Mostrando entradas con la etiqueta Árboles singulares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Árboles singulares. Mostrar todas las entradas

Un Monumento Natural.
El Chaparro de la Vega: una encina centenaria.




En diferentes ocasiones nos hemos ocupado en estas páginas de los árboles y arboledas singulares de nuestro entorno y aún de algunos ejemplares que por su excepcionalidad han sido declarados “Monumento Natural”. Hoy nos acercaremos a conocer uno de los más excepcionales que conocemos, el Chaparro de la Vega, una encina centenaria que podemos admirar en la localidad sevillana de Coripe, junto a la Vía Verde de la Sierra.

Para llegar hasta este árbol de proporciones colosales, tomaremos la comarcal CA-339 que une Algodonales y Coripe. Tras recorrer las estribaciones de la Sierra de Lijar la carretera va ganado altura y se interna por entre cerros cubiertos de la típica vegetación del monte mediterráneo hasta alcanzar el Puerto de la Araña, que marca el límite entre las provincias de Cádiz y Sevilla.



A partir de ese punto y tras dejar atrás el Cortijo del Castaño, iremos descendiendo hasta el valle del río Guadalporcún. La carretera cruza la Vía Verde en un punto en el que se alza la Estación de Coripe, a 3 km de este pueblo serrano.

En las orillas del Guadalporcún.

Desde la estación, cuyo antiguo edificio fue remozado en su día como infraestructura hostelera y de servicios para la Vía Verde, parte un sendero perfectamente señalizado que nos conduce directamente al Chaparro de La Vega tras recorrer algo más de un kilómetro. El camino, habilitado para la circulación de vehículos, discurre en su primer tramo por la Vía Verde de la Sierra (en dirección hacia Puerto Serrano).



Justo antes de cruzar el impresionante Viaducto de Coripe sobre el río Guadalporcún, se desvía a la izquierda de la traza siguiendo paralelo al curso fluvial que nos acompaña en todo momento a nuestra derecha. El río se encajona aquí a los pies del imponente Cerro del Castillo, un monte de abruptos perfiles que cruza en su base el Túnel del Castillo. Al poco, el paisaje se abre en una llanada despejada de vegetación donde se adivina ya desde lejos la imponente silueta de nuestro monumental Chaparro.

Llegamos así a La Vega, un hermoso paraje abierto entre los cerros circundantes, donde crecen plantíos de nogales regados con el agua retenida en una pantaneta cercana que alimenta el arroyo de la Cañajosa. No faltan aquí tampoco, dispersas por las laderas de la que fuera una antigua dehesa, otros ejemplares de encinas, pinos piñoneros, acebuches, retamas, palmitos… Y en este lugar, ocupando el centro de un extenso prado y atrayendo también todas las miradas, se alza una de los árboles más singulares de cuantos puedan admirarse en el territorio andaluz: el Chaparro de La Vega.



Una encina monumental.



Cuando se apuntan las notables dimensiones de este ejemplar de encina (Quercus ilex L. subsp. ballota), las cifras y los números, aunque sorprendentes, apenas puedan darnos una idea remota de la armonía de sus formas, de la equilibrada composición que conforman su grueso tronco, sus portentosas ramas y su gran copa aparasolada.



Lo primero que llama la atención del visitante es el diámetro de su tronco, próximo a 1,20 m. En la base, su perímetro supera los 4,50 m. y medido a 1,30 m del suelo, se aproxima su contorno a los 4 m., lo que da idea de la regularidad del fuste que se divide en gruesas ramas secundarias a una altura aproximada de 2,50 m (1).

Si nos situamos bajo su copa, que llega en su punto más alto hasta los 13 m de altura, podremos admirar la poderosa estructura que componen sus ramas que, armoniosamente distribuidas, dan lugar a una inmensa cubierta vegetal de casi 30 m de diámetro. No es de extrañar que la encina proyecte una superficie de sombra muy cercana a los 600 m2 bajo la que pueden llegar a caber hasta 2000 personas. Por esta razón no



es exagerado afirmar que, como presumen los vecinos de Coripe, al cobijo de la inmensa copa del Chaparro quepa literalmente todo el pueblo. Estas considerables dimensiones, ya de por si asombrosas, se ven superadas por la belleza y armonía de sus formas que hacen de esta gran encina un Monumento Natural incomparable y es que, con esta figura de protección y de reconocimiento a un tiempo, fue declarado oficialmente en 2001 por la Junta de Andalucía, reconociéndose así los valores singulares que atesora este hermoso árbol (2).

En función del perímetro de su tronco, se ha calculado la edad del Chaparro de la Vega en torno a los 300 ó 400 años, si bien no faltan quienes le atribuyen más de 500. A buen seguro, el magnífico porte de esta centenaria encina ha permitido que sea respetada y cuidada a lo largo de los siglos y haya sobrevivido al hacha, al carboneo y al fuego, a diferencia de muchos árboles centenarios de la sierra, siendo además un hito paisajístico, visible desde la distancia, en los Llanos de La Vega en los que se enclava.

Hace tan solo unos meses, la Consejería de Medio Ambiente, atendiendo a la petición realizada por el Ayuntamiento de Coripe, llevó a cabo algunos trabajos de mejora en el árbol con todas las precauciones para no dañarlo. Se eliminaron así las ramas más bajas por las que algunas personas se subían al árbol y se podaron también las ramas muertas y de los “chupones” que ponían en riesgo el buen estado fitosanitario de esta preciada encina. Con estas actuaciones se ha contribuido también a evitar que las ramas secas pudiesen caer sobre los numerosos visitantes que acuden a La Vega a disfrutar de la contemplación de este monumento natural.





En el paraje de La Vega.

Y es que, conviene recordar que el Chaparro de la Vega es “venerado” y admirado por los vecinos de todos los pueblos cercanos (Algodonales, La Muela, Puerto Serrano, Olvera, Montellano, Morón…) y especialmente por los de Coripe, a cuyo término municipal pertenece el paraje de La Vega. En este mismo lugar se alza la Ermita donde anualmente se lleva a cabo la conocida Romería de Coripe que se celebra en honor de la Virgen



de Fátima
y congrega cada segundo domingo de mayo a numerosos visitantes de las poblaciones de la Sierra Sur de Sevilla y de la Sierra Norte de Cádiz. A decir de muchos, la romería no es sino un pretexto para “peregrinar” hasta el Chaparro de la Vega, en torno al cual se ha levantado una zona recreativa frecuentada ya durante todo el año.

La visita a este Monumento Natural justifica, por sí sola, una excursión que podrá completarse con los atractivos que nos ofrecen otros parajes cercanos. Así, podremos realizar un cómodo recorrido por la Vía Verde desde la Estación de Coripe hasta el Peñón de Zaframagón (6 km en dirección Olvera), o si tomamos la dirección de Puerto Serrano, adentrarnos en el cercano túnel bajo el Cerro del Castillo que, con 990 m, es el de mayor longitud de cuantos atraviesa la Vía Verde y que se encuentra perfectamente iluminado.



Un paseo por las riberas del Guadalporcún, una visita a Coripe, un paseo por La Muela para conocer los restos del antiguo convento del Juncal o un recorrido por las pistas forestales de la cercana Sierra de Lijar, podrán ser otras tantas opciones con las que completar nuestra excursión al Chaparro de la Vega.



Ya de regreso a casa contemplamos este magnifica encina a vista de pájaro, cuando la carretera gana altura, camino de Algodonales. Desde la lejanía sorprende también su majestuosa copa dejando claro por qué fue declarada como Monumento Natural.

Para saber más:
(1) Árboles y arboledas singulares de Andalucía. Sevilla. Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, 2003, p. 46
(2) El Chaparro de la Vega fue declarado Monumento natural en 2001 por el Decreto 226/2001, de 2 de octubre, por el que se declaran determinados Monumentos Naturales de Andalucía, BOJA N.º 135 de 22 de noviembre de 2001, p. 18834.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Arboles y arboledas singulares, Parajes Naturales, Flora y fauna.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/10/2017

Un paseo por la Cañada de Cuartillos.
Pinos centenarios y puertas singulares.




A mitad de camino entre Jerez y La Barca de La Florida se encuentra la barriada rural de Cuartillos (o Cuartillo). Su caserío se extiende durante casi 3 km junto a esa carretera cuyas obras parecen no terminar nunca. El origen de este enclave hay que buscarlo en las primeras décadas del siglo XX, con el asentamiento en torno a la antigua venta de jornaleros que trabajaban en los cortijos de la zona y que levantaron sus viviendas –inicialmente chozas de paja- en ambos lados de la Cañada Real de Cuartillos y la carretera de Cortes. En los años 60 del siglo pasado, tras constituirse la Cooperativa de viviendas de Huertos Familiares de Cuartillos, los chozos dieron paso a construcciones de ladrillo. Poco a poco se fue dotando de servicios hasta llegar a ser la barriada rural que hoy conocemos, una de las más pobladas de la campiña con 1.300 habitantes (1).



La Cañada Real de Albadalejo y Cuartillos.

La Cañada de Cuartillos es una ramificación de la de Albadalejo, de la que parte en las proximidades de Estella del Marqués, junto a la venta de la Dehesa, para unirse, después de cruzar entre viñedos, a la carretera de Cortes. Hasta la Estación Potabilizadora, esta vía está incluida en el trazado de la cañada. A partir de este punto se separa de la carretera y aparece flanqueada por pinos, algunos de ellos ejemplares centenarios. A su izquierda deja lomas sembradas de cereal, que conforman la pequeña cuenca del Arroyo del Gato y que albergaron antaño los renombrados olivares de Domecq y de Panés. A la derecha, tras la Potabilizadora, quedan los campos de la Dehesa de Cuartillos, del Rancho del Marqués y de Las Majadillas. Cruza después por entre las tierras de La Guareña y Magallanes, en cuyas proximidades, a la altura del Encinar de Vicos, se une a la Cañada Real de Vicos y Mesas de Santiago, con una longitud total cercana a los 5 km. (2).

Aunque en muchos puntos de su recorrido esta vía pecuaria ha sido ocupada por construcciones y parcelas, aún se conservan junto a su trazado pequeños sectores donde pueden observarse las típicas especies del monte mediterráneo y donde no faltan encinas, acebuches, palmitos, lentiscos… La cañada se deslindó en 1865 presentando una anchura variable que oscilaba, según los distintos lugares, desde los 53 m en sus zonas más estrechas a los 180 m en los puntos de mayor anchura. Para delimitar el terreno deslindado, el Ayuntamiento mando colocar mojones a lo largo de todo su recorrido y, como se describe en el inventario de cañadas realizado en 1915, “los mojones que la determinan son de piedra de Tarifa con la numeración y rotulación correspondientes grabados en la cara que mira a la vía” (3). Algunos de estos mojones, instalados hace ya 150 años, han llegado hasta nuestros días, tal como pueden verse en las fotografías que acompañan a este artículo. Pese a todo, han desaparecido la mayor parte de ellos por las ocupaciones de la vía pecuaria que, dicho sea de paso, vienen siendo denunciadas desde hace más de un siglo. Como ejemplo citamos un Informe de la Comisión de Policía Rural del Ayuntamiento, fechado en 1910, en el que se rechaza el escrito del Sr. D. Juan C. Goytia y Lila, quien solicitaba que se variase en parte la dirección de la cañada de Cuartillos. La Comisión “propone que no se acceda á lo solicitado en atención á que el año 1865 se efectuó el deslinde y se impuso una multa al propietario de la dehesa por detentador de terrenos del común, y además, la diferencia entre el terreno de la actual cañada y la que se propone en la solicitud es de más de 150 aranzadas. Se aprueba por unanimidad el dictamen de la Comisión” (4).

2015 <-- Los pinos centenarios en el año... --> 2009

Los pinos de Cuartillos.

Pero volvamos a nuestro paseo por la cañada, que habremos iniciado junto a la Potabilizadora, tras desviarnos por un camino provisional con motivo de las obras de la carretera. Sin duda, lo primero que llama la atención del paseante son dos enormes pinos. Se trata de dos magníficos ejemplares de pino piñonero (Pinus pinea), similares a los que crecen en los pinares litorales de La Algaida, Roche o La Breña de Barbate, por citar sólo algunos de los más significativos.

Los pinos de Cuartillos no forman parte de un bosquete, sino que son el último reducto de una alineación de árboles que crecía a en este lugar junto a la Cañada Real. Hace tan sólo unos años podían verse cuatro ejemplares de tamaño similar, dos de los cuales se han perdido. El emplazamiento de esta zona de Cuartillos, en una pequeña elevación desde la que se divisa un amplio panorama, es estratégico ya que desde este lugar se tiene dominio visual de las Vegas del Guadalete, por un lado, y de los Llanos de Caulina y la Sierra de Gibalbín por otro. A pesar de que no hemos encontrado documentación que lo verifique, hay referencias de que los pinos de Cuartillo, divisables a simple vista desde más de veinte kilómetros de distancia, servían de punto de orientación para los enfilamientos de los barcos y la navegación en el entorno de la Bahía de Cádiz como otros



hitos del paisaje (cerro de Medina, monte del Berrueco, torre de la iglesia de Puerto Real), a los que los marinos apuntaban sus visuales con catalejos. No debe extrañarnos esta vinculación con el mar de los pinos de Cuartillos ya que desde sus pies, se contempla a lo lejos la Bahía de Cádiz y las grúas-puente de los astilleros.

Aunque todavía no figuran en el Catálogo de Árboles Singulares de Andalucía, los pinos de Cuartillos deberían incluirse en él ya que, a nuestro entender, son singulares por muchos motivos. A su valor natural, como árboles de magnífico porte, se une el de ser un referente de primer orden en el paisaje circundante, hitos vivos que, como faros verdes en la campiña, son visibles desde grandes distancias. Son además un indicador permanente e imborrable de la vía pecuaria que pasa a sus pies y uno de los elementos “simbólicos” en la barriada rural donde se ubican. Junto a todo ello, estos árboles destacan además por su hermosa y proporcionada estampa y por sus grandes dimensiones. Por centrarnos en el de mayor altura, el perímetro de su tronco medido a 1,30 m. del suelo es de 3,20 metros. Su fuste, recto y ligeramente inclinado, se levanta hasta los 10 metros como una columna maciza de magníficas proporciones, antes de dividirse en dos grandes ramas maestras que sustentan una densa y bien formada copa aparasolada muy amplia. La altura total del árbol sobrepasa los 20 metros. Su copa tiene un diámetro de 18 m., en dirección E-W, y de 22 m. en dirección N-S, con lo que la sombra que proyecta supera los 300 m2 de superficie. El otro pino, aunque de altura algo menor, tiene sin embargo una copa de mayores dimensiones (22 x 23 m.). La edad que se les estima está comprendida entre los 100 y los 125 años. Con todo debemos subrayar aquí un hecho lamentable: las brutales podas a las que, meses atrás, fueron sometidas las copas que han sufrido la falta de previsión de los técnicos que, hace unos años situaron un tendido eléctrico junto a los árboles, sin guardar una mínima distancia.

Estos pinos crecen en el borde izquierdo de la Cañada Real en cuyos linderos, tras la construcción de la Planta Potabilizadora, se sembraron también otros ejemplares de pino piñonero que presentan mucho menor porte. Junto a estos árboles y acompañando a la cañada, pueden verse también ejemplares aislados de encinas centenarias, acebuches, lenticos y algunos cipreses.

El antiguo Olivar de Panés y el cortijo de Alcántara.

Una visita al lugar nos permitirá, además de observar estos árboles singulares, disfrutar de un paseo por la Cañada de Cuartillos y acercarnos hasta la entrada del cercano cortijo de Alcántara.

Al borde del camino, cuando apenas hemos recorrido 300 m. desde que iniciamos el paseo, encontramos a la izquierda una de las antiguas puertas de acceso del que fuera Olivar de Panés, finca hoy sembrada de cereal pero de la que la toponimia aún conserva memoria de su antigua dedicación y su célebre propietario (5).

Estas tierras pertenecieron a la familia del Marqués de Villapanés, título nobiliario creado por Carlos II en 1700 a favor de Lorenzo Panés, comerciante genovés afincado en Jerez y Cádiz como cargador a Indias. Aunque desconocemos quien de los marqueses que ostentaron este título, fue el que dio nombre al olivar y ordenó la construcción de esta y otra puerta que encontremos más adelante, nos inclinamos a pensar en la figura de uno de los más célebres miembros de esta familia, Miguel María Panés González de Quijano, a quien Femando VII concedería en 1817 la Grandeza de España. Miguel María Panés fue el primer director de la Sociedad Económica del Amigos del País de Jerez, cuya primera sede se ubicaría también en su propia residencia, el conocido Palacio de Villapanés. Hombre culto e ilustrado, poseía una de las mejores bibliotecas de la región que llegó a abrir para su disfrute por el pueblo de Jerez y que, lamentablemente, se perdió en un naufragio cuando era trasladada a Génova.



Esta singular entrada, antigua puerta de acceso al Olivar de Panés, esta escoltada por pilares de ladrillo, coronados por adornos del mismo material en los que llama la atención sus formas curvas, a modo de volutas. Aunque desconocemos la fecha de su construcción, estimamos que por sus especiales características, parece remitir a formas barrocas, tal vez de finales del s. XVIII o comienzos del XIX datos que, en todo caso, que habrá que seguir investigando.

Siguiendo nuestro paseo por la cañada, iniciamos ahora un ligero descenso y la vista se nos abre hacia las tierras de La Guareña. Cuando llevamos recorridos algo más de 1 km, tomaremos un pequeño desvío hacia la izquierda en dirección al Cortijo de Alcántara, que visitaremos en otra ocasión. En este punto descubriremos la segunda de las antiguas puertas de acceso al Olivar de Panés. Construida también en ladrillo, presenta forma de arco, rematándose sus pilares con sendos pedestales que debieron estar coronados en su día tal vez por bolas, cruces u otro tipo de ornamentos.



Coronando el arco, sobre el trasdós, un tercer pedestal sobresale de los laterales, dotando al conjunto de una sobria elegancia que parece indicar que, tal vez esta, era la entrada principal de la finca.

Volvemos sobre nuestros pasos y, antes de irnos, hacemos de nuevo una parada al pie del pino de mayor altura. Si el día nos acompaña y hay buena visibilidad, dirigiremos nuestra mirada a la vega del Guadalete para disfrutar de unas magníficas vistas sobre un amplio sector de la campiña. A nuestra izquierda, hacia el Este, veremos a lo lejos los picos de la Sierra del Aljibe, a 40 km. en línea recta. Frente a nosotros se aprecia el caserío de Torrecera y, algo más lejos, el de Paterna, a 21 km. Algo más a la derecha destaca el Cerro de la Harina, cubierto de pinos, y tras él, el de La Cabezas de Santa María. Más reconocible resulta el de cerro de albarizas de Torrecera, presidido por su torreón árabe, o el monte sobre el que se asienta Medina (a 25 km.). A nuestra derecha, se adivina también San Fernando (28 km), o las grúas-puente de los astilleros de Matagorda (a 25 km) y el reflejo plateado del mar… Por todas partes, nuestra vista tropieza con los parques de aerogeneradores, los “molinos de viento”, de Paterna, Espínola, La Matanza, Bolaños, Roalabota… Un paisaje que merece la pena admirarse a la sombra de los viejos pinos de Cuartillos.


Para saber más:
(1) Datos obtenidos de la web del Ayuntamiento de Jerez, Barriada Rural de Cuartillos
(2) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez.
(3) Cañadas, Coladas y Realengos del Término de Jerez. AMJF, Leg. F81, 1915
(4) El Guadalete, Jerez de la Frontera, Sábado 23 de Julio de 1910, Nº 17.481.
(5) El Olivar de Panés figura todavía con este nombre en: López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con Árboles singulares, Patrimonio en el medio rural, Flora y fauna.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 19/04/2015

Por las tierras de Rojitán.
Un curioso topónimo y un alcornoque monumental.




En los recorridos que realizamos por la campiña siempre reclaman poderosamente nuestra atención los árboles aislados que, como hitos en el paisaje, obligan a dedicarles una mirada o, como en el caso que nos ocupa, a detener nuestro camino para admirarlos. No siempre tenemos la suerte de que estos hermosos ejemplares estén en lugares accesibles o en rincones en los que puedan al menos contemplarse desde una corta distancia, como sucede con el alcornoque de Rojitán que, por méritos propios forma parte del selecto grupo árboles singulares que gozan ya de alguna figura de protección o de reconocimiento.

El viajero que desde Jerez se dirige hacia el Puerto de Gáliz por la carretera de Cortes, fijará a buen seguro la vista, en un soberbio ejemplar de alcornoque que, por su armoniosa silueta, llama la atención en las proximidades del punto kilométrico 58.



Falta poco para llegar a la entrada del Cortijo de La Jarda, uno de los principales accesos a los Montes de Propios de Jerez, cuando a la izquierda de la carretera destaca aislado, en medio de un pastizal este árbol excepcional.

El alcornoque se localiza en el paraje conocido como Llanos de La Jarda, en terrenos pertenecientes a la finca de Rojitán, que forma parte de los Montes de Propios de Jerez que están enclavados en el Parque Natural de Los Alcornocales.



Los Llanos de La Jarda son un conjunto de praderías donde se aclaró el bosque que se extiende por todos estos valles, para favorecer sí el desarrollo de pastos con los que alimentar al ganado. Están cruzados por el Arroyo de Las Palas que nos habrá acompañado junto a la carretera en el último tramo de nuestro recorrido, en cuyas orillas sobresalen las copas de los fresnos y de los quejigos que forman parte de la vegetación arbórea que acompañan a estos pequeños cursos fluviales. Según testimonios orales, en la zona de cabecera de este arroyo, en el “corazón” de los Montes de Jerez, se dio caza al “último lobo” de la provincia en la década de los veinte del siglo pasado.



Rojitán un curioso topónimo.

Antes de que nos detengamos para admirar el monumental alcornoque de Rojitán queremos ocuparnos del llamativo y sonoro topónimo que designa a estos parajes, que ha sufrido no pocas variaciones a lo largo de los siglos. Una de las referencias más antiguas, del siglo XVI, la aporta el profesor E. Martín Gutiérrez y está recogida en un interesante documento fechado en 1577 sobre Señalamiento de las dehesas de Montes de Propios. Al referirse a las lindes de la Dehesa de Lajarón ubicada en la zona de los Montes de Jerez, se cita como uno de los límites el “Buhedo de Rusitan” (1). Otra pista nos la aporta un curioso pergamino conservado en el Archivo Municipal de Jerez en el que se representan los fragmentos de un mapa del sector oriental del término municipal de Jerez. De autor desconocido, fue realizado en el siglo XVIII y en él aparece el topónimo de “Roxitan”, con una tachadura y una posterior corrección para reubicarlo en otro lugar próximo, anotándose ya la forma de “Rojitan” (2). Esta misma denominación (con “j”) aparece ya en la segunda mitad de ese siglo tal como comprobamos en los estudios del profesor Jiménez Blanco (3). De la misma manera lo encontramos citado en el Diccionario Geográfico de Madoz (1848) y en el primer mapa provincial confeccionado por Francisco Coello en 1868.

A mediados del XIX encontramos también la forma “Rogitán” en el Nomenclator oficial del gobierno de España de 1850. Con esta misma denominación (que sustituye la “j” por la “g”) figura en el Plano del Término Municipal de Jerez de Antonio Lechuga y Florido (1898) y en el Plano Parcelario de Adolfo López Cepero de 1904. El primer Mapa Topográfico Nacional del Instituto Geográfico (1917) incluye la forma de “Rojitán”, que se mantendrá también en los mapas de la Diputación Provincial de la segunda mitad del pasado siglo y que ha perdurado hasta nuestros días. En la actualidad, Rojitán da nombre a un cortijo y a la Dehesa que lo alberga, incluida en los Montes de Propios de Jerez y, por tanto, de propiedad municipal. El cortijo, de fácil acceso desde el desvío que conduce al poblado del Charco de los Hurones, fue restaurado hace dos décadas y desde entonces se dedica a alojamiento rural para grupos y colectivos ciudadanos que lo solicitan.



Por nuestra parte planteamos la hipótesis de que este curioso topónimo, pueda estar vinculado en su origen con la forma latina “russus” (rojo) de la que, a través de diferentes modificaciones a lo largo de más de cuatro siglos, se habría podido llegar a la denominación actual. La evolución del vocablo podría haber sido la de Rusitán (o Rusitano) => Roxitán => Rojitán/Rogitán. La justificación del nombre inicial de estos parajes, requiere ya aventurarse en los territorios de la especulación… ¿Tal vez por el color pardo o rojizo de los roquedos de arenisca del Aljibe que constituyen estos montes? ¿Quizás por el apelativo de un antiguo propietario, “Rusitano”, que aludiese a alguna característica personal como su color del pelo? Sea como fuere, todavía es posible rastrear el antiguo origen de este nombre ya que los mapas topográficos actuales incluyen en la Dehesa del Charco de los Hurones la "Majada de Rosita". Se trata de una errata que hace alusión a la antigua Majada de "Rositán" -forma antigua del topónimo- que de la mano de una errata, aún se mantiene en algunos mapas.

No queremos terminar este breve recorrido histórico por el topónimo de Rojitán sin apuntar otro posible nombre vinculado a él. Así, en el ya citado Señalamiento de las dehesas de Montes de Propios (1577), estudiado por el profesor E. Martín, al referirse a los límites de la Dehesa de la Jarda, se menciona “el alcornoque de las Mentiras, questá junto al Arriyitan fuera de toda la Jarda…”. Por nuestra parte pensamos que este nuevo topónimo hace alusión al mismo lugar donde, curiosamente, encontramos uno de nuestros alcornoques más monumentales y tan singular como debió ser aquel Alcornoque de las Mentiras.

Un alcornoque de excepción.



Pero volvamos de nuevo a la carretera donde habremos parado para admirar este extraordinario ejemplar de alcornoque de la dehesa de Rojitán, que tiene bien ganada su fama de “singular” por muchos motivos. Además de ser un ejemplar centenario, destaca por el grosor de su tronco y de sus ramas principales, así como por la armoniosa composición de su copa, de porte aparasolado, que puede contemplarse en toda su magnitud al presentarse el árbol aislado en medio de un prado. En sus tiempos, debió estar al pie de la “Colada de la Jarda”, vía pecuaria desdibujada ya por la carretera, que en tiempos pasados discurría por estos parajes buscando el Puerto de Gáliz.



Las características morfológicas más sobresalientes, de las que se nos da cuenta en el catálogo de Árboles y arboledas singulares de la provincia de Cádiz (4), en el que el alcornoque de Rojitán se encuentra registrado, no dejan lugar a dudas de que nos encontramos ante un ejemplar muy especial. Este árbol tiene 16 m. de altura total y un diámetro de copa que supera los 20 m. La altura del fuste (o tronco principal) es de 2,5 m. punto en el cual parten cuatro grandes ramas maestras. El perímetro del tronco (medido a 1,30 m. del suelo) es de 4,50 m., que alcanzan en su base casi 8 metros. La sombra que proyecta su enorme copa supera los 340 m2 y a sus pies hemos visto en los meses más calurosos de veranos no pocas vacas buscando algo de frescor.

La copa presenta una forma aparasolada y extendida, y su follaje, no muy denso, deja ver las grandes ramas maestras que la conforman. El paso de las estaciones nos ofrece también diferentes estampas del árbol, ganando sus hojas en lustre y verdor a medida que se acerca el verano, a diferencia de lo que sucede con la cobertura del prado donde se asienta, que se torna más pajiza, contrastando así con los colores del árbol que ve realzada aún más su silueta.

Como rareza, ya que no es habitual por estos parajes en los que el aprovechamiento del corcho es una de las principales fuentes de riqueza, cabe destacar que el ejemplar no ha sido nunca descorchado. Ello da a entender que, puesto que se halla en un paraje accesible y bien comunicado, ha debido existir sobre él algún tipo de protección “no escrita”, derivada tal vez de su singular porte, que ha permitido que llegue así hasta nuestros días. Suponemos que a medida que el bosque se fue adehesando en estos parajes y se fue eliminando la vegetación arbustiva, se mantuvieron los pies de los alcornoques más sobresalientes para aprovechar sus frutos en las montaneras. Los sucesivos aclareos de la dehesa para su transformación en pastizal, irían a su vez seleccionando para el descorche los ejemplares más accesibles y entregando al hacha y al carboneo los árboles menos productivos. Se respetan así, como sucede en otros lugares, árboles como este alcornoque que, a modo de monumentos naturales, encierran también muchas claves de la relación del hombre con el bosque a lo largo de los siglos.

Como consecuencia de que este ejemplar no haya sido nunca descorchado, la capa de corcho bornizo o “virgen” que presenta su tronco es de un calibre excepcional, a juzgar por lo que dejan ver algunas de las grietas que se muestran en él y que en algunos puntos alcanzan los veinte centímetros de profundidad. Esta gruesa capa de corcho -que presenta grandes hendiduras y llamativas irregularidades y asperezas, infrecuentes en otros grandes ejemplares que son descorchados periódicamente- se aprecia también en sus grandes ramas e incluso en algunas de las raíces, que asoman parcialmente en el suelo y que también han desarrollado esta especial cobertura.

El alcornoque de Rojitán es uno de ese selecto grupo de árboles singulares que pueblan nuestros montes y que son auténticos monumentos naturales que merecen ser conservados y protegidos. Es tan sólo un árbol… pero que árbol tan hermoso.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004, pg. 258-259.
(2) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(3) Jiménez Blanco, J. I.: Privatización y apropiación de tierras municipales en la Baja Andalucía. Jerez de la frontera 1750-1885.
(4) Árboles y arboledas singulares de andalucía. Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Medio ambiente, Sevilla, 2004, Pg. 44.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Sobre Árboles singulares, Flora y fauna y Parajes naturales "entornoajerez" hemos publicado también...

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 25/01/2015

 
Subir a Inicio