Los baños en el Guadalete.
Un paseo por las playas fluviales de nuestro río y su historia




Si algo caracteriza de manera inequívoca la llegada del verano, es el inicio de la temporada de baños que, desde hace ya unas semanas, viene marcada por el éxodo de los jerezanos hacia las playas cercanas. Sin embargo, cuando en tiempos pasados se hablaba de “verano” y de “baños”, en lo que de verdad se pensaba era en bañarse en el río. En el Guadalete.



Los baños en el Guadalete.

Y es que las “playas de Jerez”, durante la segunda mitad del siglo XIX no eran Valdelagrana o La Puntilla, La Ballena o El Palmar… sino la ribera del río comprendida entre la Huerta de la Cartuja -junto al Monasterio- y el Vado de los Hornos. Este último lugar se corresponde con la actual barriada rural de La Corta, donde a comienzos del siglo XX se construiría un azud para los regadíos de los Llanos de las Quinientas.



Los alrededores del Puente de Cartuja y de El Portal fueron también otros parajes fluviales a los que los jerezanos acudían para bañarse en el Guadalete. El investigador de nuestra historia ferroviaria Francisco Sánchez Martínez, nos informa que ya en el verano de 1854, recién inaugurado el primer tramo del ferrocarril entre Jerez y El Puerto de Santa María, “…la empresa ferroviaria establecía un servicio especial para llevar a la gente a tomar los baños en el río Guadalete junto al muelle del Portal, los precios de ida y vuelta eran de 3 reales/v en 3ª clase, y 5 reales/v en 2ª clase”. (1)

En la segunda mitad del siglo XIX los baños en el río debieron ser muy populares y, para regularlos, el Ayuntamiento de Jerez elaboró las correspondientes Ordenanzas Municipales de Baños Públicos en el Guadalete. Esta normativa se publicaba con la llegada del verano, época en la que los jerezanos encontraban en el río el mejor lugar de esparcimiento. Su lectura detenida nos aporta curiosas referencias sociológicas de esa época en la que todavía no estaban de moda los baños de mar. Como ejemplo de ellas, sirvan las correspondientes al año 1873 en las que se incluyen artículos realmente llamativos:

Art. 281. La temporada de baños en el río Guadalete durará desde el 16 de julio al 8 de septiembre ambos inclusive. Antes ó después de esta fecha sólo podrán bañarse los que justifiquen por certificación facultativa la necesidad de hacerlo, adquiriendo al efecto el competente permiso. El Alcalde podrá, sin embargo, anticipar el principio de la temporada ó hacerla más duradera, si la estación ó cualquiera otra circunstancia aconsejase alguna de estas variaciones.

Art. 282. Para los baños al aire libre se señala el espacio que hay entre los sitios llamados Vado de los Hornos y Huerta de la Cartuja, reservándose a toda hora para las mujeres una cuarta parte del dicho sitio, a contar desde el primer punto.

Art. 283. No podrán establecerse cajones para baños sin permiso previo de la alcaldía, siendo de cargo del que lo solicite, sufragar los gastos de reconocimiento pericial que se efectúe y hacer todo lo que se le prescriba para la debida seguridad de los bañistas.

Art. 284. Se prohíbe que se bañen los niños si no van acompañados de personas mayores: así como que lo hagan juntas personas de distinto sexo, aún cuando estén casados. Los individuos pertenecientes á establecimientos de Beneficencia necesitarán además el permiso de sus jefes.

Art. 285. Todos los bañistas quedan obligados á usar, según su sexo, el traje que la decencia prescriba, prohibiéndose además cruzar el río á nado, promover juegos ó alborotos dentro del agua, y en absoluto todo hecho ó dicho ofensivo á la moral.

Art. 288. En el Puente de Cartuja y sitio del Portal, se bañarán los caballos y demás bestias con absoluta prohibición de ejecutarlo en otro punto. En estos mismos sitios y otros no señalados para baños de personas podrán los laneros, tintoreros, etc., lavar los efectos propios de sus artes y oficios durante la temporada de baños, verificándolo en las demás épocas donde lo crean más conveniente.

Art. 289. Los que contravinieren las disposiciones de este capítulo incurrirán en la multa de 2 a 25 pesetas, según los casos
.”

La Corta y los alrededores del Puente de Cartuja, fueron lugar habitual de baños hasta la década de los 60 del siglo pasado, época en la que los vertidos urbanos e industriales convirtieron al río en una cloaca. En una de las fotografías que ilustra esta entrada, puede verse a nuestro viejo amigo Pepe Salas, disfrutando de un baño con sus amigos en el río en la década de 1950. Parajes como los de La Greduela, Bucharaque (en La Barca), Tablellina, en las cercanías de la Junta de los Ríos… fueron otros tantos lugares de baños en el Guadalete, antes de que la contaminación terminara con ellos.

Baños en el río en El Puerto de Santa María.

En El Puerto de Santa María, junto a los baños de mar en la Playa de La Puntilla, el verano se anunciaba también con los baños en el Guadalete. Como ha estudiado el historiador portuense Enríquez Pérez Fernández (3), existen ya noticias de regulación municipal de los baños en el río desde 1816, cuando se concedió en exclusiva a la Casa de Niños Expósitos la facultad de instalar barracas, cajones y aposentos para los baños "aplicando su producto al aumento del salario de las nodrizas o amas de cría y a las demás urgencias y necesidades que padece la casa y los inocentes niños".

Pero será a partir de 1860 cuando empiezan a adquirir más relevancia. La temporada se iniciaba con el verano, por San Juan, debiendo ponerse fin a la misma después de la Virgen de los Milagros, el 8 de septiembre. Como sucedía en Jerez, también en El Puerto hombres y mujeres ocupaban espacios diferenciados, estableciéndose multas de cuatro ducados a los hombres que fueran sorprendidos en la zona reservada a las mujeres. En esta época operaban tres empresas de baños en el río y una en La Puntilla, lo que da idea de la importancia de los baños en el Guadalete frente a los de mar. Para facilitar los baños en el río y evitar los peligros de las corrientes, se instalaban en la orilla barracas y una pasarela que comunicaba con una estructura de madera techada, situada en el río, donde se encontraban los baños flotantes, con cajones sumergidos que impedían que los bañistas pudieran ser vistos (4).

Entre las escasas imágenes que se conservan sobre aquellos baños en el río destacan por su espectacularidad las del arquitecto y fotógrafo jerezano Francisco Hernández-Rubio, rescatadas por Adrián Fatou y que pudimos admirar hace unos meses en la magnífica exposición “Arquitectura de una mirada”. Realizadas en los primeros años del siglo XX, se observan en ellas los bañistas en la orilla del río, a los pies del antiguo Puente de San Alejandro, con las salinas al fondo, desde el que se lanzan al Guadalete los niños y jóvenes en atrevidas piruetas (5).

También en El Puerto –como en Jerez- el Guadalete quedará vedado para el baño a partir de la década de los 60 del siglo pasado, como consecuencia de la contaminación de sus aguas. Habrá que esperar hasta julio de 1995, tras más de una década de lucha por la recuperación del río y la puesta en marcha de un Plan de Saneamiento, para que los colectivos ciudadanos y ecologistas integrados en la Federación Ecologista Pacifista Gaditana, celebren la fiesta “El Guadalete empieza a vivir” dándose un simbólico “baño popular” en las aguas del río Guadalete que empieza, por fin, un proceso de lenta recuperación.

Una bañista de excepción: Fernán Caballero.



De la mano de una de nuestras más renombradas escritoras decimonónicas, Fernán Caballero, podemos hacernos una idea muy aproximada de cómo eran aquellos baños en el ríoGuadalete a mediados del siglo XIX. Lo describe con detalle en una de sus novelas más célebres “Un verano en Bornos”, escrita en 1850.

Cecilia Böhl de Faber se deshace en elogios hacia esta localidad serrana señalando los baños en el río Guadalete como uno de sus atractivos: “Este pueblo es muy lindo y tiene un indisputable aire señorito (así traduzco el come il faut francés).

Se deja ver que la esplendidez con que Cádiz en otros tiempos esparcía, y aún tiraba el dinero, lo hizo llegar a este apartado lugar, al que vendrían aquellos millonarios que sabían serlo, á buscar el bienestar y la salud que procuran sus aires puros, sus hermosas aguas y los baños de su río, suaves y tónicos á un tiempo, por afluir a él en estas cercanías algunas fuentes minerales
”.

En su Carta VII descubrimos las “casetas” de baño de la época y la curiosa forma en que se construían y utilizaban: “Hemos empezado los baños en el río. Según la costumbre establecida aquí, nos han hecho una choza anfibia, esto es, que se asienta en la orilla y se prolonga en el río. La parte acuática está sin techar, pues nos bañamos á la caída de la tarde, cuando ya el sol ha descendido; sus cuatro paredes de cañas, castañuelas y junco vano, unidas por una tomiza de palma y sujetas á unos postes con jical de esparto, forman una florida alberca de agua corriente y tibia, muy preferible á las de alabastro con sus estancadas aguas. El buen hombre que la hizo, dejó en el fondo una puerta abierta para que la persona que quisiese pudiese salir al río; pero mi madre me había prohibido hacerlo, porque, aunque no es profundo, le habían advertido que tenía ollas, esto es, unos hoyos en que es muy fácil caer y ahogarse la persona que no sepa nadar” (6).

En las distintas cartas que componen “Un verano en Bornos”, Fernán Caballero menciona en muchas ocasiones estos baños en el Guadalete: “…el río y el aire son bienes comunes; cada cual puede disfrutarlos sin acreditarse por eso de socialista”, llega a decir en una de ellas. En su carta VIII resume lo que suponen para ella los baños, a través de uno de sus personajes: “Luisa mía: nada me prueba tanto como la benéfica influencia que sobre mi han ejercido estos aires y estos baños, como lo hace el bienestar moral de que por grados voy gozando”.

Las playas fluviales en la actualidad.



Hoy día, los baños en el Guadalete y en algunos de sus arroyos tributarios son una rareza… pero aún existen puntos donde se practican de la mano de nuevas instalaciones. Entre las pequeñas “playas fluviales” o parajes donde los vecinos acudían a bañarse mencionaremos las que existían en las riberas del Bocaleones o del Arroyomolinos. En este último arroyo encontramos la “Playita de Zahara”, nombre con el que se conoce a la adecuación recreativa instalada en su cauce hace apenas veinte años, donde la construcción de una represa en el cauce del arroyo ha dado lugar a una “piscina” natural de aguas cristalinas que cuenta con distintos servicios para facilitar el baño.

Aguas abajo de la presa de Zahara, se construyeron hace unos años pequeños azudes para crear una lámina de agua permanente en el Guadalete y facilitar el baño. Son los casos del Puente de la Nava en Algodonales y de La Toleta, en las proximidades de uno de los accesos a la Vía Verde, en Puerto Serrano. Ambos se encuentran hoy deteriorados. Atrás quedan los tiempos en los que familias enteras acampaban en las alamedas junto al puente viejo de La Nava, conocido como “el de los americanos”, para pasar unos días de “veraneo” junto al río y bañarse en sus aguas.



En la cuenca del Majaceite, uno de los rincones preferidos por los bañistas eran las inmediaciones del Puente del Arroyo del Astillero, muy cerca del poblado del Charco de los Hurones. Este lugar llegó a contar con instalaciones recreativas dependientes del Ayuntamiento de Jerez, hoy en estado de abandono. Aguas abajo, este mismo arroyo tenía otra zona para baños muy concurrida hace unas décadas, antes de que las aguas del embalse



de Guadalcacín la cubrieran: los alrededores del viejo puente del Picao, entre Tempul y Algar. El embarcadero de Bornos y el Club Naútico del Santiscal, en el embalse de Arcos son también otras zonas donde pueden verse bañistas.



En los últimos años, han surgido dos nuevas instalaciones a orillas del embalse que nos permiten disfrutar del contacto con la naturaleza, de los deportes acuáticos y del baño. Se trata del complejo del Tajo del Águila en Algar (con embarcadero, piscina, alojamientos rurales…) y la conocida como “Playa de San José del Valle”, (actualmente se realizan mejoras) una adecuación creada en las cercanías de la presa de Guadalcacín que cuenta con playa artificial acotada para el baño y embarcadero con piraguas, canoas y barcas.

¡Qué tengan ustedes un buen verano!

Para saber más:
(1) Sánchez Martínez, F.: “El Portal, su muelle, el arrecife a Jerez y el Ferrocarril (II)”, Diario de Jerez, 11/06/2013.
(2) Clavero, J. García Lázaro, A. y Grupo Entorno.: El Guadalete Empieza a Vivir. F.E.P.G., Consejería de Obras Públicas. 1996.
(3) Pérez Fernández, Enrique.: El vergel del Conde y el Parque Calderón: historia de dos paseos de El Puerto de Santa María. Biblioteca de Temas Portuenses. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000.
(4) “Los baños de mar en El Puerto”. Diario de Cádiz, 20/07/2008. De este artículo hemos tomado la ilustración de las casetas de baño en el río.
(5) De la exposición “Arquitectura de una mirada. Francisco Hernández-Rubio, fotógrafo” comisariada por Adrián Fatou hemos tomado la fotografía que muestra a un joven saltando al río Guadalete desde el Puente de San Alejandro que ilustra la portada del libro-catálogo.
(6) Fernán Caballero.: Un verano en Bornos. Gráficas El Exportador. Jerez, 1985. Ed. Asociación de Amigos de Bornos. Pgs.161-162, 201-211 y 215.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Río Guadalete, El Paisaje y su gente, El Paisaje en la literatura, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 29/06/2014

Las Salinillas de Vicos.
Un paraje singular entre cerros de albariza.




A Paco Giles y Santiago Valiente, “maestros salineros”

En estas páginas en las que recorremos los rincones de la campiña “en torno a Jerez”, nos hemos ocupado en distintas ocasiones de las pequeñas lagunas o humedales salobres, donde “cuaja la sal”, que encontramos repartidas por nuestro término. Para ello hemos dedicado artículos a las Salinillas de Estella del Marqués, a las Salinas de Fortuna situadas entre los cortijos de Doña Benita y La Matanza o las Salinillas de Santo Domingo, junto a la carretera del Calvario (1), por citar sólo algunas. Hoy, en este recorrido por la geografía de las pequeñas salinas de interior, les proponemos una visita a un lugar poco conocido donde se encuentran las Salinillas de Vicos, también conocidas como Salinillas de Jédula.

Un escondido paraje.

Si bien las fuentes documentales que se refieren a él son escasas, este paraje con el nombre de Salinillas de Vicos, figura ya en el Plano Parcelario del término de Jerez, elaborado en 1904 por A. López-Cepero (4). Aunque está situado en las proximidades de Vicos y Jédula no se



muestra fácilmente a los ojos del paseante. Y ello es debido a que se encuentra rodeado por pequeños cerros que ocultan su vista a quienes transitan por la carretera de Arcos o por la Cañada de Vicos o de las Mesas, que discurren a penas a 1 km de este lugar.

Al norte lo protegen las lomas de albarizas del cerro de Monte Corto (117 m) y Cerro Blanco (154 m), donde se encuentra el cortijo de Monte Corto Alto. Al oeste, el de Rodahuevos (118 m) y al sur los cerros de Totanlán (117 m) y Totanlancillo (118 m) colindantes con la carretera de Arcos junto a la que despuntan frente a los llanos del cortijo de Vicos. Tan sólo hacia levante se abre un poco este rincón dejando paso al arroyo que cruza las salinillas, un pequeño curso sin nombre que se forma por la confluencia de los que bajan de los citados cerros y se explaya a los pies de la pequeña garganta que se forma entre los mencionados cerros. Se trata, en todo caso, de pequeños cursos de agua tributarios del Arroyo de Montecorto que lo es a su vez del Salado de Caulina, en el que desagua junto al cortijo de Jarilla Jareta.

Las Salinillas de Vicos o de Jédula.



Llegamos a las Salinillas desde la autovía de Jerez-Arcos, tomando la salida que conduce al cortijo de Vicos. Una rotonda nos desvía entonces hacia Jédula y a la Vía Pecuaria, dirección esta última que será la que tomemos. Se trata de la Cañada de Vicos o de las Mesas, un camino -tal vez milenario, como veremos- que conduce hacia Gibalbín pasando por las Mesas de Santiago.

Lamentablemente, en muchos de sus tramos, los márgenes de la cañada han sido ocupados, para instalar huertos y casetas que se extiende casi hasta el cortijo de Campo Real. En su tramo inicial, el camino deja a la derecha antiguas instalaciones de la Yeguada Militar, hoy abandonadas, y a la izquierda las pronunciadas laderas de la falda este del Cerro de Totanlán en el que se han venido realizando, años atrás, trabajos de repoblación forestal -sin mucho éxito-para frenar la fuerte erosión de estas lomas.



A unos 600 m nos llama la atención a la izquierda, en las laderas del cerro, una profunda cárcava excavada por las aguas de lluvia que por aquí se canalizan y que llegan a formar a sus pies una gran lámina de agua que inunda el camino, cuando aquellas son copiosas. En sus proximidades, en el lado derecho de la cañada, aflora una pequeña surgencia en el interior de los terrenos militares, en torno a la cual está presente la vegetación propia de los suelos húmedos.

Delatada por el color blanquecino de su fondo y por las plantas propias de los suelos salobres que crecen en su perímetro, como las salicornias, esta pequeña laguna estacional es también conocida como La Salinilla de Vicos o de Jédula, aunque nosotros preferimos reservar este nombre para el siguiente paraje -menos conocido- que visitaremos.

En los meses del estío, los limos blanquecinos de la albariza arrastrada por las escorrentías de las laderas del cerro que constituyen su fondo, se cubren de un delgado velo de sal que desaparece con las primeras lluvias. En el lecho de esta pequeña laguna y en sus laderas, “se han documentado fragmentos cerámicos del Bronce Final y Orientalizante junto a otros a torno de época medieval” lo que testimonia la utilización de los recursos que proporcionaba este espacio desde tiempos remotos (3).



Siguiendo nuestro camino por la vía pecuaria y dejando atrás este paraje, observaremos que unos 300 m más adelante, el paisaje se abre a la izquierda mostrándonos el pequeño valle por el que discurre en dirección oeste el Arroyo de Monte Corto Bajo. En este punto, abandonaremos la cañada desviándonos a la izquierda por un estrecho sendero que discurre a los pies del cerro de Totanlán. Tras superar un pequeño collado veremos frente a nosotros el paraje de Las Salinillas, al que llegaremos tras recorrer apenas un km. desde que dejamos la cañada.

En nuestro camino se divisa a la derecha, entre cerros sembrados de girasol y cereal, el cortijo de Montecorto Bajo, que da nombre al arroyo. Bajo las lomas de su margen derecha se trazó el conocido como “túnel de Jédula”, una obra de más de 4 km que atraviesa un canal de riego que asoma en el cortijo de Montecorto, y que permitió llevar el agua del pantano de Guadalcacín a los llanos de Caulina a través de los sifones de la Junta de los Ríos (4).

Después de un corto paseo, el paisaje se abre formándose un llano entre los cerros en el que desaguan varios arroyos que bajan desde Cerro Blanco y desde las laderas de los cerros de Totanlán y Totanlancillo, a cuyos pies nos encontramos. Si visitamos estos parajes en primavera, disfrutaremos del verdor de estas lomas, donde crecen también espinos, acebuches, coscojas, aladiernos, peruétanos… y, sobre todo, del de las orillas de estos arroyos, pobladas de tarajes que por algunos lugares llegar a formar pequeños bosquetes.

En verano, apenas un hilo de agua corre por su cauce que, por algunos rincones, se extiende en amplias zonas llanas y nos muestra en la base de los cerros curiosas formas erosivas en la



roca albariza
en las que los amantes de la geología podrán realizar curiosas observaciones. Caminando por la orilla, aguas arriba, podemos remontar el arroyo hasta su cabecera en un corto paseo de algo más de un km, donde una pequeña surgencia aporta en verano un mínimo caudal. A medida que avanzamos, el valle se encajona entre los cerros y se estrecha, formando pequeños meandros en los que la erosión fluvial ha labrado caprichosas formas en sus laderas.



En la estación seca, una lámina blanquecina cubre los depósitos de lodos que se extienden a las orillas del cauce, delatando el carácter salobre de sus aguas. Con todo, la concentración salina de estos arroyos es menor que la que apreciamos en otros parajes salinos de la campiña jerezana (Las Salinillas de Santo Domingo, Las Salinillas de Estella del Marqués, Las Salinas de Fortuna…) y de las que nos hemos ocupado en estas páginas (5). Por esta razón, aunque una tenue película blanca recubra las orillas y el lecho del arroyo, solo cuaja la sal de una manera llamativa en algunos puntos donde se ha retenido mayor cantidad de agua. En todo caso, el paseante curioso, podrá observar cómo se visten de blanco los tallos de la vegetación de las orillas o como se forman curiosas figuras en el lecho cuarteado del arroyo cubiertas por una delicada capa blanca.



La sal forma pequeños grumos sobre antiguas traviesas de ferrocarril que llaman la atención desperdigadas por distintos rincones de este paraje. Proceden del desmontaje de la antigua traza del Ferrocarril de la Sierra que pasaba por el cercano cortijo de Monte Corto Bajo, y fueron utilizadas para los cercados de las viñas de Cerro Blanco, siendo arrastradas por las aguas torrenciales tras erosionar las laderas.

Esta circunstancia -la erosión tras la puesta en cultivo de estas lomas que antaño estuvieron cubiertas de monte bajo- ha hecho también que, en las últimas décadas, según testimonios orales de vecinos y pastores de la zona, los arrastres de tierra por el arroyo hayan disminuido y enmascarado los depósitos salinos.

Con respecto a su posible explotación no poseemos datos, pero dudamos de que, por las razones comentadas, la sal pudiera ser extraída de manera regular como si se hizo en las Salinillas de la carretera del Calvario o en las de Fortuna, junto a Doña Benita.



Creemos que, en todo caso, tal vez se pudo hacer un uso muy puntual de los pequeños depósitos de sal para la extracción ocasional de pequeñas cantidades por parte de los habitantes de enclaves rurales cercanos, así como para uso ganadero. Aunque no han quedado testimonios documentales de ello, es posible que en tiempos remotos Las Salinillas tuviesen algún tipo de aprovechamiento a juzgar por los restos de cerámica que se observan en sus alrededores, y por los diferentes asentamientos rurales que desde la antigüedad y los siglos medievales se hallaban en su entorno cercano.

Un paraje con historia.



En las cercanías de Las Salinillas de Vicos, existen no pocos enclaves de interés, algunos de los cuales han sido ocupados desde la antigüedad. Por citar sólo los más cercanos, en un radio de 2 km se encuentran los cortijos de Vicos, Montecorto, Campo Real o la población de Jédula, lugar este último con yacimientos romanos y huellas de presencia andalusí (6). A 3 km se ubica La Peñuela, con restos romanos y tardo-romanos (7), y a unos 5 Km Mesas de Santiago, cortijo de Jara y Encinar de Vicos, todos ellos con importantes vestigios de época antigua y medieval.

El enclave de Vicos, muy cercano a Las Salinillas, de donde toma su nombre, tiene ya en su topónimo sugerentes vinculaciones con la posible presencia romana en la zona. Derivado del sustantivo latino Vicus, y con el significado de pago, aldea o cortijo, apunta ya a la ocupación antigua de este territorio, cuyo nombre se ha mantenido desde los primeros días de la conquista tal como queda recogido en las fuentes escritas castellanas (8).

Junto a la presencia romana, destaca especialmente la ocupación andalusí de este territorio en el que debieron existir distintas alquerías de las que dependían las pequeñas propiedades rústicas (“maysar”): los machares o cortijos andalusíes (9). Algunos de sus nombres han llegado hasta nosotros y figuran ya en el documento de deslinde de términos entre Jerez y Arcos, aprobado por Alfonso X en 1274. Son los de Machar Xebut, Machar Almidax (“camino trillado”) y Machar Allha, (próximos todos a la zona del actual cortijo de Vicos y a Jédula), así como el de Machar Haní (“lugar verdeante, o de color verde intenso”) más cercano al término de Arcos y en el mismo sector (10). Junto a la aldea de Vicos, el más cercano a Las Salinillas debió ser el de Machar Almidax del sabemos que lindaba con Vicos al que estaba estaba unido por un camino: “la carrera que ba de Mathaz Almida por Vico”. Luis Iglesias García plantea su posible emplazamiento en el actual cortijo de Campo Real (11). Con respecto a Machar Xebut, Astillero Ramos sugiere su ubicación en las cercanas tierras de los actuales cortijos de Casa Blanca y Albardén (12).



Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que estos parajes estuvieron poblados y bien comunicados. Por sus cercanías pasaba también una importante vía de comunicación en la época andalusí que unía Algeciras con Sevilla, tal como describe al-Idrisi en el siglo XII. Procedente de Medina Sidonia, cruzaba el Guadalete y se dirigía hacia Gibalbín para llegar después a Torres de Alocaz, desde donde continuaba hasta Sevilla (13). Un camino similar al seguido cuatro siglos antes por Musa Ibn Nusayr que, a decir del historiador F. Hernández, entre Medina y Alocaz, iría por el camino viejo de Arcos, yendo a cruzar el Guadalete por el Vado de Sera (Torrecera), desde el que se proseguiría hasta el Puerto de Las Palmas (entre Las Salinillas y Jédula), para dirigirse desde aquí por la antigua Venta del Cantero (Gibalbín) hasta Alocaz (14).



Cuando regresamos de nuestra visita a Las Salinillas, dejando atrás los paisajes y la historia de este poco conocido rincón de nuestra campiña, subimos hasta el Cerro de Totanlán desde el que obtenemos unas magníficas vistas de este singular paraje. Que tengan ustedes buen verano.

Para saber más:
(1) Sobre otras salinas y salinillas en la campiña de jerez puede consultarse: García Lázaro, J. y A.:Las Salinillas de la carretera del Calvario”. Diario de Jerez, 19 de junio de 2016. "Salinas con historia junto a Estella del Marqués", Diario de Jerez, 28 de junio de 2015; "Las Salinas de Fortuna. Un rincón desconocido de nuestra campiña", Diario de Jerez, 2 de julio de 2017.
(2) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López-Cepero, Año de 1904. Escala 1:25.000.
(3) Santiago Valiente Cánovas, S., Giles Pacheco, F., Gutiérrez López, J.M., Reinoso del Río, Mª C. y Giles Guzmán, F.:Humedales salobres como fuente de extracción de sal en jerez de la frontera y su entorno: Cortijo de Salinillas y “Las Salinillas” de Estella del Marqués”, en línea [https://www.academia.edu/35517485/Humedales_salobres_como_fuente_de_extracci%C3%B3n_de_sal_en_Jerez_de_la_Frontera_y_su_entorno_Cortijo_de_Salinillas_y_Las_Salinillas_de_Estella_del_Marqu%C3%A9s]; consulta realizada el 04/07/2018.
(4) Sobre el túnel de Jédula puede verse García Lázaro, J. y A.:El acueducto de la Canaleja: una pequeña obra con un gran valor, Diario de Jerez, 22 de febrero de 2014. De los mismos autores, véase también "Tras las huellas de una histórica "Matanza". Por tierras de Jédula", Diario de Jerez, 5 de febrero de 2017.
(5) Ver referencias en nota 1.
(6) Sobré los yacimientos arqueológicos de Jédula puede consultarse Carta Arqueológica del término municipal de Arcos de la frontera, 2009, Vol. I, pp. 51 y 58. Véase también, Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p.134.
(7) Rodríguez Oliva, P.: La caja de sarcófago decorada de "La Peñuela". Museo Arqueológico Municipal de Jerez/Asociación de Amigos del Museo. La pieza del mes, 21 de marzo de 2015. En línea [http://www.jerez.es/fileadmin/Image_Archive/Museo/LA_CAJA_DE_SARCOFAGO_DE_LA_PENUELA.pdf], consulta realizada el 04/07/2018.
(8) Martínez Ruiz, Juan: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII. Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de a muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, pp. 100-101; Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), p. 282.; Gordón Peral. Mª D.: “Toponimia e Historia. Estudio histórico-lingüístico de los nombres de lugar de Marchena”. En Actas de las XIII Jornadas Sobre Historia de Marchena. Marchena. Ayuntamiento de Marchena. 2009, p.27; González Jiménez, M. (Ed), Diplomatario andaluz de Alfonso X, El Monte, Caja de Huelva y Sevilla, 1991. Doc. 416, pp. 440-443.
(9) Gutiérrez López, J.Mª y Martínez Enamorado, V.: “Matrera (Villamartín): una fortaleza andalusí en el alfoz de Arcos”. I Congreso de Historia de Arcos de la Frontera. Ayuntamiento de Arcos, 2003, p. 114-115.
(10) González Jiménez, M. (Ed), Diplomatario… pp. 440-443.; Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia… op. cit., pp. 278-279; Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pp. 171, 278-279.
(11) Iglesias García, L.: Jerez durante la baja Edad Media: transformaciones territoriales. Revista de Historia de Jerez, 19 (2016) 37-70. p 51.
(12) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p.135.
(13) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p.34-35 Abellán Pérez, J.: “Las vías de comunicación gaditanas en el siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII. Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de a muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, pp. 128-129.
(14) Abellán Pérez, J.: La cora… p. 40; Abellán Pérez, J.: “Las vías de comunicación… p.132.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Geología y paisajes, Lagunas y humedales, Paisajes con historia, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/07/2018

 
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