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Las Salinillas de Vicos.
Un paraje singular entre cerros de albariza.




A Paco Giles y Santiago Valiente, “maestros salineros”

En estas páginas en las que recorremos los rincones de la campiña “en torno a Jerez”, nos hemos ocupado en distintas ocasiones de las pequeñas lagunas o humedales salobres, donde “cuaja la sal”, que encontramos repartidas por nuestro término. Para ello hemos dedicado artículos a las Salinillas de Estella del Marqués, a las Salinas de Fortuna situadas entre los cortijos de Doña Benita y La Matanza o las Salinillas de Santo Domingo, junto a la carretera del Calvario (1), por citar sólo algunas. Hoy, en este recorrido por la geografía de las pequeñas salinas de interior, les proponemos una visita a un lugar poco conocido donde se encuentran las Salinillas de Vicos, también conocidas como Salinillas de Jédula.

Un escondido paraje.

Si bien las fuentes documentales que se refieren a él son escasas, este paraje con el nombre de Salinillas de Vicos, figura ya en el Plano Parcelario del término de Jerez, elaborado en 1904 por A. López-Cepero (4). Aunque está situado en las proximidades de Vicos y Jédula no se



muestra fácilmente a los ojos del paseante. Y ello es debido a que se encuentra rodeado por pequeños cerros que ocultan su vista a quienes transitan por la carretera de Arcos o por la Cañada de Vicos o de las Mesas, que discurren a penas a 1 km de este lugar.

Al norte lo protegen las lomas de albarizas del cerro de Monte Corto (117 m) y Cerro Blanco (154 m), donde se encuentra el cortijo de Monte Corto Alto. Al oeste, el de Rodahuevos (118 m) y al sur los cerros de Totanlán (117 m) y Totanlancillo (118 m) colindantes con la carretera de Arcos junto a la que despuntan frente a los llanos del cortijo de Vicos. Tan sólo hacia levante se abre un poco este rincón dejando paso al arroyo que cruza las salinillas, un pequeño curso sin nombre que se forma por la confluencia de los que bajan de los citados cerros y se explaya a los pies de la pequeña garganta que se forma entre los mencionados cerros. Se trata, en todo caso, de pequeños cursos de agua tributarios del Arroyo de Montecorto que lo es a su vez del Salado de Caulina, en el que desagua junto al cortijo de Jarilla Jareta.

Las Salinillas de Vicos o de Jédula.



Llegamos a las Salinillas desde la autovía de Jerez-Arcos, tomando la salida que conduce al cortijo de Vicos. Una rotonda nos desvía entonces hacia Jédula y a la Vía Pecuaria, dirección esta última que será la que tomemos. Se trata de la Cañada de Vicos o de las Mesas, un camino -tal vez milenario, como veremos- que conduce hacia Gibalbín pasando por las Mesas de Santiago.

Lamentablemente, en muchos de sus tramos, los márgenes de la cañada han sido ocupados, para instalar huertos y casetas que se extiende casi hasta el cortijo de Campo Real. En su tramo inicial, el camino deja a la derecha antiguas instalaciones de la Yeguada Militar, hoy abandonadas, y a la izquierda las pronunciadas laderas de la falda este del Cerro de Totanlán en el que se han venido realizando, años atrás, trabajos de repoblación forestal -sin mucho éxito-para frenar la fuerte erosión de estas lomas.



A unos 600 m nos llama la atención a la izquierda, en las laderas del cerro, una profunda cárcava excavada por las aguas de lluvia que por aquí se canalizan y que llegan a formar a sus pies una gran lámina de agua que inunda el camino, cuando aquellas son copiosas. En sus proximidades, en el lado derecho de la cañada, aflora una pequeña surgencia en el interior de los terrenos militares, en torno a la cual está presente la vegetación propia de los suelos húmedos.

Delatada por el color blanquecino de su fondo y por las plantas propias de los suelos salobres que crecen en su perímetro, como las salicornias, esta pequeña laguna estacional es también conocida como La Salinilla de Vicos o de Jédula, aunque nosotros preferimos reservar este nombre para el siguiente paraje -menos conocido- que visitaremos.

En los meses del estío, los limos blanquecinos de la albariza arrastrada por las escorrentías de las laderas del cerro que constituyen su fondo, se cubren de un delgado velo de sal que desaparece con las primeras lluvias. En el lecho de esta pequeña laguna y en sus laderas, “se han documentado fragmentos cerámicos del Bronce Final y Orientalizante junto a otros a torno de época medieval” lo que testimonia la utilización de los recursos que proporcionaba este espacio desde tiempos remotos (3).



Siguiendo nuestro camino por la vía pecuaria y dejando atrás este paraje, observaremos que unos 300 m más adelante, el paisaje se abre a la izquierda mostrándonos el pequeño valle por el que discurre en dirección oeste el Arroyo de Monte Corto Bajo. En este punto, abandonaremos la cañada desviándonos a la izquierda por un estrecho sendero que discurre a los pies del cerro de Totanlán. Tras superar un pequeño collado veremos frente a nosotros el paraje de Las Salinillas, al que llegaremos tras recorrer apenas un km. desde que dejamos la cañada.

En nuestro camino se divisa a la derecha, entre cerros sembrados de girasol y cereal, el cortijo de Montecorto Bajo, que da nombre al arroyo. Bajo las lomas de su margen derecha se trazó el conocido como “túnel de Jédula”, una obra de más de 4 km que atraviesa un canal de riego que asoma en el cortijo de Montecorto, y que permitió llevar el agua del pantano de Guadalcacín a los llanos de Caulina a través de los sifones de la Junta de los Ríos (4).

Después de un corto paseo, el paisaje se abre formándose un llano entre los cerros en el que desaguan varios arroyos que bajan desde Cerro Blanco y desde las laderas de los cerros de Totanlán y Totanlancillo, a cuyos pies nos encontramos. Si visitamos estos parajes en primavera, disfrutaremos del verdor de estas lomas, donde crecen también espinos, acebuches, coscojas, aladiernos, peruétanos… y, sobre todo, del de las orillas de estos arroyos, pobladas de tarajes que por algunos lugares llegar a formar pequeños bosquetes.

En verano, apenas un hilo de agua corre por su cauce que, por algunos rincones, se extiende en amplias zonas llanas y nos muestra en la base de los cerros curiosas formas erosivas en la



roca albariza
en las que los amantes de la geología podrán realizar curiosas observaciones. Caminando por la orilla, aguas arriba, podemos remontar el arroyo hasta su cabecera en un corto paseo de algo más de un km, donde una pequeña surgencia aporta en verano un mínimo caudal. A medida que avanzamos, el valle se encajona entre los cerros y se estrecha, formando pequeños meandros en los que la erosión fluvial ha labrado caprichosas formas en sus laderas.



En la estación seca, una lámina blanquecina cubre los depósitos de lodos que se extienden a las orillas del cauce, delatando el carácter salobre de sus aguas. Con todo, la concentración salina de estos arroyos es menor que la que apreciamos en otros parajes salinos de la campiña jerezana (Las Salinillas de Santo Domingo, Las Salinillas de Estella del Marqués, Las Salinas de Fortuna…) y de las que nos hemos ocupado en estas páginas (5). Por esta razón, aunque una tenue película blanca recubra las orillas y el lecho del arroyo, solo cuaja la sal de una manera llamativa en algunos puntos donde se ha retenido mayor cantidad de agua. En todo caso, el paseante curioso, podrá observar cómo se visten de blanco los tallos de la vegetación de las orillas o como se forman curiosas figuras en el lecho cuarteado del arroyo cubiertas por una delicada capa blanca.



La sal forma pequeños grumos sobre antiguas traviesas de ferrocarril que llaman la atención desperdigadas por distintos rincones de este paraje. Proceden del desmontaje de la antigua traza del Ferrocarril de la Sierra que pasaba por el cercano cortijo de Monte Corto Bajo, y fueron utilizadas para los cercados de las viñas de Cerro Blanco, siendo arrastradas por las aguas torrenciales tras erosionar las laderas.

Esta circunstancia -la erosión tras la puesta en cultivo de estas lomas que antaño estuvieron cubiertas de monte bajo- ha hecho también que, en las últimas décadas, según testimonios orales de vecinos y pastores de la zona, los arrastres de tierra por el arroyo hayan disminuido y enmascarado los depósitos salinos.

Con respecto a su posible explotación no poseemos datos, pero dudamos de que, por las razones comentadas, la sal pudiera ser extraída de manera regular como si se hizo en las Salinillas de la carretera del Calvario o en las de Fortuna, junto a Doña Benita.



Creemos que, en todo caso, tal vez se pudo hacer un uso muy puntual de los pequeños depósitos de sal para la extracción ocasional de pequeñas cantidades por parte de los habitantes de enclaves rurales cercanos, así como para uso ganadero. Aunque no han quedado testimonios documentales de ello, es posible que en tiempos remotos Las Salinillas tuviesen algún tipo de aprovechamiento a juzgar por los restos de cerámica que se observan en sus alrededores, y por los diferentes asentamientos rurales que desde la antigüedad y los siglos medievales se hallaban en su entorno cercano.

Un paraje con historia.



En las cercanías de Las Salinillas de Vicos, existen no pocos enclaves de interés, algunos de los cuales han sido ocupados desde la antigüedad. Por citar sólo los más cercanos, en un radio de 2 km se encuentran los cortijos de Vicos, Montecorto, Campo Real o la población de Jédula, lugar este último con yacimientos romanos y huellas de presencia andalusí (6). A 3 km se ubica La Peñuela, con restos romanos y tardo-romanos (7), y a unos 5 Km Mesas de Santiago, cortijo de Jara y Encinar de Vicos, todos ellos con importantes vestigios de época antigua y medieval.

El enclave de Vicos, muy cercano a Las Salinillas, de donde toma su nombre, tiene ya en su topónimo sugerentes vinculaciones con la posible presencia romana en la zona. Derivado del sustantivo latino Vicus, y con el significado de pago, aldea o cortijo, apunta ya a la ocupación antigua de este territorio, cuyo nombre se ha mantenido desde los primeros días de la conquista tal como queda recogido en las fuentes escritas castellanas (8).

Junto a la presencia romana, destaca especialmente la ocupación andalusí de este territorio en el que debieron existir distintas alquerías de las que dependían las pequeñas propiedades rústicas (“maysar”): los machares o cortijos andalusíes (9). Algunos de sus nombres han llegado hasta nosotros y figuran ya en el documento de deslinde de términos entre Jerez y Arcos, aprobado por Alfonso X en 1274. Son los de Machar Xebut, Machar Almidax (“camino trillado”) y Machar Allha, (próximos todos a la zona del actual cortijo de Vicos y a Jédula), así como el de Machar Haní (“lugar verdeante, o de color verde intenso”) más cercano al término de Arcos y en el mismo sector (10). Junto a la aldea de Vicos, el más cercano a Las Salinillas debió ser el de Machar Almidax del sabemos que lindaba con Vicos al que estaba estaba unido por un camino: “la carrera que ba de Mathaz Almida por Vico”. Luis Iglesias García plantea su posible emplazamiento en el actual cortijo de Campo Real (11). Con respecto a Machar Xebut, Astillero Ramos sugiere su ubicación en las cercanas tierras de los actuales cortijos de Casa Blanca y Albardén (12).



Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que estos parajes estuvieron poblados y bien comunicados. Por sus cercanías pasaba también una importante vía de comunicación en la época andalusí que unía Algeciras con Sevilla, tal como describe al-Idrisi en el siglo XII. Procedente de Medina Sidonia, cruzaba el Guadalete y se dirigía hacia Gibalbín para llegar después a Torres de Alocaz, desde donde continuaba hasta Sevilla (13). Un camino similar al seguido cuatro siglos antes por Musa Ibn Nusayr que, a decir del historiador F. Hernández, entre Medina y Alocaz, iría por el camino viejo de Arcos, yendo a cruzar el Guadalete por el Vado de Sera (Torrecera), desde el que se proseguiría hasta el Puerto de Las Palmas (entre Las Salinillas y Jédula), para dirigirse desde aquí por la antigua Venta del Cantero (Gibalbín) hasta Alocaz (14).



Cuando regresamos de nuestra visita a Las Salinillas, dejando atrás los paisajes y la historia de este poco conocido rincón de nuestra campiña, subimos hasta el Cerro de Totanlán desde el que obtenemos unas magníficas vistas de este singular paraje. Que tengan ustedes buen verano.

Para saber más:
(1) Sobre otras salinas y salinillas en la campiña de jerez puede consultarse: García Lázaro, J. y A.:Las Salinillas de la carretera del Calvario”. Diario de Jerez, 19 de junio de 2016. "Salinas con historia junto a Estella del Marqués", Diario de Jerez, 28 de junio de 2015; "Las Salinas de Fortuna. Un rincón desconocido de nuestra campiña", Diario de Jerez, 2 de julio de 2017.
(2) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López-Cepero, Año de 1904. Escala 1:25.000.
(3) Santiago Valiente Cánovas, S., Giles Pacheco, F., Gutiérrez López, J.M., Reinoso del Río, Mª C. y Giles Guzmán, F.:Humedales salobres como fuente de extracción de sal en jerez de la frontera y su entorno: Cortijo de Salinillas y “Las Salinillas” de Estella del Marqués”, en línea [https://www.academia.edu/35517485/Humedales_salobres_como_fuente_de_extracci%C3%B3n_de_sal_en_Jerez_de_la_Frontera_y_su_entorno_Cortijo_de_Salinillas_y_Las_Salinillas_de_Estella_del_Marqu%C3%A9s]; consulta realizada el 04/07/2018.
(4) Sobre el túnel de Jédula puede verse García Lázaro, J. y A.:El acueducto de la Canaleja: una pequeña obra con un gran valor, Diario de Jerez, 22 de febrero de 2014. De los mismos autores, véase también "Tras las huellas de una histórica "Matanza". Por tierras de Jédula", Diario de Jerez, 5 de febrero de 2017.
(5) Ver referencias en nota 1.
(6) Sobré los yacimientos arqueológicos de Jédula puede consultarse Carta Arqueológica del término municipal de Arcos de la frontera, 2009, Vol. I, pp. 51 y 58. Véase también, Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p.134.
(7) Rodríguez Oliva, P.: La caja de sarcófago decorada de "La Peñuela". Museo Arqueológico Municipal de Jerez/Asociación de Amigos del Museo. La pieza del mes, 21 de marzo de 2015. En línea [http://www.jerez.es/fileadmin/Image_Archive/Museo/LA_CAJA_DE_SARCOFAGO_DE_LA_PENUELA.pdf], consulta realizada el 04/07/2018.
(8) Martínez Ruiz, Juan: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII. Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de a muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, pp. 100-101; Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), p. 282.; Gordón Peral. Mª D.: “Toponimia e Historia. Estudio histórico-lingüístico de los nombres de lugar de Marchena”. En Actas de las XIII Jornadas Sobre Historia de Marchena. Marchena. Ayuntamiento de Marchena. 2009, p.27; González Jiménez, M. (Ed), Diplomatario andaluz de Alfonso X, El Monte, Caja de Huelva y Sevilla, 1991. Doc. 416, pp. 440-443.
(9) Gutiérrez López, J.Mª y Martínez Enamorado, V.: “Matrera (Villamartín): una fortaleza andalusí en el alfoz de Arcos”. I Congreso de Historia de Arcos de la Frontera. Ayuntamiento de Arcos, 2003, p. 114-115.
(10) González Jiménez, M. (Ed), Diplomatario… pp. 440-443.; Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia… op. cit., pp. 278-279; Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pp. 171, 278-279.
(11) Iglesias García, L.: Jerez durante la baja Edad Media: transformaciones territoriales. Revista de Historia de Jerez, 19 (2016) 37-70. p 51.
(12) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p.135.
(13) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p.34-35 Abellán Pérez, J.: “Las vías de comunicación gaditanas en el siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII. Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de a muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, pp. 128-129.
(14) Abellán Pérez, J.: La cora… p. 40; Abellán Pérez, J.: “Las vías de comunicación… p.132.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Geología y paisajes, Lagunas y humedales, Paisajes con historia, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/07/2018

Lugares de la memoria.
Un recorrido en recuerdo de las víctimas del golpe militar y la dictadura.




El pasado 14 de junio se ha conmemorado en Andalucía el Día de la Memoria Histórica como homenaje a las víctimas del golpe militar y la dictadura.

Cuando hablamos de “Memoria Histórica” como explican claramente los colaboradores e investigadores de asociaciones como “Todos los nombres” o “Jerez Recuerda”, o como sostiene la plataforma para la Memoria Democrática de Jerez, estamos hablando, sobre todo, de justicia. En estos tiempos revueltos en los que se quiere pasar página apresuradamente, sin que haya dado tiempo a escribirla ni a leerla, en estos tiempos en los que no faltan quienes reinventan la historia a su capricho, conviene, antes que cualquier otra cosa, hablar de justicia y hacer justicia. Justicia a tantos nombres, que es decir personas, que es decir vidas, familias, recuerdos, memoria.

En los últimos años, grupos y asociaciones como las mencionadas, contando con el trabajo de familiares e investigadores, han ido construyendo y publicando una completa base de datos y poniendo nombre a las víctimas de la represión franquista en Jerez (1). Trabajos como el realizado por la Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica “Jerez Recuerda” (2), o el realizado por José García Cabrera y Cristóbal Orellana González (3), han aportado valiosos datos sobre centenares de víctimas.

Los Lugares de la Memoria.

Junto a los nombres de personas, los estudios realizados informan también de los lugares donde fueron asesinadas. Lugares que guardan memoria de aquellos episodios sangrientos con los que el golpe militar de 1936 llenó muchos rincones de la campiña. Para que tampoco se olviden. Son nombres ligados ya para siempre a parajes que fueron escenario de la injusticia y del crimen, “lugares para la Memoria”.

Con la finalidad de que no quedaran en el olvido, la Junta de Andalucía creó en 2011 la figura de Lugar de Memoria Histórica y el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía (4). Como se indica en el Decreto de su creación, se entienden por tales “aquellos vinculados a hechos o acontecimientos singulares ocurridos durante la guerra ocasionada por el golpe de estado militar y la Dictadura franquista, desde el 18 de julio de 1936, fecha de la sublevación militar contra el Gobierno legítimo de la II República Española, hasta el 29 de diciembre de 1978, fecha de entrada en vigor de la Constitución Española”. Como se desprende de la normativa, la declaración de un Lugar de Memoria Histórica trae de la mano el “recordatorio y el reconocimiento de las personas que sufrieron violencia, vejación, persecución o privación de libertad por el mero hecho del ejercicio de sus derechos fundamentales, así como por la defensa del Estado legítimo, de las libertades y de la democracia” (5).

Como instrumento para su conocimiento, consulta y divulgación, se ha creado también el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. Entre 2011 y 2017, y por diferentes acuerdos del Consejo de Gobierno, se han incluido un total de 41 de estos emplazamientos, estando en estudio la declaración de otros 13 (6). En lo que respecta a la provincia de Cádiz los Lugares de la Memoria que por ahora forman parte de este inventario son la fosa común del cortijo El Marrufo (Jerez), el castillo de San Sebastián y los muros de Puerta de Tierra (Cádiz), escenarios de prisión y fusilamiento masivo, el antiguo penal de El Puerto de Santa María donde se hacinaron hasta 6.000 presos, el valle de la Sauceda, último lugar de resistencia republicana donde las 'operaciones de limpieza' dejarían un reguero de asesinatos, y la “fosa de las mujeres” de Grazalema. En referencia a este último lugar, las autoridades falangistas detuvieron a 15 mujeres, luego rapadas, paseadas y cruelmente asesinadas. En 2008 fueron rescatados los restos de un niño y 15 mujeres. Tres de ellas estaban embarazadas (7).

Lugares de la Memoria en Jerez.



Aunque no están incluidos en el inventario oficial, queremos traer aquí el recuerdo de algunos rincones de la ciudad y de distintos parajes de los alrededores de Jerez o diseminados por la campiña que guardan también la memoria de tantas víctimas. En todos ellos, como se detalla en los estudios ya citados, tuvieron lugar fusilamientos, desapariciones, torturas, prisión o internamiento de la mano de la represión franquista. En algunos de ellos mencionaremos, a modo de testimonio, el nombre de distintas personas que allí fueron asesinadas tal como se recoge en los trabajos de García Cabrera y Orellana González.

En el casco urbano son tristemente célebres lugares como las inmediaciones de la conocida Huerta de Terry, las tapias del cementerio de Santo Domingo o las explanadas cercanas a la Plaza de Toros donde fusilaron, entre otros, al viticultor Florencio Bustillo Moyano. En el entorno del Parque Scout está aún la fosa del cementerio de Santo Domingo. En La Rosaleda del Parque G. Hontoria encontró la muerte el albañil Carlos Rodríguez Alcedo y en el solar del antiguo Teatro Eslava o en los muros del Alcázar, junto a la alameda Vieja, fueron ejecutados muchos jerezanos como el camarero José Aguilar Heredia. Los alrededores de la Puerta de Rota fueron también triste escenario de la represión de ciudadanos como Francisco Acosta Gaitero, empleado municipal, al igual que sucedió en el cercano y conocido Pozo de la Víbora, en Picadueña Baja donde acabaron con la vida, entre otros, de Francisco Guerra Tenorio, periodista y escritor. En el Cuartel de Caballería fusilaron a Juan A. Marín Jiménez, maestro de la escuela de Montealegre, en el Picadero de Domecq a Manuel Salado González y en El Portal a Francisco López Tejero, ferroviario.

Los caminos y carreteras de entrada y salida de la población fueron también lugares elegidos por los sublevados para asesinar y hacer desaparecer en fosas improvisadas a muchos jerezanos. La Laguna de Medina, la Sierra de San Cristóbal, la carretera de La Barca o las cunetas de la carretera de Trebujena son algunos de ellos, como recordaba Manuel Soto, “Sordera de Jerez”, testigo de las matanzas en este último lugar (8).



En la Hijuela de Albadalejo se ejecutó a Juan mesa Ramírez, cajonero y otros muchos jerezanos fueron llevados hasta el tristemente célebre Rancho del Pescadero (junto a la actual Laguna de Torrox), situado en el tramo inicial de La Trocha, el antiguo y trágico camino de El Puerto, donde fusilaron y enterraron a tantos convecinos como al albañil José Arantave Ortegón. Junto a la Casa de Postas, cercana a Torremelgarejo, en la carretera de Jerez a Arcos, ejecutaron y enterraron en una fosa cuyo paradero se desconoce a veinte vecinos de Algar, entre los que se encontraban los miembros de su corporación municipal (9). En las cercanías de este paraje estaban las antiguas canteras y caleras de Torremelgarejo, un lugar donde hacer desaparecer con relativa facilidad los cadáveres de las víctimas.

Un entorno rural marcado por la represión.



Nuestro entorno rural no se vio libre de los crímenes de la represión franquista. En la Cañada de Tocina se dio muerte a Francisco Sánchez Fernández, en la Torre de Melgarejo a Antonio Morales Bernal, en el cortijo de El Majuelo al tonelero Lorenzo Montes Cerro y en San José del Valle, entre otros muchos, al agricultor Lorenzo Pérez Almagro.

En nuestro entorno serrano, al este del término, se prodigaron las ejecuciones: en Los Castillejos mataron a Francisco Pérez Fernández, en el cortijo de La Alcaría al hortelano José Romero Núñez, en los Montes de Propios a Manuel García Román, en la Ermita del Mimbral a Juan Durán Orellana, concejal del PCE… y a tantos otros. En este sector se encuentran también no pocas fosas que precisan ser localizadas e investigadas para que un día, puedan exhumarse los cadáveres de las víctimas allí enterradas. Como la que se encuentra en algún lugar del punto kilométrico 56-57 de la carretera de Cortes o la que se localiza en el cortijo de La Jarda, en el fondo de un barranco.



Pero sin duda, la más conocida es la que ubicada en El Marrufo, situada cerca de la capilla de este cortijo próximo a La Sauceda y al Puerto de Gáliz. Tras unas naves que aún hoy se conservan, en una pequeña pendiente sobre la que en tiempos pasados podía verse una pequeña cruz de hierro, se encuentra la fosa. Allí están enterrados los restos de mujeres y niños que fueron apresados en la aldea de La Sauceda (10). Declarado como Lugar de la Memoria de Andalucía, el cortijo de El Marrufo puede albergar en sus fosas los restos de más de 600 víctimas de la represión franquista y de los fusilamientos masivos que aquí tuvieron lugar entre noviembre de 1936 y febrero de 1937. Hasta el cortijo, que funcionó como un auténtico centro de tortura y exterminio, “llegaron camiones cargados de mujeres y niños, y hombres a pie, procedentes de La Sauceda. Por la noche, las mujeres eran sacadas de la capilla para ser violadas y fusiladas” (11). En su entorno existen varias zonas de enterramiento, donde en el verano de 2012 pudieron recuperarse los restos de 28 víctimas, 13 de las cuales pudieron ser identificadas y enterradas dignamente en el cementerio de La Sauceda.



Junto a El Marrufo, el cercano Valle de la Sauceda, a caballo entre las provincias de Cádiz y Málaga, fue también declarado como Lugar de la Memoria. El poblado de La Sauceda, emplazado en las laderas de la Sierra del Aljibe fue el último lugar de resistencia republicana. Allí se refugiaron numerosas personas procedentes de las poblaciones del entorno (Alcalá, Cortes, Jimena, Algar, San José del Valle, Ubrique…) que huían del avance de las tropas sublevadas. El poblado fue bombardeado, atacado y destruido por las columnas que procedían de Jerez al mando del Comandante Militar de la plaza, Salvador Arizón, de infausto recuerdo. Las 'operaciones de limpieza' dejarían un reguero de asesinatos que culminarían con los fusilamientos masivos de El Marrufo y otros lugares del entorno. Junto al antiguo cuartelillo de Puerto de Gáliz, una ladera conserva todavía el recuerdo de aquellos episodios siendo conocida como “Majá de los Muertos” (12).

Garcisobaco y Vicos.

No queremos terminar este recorrido por los Lugares de la Memoria sin referirnos a los cortijos de Garcisobaco y Vicos, que albergaron durante al menos cinco años (1936-1941) los “batallones disciplinarios de soldados trabajadores”, eufemismo con el que se encubrían los trabajos forzados de muchos republicanos represaliados retenidos durante años en estos lugares que funcionaron como “campos de concentración” (13).

En Garcisobaco, próximo a los Montes de Propios de Jerez, los presos trabajaron en la construcción de caminos forestales. En el cortijo de Vicos, donde se ubicaba una unidad militar dependiente del Depósito de Recría y Doma de Jerez, dedicada a la cría de ganado caballar, estuvieron detenidos numerosos jerezanos a la espera de Consejo de Guerra. Durante este tiempo realizaron tareas agrícolas o trabajos forzosos, como los caminos que unen el cortijo con la carretera de Arcos y Garrapilos.

Los investigadores José García Cabrera y Cristóbal Orellana han aportado numerosos testimonios de personas que estuvieron retenidas en estas instalaciones en el marco de un estudio que la Plataforma por la Memoria Democrática de Jerez ha remitido a la Junta de Andalucía para que el cortijo de Vicos, por todos estos motivos, sea declarado como Lugar de la Memoria (14).

Un recuerdo a Teófilo Azabal.

Entre los muchos nombres de personas que fueron ejecutadas en los primeros meses de 1936, queremos traer aquí, a modo de homenaje a todos ellos, el recuerdo de un maestro, Teófilo Azabal, que fue director del colegio Carmen Benítez e inspector de enseñanza primaria.



José Antonio Martín Pallín en uno de sus artículos (“Sin pasado no hay mañana”), dice refiriéndose a los maestros: “Resulta significativa la saña con la que se persiguió a los maestros que habían dedicado su vida a sembrar los valores de la cultura en las aldeas y ciudades de nuestra Patria” (15). Estas palabras están escritas a la medida de Teófilo Azabal, maestro y hombre de bien, de quien nos habló en diferentes ocasiones su hija Pilar, ya fallecida. Emocionada, nos contaba los días trágicos de la detención de su padre y de su fusilamiento. Ella era entonces una niña de cuatro años, la misma “niña” que se menciona en el Certificado de Defunción que aparece publicado en el citado trabajo de Jerez Recuerda (16). Nos hablaba Pilar de las peripecias de su familia en aquellos aciagos días, de su refugio en Los Albarizones. Y nos hablaba sobre todo de la emoción que sintió cuando, pasado el tiempo, tuvo ocasión de trabajar como maestra durante muchos años en el Colegio Nacional Carmen Benítez del que su padre había sido profesor y era director cuando fue fusilado en el Alcázar o la Puerta de Rota.

El Alcázar, el Pozo de la Víbora, Vicos, El Marrufo, La Sauceda, Casa de Postas, la Puerta de Rota, La Trocha… “Lugares de la Memoria” que dibujan un itinerario trágico, un largo camino de recuperación de la justicia y de la dignidad para con tantas víctimas, que tenemos que recorrer sin más demora. Sin esperar a que pasen otros ochenta años.

Para saber más:
(1) Una de las primeras publicaciones al respecto fue: Jerez Recuerda, “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe de estado militar de 1936: una aproximación” en Revista de Historia de Jerez, nº 13, 2007, pgs.137-180.
(2) Jerez Recuerda (2009): “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe militar de 1936: una aproximación” Editado por Jerez Recuerda en colaboración con la Delegación de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Jerez.
(3) García Cabrera, J. y Orellana González, C. (Eds. y Coords.): Represión franquista y memoria histórica en la provincia de Cádiz, Publidisa, 2012.
(4) DECRETO 264/2011, de 2 de agosto, por el que se crean y regulan la figura de Lugar de Memoria Histórica de Andalucía y el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. BOJA Nº 158, 12 de agosto de 2011, P. 19.
(5) Idem, Art. 2.1. y 2.2.
(6) Acuerdo de 27 de diciembre de 2013, del Consejo de Gobierno, por el que se declaran treinta y cuatro Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. BOJA nº 26, de 07/02/2014
(7) Información disponible en: http://www.juntadeandalucia.es/organismos/presidenciaadministracionlocalymemoriademocratica/areas/memoria-democratica/lugares/paginas/fosa-mujeres-grazalema.html
(8) Castaño Hervás, J.Mª.: Manuel Soto, "Sordera de Jerez": La elegancia del duende, Signatura Ediciones, 2005; citado por García Cabrera, J. y Orellana González, C.: Obra citada.
(9) Junta de Andalucía, Mapa de Fosas. Disponible en este enlace: http://www.juntadeandalucia.es/presidenciaadministracionlocalymemoriademocratica/mapadefosas/busquedaTumbas.cgj?codigoTumba=1102006&codigoProvincia=2
(10) Perales Pizarro, J.C.:El Marrufo, Fosa Común”, Diario de Jerez 17/05/2004.
(11) Fosa común del Cortijo de El Marrufo, Diputación de Cádiz: http://www.dipucadiz.es/memoria_historica/catalogo-de-lugares-y-senderos/FOSA-COMUN-DEL-CORTIJO-DEL-MARRUFO.-JEREZ-DE-LA-FRONTERA
(12) Junta de Andalucía, Mapa de Fosas. Disponible en este enlace: http://www.juntadeandalucia.es/presidenciaadministracionlocalymemoriademocratica/mapadefosas/busquedaTumbas.cgj?codigoTumba=1102004&codigoProvincia=2
(13) García Cabrera, J. y Orellana González, C.: Obra citada.
(14) Solicitud de Declaración del "Cortijo de Vicos" como "Lugar de la memoria". Plataforma por la memoria Democrática de Jerez. Redacción a cargo de José García Cabrera y Cristóbal Orellana González, Jerez 24 de enero de 2018.
(15) Martín Pallín, J.A.: Sin pasado no hay mañana, El País, 15 de junio de 2004
(16) Jerez Recuerda (2009):Las cifras…, Obra citada.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El paisaje y su gente, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 24/06/2018

 
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