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Topónimos curiosos en torno a Jerez.
“Hermanos grandes y hermanos chicos” en los cortijos de la campiña.



En muchos lugares de nuestra campiña encontramos curiosos topónimos que se presentan en dos “versiones” distintas, una de ellas en diminutivo, y hacen alusión a lugares, fincas o cortijos próximos entre sí o incluso colindantes. En algunos casos pertenecieron a una misma propiedad y dan la pista de la mayor importancia, preeminencia o antigüedad de quien ostenta el nombre principal. Estos son algunos de estos singulares nombres:

Alijar y Alijarillo, El Barroso y El Barrosillo.

Este es el caso de algunos conocidos cortijos como los de Alijar y Alijarillo, situados junto a la carretera de Sanlúcar, coronando sendas lomas desde las que se domina el paisaje de la campiña. Este rincón del término de Jerez, conocido como Los Alijares, se encuentra colindante con el de Sanlúcar y en los siglos medievales, de acuerdo a los



restos cerámicos encontrados, pudo albergar una alquería andalusí de las muchas que se repartían en el extenso alfoz jerezano. El topónimo que bautiza estos cortijos es de origen árabe, vinculado tal vez a su pasado andalusí. De él dice el historiador Bartolomé Gutiérrez que “…La voz Alijar, quiere decir, exido y salidas espaciosas para recreo, y no desdicen del terreno estas ethimologias porque el paraje y salida en nuestro término (que es donde están) es divertida…” (1). Y es que, conviene recordar que entre las distintas acepciones que el DRAE recoge para “alijar”, se encuentran las de “dehesa”, “cortijo” y “aduar” (pequeña población formada por chozas o cabañas). Alijarar es también repartir tierras incultas para su cultivo. Frente al viajero, a la derecha de la carretera se alza el caserío de Alijar, escoltado por los aerogeneradores de un parque eólico que se enclava en sus tierras, a la izquierda, el de



Alijarillo. Ambos pudieron tener su origen en sendas villas romanas y en el de Alijar aún se conservan los restos de una torre-atalaya de origen medieval que formaba parte de las que controlaban el alfoz jerezano (2).



En la conocida como carretera del Calvario o de Las Viñas, a orillas del que en el siglo XIX fuera el camino de Jerez a Bonanza, se encuentran los cortijos de El Barroso y El Barrosillo. El Barroso se asienta en la explanada de un antiguo descansadero de ganado donde confluían las cañadas de Marihernández, del Amarguillo y de Tabajete que comunicaban Las Tablas y Añina con Mesas de Asta, atravesando parajes que lo fueron de marismas. Estas tierras tuvieron como ilustre propietaria, ya en el s. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno. Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el cortijo de El Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar, que debe su



nombre a la naturaleza arcillosa y encharcadiza del suelo, el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Montegil y Montegilillo, La Torre y La Torrecilla.



Al norte de la ciudad, en dirección a Sevilla la campiña guarda otras curiosas parejas de topónimos como Montegil y Montegilillo. En el caso de Montegil, el nombre hace alusión a un cerro de 136 m situado entre Jerez y El Cuervo, junto a la carretera nacional IV y al antiguo cortijo que allí se emplaza. Esta elevación domina las marismas de Casablanca, Morabita y El Cuervo y en sus alrededores existen numerosos yacimientos arqueológicos. Por su posición geográfica el Alto de Montegil albergó una torre del telégrafo óptico, una de las 59 de las que constaba la línea Madrid-Cádiz, puesta en marcha en 1844 por el brigadier José María Mathé por encargo del Ministerio de la Gobernación. En dirección a Madrid se conectaba desde aquí visualmente con la torre del Cerro de Cornegil (próximo al Rancho de Majada Vieja), a mitad de camino entre El Cuervo y Lebrija. En dirección a Jerez la conexión era con la torre de Capirete, que estuvo situada en la actual Viña El Telégrafo, que ha conservado en su nombre el recuerdo de aquel curioso sistema de comunicación (4). La torre de Montegil estuvo ubicada en el paraje donde hoy pueden verse grandes antenas de telecomunicaciones. Desde este punto se observa una inigualable perspectiva sobre las campiñas y marismas del bajo Guadalquivir. Montegilillo, por su parte, da nombre a un cortijo colindante con aquel. Situado junto a la derecha de la carretera en dirección a El Cuervo. En relación con el curioso nombre de Montegil, el profesor Pascual Barea, sugiere la posible relación de este orónimo con “montecellu”, (vocablo del latín tardío) que derivaría de monte (mons, montis) y el sufijo -cellu, del que procede el sufijo castellano -cillo. “Montegil equivale por tanto al castellano ‘montecillo´”, por lo que este topónimo “documentado en textos árabes y castellanos medievales, remonta a la Antigüedad tardía” por lo que, rizando el rizo, Montegilillo vendría a significar “pequeño montecillo” (5).



Apenas a 7 km de aquí, a los pies de la Sierra de Gibalbín y junto a la Cañada de Casinas que unía la zona de Lebrija con Calsena, la antigua capital andalusí situada en la junta de los Ríos, encontramos los cortijos de La Torre y La Torrecilla. Accedemos a ellos por la carretera que comunica Gibalbín y El Cuervo, desde la que un desvío señalizado a la derecha nos lleva a La Torre de Pedro Díaz, como también se conoce a este antiguo cortijo de posibles raíces árabes (6). La Torre formaba parte de la cadena de fortalezas, torreones y atalayas repartidos por el extenso alfoz de Jerez. Ubicada a los pies de la Sierra de Gibalbín, en las proximidades de los caminos medievales que conducían a la campiña sevillana, el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez nos recuerda que también era conocida como torre de la Hinojosa, “cuyo Donadío, era y es perteneciente á la familia de los cavalleros Hinojosas de esta ciudad… (7). Si la torre ya existía en tiempos de la conquista castellana, cabe pensar que su origen fuese andalusí (8). Aunque los restos originales que de ella se conservan son escasos, se aprecian en sus esquinas y en los arranques de los muros los sillares de cantería con los que debió ser reforzada en época cristiana. En su parte más alta se adivina un pequeño murete de tapial, al igual que en distintos puntos de la cerca que rodeaba esta construcción, a modo de pequeña muralla defensiva, por lo que su posible origen islámico es más que probable.

A escasa distancia de La Torre se encuentra el cortijo de La Torrecilla en cuyas tierras crecen hoy frondosos olivares. En el Nomenclátor Estadístico de 1857, estos cortijos se encuentran entre los más poblados del término contando con 138 habitantes censados.

Berlanga y Berlanguilla.



Situadas en la zona este del término, en las proximidades de La Barca de la Florida y del Guadalete, las tierras de Berlanga y Berlanguilla están cargadas de historia. Ocupan parcialmente los suelos de antiguas terrazas fluviales que vieron ya en el Paleolítico Inferior, unos 700.000 años atrás, la presencia de los primeros grupos humanos en estos parajes (9). En los primeros tiempos de la conquista castellana pertenecieron al término de Arcos y la aldea de Berlanga era conocida originariamente como La Guarda (10). Tras la cesión por la corona del Castillo de Tempul y sus términos a nuestra ciudad en el primer tercio del s. XIV, se fueron ocupando por los jerezanos algunas dehesas arcenses como las del Abadín, Cespedosa o La Bernala, que, como la de Berlanga, se incorporarían finalmente a nuestro alfoz tras pleitos que duraron siglos (11). La vinculación de Berlanga con Arcos permaneció durante siglos, llegando a denominarse la parte central de la conocida “Peña” como Peña de Berlanga, por dar vista a esta dehesa (12).

Aunque en la actualidad el cortijo de Berlanga posee un caserío renovado, sus orígenes se remontan también a los siglos medievales. A comienzos del XVI su propietario era el genovés Jácome Adorno y durante buena parte de los siglos XVIII y XIX perteneció a los marqueses de Valhermoso (13). Por su parte, las tierras de Berlanguilla, más próximas al Guadalete, fuero propiedad del convento de Santo Domingo de Alcalá de los Gazules desde 1516. En 1835, un año antes de la desamortización de Mendizábal, los dominicos arrendaron la dehesa a Domingo Varela, ganadero de Medina Sidonia, siendo subastada en 1837 y vendida en más de dos millones de reales (14). De la importancia de estas dehesas da también cuenta Madoz, quien a mediados del XIX las menciona en su Diccionario Geográfico. Sobre Berlanga, apunta que cuenta “con una Venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo… y el río Guadalete que la baña por el Oeste, el cual se pasa por la barca de la Florida y vados de la Berlanguilla”.



El terreno es “montuoso, con encinas y acebuches, y produce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados: hay caza de conejos y perdices, y en el río sábalos, barbos y otros peces de agua dulce, pasando por este terreno el camino que conduce a la sierra de Jerez”. De Berlanguilla, Madoz señala que tiene en sus tierras “el rico manantial del Lobo, que la divide de la de Berlanga”. Su terreno es “montuoso, con encinas, alcornoques y álamos blancos, y lo baña el Guadalete que se cruza por la barca de le Florida y los vados del Encerradero y de la Barca” (15).



En la actualidad, los dos cortijos mantienen su explotación ganadera y agrícola, con cultivos de algarrobos, y el aprovechamiento de sus dehesas, donde aún perviven restos del que fuera un gran alcornocal de llanura donde se mantienen algunos ejemplares sobresalientes incluidos en el Catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de la provincia de Cádiz, tales como el alcornoque, el acebuche o el piruétano de Berlanguilla (16). Este cortijo fue también célebre por sus granjas y desde hace unos años alberga también un complejo ecuestre-deportivo, con campos de polo y un establecimiento de turismo rural.

Pajarete y Pajaretillo, Casa Blanca y Casablanquilla.



Un caso similar a los anteriores es el de los cortijos de Pajarete y Pajaretillo, nombres con los que se conocen también los parajes que los rodean, a la espalda de la Sª del Valle. Llegamos a ellos por la carretera que desde San José del Valle se dirige a Alcalá de los Gazules donde los encontramos poco antes de llegar a las Mesas del Esparragal. El de Pajarete quedó incluido en el término vallense, mientras que el de Pajaretillo, colindante del anterior forma parte del alfoz jerezano.

El topónimo de Pajarete aparece ya en el s. XIV en los documentos de amojonamiento del término de Tempul y de su donación a Jerez por Alfonso XI, donde se señala. “[…] E el otro mojón cabe adelante que está ençima de la cantera de Gigonça, ques a ojo a Penna Harpada e a la bastida. E el otro mojón adelante está a par de Gigonça la Vieja, çerca del camino que va de Arcos a Alvela. E el otro mojón adelante está en esa caueza grande que está entre Gigonça la Vieja e Pajarete...” (17). En el s. XV, las tierras de este cortijo figuran entre los echos destinados al ganado vacuno, contando ya con pozo abrevadero. En 1519 pastaba aquí la vacada de Alfonso de Cabra, jurado de la collación de San Dionisio, integrada por 600 cabezas, en aquellas fechas una de las mayores del término (18). Situado en los límites del término jerezano con el de Alcalá de los Gazules, Pajarete aparece también reflejado en un curioso plano del S. XVIII, realizado en pergamino, donde se señalan los cortijos más importantes del término (19). Madoz, a mediados del s. XIX lo cita en el camino de Arcos a Alcalá señalando que se llega hasta él “desde la Parada y Garganta del Valle”, atravesando por “tierra áspera” hasta llegar al cortijo de Pajarete, donde se vadea su garganta y se continúa por tierras de labor hasta el Esparragal “donde está la Torre-Alico de construcción moruna…”. Este mismo camino es el que se refleja en el primer mapa provincial de Cádiz, Obra de Francisco Coello, donde figura también el cortijo de Pajarete (20).

El hecho de encontrarse al pie de esta vía de comunicación que une las campiñas de Jerez y Arcos con las de Alcalá y Medina le hizo testigo de las operaciones militares que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Primera Guerra Carlista, cuando las tropas cristinas de los generales Rivero y Narváez perseguían a las carlistas del General Gómez que pasó por estas tierras en su retirada desde Alcalá a Villamartín en noviembre de 1836. Sorprendido por los batallones de Narváez en las cercanías de la angostura del Majaceite y del Peñón Amarillo, los carlistas vieron cerrada su salida ya que, a sus espaldas, acampadas en Pajarete, las tropas de Rivero, integradas por 7.500 infantes y 800 jinetes, salieron también en su busca (21).

En la actualidad el cortijo de Pajarete, como su colindante el de Pajaretillo, se dedica básicamente a los cultivos de secano y a usos ganaderos si bien, hasta hace unas décadas, una buena parte de sus tierras se cubrían de olivares. Entre su caserío aún se conservan las dependencias del antiguo molino hidráulico, las instalaciones para el lavado de aceitunas y la bodega de tinajas para el aceite. En la puerta de entrada al cortijo, sendos rulos cónicos nos lo recuerdan. El de Pajaretillo embalsa en sus tierras las aguas del arroyo del Chorrito, afluente del Río Álamo (22).



En el caso de los cortijos de Casablanca y Casablanquilla, a diferencia de los anteriores, no existe proximidad geográfica. Ubicado en las proximidades de la Estación de El Cuervo, el de Casablanca se alza a los pies del cerro de Montegil, junto a la carretera de Morabita, dominando el paisaje de las marismas que llevan su nombre. Entre los cultivos de cereal sobresale su blanco caserío integrado por diferentes construcciones que se organizan entorno a un patio central. En él destaca un antiguo granero con arquerías, una de las piezas de mayor interés de este centenario cortijo, junto al que se conserva también, aislado, el edificio de su antigua escuela y capilla. Junto a la entrada del cortijo puede verse un hermoso retablo cerámico que representa al Sagrado Corazón de Jesús, obra de la trianera Cerámica Montalván (23).

Sin guardar relación con Casablanca, en las proximidades del cortijo de Jara, se encuentra el de Casablanquilla. Llegamos a él por un desvío a la derecha en la carretera que une Torre de Melgarejo con Gibalbín, Colindante con los cortijos de La Basurta y de Los Ballesteros, sus tierras son cruzadas por los arroyos del Chivo y de Santiago y están dedicadas a cultivos de secano. En estos parajes, tal como informa el I.A.P.H., “Se han detectado presencia de industrias líticas, un posible asentamiento neolítico, restos de un posible poblado Calco/bronce, cerámica del bronce final, cerámica prerromana, romanas: campaniense y sigillata, así como ladrillos decorados paleocristianos y cerámicas visigodas” (24).



El Álamo y El Alamillo constituyen un caso similar al anterior, aunque en este caso el cortijo de El Alamillo fue de creación anterior tanto al de El Álamo, como a su vecino de Los Álamos, situados todos junto al Guadalete, en las proximidades del Puente de El Torno a ambos lados del río. Como dato curioso recordamos que en este mismo paraje estuvo situada la barca del Alamillo de la que ya se tiene noticia a mediados del XVIII. Durante la ocupación francesa fue destruida, siendo repuesta posteriormente y estando en uso hasta finales del XIX (25).

(Continuará)
Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, pp. 30-31.
(2) Sobre Alijar y Alijarillo pueden verse: García Lázaro, J. y A.: Los Alijares. Un rincón de la campiña en el camino de Sanlúcar, Diario de Jerez, 22/11/2015; Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 243 y García Lázaro, J. y A.: Un recorrido por las torres y castillos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 23/11/2013.
(3) En López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 163-164, pueden verse interesantes imágenes aéreas de vestigios del antiguo trazado de la Vía Augusta por este rincón. Cesar Pemán recuerda como los vestigios han sido visibles en las cercanías del cortijo de Tabajete hasta mediados del siglo pasado en su estudio: “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz”. A.E.Arq. XXI: 255-268. Pg. 258, Madrid, 1948.). El mapa de la provincia de Cádiz de F. Coello (1868) señala también el antiguo trazado de la Vía Augusta en las cercanías de Tabajete. De ello han escrito R. González Rodríguez y D. Ruiz Mata (1999): “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Historia de Jerez. T. 1, pg. 153); J. Caballero Ragel en “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez” Diario de Jerez 12/06/2012, o J. Montero Vítores (2012):Los caminos de la Vía augusta en torno a Ceret”: Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez ISSN: 1575 – 7129.
(4) García Lázaro, J. y A.: Por los altos de Montegil y Capirete: el telégrafo óptico en Jerez. Diario de Jerez, 19 de octubre de 2013. Puede verse también: Sánchez Ruiz, C.: Los telégrafos ópticos de Jerez. Diario de Jerez, 13/10/2003 y Sánchez Ruiz, C.: "Las Líneas telegráficas de Cádiz (1805-1820)." Actas del X Congreso de la SEHCYT. I Simposio de Historia de las Telecomunicaciones. Badajoz, 10-14 de septiembre de 2008.
(5) Pascual Barea, J.: Del latín tardío "Montecellu" al topónimo andaluz Montejil, Gades, nº 22, 1997, pp. 607-620.
(6) García Lázaro, J. y A.: Por la Torre de Pedro Díaz, Diario de Jerez, 21/09/2014
(7) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, 31-32.
(8) Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 244.
(9) Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (2001):El registro arqueológico de los primeros grupos humanos en la comarca de Jerez y su contexto en el sur de la península. Resultados de un proyecto de investigación. Revista de Historia de Jerez, N.º 7. Cuaderno de arqueología. 2001, p.12. Sobre otros enclaves cercanos con presencia humana en la prehistoria puede verse: Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle: de desierto a colonia agrícola, 1998.
(10) Astillero Ramos J.M.:La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 131.
(11) Mancheño Olivares, M.: Arcos de la Frontera. Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera, 1922, p. 246; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(12) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 75.
(13) Mingorance Ruiz, J.A.: La colonia extranjera en Jerez a finales de la Edad Media, Cádiz: Peripecias Libros, 2014 pp. 86-88, citado por Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 102. Sobre Berlanga y el marqués de Valhermoso: Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86.
(14) Ramos Romero, M.: Alcalá de los Gazules, Diputación de Cádiz, 1983, p. 348; VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, pp. 156-157.
(15) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 59, Voces Berlanga y Berlanguilla. Sobre las barcas de Berlanga y Berlanguilla, García Lázaro, A. y J.: Las barcas de La Florida, Berlanga, Majaceite y Tempul, 12 de junio de 2016
(16) García Lázaro, A. y J.: Árboles singulares en torno a Jerez, 26 de octubre de 2012; Árboles y arboledas singulares de Andalucía. Cádiz. Junta de Andalucía. C. de Medio Ambiente, Sevilla, 2004, págs. 22, 40 y 114.
(17) Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle… op. cit. págs. 249-251; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural… op. cit. págs.120-121.; Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol. II, p. 191.
(18) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, op. cit. págs. 65 y 97.
(19) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(20) Madoz, P.: Diccionario Geográfico… op. cit., p. 82.; Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(21) Pantoja Antúnez J.L. y Ramírez López, M.: Los Carlistas en Jerez (la primera guerra 1833-1840), Jerez, 2002, págs. 58-59; Patrón Sandoval, J.A.: 1836: La defensa de Tarifa durante la incursión carlista de Gómez en el Campo de Gibraltar. Aljaranda, nº 62, septiembre de 2006, págs. 24-26 Los hechos sucedidos en torno al cortijo de Pajarete fueron recogidos por la prensa británica, donde se hace referencia a la presencia de las tropas en este cortijo como puede leerse en The Waterford Mail, Vol. XIII, nº 1387, december, 14, 1836, disponible en internet.
(22) VV.AA.: Cortijos… op. cit. págs. 350-351.
(23) García Lázaro, A. y J.: Azulejos devocionales. Un recorrido por los retablos cerámicos de la campiña, Diario de Jerez, 9 de noviembre de 2013.
(24) I.A.P.H.: Base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, Cortijo de Casablanquilla, http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i20223, consultada el 28/02/2018.
(25) García Lázaro, A. y J. : Las barcas de El Portal, La Greduela y El Alamillo, Diario de Jerez, 25. junio de 2016


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos, viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 4/03/2018

De colores.
Un recorrido por los colores y la toponimia de la campiña.




Con frecuencia, en los paseos por la campiña o por la sierra, nos llaman la atención los colores del paisaje: las variadas gamas de verde de la vegetación natural y de los cultivos, los tonos blancos de los suelos de albariza y de los cortijos encalados, los grises, ocres, y pardos de las rocas y la tierra… En muchas ocasiones, estos colores, por su especial contraste o relevancia, dan también nombre a montes, cerros y lomas, a arroyos y gargantas, a cortijos, viñas y parajes, que guardan así memoria en la toponimia de nuestro territorio de los más variados tonos con los que la naturaleza pinta los paisajes. En nuestro recorrido de hoy vamos a recordar algunos de los más de un centenar de lugares que hemos localizado en torno a Jerez en cuyo nombre tienen un papel destacado los colores.

Blanco de albariza y cal.

El blanco es el color que domina en la toponimia de nuestro territorio. Y no faltan razones para ello ya que en muchos rincones de la campiña, los suelos de albarizas dan al paisaje esos tonos blanquecinos tan característicos del viñedo jerezano. El blanco está también presente en algunos paisajes marismeños en los que hubo salinas o en construcciones como cortijos, casas, pozos, que han bautizado distintos rincones de nuestros campos con su color.



El Cerro Blanco (152 m) es una elevación a medio camino entre Torremelgarejo y Jédula, frente a La Peñuela, cuyas faldas de albariza acogen uno de los viñedos situados más al este del término. En su zona más elevada, el caserío del cortijo de Motecorto Alto es visible desde muchos lugares de la campiña. Ríos Ruiz lo menciona en una de sus obras: “…y escuchábanse… retumbar los relinchos y galopes de los potros cartujanos, allá por Jédula, La Jarilla y La Jareta, Cerro Blanco…” (1). Al norte de la ciudad, por el camino de Lebrija, el arroyo Blanquillo corre por las faldas de Montegilillo para entregar sus aguas en el caño del Bujón, atravesando la carretera de Morabita junto al Rancho del Moral y la casa del Hinojal. En su pequeña recorrido pasa por entre cerros de albariza arrastrando en sus aguas los limos blancos que dan color a su cauce. Sin embargo, muy lejos de este lugar, el arroyo de Pasada Blanca debe su nombre, no al tono de las tierras y roquedos que atraviesa, sino al de sus aguas de naturaleza sulfurosa y con aspecto lechoso, ya que proceden de un manantial conocido desde los siglos medievales por sus propiedades medicinales. En estos parajes, situados en el extremo oriental del término de Jerez, colindantes con el de Cortes, este topónimo de Pasada Blanca bautiza también a la garganta por donde discurre el arroyo, a la dehesa que atraviesa, a una casa del lugar y a los baños que tradicionalmente se tomaban en las pozas de este pequeño curso fluvial tributario del Hozgarganta y que aún eran frecuentados a mediados del siglo XIX como menciona Madoz en su Diccionario Geográfico (2). En sus proximidades encontramos también la Loma de Casablanca y el rancho del mismo nombre, en tierras ya de la cercana dehesa de Benahú.



El topónimo de Mojón Blanco es conocido también desde los siglos medievales y da nombre al cortijo, al cerro y al puntal de Mojón Blanco, figurando en los documentos de delimitación de términos donde se señalaba la mojonera que definían las lindes. En este caso, suponemos que aluden a un hito que se construiría en piedra y se pintaría de blanco para su visualización desde la distancia. El cortijo de Mojón Blanco, cercano al de Cápita, y el cerro colindante del mismo nombre era el lugar donde confinaban los términos de Lebrija, Jerez y Trebujena: un trifinium. Con idéntico nombre se mantiene todavía otro cerro de Mojón Blanco (y el caserío homónimo), en las proximidades de Gibalbín, frente al cortijo de Las Navas, señalando en este caso el punto donde confluían los términos de Arcos, Lebrija y Jerez (3).



Junto a los ríos y los montes, las casas y construcciones son también elementos visuales de primer orden en el paisaje y no es de extrañar que su color bautice en muchos casos a los parajes donde se enclavan. Así, el cortijo de Casablanca, llama la atención por su peculiar fisonomía, destacando en el paisaje de dilatados horizontes de las marismas que llevan también su nombre y que el viajero descubre en las proximidades de la vecina población de El Cuervo, junto a su conocido silo de cereales.

También es muy conocido otro cortijo de nombre Casablanca situado en las proximidades de la Junta de los Ríos y cercano a Jédula. Su imponente caserío preside un cerro desde el que se contempla un hermoso paisaje de campiña.



Menos a la vista quedan para el paseante las tierras de Casablanquilla, junto al cortijo de Los Ballesteros, cuyo acceso vemos en la carretera de Gibalbín una vez que hemos dejado atrás el cortijo de Jara.



Entre los numerosos pozos y abrevaderos repartidos por todos los rincones del alfoz jerezano, los hay que tienen nombre propio, como el Pozo Blanco del cortijo de Fuente Rey u otro con esta misma denominación perteneciente al cortijo del Chorreadero, próximo a Paterna, ambos los encontramos ya señalados en el Plano Parcelario de López Cepero de 1904 (4). Entre las viñas, no podían faltar tampoco las referencias al color blanco, teniendo en cuenta que buena parte de ellas se asienta en suelos de albariza. Este es el caso de la conocida Viña La Blanquita, junto a la carretera de Rota, en el pago de Balbaína. También frente al núcleo rural de Añina existe otra viña con la denominación de La Blanquita. Por el contrario, Viña Blanco (una en el pago de Solete, junto a Santa teresa y otra en Cerro Pelado), creemos que puede deber su denominación al apellido de un propietario.



En las laderas de Gibalbín, entre la cañada y las cumbres donde despunta la torre, se ubica el cortijo de La Blanquita que perteneció en su día al médico y político jerezano Fermín Aranda y cuyo caserío aparece en uno de los azulejos de la fachada de la que fuera su casa en la plaza de las Angustias.

Las albinas, pequeñas lagunas más o menos temporales que se forman en los montes o en las zonas de marismas, son también muy frecuentes en nuestro término. Una de ellas, enclavada en la zona del Zurraque que luego pasaría a formar parte del término de Puerto Real, era conocida como la Albina Blanca, siendo ya dedicada en 1500 a la extracción de sal, como nos recuerda el profesor Emilio Martín (5). Con el color blanco se relaciona también el conocido topónimo de Los Albarizones, paraje cercano a la Cartuja que da nombre a una barriada rural y a una de las fuentes más conocidas del término, cuyas aguas fueron canalizadas en el siglo XVI hasta la Alcubilla para el abastecimiento urbano de Jerez. Otra Fuente de los Albarizones, más modesta y de menor caudal, se localiza también en las tierras del Cortijo de Picado, en la falda de la Sierra de las Cabras.



Negros, oscuros y umbríos.

A diferencia del blanco, es mucho más difícil encontrar en nuestro territorio lugares y paisajes en los que el color negro o los tonos oscuros sean los predominantes y por lo tanto, un motivo para que figuren en los mapas. Pese a todo, aún se mantienen algunos topónimos relacionados con estos colores.



Tal vez el más conocido es el de Montenegro, un lomo montañoso de casi 4 km de longitud, que en dirección norte sur, se alza frente a La Jarda, en los Montes de Propios de Jerez. A sus pies discurre la carretera que se dirige al Puerto de Gáliz y en sus faldas se desarrolla la típica vegetación presente en los montes del Parque Natural de los Alcornocales al que pertenece, con predominio de alcornoques, quejigos, acebuches y algarrobos. En su ladera oriental, la situada frente a la entrada de La Jarda, se encuentra la Laguna del Moral, próxima a los Tajos del Fraile, un espolón rocoso que se alza en el extremo norte de la Loma de Montenegro. En muchas zonas del país, este topónimo se relaciona con montes de encinas o montes muy cerrados y, aunque en el caso que nos ocupa no está claro su origen, se apunta como posible razón de su nombre, la gran densidad de vegetación de sus faldas y la espesura del matorral y del bosque que aquí se desarrolla. El Rancho de Montenegro, junto al arroyo de Cabañas y la Cañada de Albadalejo, figura ya en los mapas de comienzos del siglo XX. Próximo al Chaparrito, en los llanos de Malabrigo, es un claro antropónimo que alude al nombre de su propietario sin vinculación alguna con las características del terreno.



La Cañada de Bocanegra y la antigua Laguna de Bocanegra, situadas en las cercanías de la Fábrica de Cemento, aunque son topónimos conocidos hace más de dos siglos, pensamos que aluden al apodo de algún propietario o habitante de estos parajes, más que a los rasgos fisiográficos de este rincón de la campiña. Otro tanto sucede con el curioso topónimo de Puerto de los Negros, que figura ya en documentos de 1577 de Señalamiento de las dehesas de los Montes de Propios, estudiados por el profesor Emilio Martín (6). Situado en los montes de la Dehesa de la Alcaría, en el costado sur del actual embalse de los Hurones, este lugar era paso obligado de los caminos que desde Tempul se dirigían a Cardela y Ubrique, por lo que fue muy frecuentado en los siglos medievales. La Garganta de los Negros, un arroyo que discurre entre estos montes y el Camino del Puerto de los Negros, son también topónimos de este alejado rincón del término colindante con Ubrique. Pero, ¿a qué negros se refieren? ¿Tal vez apuntan a un lugar en el que vivieron los últimos moros vinculados al castillo de Cardela, o a un rincón de la serranía en el que habitaron negros o que fue tal vez refugio de descendientes de esclavos negros que vivieron en Jerez? (7).

La toponimia conserva también otros nombres relacionados con lo “oscuro” o lo “sombrío” que están estrechamente relacionados con las características del paisaje al que se refieren. Es el caso, por ejemplo de La Umbría, o Umbría del Escobar, paraje del cerro del Escobar colindante con el embalse de los Hurones y situado en la dehesa de La Alcaría. Por contraposición con La Solana, el topónimo hace alusión a las laderas orientadas al norte de este cerro, que se mantienen más sombrías y húmedas, y por lo tanto más oscuras y privadas de iluminación que las orientadas al sur o de solana. El Escobar, hace alusión a la presencia de arbustos del género Cytisus, conocidos vulgarmente como escobones. El topónimo “La Umbría”, está ya recogido en el s. XIV en el Libro de la Montería en los montes de Tarifa, referido, como en este caso a una zona sombría y oscura (8).



En relación a estos lugares umbrosos o menos expuestos al sol, hay que recordar también otros topónimos que hacen alusión a “lo oscuro” y “la oscuridad”. Este es el caso de la Cañada de la Oscuridad o del Cortijo de la Oscuridad, situados en la zona de Alcornocalejo, próxima a San José del Valle. Este último cortijo, está ligado a los sucesos de la Mano Negra y en sus tierras aún se conserva la Laguna de la Oscuridad, una hermosa lámina de agua casi permanente, rodeada de alcornoques y encinas, en un paraje situado junto a la Cañada de Arcos a Medina. Esta lagunas es también conocida como de Alcornocalejo, de Marimorena o de Medina (9). Con el nombre de La oscuridad, se conoce también un paraje del cortijo de Picado, situado en las laderas de umbría de la Sierra de las Cabras, cubierto de una densa vegetación.



En la Dehesa de Gami, en el extremo oriental del término, encontramos también el paraje de Cueva Oscura, en un hermoso y cerrado alcornocal.

Para terminar este recorrido, no podemos dejar de mencionar el topónimo de Puerto Oscuro, ubicado en las proximidades del Pico del Aljibe, en un paraje por donde salvaban estas cumbres los caminos que unían Alcalá con La Sauceda. Situado en el punto donde se parten los términos de Alcalá de los Gazules, Cortes y Jerez (un trifinium), Puerto Oscuro es la divisoria entre la Garganta de Pasada Llana, que atraviesa La Sauceda, y la Garganta de Puerto Oscuro, en cuya cabecera se sitúa el nacimiento del Río Barbate.

Continuaremos en nuestra próxima entrega, descubriendo los “colores” presentes en otros muchos rincones de nuestras campiñas y sierras.

Para saber más:
(1) Ríos Ruiz, M.: Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre, Premio Nacional de Poesía Flamenca 1977, p. 3.
(2) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 246.
(3) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 37.
(4) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera, Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 200, p. 98.
(6) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural… Ob. Cit. pp. 259-260
(7) Sobre los esclavos negros en Jerez puede consultarse el magnífico trabajo: Mingorance, J.A. y Abril, J.M.: La esclavitud en la Baja Edad media. Jerez de la Frontera. 1392-1550, Peripecias Libros, 2013, pp.122-125.
(8) Pascual Barea, J.: “El paisaje histórico de los términos de Tarifa y Algeciras según la toponimia del Libro de la Montería en el siglo XIV”, en Martín Gutiérrez, E. (Ed.) El paisaje rural en Andalucía Occidental durante los siglos bajomedievales, Servicio de publicaciones e la Universidad de Cádiz, p. 116.
(9) Sobre la Laguna de la Oscuridad puede consultarse: García Lázaro A. y J.: Las lagunas perdidas. Diario de Jerez, 07/02/2016. También disponible en internet en el enlace: Las lagunas perdidas.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 22/01/2017

 
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