última campaña de excavaciones y desde que en 1992 el Museo Arqueológico de Jerez estudiase parte de la necrópolis destruida parcialmente por el arado. Con presencia ininterrumpida desde el neolítico hasta el periodo califal de la época islámica, Mesas de Asta es un enclave de primer orden para conocer nuestra propia historia, como ya dejó claro el Foro Asta Regia, constituido en 2005 para impulsar los trabajos en este yacimiento que a decir de Esperanza Mata, puede ser uno de los más importantes de Andalucía. Tantas veces traído a los programas electorales y al que todos los grupos políticos quieren “poner en valor” (como gusta decir ahora), este yacimiento ha sido objeto en el último medio siglo de numerosas expoliaciones y un auténtico filón para los “piteros” que con sus detectores de metales han saqueado todos los rincones del enclave arrasando valiosos restos de gran valor histórico y científico. Las investigaciones que recientemente está llevando a cabo un equipo de la UCA bajo la dirección de Lázaro Lagóstena, con la utilización de un georradar, hacen albergar alguna esperanza de que en un futuro cercano puedan reiniciarse las excavaciones en los puntos de mayor interés: un sueño que dura ya demasiadas décadas.



Por la dificultad de los accesos, más difícil lo tiene el yacimiento arqueológico de Gibalbín así como las ruinas de la torre medieval, de la cerca almohade que la rodea y de los restos monumentales que se conservan en el cortijo de La Mazmorra. Una visita a Gibalbín deja clara la importancia histórica de este lugar en el que sólo un estudio arqueológico -que no acaba de llegar nunca- pondrá luz. Como diversos colectivos ciudadanos y culturales de la vecina población de El Cuervo vienen solicitando en los últimos años, sería necesaria una pronta intervención en Gibalbín… antes de que acaben de desplomarse las ruinas que aún se mantienen en pie o de que terminen por ser expoliadas (aún más) por los “buscadores de tesoros” –auténticos piratas de vestigios arqueológicos- que al igual que en Mesas de Asta, llevan décadas saqueando y destruyendo lo mejor de nuestro patrimonio rural.



Es ya un clamor que estos yacimientos merecerían ser investigados, conocidos y puestos en valor para que, como ya sucede en otros lugares de nuestro país, contribuyeran también al desarrollo de los núcleos rurales y el territorio donde se ubican.



Como un ejemplo positivo y esperanzador de intervención en nuestro entorno rural hay que subrayar el proyecto AQVA DUCTA, para la valorización patrimonial, económica y social del acueducto romano de Tempul a Gades. De la que fuera una de las más notables obras de ingeniería de la Hispania romana, con más de 75 km de recorrido entre la sierra y la costa, aún se conservan en algunos parajes de nuestras sierras y campiñas importantes vestigios que nos ayudan a vislumbrar lo que fue esta gran obra pública de la antigüedad. Algunos de ellos han salido a la luz con las intervenciones del equipo de profesionales de Aqua Ducta, y los elementos más notables, por su gran valor histórico y patrimonial, servirán de soporte a futuras acciones de carácter cultural, turístico y de desarrollo rural.



Un ejemplo, un buen ejemplo de que con proyectos serios y con apoyos de las administraciones y los particulares, que consideran estas iniciativas como una inversión a futuro, aún es posible salvar lo que queda de nuestro rico patrimonio en torno a Jerez.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con historia, Patrimonio en el mundo rural

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 17/09/2017

 
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