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Por el camino de Jerez a Arcos.
Un recorrido en 1744.




En “entornoajerez” nos gusta transitar por los carriles y antiguas cañadas de la campiña, por esos viejos y olvidados caminos en los que aún es posible descubrir algunos testimonios de la importancia que en el pasado jugaron en las comunicaciones entre poblaciones cercanas.

En nuestro paseo de hoy nos vamos a trasladar a mediados del siglo XVIII, de la mano de un curioso manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional, dado a conocer hace unos años por el historiador Antonio Domínguez Ortiz. De autor desconocido, lleva por título “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, y fue escrito en torno a 1744 como apunta José Jurado Sánchez, quien ha estudiado este interesante documento que nos permite conocer la estructura de la red viaria de buena parte de la provincia (1). Para ser fieles al texto realizaremos nuestro “viaje” partiendo de Arcos para entrar en Jerez por los “callejones de las viñas”.

Cinco leguas de camino.



La descripción del camino, saliendo de Arcos, comienza aportando unos datos generales sobre la distancia entre ambas poblaciones y las características del terreno que atraviesa: “Hay desde Arcos a Xerez 5 leguas. El terreno es bueno; a la media legua está poblado de olivar, dos leguas de tierra limpia de lavor y como 3 cuartos de legua poblados de viña y olivar, sin otro monte alguno, a lo que se sigue para entrar en Xerez unos callejones, como de media legua, formados de las cercas de viñas, olivares, etc.” (2)



La distancia por carretera que hoy día hay entre ambas poblaciones es de 32 km, y algo menor (29 km) por la autovía de reciente construcción, por lo que las 5 leguas (unos 29 km) se aproxima bastante a la actual, aunque el trayecto, como veremos, se trazaba por distintos lugares. También el paisaje agrícola guarda algunas semejanzas y así, al salir de Arcos, tras bajar la cuesta de Valdejudíos las laderas de los cerros junto a la carretera están cubiertas en parte con el extenso olivar de Macharaví. Más adelante, en el camino hacia Jédula, también nos encontramos con amplias extensiones de tierra “limpia y de labor”, como a mediados del s. XVIII que pertenecen a los cortijos de La Torre, La Cantarera, Cortijo Nuevo, Jédula, ... Entre Vicos y La Peñuela, completando también las dos leguas que se apuntan en el manuscrito, se repiten las lomas de tierras de secano, apareciendo las primeras viñas en La Cartuja de Alcántara, lejos aún de la ciudad de Jerez, a diferencia de las de los callejones que se mencionan en el relato dieciochesco.

El paso de ríos y arroyos.



La red hidrográfica también está presente en esta suerte de “guía de viajes” ya que la eventualidad de tener que cruzar ríos y arroyos y la existencia de vados, pasadas o puentes era un asunto de vital importancia para un viajero. Así se indica que: “A la media legua hay el arroyo salado de esta ciudad (Arcos), que pasa por una puente pequeña de ladrillo y mampostería, es el mismo camino que se encuentra al principio del camino que va a Las Cabezas. Así mismo, a las 3 leguas y media se encuentra el arroyo que llaman del Gato, termino de Xerez; tiene su origen en las tierras que llaman Quartillos, que son pobladas de olivar y viña, y desagua en el arroyo de Sepúlveda. A las 4 leguas y media hay otro que llaman el Valadejo, tiene una calzada para pasarse, su origen en las marismas de Lebrija y Trebujena y desagua en el río de San Pedro".

El arroyo salado al que se alude no es otro que el Salado de Espera, que cruza actualmente la carretera y la autopista en el punto conocido como Venta La Mina, un singular paraje así denominado porque desde mediados del siglo XIX y hasta comienzos del XX se explotó allí una mina de azufre. Este arroyo, que se une al Guadalete en las cercanías de la Junta de los Ríos, ha tenido siempre furiosas crecidas que lo hacían intransitable en la época de lluvias. No es de extrañar por ello que, al menos desde el siglo XVII, haya contado con pequeños puentes o alcantarillas para cruzarlo. En la actualidad aún se mantiene en pie la “puente pequeña de ladrillo y mampostería” a la que se alude en nuestra “guía de viajes” cuya visita recomendamos al lector.



La alcantarilla del Salado, a los pies de los cerros del Guijo, junto a la antigua Venta La Mina, era también conocida como Puente de Valdejudíos, mientras que en otras fuentes es denominada como “alcantarilla de Matajaca”, o incluso como “alcantarilla de Jerez”. Al menos desde 1611 ya consta la existencia de un puente en este lugar del camino de Arcos a Jerez (3), así como otras referencias a su reparación y reconstrucción a lo largo de los siglos XVII y XVIII (4).

Aunque en la Descripción no se hace mención a otros arroyos que el camino de Arcos debió también cruzar (los de Jédula, Arroyo Dulce y Canillas) sí que repara en el “arroyo que llaman del Gato”. Este arroyo, que figura ya en todos los mapas de los siglos XVIII y XIX, pasa hoy día desapercibido a los viajeros. Tiene su origen, como bien apunta el texto, en “las tierras que llaman Quartillos”, entregando sus aguas al “arroyo de Sepúlveda” que no es otro que el actual arroyo Salado de Caulina. La cabecera del arroyo del Gato la encontramos junto al cortijo de Alcántara, cercano a Cuartillo, donde una hermosa galería de olmos lo escoltan en su primer tramo. Curso abajo es embalsado en la zona trasera del Circuito de Velocidad y del Campo de Golf de Montecastillo, al que abastece de agua de riego. Canalizado después por un modesto desagüe abierto entre los aparcamientos del Circuito, se une al Salado de Caulina en las tierras de la antigua finca de Sepúlveda, que en otros tiempos dieron nombre a este último arroyo. Como se ve, el antiguo



camino de Arcos en el s. XVIII, seguía a partir de la Torre de Melgarejo la traza de la actual Cañada de Bornos que discurra junto a la carretera que hoy en día comunica Estella del Marqués con el Circuito. Evitaba así el cruce de Los Llanos de Caulina que en aquel siglo era una tierra encharcadiza e inculta, cubierta por palmares y juncales, que sólo permitía su tránsito en la estación seca.

Desde el arroyo del Gato, y ya a solo media legua de Jerez (algo menos de tres km), la “guía” nos indica que el camino se encontraba con otro arroyo que “llaman el Valadejo,” y que éste “tiene una calzada para pasarse”. El Valadejo (metátesis de Badalejo o Albadalejo), no es otro que el actual arroyo Salado de Caulina. El descansadero de Albadalejo (todavía conserva este nombre) es el paraje en el que se edificaría en parte el pueblo de Estella del Marqués, y el que daba nombre a este rincón de la campiña surcado por el arroyo Salado. Para cruzarlo existían dos puentes (como puede verse en todos los mapas de los siglos XVIII y XIX, ya que, en este lugar, junto a la actual Venta La Cueva y al Vivero Los Cántaros, el arroyo se bifurcaba en dos brazos, que volvían a unirse aguas abajo, buscando ya el Guadalete en un curso paralelo a la autopista.



Como dato curioso (erróneo en este caso), el texto señala que el arroyo tiene su origen en las marismas de Lebrija y Trebujena, aunque en realidad procede de la confluencia de los pequeños cursos fluviales que bajan de la sierra de Gibalbín. Los altos de Montegil forman una divisoria que impide la comunicación de estas aguas con las de las marismas, que vierten ya al Guadalquivir. De gran interés resulta también la afirmación de que el Valadejo… “desagua en el río de San Pedro” en lugar de en el Guadalete, al que se une junto al Monasterio de La Cartuja, a la altura de Viveros Olmedo. La explicación de este cambio de nombre hay que buscarla en el hecho de que el Guadalete presentaba hasta mediados del s. XVII dos brazos en su estuario: el que desembocaba en El Puerto de Santa María, y el conocido como “madre vieja” o Albadalejo que en 1648 el Cabildo jerezano (bajo el auspicio de la cofradía de San pedro) comunicaron con un canal para darle salida a la Bahía de Cádiz en las cercanías de Puerto Real (5). Este brazo (que luego sería cortado) pasaría a llamarse desde entonces río San Pedro.

Los cortijos del camino de Arcos a Jerez.



Pero dejemos los arroyos y volvamos de nuevo al camino para fijarnos en los cortijos que describe esta “guía de viajeros”. Partiendo de Arcos, “…. A los 3 cuartos de legua está el cortijo de Yllena; a las 2 el de Jedala; a las 4 el de Melgarejo, y a la izquierda otro de Jedala, a las 2 leguas de esta ciudad; a 3 el de Bicos, a las 3,5 el de la Peñuela y a las 4 el de los Aziagos, y otros muchos que no son de nombre”.

El cortijo de Yllena (o de Illena, en otras fuentes) ya desaparecido con este nombre (6), es el actual cortijo de La Torre oculto a los viajeros que circulan por la carretera, tras las lomas cercanas al cortijo de La Cantarera, a la derecha del camino. Por sus tierras aún se conserva la vieja traza del ferrocarril de la Sierra que comunica con la antigua estación de Jédula. Más adelante, tras dos leguas de recorrido, el camino de



Arcos dejaba a ambos lados los cortijos de “Jedala”. Se trata de los actuales de Jédula (a la izquierda) y Jedulilla (a la derecha), ambos absorbidos por el casco urbano de esta poblada pedanía arcense, pero que hasta mediados de los cincuenta del siglo pasado aún podían verse aislados entre sus tierras de labor.



Continuando el camino, y a una legua de ambos, estaba a la izquierda el de “Bicos”, actual cortijo de Vicos sede de la Yeguada militar, por cuyas cercanías atravesaba antes de llegar a La Peñuela. Este último fue siempre uno de los de más renombre de la campiña por la extensión de sus propiedades y por su poblado caserío. En el XVIII y hasta casi mediados del pasado siglo, las de La Peñuela fueron tierras de olivares, como



lo fueron las de sus vecinos Alcántara y Cartuja de Alcántara, fundos todos que pertenecieron al monasterio cartujano, si bien en este último se plantaron también viñas. Por último, la “guía” menciona el cortijo de los “Aziagos”, el actual de Los Garciagos, donde en los años 80 del siglo pasado se construyeron el circuito de Velocidad y el campo de Golf de Montecastillo. En estas tierras de cerros cubiertos de monte bajo, se explotaron durante varios siglos canteras de caliza y de rocas de yeso para la fabricación de cal y yeso en sus conocidas caleras.



Después de recorrer cinco leguas, el camino de Arcos entraba en Xerez por unos “callejones, como de media legua, formados de las cercas de viñas, olivares” cuyo trazado debió corresponder en parte con el primer tramo de la actual carretera de Cortes, a la salida de los puentes de Albadalejo que como se ha dicho estuvieron situados en el paraje en el que hoy se encuentra el puente de la autopista que conduce a Estella del Marqués. Aunque el camino descrito no coincide a partir de la Torre de Melgarejo con el que sigue la actual carretera de Arcos, hay que recordar que también existió otra variante, más directa, que cruzaba los Llanos de Caulina, si bien, como se ha dicho, en la estación lluviosa no podía ser utilizado.



Así lo deja patente el conocido mapa de Tomás López (7) que ilustra este artículo y donde se reflejan las dos variantes de este camino centenario que hoy hemos querido recorrer como lo hicieron los viajeros del siglo XVIII.

Para saber más:
(1) Jurado Sánchez, J.:Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989.
(2) Jurado Sánchez, J.:Descripción…” pp. 66-67. Todos los entrecomillados referidos a este manuscrito han sido extraídos literalmente de estas dos páginas.
(3) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 160.
(4) García Lázaro, A. y J.: La alcantarilla del Salado. UN viejo puente con cuatro siglos de historia, www.entornoajerez.com, publicada el 27 de abril de 2012.
(5) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 189-190
(6) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199, pp. 194 y 273.
(7) López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes…1787. En este trabajo hemos manejado la versión digitalizada por nuestro amigo Francisco Zuleta Alejandre conservándose otro original en el AMJF, C. 13, nº 27. 33 x 42 cms.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con Historia, En torno a Arcos, Carreteras secundarias.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/11/2017


El crucero de la Cartuja de Alcántara cumple cien años.


Vista del Crucero entre los árboles
En diferentes ocasiones nos hemos ocupado en estas páginas de entornoajerez del rico patrimonio rural disperso en las campiñas del término. Hoy, de la mano de un oportuno centenario, queremos ocuparnos del singular crucero de La Cartuja de Alcántara.

Los viajeros que transitan entre Jerez y Arcos habrán reparado alguna vez en un llamativo montículo, cubierto de vegetación, que en las proximidades de la carretera destaca entre los Cartuja de Alcántarasembrados y que en suave pendiente se extienden entre los cortijos de Cartuja de Alcántara y La Peñuela. A buen seguro que el observador curioso habrá adivinado, ente las copas de la frondosa arboleda que crece sobre las laderas del cerro, la silueta de una cruz que despunta ligeramente sobre la espesura vegetal que parece protegerla.

Se trata de un crucero mandado levantar por D. Salvador Díez, Cortijo de 'La Peñuela' visto desde el Crucero'antiguo propietario de la finca de Cartuja de Alcántara e inaugurado hace cien años, tal día como hoy de 1911.

Salvador Díez y Pérez de Muñoz (1857-1939), bodeguero y empresario jerezano, fue nieto de un conocido industrial, pionero del ferrocarril en España, José Díez Imbrechst y miembro de una familia muy arraigada en la ciudad. De profundas convicciones religiosas, participó en la tercera guerra carlista, viéndose obligado a exiliarse en Francia junto a su hermano Manuel. Ya de vuelta en España, participará en la empresa bodeguera familiar de Díez Hermanos dedicándose también a Salvador Díez y Pérez Muñozla explotación agrícola de sus fincas entre las que destacaban los Cortijos de Alcántara y Cartuja de Alcántara y la Viña del mismo nombre.

Salvador Díez fue también hombre preocupado por el patrimonio cultural de la ciudad llegando a adquirir los Claustros de Santo Domingo (1908) y el Alcázar (1926), en los que realizó algunas intervenciones de consolidación en una época en los que la ruina y el abandono amenazaban seriamente estos destacados elementos de nuestro acervo monumental. En otra ocasión hemos referido en “entornoajerez” su colaboración con el arqueólogo municipal D. Manuel Esteve Guerrero, para poner a salvo el ajuar funerario de un enterramiento neolítico encontrado en su finca de Alcántara, en 1934, expuesto en las vitrinas del Museo Arqueológico.

Salvador Díez estaba casado con María Antonia Gutiérrez O´Neale con la que tuvo diez hijos y con la que compartía su fervor religioso. Como ejemplo de la devoción que sentía por el Corazón de Jesús, erigió una imagen que presidía la entrada de su bodega, frente a la Estación de Ferrocarril (1910-11), cuyo boceto o maqueta tenía expuesto en su finca de Alcántara.

Montículo donde se sitúa el Crucero
El Crucero visto desde su baseEn esta finca, solía pasar muchos fines de semana, así como en la de la Cartuja de Alcántara, antigua posesión del monasterio de La Cartuja, colindante con la de La Peñuela, en la que Salvador Díez instaló una almazara hidráulica (desmontada en la actualidad, y de la que se conserva sólo la nave que la albergó), ya que esta explotación contaba a principios del siglo XX con un extenso olivar.

En uno de los rincones de la finca, apartado de las casas, los Crucero de la Cartuja de Alcántara: detallealmacenes y la gañanía, donde afloraban unos cortados rocosos que impedían su puesta en cultivo, Salvador Díez encontró el lugar ideal para instalar un crucero y crear un espacio dedicado al retiro y la oración. A la vegetación natural propia del terreno (acebuches, lentiscos, palmitos) se sumó la repoblación con pinos y otros árboles de este pequeño montículo que hoy se ha transformado en un pequeño “bosque isla”, donde no faltan las especies de la flora silvestre típicas del monte mediterráneo y cuyos frondosos árboles frecuentan las pequeñas rapaces de la campiña en busca de sus presas.

Crucero de la Cartuja de Alcántara: detalle del pedestal
Rincón de retiro y oraciónSe llega al lugar, pidiendo el oportuno permiso, desde el cortijo de la Cartuja de Alcántara a través de un agradable paseo escoltado por almendros. Una vez allí nos sorprende la quietud de este rincón que, en la espesura de su arboleda, guarda un sencillo y hermoso crucero levantado sobre un pedestal al que se accede a través de unas escaleras. Unos bancos, bajo los árboles, son el lugar donde, a buen seguro, se sentaban los visitantes que acudían hasta este lugar de oración.

Vista del CruceroEn una de los lados del pedestal una placa nos recuerda que:

CON GRAN ASISTENCIA DE CLERO Y FIELES
SE HIZO LA SOLEMNE BENDICION DE ESTA CRUZ
POR EL EXCMO. Y RVMO. SR.
DR. D. ENRIQUE ALMARAZ Y SANTOS
ARZOBISPO DE SEVILLA
EL DIA 24 DE OCTUBRE DE 1911
CONCEDIENDO 100 DIAS DE INDULGENCIA
POR CADA PADRE NUESTRO O CREDO
QUE SE RECE DELANTE DE ELLA
EN MEMORIA DE LA PASION Y MUERTE
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
A.M.D.C.

Detalle de una de las inscripciones
En el lado opuesto, puede leerse en otra lápida lo siguiente:

“OH CRUZ OBJETO DE NUESTRA FE,
ARBOL DIVINO, MANANTIAL DE GRACIAS
Y BENDICIONES, TU SUPERAS EN VIRTUDES
A TODOS LOS ARBOLES Y A TODOS LOS
FRUTOS DE LA TIERRA.
OH LEÑO ADORABLE, OH CLAVOS SAGRADOS
CUAN DULCE CARGA SOSTENEIS.

SALVADOR DIEZ Y MARIA GUTIERREZ DE DIEZ
DEDICAN ESTA OFRENDA A
CRISTO REDENTOR
COMO DEBIL TESTIMONIO
DE AMOR Y DE FE
A.M.D.C. AÑO DE MCMXI”


Como puede comprobarse, se cumplen hoy, 24 de octubre, 100 años de su solemne inauguración por lo que este singular crucero es ya una obra centenaria.

Nos hemos asomado a la prensa de la época para comprobar que este hecho no pasó desapercibido. El diario jerezano El Guadalete, en su edición del 25 de octubre de 1911 daba cuenta de la noticia:

Enrique Almaraz y Santos. Arzobispo de SevillaCon objeto de bendecir una Cruz levantada por nuestro distinguido amigo el Sr. D. Salvador Díez en su Hacienda “Cartuja de Alcántara”, llegó anteayer del Puerto de Santa María, donde se encontraba, nuestro dignísimo y celoso Prelado, pernoctando en aquella finca, habiendo bendecido solemnemente en el día de ayer el precioso monumento.

Al acto asistieron el Ilmo. Sr. Obispo de Béjar, los Superiores de las órdenes religiosas residentes en Jerez, el Sr. Arcipreste y la familia y allegados de los Sres. Díez.

Recibieron el Sacramento de la confirmación aprovechando la estancia del dignísimo Prelado en la finca, 31 niños y niñas y personas mayores.

Los asistentes al acto fueron obsequiados espléndidamente y atendidos por los Sres. de Díez, sus hijos é hijo político señor D. J. P. Domecq.

El Sr. Arzobispo marchará á Sevilla en el expreso de esta tarde.


Dejamos atrás este hermoso rincón de la Cartuja de Alcántara, un auténtico oasis de paz y de verdor en la campiña, y volvemos de nuevo a la carretera. Aunque entre la copa de los árboles apenas se vislumbra más que el extremo de la cruz, sabemos que entre la vegetación se conserva este singular crucero que ha cumplido ya cien años.

Nota: la fotografia de Salvador Díez, nos ha sido facilitada por José L. Jiménez

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La Viña de Alcántara


Casa de la Viña de Alcántara
La casa de la Viña de Alcántara es, por muchos motivos, una construcción singular ya que, a diferencia de la mayoría de las que se encuentran repartidas entre el viñedo del Marco de Jerez, fue concebida como “casa de recreo” cuando se edificó a finales del siglo XIX.

Arboleda junto a la viñaUbicada al pie de la vieja carretera de Jerez a Arcos, -habilitada actualmente como vía de servicio de la nueva Autovía – el viajero llegará hasta ella al poco de pasar la Torre de Melgarejo en dirección a Arcos. A la derecha del camino llamará entonces nuestra atención la frondosa arboleda de un antiguo jardín rodeado de cultivo y viñas. Por el magnífico porte de sus árboles y la densidad con la que en este lugar se presenta la vegetación, se nos antoja que este enclave bien pudiera calificarse de “bosque-isla”.

Casa de la Viña de Alcántara: jardinesLa Casa de la Viña de Alcántara fue construida en 1890 como lugar de descanso y recreo de sus propietarios, destacando por su especial fisonomía, con detalles al gusto del cambio de siglo que nos recuerdan en parte a un chateau francés, y en la que destacan su entrada principal -escoltada por dos añosas encinas- y la armonía de sus fachadas que dan al conjunto una singular estampa. Pero sin duda, lo más llamativo de la casa es su jardín, con más de dos hectáreas de arboleda, que se extienden en su parte trasera limitado por viñedos y cultivos y por el camino que une este lugar con el Cortijo de Alcántara. Son muchas las casas de viña que cuentan con espacios ajardinados y con árboles y conjuntos vegetales singulares. Ninguno, sin embargo, como el que nos ocupa, donde se combinan parterres y sectores exquisitamente cuidados (los alrededores de los patios o la piscina, por ejemplo), con rincones casi salvajes, donde se entremezclan las especies cultivadas con otras propias de la vegetación natural que ha colonizado setos, linderos y claros. Pinos, cipreses, palmeras, encinas… unen sus copas Casa de la Viña de Alcántara: jardinesformando un espeso dosel vegetal en el que también crecen lentiscos, acebuches, sanguinos, durillos, mirtos… Entre ellos no faltan trepadoras como madreselvas zarzaparrillas o hiedras que se enredan entre las copas de los cipreses y las palmeras. Otras muchas especies ornamentales pueden ser vistas en torno a la casa, como brachichitos, acacias blancas, mimosas, jacarandás, casuarinas, laureles…, destacando algunos ejemplares de encinas, como los que se encuentran al inicio del camino de Alcántara o a la entrada de la casa.

Hace unos años, esta vieja y hermosa casa de campo de dos plantas fue totalmente remozada para su transformación en alojamiento rural en la línea de los pequeños hoteles con encanto (Hotel Viña de Alcántara) y si bien ha conservado su fachada y aspecto exterior, el interior ha sido totalmente remodelado.

Antigua Casa de PostasJunto al atractivo de su jardín, los alrededores de la casa bien merecen también una visita. Junto a ella se conserva la antigua Casa de Postas, al pie del antiguo camino de Jerez a Arcos. En este lugar, que se encuentra a mitad de camino de ambas poblaciones, paraban las diligencias para renovar el tiro de caballos y para descanso de los viajeros.

Junto a la casa arranca un camino que, tras cuatro kilómetros de recorrido ente lomas y cerros de viñedos y campos de cultivo, nos lleva al Cortijo de Alcántara.

Camino a tierras de laborEn las cercanías se encuentran también la Torre de Melgarejo y los cortijos Montecorto, La Peñuela y La Cartuja de Alcántara entre los que, a decir de Madoz, se extendía a mediados del siglo XIX el gran olivar que fuera de la Cartuja con más de “cuarenta mil plantas”. Aún hoy se conserva en este último cortijo, visible en un cerro cercano junto a la carretera, los restos de una antigua almazara hidráulica, ya en desuso, que nos recuerda el pasado olivarero de estos parajes de la campiña..


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