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La gran riada



Hace 100 años, el 7 de marzo de 1917, tras unos días de intensas lluvias en toda la provincia y, especialmente en la Sierra de Grazalema, el Guadalete y sus afluentes registraron una gran avenida que asoló la campiña.

La "gran riada" se llevó por delante los puentes de Villamartín, Arcos, Junta de los Ríos y el Sifón del acueducto de Tempul en La Florida, dejando cortadas las carreteras, aisladas las poblaciones de la campiña y a Jerez sin agua potable...

Para recordar el centenario de este episodio histórico, realizamos una serie de cuatro reportajes sobre el impacto de la riada en los pueblos de la Sierra, en Arcos, en la campiña de Jerez y en Jerez y el Puerto de Santa María que hemos recogido conjuntamente en una publicación de 54 páginas -la quinta monografía de "Entornoajerez"- que hoy les ofrecemos.  Esperamos que les guste.

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Jerez: una ciudad sin agua.
En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917 (y IV).




En este mes se cumplen cien años de la gran riada de marzo de 1917 que tuvo graves consecuencias en toda la cuenca del Guadalete. Para recordar aquel suceso, nos hemos ocupado en las anteriores entregas su incidencia en la Sierra de Cádiz, en Arcos y en la campiña de Jerez. Terminamos hoy con el relato de uno de los episodios más catastróficos de aquella excepcional avenida, la destrucción del puente-sifón del acueducto de Tempul en La Florida que dejó a Jerez casi dos meses sin agua.

Jerez sin agua.

A primeras horas de la mañana del día 7 marzo de 1917, con toda la vega del término de Jerez inundada, llegaba la tremenda noticia de la destrucción del puente sobre el que cruzaba el río la tubería de la que se abastecían los depósitos del Calvario. La celosía metálica del puente “se había partido por el centro, arrastrando la avalancha a cien metros de su emplazamiento el trozo perteneciente al estribo de la margen izquierda, tumbándolo en la orilla, mientras que el trozo de la derecha había sido arrastrado unos trescientos metros, quedando en lo alto de unos tarajales que nunca habían sido cubiertos por las aguas del río. Por el suelo quedaron los seis arcos de sillería, destruido en cerca de un centenar de metros de los ciento veinte que tenía, el terraplén continuador del puente” (1). Las imágenes que de la catástrofe tomó en los días siguientes el arquitecto Hernández Rubio no pueden ser más elocuentes de la fuerza de la avenida, que con un caudal de más de 2000m3, tuvo un efecto devastador al arrastrar la corriente grandes árboles (2).

En la ciudad saltaron las alarmas ante la crisis de suministro que se avecinaba y desde el Ayuntamiento y la Sociedad de Aguas se tomaron medidas de inmediato, entre ellas el cierre de los depósitos de Tempul el mismo día de la rotura del acueducto, “en previsión de que el público derrochase, antes de conocer la noticia, el agua almacenada” (3). A la mañana siguiente el alcalde Julio González Hontoria hacía público un edicto en el que daba a conocer a la ciudad la gravedad de la situación: “según me comunica la Gerencia de la Sociedad anónima de abastecimiento de aguas de esta ciudad con motivo del hundimiento del puente de La Florida, ha sido cortada la tubería de conducción de aguas de Tempul que sobre él pasaba impidiendo la entrada a los depósitos y no quedando por tanto más agua que la que estos contienen para abastecer unos días a la población. Hallándose la rotura de dicha tubería sumergida por la inundación del río Guadalete, desconócese la importancia de la avería y hasta tanto pueda ser reparada, se hace indispensable, como elemental medida de previsión suspender todos los servicios actuales, cerrando las llaves de los depósitos. El suministro de agua al vecindario para beber y guisar exclusivamente, se efectuará situando botas al pie de las fuentes públicas y en el depósito de Tempul donde se facilitará individualmente la necesaria para los usos indicados. Considero innecesario encarecer la mayor prudencia y restricción en el consumo de dicho líquido hasta que las circunstancias permitan que los funcionarios técnicos puedan dominar la gravedad de la situación y se normalice la prestación de tan importante servicio” (4).



El abastecimiento con agua de pozo.

Al día siguiente, 9 de marzo, en la sesión ordinaria del pleno del Ayuntamiento, el alcalde apuntaba que se había reproducido la crisis obrera, al haber quedado los campos encharcados, perdiéndose cosechas y jornales. De la misma manera informó los concejales de los daños del temporal y de la rotura del puente-sifón y de como “…los Sres. Ingenieros estudiaban los medios de restablecer lo más pronto posible el servicio y entre tanto, se había ocupado de organizar el abastecimiento para que la ciudad no careciese de agua abriéndose los antiguos pozos ordenando el análisis de sus aguas para evitar contaminaciones y perjuicios a la salud pública; añadió que tenía ofrecimientos de varios particulares como el Sr. Rodríguez Bernal y D. Cayetano Fernández de la Riva de pozos de su propiedad para el suministro del vecindario con el fin de evitar conflictos a todos los cuales habría de expresar su gratitud”. Distintos concejales, pusieron a disposición del municipio otros pozos para el servicio público, como el Sr. Escudero, que ofreció su pozo de la Huerta del Almendro, o el Sr. Moliní, que en nombre de D. Manuel Hurtado ofreció el pozo del que era dueño situado en la huerta de Los Pocillos. El Sr. Díaz López hizo lo propio con la Fuente de la Teja, en nombre de su propietario, D. Antonio Soto Flores (5). El antiguo pozo del Patio de San Francisco, surtió también a las necesidades del cercano mercado de abastos (6).

En los casi dos meses que la ciudad se estuvo abasteciendo de agua de pozo, se publicaron en la prensa local numerosos artículos en torno a la salubridad de estas aguas que el farmacéutico municipal, Sr. Cafranga, analizó en numerosas ocasiones (7). Así, Francisco Germá Alsina, ingeniero químico (que luego sería el segundo alcalde republicano de la ciudad) prevenía sobre la potabilización y esterilización de estas aguas (8); Eduardo García Rodeja, catedrático de Física y Química alertaba sobre el valor científico de los análisis químicos (9) y el médico militar A. Rodríguez Solís lo hacía sobre la contaminación de las aguas (10). Félix García, catedrático de instituto demandaba la participación de los propietarios de pozos (11) en el reparto de aguas y J. M.ª Zabalegui, licenciado en Ciencias Físicas y profesor del colegio S. Juan Bautista, insistía en la necesaria desinfección de los pozos (12). Y todo ello entre denuncias de insalubridad, como la que hacían algunas familias que enviaban a niños con damajuanas a coger agua en los estanques de algunas fuentes públicas (13).

El conflicto de las aguas: las primeras medidas.

Con el llamativo título de “El conflicto de las aguas”, el diario local El Guadalete, mantuvo una sección durante las semanas que Jerez estuvo sin suministro, en la que daba cuenta de las distintas iniciativas del Ayuntamiento y de la Sociedad de Aguas tendentes a la solución del problema. Una de las primera medidas fue la constitución de una Junta Técnica formada por los ingenieros de caminos Luis Moliní, ex director del puerto de Sevilla, Enrique Martínez, jefe provincial de Obras Públicas, Antonio Hernández Bayarri, director de las obras del Canal del Guadalquivir, Antonio Gallegos, director facultativo de la Sociedad de Aguas y Pedro M. González Quijano, director del Pantano de Guadalcacín. Esta comisión se desplazó a La Florida “…para tomar allí datos de los desperfectos ocurridos... que servirán de base para la solución provisional que pueda adoptarse de momento, así como también del plan a que deba someterse el proyecto de las obras definitivas que después hayan de realizarse” (14). La propuesta inicial consistía en la instalación de un vado artificial mediante una presa de gaviones en el río, en el emplazamiento del antiguo puente, donde el lecho alcanzaba apenas cinco metros de profundidad. Sobre ella se instalarían cuatro tuberías de plomo reforzadas con alambre que serían fabricadas en los talleres de la empresa de aguas y que en un plazo de tres meses podrían restaurar de nuevo el suministro (15).

Sin embargo, la solución provisional que acabaría por adoptarse vino de la mano del Ingeniero de Minas Juan Gavala Laborde, quien se encontraba en esos días realizando prospecciones petrolíferas en los Llanos de Villamartín para el Instituto Geológico y Minero de España. Enterado de la gravedad del problema, hizo llegar a través de D. Pedro Luis de Lassaletta, abogado de la empresa de aguas y concejal del ayuntamiento jerezano, a quien conocía, una propuesta alternativa. Proponía para ello la utilización de las tuberías de acero “Mannesman” de las que disponía para los sondeos, que por su alta resistencia, podría instalar sobre pilotes en un lugar situado aguas abajo del puente, en el tradicional vado de La Florida. Gavala se comprometía a que en un plazo de 20 días desde el inicio de las obras, podría restablecerse el suministro.



La propuesta fue de inmediato acogida por el Ayuntamiento y la Sociedad de Aguas, no sin ciertas discrepancias técnicas (16) por parte de Antonio Gallegos, su ingeniero director, quien difería de Gavala en el punto y el modo en el que debía llevarse a cabo la unión de las tuberías provisionales con la cañería del Tempul (17). En la polémica intervino también el ingeniero Pedro González Quijano, a favor de Gallegos (18) y el arquitecto Hernández Rubio (19), partidario de la solución de Gavala, quien estuvo a punto de abandonar el proyecto, tal como informó al pleno el Sr. Lassaletta (20), si bien, finalmente se solventaron los problemas.

La solución del ingeniero Juan Gavala Laborde.

Como se ha dicho, Juan Gavala Laborde, ingeniero de minas de 32 años, se encontraba realizando sondeos en Villamartín, junto al Serracín, en la que se habían hallado trazas de hidrocarburos, tratando de evaluar un posible yacimiento de petróleo. Gavala aportó una solución técnica para el sifón de La Florida que permitiría reanudar el abastecimiento a Jerez en un plazo de veinte días.

Para la obra contaría también con la ayuda técnica del que fuera su compañero de estudios, el joven ingeniero industrial jerezano Manuel María González Gordon, de 31 años. El Ayuntamiento de la ciudad aprobó de inmediato la idea y el 11 de abril, cuando ya Jerez llevaba 35 días sin suministro, Gavala y González Gordon iniciaron los trabajos, quedando terminados en apenas 18 días. Los jerezanos, a través de la prensa local, seguían con gran interés el día a día de la obra.

El alcalde, Julio González Hontoria, tras visitarlas el 19 de abril afirmaba “la próxima feria tendremos agua” (21). Una semana después, el día 26, Gavala hacía entrega al Ayuntamiento de los trabajos. En los días siguientes se hicieron las pruebas de resistencia, se limpiaron las tuberías y se cargó el sifón (22). El 29 de abril llegó la noticia tan esperada por la ciudad: "Ya tenemos agua"... "El Sr. Gavala ha cumplido perfectamente cuanto prometió; dijo que en un plazo aproximado de veinte días entrarían otra vez la Aguas de Tempul en los Depósitos del Calvario y ha hecho honor a su palabra. Comenzó sus trabajos el día 11 de abril y el día 29, a las cuatro menos diez minutos, de la tarde, verificó el agua su entrada en los depósitos. Esta mañana quedará restablecido el servicio público de las Aguas de Tempul" (23). Ese mismo día, González Hontoria recibía un telegrama del alcalde de El Puerto, Ramón Varela, felicitando a la ciudad por el éxito de la operación: "No dudé nunca en que sería realidad el proyecto ingeniero Gavala; aquí mostró sus talentos y pericia asunto aguas Piedad" (24).

En aquellas laboriosas tareas, que fueron sufragadas generosamente por el presidente del consejo de administración de la Sociedad de Aguas, Patricio Garvey y G. de la Mota y el agricultor y ganadero jerezano Manuel Guerrero Castro, se contó también con la inestimable colaboración de Pedro Luis Lassaletta, abogado de la empresa y concejal del ayuntamiento jerezano, y el agricultor Ángel García Riquelme que ofreció las instalaciones de su cercano cortijo de la Florida al personal de la obra.

La resolución del problema mereció los elogios de la prensa especializada. “Solución ingeniosa de un problema de ingeniería”, titulaba la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, el estudio técnico de las obras llevadas a cabo por Gavala Laborde y González Gordon. En el artículo se daba detalla de los trabajos realizados que “en esencia ha consistido en establecer una derivación hacia un vado que se encuentra a 100 metros agua abajo del puente hundido y donde el río sólo tiene una profundidad de 0,80 m y una anchura de 80 metros. Se ha clavado una doble fila de pilotes de metro en metro hasta dejar las cabezas a 0,30 sobre el agua. Al mismo nivel del agua, se han unido por parejas con traviesas de madera, y además con unos estribos de cabilla de 30 mm sobre los que descansa el tablero que soporta la tubería. Esta tiene 296 mm de diámetro interior y 7 mm de grueso, y va sujeta a los estribos de hierro por aros, también de hierro, y cuñas de madera. Las dos filas de estacas distan una de otra 0,70 m… Para los ramales de derivación se ha empleado tubería de la misma clase” (25). Remitimos al lector interesado al citado artículo para conocer todos los detalles técnicos de la obra, si bien queremos resaltar que para dar solidez a los injertos del acueducto con las tuberías y soportar las altas presiones en los codos, se empotraron estos en bloques macizos de hormigón de 25 metros cúbicos. Algunas de las imágenes que acompañan este artículo dan idea de la obra realizada.



Tras el restablecimiento de la conducción, vinieron los reconocimientos de la ciudad al ingeniero portuense Juan Gavala. Así, en la sesión de pleno del 11 de mayo de 1917 se acordó que "por su intervención y gestiones en cuanto se relacionaba con el restablecimiento del servicio de suministro de las aguas de Tempul… Declarar hijo adoptivo de Jerez al Ingeniero D. Juan Gavala Laborde, dando su nombre a una calle de la ciudad”. De la misma manera, se aprobó que “una comisión del Excmo. Ayuntamiento concurra a la Estación del ferro-carril el día de su llegada para testimoniarle su gratitud, invitando al pueblo de Jerez a que con su presencia de mayor realce al acto, contribuyendo al mismo”. Finalmente, el Ayuntamiento propuso una suscripción popular, que encabezó, con el fin de hacer un regalo a Gavala y González Gordon con el que testimoniar el agradecimiento por los servicios prestados (26). Con el nombre de Juan Gavala se rotuló semanas después la antigua calle Naranjas, si bien lo perdió posteriormente en 1979.



El resto de colaboradores fueron también homenajeados por su contribución en la resolución de tan grave problema y así, el letrado Pedro Luis Lassaletta, representante municipal en la Sociedad de Aguas, fue también reconocido como Hijo Adoptivo.

En septiembre, se sustituyeron las tuberías de acero Mannesman, al ser requeridas para continuar los sondeos petrolíferos (27), por otras que habían sido encargadas unos meses antes. La solución definitiva vendría unos años después, en 1925, con la construcción de un nuevo puente-sifón que la Sociedad de Aguas de Jerez encargaría a un joven ingeniero: Eduardo Torroja. Esta innovadora obra, que se cuenta ya como una de las pioneras de la ingeniería española del hormigón pretensado (28), vendría a sustituir a la ingeniosa solución de Juan Gavala Laborde a quien la ciudad siempre recordará por su trabajo desinteresado. Ese que resultó providencial cuando la riada del 7 de marzo de 1917 destruyó el puente-sifón del acueducto de Tempul.


Para saber más:
(1) Rodrigo de Molina. Jerez, cincuenta y tres días sin agua. Diario de Jerez, 4 de Junio de 1989, p. 16. El autor toma la información de: Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, “Solución ingeniosa de un problema de ingeniería. Reparación de la conducción de aguas a Jerez de la Frontera, ejecutada por el ingeniero D. Juan Gavala”, Madrid, 1917, Tomo LXVIII, pp. 245-250
(2) La imagen que muestra la viga del puente, arrastrada junto a la orilla mientras un grupo de trabajadores repara el sifón pertenece a la exposición “Arquitectura de una mirada. Francisco Hernández-Rubio, fotógrafo” comisariada por Adrián Fatou.
(3) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p.1.
(4) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, pp 1-2.
(5) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 9 de marzo de 1917, nº 17. Ver punto 6, folio 354, y punto 8, folio-356-357.
(6) Rodrigo de Molina… Art. Citado.
(7) El Guadalete, 13 de marzo de 1917.
(8) El Guadalete, 15 de marzo de 1917.
(9) El Guadalete, 16 de marzo de 1917.
(10) El Guadalete, 17 de marzo de 1917.
(11) El Guadalete, 18 de marzo de 1917.
(12) El Guadalete, 28 de marzo de 1917.
(13) El Guadalete, 13 de marzo de 1917.
(14) Ibídem
(15) Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, “Solución ingeniosa de un problema de ingeniería. Reparación de la conducción de aguas a Jerez de la Frontera, ejecutada por el ingeniero D. Juan Gavala”, Madrid, 1917, Tomo LXVIII, pp. 245-250
(16) El Guadalete, 1 de abril de 1917.
(17) El Guadalete, 8 de abril de 1917.
(18) El Guadalete, 3 de abril de 1917.
(19) El Guadalete, 13 de abril de 1917. Hernández Rubio fue contestado por Quijano y Gallegos en sendos artículos publicados los días 14 y 15 de abril en El Guadalete
(20) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el miércoles 11 de abril de 1917, punto 1º, folio 415. La prensa también se hizo eco de ello : El Guadalete, 1 de abril de 1917.
(21) El Guadalete, 20 de abril de 1917.
(22) El Guadalete, números de los días 26, 27, 28 y 29 de abril de 1917.
(23) El Guadalete, 1 de mayo de 1917
(24) Ibídem
(25) Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, “Solución ingeniosa de un problema de ingeniería. Reparación de la conducción de aguas a Jerez de la Frontera, ejecutada por el ingeniero D. Juan Gavala”, Madrid, 1917, Tomo LXVIII, pp. 249
(26) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el miércoles 11 de mayo de 1917, folios 486-488.
(27) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el 13 de septiembre de 1917,
(28) J. y A. García Lázaro: “Un hito de la ingeniería: el puente atirantado del acueducto de Tempul” y “Con Eduardo Torroja en La Barca de la Florida”, www.entornoajerez.com


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre El Guadalete se desborda, Puentes y obras públicas, Paisajes con Historia, Río Guadalete, La gran riada (I). Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917., La gran riada (II). Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917. y La gran riada en Jerez (III). En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 2/04/2017

La gran riada (II): Arcos y Junta de los Ríos.
Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917.


En estos días se cumplen cien años de la gran riada de marzo de 1917 que tuvo consecuencias graves en toda la cuenca del Guadalete. Para recordar aquel suceso, recreamos la semana pasada su incidencia en Grazalema, Villamartín y Bornos. Hoy continuamos con los impactos de aquella excepcional avenida en Arcos y en el curso bajo del río.

La riada en Arcos.

Al igual que en toda la provincia en Arcos descargó “una espantosa tormenta de agua y granizo” (1). Como relataría el corresponsal de El Guadalete en su sección de “Notas Arcobricenses”, "desde las primeras horas de la noche del lunes (5 de marzo) hasta las nueve de la mañana de hoy miércoles (7 de marzo), no ha cesado de llover en esta ciudad unas veces, la mayoría, de un modo torrencial y otras aguaceros, todo acompañado de un viento fortísimo que impedía el tránsito del vecindario por las calles. Los daños causados por el temporal en la población y riberas del río Guadalete son enormes. Jamás se ha conocido una crecida tan alta... pues ha subido más de ocho metros sobre su nivel ordinario” (2).

Todos los diarios nacionales (La Nación, El País, ABC, Heraldo de Madrid, La Correspondencia…) avanzaban los daños más relevantes causados por la inundación en términos parecidos: "hay dos ahogados; pero se cree que no se reducen a estas las desgracias. Se ha hundido el ojo central de un puente. Un desprendimiento del terreno arrastró un molino que tenía más de 6.000 arrobas de aceite. Muchas casas del pueblo han quedado destruidas y la desolación es enorme. Como se conserva parte del puente, tratase activamente de unirle a la otra orilla” (3). A las 8 de la noche, el alcalde de Arcos consiguió hacer llegar un telegrama al de Jerez, Julio González Hontoria, dándole cuenta de la catástrofe y solicitando que se dirigiera al gobernado civil demandando socorros para Arcos, ante la imposibilidad de hacerlo él directamente. Aunque a esa hora el nivel del río ya había descendido unos cuatro metros, el panorama no podía ser más desolador (4). El diputado jerezano Moreno Mendoza, también recibió un telegrama del alcalde en el que le daba cuenta de la grave crisis obrera desencadenada, así como del hundimiento del puente y del consiguiente corte de comunicaciones con la mayoría de las polaciones cercanas, circunstancias de las que el diputado informó al gobierno de la nación solicitando, especialmente, la inmediata reconstrucción del puente de San Miguel (5).

En el casco urbano los daños causados fueron muy importantes. La fuerza del huracán tronchó árboles en el Paseo Duque de Almodóvar del Río, en la Plaza de la Constitución, en el Camino de las Nieves, en la calle Alameda… Se derrumbaron también “varias casas que se encontraban en estado ruinoso, un lienzo de muro de más de 200 metros de longitud, a espaldas del convento de Monjas Mercedarias” (6). El suministro eléctrico quedó interrumpido, al quedar paralizada la fábrica de electricidad a causa del temporal (7), ante lo que el gobernador civil de Cádiz telegrafío al de Sevilla “rogándole que gestione de las Compañías de electricidad faciliten fluido al pueblo de Arcos, en el que se halla paralizada su industria a causa del temporal” (8). Las crónicas de prensa no podían ser más explícitas: “la población se encuentra a oscuras por averías en los cables del alumbrado” (9).



Daños en la industria, los molinos y las huertas.

Junto a los daños en el casco urbano y en el puente, las instalaciones industriales y los molinos, quedaron también muy afectados. Ubicadas a orillas del Guadalete, la fábrica de corchos del Sr. Vázquez Segovia o la de curtidos del Sr. Reguera Marín, sufrieron importantes daños quedando “en medio del río” viendo destruidas sus instalaciones. Con todo, la peor parte la llevaron los molinos. La corriente “arrancó de cimiento el molino harinero llamado de Angorrilla”, inundándose también en el Barrio Bajo varios molinos de aceite “entrando las aguas en las tinajas y depósitos donde se encerraba el pecioso líquido subiendo éste a la superficie de aquellas, siendo arrastrado por la corriente. En el molino de D. Francisco Martel, se calculan en más de tres mil arrobas de aceite las llevadas por el río. En el D. Antonio Matos, llamado Valdespino son incalculables los perjuicios y destrozos causados por la riada. Todo el aceite que se encerraba en sus depósitos ha desaparecido… Igual le ha ocurrido a D. Antonio Dueñas en su molino La Condesa en el cual no ha quedado una gota de aceite, de las quinientas y pico arrobas que tenía almacenadas” (10).



Las huertas y los campos quedaron aún peor parados. El diario ABC resumía los efectos con esta lacónica frase: “en Arcos el temporal destrozó la campiña” (11). El corresponsal de El Guadalete describía en su crónica la triste escena que la riada había dejado en los campos cercanos al río: La ribera de huertas está completamente inundada viéndose solamente las copas de los árboles, y en los tejados de las casas, los colonos, sus familia y operarios aguantando el temporal desde media noche, ateridos de frío, dando gritos de socorro que nadie podía prestarle. Multitud de personas que habían acudido al Paseo de Boliches para desde alli contemplar la arriada, se retiraban con los ojos arrasados en lágrimas al ver el horroroso cuadro… Han perecido cientos de cabezas de ganado lanar, cabrío, cerda, vacuno y algunas caballerías” (12). Con la vuelta de las aguas a su cauce, apenas diez días después, pudieron apreciarse mejor las consecuencias de la riada: “Apena el ánimo ver nuestra frondosa y exhuberante ribera de huertas, hoy arrasadas por completo, sin vallados, casi sin arboleda, por haberla arrancadao la fuerza de la corriente y sus blancas casitas derruidas y algunas convertidas en un montón de escombros. ¡Pobres huertanos! ver en unas horas desaparecer el fruto de su constante y rudo trabajo, sus enseres de labor, sus ganados, muebles, ropas y pequeños ahorros” (13).

Las inundaciones habían dejado el campo y la industria arrasados y el hundimiento del puente de San Miguel y de otros en la cuenca, habían bloqueado las comunicaciones. La crisis social no se hizo esperar y el mismo día 8, aunque el temporal había amainado y las aguas del río habían descendido, se desataron las primeras protestas, siendo requerida la Guardia Civil para proteger las panaderías por temor de sufrir asaltos ante la carencia de víveres. Ese mismo día se llevó a cabo “un reparto de pan, siendo socorridos 625 obreros; pero muchos quedaron sin sustento. Algunos industriales desaprensivos intentaron elevar el precio de los artículos de primera necesidad; pero el alcalde lo impidió enérgicamente. De Jerez se enviaron a Arcos por orden superior 5.000 k. de harina y 1.000 de pan. Se gestiona que la Compañía Sevillana de electricidad facilite fluido a la fábrica de pan de Arcos” (14). Ante la desesperación y la falta de recursos, no faltaron quienes fueron a buscarlos al río donde “las guardias civil y rural hicieron regresar ayer a numerosas personas que se dirigían a los sitios inundados y al río con objeto de apoderarse de las carnes de los animales que habían perecido ahogados.” (15).

El puente de San Miguel destruido.



Una de las peores consecuencias que para Arcos tuvo la riada fue sin duda la destrucción del Puente de San Miguel. Levantado en 1867 con un coste de dos millones de reales de la época, esta sólida obra de sillería retuvo entre sus ojos los grandes árboles arrancados por la corriente, pero no pudo resistir la onda de avenida que empujó con una fuerza sorprendente al puente hasta derribarlo. Si la destrucción del puente de Villamartín cortó la carretera Jerez-Ronda, el arrastre del de San Miguel, dejaba incomunicada la campiña con El Bosque y la Serranía de Grazalema.

Como medida urgente, el mismo día 8 el alcalde ordena tender una “guindaleta” entre ambas orillas del puente “por medio de la cual se ha establecido comunicación con los vecinos de la otra parte del río los que gracias a este medio, pudieron proveerse de los artículos de primera necesidad de que carecían" (16). Gracias a este cable (en realidad, una cuerda de cáñamo), que logra tenderse a las dos de la tarde se pasan vivéres y otros artículos de primera necesidad (17).

En los días siguientes se suceden las peticiones para la construcción de un nuevo puente. El ingeniero jefe de Obras Públicas, D. Enrique Martínez, comunicó de inmediato al gobernador civil que era “…urgentísima la construcción del Puente de San Miguel, que se proyecta construir de hierro o de hormigón armado, cuyo proyecto se enviará a la aprobación del ministro de Fomento. Mientras tanto ha sido habilitado un vado para que pasen coches, carros y automóviles, y se espera que dentro de tres días quedará en condiciones de que pasen personas” (18).

Junto a los vados se plantean de inmediato la instalación de un puente de madera y de una barca de pasaje. El primero frente al molino del Algarrobo, la segunda, en el mismo emplazamiento del viejo puente de San Miguel. Apenas una semana después de la riada el Conde de los Andes, diputado en Cortes por la provincia, informó al alcalde de Arcos de la aprobación por el Ministerio de Fomento de un proyecto de barca para el que se destinaron 40.000 pesetas (19). En los días posteriores la prensa local informaba que “con objeto de terminar cuanto antes la construcción de la balsa que ha de servir para establecer la comunicación con la otra banda del río, se ha dado ocupación a todos los carpinteros de Arcos. Se cree que aquella se inaugurará muy en breve dado el número de obreros empleados en su construcción” (20). La barca o balsa, que entró muy pronto en servicio no estuvo exenta de polémica, pues si al principio se anunció que sería gratis hasta la construcción del nuevo puente, en pocos días comenzó a cobrarse el pasaje, lo que trajo como reacción que “un numeroso grupo de obreros se colocara en actitud levantisca, siendo necesaria la presencia de la autoridad para calmar los ánimos, quien ordenó pasaran todos gratis. Hoy se está cobrando el pasaje con el auxilio de fuerzas de la guardia municipal” (21).



Menos problemas dio el puente de madera que comenzó a construirse apenas dos semanas después de la riada. Así, la prensa local recogía una noticia del 22 de marzo en la que se apuntaba que “han dado principio los trabajos para construir un puente provisional de madera sobre el río Guadalete junto al molino harinero "Algarrobo", capaz de soportar el tránsito de caballerías y carruajes. Las maderas que se emplearán en la obra proceden del puente de Villamartín y a los trabajos se les imprimirá gran actividad” (22). Junto a este puente que permitía el paso de carruajes, y del que han quedado testimonios gráficos, existieron también otros pequeños puentes provisionales de madera para el paso de personas, utilizandose también los vados y pasadas tradicionales cuyo cruce en los días posteriores a la riada estuvo a punto de llevarse la vida de algunos arcenses. Tales fueron los casos de Alejandro Fernández Medina, de 65 años, quien al vadear el río por la pasada de La Molina, se hundió su caballo en el fango, pudiendo salvarse por ser un excelente nadador; o el del joven Antonio Murciano Meza, quien fue arrastrado por la corriente en el vado de Los Carriles, lográndose salvar gracias a la poderosa caballería que montaba (23).



Con todo, la principal preocupación de los arcenses fue la construcción del nuevo puente. Tras la riada, el alcalde Juan J. Velazquez Gaztelu, así como el gobernador civil y distintos diputados a Cortes por la provincia solicitaron al Ministerio de Fomento su intervención para acelerar las obras. Apenas dos semanas depués el alcalde confirmaba que “el proyecto del nuevo puente se remitirá a Madrid antes del 15 del próximo” (24). Unos días más tarde, un telegrama del Conde de los Andes informaba que “el puente estará terminado en muy breve plazo. Aquel se construirá en los Altos Hornos de Bilbao y su costo ascenderá a unas 300.000 pesetas; será colgante y de un solo tramo” (25). El nuevo puente de San Miguel, proyectado por el ingeniero Juan Romero Carrasco (como el de Villamartín), fue construido finalmente en los talleres de "La Artística Valenciana", entidad con la que se contrataron las obras, siendo inaugurado el 14 de octubre de 1920. De vigas metálicas parabólicas, y con una luz de 63m, tuvo un coste de 288.00 pesetas y utilizó como apoyos los estribos del viejo puente de cantería destruido por la riada del Guadalete (26).



La riada en la Junta de Los Ríos y la vega de Abadín.

Dejando atrás Arcos, la riada inundó lo Llanos de las Huertas, las vegas de Coviches y La Pedrosa y la Vega del Drago, donde el molino de Matos quedó semidestruido por las aguas del Majaceite.

En la Junta de los Ríos, unidos los caudales del Guadalete y de sus tributarios, el Salado de Espera y el Majaceite, los efectos de la riada se multiplicaron. La presa de Guadalcacín, construida unos años antes, pudo frenar los efectos de la crecida, laminando en parte la avenida. Aún así, por su alividadero llegaron a evacuarse 500 m3 por segundo, calculándose el caudal de ambos ríos entre la Junta y La Florida, en unos 2000 m3 por segundo en los momentos de apogeo de la avenida (27). No es de extrañar por ello que la fuerza de la riada arrastrará también el puente de la Junta de los Ríos, en la carretera Arcos-Vejer, como lo había hecho aguas arriba con los de Villamartín y San Miguel. El puente de fábrica, de 5 claros de 18 metros de luz cada uno, había sido construido en 1866 y ya había sufrido graves daños por una riada en 1881, aunque en esta ocasión no pudo soportar el empuje de la avenida (28). El mismo día 7, así lo comunicó por telegrama el alcalde de Arcos al de Jerez (29), dando también de ello cuenta los diarios nacionales que informaban de que “en el sitio llamado Junta de los Ríos, se hundió el ojo central del puente” (30). Para sustituirlo, el ingeniero Juan Romero Carrasco proyecto un nuevo puente de hierro, similar al de Villamartín, que sería inaugurado en 1925.



Durante los ocho años en los que la carretera estuvo sin puente, el paso del río se solucionó parcialmente con la instalación de una barcaza de sirga de la que conocemos sus características por las fotografías antiguas que de ella se conservan, similar a la instalada en Villamartín (31).

Aguas abajo, en las vegas de Casina y La Misericordia el río alcanzó una anchura extraordinaria, inundando totalmente las vegas de Albardén y Abadín, ya en término de Jerez, con una lámina de agua superior a un metro. En este último lugar, el diario El Guadalete informaba con el titular “A punto de perecer” que “en el caserío de la huerta de Lavadín, próxima a la Junta de los Ríos, estuvieron a punto de perecer sus moradores. A las cuatro de la mañana el contratista de las obras del Pantano de Guadalcacín don Federico Sáez, que tiene aquí alquilada una habitación en la expresada huerta, fue avisado de que estaba completamente inundada la planta baja. El Sr. Sáez, con la precipitación que exigía la gravedad del peligro, ensilló su caballo y montó a la grupa a la esposa del colono de la huerta. Éste y un mozo, en otro caballo y una mula, siguieron al señor Sáez, conocedor del terreno, orientándose como podía, dada la oscuridad de la noche, se dirigió a una choza enclavada a una altura y distante de la huerta unos quinientos metros, llegando a ella, por fortuna, sin más consecuencias que el remojón sufrido, pues hay que tener en cuenta que el agua llegaba a los caballos a la altura del vientre” (32)



Sin embargo, lo peor aún estaba por venir. Aguas abajo, en La Florida, la avenida del río iba a destruir el puente sifón del acueducto de Tempul, cortando así el suministro de agua potable a la ciudad de Jerez.
(Continuará)
Para saber más:
(1) La Correspondencia, 8 de Marzo de 1917, p. 3.
(2) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(3) La Correspondencia, 9 de Marzo de 1917, p. 3.
(4) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p. 1.
(5) Heraldo de Madrid, 8 de marzo de 1917, p. 2.
(6) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1. La crónica contiene la información del día 7.
(7) La Época, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(8) La Nación, 10 de marzo de 1917, p. 9.
(9) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(10) Íbidem.
(11) ABC, 8 de marzo de 1917, p. 9.
(12) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(13) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(14) El Día, 9 de marzo de 1917, p. 2. El Imparcial destaca también esta noticia así como que, ante la insuficiencia del reparto, “hubo un conato de alteración del orden” El Imparcial, 10 de marzo de 1917, p.1.
(15) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p. 2.
(16) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(17) El Día, 9 de marzo de 1917, p. 2.
(18) La Correspondencia, 11 de Marzo de 1917, p. 3.
(19) El Guadalete, 29 de marzo de 1917, p. 1.
(20) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(21) El Guadalete, 31 de marzo de 917, p. 1.
(22) El Guadalete, 26 de marzo de 1917, p. 1.
(23) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(24) El Guadalete, 26 de marzo de 917, p. 1.
(25) El Guadalete, 31 de marzo de 917, p. 1.
(26) "Puente de Villamartín y de San Miguel, sobre el río Guadalete, en la provincia de Cádiz", Revista de Obras Públicas, vol.71, nº 2382, junio e 1923, pp. 62-63
(27) Gavala y Laborde, Juan.: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, p. 27-28. Véase también González Quijano, P.M.: “Los bosques y las inundaciones”, La Correspondencia Española, Año LXVIII Número 21593 - 1917 marzo 27, p. 3.
(28) García Lázaro, A. y J.:El puente de hierro de la Junta de los Ríos”, Diario de Jerez, 13 de noviembre de 2016.
(29) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p. 1.
(30) ABC, 8 de marzo de 1917, p. 9. y La Correspondencia, 9 de marzo de 1917, p. 3, entre otros.
(31) García Lázaro, A. y J.:El puente de hierro…”, obra citada.
(32) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p. 2


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 19/03/2017

 
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