El camino de El Portal y de "Zigüeña".
Acerca de un curioso plano de 1755.




Como algunos lectores recordarán, en distintas ocasiones nos hemos ocupado del estudio de diferentes piezas de nuestro patrimonio bibliográfico y cartográfico (planos, mapas, grabados) que pueden ayudarnos a conocer cómo eran en el pasado los alrededores de la ciudad. En el artículo de hoy vamos a referirnos a un curioso plano que se conserva en el Archivo General de Simancas, fechado en 1755 y remitido por el cabildo jerezano al Marqués del Campo de Villar, ministro de Gracia y Justicia de Fernando VI. La obra lleva por título “Plano del Camino proyectado llamado de Zigüeña. Desde la ciudad de Xerez de la Frontera al término de la ciudad del Puerto de Sta. María, como la de una calzada desde el referido camino al Río Guadalete en uno de los parages más caudalosos de él para Embarque y desembarque de los frutos y géneros para la Bahía de Cádiz, y el referido Puerto de Santa María” (1).

Este curioso plano refleja el proyecto del “Camino de Sidueña”, entre la Puerta del Arroyo y el Puerto de las Cruces, límite de los términos de Jerez y El Puerto. Aunque no figura el nombre de su autor, creemos que puede atribuirse a Pedro de Cos, maestro mayor de la ciudad en la década de los cincuenta del siglo XVIII, donde lo encontramos trabajando en las obras de la capilla del Sagrario en San Marcos y, posteriormente, dando fin al edificio de la Panadería, que terminó en 1768 (2).

Del camino de Sidueña se tiene ya noticia en los siglos medievales citándose en diferentes documentos de amojonamiento. Así, por ejemplo, en el realizado en 1434 en la Dehesa de los Buhedos de Garciagos, ubicada a ambos lados del arroyo de Guadajabaque en las cercanías de Torrox, se sitúa uno de los mojones “…atravesando una entrada de marisma, que es de cara el camino de Çidueña". En este mismo paraje se menciona también la existencia de una “alcantarilla” (3).

Durante los siglos XVI y XVII los comerciantes vinateros no dejarán de denunciar el mal estado del camino de El Portal y las dificultades para el traslado de las botas, lo que favoreció en parte que algunos de ellos se establecieran en El Puerto de Santa María y Sanlúcar (4). Estas protestas se mantuvieron también en el siglo XVIII con el incremento de la exportación de nuestros caldos a través del embarcadero del Guadalete en El Portal, reclamándose la construcción de un nuevo camino o arrecife.

La construcción del arrecife o camino de Sidueña.

El origen del proyecto que refleja este curioso plano que hoy nos ocupa, pudo estar en la propuesta de obras de utilidad pública que el Ayuntamiento jerezano envió al Gobierno de la nación, y que fueron aprobadas por R.O. de 1-10-1754, entre las que F. Sánchez Martínez destaca “la construcción de un camino desde la ciudad al Puerto de Santa María, del que partiría un ramal hasta el embarcadero del Portal” (5).



Sea como fuere, el historiador Bartolomé Gutiérrez nos recuerda que “el día 5 de Abril del mismo año 1755 se dio principio á la obra del arrecife en Xerez para cuyo efecto vino D. Tomás Giraldino de la corte y para costearlo dio el Rey facultad de que se vendiesen 450 caballerías de tierra de los baldíos de esta ciudad y con efecto se ejecutó con asistencia del corregidor (que lo era el Marqués de Alcozebar) el dicho Don Tomás Geraldino y los Diputados Marqués de Casa-Pabon y D. Juan Riquelme” (6). Apenas dos años y medio después las obras se terminaron "en 23 de set. 1757 cumpleaños del Rey Fernando 6º, siendo Corregidor D. Nicolás Carrillo de Mendoza, marqués de Alcocebar, se celebró con fuegos artificiales, música etc. la conclusión de las obras del arrecife y muelle de Portal. En la memoria descriptiva de dichas obras, cabildo de 12 de Set, se dice entre otras cosas, que: "asimismo se registraba ya enteramente acabada y plantada una mui particular grande alameda que constituye un deleitable paseo, tomando principio desde la entrada de dicho arrecife y finaliza al cuarto y medio de legua en una platea inmediata al cerro que nombran de los Frutos" (7). El historiador F. Aroca Vicenti nos recuerda como las Actas Capitulares de 1757 recogen el momento de la inauguración y recuerdan que a la entrada del arrecife se colocaron “las Reales estatuas de sus majestades… construidas con el mayor esmero y primor y colocadas en el sitio de la glorietta entrada del camino” (8). Veamos en lo que sigue los aspectos más relevantes que se reflejan en este curioso plano

La Puerta del Arroyo y la Fuente de la Alcubilla.

La salida de la ciudad se realiza por la Puerta del Arroyo, abierta en 1500, conocida también como “de la Alcubilla”, como figura en el plano (A). A su izquierda existía entonces un “Pequeño Cuartel de Cavallería y Milicias” (B) adosado a la muralla, que por sus reducidas dimensiones debió ser un modesto puesto de guardia para controlar los accesos por esta parte de la ciudad. Hasta llegar a la Fuente de la Alcubilla, el arrecife dejaba a ambos lados “hornos de ladrillos y tejas de particulares” (C) que ocuparon los terrenos donde en la actualidad se levantan la Gran Bodega Tío Pepe y las antiguas viviendas de los trabajadores de Domecq. En este mismo entorno existieron siempre ladrilleras y tejares algunas de los cuales pervivieron hasta bien entrado el siglo XX. Así, en 1434 se mencionan junto a la cercana Puerta de Rota el Tejar de Antón García y el Tejar del Palomar, próximo a la Ermita de Guía (9). A mediados del XVIII el plano nos recuerda la presencia en el inicio de la Cuesta de la Chaparra del “tejar de la Cartuxa” (D), junto al antiguo camino del Puerto (“la Trocha”), conocido entonces como “de Buenavista” (G).

En la Fuente de la Alcubilla (E), comenzaba el “camino proyectado llamado de Zigueña” (H), que coincidía en su recorrido inicial con la que hoy día es la parte llana de la calle Cuesta de la Chaparra hasta la rotonda de Cuatro Caminos. En este lugar se iniciaba un gran tramo recto que cruzaba las Playas de San Telmo (coincidente con la actual Avenida de Blas Infante) y llegaba hasta el Cerro del Fruto (I), pequeña loma ya desaparecida, que se levantaba junto la actual rotonda del Balneario. A sus pies, el proyecto indica que se construyó una “plazuela y arboledas” donde confluía “el camino que va a la cuesta de San Telmo”. Como se puede ver, los principales ejes que organizan el actual trazado viario de esta zona de la ciudad tienen su origen en este ambicioso proyecto que cuenta ya con más de dos siglos y medio a sus espaldas.

La “segunda Platea” y el “Cerro del Fruto”.

Algo parecido sucede con las “rotondas”, de las que tenemos aquí los primeros antecedentes en nuestra trama urbana.

Estas glorietas o plazuelas, serían también denominadas popularmente como “plateas”, siendo la “primera platea” la que estaba próxima a la Alcubilla, junto a la actual de Cuatro Caminos y la “segunda Platea” al Cerro del Fruto tal como figura en el plano. “Platea” tiene aquí el significado antiguo de “lugar amplio y espacioso”, “plaza”, “explanada”, “patio” … que luego se emplearía para dar nombre al patio de butacas de un teatro.



Esta última acepción ha llevado a algunos autores a mantener la hipótesis de el origen del topónimo hay que buscarlo en la idea de que la loma del Cerro del Fruto servía de improvisado anfiteatro natural para ver las antiguas carreras de caballos que en siglo XIX se llevaban a cabo en las playas de San Telmo, siguiendo el trazado del arrecife (10). Otros incluso, mantienen esta misma idea aplicada a las carreras de motos que se llevaban a comienzos de los 70 del siglo pasado cuando se trazaron las avenidas del polígono El Portal, supuestos ambos, que como se ha visto no se corresponden con el origen de las “plateas”.

Con respecto al Cerro del Fruto (paraje conocido también como Cerrofruto o Cerro Frutos), su nombre original fue el de Cerro de los Frutos o de Frutos. Así se le denomina, por ejemplo, en las actas capitulares de 1757 en las que se alude a las obras del arrecife del Portal, y en otras fuentes documentales (11). Aunque desconocemos el origen de este popular topónimo que ha permanecido hasta nuestros días, apuntamos la posibilidad de que se deba a Juan de Frutos, carretero, propietario de tierras próximas a la ciudad en el Camino hacia la aldea del Portal -que pasaba por este lugar- cuyo nombre aparece en diferentes ocasiones en las sentencias de amojonamientos de 1524 (12). En todo caso, tanto el nombre, como el apellido Frutos eran comunes en el Jerez de los siglos medievales (13). Las lomas del Cerro de Frutos lindaban al norte con las Hazas Cirujanas, tierras que en 1434 pertenecieron al çirujano Alfonso Martínez, a quien deben este nombre que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX (14). Limitadas siglos más tarde por la traza del Ferrocarril, en parte de ellas se construyó la conocida barriada del MOPU.

A los pies del Cerro del Fruto, tal como se indica en el plano, se unía al camino de Zigüeña otro camino “que va á la cuesta de San Telmo” (K) que como el que venía desde la ciudad contaba con filas de árboles a sus lados, transformándose así en un “paseo” para el disfrute de los jerezanos. En la “segunda platea” o explanada situada junto al Cerro del Fruto se hizo, según se planeaba en el proyecto, “una plazuela -la “platea”- y se plantaron arboledas, probablemente de olmos o álamos, las especies más usuales en los paseos del XVIII (15).



A partir de este lugar (que se corresponde con la actual rotonda de El Balneario), el camino dejaba ya de estar arbolado y cambiaba su orientación hacia el este, en dirección a El Portal.

Camino de El Portal.



El camino seguía entre viñedos y olivares dejando a la derecha el Guadajabaque y continuaba por un trazado similar al que tiene actualmente la Avenida Alcalde Cantos Ropero que cruza el Polígono El Portal. Aunque este arroyo ha desaparecido hoy en día en este tramo, encauzado por los colectores urbanos, hasta mediados del siglo XX aún era visible en estos lugares, siendo denominado Arroyo de Morales.

A la derecha del camino, en un paraje próximo al que ocupó el antiguo Balneario, el plano nos muestra los viñedos (L) del Casería de Sarzana. Algo más adelante, a la izquierda, figura la Casería de Vidauri, con su olivar, en las tierras ocupadas hoy por la Azucarera del Guadalete. El nuevo camino proyectado, con grandes tramos rectos, deja a la izquierda al Arroyo de Aguabahaque, como también se conocía al Guadabajaque. Éste, nos muestra en su cauce una “alcantarilla antigua, casi derruida” (V) por la que cruzaba el camino que se dirigía a los olivares de Parpalana, que han vuelto a recuperarse en estos años. De una de estas antiguas alcantarillas da cuenta el profesor Juan Abellán en un interesante estudio sobre las estructuras viales en el Jerez del siglo XV (17).

Al llegar a las proximidades del Guadalete, el camino volvía a cambiar bruscamente su orientación, siguiendo hacia el sur, al encontrarse con el “Camino q va desde la Cartuxa al Pto. de Sta. María” (N). Se corresponde este entronque con la actual rotonda de la Depuradora donde se unía este camino, conocido como Cañada del Vado de los Hornos, que conducía hasta la Cartuja pasando por el actual emplazamiento de La Corta donde se cruzaba el río por el mencionado vado. Muy cerca de este cruce, el arrecife salvaba el Guadajabaque por un puente de nueva construcción (O), de un solo arco y de una anchura aproximada -según la escala del plano- de 8 varas, de las que 5 correspondían al vano del puente (una vara= 0,836 m). En sus cercanías, a la izquierda del camino, se encontraba la Casería de La Palma, nombre que delata la existencia de alguna gran palmera. Este enclave, ya desaparecido, se ubicó en las laderas situadas frente a la Depuradora, y aparece en el plano con gran olivar que se extiende en las laderas del pago de Parpalana.

Siguiendo el camino, y a la altura de las que hoy serían las primeras casas de El Portal, se trazó un ramal hasta el embarcadero de El Portal (Q), el que durante siglos fuera el “puerto de Jerez”. Este tramo resultaba fundamental para el acceso de las carretas a los muelles por donde se embarcaban los vinos jerezanos y por el que llegaban desde la bahía otros muchos productos para el consumo de los jerezanos.



El antiguo emplazamiento del embarcadero se situaba muy próximo a actual salida del aliviadero de Torrox y a la Azucarera Jerezana. Aguas arriba de este punto desembocaba el arroyo Guadajabaque, como nos muestra el plano.

Desde el Portal a Sidueña por el olivar de Cartagena.

Desde El Portal, el camino continuaba en dirección a Sidueña dejando el Guadalete a su izquierda y cruzando las tierras del Olivar de Cartagena, cuya casería (R) quedaba entre el arrecife y el río, como muestra el plano. Este paraje se encontraba ubicado frente a la actual entrada del Rancho de La Bola siendo una propiedad de gran extensión que se extendía por la vega, colindante también por el sur con el arroyo Mata Rocines, que desembocaba en el Guadalete junto al olivar. Como nos recuerdan Pérez Fernández y López Amador, apenas un siglo atrás, en 1648, en este paraje desviaron los jerezanos el río hacia la boca del San Pedro por un canal de unos 500 m que se cerraría después en 1654, lo que supuso que los barcos volvieran a bajar por la Madre Vieja desde El Portal. En el antiguo olivar de Cartagena los dos brazos del Guadalete estaban muy próximos (apenas 500 m), lo que, junto a su cercanía al embarcadero de El Portal, hizo de este lugar el elegido por las autoridades jerezanas para que los barcos pasaran del cauce del Guadalete (conocido como Albadalejo en este tramo) al Salado (18).



Tras el olivar de Cartagena, el camino cruzaba el arroyo de Mata Rocines, también llamado del Carrillo. El “puente de Matarrozocines” (S) era muy necesario ya que las furiosas crecidas de este arroyo hacían intransitable el camino. Aquí, el proyecto contemplaba una obra mayor que la prevista para el paso del Guadajabaque (de un solo ojo), y en este caso se construyó un puente de tres arcos y 13 varas de largo. Los arcos laterales eran más pequeños (vanos de 2 varas), mientras que el central era mayor (4 varas). Este mismo puente, una vez construido, dio paso a finales de siglo al camino Real de Madrid a Cádiz y aún en la actualidad se adivina bajo el actual, los arcos de sillería del que se construyó en el siglo XIX para el paso de la carretera nacional.

Tras cruzar el arroyo el camino de Sidueña subía una pequeña cuesta hasta un puertecillo, lugar donde se separan los términos de Jerez y El Puerto y donde el plano se termina. Este paraje se conocería como “Puerto de las Cruces” al instalarse a ambos lados del arrecife, dos columnas con sendas cruces, que aún se conservan junto al acceso a los Depósitos de San Cristóbal (19).

Como dato curioso, traemos lo referido por el historiador Bartolomé Gutiérrez, quien nos informa que a finales de mayo de 1756, durante la construcción de este tramo del camino, se produjo en este lugar un interesante hallazgo arqueológico al realizar los desmontes al pie del cerro de San Cristóbal “donde se hallaron cenizas y huesos de unas personas humanas, como puesta de lado, pero tendida y todo tan corrupto, que solo los dientes tienen la mayor consistencia… era de 7 piés de largo, el Sepulcro, muy poco más, y de media vara de ancho, tasada”. El historiador, que vivía en aquellas fechas e incluso llegó a ver aquellos hallazgos, informa que los sepulcros tenían “dos piedras, á la cabecera una y otra á los piés, pero sin rótulos, y entre las cenizas que se encontraron, hallaron una moneda muy carcomida y corroída… Estaba esta moneda debajo de una teja que tenía como debajo de la cabeza y el sepulcro formado de piedra de cantería de la Sierra inmediata de S. Cristóbal y la cubierta de 3 piedras de la cantera de hácia Puerto real, estaba sobre el lado izquierdo, los piés al Oriente y la cara al Norte y junto se descubrió una forma de horno terraplenado y con varios huesos y cenizas y tiestos de barro, como de una olla sin vedrío, estaba delante del rostro este hornillo. A pocas varas de distancia se hallaron piedras de otros dos sepulcros como el dicho, pero desbaratados y terraplenados… Era la piedra de las Canteras de la próxima Sierra de San Cristóbal. Todo esto indica la vecindad á la Población de la antigua Asido, que poco más allá en la falda de Sidueña (de donde tomó el nombre de Pago) estuvo fundada. El Sábado 5 de junio se halló otro Sepulcro con la misma fábrica… y todos estos sepulcros está de oriente a poniente y los piés al nacer el sol” (20).

Desde el Puerto de las Cruces, donde terminaba el proyecto del camino de Jerez a Sidueña, el arrecife seguía en dirección a este enclave para llegar después hasta el Puerto de Santa María. El plano nos informa también de otros detalles técnicos del camino como su anchura (15 varas = 12,5 m), con pretiles laterales de una vara de alto. Su firme presentaba dos calzadas con una ligera pendiente lateral del centro hacia las cunetas para facilitar la evacuación del agua. Apenas unos años más tarde el firme del arrecife se hallaba ya deteriorado por el incesante tráfico de carretas hacia el embarcadero y fueron necesarias las primeras reparaciones… que tardaron décadas en realizarse. Pero esa ya es otra historia.

Para saber más:
(1) “Plano del Camino proyectado llamado de Zigüeña. Desde la ciudad de Xerez de la Frontera al término de la ciudad del Puerto de Sta. María, como la de una calzada desde el referido camino al Río Guadalete en uno de los parages más caudalosos de él para Embarque y desembarque de los frutos y géneros para la Bahía de Cádiz, y el referido Puerto de Santa María” Archivo General de Simancas. Gracia y Justicia, Legajos, 01031. Con carta de la Junta de Obras al Marqués del Campo de Villar. Jerez de la Frontera, 12 de agosto de 1755
(2) Moreno Arana, J.M.: "Aportaciones al estudio de la arquitectura civil del siglo XVIII en Jerez de la Frontera: El Palacio de Villapanés", Laboratorio de Arte 20 (2007), Nota 48. Con respecto a la atribución a Pedro de Cos de la autoría de este plano, encontramos similitudes con otro de su autoría: “Plano trazado de la Calle Larga, 1778, que figura en Aroca Vicenti, F.: Arquitectura y Urbanismo en el Jerez del siglo XVIII, C.U. de E. sociales-Caja San Fernando, 2002, p. 60. Por nuestra parte hemos consultado a nuestro amigo el Dr. J.M. Moreno Arana quien nos apunta que “el tipo de letra y la leyenda con orla de rocalla están en la línea de otros planos suyos”
(3) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 240.
(4) Romero Bejarano, M.: De los orígenes a Pilar Sánchez. Breve Historia de Jerez, Ediciones Remedios, 9, pp. 65 y 103.
(5) Sánchez Martínez, F.: El Portal, su muelle, el arrecife y el ferrocarril (I), Diario de Jerez, 4 de Junio de 2013.
(6) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p 3.10.
(7) AMJF: 1757, M. 4, fº 44: Paseo desde la platea de la Alcubilla hasta la de San Telmo, inmediata al Cerro de Frutos.
(8) Aroca Vicenti, F.: Arquitectura… Obra citada, pp. 173 y 155
(9) Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, p. 255. Otras referencias acerca de la presencia de alfarerías en la zona pueden verse en Álvarez González, T. y Martínez Glera, E.: Aproximación al estudio de la historia de la alfarería de Jerez de la Frontera a través de la documentación de su archivo municipal, Atrio, Revista de Historia del Arte, nº 6, 1993 pp. 7-26. Las imágenes aéreas del Vuelo Americano de 1956 muestran todavía la antigua fábrica de ladrillos y tejas existente junto a la Ermita de Guía.
(10) De la Plata, J.: Deportes en Jerez, Diario de Jerez, 30 de junio de 2008
(11) AMJF: 1757, M. 4, fº 44, obra citada. Gutiérrez, B.: Historia… obra citada.
(12) Tal como apunta el profesor E. Martín pasaba por este lugar: Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, pp. 251-253)
(13) Mingorance, J.A.: La colonia extranjera en Jerez a finales de la Edad Media, Peripecias Libros, 2014, p. 58; Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC, p. H.
(14) Muñoz y Gómez, A.: Calles… obra citada, p. 313; Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, p. 241; López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(15) Aroca Vicenti, F.: Arquitectura… Obra citada, pp. 151-157.
(17) Abellán Pérez.: “Construcción y reparación de estructuras viales. Jerez de la Frontera en el siglo XV”. Estudios sobre patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales, nº 3, vol 1, pp. 7-21, 2002.
(18) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, p.191.
(19) García Lázaro, A y J.: Por tierras de Sidueña con el Padre Coloma, Diario de Jerez, 27 de diciembre de 2015
(20) Gutiérrez, B.: Historia… obra citada, pp. 311-312.


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Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: : Cartografía y grabados, Paisajes con Historia, Toponimia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/05/2018

La Venta del tío Basilio.
Con Fernán Caballero por los caminos de Jerez a Algar.




En estos días de otoño, cuando empieza ya a refrescar, renace cada año la vieja costumbre de salir al campo los fines de semana en busca de las ventas.

Desde hace unas décadas las ventas se identifican con esos establecimientos de hostelería a medio camino entre los restaurantes y los bares de carretera, a los que acudimos para “reparar
fuerzas” en nuestras excursiones por los alrededores de la ciudad (los populares “mostos”), o cuando realizamos otras rutas por el interior de la provincia, la costa o la sierra. Sin embargo, en sus orígenes, las ventas jugaron un papel aún más importante, cuando los viajes eran largos y las veredas tardaban en recorrerse varias jornadas. Estos establecimientos, que se levantaban en los cruces de caminos, en parajes perdidos en la mitad del campo o en los despoblados, servían fundamentalmente para facilitar comida, refugio u hospedaje a los viajeros. Con frecuencia se convertían también en lugares de reunión de los habitantes del lugar y como punto de intercambio de productos de la tierra, jugando también un papel importante en la difusión de las noticias relacionadas con las poblaciones cercanas.

Aunque en próximos artículos nos ocuparemos de algunas de las ventas más renombradas, hoy queremos recordar a una de las más humildes y modestas de la mano de la conocida escritora costumbrista Fernán Caballero: “la venta del Tío Basilio”. En su sencilla descripción se ilustra cómo pudo ser el origen de cualquiera de las pequeñas ventas que salpicaban los caminos rurales del siglo XIX.

La del “tío Basilio”, es una venta creada para la literatura, un escenario imaginado por la autora, ubicado en la ruta entre Jerez y Algar, en un paraje indeterminado, “a los pies de una vereda”, un lugar en el que “se extiende una dehesa solitaria”.



Lo narra Fernán Caballero en un cuento que aparece en su libro Relaciones (1862), y que lleva por título “Más largo es el tiempo que la fortuna”. (1)

Aquellas antiguas ventas.

Si existió o no en realidad la “ventilla del tío Basilio” o una con otro nombre de sus mismas características no es ahora lo relevante, aunque estamos seguros que a nuestra escritora, destacada representante del “realismo”, no le faltarían para inspirarse ejemplos similares al que describe, pues fue también reconocida viajera y recorrió desde su infancia los caminos de muchos rincones del interior de la provincia de los que nos ha dejado en sus libros pintorescas escenas.

Como ya hiciera su madre, la escritora gaditana Frasquita Larrea, Fernán Caballero pasó algunos veranos en Bornos desde donde hacía excursiones a parajes cercanos, visitando también los pueblos de Arcos, Ubrique y otros muchos lugares de la Sierra de Cádiz. En estos relatos, en los que el viaje y las descripciones del paisaje ocupan siempre un especial protagonismo, no podían faltar las referencias a las populares “ventas”.



Por citar sólo algunas, Francisca Larrea menciona en su viaje de Bornos a Ubrique, en 1824, la Venta de Tavizna, “situada a la orilla de río Majaceite… en un enorme peñasco”, o la Venta de la Albujera, en las cercanías de Ubrique, que la autora describe en un entorno idílico rodeado de frondosa vegetación (1).

Puesto que Fernán Caballero conoce bien los caminos y las ventas donde en tantas ocasiones habría parado a descansar mientras la diligencia o los coches cambiaban sus caballos, no es difícil imaginar que en su relato literario haya un poso de vivencias personales y de observaciones reales que nos ayudan a conocer o imaginar cómo pudieron ser aquellos modestos establecimientos.

En su relato se hace mención a que la “Venta del tío Basilio” se encuentra en algún punto del camino entre Jerez y la sierra de Algar, una vía de comunicación que ha existido desde los siglos medievales. Este camino, conocido, entre otros nombres, como Cañada de la Sierra, cruzaba el río por los vados (y después por las barcas) de la Florida y Berlanguilla para dirigirse después al Convento de El Valle. Desde este lugar, siguiendo el curso del Majaceite, se llegaba hasta la Ermita del Mimbral y Tempul, desde donde se bifurcaba en dirección a Algar y a los Montes de Propios de Jerez. A lo largo de su recorrido contó desde antiguo con numerosos ventorrillos, ventas, posadas y “paradas”, habida cuenta de lo despoblado de este extenso territorio situado en al este del término municipal de Jerez.

Algunos de estos viejos ventorrillos pueden ya encontrarse en el mapa de Tomás López (1787), o en otros más cercanos en el tiempo al relato de Fernán Caballero, como el de Francisco Coello (1866), el de Ángel Mayo (1877) o el de Antonio Lechuga y Florido (1897). Por citar sólo las ventas más nombradas y las que se encuentran recogidas en los mencionados mapas y planos junto al Camino de la Sierra, citaremos aquí la de Nepomuceno (en Cuartillo, donde todavía se conserva en parte la casa que la albergaba) o la de La Barca de la Florida, junto al vado, en el cruce de caminos de la Cañada de Albardén. Tras pasar el Guadalete, el viajero se encontraba la Venta del Zumajo (junto al arroyo del mismo nombre) y algo más adelante, en los Llanos del Sotillo, la Venta de la Cañada, en la vereda que se desviaba hacia Arcos. En estos mismos parajes se encontraba la casa de la Diligencia, donde hacían un alto los primeros coches de caballos que circularon por estos caminos.

Junto a las anteriores, una de las de más renombre fue La Parada del Valle, de la que aún se conserva una parte del viejo caserío que la albergaba y que era también conocida como Parador del Valle. El camino continuaba desde aquí por las laderas de las sierras del Valle, Dos Hermanas y Alazar, pasando por la Ermita del Mimbral donde también se ubicaba una popular venta con el mismo nombre. Tras cruzar la garganta de Bogas en las proximidades de la Boca de la Foz, el camino hacía un alto en el Molino y Venta de Tempul, situado junto a los manantiales. Más adelante, en la dehesa de Rojitán, donde se desviaba el camino de la Sierra hacia Ubrique, estuvo la Venta de la Papicha, como se refleja en el mapa de F. Coello de 1868. La Ventilla del Puerto de Galiz o la Venta de Lleja (la conocida “Ventalleja”), ya cerca del Mojón de la Víbora, cerraban este itinerario de ventas y ventorrillos que a lo largo del siglo XIX existieron junto a esta importante vía de comunicación que, en sentido oeste-este, unía las campiñas gaditanas con las sierras de Cádiz y Málaga.



La venta del tío Basilio.

A todas ellas habremos de añadir también, con todos los honores que se derivan de su mención en una obra literaria, la “venta del tío Basilio”. Esto es lo que nos refiere de ella Fernán Caballero, en su cuento “Más largo el tiempo que la fortuna”:



“Entre Jerez y la sierra de Algar se extiende una dehesa solitaria. Veíase en ella, hace años, al lado de una vereda un sombrajo, a cuyo amparo se había establecido un hombre que sobre una mesa despachaba alguna bebida. Andando el tiempo, había labrado cuatro paredes y cubiértolas con enea: había compartido en su interior dos mitades, destinada una a cocina y despacho, y la otra a dormitorio, y se había llevado allí a su mujer y dos hijos.

Detrás de la casa había levantado un vallado, que formaba un corral cuadrado, en que de noche recogía unas cabras que de día llevaba a pastar a la sierra su hijo menor y había hincado una estaca de olivo al frente de su casa, con el fin de que pudiesen atarse en ella las caballerías de los escasos transeúntes de aquella vereda…
”.

Esta estampa que nos describe Fernán Caballero nos recuerda a la imagen de un ventorrillo entre Benaocaz y El Bosque que el antropólogo alemán Wilhelm Giese recogió, en la década de los 30 del siglo pasado, en su libro “Sierra y Campiña de Cádiz” (3). Pero volvamos al relato…

“…La estaca se había coronado a la primavera siguiente de una verde guirnalda, y pasando años, cuidada por su dueño, se había hecho un olivo frondoso, que proporcionaba al ventero una bonita cosecha de aceitunas, que aliñaba, y eran, con el queso de sus cabras, los ramos de más despacho de su establecimiento. Muchos caballeros de Jerez que solían ir a cazar, descansaban en la ventilla del tío Basilio, haciendo un consumo, cuyo valor pagaban quintuplicado”. (4)



Cada vez que recorremos la carretera de Cortes – el antiguo Camino de la Sierra- y cruzamos por alguna de las muchas “dehesas solitarias” que a lo largo del camino pueden verse todavía en Magallanes y La Guareña, en Malabrigo o en Berlanguilla, en El Sotillo, en El Parralejo… esperamos encontrarnos, en una vereda que aún no conocemos, escondida tal vez entre un bosquete de alcornoques, la “venta del Tío Basilio”.

Para saber más:
(1) Fernán Caballero: “Más largo el tiempo que la fortuna”: http://www.biblioteca.org.ar/libros/70835.pdf
(2) Francisca Larrea.: Diario. Graficas el Exportador. Jerez, 1985. Ed. Asociación de Amigos de Bornos. Pgs.63 y 94.
(3) Wilhelm Giese.: Sierra y Campiña de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1996, p. 429. De este libro ha sido tomada la imagen del ventorrillo entre Benaocaz y El Bosque.
(4) A esta venta, y a esta escena, se refiere también Francisco Montero Galvache en un delicioso artículo “Fernán Caballero frente a Jerez”, ABC, 16/08/1952, donde estudia las opiniones de Fernán Caballero con respecto a los jerezanos y portuenses.
Nota: La imagen de Fernán Caballero se ha obtenido de 'http://www.alquiblaweb.com/2013/11/10/la-novela-realista-en-la-gaviota-de-fernan-caballero/'

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Otros enlaces que pueden interesarte:
Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 21/12/2014

 
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