Tiempo de vendimia.
Un paseo por los pagos de viñas de Jerez (I).




La quietud del campo -ese tiempo lento en el que se suceden las estaciones en nuestra campiña- se ha visto interrumpida durante unas semanas con la vendimia, sus preparativos y sus faenas. En septiembre las viñas recuperan de nuevo nuestra atención, y aunque sólo sea por un mes al año, de pronto se recuerda que Jerez, la ciudad del vino y las bodegas, es también tierra de viñedos.

En los últimos años las máquinas han sustituido a los vendimiadores en buena parte del Marco y de un tiempo a esta parte, cada vez participan menos personas en la recogida de la uva. Con todo, no están lejos los días en los que buena parte de la población conocía los nombres de las viñas y de los principales pagos de viñedos. Ya quedaron atrás los tiempos en los que estos paisajes formaban parte del “imaginario colectivo”, del “ADN” -como gusta decir ahora- de una ciudad que cada vez da más la espalda al campo y a su entorno cercano. Precisamente por esto, y para traer de nuevo a la memoria los nombres de tantos rincones que durante siglos dieron con sus frutos fama a Jerez, vamos a dirigir hoy la mirada hacia los pagos de viñas, vamos a pasear por tierras de viñedos.

Los pagos de viñas.



En su ya célebre Diccionario del vino de Jerez, Julián Pemartín se refiere a nuestros pagos como “cada uno de los grupos de viñas, con tierras homogéneas y, en general, delimitados por accidentes topográficos, en que tradicionalmente se ha venido considerando dividida la zona vitícola jerezana”. (1)

A la ya tradicional división de nuestros viñedos en función del tipo de suelo sobre el que se asientan (albarizas, arenas y barros), Pemartín sugiere una división territorial de los mismos y añade que “los pagos del término de Jerez pueden considerarse, en amplio esquema, distribuidos en tres series. Una, hacia el lado este de la ciudad, rodeándola por todo ese flanco, cuyas tierras son en su mayoría de arenas o barros. El más importante de estos pagos es el de Montealegre. No pocos se han destinado a otros cultivos y algunos fueron absorbidos por la expansión urbana. La segunda serie, la constituyen otros pagos también próximos a Jerez, pero extendidos hacia el suroeste, ya con mejores tierras, pues en ellas abundan las albarizas y los bujeos. En esta serie descuella el agregado que forma el pago de Torrox con otros dos de semejantes características: Gibalcón y Anaferas. Y por último, la tercera y más importante serie en extensión y calidad, integrada por los pagos llamados de “afuera”, se extiende, casi sin solución de continuidad, desde el noreste al suroeste –siempre al poniente- y a través de cuatro conjuntos presididos por los mejores pagos de la zona: Carrascal, Macharnudo, Añina y Balbaina… Esta tercera serie constituye gran parte de la zona del Jerez Superior”. (2)



Para facilitar el recorrido por los pagos más notables y su localización espacial en la campiña jerezana, tomaremos como referencia los más conocidos que se extienden junto a las distintas carreteras que parten de Jerez (en sentido contrario a las agujas del reloj), así como los ubicados en sus proximidades y en otros territorios más alejados de aquellas.

Carretera de Sevilla.



Las tierras llanas del pago de Las Abiertas de Caulina acogieron buen número de viñas en tiempos pasados, pero en la actualidad apenas quedan algunas pequeñas fincas que lo recuerdan, al igual que sucede en el de Bogas, absorbido por el crecimiento urbano y sobre cuyos viñedos se trazaron el polígono Santa Cruz y el Parque Empresarial.

El pago de Lima está también ocupado en buena parte por los desarrollos de Guadalcacín y el más antiguo de Lárgalo, inmediato a la ciudad, perdió también sus viñedos al instalarse a comienzos del siglo XX el parque González Hontoria y al ir ocupándose progresivamente las viñas que se extendían a ambos lados de la calzada del Hato de la Carne, actual avenida de Europa.

En el pago de Ducha, dedicado hoy día mayoritariamente a cultivos de secano, hubo sin embargo muchos viñedos, siendo uno de los primeros que sufrieron la plaga de filoxera en 1894. En las tierras de Ducha, frente al aeropuerto, hubo ya una alquería árabe, Duŷŷa, como ha documentado el arabista M.A. Borrego Soto (3).



Como testigos mudos de que el de Ducha fue un renombrado pago de viñedos, están los restos de sus antiguas casas de viña: La Francesa, La Paz, Santa Matilde, Viña de Dios, La Montañesa… Una superviviente de aquellos tiempos es la Viña del Diablo (también conocida como san Patricio).



Algo más adelante, en dirección a la localidad de El Cuervo, el pago de Montegil conserva todavía una buena porción de viñas, en las laderas del alto del mismo nombre como la de Carreño, Montegil, Montegilillo, Portugalejo…



Carretera de Morabita.

El antiguo Camino de Lebrija, conocido también como “carretera de Morabita”, deja a ambos lados tradicionales pagos de viñas, especialmente en su margen izquierda.

El de Capirete, fue famoso por viñas como la de El Telégrafo, así llamada porque a principios del siglo XIX se instaló aquí una torrede la línea del telégrafo óptico que unía Cádiz con Madrid. San Cayetano, La





/>Recovera, La Mina o El Corregidor, son otras tantas viñas de este pago. La de San Cayetano fue una de las primeras que se abrió a la hostelería, hace ya más de treinta años, siendo uno de los “mostos” antiguos del Marco.

Colindante con el de Capirete se encuentra el de Los Manzanillos, con viñas como La Pescadera, La Carpintera, o La Carrandana, a las que se accede también desde la carretera de Trebujena.



Junto a los anteriores, uno de los pagos de mayores resonancias en este sector de la campiña es el de Carrascal, uno de los máximos exponentes de las tierras de albariza de la zona del Jerez Superior.



Se enclavan aquí famosas viñas, como La Canariera, o la más antigua de Viña Romano que, desde la entrada, nos deja ver su singular pozo junto al carril de acceso. Ambas viñas pertenecen a la marca vinatera González Byass que construyo la casa de La Canariera en 1846



-según reza en la lápida que puede verse en la puerta- como cabecera de sus explotaciones agrarias cumpliendo también, desde hace muchos años, la función de centro de actividades sociales de la empresa (4). El Corregidor es también una de las viñas de más solera de este sector, donde también se encuentran la Viña dos Mercedes, la de La Pavona, las de Clavería o la de La Panesa, desde donde obtenemos magníficas vistas a las marismas de Asta.



En esta ruta, y tras cruzar el Arroyo de Zarpa, encontramos también otro pago muy conocido, el de Espartinas, que se cuenta entre los más antiguos de Jerez y que extiende sus viñedos sobe una amplia loma que se alza entre la carretera y las antiguas marismas de Las Mesas. Destacan aquí viña Berango, cuyo caserío se asienta en la parte más elevada de esta loma y que hoy día, se dedica también a los cultivos de secano y a la ganadería equina. En la actualidad la finca alberga una prestigiosa ganadería de caballos hispano-árabes, una de las continuadoras del ya centenario hierro del marqués de Casa Domecq (5). Algo más adelante, también a la izquierda de la carretera, una cancela nos señala el acceso a la Viña La Alamedilla y al caserío del Cortijo de Espartinas, que no vemos desde la carretera por estar situado al otro lado de la loma, frente a Mesas de Asta.



Estas tierras de Espartinas fueron ya colonizadas en la época romana y su topónimo puede derivar, posiblemente, del nombre de un antiguo propietario: Spartus o Spartarius (6). Conviene recordar que en tierras del cortijo de Espartinas se encontró una estela funeraria de Baebius Hilarus, a quien Cesar Pemán identifica con un rico labrador al que hace referencia Marcial en sus Epigramas (7) y que bien pudo cultivar las primeras viñas de este antiguo pago.

Carretera de Trebujena.

Colindante con la zona norte de la ciudad, se emplaza junto a la carretera de Trebujena el pago de Raboatún (o Rabatún), hoy absorbido casi en su totalidad por el desarrollo urbano (Los Villares, Hospital, bodegas…). Más adelante, a unos 5 km, quedan a la derecha de la ruta algunas viñas de Los Manzanillos (La Carrandana, La Ramona) y las del célebre pago de



Almocadén (Matamoros, Cuerno de Oro…) uno de los de más nombradía, ubicado frente a Macharnudo. El de Almocadén guarda también en su topónimo resonancias árabes y alude al nombre con el que eran conocidos los guardas de los campos (8).



A la izquierda de la carretera encontramos el afamado pago de Macharnudo (Alto y Bajo), citado ya en las fuentes medievales. Su nombre alude a un caserío o cortijo ubicado en un lugar “pelado” o “desnudo”, carente de vegetación, aunque hoy día cubran sus laderas extensos viñedos (9). Entre todos ellos destaca El Majuelo, ubicado en lo más alto del cerro, presidido por su extenso caserío en el que sobresale el “castillo”, una torre



edificada sobre una antigua atalaya medieval, desde donde se domina un amplio sector de la campiña.

La Carreña, Picón, Santa Isabel, La Escribana, La Compañía,… son algunas de las muchas viñas de este pago de Macharnudo Alto. El de Macharnudo Bajo, limitado por la Cañada del amarguillo alberga también numerosos viñedos como Viña Belén, Los Arcos, San Francisco, La Panameña…

Cercano a los anteriores, el de Valcargado (Tabajete) linda ya con las marismas que se extienden a los pies de Mesas de Asta y, aunque ha perdido muchos de sus antiguas viñas, todavía conserva algunas muy conocidas como las de Santo Domingo, El Carmen, La Racha, San Leopoldo…



Ya en otros parajes más alejados, el pago de Burujena, situado al noroeste del término de Jerez y próximo a Trebujena, tiene buena parte de sus viñas orientadas hacia las marismas del Guadalquivir, como el de Martín Miguel, que adivinamos frente a nosotros en las cercanas tierras de Sanlúcar.

(Continuará...)

Para saber más:
(1) Pemartín, J.: Diccionario del vino de Jerez. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1965.
(2) García de Luján, A.: La viticultura del Jerez. Mundi-Prensa Libros, S.A. Madrid, 1997, pp. 40-41.
(3) Borrego Soto, M.A.: (2008) “Poetas del Jerez Islámico”, AAM 15: 4-78
(4) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes, 2002, p. 243-244
(5) Ibidem, p. 258
(6) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. S. de Publicaciones de la Universidad d Cádiz., 2003, Pg. 96
(7) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 169.
(8) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 212.
(9) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, pp. 263-264


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar:
Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 11/09/2016

LA TORRE DE MELGAREJO... UN AÑO DESPUÉS




Hace justo un año, el 22 de julio de 2018, publicábamos un S.O.S. ante el desplome parcial de los muros del castillo de Melgarejo. Un año después las cosas siguen estancadas y,salvo la protección de los muros con la polémica chapa (que tan criticada fue en su momento), la propiedad está a la espera de acometer las obras que frenen el deterioro y restauren este singular edificio.
Esto fue lo que escribimos entonces, y lo que traemos de nuevo, a modo de recordatorio, para que no se olvide y para urgir "a quienes corresponda" a actuar.

"Cuando nos referimos al patrimonio histórico o monumental de Jerez, por regla general, tendemos a pensar en clave urbana, limitando así los elementos que integran nuestro rico legado a aquellos edificios, iglesias, monumentos, o jardines históricos que podemos admirar en la ciudad. Junto a ellos, conviene recordar que entre los Bienes Catalogados de nuestro municipio aparecen otros muchos que se encuentran dispersos en distintos rincones de las campiñas. Una parte de ellos están amparados bajo el régimen de protección de Bien de Interés Cultural (B.I.C.), constituyendo en muchos casos un referente de primer orden en el paisaje en el que se enclavan y al que se encuentran vinculados por razones históricas y culturales.

De monumentos… y ruinas

Como es de suponer, la lucha por evitar la ruina y el mantenimiento y conservación de estos “monumentos” es asunto complejo. Como ejemplos positivos y de que se pueden dar pasos hacia la puesta en valor del patrimonio, en los últimos años se han venido realizando en distintos rincones de la provincia, tanto por la iniciativa pública como por parte de propietarios privados, obras de consolidación y de restauración de castillos, lienzos o torres. De la misma manera, se han potenciado o facilitado las visitas a las personas interesadas… Recordemos a modo de ejemplo los casos de Zahara y Olvera, la apertura del castillo de Arcos a visitas concertadas o el más conocido de la Torre de Matrera en Villamartín cuya restauración, no exenta de polémica, recibió numerosos premios internacionales.

Por citar ejemplos más cercanos a nuestra ciudad, así lo han entendido también los propietarios del castillo de Gigonza que desde hace ya un tiempo vienen organizando visitas concertadas a esta antigua fortaleza. Sus dependencias fueron también notable casa de baños en los pasados siglos y, poco a poco, se están mejorando para poner en valor ese importante elemento patrimonial de la campiña que, no en balde, pasa por ser uno de los castillos mejor conservados y de mayor interés de nuestro alfoz. Destacable es también el esfuerzo de bodegas Fundador, que han incluido la visita a la Torre de Macharnudo en una singular propuesta turística que combina el disfrutar de los mejores paisajes de viñedo del marco de Jerez, la degustación de los excelentes caldos de su bodega y los atractivos históricos de este enclave de la campiña.

En el otro lado de la balanza contemplamos, con más pena que gloria las torres, atalayas y castillos repartidos por el territorio, incluidos todos ellos en la categoría de “monumento” y que, salvo meritorias excepciones, se encuentran seriamente amenazados y algunos de ellos se caen, literalmente, a pedazos ante la pasividad de todos, ignorando que algunos de esos elementos podrían ser un atractivo turístico y cultural importante y un complemento a otras iniciativas de desarrollo rural.

Así, nadie se ocupa de que la vegetación no termine por arruinar el viejo castillo de Berroquejo, levantado en el reinado de Alfonso X, como el de Torrestrella o el de Peña Arpada, para el control de la frontera, al que las higueras y acebuches que crecen entre sus muros acabaran por destruir. El torreón del Cerro del Castillo, en Torrecera, muestra ya desplomado uno de sus lienzos sin que lleguen nunca las obras de consolidación o rehabilitación que reclama a gritos. Enclavado en la finca Torrecera, que recibe numerosas visitas a su magnífica bodega donde se elaboran los afamados vinos Entrechuelos o Alhocén, podría ser un complemento cultural e histórico extraordinario (¡ya quisieran muchas bodegas tener un castillo en sus viñedos!) que debieran sopesar sus propietarios, para intentar salvar así lo que queda de esta torre vigía almohade, antes de que desaparezca definitivamente.

La Torre de Melgarejo se desploma.

Con todo, uno de los casos más preocupantes es el de la conocida Torre de Melgarejo, tan cercana a la ciudad y visible para quienes transitan por la autovía Jerez-Arcos. A buen seguro, en las últimas semanas, muchos de los viajeros habrán podido observar con tristeza como su esquina de poniente se está desplomando. Una parte de los muros se ha venido, literalmente, al suelo, dejando a la vista la bóveda de cañón de una de las salas del antiguo castillo. Si a comienzos de agosto podía observarse un pequeño desprendimiento de bloques en el hueco de lo que fue una ventana, a día de hoy, tal como muestran las fotografías que adjuntamos, la esquina de los muros se ha arruinado formando un considerable cono de derrubios apreciable desde la carretera. Como se aprecia desde el exterior, las techumbres colindantes con los muros amenazan también con arruinarse a juzgar por los grandes bloques de piedra sueltos que se aprecian sobre la bóveda de una de las salas laterales, que ha quedado al descubierto.



La proximidad al Circuito de Velocidad y a importantes vías de comunicación y establecimientos hosteleros siempre nos hizo creer que, en un corto o medio plazo, la vieja torre y sus dependencias se recuperarían para el turismo o la hostelería tras ser consolidada y restaurada, pudiendo integrarse así en distintas iniciativas de desarrollo rural, habida cuenta de que constituye un elemento histórico y arquitectónico de gran interés.



Estos días, sin embargo, sólo albergamos malos augurios al contemplar el inexorable y rápido avance de la ruina y el desplome de los muros y techumbres. Una ruina que hay que parar cuanto antes, desde la propiedad de la Torre antes que nada y, si fuera preciso, con las pertinentes ayudas públicas también para que no termine por perderse definitivamente".




SI TE INTERESA ESTE TEMA, puedes consultar también:

La otras "Torres de Melgarejo"...  de las que nadie habla
http://www.entornoajerez.com/2019/03/las-otras-torres-de-melgarejo-de-las.html


Quienes quieran conocer la historia de la Torre de Melgarejo y la curiosa leyenda que tiene asociada pueden consultar el siguiente enlace:

https://www.entornoajerez.com/2014/01/una-leyenda-para-un-castillo-en-la.html

Una jornada de descorche con la cuadrilla de Juan Jiménez Yuste (II)


Mulo y corcho
... continuación de la entrada anterior

En el interior del alcornocal, mientras la cuadrilla continúa con la pela, Juan Jiménez, su capataz, sigue informando al grupo de visitantes sobre los pormenores de los trabajos de los corcheros.

Así, nos explica que la duración de la temporada es variable, pudiendo estar comprendida entre el 1 de junio y el 15 de septiembre, según las zonas. Por estos montes, lo habitual es que el grueso de la saca del corcho se realice en los meses de junio, julio y agosto y que cada cuadrilla trabaje unos 45 o 50 días de campaña por término medio. Aunque las tareas tradicionales del descorche no han variado gran cosa, si se han experimentado grandes cambios ha sido en la jornada laboral.

Modelando un 'cucharro'Atrás quedan los días en los que los corcheros trabajaban de sol a sol haciendo la vida en los “hatos”, como se conocen a los pequeños campamentos con chozos, que se montaban en las proximidades del tajo. Para su ubicación se buscaba la cercanía de algún arroyo o fuente, y en ellos instalaban los corcheros sus pertenencias. Se trabajaba entonces por quincenas, viviendo en el monte 13 días seguidos y descansando 2 en los que, si se podía, se bajaba al pueblo a ver a la familia y buscar provisiones… si es que la familia no residía también en el hato. La jornada empezaba sobre las siete de la mañana y a eso de las once se hacía un alto para dar cuenta de un buen puchero (guiso de garbanzos, patatas y tocino) y una piriñaca con abundante tomate, pimiento y cebolla servidos en un lebrillo o en un cucharro, uno de esos cuencos de corcho que fabrican los corcheros, donde se comía colectivamente por el método de “cucharada y paso atrás”. Sobre las tres de la tarde se hacía un alto para refrescarse con gazpacho y descansar un poco o dormir una siesta hasta las cinco. Después se volvía de nuevo a la faena hasta las ocho de la tarde, hora a la que solía terminar la jornada para dar paso a la cena, en la que la cuadrilla solía comer un potaje que se había preparado en el hato durante la tarde. El lector curioso podrá encontrar una completa descripción de la vida de los corcheros y del ambiente de los hatos en “Arrieros”, el delicioso libro de Isidro García Cigüenza, (pgs. 51-53), cuya lectura recomendamos.

... Una preguntita, Juan...Desde hace unos años, las cosas han cambiado radicalmente y sólo en raras ocasiones, los corcheros viven y duermen en el hato. La duración de la jornada se ha modificado y apenas se trabaja ya a jornal. Se llega al tajo en coche o en moto desde el pueblo y aunque la faena se inicia como siempre, con las primeras luces del día, a las 7 de la mañana, a las 3 de la tarde se termina. Como señala Juan, “antes se daba de mano a las 10 de la noche, cuando ya no se veía… Ahora a las 5 de la tarde ya está todo el mundo en su casa, comío y duchao”.

El capataz se extiende después explicando los detalles de las distintas tareas y es entonces cuando los visitantes preguntan por la cantidad de corcho que se recoge, por el rendimiento del alcornocal, por los jornales… Juan responde a todo con datos precisos: “…esta cuadrilla mueve al día casi 450 quintales, y entre unos días y otros se puede hacer una media de 30 a 35 Apilando panas de corchoquintales por persona”. El quintal es la “unidad de peso” entre los corcheros y equivale a 46 kg por lo que es fácil calcular que, en una buena jornada, cada corchero puede llegar a recoger tonelada y media de corcho.

Juan comenta como “antes lo más que se cogía era 15 quintales, y eso que la jornada del corchero era mucho más larga. Ahora se coge el doble. La explicación puede ser que se trabajaba a jornal y había más tiempo en el día y se rendía menos, no como ahora que se hace por los quintales de corcho recogido y todo el mundo se esfuerza más”. El capataz sigue respondiendo a las preguntas del grupo: “…por cada quintal que se pone en el patio la cuadrilla cobra 5,50 €… así que cada corchero puede llevarse, si el día ha sido bueno, una media de 120€ por jornada…”

Llegan los arrierosLos arrieros.

Los arrieros tienen cuenta aparte y según indica Juan, “el mulo se lleva 3,5 € por cada quintal que se carga, ya que también trabaja lo suyo y mantenerlo resulta costoso”. A decir de este veterano arriero, “consumen 6 o 7 kg de grano por cabeza y día… y con el trabajo tan grande que hacen tienen que estar bien alimentados. No se puede hacer lo que se hacía antes, echarles habas secas y ya está. Así se les desgastaba la dentadura enseguida y con 14 o 15 años ya estaba viejo… Hoy, se les alimenta con grano y van bien comidos y con 25 años tienen buena dentadura…”.

A todo ello hay que añadir otro dato de gran importancia y es que los arrieros son los miembros de la cuadrilla que más horas trabajan, debiendo levantarse un par de horas antes, a las 5 de la mañana, para preparar a las bestias. Al final de la jornada, cuando todos los corcheros dan de mano, el arriero aún debe descargar en el patio su última carga y, después, quitar a los mulos los mantichos y correajes y darles de comer y beber.

En estas explicaciones está Juan cuando por el carril vemos aparecer a los arrieros con su reata de mulos. El que encabeza la fila, un mulo blanco enjaezado con un vistosa jáquima de llamativo colorido se inquieta, tal vez porque la presencia del grupo le asusta, y parece querer Mulo enjaezadosalirse de la pista tratando de dar marcha atrás, un poco alterado. El arriero, se acerca entonces y en ese lenguaje que sólo ellos conocen, con chasquidos, casi con susurros, le “dice” que se calme, que esté tranquilo… Enseguida todo vuelve a la normalidad y el mulo, mansamente, como si hubiera entendido el mensaje, como si nada hubiese ocurrido, retorna a la vereda y sigue hasta un calvero entre los árboles en el que los arrecogeores han apilado las panas de corcho.

Mulo enjaezadoMientras el arriero y su ayudante van echando la carga en los andoques, una especie de angarillas metálicas plegables, Juan, arriero veterano y experto en estas faenas, explica a los visitantes como esta tarea exige una gran destreza para compensar adecuadamente la carga y evitar que se caiga después en su transporte hasta el patio. Isidro García Cigüenza en su libro “Arrieros” (pg. 52-53) , que es también un homenaje a estos hombres del monte y los caminos, recrea con todo detalle las dificultades de estas operaciones de carga que ahora vemos realizar con diligencia y maestría a los de la cuadrilla de Juan Jiménez Yuste, pero que hace décadas resultaban mucho más trabajosas. Dejemos que nos los cuente su protagonista, un viejo arriero:

Preparando la reata para la carga“Una cuadrilla de arrecogeores se encargaban de ir apilando las panas extraídas. Éramos nosotros entonces los que debíamos ir acomodando las tiras hasta conformar unos fardos bien compactos y ajustados llamados tercios. En la sabia preparación de estos tercios le iba la salud al animal ya que, si no estaban bien construidos, podían rozarles la barriga, provocar su caída y, caso de no ir amarrados como es debido, hasta asfixiarlos. Entre nosotros , Arriero en plena faenalos arrieros, era cosa común alardear de construir los tercios mejor que los demás: de colocar como nadie las corchas que iban debajo (las camas), de poner las cabeceras (las que iban a los lados) como era debido, de cubrir todo con las tapaeras y, una vez sobre el lomo del animal, de embombelar los paquetes para que aguantaran la fuerza de los lazos al amarrarlas y que no se cayeran.

Elevar los tercios, que bien podía Arriero en plena faenapesar cada uno 130 hilos, hasta le costillar del animal, primero uno y luego el otro, requería de la colaboración de los otros arrieros y un alarde de destreza para que, al soltarlos, quedaran debidamente suspendidos y equilibrados,. Después de haber cargado de esta manera los cuatro o cinco mulos que componían la reata, trasponíamos por vereas intransitables hasta donde estuviera el patio… Y todo, con el peligro añadido que suponía darse un topetazo con cualquier árbol, pegar un resbalón o que el animal tuviera un desfallecimiento y cayera al suelo destrozado por el peso que llevaba. Con el tiempo el sistema de fardos se fue Colocando la última pana de corchosustituyendo por el de las angarillas, unos aparatos articulados, de madera o hierro, que facilitaban mucho la tarea porque las corchas se cargaban a granel y no precisaban la ayuda de otros….”


El patio de corchas.

Mientras escuchamos estas historias, hemos sido acompañando a los arrieros, con su reata de mulos bien cargados de panas por la pista forestal que conduce hasta el patio Asegurando la cargade corchas. Cada animal puede llevar hasta cuatro quintales en sus lomos, por lo que sus servicios resultan insustituibles en estos lugares de pendientes escarpadas, de monte cerrado y accidentado. Si bien en muchas dehesas extremeñas o en algunos alcornocales gaditanos de llanura pueden utilizarse vehículos motorizados para el transporte de las panas, en lugares como estos montes de Alcalá, el concurso de los mulos es y será imprescindible para Reata de mulos camino del patio de corchassu extracción.

Al poco, como si de una procesión detrás de un santo se tratase, los visitantes llegamos tras los mulos y los arrieros al patio de corchas. Junto a él hay también instalado un mínimo y reducido “hato” donde los trabajadores de la cuadrilla dejan sus neveras y sus capachos con las bebidas y las viandas a la sombra de unos frondosos árboles, entre los que se distingue un soberbio peruétano.

El patio de corchas, un espacio despejado de vegetación que se abre junto a la pista forestal, es un desorden de cortezas de corcho de todas las formas y tamaños, un caos de panas que esperan ser adecuadamente dispuestas para evitar que el sol las seque demasiado y para facilitar su carga en el camión que habrá de llevarlas a la fábrica.

Patio de corchas
En un rincón del patio llama la atención la cabria, manejada por los “fieles” o pesadores que cargan su peculiar plato de “balanza”, de forma triangular, con las panas que a sus pies descargan los mulos. Casi tres quintales puede pesar de una vez esta enorme romana que cuelga de un gran trípode. Para velar por los intereses de las partes intervinientes en el descorche, suele haber un fiel puesto por el vendedor, otro por el comprador y, a veces, un 'Cabria' para pesar el corchotercero por el contratista que tiene a su cargo la extracción del corcho. Con tantos “ojos” pendientes de la operación, y tantas manos para cargar la cabria, no hay pana de corcho que se escape al peso. Y es que hay que llevar las pesadas al día y darse prisa por que el corcho se seca y pierde peso…

Según nos explica Juan, el camión que habrá de llevar el corcho a la fábrica vendrá de un momento a otro. Muchas veces hemos visto Descargando el corcho de los mulosestos camiones por las carreteras que llaman la atención por su singular carga de panas perfectamente apiladas, sobresaliendo por encima de la cabina y el remolque en un equilibrio que se nos antoja imposible. Estibar el camión requiere una gran destreza ya que la disposición de las corchas no puede hacerse al azar, sino buscando ese difícil juego de contrapesos que permita levantar la altura de la carga, ganando en superficie, hasta proyectarse por los 'Fieles' o pesadoreslaterales, multiplicando así el volumen transportado. Un nuevo derroche de oficio, otro más, el último ya, en las faenas de la saca del corcho.

Despedida.

Nos despedimos de los corcheros y continuamos nuestro camino por la pista hacia los vehículos que nos habrán de llevar, a través del monte, hasta la carretera donde nos espera el autobús. Caminamos ahora a la sombra de magníficos ejemplares de alcornoque y, cuando me alejo un poco del grupo para hacer unas fotos y, por un momento camino por lo más espeso del bosque, no puedo sino Preparando la partidarecordar algunas de las escenas que Luis Berenguer narra en “El mundo de Juan Lobón”. Por un instante, me siento, como escribe Enrique Montiel recreando las andanzas del cazador furtivo, “en los predios de la libertad”, donde “… hay un pueblo que se llama Pueblo que está al sur de una laguna que se llama Laguna… A la otra orilla de la campiña de pueblos blancos, entre el litoral gaditano y la lejanía de las sierras, siempre hubo un mundo clausurado por el misterio y el milagro de la naturaleza… Hoy llamamos Los Alcornocales a esa toponimia inventada de encrucijadas y estribaciones donde transcurre la acción de El mundo de Juan Lobón”.

Esos hermosos parajes que hemos recorrido acompañando a la cuadrilla de corcheros de Juan Jiménez Yuste.

Por si te interesa, también hemos publicado en este blog otros temas relacionados con el que aquí se trata. Puedes verlos en
-Una jornada de descorche en los Montes de Alcalá (I)
-La memoria del corcho. Una visita a la suberoteca de Andalucía en Alcalá.

 
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