De cabras y ovejas.
Un recorrido por la toponimia y los paisajes de la campiña.




Entre los diferentes atractivos que han contribuido a hacer grande la Feria de Jerez uno de ellos ha sido la exposición y mercado de ganados que anualmente se celebra por estas fechas. Si bien es cierto que perdió su esplendor de antaño, todavía sigue siendo una de las más nombradas ferias ganaderas de nuestra comunidad. Aunque por tradición ha sido la ganadería caballar la que por excelencia se ha vinculado más a la campiña jerezana, el ganado vacuno ha destacado también, desde hace siglos, por su gran número de cabezas y por su peso específico en la economía de la zona. Junto a estos dos grandes sectores de nuestra cabaña ganadera no podemos olvidar la notable contribución que el ganado ovino y caprino han tenido en nuestro entorno rural a lo largo de los siglos.



Por señalar algunos datos que ayuden a valorar esta cuestión recordaremos que, en 1491, según el historiador Bartolomé Gutiérrez, “se supo por declaraciones de los conocedores, el número de ganado que entonces había en esta Ciudad y son estos: 17.840 vacas, 1.662 yeguas, 28.592 ovejas, 3.850 cabras, 4.390 puercos” (1).

En las centurias siguientes estas cifras se vieron incrementadas notablemente por el incremento de la actividad ganadera en nuestras campiñas y sierras. Así, a mediados del siglo XVIII (1754), la ciudad cuenta con 43.352 cabezas de ganado lanar y 21.382 de ganado cabrío (2). En esa misma época, en las respuestas al Catastro de Ensenada (1755), se estima que la rentabilidad obtenida por cada “cabeza de cría por cavrito queso y leche en ocho reales y medio de útil al año”, la décima parte de lo que renta una yegua que da una cría útil al año (3). Además de los grandes terratenientes que en sus propiedades agropecuarias contaban con un importante número de cabezas de ganado menor, algunos conventos eran los mayores poseedores de ganado lanar y caprino. Sirvan como ejemplo algunos datos que indican que, en 1755, La Cartuja declaraba entre sus propiedades 1.734 ovejas y 990 cabras, mientras que el convento de Santo Domingo poseía 1.035 ovejas. Los Jesuitas contaban también con una importante cabaña, que en 1767 ascendía a 2.016 ovejas. Apenas 60 años después, en 1817, La Cartuja había incrementado sus rebaños a 1.882 ovejas y 1.185 cabras (4).



A mediados del siglo XIX (1846) la cabaña jerezana había disminuido notablemente con respecto al siglo anterior, hasta casi la mitad de ejemplares contándose entonces con 23.935 cabezas de ovino y 12.554 de caprino tal como recogen los datos estadísticos del Diccionario Geográfico de Madoz (5). Por terminar este rápido recorrido, ya en nuestros días, a comienzos del siglo XX (2003), los censos de ovino y caprino han seguido esta línea de descenso en el número de cabezas con 19.563 y 11.352 respectivamente, apenas el 10% de la cabaña provincial (6).

Recién iniciada esta Feria de tantas evocaciones ganaderas, queremos invitarles a un paseo por el término municipal para rastrear en los parajes de nuestro entorno, esa geografía del ganado lanar y caprino que descubrimos de la mano de la toponimia y de la historia. ¿Nos acompañan?

Ovejas y carneros.



Aprovechando las abundantes zonas de pastos de la campiña y la sierra, los rebaños de ovejas se extendían por todos los rincones del término. Muchos de ellos, al igual que sucedía con los hatos de cabras, utilizaban para proveerse de alimento la extensa red de vías pecuarias y descansaderos que se extendían por el vasto alfoz jerezano, por los baldíos y tierras incultas, los bordes marismeños y las orillas de los ríos y arroyos. Con todo, los grandes propietarios contaban en muchas ocasiones con parcelas acotadas en sus tierras para pastos del ganado a los que reservaban algún haza menos apta para el cultivo o, como en el caso de las dehesas serranas, con espacios propios para estos fines: los majadales.

Pese a la permanencia en el tiempo de un importante número de cabezas de ganado ovino, la geografía no guarda muchos recuerdos de su presencia, aunque aún es posible hallar en la toponimia algunas referencias a ovejas, carneros y borregos.



Uno de los más conocidos es el de la dehesa de La Cabeza de las Ovejas (Obejas en los textos antiguos) un rincón de la sierra colindante con los cortijos de Garcisobaco y Rogitanillo, muy próximo también al de Picado del que lo separa actualmente una de las colas del embalse de Guadalcacín donde desagua el Arroyo del Caballo. Este paraje, rico en arbolado (quejigos, alcornoques, algarrobos, acebuches…) y con abundantes pastos, gozaba de la proximidad del mencionado arroyo que se unía al Majaceite a los pies del cerro (cabeza) de las Ovejas. Hoy las aguas del embalse bañan sus laderas. Los viajeros que desde Tempul se dirigen al Puerto de Gáliz, dejaran esta dehesa a la derecha, apenas cruzado el Viaducto del Sapo, pudiendo llegar hasta ella por el desvío señalizado que se dirige a Garcisobaco.

El lugar fue una encrucijada de caminos en cuyas cercanías confluían el que desde Alcalá de los Gazules se dirigía a Algar con la cañada de Jerez a Ubrique, la Cañada de Rogitán y la que conducía al Puerto de Gáliz, por la que se trazaría a comienzos del siglo XX la carretera de Jerez a Cortes que aún guarda los restos del antiguo Ventorrillo del Sapo. No es de extrañar por ello que en las faldas del cerro y sus alrededores nunca faltaran los rebaños y que la pasada del Majaceite, que conducía hasta la Cabeza de las Ovejas llevase el nombre de Tornomerino (o Tornomerinos) en alusión al meandro donde se ubicaba y, posiblemente a los carneros (7). Hay constancia de que ya en el s. XVI, esta dehesa se incluía entre los echos, o montes dedicados a prados y a pastos, que el Concejo jerezano repartía entre los ganaderos, especialmente para la cría de ganado vacuno, figurando en 1519 entre sus arrendatarios Hernando Riquel, Hernando de Santiago o Cristóbal García Ximón (8).



De lo concurrido de este paraje da también cuenta Madoz, quien a mediados del XIX menciona entre las ermitas rurales que se localizan en el término de Jerez (Mimbral, Aina, Salto al Cielo, la de carmelitas descalzos del Valle…) “la titulada La Cabeza de las Obejas, en la dehesa así conocida” (9). Esta modesta ermita había sido levantada casi un siglo antes, en 1769 por Teodoro Joseph de Roy, rico hacendado asentado en Cádiz donde se dedicaba al comercio con Holanda (10). Propietario de la dehesa de la “Caveza de las Ovejas”, había dirigido una carta al Cabildo jerezano solicitando sembrar dos aranzadas en terrenos baldíos para, con sus beneficios, pagar los gastos ocasionados por la construcción de un oratorio en el que se decía la misa todos los festivos para los pobres y enfermos que acudían a tomar las aguas a las fuentes medicinales que tanto en este paraje, como en el colindante de Garcisobaco, existían (11).

Más constancia queda en la toponimia de los carneros, los machos de las ovejas, denominados también en muchos rincones como moruecos, carneros merinos o merinos.



Así, en algunos cortijos y dehesas se apartaba para ellos un espacio propio que ha quedado reflejado en el antiguo nombre de parajes como el Majadal del Carnero, -majadal es lugar de pasto- en las laderas de la dehesa de Los Ballesteros, en Los Llanos del Valle; o en el de Haza de los Carneros, tierras reservadas frente a las casas del cortijo de El Herrador, a la derecha de la autovía de Sanlúcar.

El Haza del Carnero, perteneciente al cortijo de Casarejos, se situaba frente a su entrada, colindante con la carretera de Trebujena y el antiguo camino de Sanlúcar que hoy sirve de acceso al aeródromo. Este rincón lindaba con la antigua marisma de Santiago, terreno inculto que servían de pasto al ganado.

También en el cortijo de La Torre de Pedro Díaz se conserva el nombre de Haza del Carnero para designar un espacio que, antaño, se reservaba para el pasto de las ovejas y carneros a orillas del arroyo de Las Salinillas.

Los corderos están también representados en el Boquete del Borrego, un estrecho paso entre las laderas de la Dehesa de la Alcaría, próximo al estribo derecho de la presa de los Hurones.



Relativos también al ganado ovino son los topónimos referidos a “merino”. El ganado merino, considerada una de nuestras razas autóctonas (12) incluye a ovejas y carneros, así como a los moruecos, carneros reproductores. Tampoco hay que descartar la posible vinculación de estos nombres con la figura del “merino”, cuidador del ganado y de sus pastos. Junto a la ya mencionada Pasada de Tornomerino, situada en el río Majaceite a los pies de La Cabeza de las Ovejas, y hoy cubierta bajo las aguas del embalse de Guadalcacín, hay que citar la Loma del Merino, entre las dehesas serranas de la Alcaría y Garganta Millán, en las cercanías del Charco de los Hurones… y del Puerto del Lobo. Junto a ella se alza el Peñón del Merino (o de Merino), un paraje colindante con el término de Ubrique, frente a la fortaleza de Cardela de la que la separa el valle del Majaceite.

Junto a la carne y la leche, uno de los principales aprovechamientos de las ovejas es la lana. En La Barca de la Florida, aguas abajo de la Pasada, nos lo recuerda aún la Vega del Lanero, entre el Guadalete y la carretera de El Torno.

Cabras y cabreros.



El ganado caprino y la cabra montés (o cabra hispánica), que en estado salvaje está presente en nuestras sierras, han dejado también su huella en la toponimia.

Uno de los casos más conocidos es el de la Sierra de las Cabras que se encuentra en las cercanías de san José del Valle, al este de la población. Esta sierra caliza, con una altitud máxima de 682 m, forma un gran lomo rocoso de casi 9 km de longitud que se orienta de norte a sur. Separada de la Sierra de la Sal por la garganta conocida como Boca de la Foz, compone con ella un gran semicírculo montañoso que deja en su interior el singular paraje de los Llanos del Valle. En su extremo norte, a los pies de la sierra, afloran los manantiales de Tempul cuyas aguas fueron canalizadas por los romanos hace veinte siglos hasta Cádiz, a través de un famoso acueducto del que todavía se conservan vestigios. Aunque su cumbre forma una gran planicie, con una altitud media de 650 m, la Sierra de las Cabras conserva en sus laderas y vertientes, numerosos rincones donde aflora la roca caliza en parajes abruptos de difícil acceso y en los que crece una frondosa vegetación. Estas circunstancias han favorecido la presencia desde antiguo de la cabra montés, cuya abundancia pudo dar nombre a la sierra. En todo caso, también desde los siglos medievales, estos parajes lo han sido de uso ganadero, contando con la presencia en sus dehesas de vacas y toros y, en especial, de ovejas y cabras.

A título anecdótico, la toponimia de nuestro entorno también conserva otras referencias a las cabras, donde están presentes nombres tan curiosos como la antigua Hacienda Cabra Coja, junto al camino de la Fuente de Pedro Díaz, en terrenos hoy absorbidos por el crecimiento urbano próximos al Parque del Retiro y al Club Nazaret. Con parecido nombre, el paraje de Cabras Cojas bautiza a un rincón de la campiña cercano a la presa de Guadalcacín, en el lugar conocido como Puerto de Guillén, junto a la Hacienda la Presa, por el que pasan los viajeros que desde San José del Valle se dirigen al embalse. Llamativo es también el nombre de Haza de Rebañacabras (o de Rebaño Cabras), situada frente a la entrada del cortijo del Olivillo, en la carretera del Barroso o del Calvario, un lugar destinado en tiempos pasados a pastos para el ganado (13).

Como no podía ser de otra manera, cabreros y cabrerizas están también presentes en la toponimia de nuestros montes y sierras, como en los casos del Barranco de la cabreriza, en la Dehesa de la Fantasía, junto al arroyo de los Charcones o Bañuelos, tributario de Pasada Blanca; o el del Canuto de los cabreros, en la Dehesa del Toronjil, junto a la Piedra de la Novia, donde confluyen también las lindes de las dehesas del Cándalo y Benahú, lugares cercanos todos a la carretera que desde el Puerto de Gáliz nos lleva al Mojón de la Víbora, en los confines del término. Más cerca de la ciudad, junto a la Cañada del Calderín y la antigua Trocha de Rota está el haza de Los Cabreros en tierras que fueron del cortijo de Santo Domingo.



Desde las faldas de Gibalbín, en las proximidades del cortijo de la Mazmorra, el arroyo del Chivo baja a la campiña hasta unirse al salado de Caulina en las cercanías de la antigua estación de El Rizo, después de pasar junto a los cortijos de La Torrecilla y Ballesteros, cruzando la Cañada de Espera. Las tierras que atraviesa guardan muchas historias y su nombre nos transporta a otros tiempos en los que, estos campos dedicados hoy a cultivos de cereales y olivos, estuvieron poblados de monte bajo y dedicados a la ganadería.

Pastores, Majadas y Majadales.

Junto a las ovejas y cabras no podían faltar los pastores. Aunque las referencias toponímicas a esta figura pueden hacer alusión también a cuidadores de vacas, toros o cerdos, en la mayoría de los casos apuntan a quienes se ocupan de cabras y ovejas al contar aquellos con otras denominaciones más explícitas (vaqueros, toreros o porqueros) también presentes en distintos lugares de nuestro término y que dan nombre a otros tantos parajes vinculados con la ganadería.

Así, en la dehesa del Abanto, junto al Marrufo se encuentra el Puerto de los Pastores y en la zona de los Montes de Propios se nombraban también otros parajes con los topónimos de Los Pastorillos de Nave, -en la vereda del Quejigal paralela al arroyo del Astillero, entre la dehesa del charco de los Hurones y la de Jardilla- y Los Pastorillos de Mora, en la misma zona, pero en La Jardilla. Entre ambos parajes, como si de una amenaza clara para las ovejas se tratase, se alza la Loma del Lobo y algo más lejos el Canuto el Lobo.



Directamente relacionadas con el ganado ovino y caprino están también las majadas. Emplazadas junto a las vías pecuarias de mayor importancia, eran los lugares donde se recogían de noche los rebaños y donde se albergaban los pastores. Este era el caso de dehesa de Las Majadillas, que da también nombre a un cortijo situado en la carretera de Cortes, entre Cuartillos y La Guareña y que en su día se encontraba a orillas de la Cañada Real de la Sierra. A no mucha distancia encontramos la antigua dehesa de Majada Alta cuyas tierras están en buena parte ocupadas por el parque forestal de Las Aguilillas, en las proximidades de Estella del Marqués y que también estuvieron cruzadas por la citada cañada. En el extremo norte del término, y alejado de ambas dehesas se encuentra la dehesa de Majada Vieja, enclavada en la Sierra de Gibalbín entre los cortijos de La Sierra y de La Torre de Pedro Díaz, junto a la antigua Cañada de Casinas que unía la Sierra de Gibalbín con el Guadalete (14).

Los majadales, lugares de pasto para ovejas y cabras, abundan también en los cortijos y dehesas de nuestras sierras. Próximo a la ciudad se encontraba El Majadal, frente al cortijo de Carrizosa al que pertenecía en el cruce de la Cañada ancha y la carretera de Sevilla, en terrenos que hoy ocupan la Ciudad del Transporte.

Entre la sierra de las Cabras y Los Llanos del Valle se encuentran el Majadal de Blandillana (entre las Dehesa de los Caños y de Los Dornajos) el Majadal de los Calceteros (Dehesa de los Ballesteros) y el ya mencionado Majadal de Los Carneros en esta última dehesa. El Majadal del Arenoso se sitúa en el cortijo de La Atalaya, sobre el Majaceite, el Majadal Alto en Rogitán, el del Algarrobo en la dehesa del Hatillo Viejo, lindando con las tierras de Alcalá de los Gazules y las del cortijo de Pajaretillo, y el de Carreño en San José del Valle, en las proximidades del Boquete.

Por último, y a modo de anécdota, aún se conserva en Alijar, en unas tierras cercanas al cortijo donde hoy se levantan los aerogeneradores, el Haza mostrenco, destinada al ganado sin dueño conocido o perdido. Aunque muchos de estos espacios han sido en la actualidad destinados a cultivos, sus nombres nos desvelan sus antiguos usos y nos recuerdan los tiempos en los que la ganadería menor tuvo un peso importante en la campiña. Ese que parece recobrar a juzgar por el buen número de rebaños que desde hace unos años vuelven a verse en muchos lugares en torno a Jerez.



Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol. II, p. 281.
(2) Parada y Barreto, D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera, Imprenta del Guadalete, 1878, Edición Facsímil, Extramuros, 2007, p. LXXXIV.
(3) Orellana González, C.:El Catastro de Ensenada en Jerez de la Frontera” Colección de Monografías nº 2. Revista de Historia de Jerez nº 8, 2002, p. 16.
(4) López Martínez A.L.:Una élite rural. Los grandes ganaderos andaluces, siglos XIV-XX”, Hispania, LXV/3, núm. 221 (2005) 1023-104, p. 1038.
(5) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 250.
(6) Consejo Económico y Social de Jerez.: Jerez, Economía y Sociedad 2003, p. 40-41, donde se ofrecen datos facilitados por la Delegación provincial de Cádiz de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía
(7) El topónimo de Pasada de Tornomerino ha desaparecido ya de los mapas topográficos al estar bajo las aguas del embalse de Guadalcacín el paraje que bautizaba. Puede, no obstante, verse su antiguo emplazamiento en la Hoja 1063 de Algar de la primera edición del Mapa Topográfico, 1917, del I.G.N.
(8) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 157 y 165
(9) Diccionario Geográfico… Obra citada, p. 45.
(10) Crespo solana, A.: El comercio marítimo entre Ámsterdam y Cádiz (1713-1778), Banco de España-Servicio de Estudios, Estudios de Historia Económica nº 40, 2000, p. 75.
(11) AMJF, AC, 7 agosto de 1769, fº 496v. Agradecemos a nuestro amigo, el Dr. D. Juan Salguero Triviño, el habernos facilitado esta información.
(12) VV.AA.: La ganadería Andaluza en el siglo XXI. Vol. I, Patrimonio ganadero andaluz, Junta de Andalucía, Consejería de Agricultura y Pesca, P. 257 y siguientes.
(13) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948, Ayto. de Jerez.
(14) García Lázaro, J. y A.: Curiosos topónimos en torno a Jerez: lo pequeño es hermoso, Diario de Jerez, 11 de marzo de 2018.





Fotografía facilitada por Pedro Oteo Barranco

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, El medio y sus productos

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 13/05/2018

En El Retiro con Luis de Ysasi.
Un parque con historia (I).





A finales del siglo XIX Jerez es una ciudad de más de 60.000 habitantes que ha venido experimentando un gran crecimiento económico durante toda la centuria, gracias al florecimiento y expansión de la industria vinícola. Como consecuencia de ello, su fisonomía urbana ha sufrido grandes cambios de la mano del extraordinario aumento de las construcciones bodegueras que han ido ocupando todos los espacios libres en torno a los viejos barrios (1).

Buena parte del caserío se renueva también, surgiendo nuevas calles y barrios que se extienden, sobre todo, hacia la zona Este de la ciudad, conocida como El Ejido. La calle Porvenir y el nuevo barrio de Vallesequillo serán unas de las principales áreas de ensanche, de expansión bodeguera y de mayor crecimiento urbano por el atractivo que, en buena medida, supone la instalación de la estación de ferrocarril. Desde 1854 Jerez cuenta con la primera línea férrea de Andalucía (y la tercera de España) que le permite la salida al mar de sus vinos a través del muelle del Trocadero, en Puerto Real (2). Los espacios urbanos entre la ciudad y las vías se van ocupando con nuevas construcciones mientras que las tierras situadas al otro lado del trazado del ferrocarril seguirán siendo territorio destinado a huertas y viñas.

Los primeros paseos y jardines.

Con el crecimiento de la población, gracias al despegue económico y urbanístico que la ciudad vive a lo largo del siglo XIX, surgen también nuevas necesidades de espacios abiertos y de recreo.



Desde que en 1787, bajo el mandato del Corregidor Eguiluz se creara la Alameda del Alcázar, la principal zona de esparcimiento de los jerezanos, se han ido acometiendo diferentes obras que, aunque de menor envergadura, han ido dotando a la ciudad de nuevos paseos y plazas arboladas.

Entre los más destacados figuran el paseo y salón de Cristina (1833), las alamedas de Las Angustias (1841) y La Merced (1843), los jardines de las plazas del Arenal (1851) y del Arroyo (1860), de Eguiluz (1855) o de Madre de Dios (1858).

Desde 1869, en torno a los Depósitos de Aguas del Tempul, se crearán también unos jardines públicos abiertos a la población (3).

Junto a estos espacios, las entradas y salidas de Jerez en los caminos que llevan a Sevilla, Medina, Arcos, Lebrija y Los Puertos verán también en sus orillas plantíos de olmos, acacias, moreras… o pequeños paseos arbolados que enlazan la ciudad con el campo. Pese a estas iniciativas, a finales del XIX se siente ya como una necesidad la creación de un gran parque público, de un nuevo espacio arbolado que venga a cubrir las demandas de un Jerez en plena expansión demográfica y urbanística.

Haciendas y Recreos.

A medida que Jerez crece, las clases más acomodadas optan, en muchos casos, por instalar sus viviendas en las cercanías de la ciudad, construyendo villas, haciendas y recreos en las zonas del extrarradio, cuando no en pleno campo, en las fincas de su propiedad. Aunque muchas de ellas quedarán absorbidas por el casco urbano en futuras expansiones, estas haciendas y recreos fueron a veces auténticas mansiones rodeadas de jardines y de arbolado.



A mediados del XIX, zonas como las calles Santo Domingo, Lealas, Paseo de Capuchinos, Camino de Lebrija... verán levantarse en sus cercanías magníficas fincas de recreo que, al calor del negocio vinatero, construirán las familias más pudientes de Jerez. "El Palacio" (hoy Escuela Andaluza de Arte Ecuestre) que en 1865, construye Pemartín, "La Atalaya" o "El Recreo" de D. Francisco Rivero son algunas de ellas, de la que en otra ocasión nos ocuparemos (4).

En el extrarradio de la ciudad, algo más aisladas, algunas de estas haciendas alcanzarán también renombre. A mediados de siglo Madoz cita entre las más notables, "La Granja" de J. Pedro Domecq, la de "Giraldino" de Patricio Garvey o la de "Vallesequillo" de D. Juan David Gordon muy próxima a la estación de ferrocarril (5). Varias de estas fincas y recreos, con sus jardines y arboledas, pasarán, como años más tarde sucederá con El Retiro, a ser de propiedad municipal o a pertenecer a instituciones y organismos que facilitarán el acceso a los ciudadanos y posibilitarán el disfrute de sus zonas ajardinadas, como en los casos de La Atalaya, La Granja, o El Recreo de Las Cadenas (6).

El Camino de las Delicias.

Bien avanzado el siglo XIX, son ya muchas las ciudades de España que, de acuerdo con los nuevos planteamientos urbanísticos, cuentan con paseos arbolados y alamedas junto a las carreteras o caminos de acceso en cuyas orillas se siembran álamos, olmos, plátanos de sombra... Estos espacios son, a la vez que una carta de presentación para la ciudad, un lugar de esparcimiento y ocio para la población. Los árboles y la vegetación, la sombra y el frescor, lo ameno de la zona por la que suelen discurrir a modo de corredores de transición entre el campo y la ciudad, hacen de estos paseos lugares agradables, "deliciosos" en el lenguaje de la época, calificativo que se aplica de manera recurrente en las principales poblaciones del reino a aquellos paseos que se consideran más gratos. No es pues de extrañar, que "Las Delicias" sea el nombre propio de tantas calles, alamedas y caminos arbolados y así, ciudades como Vitoria, Madrid, Zaragoza, Sevilla (Las Delicias de Arjona) o Cádiz (Las Delicias de Martínez), cuenten desde mediados del XIX con este tipo de paseos (7).



En el Jerez de la época, gozando de las ventajas del campo y próxima como ninguna al casco urbano, la zona que se extendía frente a la estación de ferrocarril en el camino de Cortes, era un lugar privilegiado para las haciendas y recreos. El Camino de las Delicias era ya desde mediados del s. XIX un paseo arbolado en su primer tramo hasta "La Rosa Celeste", finca propiedad de D. Manuel Ponce de León y Villavicencio, donde en 1860 se inauguró una renombrada Casa de Baños alimentada por un pozo de aguas sulfurosas (8). El "arrecife de La Rosa Celeste", como era conocido por entonces era un lugar frecuentado por su cercanía a la ciudad, jalonado por olmos, moreras y árboles frutales de los fincas colindantes entre las que se encontraba, en su tramo inicial, nada más cruzar el viaducto, la hacienda "El Retiro" propiedad de D. Luis de Ysasi Lacoste.

Cuando se construye la casa-recreo en la finca, en el último tercio del siglo XIX, en sus proximidades se palpa ya el rumbo fabril e industrial que la ciudad va tomando. La primera estación de ferrocarril, el Viaducto (Puente de Cádiz), los proyectos de carretera de Jerez a Cortes, la cercana Fábrica de Gas, cuya chimenea aún se observa en las fotografías que se conservan de la hacienda El Retiro en la década de 1920... Son signos inequívocos de una ciudad en expansión, con proyectos de futuro, en muchos de los cuales Luis de Ysasi jugará un papel destacado (9).

D. Luis de Ysasi y Lacoste.

Cuando tras su muerte Ysasi dona a Jerez su hacienda "El Retiro" para la creación de uno de nuestros primeros parques, no hace sino culminar toda una larga trayectoria de preocupación por los asuntos públicos y de apoyo a numerosos proyectos y causas educativas, culturales y benéficas en la ciudad.

Luis de Ysasi Lacoste era hijo del rico hacendado D. Gregorio de Ysasi y de Dª Juana de Dios Lacoste. Su madre destacó por sus muchas obras en beneficio de los sectores más necesitados de la ciudad, lo que llevó a que el Ayuntamiento rotulara con su nombre, en 1888, aún envida, la calle contigua al Colegio del Salvador, institución que ella misma contribuyó a fundar (10).

Dedicado a sus negocios familiares, Luis de Ysasi impulsó iniciativas benéficas y de ayuda a las clases más desfavorecidas. Entre ellas destaca la construcción de un "Barrio Obrero", que aún se conserva junto a la calle Armas de Santiago. Apoyó a centros religiosos de caridad y a obras benéficas, compaginando esta labor filantrópica con su decidido mecenazgo a muchas iniciativas culturales de la ciudad, como su protección a la Academia de Bellas Artes, creada por el Marqués de Bonanza y que sería luego Escuela de Artes y Oficios; al Ateneo Jerezano, y a diferentes escuelas y colegios públicos y privados. A título anecdótico mencionamos la invitación -"lunch", tal y como recogen los periódicos de la época- que realizó en "El Retiro" a todos los maestros de las escuelas de Jerez tras la celebración de la primera Fiesta del Árbol en 1898, para impulsar desde el comienzo esta feliz iniciativa. Ysasi estuvo también presente en distintos proyectos innovadores para la ciudad, siendo uno de los más firmes y entusiastas puntales del proyecto del Ferrocarril de la Sierra (11).

Su fallecimiento, el 2 de diciembre de 1902, fue muy sentido por todo el pueblo jerezano, que concurrió en masa al funeral celebrado en la iglesia de S. Miguel y al que asistieron el Ayuntamiento en pleno ("bajo mazas") y las juntas de las entidades culturales, las casas de beneficencia y los centros escolares de la ciudad.



En la primera plana del periódico local "El Guadalete", podía leerse, el día 5 de diciembre de 1902, el artículo titulado "Justo Tributo" del que entresacamos estas palabras: "Podrán la vanidad y la soberbia levantar hasta el cielo monumentos y estatuas en vanagloria de los que se llamaron grandes en la tierra; podrán los honores y grandezas humanas rendir el homenaje de su falso brillo en aras de la adulación y del servilismo; esas ostentaciones materiales nacen condenadas a la muerte y al olvido; pero lo que nunca morirá, lo que no puede morir, es el monumento levantado sobre el corazón y la gratitud de un pueblo por las virtudes, la ardiente caridad y las buenas obras de un bienhechor como el Sr. de Ysasi; ese monumento espiritual desafiará al olvido y a la muerte, y pasará de generación en generación, transmitiendo con el nombre ilustre de aquel buen ciudadano, el recuerdo de sus méritos y el ejemplo de sus acciones" (12).

Donación del Retiro a la ciudad.

Junto a las diferentes plazas arboladas y alamedas levantadas a lo largo del siglo XIX, a la muerte de Ysasi en 1902, Jerez acaba de estrenar el parque del Recreo, que luego tomaría la denominación de González Hontoria en reconocimiento del alcalde que lo impulsó. Concebido en principio como espacio destinado a la celebración de la tradicional Feria de Ganados, que hasta entonces se llevaba a cabo en el Hato de la Carne, junto a Caulina, el nuevo parque nacía también con la vocación de ser un lugar de esparcimiento para una población en permanente crecimiento. Sin embargo lo distanciado de su ubicación con respecto al casco urbano y la ausencia de arbolado, hacían presentir que hasta pasados unos años no se cumplirían las grandes expectativas creadas con el nuevo parque.



Así estaban las cosas cuando en el diario local "El Guadalete", se dio a conocer el 7 de diciembre en un artículo titulado "El legado del Sr. Ysasi", la donación al pueblo de Jerez de su hacienda El Retiro para su utilización como parque público. Según se informaba, la finca tenía una superficie aproximada de 16 aranzadas y estaba valorada en más de 400.000 pesetas de la época. El último día de aquel 1902, el Ayuntamiento jerezano recibía un escrito de los albaceas testamentarios de D. Luis de Ysasi en el que se decía: "Protocolizado ya el testamento del señor don Luis de Ysasi Lacoste (q.s.g.g.), tenemos el honor de enviar a V.E. copia de la cláusula por la que lega a esta ciudad la hacienda "El Retiro", rogándole se sirva dar cuenta del legado a la Excma. Corporación que dignamente preside y manifestar en la misma que estamos dispuestos a otorgar la escritura del inmueble en el momento en que el Excmo. Ayuntamiento obtenga la autorización necesaria al efecto”. Firmaban la carta los albaceas, Federico de Ysasi Dávila, Salvador Dastis Ysasi, Manuel de Ysasi" (13).

Condiciones del testamento:

Para que se respetara su deseo, Ysasi establecía ciertas condiciones, siendo la principal la de hacer partícipes de su donación a todas las clases sociales de Jerez.

Así, en la Clausula 21 de su testamento, dictado en 1897 ante el notario Sr. Esteve, se decía: “Lego a la ciudad de Jerez de la Frontera y en su representación al Excmo. Ayuntamiento de la misma, la hacienda de recreo de mi propiedad llamada "El Retiro", situado al frente de la Estación del Ferrocarril, entre los caminos de la Fuente de Pedro Díaz y el arrecife de la Rosa Celeste, de cabida de más de once aranzadas y casa habitación.

Mi deseo al hacer esta donación a Jerez es que disfrute de un paseo en las cercanías de la población, el que se podrá agrandar y mejorar con la viña de unas cinco aranzadas que forma parte de la donación, y que sirva de solaz a todas las clases y por consiguiente, quiero que sea público y nunca se le dé otra aplicación. Si alguna vez se le diera o se abandonara su cuidado, anulo el legado y mando que pase a ser propiedad de mis sobrinos los hijos de mi difunto hermano Federico de Ysasi, y si no existieran, a sus descendientes legítimos, entendiéndose que correspondería a todos aquellos que se encuentren en igual grado. Lo mismo si el Excmo. Ayto. no aceptara el legado, o el Estado pretendiera incautarse de la finca por cualquier motivo y el Ayuntamiento no pudiera o no quisiera sostener su derecho.

La casa podrá utilizarla el Excmo. Ayto. en lo que le parezca más conveniente. Quizás sería útil establecer una biblioteca popular católica, un pequeño museo u otra institución que redundará en beneficio e ilustración del pueblo
” (14).

El Retiro pasa a manos del municipio.

Aunque el legado se produjo a finales de 1902, aún pasarán unos meses hasta que el Ayuntamiento asuma la gestión de la finca. En la Sesión Municipal de 18-8-1903 se da lectura a un oficio de los albaceas de D. Luis de Ysasi instando al municipio a tomar posesión de la hacienda del Retiro, acordándose esperar unos días hasta que "la superioridad resuelva el asunto".



Previamente, una semana antes, ya se había aprobado la propuesta para la prolongación de la tubería de agua potable hasta la Hacienda El Retiro así como hasta el Parque González Hontoria por la Calle Santo Domingo, queriendo así garantizar el suministro a las nuevas zonas verdes de la ciudad (15).
Continuará.



Para saber más:
(1) Caro Cancela, D.: Historia de Jerez de la Frontera. El Jerez Moderno y Contemporáneo. Tomo 2, Diputación de Cádiz, 1999. p. 203 y siguientes.
(2) Sánchez Martínez, F. (2005/2006): “Jerez, cuna del primer ferrocarril andaluz (1850-1861)”, en Historia de Jerez, Nº 11-12, Jerez, Ayuntamiento de Jerez/Diputación Provincial de Cádiz, pp. 139-156. Sobre esta obra puede también consultarse Caro Cancela, D. (1990): “El primer ferrocarri de Andalucía. La Línea Jerez-El Puerto- Trocadero (1854-1861)”, en Páginas. Revista de Humanidades nº 5, oct-nov. 1990, pp. 70-85, Jerez; Pérez Serrano, J.; López Rodríguez, F.; y Reyes Fernández, M.J. (2003).: “Aproximación a los orígenes del ferrocarril en la provincia de Cádiz: la línea de Jerez de la Frontera-El Trocadero”, en Cuenca Toribio J.M. (ed). Actas del III Congreso de Historia de Andalucía. Cajasur, Córdoba, 173-183 y Revista de Obras Públicas (1853): “Ferro-carril de Jerez al Trocadero”. Tomo I. p. 67-68.
(3) García Lázaro, A.:El Retiro cumple cien años”, Revista Pliegos de Opinión, nº 3. Marzo de 2002.
(4) Caro Cancela D.: Burguesía y jornaleros. Jerez de la Frontera en el Sexenio Democrático (1868-1874). Caja de ahorros de Jerez, 1990, p. 51.
(5) (1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 246.
(6) Ibidem, p. 246
(7) Quirós Linares, F, Coello, F. y Guesdon, A.: Las ciudades españolas a mediados del siglo XIX., Ámbito Ediciones, Valladolid, 1991.
(8) Mariscal Trujillo, A.: La Sanidad Jerezana, 1800-1975. Apuntes históricos, EJE, 2001, pp. 35-37; Memoria de las aguas sulfídricas de Rosa Celeste. Imprenta del Guadalete 1862.
(9) Caro Cancela, D.: Historia… op. cit.,
(10) Fedriani Fuentes, E.: Jerezanos Insignes, pp. 112 y 87, Gráficas San Luis, 1968.
(11) Mariscal Trujillo, A.: Jerezanos para la historia. Siglos XIX y XX, Tierra de nadie editores, 2011, pp 396-397.
(12) “Justo tributo”, El Guadalete, 5 de diciembre de 1902.
(13) Rodrigo de Molina:El Retiro”, Diario de Jerez, 23 de junio de 1988
(14) Ibidem
(15) García Lázaro, A.:El Retiro… op. cit.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Miscelánea, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, El Retiro. Historias de un parque centenario (II)., Un paseo primaveral por El Retiro. Breve reseña de sus principales árboles y arbustos.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/04/2018

 
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