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Los Llanos de Caulina y la Batalla de Guadalete
La versión del historiador Adolfo de Castro.




Hace unos años, en 2011, se cumplieron XIII siglos de la famosa Batalla de Guadalete, una de las más renombradas y decisiva de cuantas se han librado en nuestro territorio y que de manera determinante marcó la Historia de España.

En los orígenes de este episodio se confunden los mitos y las leyendas con los hechos históricos que tienen como principales protagonistas a Musa, Tarif, Táriq, Don Rodrigo, el conde Don Julián y su hija Florinda, los hijos de Witiza… Tras una primera expedición de Tarif, diferentes historiadores árabes refieren que a lo largo del mes de Rayab del año 92 H., o del mes de Shaban (abril o mayo de 711 d. de C.) Táriq Ibn Ziyad, gobernador de Tánger, siguiendo las instrucciones del wali de la región, Musa ibn Nusayr, fue desembarcando tropas al abrigo del monte que luego tomaría su nombre, Yabal Táriq (Gibraltar), hasta conformar una fuerza militar con la que emprender la conquista de al-Andalus. Apenas dos meses después, las tropas de Táriq y las de Rodrigo se van a enfrentar a orillas del Guadalete, el 19 de julio de 711, en un duro y prolongado combate que una semana después, el 26 de julio, se saldará a favor de los musulmanes.

ero si en lo relativo a las fechas en las que aconteció la famosa batalla hay bastantes coincidencias, en lo que se refiere al escenario geográfico de la contienda, se disparan las hipótesis más peregrinas. Dejamos para otra ocasión la larga controversia académica sobre el lugar exacto donde tuvo lugar aquella confrontación histórica, aquel “choque de civilizaciones” que supuso la desaparición de la Hispania visigoda. El río Barbate, la Laguna de La Janda, las inmediaciones de Vejer o Medina, los alrededores de Sidueña, los campos de Sangonera, en Murcia... han sido otros tantos escenarios donde los historiadores han querido ubicar esta decisiva contienda.

Sea como fuere, en la historiografía tradicional y aún en el imaginario colectivo, se habla siempre de la batalla de Guadalete para aludir a este suceso histórico y que historiadores como Claudio Sánchez Albornoz ubican en las orillas del Wadi Lakka, nuestro Guadalete. Dada la cercanía del río a nuestra ciudad, muchos autores han vinculado algunos parajes de la campiña próximos al Guadalete, con el posible escenario de esta batalla. Así, por ejemplo, A. Ponz o el francés A. de Latour, la sitúan en los Llanos de La Ina, mientras que otros como Gabriel Alonso de Herrera o Adolfo de Castro apuestan por los Llanos de Caulina.

Los Llanos de Caulina como escenario de la Batalla.

Sin más fundamento que su intuición y dejándose llevar de la mano de una visión romántica y legendaria de la historia, el célebre historiador gaditano Adolfo de Castro, señala que los campos situados entre Jerez, Espera y Arcos, los parajes que se extienden a los pies de las sierras de Gibalbín y Gamaza, las Mesas de Santiago y, en especial, los Llanos de Caulina, fueron el escenario de las luchas entre Rodrigo y Táriq.

Los tiempos son como ríos que no pueden volver atrás. De ellos queda en la memoria de los hombres el recuerdo de las hazañas más insignes así en valor y en virtud como en maldad. Senda estrecha y trabajosa es por donde camina el historiador, y en la que se hallan más tropiezos y estorbos de cuantos están en el campo abierto que ofrecen al entendimiento humano las buenas letras. Sin la verdad y la crítica imposibles es mover por ella con seguro pié los pasos”. Con esta solemne reflexión sobre el díficil trabajo del historiador comienza la “Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814” escrita por Adolfo de Castro y publicada en Cádiz por la Imprenta de la Revista Médica en 1858 (1).



Adolfo de Castro (1823-1898), escritor, historiador y erudito, fue también alcalde de Cádiz y gobernador de Cádiz y Huelva. A él se deben, entre otros trabajos que abordan temas vinculados con la provincia, una Historia de Jerez (1845) y su más conocida “Historia de Cádiz”, de la que extraemos las hipótesis y argumentos que sobre la Batalla de Guadalete, vierte en su autor.

Señala en esta obra el historiador gaditano que Rodrigo, tras conocer las primeras noticias de la invasión, encamina su ejército hacia el sur especulando acerca del itinerario seguido por sus tropas que “… Al ir hacia los sitios que ocupaban los invasores, que eran Gibraltar y su campo, claramente se infiera que no había de dirijirse por Montellano y otras sierras con un ejército cuya fuerza mayor consistía en tropas á caballo. Rodrigo tomaría el mismo camino real por Utrera y Lebrija hacia Jerez que fue lo mismo que para recuperar las Algeciras hizo con su ejército don Alonso XI.” Para Adolfo de Castro, Táriq, en su avance, habría evitado los terrenos quebrados y montuosos para salir al encuentro de Rodrigo con su ejército de doce mil hombres y “…haría lo que todo invasor en sus entradas: llevar a su gente por los caminos reales hasta presentar la batalla al enemigo que salga á impedir el paso. La extensión de los llanos de Caulina, tan inmediatos á a la antigua vía romana y al camino real moderno, y próximos al Guadalete, lugar el más á propósito para una batalla, y batalla en que combatió mucha caballería, desde luego con las observaciones que he presentado ofrece la historiador motivos para la conjetura de que fue teatro de la sangrienta lucha que originó la pérdida de España, como en parte fue teatro de la acción, no menos terrible, en que César venció a los hijos de Pompeyo” (2).

Ya tenemos pues, según la opinión de Castro, un escenario probable para esta batalla, un espacio físico en el que, a su entender, encajan la “lógica” de la estrategia militar, las razones de índole geográfico, y las antiguas vías de comunicación que tendrían que haber seguido los ejércitos contendientes: los Llanos de Caulina.


Los campamentos musulmanes: entre Arcos y Espera.



Nuestro erudito historiador aún encuentra otros argumentos en auxilio de su tesis, recurriendo a la toponimia. Así, cree ver confirmada y “perpetuada” en los nombres de dos arroyos de la zona, la presencia de los dos principales caudillos árabes. Veamos su ingenioso razonamiento que hoy se nos antoja una fantasía de erudito ingenioso: “En dos arroyos se conservan nombres, en mi entender alusivos á la batalla del Guadalete. Uno en el arroyo Fontetar, corrupción indudable de Fonte Táriq ó la fuente de Táriq, del mismo modo que “Gebal-Táriq se dijo Gibraltar. Aquí, pues, está consignado el nombre del caudillo de la expedición. El otro es el arroyo Musas, donde aún dura, ligeramente corrompido por el vulgo el nombre de Músa ben Nossayr, lugarteniente del Califa y por tanto el jefe del ejército, si bien no se hallaba presente. Esto prueba que por este sitio debió colocarse el campamento de los árabes. No están ambos arroyos muy distantes de Arcos ni del Guadalete: sabido es también que los llanos de Caulina se encuentran entre Arcos y Jerez” (3).

Adolfo de Castro acude aquí al valor probatorio de los registros toponímicos al afirmar que “…Imposible parecería que del sitio de un hecho tan notable no se hubiese conservado la memoria por nombres que de generación en generación el vulgo repitiera, aún sin saber lo que decía…De sucesos tan trascendentales para la historia de una nación ó se mantiene vivo el recuerdo en inscripciones, ó en los nombres de los sitios donde han ocurrido”. Está claro que, a falta de lo primero, ante la ausencia de monumentos conmemorativos, lápidas y vestigios arqueológicos, hay que apoyarse en lo segundo, en la toponimia, y nuestro historiador cree haber encontrado la prueba que busca: “En los arroyos Fontetar y Musas, encuentra el investigador dilijente de estas memorias las pruebas bastantes á designar los lugares de la victoria de Táriq, el caudillo enviado de Músa” (4).

El historiador gaditano, de la mano de estos dos topónimos tan sugerentes como “forzados”, hace situar los campamentos de las tropas invasoras en las tierras que hoy se sitúan entre Arcos y Espera desde donde saldrían al encuentro de las huestes de Rodrigo, apenas detectada su presencia dirigiéndose hacia los Llanos de Caulina a través de las Mesas de Santiago. Veamos como lo cuenta: “El campo de Táriq, estuvo entre Arcos y Espera, según mis conjeturas. El arroyo Fontetar ó Fonte Tariq corre a un cuarto de legua del Guadalete, y el de Músas, casi paralelo a Fontetar, dista de este mismo Arroyo como tres cuartos de legua. La batalla empezaría en la tierra quebrada que media entre el lugar del campamento y los Llanos de Caulina, terminándose en estos. El ser inferior Táriq a Rodrigo en caballería hace verosímil que por este lado fueran los combates primeros” (5).

Un paseo por los “escenarios” de la historia y la leyenda.

¿Qué queda hoy de estos topónimos que sirvieron de base a sus conjeturas? Si el lector curioso consulta la cartografía del Instituto Geográfico Nacional, así como los inventarios toponímicos comprobará que en las diferentes ediciones de la Hoja 1049 (Arcos), no aparece ninguna referencia a estos arroyos en los lugares mencionados por Adolfo de Castro, que se corresponden con el espacio por el que discurre la carretera entre Arcos y Espera.

Esta vía la cruzan hoy pequeños cursos fluviales. Uno de ellos, el más próximo a Arcos atraviesa las tierras de la Pequeña Holanda y pasa junto a la Cooperativa Agrícola Arcense (a unos 4 km de Arcos) cuyas instalaciones se ubican al pie de la citada carretera. Se trata del arroyo denominado de Fronteta. Con este nombre figura (“deformado” a nuestro entender) en la primera edición de la citada hoja 1049 (1917) y con este mismo se mantiene en las siguientes ediciones hasta la más moderna de 2005, (la hoja 1049-1 de Bornos del MTN-25). Se trata sin duda del Arroyo de Fontetar (o de “Fuente de Táriq”) al que alude Adolfo de Castro y que arranca de las inmediaciones del Cortijo de San Andrés, en la cercana Sierra del Calvario, para desembocar en el Salado de Espera en las proximidades de El Peral y Jadramil. De más difícil localización es el arroyo de Musas o de Musa, al que alude nuestro historiador y que identificamos con el actual Arroyo de La Saucedilla. Como el anterior, también cruza la carretera Arcos-Espera, en este caso junto al cortijo del Chupón, para embalsarse en una pantaneta en sus cercanías.

¿De dónde tomó pues estos nombres Adolfo de Castro, su principal argumento para ubicar los escenarios de la batalla de Guadalete? Creemos que lo hizo del mapa de Tomás López (6). Se trata del Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes, publicado en Madrid en 1787 y del que nos hemos ocupado en otras ocasiones en estas páginas de “entornoajerez” (7). En él se aprecian con claridad estos dos topónimos que, a buen seguro, llamarían la atención de un erudito como Adolfo de Castro quien encontró importantes piezas para el puzle que trataba de encajar.



No pasó desapercibido tampoco para el historiador otro topónimo que figura en el citado mapa, esta vez junto al Guadalete, aguas debajo de El Portal: la Barca de Florinda En estas referencias a los nombres de lugares que pudieran estar vinculados a los protagonistas de la Batalla de Guadalete, no ignora Adolfo de Castro el personaje de Florinda, protagonista de la leyenda de La Cava, tan ligada al episodio que desencadenó la invasión árabe. Este curioso topónimo debe su nombre a una barca de pasaje que existió en este lugar explotada por la familia Florinda (8). Afortunadamente, en este caso, las conjeturas del historiador son más prudentes y sin dejarse llevar por los sugestivos ecos de la leyenda de La Cava, descarta cualquier relación directa con la contienda: “Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se impuso. Sea como quiera, no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla” (9).

Al recorrer en estos días los campos de Espera, las tierras de El Peral y Jadramil, las soledades de Sierra Gamaza, las suaves lomas de las Mesas de Santiago… no podemos sino recordar las conjeturas de Adolfo de Castro imaginando con él, las tropas de Táriq acampadas en espera de la contienda con el ejército de Rodrigo que ya se aproxima, camino del Guadalete, por los Llanos de Caulina.

Para saber más:
(1) Castro de, Adolfo: Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Cádiz. Imprenta de la Revista Médica, 1858.
(2) Ibidem, p. 214.
(3) Ibidem, p. 214.
(4) Ibidem, p. 214.
(5) Ibidem, p. 239
(6) López, Tomás: Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes: Dedicado al Excmo. Señor Conde de Florida Blanca... Por los cabildos Eclesiástico y secular de dicha ciudad y por mano del Ilmo. Señor Baylio Don Francisco Zarzana. Madrid 1787. (Agradecemos a nuestro amigo el profesor F.B. Zuleta Alejandre la copia digitalizada de dicho mapa). Otra copia del mismo puede consultarse en el Archivo Municipal.
(7) García Lázaro, J. y A.: El mapa de Tomás López: un recorrido por los términos de Xerez y Tempul a finales del siglo XVIII. Diario de Jerez 15/02/2015 y 22/02/2015.
(8) García Lázaro, J. y A. : Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el río Guadalete (1). Diario de Jerez, 29/05/2016.
(9) Castro de, Adolfo: Historia de Cádiz… p. 214.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Trece siglos de Guadalete, Guadalete, Paisajes con Historia, Por los Llanos de la Ina con don Rodrigo y Orelia. La Batalla de Guadalete en la versión de Antoine de Latour (I).,
  • Los Llanos de la Ina y la Batalla de Guadalete. El relato de Antoine de Latour (y II).


  • Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 1/10/2017

    “Al pasar la barca”.
    Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el río Guadalete (1).



    Antes de que se instalaran pontones, o se construyeran alcantarillas y puentes, los ríos y los arroyos se atravesaban por vados, vaderas y “pasadas”. Sin embargo, cuando los caudales andaban crecidos no quedaba más remedio que recurrir a las barcas. Ubicadas en los lugares donde confluían los caminos, en los que también solían existir vados, las barcas permitían dar continuidad al tráfico de personas y mercancías y como pequeños trasbordadores, servían por igual a caminantes y viajeros, a trajinantes y carreteros, a pastores y ganados.

    En nuestro recorrido de hoy por la historia y por los paisajes de la campiña, les proponemos cruzar nuestros ríos en aquellas barcas de antaño y en especial en las que franqueaban el Guadalete y el Majaceite.

    Algunas barcas célebres en la provincia.

    En la provincia de Cádiz, las barcas jugaron un papel insustituible en las comunicaciones entre distintas poblaciones, especialmente entre finales del XVIII y mediados del XIX. Así, por referirnos sólo algunas de las muchas que existieron, mencionaremos la barca que cruzaba el río San Pedro, entre Puerto Real y El Puerto de Santa María, hasta la construcción de un puente colgante en 1846.



    Ya desde finales del siglo XV, como indica el historiador Bartolomé Gutiérrez, Puerto Real contaba con “dos barcas de pasage… de que el rey les fizo merced, la una es en el Saladillo que está entre medias de Puerto Real é del Puerto de Sta. María; esta gana renta; la otra es en el Puntal de la Matagorda para pasar a Cádiz” (1).

    Grandes servicios prestaron las barcas del río Guadiaro, debido al considerable incremento de caudales de este río en invierno, que contaba a mediados del XIX, según Madoz, con barcas para su paso en Jimena, Cortes, Benadalid, Gaucín, Casares y San Roque (2). Muy célebre fue también la “barca de soga” de Villamartín, instalada para cruzar el Guadalete tras el arrastre del puente en la avenida del Guadalete de 1917, que dio lugar a la conocida terminación con la que se completaba el dicho popular “En Villamartín te espero… si la soga no se rompe”. Pero sin duda, la única que junto a la de La Florida ha dejado su recuerdo en



    la toponimia ha sido la de Vejer. Madoz señala que el río Barbate, además de la conocida “Barca de Vejer”, al pie de esta población, contaba también con “una barca cerca de su desembocadura en el mar” (3).

    Pieza clave para el tránsito por el Campo de Gibraltar fueron las barcas de los ríos Palmones (en el camino de Algeciras a Gibraltar) y Guadarranque (en el de Algeciras a San Roque) que, según informa Madoz, generaban a mediados del XIX importantes “derechos de pasages” proporcionando su arriendo 40.000 reales anuales al Ayuntamiento de Algeciras. En Chiclana, “cerca del empalme con la carretera general” (lo que hoy conocemos como nudo de Tres Caminos) encontramos también en esta época un puente de barcas sobre la ría del Zurraque que “fue establecido con el objeto de atender a las reparaciones de este tramo del camino y al de la barca de pasage que anteriormente había en este punto” (4).

    Trebujena, Puerto Serrano, Arcos, Sanlúcar… contaron también con barcas para cruzar el Guadalete o el Guadalquivir, pero sin duda, el mayor número de ellas se concentraba en el término de Jerez, de las que hemos localizado información de más de una docena en los últimos cinco siglos.



    Las barcas del Guadalete.

    En un trabajo publicado hace ya casi treinta años Juan de la Plata, daba cuenta de localización en nuestro Archivo Municipal de referencias sobre cinco de las barcas existentes en el Guadalete entre los siglos XVII y XIX a lo largo de su recorrido por la Campiña: la del vado de la Torre de Martín Dávila (la más antigua, en 1652), la de la Florida (1725), la de Florindas (1767) y la del Alamillo (1768) (5). Madoz, en 1846, mencionado los aspectos destacables del Guadalete señala que “en los términos de su tránsito, tiene 4 barcas en el de Jerez, que procediendo de arriba abajo, son; la de la Angostura, en el camino de Jerez a Arcos; la de Berlanga, en el de Jerez a Algar, la del Alamillo, en el de Jerez a Paterna, y la de Florinda en el de Jerez a Puerto Real” (6).

    Vamos a ocuparnos ahora de algunas de estas barcas que cruzaban el Guadalete y de su afluente principal el Majaceite, a su paso por el término de Jerez. Para ello remontaremos el río desde El Puerto de Santa María hasta la sierra, visitando los parajes donde se ubicaban y conociendo algunos datos de las pequeñas historias que guardan.

    Barca de Florinda o de Florindas.

    El recordado compañero del CEHJ Alberto M. Cuadrado Román, quien investigó como pocos las claves geográficas e históricas de nuestro río, vinculaba en uno de sus artículos, la tradicional leyenda de la Cava y de Don Rodrigo (recurriendo a la versión de Theophile Gautier) con la toponimia de los alrededores del Guadalete.

    Apunta en relación con ello que “el que tal vez, sea el único lugar cartográficamente documentado de la referida Leyenda de la Cava, se encuentra en el mapa del año 1811 Map of the Country round Cadiz comprehending St. Lucar de Barrameda, Xerez, Medina, Conil, Chiclana &c. from the Spanish Map of Jose Cardona, de Faden, Cardano y Thompson. Se encuentra en la Biblioteca Nacional y aquí lo adjuntamos. Ahí aparece la leyenda ‘Barca de Florenda’ (Barca de Florinda), que por su descripción y ubicación en dicho mapa, no puede ser la pedanía jerezana de La Barca de la Florida (el poblado de La Florida se creó en 1935 y el pueblo actual en 1948)” (7).



    El citado topónimo de “Barca de Florenda” (o Florinda, pues se lee con dificultad) figuraba ya en un mapa anterior al citado, en el que en gran medida se basa aquel, como su mismo autor indica: el de José Cardano, de 1809 (8). De la misma manera lo podemos encontrar en otros aún más antiguos. El más significativo de ellos es el Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes del geógrafo Tomas López, compuesto en 1787 (9). En él puede leerse, esta vez sin errores, el topónimo de ”Barca de Florinda”, en un punto situado certeramente frente a las “Huertas de Sidueña” donde estuvo ubicada esta conocida barca del Guadalete que, en buena medida, vino a sustituir a la vieja barca de Puerto Franco que cruzaba también el río en un paraje cercano.

    Aunque pueda resultar sugerente la relación entre el Guadalete, la Barca de Florinda, Don Rodrigo y el personaje de Florinda y la leyenda de la Cava, como planteaba A. Cuadrado, nos tememos que se trata sólo de una feliz coincidencia. En ella también reparó Adolfo de Castro. El erudito y escritor gaditano rechaza esta posible vinculación en su obra “Historia de Cádiz y su provincia” (1858). Señala en ella al dilucidar por el posible itinerario de las tropas musulmanas invasoras que “…Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto Real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se le impuso. Sea como quiera no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla (de Guadalete). Sabido es que con razón se tiene por novela arábiga la violencia que a la hija del conde D. Julián hizo el rey Rodrigo, de la cual se originó la pérdida de España, conseja semejante á la de Lucrecia” (10).

    El topónimo de Florinda (o Florindas) está a buen seguro relacionado, como apuntará ya Agustín Muñoz y Gómez con el nombre patronímico de una conocida familia jerezana, la de los Florindas. De ella era miembro el célebre jesuita D. Diego de Florindas (del que también nos habla Parada y Barreto en sus Hombres ilustres de la ciudad de Jerez), quien fue “rector de varios conventos de Andalucía y Visitador de parte de los de América”, que falleció en 1730, siendo rector del convento de Córdoba y a quien se debe el nombre de la jerezana calle Florinda, junto a la plaza Cocheras (11). Muñoz y Gómez recuerda también como “en el Guadalete hay una barca llamada de Florindas, con el disfrute de ciertas tierras, pero con la obligación de pasaje á los viajeros y traginantes” (12). Otros miembros de esta misma familia dieron nombre a la mencionada barca y como ya publicó Juan de la Plata, “…en 1767, se autoriza una tercera barca, llamada de Florindas, ya que fueron sus promotores y encargados de manejarla, el jerezano Juan de Florindas y sus hermanos" (13).



    Una referencia de autoridad es la que nos proporciona el ilustrado Antonio Ponz, quien recorre en su Viage de España (1792) estos parajes de las marismas del Guadalete y menciona la “afamada Barca de Florinda”. Así, como relata en la Carta Sexta del Tomo XVII de dicha obra, tras visitar el Monasterio de la Cartuja y describir el Puente, toma el camino de La Isla de León siguiendo la ruta de la actual Cañada Real de La Isla o de Cádiz y Puerto Franco diciendo lo siguiente: “…Después de haber salido de entre estos pinares desmedrados se descubre á cortas distancias los bellísimos Pueblos del Puerto de Santa María, de Puerto Real, que quedan a mano derecha: y al mismo lado queda el paso del Guadalete por la que llaman Barca de Florinda” (14).

    La barca de Florindas figura en un buen número de mapas editados entre los siglos XVIII y XX, por lo que debió estar activa hasta bien entrado el siglo XIX. En la 1ª edición de la hoja 1016 del Mapa Topográfico del IGN de 1917 puede verse aún la leyenda de “barca” en el meandro del río en el que tuvo su emplazamiento. Hoy día, los viajeros que transitan por la carretera que une el puente de Cartuja con Puerto real, bordeando las marismas del Guadalete, aún pueden divisar donde se encontraba el emplazamiento de la Barca de Florinda a orillas del río, a unos quinientos metros frente a la curva del canal de riego.

    La barca de Puerto Franco.

    Entre el extremo más meridional de la sierra de San Cristóbal y el Guadalete, se encuentra el paraje conocido como “Puerto Franco” donde ya desde el siglo XV se estableció un pequeño asentamiento dedicado a la pesca en el río. En este lugar, donde viene a desembocar en el Guadalete el arroyo del Carrillo (o Matarrocines), vadeaba el río la prolongación de la Cañada del Carrillo también conocida como Cañada de Puerto Franco, por lo que este punto constituía además una encrucijada de caminos. La llamada “barca de Puerto Franco” posibilitaba la continuidad de la mencionada vía pecuaria (15).

    Al cruzar el Guadalete se pasaba a través de la barca a las tierras que fueron del Haza de Florinda y de La Tapa y se enlazaba con la Cañada Real de la Isla o de Cádiz y Puerto Franco que, partiendo del Puente de Cartuja se dirigía por los bordes de la marisma hacia Puerto Real y Cádiz. Como nos recuerda Esperanza de los Ríos, en 1612 el ingeniero de la Corte, Cristóbal de Rojas, señala en un informe que realiza para mejorar la navegabilidad del río, la citada “barca de Puerto Franco” como el lugar donde habría que realizar uno de los cortes para enderezar el cauce del Guadalete (16). De la misma manera, como ha escrito Cuadrado Román, el ingeniero Leonardo Turriano hace también alusión a la citada barca al señalar el emplazamiento donde se encuentra como el punto por el que sería más fácil trazar un canal de unión con el río San Pedro (17). Un lugar, el del emplazamiento de la barca, a lo que se ve, estratégico por muchos motivos. Como se deduce de las fuentes documentales, este barca cayó en desuso y tiempo después la “barca de Florindas” sustituiría, de alguna forma, la función que cumplía la vieja barca de Puerto Franco al encontrarse ambas en parajes cercanos.
    (Continuará...)
    Para saber más:
    (1) Gutiérrez B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC, Jerez, 1989, T. II. Libro 3º, págs. 220-223. Sobre la barca del río san Pedro entre Puerto Real y El Puerto de Santa María véase también, Madoz, P.: Diccionario… p. 85.
    (2) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86
    (3) Madoz, P.: Diccionario… p. 236
    (4) Madoz, P.: Diccionario… p. 85
    (5) Juan de la Plata.:Las cinco barcas del río”. Diario de Jerez, 10/12/1989
    (6) Madoz, P.: Diccionario… p. 76
    (7) Cuadrado Román, Alberto M.: La profecía de Don Rodrigo. Diario de Jerez 8/06/2010.
    (8) Cardano, José.: Plano topográfico de las inmediaciones de Cádiz comprendidas entre S.Lucas de Barrameda, Conyl, Medina, Xerez y Campyña inmediata. Sacado de los mejores Planos y noticias que se han podido adquirir. Biblioteca nacional de España R.9744. 1809.
    (9) López, Tomas: Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes : Dedicado al Excmo. Señor Conde de Florida Blanca... Por los cabildos Eclesiástico y secular de dicha ciudad y por mano del Ilmo. Señor Baylio Don Francisco Zarzana. Madrid 1787.
    (10) De Castro y Rossi, Adolfo.:Historia de Cádiz y su provincia”. Imprenta de la Revista Médica. Cádiz, 1858, pg. 214
    (11) Parada y Barreto D. I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera . Edición facsímil. Extramuros, Sevilla, 2007.Pg. 180
    (12) Muñoz y Gómez, Agustín.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC. pg. 44-45
    (13) Juan de la Plata.:Las cinco barcas del río”…
    (14) Ponz, Antonio.:Viage de España”. Tomo XVII, Carta sexta, pg. 298. 1792
    (15) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948.
    (16) De los Ríos Martínez, E.: Los informes de Cristóbal de Rojas y Julio César Fontana para hacer un muelle y un puente sobre el rio Guadalete en Jerez de la Frontera. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 14, 2001, pags. 13-26
    (17) Cuadrado Román, Alberto M.: Proyecto y obra hidráulica en el Jerez de los siglos XVI y XVII (yII). Diario de Jerez 19/05/2009


    Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

    Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Río Guadalete, El Guadalete se desborda, Paisajes con historia, Al pasar la barca (2). Las barcas de El Portal, La Greduela y el Alamillo., “Al pasar la barca” (y 3). Las barcas de La Florida, Berlanga, el Majaceite y Tempul.


    Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 29/05/2016

    El Peñón de Ballesteros.
    En el Puerto de Gáliz con el general Ballesteros.




    Desde antiguo, el Puerto de Gáliz (o de Galis) ha sido una encrucijada de caminos. Por allí pasan los que van desde el Campo de Gibraltar por Jimena a la campiña sevillana a través de la Sierra de Grazalema. También cruzan por estos parajes los que partiendo de Alcalá de los Gazules y Jerez buscan, por el Mojón de la Víbora, las tierras de Ubrique o de Cortes de la Frontera, ya en la provincia de Málaga.

    Ubicado entre la Sierra de la Gallina y la del Aljibe en pleno Parque Natural de los Alcornocales, este enclave guarda viejas historias como las de “los monfíes” (1) aquellos rebeldes indomables que en los últimos años del siglo XVI, capitaneados por Pedro Machuca, se refugiaron en la espesura de sus bosques y en los agrestes parajes de La Sauceda, siendo finalmente indultados por Felipe II. Bandoleros, contrabandistas, partidas de guerrilleros que pelearon contra los invasores franceses… han tenido como paso obligado este lugar que frecuentan en estos tiempos excursionistas y domingueros, moteros y ciclistas, y aún viajeros curiosos, que como nosotros hoy, recorremos estos rincones en busca de viejas historias.

    Siempre que pasamos por aquí recordamos los trágicos sucesos que tuvieron lugar en las cercanías del Puerto de Gáliz en el verano de 1936, cuando más de 600 personas, habitantes del poblado de La Sauceda (que llegó a ser bombardeado) y de otros pueblos de la sierra, fueron fusiladas en El Marrufo por las fuerzas falangistas sublevadas. Tampoco nos olvidamos de un personaje singular, Juan “el Igualeja”, a quien conocimos hace más de treinta años. Las ruinas de la que fuera su casa-venta siguen allí, frente a la nueva Venta del Puerto de Gáliz. Sin embargo, en esta ocasión, queremos rememorar las andanzas del general Francisco Ballesteros que anduvo por estos rincones de la sierra hace dos siglos peleando contra los ejércitos franceses.

    El Peñón de Ballesteros.

    Quienes hayan visitado alguna vez estos parajes habrán reparado, a buen seguro, en una enorme roca de arenisca que destaca, aislada, entre los prados que se abren en el alcornocal situado frente a la actual Venta de Puerto de Galiz. Este gran bloque rocoso, al que la erosión ha dado formas redondeadas, es un hito natural de primer orden, una referencia visual en estos espacios abiertos entre montañas y es lógico pensar que, desde antiguo, no pasara desapercibido para quienes transitaban por los caminos y veredas de la sierra. A su lado se construyó la antigua venta, que hoy nos muestra sus ruinas. Desde hace unos años, se ha instalado a sus pies una improvisada “capilla” al aire libre a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz”, una nueva advocación más pagana que religiosa, rodeada de “exvotos” y “ofrendas” de lo más kitsch, cuya hornacina de corcho ha sido instalada en una pequeña oquedad de esta mole rocosa.



    Este singular mogote es conocido como Peñón de Ballesteros, debiendo su nombre –según algunos autores- al general Francisco Ballesteros, militar y político español que jugó un importante papel en la Guerra de la Independencia. Una de las primeras referencias a este lugar nos la ofrece Pascual Madoz quien en su conocido Diccionario Geográfico Estadístico Histórico (1845-50), describiendo el entorno de La Sauceda y el Puerto de Galiz, señala que: “La sierra de Marrufo… tiene como 1 leg. de long. … y forma cordillera con la de Ballesteros con uno de sus costados. Saliendo de Ballesteros hacia el ENE, se halla a dist. de 1 leg. la Piedra-arpada, que es un gran peñón sin producto alguno vegetal, encontrándose en el intermedio tierras de labor con varios cortijos grandes y suntuosos…” (2). Medio siglo después, el Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López-Cepero (1904), incluye de manera nítida una referencia a esa gran roca con el nombre explícito de Peñón de Ballesteros, junto al Puerto de Gáliz, en el lugar donde se cruzan la Cañada del Marrufo, el camino de La Sauceda y la



    que sería después carretera de Jerez a Cortes, que figura en el citado plano como “proyecto”. (3)

    El General Francisco Ballesteros.

    Hace sólo un par de años se llevaron a cabo en nuestra provincia diferentes actos para conmemorar el bicentenerario de la Constitución de 1812. Fue entonces también cuando se editó un interesante trabajo, titulado “Estudios sobre la Guerra de la Independencia Española en la Sierra de Cádiz” coordinado por Luis Javier Guerrero Misa y Fernando Sigler Silvera, donde el lector curioso podrá obtener una amplia y documentada información sobre el desarrollo de las operaciones militares que tuvieron lugar en estas sierras en muchas de las cuales tuvo un papel protagonista el General Ballesteros. (4)

    Como señalan los citados autores, a finales de agosto de 1811 es nombrado comandante del Campo de Gibraltar el teniente general Francisco Ballesteros, hombre de fuerte carácter con grandes dotes de mando, habilidad e intuición en el campo de batalla que había demostrado en numerosos combates contra el ejército invasor. En septiembre de ese año, los franceses planifican una ofensiva sobre la Sierra. Yunquera, Igualeja, Benaoján, Montejaque, Ubrique, Cortes… caen en sus manos en apenas una semana de combates con las partidas de guerrilleros serranos. Ballesteros iniciará el contraataque sobre Alcalá de los Gazules enfrentándose con los franceses también en las cercanías de Jimena. A primeros del mes de octubre, Ballesteros… promulga un decreto militarizando a todas las partidas e integrándolas en batallones, quedando formando los denominados batallones de “cazadores patriotas” de Casares, Jubrique, Gaucín y Cortes. (…) desde el punto de vista militar, esta reorganización no sólo era necesaria, sino que confirió una nueva dimensión al ejército de la sierra. Esta concentración y, sobre todo, control de las hasta entonces divididas fuerzas, dio una mayor operatividad y efectividad al conjunto del ejército, dejando atrás la estrategia de debilitar al enemigo mediante el acoso de las partidas y confiriéndole así la capacidad de enfrentarse en campo abierto al ejército francés. (4).

    Vendrían después distintas acciones bélicas en las que Ballesteros derrotará a los franceses en Bornos y Tarifa si bien, su carrera de éxitos militares tendría un mal desenlace ya que en octubre de 1812 fue cesado por oponerse al nombramiento de Wellington como General en Jefe de todas las tropas españolas en la península. Pero volvamos a los escenarios de la Sierra y al Puerto de Gáliz.



    Ballesteros, a la cabeza de una división de 4.000 hombres, a la que se sumaron numerosas partidas de guerrilleros de los pueblos de las serranías de Cádiz y Málaga, tuvo en estos parajes de la Sierra de Cádiz que hoy visitamos, así como en los cercanos montes de Ronda, significativas victorias contra los franceses. De las andanzas del general por estos territorios y, en especial, por Ubrique y su entorno, recomendamos también al lector el interesante y completo trabajo de José María Gavira Vallejo, “200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique: Así la vieron los franceses (1811-12)” (5). Nosotros queremos centrarnos en su presencia en este paraje de Puerto de Gáliz, de la mano de lo que cuenta sobre ello el historiador arcense Manuel Pérez Regordán y de la semblanza que de Ballesteros incluyó el historiador gaditano Adolfo de Castro en su “Historia de Cádiz y su provincia”.

    Pérez Regordán, en un curioso trabajo sobre el Puerto de Gáliz publicado en Diario de Cádiz (22/06/1995), señala que: “Y, en todo lo más elevado del lugar… se alza un montículo de unos 10 o 15 metros de altura, que es el protagonista de aquellos parajes. Sobre la meseta altiva, el Peñón de Ballesteros, como es conocido, destaca en la distancia".(6). Se refiere este autor al llamativo bloque rocoso de arenisca situado frente a la venta que hemos mencionado. “¿Y por qué el nombre de Ballesteros? La defensa natural que ofrecen estas sierras, donde la vegetación es riquísima, fue el elemento principal para la guerrilla, el bandolerismo y el contrabando. Es natural que, junto con la cercana Sierra de Rogitán, fuera centro de operaciones, de instrucción y de estudio para las partidas guerrilleras contra los ejércitos napoleónicos durante nuestra Guerra de la Independencia , y que aquí se guarecieran las partidas guerrilleras de don Antonio García de Veas, la de don Pedro Zaldívar –que terminó sus días luchando contra el absolutismo de Fernando VII-, la de don Gaspar Tardío y la del general don Francisco Ballesteros, del que se ocupa el gaditano Adolfo de Castro en su obra “Cádiz y su provincia”.(6)

    Por su parte, Adolfo de Castro afirma de Ballesteros que “Era hombre de valor probado: nunca supo acertar a su corazón el miedo. Tenía sin embargo como general, una reputación superior a su mérito”. Sobre la forma de actuar del general y sus hombres, reclutados en los pueblos de la serranía, escribe: “Levantó muchas guerrillas en la provincia… Allegó así a muchos de los que habiendo huido de los pueblos, vivían en las sierras peregrinos de los hombres e indignos compañeros de los brutos. Su albergue era una gruta oscura que lo fue de una fiera: su lecho pieles, su alimento no el que busca el apetito, sino el que ofrece la suerte. Sin tener camino que seguir, iban siempre a donde la voluntad los gobernaba”. (7)



    Pérez Regordán, sitúa en estos parajes al general, en su idas y venidas de Bornos y Ubrique a Jimena y San Roque y, es aquí donde el gran bloque de arenisca que preside el cruce de caminos de Puerto de Gáliz, se transforma en el púlpito natural desde el que el militar se dirige a sus soldados. Así, a decir de este autor: “Cuentan los ancianos que han vivido en Puerto de Galis que, en aquel montículo se subía el General Ballesteros para arengar a sus valientes guerrilleros, y de ahí su denominación de “El Peñón de Ballesteros.(6)

    Las tropas de Ballesteros.

    Adolfo de Castro sigue aportando pistas -adobadas de espíritu patriótico, rayando en la leyenda- de las tropas del general, a las que se unían las partidas de hombres de la sierra: "movíase veloz Ballesteros de aquí para allí, de allí a allá, ora a esa sierra, mañana a este campo. Sorprendía a los que estaban con el azadón en las manos, el sudor en el rostro y los ojos atentamente en la tierra. Incitábalos a ofender al enemigo diciéndoles que la victoria se desdeñaba de recorrer nuestras campiñas, si primero no estaban humedecidas con sangre francesa. Para los valientes no servía la fuerza de los discursos sino la evidencia de los peligros. Juntábanse a Ballesteros jóvenes robustos, mancebos de embravecido semblante, feroz vista, manos duras, brazos musculosos y cuerpo fuerte: su vestido un rustico sayal, algunos de manchadas y blandas pieles, montera en la cabeza, zurrón al hombro, cuatro o cinco piedras en él, honda que estallaba en la mano y un mal torcido cayado en la otra. Otros más militares empuñaban un corpulenta y fuerte lanza, mientras coronaba su cabeza, si no es que abrumaba sus sienes, un morrión pesado y crespo, las armas de fuego en esperanza: el enemigo que huyese en apresurada fuga o quedase muerto en la sorpresa ese había de facilitarlas: todos con la ambición de obedecer, ninguno con la de mandar sino la muerte a los contrarios". (7)

    Los franceses contra Ballesteros.

    Pérez Regordán se recrea en la figura del militar subrayando la popularidad que en poco tiempo adquirió lo que motivó que tres generales franceses se distinguieran en su búsqueda Godinot, Semelé y Barroux “y hasta se cuenta que Godinot, una vez que encontró de frente a las tropas del general guerrillero, se detuvo un día entero sin atreverse a atacar con sus armas de fuego contra el improvisado ejercito que tenia por armas las hondas de los cabreros y los cayados de los campesinos. Y todos estos serranos arengados en Puerto de Galis desde "el Peñon de Ballesteros" estuvieron presentes en la batalla del Cerro, en Chiclana de la Frontera, capitaneados por el teniente general Manuel de la Peña, en la que causaron al ejército francés más de 2000 bajas y 400 prisioneros. El hecho motivo la decisión francesa de tomar la plaza de Tarifa, a la desesperada porque fue allí donde se situó Ballesteros. En la hábil estrategia de los hombres que conocen el terreno, Ballesteros cruzo de noche el Guadalete y llegó hasta Bornos (el 4 de noviembre de 1811) donde sorprendió al general Semelé y consiguió más del centenar de prisioneros”.



    No le falta razón a Manuel Pérez Regordán cuando escribe que: “La Sierra de Cádiz, desde Puerto de Galis, tiene ganada una bella pagina patriótica en la independencia nacional. Ningún estamento oficial ha recordado agradecerlo, pero el pueblo, ese pueblo sencillo que guarda los recuerdos contados en las antiguas gañanías o en noches de invierno, se que se ha preocupado por levantar un monumento en la palabra al general que llevó a sus abuelos a defender nuestra provincia del invasor, conociendo para siempre al peñón de Puerto de Galis por "El Peñon de Ballesteros".



    Doscientos años después, no estaría mal que junto al Peñón que lleva su nombre, se situara un panel informativo recordando los hechos históricos que protagonizaron el General Ballesteros y las partidas de guerrilleros serranos por estos parajes en la conocida como Guerra de la Independencia. A buen seguro que a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz” no le importaría.

    Para saber más:
    (1) Rallón, Esteban: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. IV. En los capítulos IV, XVII, XIX, XXXI se recogen distintas referencias a los monfíes.
    (2) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Ed. facsímil. Ámbito, Salamanca, 1986, pg. 69.
    (3) López-Cepero, Adolfo: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
    (4) Guerrero Misa L.J. y Sigler Silvera, F: (Coord.). Estudios sobre la Guerra de la Independencia española en la Sierra de Cádiz. Consejería de Gobernación y Justicia. Junta de Andalucía 2012, pg. 102-104 y siguientes.
    (5) José María Gavira Vallejo, 200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique (4): Así la vieron los franceses (1811-12).
    (6) Manuel Pérez Regordán: El Puerto de Galis. “Don Francisco Ballesteros. La provincia de Cádiz en la historia y la leyenda”. Diario de Cádiz 22/06/1995, pg. 45.
    (7) Adolfo de Castro: Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Imprenta de la revista Médica, 1858. Ver el Capítulo VI: El General Ballesteros y las guerrillas en la provincia. (pg. 755-56)

    Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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    Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 29/12/2013

     
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