El Salado: algo más que un arroyo (1).
Un recorrido por los paisajes y la historia del arroyo Salado de Caulina.




En diferentes ocasiones, hemos traído a estas páginas en las que compartimos con los lectores nuestros recorridos por los paisajes y la historia en torno a Jerez, algunos artículos dedicados a los cursos fluviales más importantes que discurren por nuestro término, con especial incidencia -como no podía ser de otro modo- en el Guadalete y el Majaceite.

Poco a poco, sin embargo, nos iremos ocupando también de otros cursos menores (Guadajabaque, Mata Rocines, Buitrago, Salado de Paterna…) que por su cercanía a la ciudad, por su vinculación a nuestros paisajes y a nuestra historia guardan no pocos aspectos de interés. Hoy vamos a fijar nuestra atención en uno de ellos, el Arroyo Salado. ¿Nos acompañan?

El Salado: algo más que un arroyo.

Junto a nuestros dos ríos principales, el Salado, denominado comúnmente como arroyo Salado de Caulina, es el más citado en las fuentes documentales antiguas y el más estrechamente relacionado con distintos episodios de nuestra historia. Este curso fluvial, ha sido conocido también con los nombres de Badalejo, Badalac, Badalae, Salado de Cuenca, Albadalejo… figurando con todos ellos en distintas páginas de la historiografía tradicional jerezana y en los planos y mapas de los últimos tres siglos (1).

El Salado drena un amplio territorio situado al noreste de la ciudad de Jerez, comprendido entre la sierra de Gibalbín, los Llanos de Caulina y la margen derecha del Guadalete. La extensión aproximada de su cuenca es de unas 23.000 hectáreas (2) mientras que la longitud de su curso principal, es de unos 13,5 km, contados a partir del puente del Rizo, poco antes de su entrada en los Llanos de Caulina, donde su cauce se amplia y su corriente se torna ya permanente. A esta longitud habría que sumar otros 10 km, que es la que le aportan algunos de los arroyos tributarios de su cabecera.

Se forma el Salado por la confluencia de una amplia red de cursos menores que avenan este extenso rincón de la campiña. Así, en las cercanías de Las Mesas de Santiago se unen los arroyos (del Palomar, de la Silla, de La Plata…) que bajan de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur y que arraciman sus aguas en el arroyo de Santiago.

En las proximidades de los cortijos de Jarilla y Jareta se suman a este curso otros pequeños arroyos como los de El Chivo, Montecorto y Arroyodulce. De la importancia de los aportes de esta pequeña cuenca dan idea los desbordamientos que, en los últimos años, inundaron (y destruyeron) algunos tramos de la carretera de Torre de Melgarejo a Gibalbín, en la zona de Majarazotán.



Las imágenes que tomamos en octubre de 2008 muestran la fuerza de las avenidas de este arroyo a la altura del puente de la traza del ferrocarril de la Sierra, junto a la que fuera antigua estación de El Rizo.

Por los Llanos de Caulina, Morla y El Mayorazgo.

A partir del cortijo del Algarrobillo (próximo a la barriada rural de La Inmaculada, junto a Torremelgarejo) y ya con el nombre de Arroyo Salado, se adentra en los Llanos de Caulina cuyas tierras improductivas en las que crecían extensos palmares y juncales, fueron transformadas en tierras de regadío en la segunda década del siglo pasado.

Fue entonces cuando se realizaron obras de drenaje y canalización para evitar los encharcamientos e inundaciones, “domesticando” el curso del río que vio profundamente alterado su cauce histórico, realizándose también en muchos lugares grandes obras de nivelación de terrenos para favorecer el riego. Como pueden verse en las imágenes aéreas del conocido “Vuelo Americano de 1956” se enderezaron buena parte de sus tornos perdiendo su trazado meandriforme a favor de tramos más rectilíneos. En algunos sectores, se construyó un nuevo cauce protegiendo sus riberas artificiales con grandes muros para frenar la erosión.

Desde el Algarrobillo, cruza el Salado por entre las tierras de Morla y las de El Mayorazgo que fueron habilitadas para el cultivo por el I.N.C. y repartidas estas últimas entre pequeños agricultores hace más de sesenta años.

Llegamos a este diseminado por un desvío a la izquierda de la carretera que une Torremelgarejo y Gibalbín, adentrándonos por un paisaje de cultivos agrícolas entre las viviendas de los antiguos colonos que, a diferencia de en otros núcleos rurales, fueron aquí construidas de manera aislada, en las parcelas.

Desviándonos por los carriles que se trazan en los Llanos podemos seguir el curso del Salado que mantiene un mínimo caudal hasta en los meses más secos al recoger los excedentes de riego de las parcelas por los canales de drenaje.

Un camino de servicio que corre paralelo junto a la autopista A-4, nos ha llevado hasta las proximidades del cortijo Las Pitas. En sus proximidades cruzan el Salado los puentes de la autovía de Arcos, atravesando el río la dehesa de Sepúlveda donde antes de las intervenciones del INC se encontraba la laguna de Torres o de Sepúlveda, que se desecó.



Poco antes de llegar a Estella del Marqués se le une el conocido Arroyo del Rano o del Cuadrejón que viene desde las tierras de Romanina y de La Torre de Pedro Díaz, bajando de las faldas de la sierra de Gibalbín, después de haber pasado por las cercanías del cortijo de El Trobal y de Nueva Jarilla.

Este pequeño pero importante tributario canaliza las escorrentías del sector occidental de los Llanos de Caulina y es, con sus 13 km de largo, el principal afluente del Salado, drenando una cuenca de casi 6.000 hectáreas. Este arroyo, recoge las aguas de la Ciudad del Transporte, y las Dehesas de Siles y de las Carreras, entre otros sectores de la campiña (3).

Por Estella del Marqués y los Llanos de la Catalana.



El Salado llega así a las tierras donde se asentó el antiguo descansadero de Albadalejo, auténtico cruce de caminos del Jerez rural, donde en 1956 se levantó el poblado de colonización de Estella del Marqués. Al llegar a esta población, junto a la conocida Venta Las Cuevas, cruza nuestro arroyo bajo los arcos del puente de la carretera de Cortes, en un lugar donde existieron ya dos antiguas alcantarillas en el siglo XVIII (4). Esta zona se ha visto inundado en no pocas ocasiones por las furiosas crecidas del arroyo cuyas aguas han llegado a cortar también la autopista Sevilla-Cádiz en momentos de grandes desbordamientos, como los de febrero de 2010, que se muestran en las fotografías de J.J. Cabrera Bueno que acompañan este artículo y en los que quedó aislada Estella (5).



Aguas abajo de esta población, el Salado discurre ahora por los Llanos de la Catalana, dejando a su derecha a la autopista A-4. Aunque aquí presenta un tramo recto, antaño su curso se acercaba hasta el paraje de Las Salinillas, un curioso humedal salobre del que nos ocupamos en otra ocasión (6). En este lugar atraviesan el cauce del arroyo las conducciones del acueducto de Tempul y del acueducto de los Hurones. El primero trae desde 1869 las aguas del manantial de Tempul hasta los depósitos del Parque Zoológico, el segundo, nos muestra aquí su gran tubería de hormigón que desde la década de los 50 del siglo pasado abastece a la Zona Gaditana desde el pantano de los Hurones, transportando sus aguas hasta los depósitos reguladores de San Cristóbal. Poco más adelante, recibe por la derecha a uno de sus tributarios más urbanos, el arroyo de la Canaleja, que recoge buena parte de las aguas pluviales del casco urbano de Jerez canalizadas por colectores hasta la conocida urbanización Zafer.

Siguiendo su curso, a los pies de los cerros de Montealegre el Salado es cruzado por un nuevo puente de la autopista A-4, bajo cuyas vigas llaman la atención los curiosos nidos de la golondrina dáurica. En este rincón, aún pueden verse en sus riberas algunos fresnos, árboles que junto a los álamos y tarajes debieron formar sus galerías vegetales antes de que las obras de canalización de la década de los cincuenta del siglo pasado alteraran considerablemente su trazado.

Si por los Llanos de Caulina el valle del Salado mostraba una anchura que, en algunos puntos, era superior a los 5 km, en La Catalana esta distancia se va reduciendo drásticamente estrechándose entre los cortados del pago de Montealegre a su derecha y los cerros de Lomopardo a la izquierda, separados ambos por apenas 400 m, distancia que se reduce a la mitad conforme nos acercamos a La Cartuja. En estos parajes estuvieron ubicados, siglos atrás, la molineta de La Catalana y el antiguo molino de La Cartuja.

Dos nuevos puentes cruzan ahora aquí cauce: el nuevo que conduce a la autovía de Los Barrios y el de la antigua carretera de Medina, que pasa junto a Viveros Olmedo. Desde este último aún pueden verse, aguas abajo, los estribos de las primeras alcantarillas que cruzaban el salado en los siglos medievales (7). Apenas 400 m separan este lugar de su desembocadura en el Guadalete, al que se une en su orilla derecha en un hermoso rincón situado 400 m aguas abajo del puente de Cartuja, a cota 6 m.s.n.m.

El Salado y las inundaciones.

Sin embargo, este rincón de la campiña, donde confluyen el salado y el Guadalete, no siempre ha sido tal como lo vemos en la actualidad ya que en los últimos años ha sufrido grandes transformaciones, en este caso para bien.



Como ya se ha apuntado, cuando después de unos días de fuertes lluvias en la campiña se producen episodios de avenida, el Salado puede llegar a transportar un enorme caudal al tener que dar salida a las escorrentías de su amplia cuenca de recepción.

A diferencia de la del Guadalete, regulada por distintos embalses que pueden amortiguar los efectos de las >avenidas, la del Salado ha de ser desaguadas a través del río principal, sin otro recurso que la laminación de sus caudales en su llanura de inundación, los Llanos de Caulina, que se transforman en estos momentos críticos en una inmensa laguna. El estrechamiento del valle, que se produce entre los cerros de Montealegre y Lomopardo, próximo ya el punto de confluencia con el Guadalete, el aterramiento de su cauce y la densa vegetación que crecía en las orillas del tramo final del arroyo disminuyendo su sección, habían convertido este punto en un auténtico “cuello de botella” con nefastas consecuencias en los momentos de grandes crecidas.

La fuerte corriente del Guadalete suele producir en estos casos un “efecto tapón” sobre la del Salado, que se incorpora en dirección casi perpendicular a la del río principal, con lo que se dificulta enormemente su rápida evacuación. Se producen entonces grandes retenciones que impiden el desalojo de la gran lámina de agua transportada por el arroyo. Ésta, se extiende curso arriba hasta las cercanías de Estella del Marqués, formándose grandes balsas de agua en los llanos de La Catalana que han llegado a cortar, como se ha dicho, el trazado de la autopista A4, causando también grandes daños materiales en cultivos y otras instalaciones.

Recuperando el Salado: restauración ambiental.



Para tratar de paliar algunos de los problemas descritos, durante el verano y otoño de 2011 se realizaron obras de restauración ambiental en distintos puntos del río Guadalete y sus afluentes. Uno de ellos fue el paraje donde el Salado de Caulina confluye con el río, considerado como uno de los puntos más críticos de la cuenca debido a las grandes inundaciones que este arroyo provocaba aguas arriba. Se retiraron entonces lodos y sedimentos acumulados en sus riberas, en la zona trasera de Viveros Olmedo, y se cortaron numerosos eucaliptos que habían invadido el propio cauce del río disminuyendo la sección del canal fluvial, lo que le restaba capacidad de desagüe en los episodios de avenida, favoreciendo desbordamientos en casos de grandes lluvias. Aquellas obras, en las que se invirtieron 108.165 €, restituyeron la sección hidráulica del arroyo, despejando sus riberas de los grandes eucaliptos que cegaban el cauce, especialmente en el tramo aguas abajo del puente de “Viveros Olmedo” y en la margen derecha de las riberas del meandro de La Isleta. Se cortaron entonces unos 1300 pies en este sector, lo que da idea de la densidad de la masa forestal que casi estrechaba el arroyo e invadía, igualmente, el cauce del Guadalete (8).



Los álamos, tarajes y sauces, que forman parte de la vegetación natural del río, se respetaron, con lo que los sotos fluviales están recuperando, poco a poco, el aspecto que tuvieron décadas atrás, antes de que los eucaliptos invadieran las alamedas. También se retiró una gran cantidad de sedimentos para despejar el cauce, rectificando parcialmente el tramo final del Salado, que se ensanchó en su margen derecha. Con ello se consiguió también que el ángulo de incorporación al río, casi perpendicular, fuese más abierto lo que ha facilitado ya en las crecidas de estos últimos años, el flujo de caudales paliando en parte ese “efecto tapón” ya descrito.

A todo ello hay que unir la mejora paisajística que hace un par de años se llevó a cabo en la margen izquierda del Guadalete, frente a la confluencia del Salado, donde se retiraron también sedimentos y eucaliptos y donde se ha recuperado para el paseo un importante tramo de la ribera. En octubre de 2017, en el último tramo del arroyo, ha tenido lugar la retirada de la antigua tubería que, adosada al Puente de Cartuja, cruzaba también junto a Viveros Olmedo, apoyada en los estribos de la antigua “alcantarilla” del Salado, histórico puente cuyos restos esperamos ver recuperados algún día, máxime si se



tienen en cuenta los futuros proyectos de trazar por estos rincones del río un sendero fluvial para el uso y disfrute de todos los ciudadanos (9).

En nuestro próximo artículo haremos un recorrido por las historias más significativas en torno al Salado de Caulina, “algo más que un arroyo”.
Continuará
Para saber más:
(1) Sobre los diferentes nombres del Arroyo salado pueden verse los trabajos de Alberto Manuel Cuadrado Román, y en especial: Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90. Del mismo autor: El Guadalaque en un documento de Alfonso X, Diario de Jerez, 16 de febrero de 2008; 'Guadalete y Guadalquivir en la geografía antigua', Diario de Jerez, 25 de noviembre de 2008; El Badalac, el río perdido, Diario de Jerez, 7 de junio de 2011., entre otros. Numerosas referencias Salado de Cuenca desde los siglos medievales pueden verse también en Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.
Con respecto a la cartografía, pueden consultarse: Llobet F.: Mapa del Reynado de Sevilla, 1748. López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes, 1787; Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz; Lechuga y Florido, A.:Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000, entre otros.
(2) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez, Diciembre de 2011, Págs. 43-35.
(3) Ibidem, p. 43.
(4) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 de octubre de 2015.
(5) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010 (III), publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010.
(6) García Lázaro, J. y A.: Salinas con historia junto a Estella del Marqués, Diario de Jerez, 28 de junio de 2015.
(7) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes… obra citada.
(8) Fonteseca, G.:La Junta actúa de nuevo sobre los cauces del término de Jerez”, Información Jerez, 15 de Mayo de 2011; García Lázaro, J. y A.: Obras de restauración ambiental en el Guadalete (IV), 31 de octubre de 2011: http://www.entornoajerez.com/2011/10/obras-de-restauracion-ambiental-iv-el.html
(9) Aleu, F.C.: Un gran paseo unirá Jerez con El Puerto a través del Guadalete , Andalucía Información, 31 de enero de 2017.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: : Paisajes naturales, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/06/2018

De cabras y ovejas.
Un recorrido por la toponimia y los paisajes de la campiña.




Entre los diferentes atractivos que han contribuido a hacer grande la Feria de Jerez uno de ellos ha sido la exposición y mercado de ganados que anualmente se celebra por estas fechas. Si bien es cierto que perdió su esplendor de antaño, todavía sigue siendo una de las más nombradas ferias ganaderas de nuestra comunidad. Aunque por tradición ha sido la ganadería caballar la que por excelencia se ha vinculado más a la campiña jerezana, el ganado vacuno ha destacado también, desde hace siglos, por su gran número de cabezas y por su peso específico en la economía de la zona. Junto a estos dos grandes sectores de nuestra cabaña ganadera no podemos olvidar la notable contribución que el ganado ovino y caprino han tenido en nuestro entorno rural a lo largo de los siglos.



Por señalar algunos datos que ayuden a valorar esta cuestión recordaremos que, en 1491, según el historiador Bartolomé Gutiérrez, “se supo por declaraciones de los conocedores, el número de ganado que entonces había en esta Ciudad y son estos: 17.840 vacas, 1.662 yeguas, 28.592 ovejas, 3.850 cabras, 4.390 puercos” (1).

En las centurias siguientes estas cifras se vieron incrementadas notablemente por el incremento de la actividad ganadera en nuestras campiñas y sierras. Así, a mediados del siglo XVIII (1754), la ciudad cuenta con 43.352 cabezas de ganado lanar y 21.382 de ganado cabrío (2). En esa misma época, en las respuestas al Catastro de Ensenada (1755), se estima que la rentabilidad obtenida por cada “cabeza de cría por cavrito queso y leche en ocho reales y medio de útil al año”, la décima parte de lo que renta una yegua que da una cría útil al año (3). Además de los grandes terratenientes que en sus propiedades agropecuarias contaban con un importante número de cabezas de ganado menor, algunos conventos eran los mayores poseedores de ganado lanar y caprino. Sirvan como ejemplo algunos datos que indican que, en 1755, La Cartuja declaraba entre sus propiedades 1.734 ovejas y 990 cabras, mientras que el convento de Santo Domingo poseía 1.035 ovejas. Los Jesuitas contaban también con una importante cabaña, que en 1767 ascendía a 2.016 ovejas. Apenas 60 años después, en 1817, La Cartuja había incrementado sus rebaños a 1.882 ovejas y 1.185 cabras (4).



A mediados del siglo XIX (1846) la cabaña jerezana había disminuido notablemente con respecto al siglo anterior, hasta casi la mitad de ejemplares contándose entonces con 23.935 cabezas de ovino y 12.554 de caprino tal como recogen los datos estadísticos del Diccionario Geográfico de Madoz (5). Por terminar este rápido recorrido, ya en nuestros días, a comienzos del siglo XX (2003), los censos de ovino y caprino han seguido esta línea de descenso en el número de cabezas con 19.563 y 11.352 respectivamente, apenas el 10% de la cabaña provincial (6).

Recién iniciada esta Feria de tantas evocaciones ganaderas, queremos invitarles a un paseo por el término municipal para rastrear en los parajes de nuestro entorno, esa geografía del ganado lanar y caprino que descubrimos de la mano de la toponimia y de la historia. ¿Nos acompañan?

Ovejas y carneros.



Aprovechando las abundantes zonas de pastos de la campiña y la sierra, los rebaños de ovejas se extendían por todos los rincones del término. Muchos de ellos, al igual que sucedía con los hatos de cabras, utilizaban para proveerse de alimento la extensa red de vías pecuarias y descansaderos que se extendían por el vasto alfoz jerezano, por los baldíos y tierras incultas, los bordes marismeños y las orillas de los ríos y arroyos. Con todo, los grandes propietarios contaban en muchas ocasiones con parcelas acotadas en sus tierras para pastos del ganado a los que reservaban algún haza menos apta para el cultivo o, como en el caso de las dehesas serranas, con espacios propios para estos fines: los majadales.

Pese a la permanencia en el tiempo de un importante número de cabezas de ganado ovino, la geografía no guarda muchos recuerdos de su presencia, aunque aún es posible hallar en la toponimia algunas referencias a ovejas, carneros y borregos.



Uno de los más conocidos es el de la dehesa de La Cabeza de las Ovejas (Obejas en los textos antiguos) un rincón de la sierra colindante con los cortijos de Garcisobaco y Rogitanillo, muy próximo también al de Picado del que lo separa actualmente una de las colas del embalse de Guadalcacín donde desagua el Arroyo del Caballo. Este paraje, rico en arbolado (quejigos, alcornoques, algarrobos, acebuches…) y con abundantes pastos, gozaba de la proximidad del mencionado arroyo que se unía al Majaceite a los pies del cerro (cabeza) de las Ovejas. Hoy las aguas del embalse bañan sus laderas. Los viajeros que desde Tempul se dirigen al Puerto de Gáliz, dejaran esta dehesa a la derecha, apenas cruzado el Viaducto del Sapo, pudiendo llegar hasta ella por el desvío señalizado que se dirige a Garcisobaco.

El lugar fue una encrucijada de caminos en cuyas cercanías confluían el que desde Alcalá de los Gazules se dirigía a Algar con la cañada de Jerez a Ubrique, la Cañada de Rogitán y la que conducía al Puerto de Gáliz, por la que se trazaría a comienzos del siglo XX la carretera de Jerez a Cortes que aún guarda los restos del antiguo Ventorrillo del Sapo. No es de extrañar por ello que en las faldas del cerro y sus alrededores nunca faltaran los rebaños y que la pasada del Majaceite, que conducía hasta la Cabeza de las Ovejas llevase el nombre de Tornomerino (o Tornomerinos) en alusión al meandro donde se ubicaba y, posiblemente a los carneros (7). Hay constancia de que ya en el s. XVI, esta dehesa se incluía entre los echos, o montes dedicados a prados y a pastos, que el Concejo jerezano repartía entre los ganaderos, especialmente para la cría de ganado vacuno, figurando en 1519 entre sus arrendatarios Hernando Riquel, Hernando de Santiago o Cristóbal García Ximón (8).



De lo concurrido de este paraje da también cuenta Madoz, quien a mediados del XIX menciona entre las ermitas rurales que se localizan en el término de Jerez (Mimbral, Aina, Salto al Cielo, la de carmelitas descalzos del Valle…) “la titulada La Cabeza de las Obejas, en la dehesa así conocida” (9). Esta modesta ermita había sido levantada casi un siglo antes, en 1769 por Teodoro Joseph de Roy, rico hacendado asentado en Cádiz donde se dedicaba al comercio con Holanda (10). Propietario de la dehesa de la “Caveza de las Ovejas”, había dirigido una carta al Cabildo jerezano solicitando sembrar dos aranzadas en terrenos baldíos para, con sus beneficios, pagar los gastos ocasionados por la construcción de un oratorio en el que se decía la misa todos los festivos para los pobres y enfermos que acudían a tomar las aguas a las fuentes medicinales que tanto en este paraje, como en el colindante de Garcisobaco, existían (11).

Más constancia queda en la toponimia de los carneros, los machos de las ovejas, denominados también en muchos rincones como moruecos, carneros merinos o merinos.



Así, en algunos cortijos y dehesas se apartaba para ellos un espacio propio que ha quedado reflejado en el antiguo nombre de parajes como el Majadal del Carnero, -majadal es lugar de pasto- en las laderas de la dehesa de Los Ballesteros, en Los Llanos del Valle; o en el de Haza de los Carneros, tierras reservadas frente a las casas del cortijo de El Herrador, a la derecha de la autovía de Sanlúcar.

El Haza del Carnero, perteneciente al cortijo de Casarejos, se situaba frente a su entrada, colindante con la carretera de Trebujena y el antiguo camino de Sanlúcar que hoy sirve de acceso al aeródromo. Este rincón lindaba con la antigua marisma de Santiago, terreno inculto que servían de pasto al ganado.

También en el cortijo de La Torre de Pedro Díaz se conserva el nombre de Haza del Carnero para designar un espacio que, antaño, se reservaba para el pasto de las ovejas y carneros a orillas del arroyo de Las Salinillas.

Los corderos están también representados en el Boquete del Borrego, un estrecho paso entre las laderas de la Dehesa de la Alcaría, próximo al estribo derecho de la presa de los Hurones.



Relativos también al ganado ovino son los topónimos referidos a “merino”. El ganado merino, considerada una de nuestras razas autóctonas (12) incluye a ovejas y carneros, así como a los moruecos, carneros reproductores. Tampoco hay que descartar la posible vinculación de estos nombres con la figura del “merino”, cuidador del ganado y de sus pastos. Junto a la ya mencionada Pasada de Tornomerino, situada en el río Majaceite a los pies de La Cabeza de las Ovejas, y hoy cubierta bajo las aguas del embalse de Guadalcacín, hay que citar la Loma del Merino, entre las dehesas serranas de la Alcaría y Garganta Millán, en las cercanías del Charco de los Hurones… y del Puerto del Lobo. Junto a ella se alza el Peñón del Merino (o de Merino), un paraje colindante con el término de Ubrique, frente a la fortaleza de Cardela de la que la separa el valle del Majaceite.

Junto a la carne y la leche, uno de los principales aprovechamientos de las ovejas es la lana. En La Barca de la Florida, aguas abajo de la Pasada, nos lo recuerda aún la Vega del Lanero, entre el Guadalete y la carretera de El Torno.

Cabras y cabreros.



El ganado caprino y la cabra montés (o cabra hispánica), que en estado salvaje está presente en nuestras sierras, han dejado también su huella en la toponimia.

Uno de los casos más conocidos es el de la Sierra de las Cabras que se encuentra en las cercanías de san José del Valle, al este de la población. Esta sierra caliza, con una altitud máxima de 682 m, forma un gran lomo rocoso de casi 9 km de longitud que se orienta de norte a sur. Separada de la Sierra de la Sal por la garganta conocida como Boca de la Foz, compone con ella un gran semicírculo montañoso que deja en su interior el singular paraje de los Llanos del Valle. En su extremo norte, a los pies de la sierra, afloran los manantiales de Tempul cuyas aguas fueron canalizadas por los romanos hace veinte siglos hasta Cádiz, a través de un famoso acueducto del que todavía se conservan vestigios. Aunque su cumbre forma una gran planicie, con una altitud media de 650 m, la Sierra de las Cabras conserva en sus laderas y vertientes, numerosos rincones donde aflora la roca caliza en parajes abruptos de difícil acceso y en los que crece una frondosa vegetación. Estas circunstancias han favorecido la presencia desde antiguo de la cabra montés, cuya abundancia pudo dar nombre a la sierra. En todo caso, también desde los siglos medievales, estos parajes lo han sido de uso ganadero, contando con la presencia en sus dehesas de vacas y toros y, en especial, de ovejas y cabras.

A título anecdótico, la toponimia de nuestro entorno también conserva otras referencias a las cabras, donde están presentes nombres tan curiosos como la antigua Hacienda Cabra Coja, junto al camino de la Fuente de Pedro Díaz, en terrenos hoy absorbidos por el crecimiento urbano próximos al Parque del Retiro y al Club Nazaret. Con parecido nombre, el paraje de Cabras Cojas bautiza a un rincón de la campiña cercano a la presa de Guadalcacín, en el lugar conocido como Puerto de Guillén, junto a la Hacienda la Presa, por el que pasan los viajeros que desde San José del Valle se dirigen al embalse. Llamativo es también el nombre de Haza de Rebañacabras (o de Rebaño Cabras), situada frente a la entrada del cortijo del Olivillo, en la carretera del Barroso o del Calvario, un lugar destinado en tiempos pasados a pastos para el ganado (13).

Como no podía ser de otra manera, cabreros y cabrerizas están también presentes en la toponimia de nuestros montes y sierras, como en los casos del Barranco de la cabreriza, en la Dehesa de la Fantasía, junto al arroyo de los Charcones o Bañuelos, tributario de Pasada Blanca; o el del Canuto de los cabreros, en la Dehesa del Toronjil, junto a la Piedra de la Novia, donde confluyen también las lindes de las dehesas del Cándalo y Benahú, lugares cercanos todos a la carretera que desde el Puerto de Gáliz nos lleva al Mojón de la Víbora, en los confines del término. Más cerca de la ciudad, junto a la Cañada del Calderín y la antigua Trocha de Rota está el haza de Los Cabreros en tierras que fueron del cortijo de Santo Domingo.



Desde las faldas de Gibalbín, en las proximidades del cortijo de la Mazmorra, el arroyo del Chivo baja a la campiña hasta unirse al salado de Caulina en las cercanías de la antigua estación de El Rizo, después de pasar junto a los cortijos de La Torrecilla y Ballesteros, cruzando la Cañada de Espera. Las tierras que atraviesa guardan muchas historias y su nombre nos transporta a otros tiempos en los que, estos campos dedicados hoy a cultivos de cereales y olivos, estuvieron poblados de monte bajo y dedicados a la ganadería.

Pastores, Majadas y Majadales.

Junto a las ovejas y cabras no podían faltar los pastores. Aunque las referencias toponímicas a esta figura pueden hacer alusión también a cuidadores de vacas, toros o cerdos, en la mayoría de los casos apuntan a quienes se ocupan de cabras y ovejas al contar aquellos con otras denominaciones más explícitas (vaqueros, toreros o porqueros) también presentes en distintos lugares de nuestro término y que dan nombre a otros tantos parajes vinculados con la ganadería.

Así, en la dehesa del Abanto, junto al Marrufo se encuentra el Puerto de los Pastores y en la zona de los Montes de Propios se nombraban también otros parajes con los topónimos de Los Pastorillos de Nave, -en la vereda del Quejigal paralela al arroyo del Astillero, entre la dehesa del charco de los Hurones y la de Jardilla- y Los Pastorillos de Mora, en la misma zona, pero en La Jardilla. Entre ambos parajes, como si de una amenaza clara para las ovejas se tratase, se alza la Loma del Lobo y algo más lejos el Canuto el Lobo.



Directamente relacionadas con el ganado ovino y caprino están también las majadas. Emplazadas junto a las vías pecuarias de mayor importancia, eran los lugares donde se recogían de noche los rebaños y donde se albergaban los pastores. Este era el caso de dehesa de Las Majadillas, que da también nombre a un cortijo situado en la carretera de Cortes, entre Cuartillos y La Guareña y que en su día se encontraba a orillas de la Cañada Real de la Sierra. A no mucha distancia encontramos la antigua dehesa de Majada Alta cuyas tierras están en buena parte ocupadas por el parque forestal de Las Aguilillas, en las proximidades de Estella del Marqués y que también estuvieron cruzadas por la citada cañada. En el extremo norte del término, y alejado de ambas dehesas se encuentra la dehesa de Majada Vieja, enclavada en la Sierra de Gibalbín entre los cortijos de La Sierra y de La Torre de Pedro Díaz, junto a la antigua Cañada de Casinas que unía la Sierra de Gibalbín con el Guadalete (14).

Los majadales, lugares de pasto para ovejas y cabras, abundan también en los cortijos y dehesas de nuestras sierras. Próximo a la ciudad se encontraba El Majadal, frente al cortijo de Carrizosa al que pertenecía en el cruce de la Cañada ancha y la carretera de Sevilla, en terrenos que hoy ocupan la Ciudad del Transporte.

Entre la sierra de las Cabras y Los Llanos del Valle se encuentran el Majadal de Blandillana (entre las Dehesa de los Caños y de Los Dornajos) el Majadal de los Calceteros (Dehesa de los Ballesteros) y el ya mencionado Majadal de Los Carneros en esta última dehesa. El Majadal del Arenoso se sitúa en el cortijo de La Atalaya, sobre el Majaceite, el Majadal Alto en Rogitán, el del Algarrobo en la dehesa del Hatillo Viejo, lindando con las tierras de Alcalá de los Gazules y las del cortijo de Pajaretillo, y el de Carreño en San José del Valle, en las proximidades del Boquete.

Por último, y a modo de anécdota, aún se conserva en Alijar, en unas tierras cercanas al cortijo donde hoy se levantan los aerogeneradores, el Haza mostrenco, destinada al ganado sin dueño conocido o perdido. Aunque muchos de estos espacios han sido en la actualidad destinados a cultivos, sus nombres nos desvelan sus antiguos usos y nos recuerdan los tiempos en los que la ganadería menor tuvo un peso importante en la campiña. Ese que parece recobrar a juzgar por el buen número de rebaños que desde hace unos años vuelven a verse en muchos lugares en torno a Jerez.



Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol. II, p. 281.
(2) Parada y Barreto, D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera, Imprenta del Guadalete, 1878, Edición Facsímil, Extramuros, 2007, p. LXXXIV.
(3) Orellana González, C.:El Catastro de Ensenada en Jerez de la Frontera” Colección de Monografías nº 2. Revista de Historia de Jerez nº 8, 2002, p. 16.
(4) López Martínez A.L.:Una élite rural. Los grandes ganaderos andaluces, siglos XIV-XX”, Hispania, LXV/3, núm. 221 (2005) 1023-104, p. 1038.
(5) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 250.
(6) Consejo Económico y Social de Jerez.: Jerez, Economía y Sociedad 2003, p. 40-41, donde se ofrecen datos facilitados por la Delegación provincial de Cádiz de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía
(7) El topónimo de Pasada de Tornomerino ha desaparecido ya de los mapas topográficos al estar bajo las aguas del embalse de Guadalcacín el paraje que bautizaba. Puede, no obstante, verse su antiguo emplazamiento en la Hoja 1063 de Algar de la primera edición del Mapa Topográfico, 1917, del I.G.N.
(8) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 157 y 165
(9) Diccionario Geográfico… Obra citada, p. 45.
(10) Crespo solana, A.: El comercio marítimo entre Ámsterdam y Cádiz (1713-1778), Banco de España-Servicio de Estudios, Estudios de Historia Económica nº 40, 2000, p. 75.
(11) AMJF, AC, 7 agosto de 1769, fº 496v. Agradecemos a nuestro amigo, el Dr. D. Juan Salguero Triviño, el habernos facilitado esta información.
(12) VV.AA.: La ganadería Andaluza en el siglo XXI. Vol. I, Patrimonio ganadero andaluz, Junta de Andalucía, Consejería de Agricultura y Pesca, P. 257 y siguientes.
(13) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948, Ayto. de Jerez.
(14) García Lázaro, J. y A.: Curiosos topónimos en torno a Jerez: lo pequeño es hermoso, Diario de Jerez, 11 de marzo de 2018.





Fotografía facilitada por Pedro Oteo Barranco

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, El medio y sus productos

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 13/05/2018

 
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