En los “elíseos jerezanos prados” con Don Quijote.
Un recorrido por los paisajes de la campiña de la mano de Cervantes




A buen seguro que todos los lectores conocen que el primero y más grande propagandista de la bondad de nuestros caldos fue William Shakespeare cuando, a través de Fasltaff, uno de los personajes de su obra Enrique IV, dice al príncipe Harry antes de la batalla aquello que, desde entonces, es el mayor de los elogios que pueda hacerse al vino de Jerez: “Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería abjurar de toda bebida insípida y dedicarse por entero al jerez”.

Pero si el insigne dramaturgo inglés se fijo en nuestros vinos, otra de las primeras figuras de la literatura universal, su coetáneo y no menos célebre Miguel de Cervantes, lo hizo en nuestros campos. A diferencia de lo que sucedió con la famosa frase de Shakespeare, las palabras de Cervantes sobre los campos y las tierras de Jerez, no han gozado del mismo reconocimiento y han sido mucho menos recordadas, siendo tanto o más elogiosas que aquellas.

Hace tan sólo unos años, con motivo de la celebración del cuarto centenario de la publicación de El Quijote, diferentes estudios y artículos nos ilustraron acerca de la relación de Cervantes y El Quijote con Jerez y con Andalucía. Como denominador común, junto a múltiples referencias a personajes, y lugares vinculados con esta tierra, figuraba en todos ellos una hermosa cita en la que se hace alusión a



una escena recogida en el capítulo XVIII de esta obra. Se relata aquí como Don Quijote y Sancho contemplan sobre una loma dos grandes rebaños de ovejas “que a Don Quijote se le hicieron ejércitos”. Nuestro personaje, en su delirio, comienza a dar detalles de los caballeros que componen las huestes, así como los lugares de procedencia de las tropas diciendo:

"En estotro escuadrón vienen los que beben las corrientes cristalinas del olivífero Betis; los que tersan y pulen sus rostros con el licor del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las provechosas aguas del divino Genil; los que pisan los tartesios campos, de pastos abundantes; los que se alegran en los elíseos jerezanos prados; los manchegos ricos y coronados de rubias espigas; los de hierro vestidos, reliquias antiguas de la sangre goda…”

Con esas escuetas y hermosas palabras puestas en boca de Don Quijote, está refiriéndose Cervantes a los caballeros jerezanos y definiendo nuestra tierra, diciendo de ella que es un “paraíso”. Aunque el epíteto de “elíseos” siempre se asocia a “campos”, Cervantes utiliza el sustantivo “prados”, tal vez para evitar la repetición del vocablo ya que en la misma enumeración se acaba de referir a “los tartesios campos”. Sea como fuere, el más universal de nuestros escritores está equiparando nuestra tierra, nada menos que con los Campos Elíseos.

Los Campos Elíseos y la campiña de Jerez.



En la mitología griega, los Campos Elíseos eran algo parecido al cielo, al paraíso: un lugar sagrado y apacible, un territorio afortunado, donde las almas de los hombres justos, favorecidos por los dioses, llevaban una existencia dichosa y feliz. Todo ello en medio de hermosos paisajes verdes y floridos en los que reinaba una eterna primavera y donde se disfrutaban los placeres que más se habían deseado. Estos lugares deliciosos estaban surcados por el río Leteo, cuyas aguas hacen olvidar a quienes las beben todos los males de la vida.

Al calificar de “elíseos” nuestros “prados”, Cervantes no hace sino recoger una tradición, de la que encontramos muchas referencias en la historiografía jerezana, que desde antiguo se recrea en el mito de que el río Guadalete debe su nombre a aquel Leteo (también denominado Letheo o Lete), con el que lo identificaron eruditos e historiadores locales. Los campos jerezanos por los que cruza dicho río deben ser, por esa razón, los Campos Elíseos.

A comienzos del siglo XVI, el Padre Martín de Roa ya da cuenta de ello en su obra “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Así, en el capítulo XVI que dedica al Guadalete, señala (literalmente) que : “Toda la tierra que baña es por estremo fértil, apazible, téplada en el ibierno, i no rigurosa en el estio. De aquí fue la invención de los campos Elisios, donde fingieron los Poetas, que olvidadas las almas de las miserias de la



vida pasada, gozavan de otra feliz, i bienaventurada: siendo asi… que ninguna otra cosa querian significar en esto, sino, a quien cupo en suerte la abitación de esta tierra, cuya lindeza, frescura i conmodidades tales, i tantas eran, que gustandolas los Griegos inventores destas fabulas, avian olvidado su patria, i avezindadose en esta. De aquí tomó primero el nombre de Lethe, o del olvido, que es lo mismo
”. (1)

A mediados del s. XVII, Fray Esteban Rallón en su Historia de la Ciudad de Xerez de la Frontera (2), abunda también en esta idea que la historiografía más tradicional de nuestra ciudad recoge con gran profusión. Aunque lo cita en muchos pasajes de su obra, es en el capítulo XIX de su Tratado Último, titulado “Lo que los antiguos sintieron y dijeron de esta tierra y porqué eran llamados los Campos Elísios”, donde Rallón argumenta largo y tendido sobre las bondades de nuestra tierra y ubica en nuestros campos, regados por el Guadalete, este lugar mitológico. Así es como lo narra: “Está esta tierra situada debajo de tan favorables constelaciones que la ha hecho siempre apreciable a la naturaleza humana, convidando a los hombres con sus comodidades, y atrayendo sus voluntades, con tanta violencia, que les ha hecho olvidar la tierra de su nacimiento. Y así hemos de decir que los poetas antiguos, que ignoraban la bienaventuranza juzgando lo natural y que los dioses tenían algún sitio en la tierra separado para ella, no hallando otro de mayores comodidades para premio de buenas obras que este, dijeron que en él habían de gozar de descanso los que lo mereciesen



por sus buenas obras…
(pg. 184-185). En otro pasaje de esta misma obra menciona que: “Y si por algún sitio del mundo pudieron fingir los poetas de que los hombres que llegaban a él se olvidaban de sus patrias, y se quedaban a morar en él como en paraíso de la tierra, es este (refiriéndose a la tierra de Jerez) y toda la comarca de la Andalucía,… y en ellos fingieron el paraíso porque el que llegaba a esta tierra no se acordaba de otra, por lo cual llamaron río del Olvido a nuestro Guadalete, porque , como si sus aguas lo infundieran, dijeron que ellas lo suyo citaban en los que las bebían, haciendo ficción de la verdad y atribuyendo al agua lo que obra la abundancia de la tierra, la serenidad del aire, el temple de la situación, la alegría de su suelo, mar y cielo…” (pg. 174).

El historiador Bartolomé Gutiérrez, en su Historia de Xerez de la Frontera (1787) se hace también eco de los mitos relativos a los Campos Elíseos y el Leteo: “Después de pasar el Rio Letheo, que es nuestro Guadalete, viniendo de el estrecho hacia el Betis, se colocaban los Elisios campos, hasta dar con el Rio Tarteso, que es el Guadalquivir; y en nuestro Guadalete decían estaba la Barca de Acheronte, para pasr las almas del lugar que les pertenecía, según sus obras, al que presentaba buenos méritos entraba a gozar de las fertilidades, y sosiego de los Elisios campos; pero al que llevaba malos papeles lo conducía el Barquero por el Rio abajo, y dando en la entrada del Oceano con la boca del Tarteso, lo entregaba en aquella tartárea región para que fuese a penar sus delitos”. (3)



Todos estos autores publicaron sus obras con posterioridad a la aparición de El Quijote, por lo que Cervantes se debió nutrir de las numerosas referencias que aparecen en obras anteriores, que abundaban en la extendida creencia de que los Campos Elíseos y el río Leteo se ubicaban en nuestro territorio.

En un completo estudio sobre “Jerez en El Quijote” el profesor Marciano Breña recoge también esta cita y amplía la interpretación tradicional hacia otras consideraciones de gran interés. Señala así que Cervantes “…cita a los prados, pero ¿como sinónimo de viñas o en el sentido de praderas, y campiñas en general, agradables de ver y vivir?. Los califica de elíseos, equiparándolos hiperbólicamente a los campos donde, en la mitología griega, habitan las almas de los hombres tras la muerte y, de hecho, en la literatura clásica no era rara la asimilación entre la sensación que provoca el vino y la situación del alma desligada de



materia. Sin embargo el predominio de la viña en el paisaje jerezano es posterior a la época de los libros de caballería y a la de Cervantes porque su lugar estaba ocupado por el olivar y los pastos, lo que no obsta para una inveterada fama de sus vinos; pero la expresión “alegran” alguien puede traducirla sin metáfora por “embriagan”. La explicación está en el gusto por el uso de palabras y frases con doble sentido muy propio de Cervantes cuando habla por sí mismo, como precursor del conceptismo, reservando el culteranismo como modo expresivo del ingenioso hidalgo (aunque en tal caso paradójicamente éste es el que habla)
. (4)

En esta cita repara también, el profesor Francisco Antonio García Romero quien en un interesante estudio titulado “Jerez en El Quijote (y viceversa)” señala que “...era lógico que fueran “elíseos” los “jerezanos prados”, si al Guadalete se lo identificaba tradicionalmente con el Lete, el infernal río “del olvido”.(5)



Y a nosotros ya sólo nos resta recrearnos, una vez más, en nuestros campos, en las colinas y vegas de esta tierra cruzada por el Guadalete (al que hemos sorprendido estos días transformado en el mítico Leteo), en la belleza serena de los paisajes de la campiña… para acabar pensando, como Cervantes, que estos son los auténticos “elíseos jerezanos prados”.


Para saber más:
(1) Martín de Roa (1617): Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera. Edición Facsimil, Ed.Extramuros Edición S.L., 2007.
(2) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación. Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. IV.
(3) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera. Edición facsimil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol II, pg. 142.
(4) Breña Galán, M.: Jerez en El Quijote. Celtiberia.net, 13/07/2006
(5) García Romero F.A.: Jerez en El Quijote (y viceversa). Real Academia de San Dionisio.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas sobre El paisaje en la literatura, El paisaje y su gente y Paisajes con Historia entornoajerez...

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 14/12/2013


Mercado Interior.




Ahora que con la inflación la economía familiar (y la otra) va regular, que el consumo parece que se está conteniendo por la escalada de precios es buen momento para que dejemos a un lado a esos insaciables y agresivos "mercados" exteriores y miremos hacia dentro, hacia lo cercano y más próximo. Es el momento de volver de nuevo la vista a nuestro "mercado interior".

Eso es lo que hemos querido hacer nosotros con este sencillo reportaje que, en clave de humor, queremos compartir con ustedes para promocionar ese rico, curioso y variopinto "mercado interior" que encontramos en cualquier rincón de nuestra campiña.

Frutas y hortalizas, pan, plantas, leña, carbón, miel, aceite, vino... la diversidad de productos que se nos ofrecen hasta en los más recónditos parajes de nuestro entorno es toda una alternativa a tener en cuenta.

Los hay tradicionales y con denominación de origen, como las teleras de Tempul, ese "famoso pan moreno" que desde 1932 se viene horneando en la conocida Venta de Tempul, como reza el
cartel situado a la entrada del establecimiento para que no quede ninguna duda de que estamos en un auténtico "santuario" del pan.

Aunque han desaparecido buena parte de los naranjales que, tan sólo unas décadas atrás, crecían en las huertas de la vega del Guadalete, quedan aún muchos lugares donde podemos comprar naranjas recién cogidas del árbol.. En las cercanías del Boquete del Valle, en La Herradura  (junto al Portal), en las proximidades del molino de San Félix, en Arcos, en El Torno de Carranza, en San Isidro...en muchos otros parajes es fácil ver carteles como estos en los que se nos anuncia la venta de naranjas.



Si bien es cierto que la ortografía y la concordancia son en algunos casos mejorables, las naranjas no. Ya sea en singular o en plural, la naranja o naranjas, que se vende o se venden (vean ustedes en las fotografías todas las combinaciones posibles) son de la mejor calidad. Mucho mejores, sin lugar a dudas, que las de Valencia, las del Tesorillo o las de Marruecos.


Otro producto que puede comprarse en muchos lugares de nuestras campiñas y sierras, son los garbanzos. En el Puerto de la Cruz, junto al Alcornocalejo, en el cortijo de El Peral o en el de Jara, en las proximidades de la Viña de Dios, en los llanos del Sotillo, junto a la Torrecilla... en estos y otros muchos rincones podemos adquirir garbanzos de la tierra. Después de recolectar un par de bolsas de tagarninas en el campo... ¿qué mejor que comprar unos kilitos de garbanzos para elaborar una buena berza?



La proliferación de huertos familiares, y las nuevas iniciativas de pequeños huertos urbanos con los que abastecerse, aunque sea parcialmente en estos tiempos de crisis, ha contribuido también a que, junto a los viveros, surjan otros puntos de venta más rústicos, donde se nos ofrezcan plantones de tomates, de pimientos, de berenjenas...


No faltan tampoco las ofertas de miel, polen, jalea real... que algunos apicultores venden también anunciándolo a la entrada de sus fincas, como vemos aquí en las proximidades de Benamahoma, o en el Rancho del Liberal, entre Las Aguilillas y Cuartillo.


Y ahora que el butano, el gas y la electricidad se han encarecido, habrá que volver la vista a los combustibles tradicionales, a la estufa de leña y al brasero de picón... Eso es al menos lo que han pensado estos amigos que anuncian sus productos en nuestro "mercado interior".


Ese mercado donde no podían faltar los productos "cárnicos" más naturales,  como los "conejos de monte" o los "pollos de campo" que se nos ofrecen en Caulina o en La Guareña... aunque la ortografía juegue de nuevo alguna mala pasada.


En otros casos en el medio rural nos encontramos con auténticas vallas publicitarias que nos anuncian productos de nuestro mercado interior" que han penetrado ya en el "mercado exterior". Es el caso, por citar sólo algunos, de los aceites de La Torre de Pedro Díaz (cortijo cercano a Gibalbín) o de los vinos de Entrechuelos (Torrecera). Junto a ellos, otros productores, con medios más modestos, ofrece también sus deliciosas ciruelas (frente a Villapesadilla) o sus patatas, sandías, melones...



Pero entre todos los "productos" que  se publicitan para la venta en nuestros campos, este es sin duda el más singular de cuantos hemos podido localizar: nada menos que una presa, el segundo mayor embalse de Andalucía, el de Guadalcacín... "Se traspasa esta presa"... De esta manera, los trabajadores denunciaban años atrás, ante la visita del Presidente de la Junta de Andalucía, las precarias condiciones de seguridad y mantenimiento de las instalaciones del embalse. El cartel duró sólo unas horas, y lo "pillamos" de casualidad, allá en 2013. Desconocemos si lo quitaron por que consiguieron enseguida el traspaso anunciado...


(Publicada en 25/04/2013 y reformada con nuevos carteles en noviembre de 2020)

 
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