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Los caminos de la Vía Augusta en torno a Ceret (II)



(Continuación de la entrada anterior)

¿Pasó algo parecido para el diseño del Ager Ceretanus y sus inmediaciones, incluyendo los esteros? ¿Desde cuándo?

Una inscripción de Carteya (CIL II, 1929), datada a mediados del siglo II d.C y queacompañaba a la basa de una estatua honorífica, nos muestra el currículo político de Q. Cornelius Senecio. Personaje notable, tiene sus raíces en un equite gaditano de tiempos de Nerón (Sen. Ad. Luc. XVIII, 101) que, como otros muchos, se había enriquecido con actividades vinculadas a la anonna para la exportación de productos a Roma, siguiendo el paso de los Balbo, con los que están vinculados. Con el tiempo, su familia promocionó de modo que hacia 142 d.C. -fecha de la inscripción– su hijo o nieto alcanza el rango consular. Es importante observar como en este currículo político Senecio ha pasado por numerosos cargos desde el ámbito local, como sacerdote del Templo de Hércules Gaditano, a cargos que se vinculan directamente con la Urbs –cuestor urbano y tribuno de las plebe- para luego acceder al consulado y terminar su carrera como procónsul en Bitinia (C. Castillo, 1965).

Aquí nos interesa destacar uno de estos cargos que se desarrollan durante su estancia en Roma. Q. Cornelius Senecio llega a ser, precisamente, curator de la vía Latina y de la Vía Appia. Por tanto, supervisaba aun entonces el control de las calzadas que unían Roma con el Ager Tusculanus y con la fértil Campania. Era un cargo temporal, estaba claro, en la carrera de este gaditano al que Carteya brinda honores en 143 d.C, quizás por su labor evergética. Pero esto hace sospechar que también el cargo de curator Víarum, y precisamente de estas dos vías, era determinante para los negocios de estas familias dedicadas al tráfico de mercancías agrícolas. Algo que no es descabellado si tenemos en cuenta el alcance de los Cornelios Balbo y de sus ramificaciones en la política de época altoimperial (F.J. Lomas, 1991).

Son, pues, algunas razones para creer que el modelo aplicado en el Ager Ceretanus fue muy parecido, pues como vimos muchas de sus tierras terminaron, en tiempos de Columela, en manos de la aristocracia gaditana. Esto quiere decir que las familias terratenientes aplicaron en el Ager Ceretanus conocimientos de ingeniería y de agronomía romana ya aplicados en Italia (y el tratado de Columela es buena prueba de ello).

Por eso nuestro Viajero al entrar en el Ager Ceretanus quizás conociese ya el inicio de la construcción, o condicionamiento, de uno o varios canales. Porque Estrabón (Str. III, 2, 5) recuerda que hay canales que permiten la comunicación entre diferentes ciudades turdetanas de la costa. Uno de estos canales comunicaba sin duda los estuarios del Guadalquivir (Lacus Ligustinus) con la actual Bahía de Cádiz y el Guadalete (Sinus Tartesius), habiendo sido planteado ya desde hace algunos años (G. Chic, 1981) y también recientemente (A. Cuadrado, 2012), si bien sospecho que se desarrolló a partir de una comunicación de marisma natural en la que la ingeniería hidráulica romana puso el resto, pues recordando la cita de Estrabón, los canales han sido abiertos. Aceptemos que el más importante de ellos unía Mesas de Asta con el arroyo La Zarpa y su prolongación por el arroyo Salado o Badalac para alcanzar los Llanos de Caulina y el Guadalete –pues está bien estudiado- llegando precisamente a este punto en La Cartuja, que es donde nuestro Viajero accedía al Ager Ceretanus.

Dejaba, pues, a su izquierda, hacia Poniente, un entramado de canalizaciones que le llevarían si fuera necesario hacia la vieja colonia de Hasta. Pero decidió continuar por el interior, subiendo los Llanos de Caulina, y viendo como a medida que se alejaba de la costa encontraba un paisaje de villas en el cual, quizás por entonces, los ingenieros romanos planificaban el desarrollo de la Vía Augusta y de sus calzadas anexas y de vez en cuando un curator Víarum supervisaba las obras y el mantenimiento de las mismas. Podemos pensar de que esto fue así hasta al menos el año 143 d.C, pues las noticias de las reparaciones de calzadas que conocemos por otros miliarios de Hispania nos remiten sobre todo a la dinastía antoniniana (Trajano, Adriano, Antonino Pío) como una época de especial atención en la restauración de la vieja Vía Augusta (la de los Vasos de Vicarello), y a caballo entre ésta y la calzada que, ya en época tardía, nos describe el Itinerario de Antonino y el Anónimo de Rávena.

En el centro del Ager Ceretanus el Viajero se encontraría con una encrucijada de caminos,como sucedía en el Ager Tusculanus, solo que en este caso descongestionaban la entrada o salida de Gades, convirtiéndose entonces en parte de una verdadera área suburbana, como parece querer indicarnos Estrabón cuando dice que muchos de los gaditanos viven en tierra frontera (Str. III, 5, 3). Eso si, aun no se deja ver el proceso de concentración de propiedades de los potentados gaditanos en el interior, (A. Padilla 1990), que parece ser algo posterior a la época de Augusto, cuando escribe Estrabón

Entre la calzada de P. Sillieres y la de R. Corzo, proponíamos seguir el trazado del viejo arroyo de Gibalbín que nos mostraba P. Madoz. Un trazado que está flanqueado, por lo demás, por numerosos restos de villas cuya actividad económica parece estar más orientada a la producción de cereal, vino o policultivo mediterráneo, sin descartarse el uso ganadero. Hemos de seguir, por tanto, la línea marcada por las poblaciones de Estella del Marqués y Nueva Jarilla para luego continuar por el Camino de Romanina o por el paralelo Camino de Espera.

En este centro del Ager Ceretanus podemos atestiguar la aparición de monedas de Ceret y la presencia de villas suntuarias como fue la de Cortijo de La Jara (J.G. Gorges, 1979) de donde procede una herculanense datada en siglo II d.C que nos revela el modo de vida de uno de estos grandes propietarios gaditanos de la época. Lástima que no se haya registrado una secuencia estratigráfica completa que permitiese asegurar la existencia, probable, de esta villa a mediados del siglo I d.C. Pero al menos podemos decir que es factible que esta villa actuase como estación del entramado Víario de la Vía Augusta, precisamente porque desde ella es fácil el acceso tanto al Camino de Romanina (para aproximarse más hacia los complejos de alfares de los esteros) como al Camino de Espera (que se orienta más hacia el interior, hacia Torres Alocaz-Ugia).

Tomaremos el Camino de Romanina, como si nuestro Viajero quisiera visitar aquellas instalaciones o detenerse un instante a saludar a otro de aquellos grandes propietarios gaditanos que habían adquirido tierras en la zona. El topónimo es suficientemente llamativo porque este camino conduce, efectiva-mente, a las fincas de Romanina Baja y Romanina Alta, en donde todos los indicios arqueológicos nos hablan de la existencia de grandes fundi en torno a las villas (J.G. Gorges, 1979) A su lado, debieron de existir también concentra-ciones rurales, aldeas (pagi) que sobrevivieron al período de colonización romana (las conocidas centuriaciones de tiempos de César y Augusto) para alcanzar sin interrupción el siglo V d.C (J. Montero, 2009). Esto significa que las “Romaninas” fueron áreas residenciales, pero no solo de los potentados gaditanos.

Esta población agraria turdetana debió de asentarse, necesariamente, en donde ya estaba desde antes de la llegada de los romanos: en la base de la Sierra de Gibalbín, entre ésta y las marismas de El Cuervo (R. González et alii, 1991). Eso si, afectada por los efectos de las colonizaciones en Hasta Regia, Nabrissa o Carissa Aurelia y por la expansión de la gran propiedad gaditana en el Ager Ceretanus.

Esto nos lleva a pensar qué papel tuvo en este entramado el puesto de La Torre, a los pies de la Sierra de Gibalbín y última estación del Camino de Romanina. Allí se han encontrado también restos de explotaciones agrarias romanas con una cronología completa, hasta el siglo V d.C, pero junto a un antiguo asentamiento ibérico–turdetano (J.G. Gorjes, 1979). Hoy es la Torre de la Hinojosa, un punto de control de la campiña (L. López Aguilar, 1999; A. García Lázaro, 2009) y que también quedó reflejado en el mapa de F. Coello junto a la Torre de Gibalbín.

Un dato más. Nuestro Viajero, según los Vasos de Vicarello, tenía que recorrer 16 millas desde la estación de Ad Portum (El Tesorillo) para alcanzar el acceso de Hasta Regia… Pensemos por un momento en que el paso a la vieja colonia no se hizo siguiendo la costa, sino desde un punto de acceso a los esteros, desde tierra firme. Y pensemos a continuación que proyectando las 16 millas desde ad Portum en esta calzada interior que vamos describiendo, tomando un valorponderado de la milla entre 1481 mts y 1525 mts (así, 23.696 mts ó 24.400 mts)obtenemos un promedio de 24 Kms que desde El Tesorillo y a través de Cartuja, Estella, Torremelgarejo y Nueva Jarilla, termina precisamente en este punto: La Torre, junto al gran complejo –fundus- de Romanina, y junto un antiguo enclave turdetano.

En los mapas actuales y antiguos han quedado muchos indicios para rastrear calzadas romanas a partir de vocablos vinculados con elementos defensivos. Así lo vieron los grandes investigadores del XIX en las Antigüedades Romanas (E. Saavedra, F.Coello y F. Fita en el BRAH, J.A Cean Bermúdez con su Sumario de Antigüedades o ya a principios del XX A. Blázquez en las comisiones de la JSEA) cuando describían despoblados o torres para dibujar los trazados de las vías romanas, reforzándose así la vieja tesis de D. Van Berchem sobre el carácter militar y annonario de las calzadas romanas oficiales (Berchem, 1936) que siempre apoyaremos. Y ahora, recordemos de nuevo estos términos: La torre como punto de control de la campiña puede tener su equivalente en época romana como punto de control en el Ager Ceretanus, de un territorio de producción agrícola bastante extenso y que, necesariamente, tenía que estar junto a una importante vía romana por la cual sacar dicha producción.

Nos quedan aun, en lo que al trazado Víario se refiere, otras dos cuestiones. El acceso a Mesas de Asta y el paso de la Sierra de Gibalbín. Respecto al primero, hemos visto las posibilidades que daban los canales, pero ahora podemos ver otra más. Sin que esto ponga en cuestión las tesis de P. Sillieres podemos pensar que, de nuevo, la situación de La Torre como nexo de comunicaciones es factible. Terminado el Camino de Romanina, el Viajero que venía del sur, como nuestro gaditano, podía orientarse hacia los esteros de Nabrissa (Marismas del Cuervo) o hacia Gibalbín, utilizando en ambos casos la Cañada de Gibalbín o Cañada de Casinas . En el primer caso, siguiendo los restos de las villas descritas, podría alcanzar los esteros para conexionar con la vía litoral de P. Sillieres a la altura de El Cuervo. Luego, hacia el sur, el paso hasta la vieja colonia pudo hacerse desde Espartinas (nº 22) o a través del fondeadero de El Muelle (nº 23). Un yacimiento, este último, que nos sugiere un puente de barcas, más en consonancia con el paisaje de humedales de la zona, y en el cual se levantaba otro fundus, en Espartinas, quizás propiedad de los conocidos Baebios de Hasta, o puede que de los Baebios de Gades

Pero nuestro Viajero iba hacia Ugia, otra torre en el camino hacia Hispalis, que actuaba como estación aduanera. En este caso, el Camino de Espera era el itinerario a seguir, bordeando la Sierra de Gibalbín por el este. No hay que olvidar al respecto las referencias del geógrafo Al-Edrisi, que aun en el siglo XII sigue citando la estación de Gibalbín, el Gebal Mont como paso importante en la ruta interior desde Algeciras, por Medina Sidonia (antigua Asido) y hasta Sevilla. Por cierto, recordando que existen aun dos caminos para llegar: uno por la costa y otro tierra adentro(Al- Edrisi, 38). Gibalbín es un punto de paso y de control en el Ager Ceretanus, y preside la encrucijada de caminos que acabamos de describir. (J. Montero, 2000).

Hasta ahora hemos visto cómo en el Ager Ceretanus puede definirse un paisaje resultado de la colonización romana, y cuyo modelo es traído de Italia: un área suburbana de Gades, con villas suntuarias y espacios agrarios, algún pagus y varios fundi propiedad de la aristocracia mercantil gaditana, como nos muestra el conocido texto de Columela (D.r.r., III, 3, 3), y conexionados por calzadas y caminos no oficiales en los que se definen estaciones aduaneras en torno a la Vía Augusta, vía esta que permite su conexión administrativa con las capitales conventuales y, siguiendo a nuestro Viajero, con Roma.

El desarrollo de este modelo de ager traído de Italia se explica también porque el Ager Ceretanus abastece de mercancías para ser exportadas a Roma, y porque personas como los Balbo o la familia de Columela, los propietarios de estas tierras, ejercieron cargos políticos en Roma y vivieron muy vinculados a la Urbs, y que, conociendo plenamente estas formas de vida de la aristocracia romana, las imitaron en Hispania: tendríamos que encontrar, eso si, más restos de villas residenciales que nos explicasen, por ejemplo, cómo era esta “tusculana”de Columela.

Pero además en el Ager Ceretanus existía un castrum, un lugar fortificado o campamento para establecer tropas. Y qué mejor comarca que la de Gibalbín, que sin duda fue muy importante durante las guerras civiles, pues parte de sus escenarios se dan en esta región en la primera mitad del siglo I a.C (coincidiendo además con la emisión de monedas de Ceret)y que bien pudo tener funciones fiscalizadoras (las monedas de Ceret muestran espigas que nos hablarían del papel recaudador para la annona), aunque con el tiempo, y llegada la pacificación de Hispania con Augusto, este castrum cesa como centro militar, pues ya no es necesario.

Siendo así, podría entenderse la “desaparición ”de Ceret, pero entonces, ¿por qué el gaditano Columela, que vive en tiempos del emperador Claudio, entre 41-54 d.C, cita el Ager Ceretanus? Sin duda, en esta época, nuestro Viajero tendría que atravesarlo para ir hacia Ugia siguiendo su itinerario a Roma, e iría flanqueando las villas de estos potentados gaditanos, quizás algunas “tusculanas” de recreo, otras sencillos centros de producción. Y quizás pudiese ver a su paso las ruinas del viejo castrum y/o un oppidum turdetano.

¿El por qué las fuentes oficiales ya no hablan de Ceret? …. La negación de su existencia en época imperial ¿es la respuesta? Pues… ¡cuántas ciudades romanas existen en Hispania que no son citadas por Estrabón, Plinio, Ptolomeo, el Itinerario de Antonino u otra fuente “oficial”y sin embargo pueden ser identificadas por la epigrafía! (en Cádiz, sin ir más lejos, el municipio de Ocurri- CIL II, 1336-1338)…. Y no preguntemos a las fuentes oficiales porqué tal o cual ciudad cumplía una función administrativa y otra no. Simplemente, es así, o lo ignoramos.

Si se argumenta la no supervivencia de Ceret por la no existencia de moneda más allá del siglo I a.C, hay que recordar que el hecho de que Ceret dejara de emitir moneda no es algo exclusivo de este núcleo, pues Lascuta, por ejemplo, termina de emitir hacia 90 a.C y no por ello desaparece. Además, todas las ciudades de Hispania dejaron de acuñar en tiempos de Claudio, cuando Columela escribía su De Re Rustica, como vimos. Algo que además ya estaba presente en el pensamiento de Augusto, pues el control de la circulación del numerario desde Roma era algo vital en la nueva economía mercantil abierta en el Imperio, y de la que se benefició precisamente esta nueva clase mercantil y terrateniente que adquiría las tierras del Ager Ceretanus como de otros puntos de Hispania. Los hallazgos numismáticos en Nueva Jarilla o en Gibalbín son indicadores precisos de dónde debe ubicarse la ceca, independientemente de cuanto duraron sus emisiones. Y- al menos es lo que yo pienso - mucho más fiables que la moneda que hacia 1.763 se dice que apareció en la Plaza del Mercado de Jerez.

La Sierra de Gibalbín preside, como hemos visto, el Ager Ceretanus, con sus centuriaciones y sus villas (algunas puede que tan sugerentes como la de Aquae Apollinares, con establecimientos termales para el Viajero). También -y lo he dicho en otras ocasiones- en Gibalbín existen restos de un oppidum turdetano romanizado, como ya se advertía en el siglo XIX, si no antes (F. Fita, 1896). Este tipo de asentamiento, que pudo ejercer también las funciones de castrum, como sucedía en el Ager Tusculanus, no se detecta en otros puntos del Ager Ceretanus (aunque se me pueda criticar que eso no justifica el que no existan otros que no se han encontrado).

En este sentido, desde hace muchos años A. Tovar venía identificando en sus mapas los restos de la sierra de Gibalbín con la ciudad de Cappa (A. Tovar, 1974); algo que se ha mantenido en el tiempo (G. Chic, 1979-80). La descripción de Cappa, junto a Oleastrum (Plin. N.H. III, 15), se adecua también al pasaje de Mela, que nos cita el Oleaster lucus (Mela, Chor. III, 4), un bosque de acebuches junto a Gades, en el Sinus Tartesius. Y siendo como era nacido cerca de Gades, tendría que conocerlo bien, además de que Gibalbín es una posición excelente para ubicar un acebuchal abierto a los esteros, quizás el acebuchal de La Guillena, que de hecho era el más extenso del término de Jerez a mediados del siglo XIX (Madoz, 1850, V, 155), ocupando aun hoy una superficie de 50 Has.



Ptolomeo cita Oleastrum como ciudad turdetana (Ptol. II, 4, 10). Parece estar situando este punto al este de Gibalbín, y por lo que nos dice Plinio junto a Cappa (que la arqueología ha ubicado en las ruinas de Esperilla, junto a Espera) y por tanto en la calzada que, como vamos viendo, se dirige a Ugia por el interior. Esta es la calzada más oriental, y seguramente refleja la que se describe en el Anónimo de Rávena como Camino de Asido a Hispalis (Rav. 317,5).

A partir de los cálculos que he efectuado (J. Montero, 2000), las coordenadas que corresponderían a Oleastrum deben situarse en un paralelo entre Ugia (37º 10´ - 7º 00´) y la colonia de Hasta (37º 00´ - 6º 00´). Nabrissa, además, presenta 6º 30´ de longitud, y Carissa los 7º 30´; por tanto en la Sierra de Gibalbín las longitudes alcanzan aproximadamente los 7º 15´. Las coordenadas ptolemaicas 37º 05´- 7º 15´ (que en Ptol. II, 4, 10 se dan para Baesippo) podrían ser las de Oleastrum.

Esperilla, por tanto, puede adecuarse a la fórmula Cappa cum Oleastro tal y como se define en Plinio (N.H. III, 15). Sería el punto por el que el Viajero saldría del Ager Ceretanus en dirección a Ugia, dejando a un lado, quizás en la sierra, ese Lucus Oleaster, el bosque sagrado en el cual a su paso encontrase aún recuerdos, reminiscencias de un viejo lugar de culto griego vinculado a la Gades púnica, como también lo fue el Oráculo de Menestheo, y que podría estar relacionado con la introducción del olivar en el territorio gaditano, la Kotinoussa de Plinio (Plin. N.H. IV, 5 ; Eust. Comm, 456).

Fuera del Ager Ceretanus encontramos, además, la respuesta de por qué las fuentes ya no citan Ceret, que efectivamente sigue existiendo en este entramado de vías de comunicación que dependían de la Vía Augusta

En Plinio (N.H., III, 15), hay ciudades que siguen denominándose libres, federadas, estipendiarias, colonias o municipios. Ceret no parece incluirse en ninguna de estas categorías, porque simplemente su situación jurídica no es tal (al menos antes del Edicto de Latinidad de Vespasiano). Llama la atención el hecho de que gran parte de las ciudades que se citan del Conventus Gaditanus son estipendiarias: ciudades que, como Lascuta, Baessipo, Iptuci, Saguntia o Cappa, disfrutaron del derecho a la posesión de sus tierras (que no a su propiedad),por haber contribuido con su apoyo o su pasividad a la sumisión de la Asta turdetana. Esto significa que, todavía a mediados del siglo I d.C, existían núcleos de población en los que, a cambio de un stipendium, la población turdetana seguía disponiendo de las tierras. Ceret no.

Ceret tampoco era una colonia (como Hasta, Nabrissa, Asido o Carissa) ni en principio un municipio (como Gades u Occuri), y por tanto su régimen de propiedad de las tierras no estaba en manos de los turdetanos. Así, queda patente que son estas tierras ceretanas las primeras que se adquirieron por parte de los potentados gaditanos. Columela nos lo recuerda (D.r.r. 3,3,3) :”La producción –de vino- es prodigiosa en nuestros (campos) Ceretanos “(in nostris Ceretanis). Y los campos –en manos privadas- hicieron olvidar el papel administrativo de la ciudad, quizás ya en tiempos del Edicto de Latinidad de Vespasiano, hacia 75 d.C.

Fuera del Ager Ceretanus, las colonias de Hasta y Nabrissa, Carissa y Asido o las ciudades ya citadas de Cappa, Iptuci y Saguntia, orbitando alrededor del gigantesco complejo de Gades; y otros núcleos que quedan por definir y que quizás algún día puedan identificarse con la Arcilacis de Ptolomeo (quizás Arci o Colonia), con Lacca, o con los municipios de Laepia Regia o Regina citados por Plinio, o con Saudone, aquel paso necesario del Guadalete por la vía oriental que hemos visto en el Anónimo de Rávena. Nada sabemos, sino que fueron antiguos oppida turdetanos que parecen emplazarse a lo largo del curso del Guadalete. Y que, quizás, con el paso del tiempo también vieron como sus tierras quedaron en manos de las aristocracias mercantiles gaditanas o sus clientelas en un momento en que el Estado romano aumentaba su presión fiscal sobre los possesores turdetanos y al tiempo que se expandía el modelo especulativo de la villa (E. Ariño et alii, 1999), que ya estaba plenamente desarrollado en el Ager Ceretanus, al interior del Conventus Gaditanus.

En síntesis: Ceret existe porque existe el Ager Ceretanus. Éste se extiende como un brazo de estero que entra desde el Guadalete (Cartuja) hacia el interior (por Llanos de Caulina) y que termina en la Sierra de , donde se encuentra el antiguo oppidum y el punto principal de control de rutas: los caminos de la Vía Augusta en torno a Ceret. Pues desde allí pueden verse los trazados de la vía litoral y de la vía interior y las calzadas que permitirían, desde su base, la comunicación entre ambas a lo largo de un paisaje de fundi y villas. El modelo del Ager Tusculanus que, con la experiencia de la colonización del Lacio, los romanos aplicaron en algunos puntos de Hispania y del imperio (con toda la prudencia con la que debe hacerse esta afirmación), y que adquiere todo su significado dentro de este proceso, como una unidad administrativa y de producción, orientada al desarrollo de una economía de exportaciones centrada en este caso en torno al gran puerto de Gades. Así se explican que los tres elementos citados (el castrum, las villas y la calzada oficial, con su red de caminos secundarios) deban estar necesariamente vinculados.

Nuestro Viajero, desde luego, lo entendería así. Cuando salió del Ager Ceretanus para alcanzar Ugia, él daba por sentado, como Columela, que aquello era de Gades, porque era el lugar de expansión natural de la ciudad desde Portus Gaditanus-Portus Menesthei al margen del ager publicus de la colonia de Hasta (colonia que a fin de cuentas también terminó bajo su influencia).

El final de su camino era Roma, a donde quisiera llegar (después de numerosas y agotadoras jornadas de Viaje) para preparar negocios con la aristocracia gaditana allí residente, o para traer nuevos conocimientos de tecnología hidráulica e ingeniería de caminos a aplicar en una zona de esteros a la que, por qué no, sacar mayor partido con su saneamiento. Quizás viera en esto grandes oportunidades para la expansión del modelo latifundista de producción, como también parece sugerirlo la dedicatoria a Q. Cornelius Senecio que, como vimos, hizo una impresionante carrera en Roma representando los intereses de las aristocracias gaditanas aun en el siglo II d.C, justo antes del declive de la ciudad. O quizás solamente fuera un administrador que iba recogiendo rutinariamente datos para la annona…. Tal vez, una vez en Roma, entregó aquellos vasos para dar gracias a los dioses por el buen resultado de una empresa (seguramente marítima, pues para el transporte de mercancías era más rápida) o por haber alcanzado un cargo público notorio como el de curator Víarum….¿y quién lo sabe? Pero su descanso en las termas de Aquae Apollinares, no sabemos cuántas semanas o meses después, era bien merecido.


Jesús Montero Vítores (CEHJ)


Los caminos de la Vía Augusta en torno a Ceret (I)





En 1852 se anunciaba en Italia el descubrimiento de un tesoro en la localidad italiana de Bagni di Vicarello, a unos 30 kms de Roma : varios miles de monedas y recipientes de oro, plata y bronce dedicados a diferentes divinidades salieron a la luz en un establecimiento termal, identificado con Aquae Apollinares, destacándose entre ellos los conocidos Vasos de Vicarello, en los que se había grabado un itinerario con las distintas estaciones de la Vía Augusta desde Gades hasta Roma.

Pronto surgieron diferentes explicaciones sobre el hallazgo, pero la que más se impuso fue la de que un Viajero de Gades se detuvo en esta estación termal para agradecer a los dioses el final feliz de un Viaje a Roma (J.M. Roldán, 1973). Así, del mismo modo que otros Viajeros dejaron en el lugar monedas y objetos, el gaditano ofreció estos interesantes exvotos de plata (CIL XI, 3281-3284).

Por lo pronto, y tal como describe J.M. Roldán, el contexto de este hallazgo permite plantear algunas cuestiones más. Así, por ejemplo, si el hecho de que el cuarto vaso (CIL XI, 3284) sea diferente a los demás nos permitiría pensar en que más de un Viajero gaditano presentara esta ofrenda o qué gaditano o gaditanos lo hicieron. Pues la primera respuesta lleva inmediatamente a pensar en una empresa comercial como las que ya desde la época de César impulsaron los Balbo para abastecer a la Urbs de productos de la Bética, algo que se mantuvo en plena pujanza hasta finales del siglo II d.C. Y, como los Balbo, otras importantes familias de Gades o Hasta, como los Baebios.

Otras interpretaciones nos hablan de un exvoto propagandístico, de una muestra del interés del emperador Augusto por restaurar las antiguas vías de comunicación para demostrar que, efectivamente, su dominio había alcanzado a la vieja metrópolis fenicia. Algo que precisaba, por cierto, de la presencia de ingenieros romanos en la zona para realizar tal construcción (un praefectus fabrum, cargo esencialmente militar) o para supervisar su cuidado (un curator Víarum). Por cierto, sabemos que uno de estos prefectos era un tal M. Baebius Balbus (CIL II 1614) que estaba especializado en construcciones hidráulicas. Otros, como Q. Cornelius Senecion, de Carteya (CIL II, 1929) tenían ya una gran experiencia como curatores Víarum en la propia Italia.

Finalmente, podría tratarse de un funcionario de la administración imperial, que quizás estuvo supervisando en el recorrido de la Vía Augusta un conjunto de estaciones aduaneras con el objetivo de fiscalizar parte de la producción para las annona imperial, pues Roma precisa aun del abastecimiento de productos básicos para sus tropas (A. Van Berchem, 1936), o quizás fuera recabando información que, a través de la Vía Augusta – y nos limitaremos ya a la Bética – terminara en alguna de las capitales de los conventus (desde Gades a Hispalis, Astigi o Corduba).

Nuestro Viajero pudo ser cualquiera de ellos (un comerciante, un ingeniero, un funcionario…), pero sin duda conocía bien la región de Gades y su entorno, pues de ella procedía. Sabía muy bien cómo era el enorme complejo insular y litoral de Gades, que por entonces también describía Estrabón (Str. III, 2, 4- 6) y cómo se canalizaba una intensísima actividad mercantil en Portus Gaditanus, el nuevo puerto abierto por entonces por L. Cornelio Balbo en el interior del antiguo Sinus Tartesius (la Bahía de Cádiz), en la actual Dehesa de Bolaños, y que ampliaba las viejas infraestructuras del Portus Menesthei de época púnica. Un puerto desde el cual salían hacia Roma parte de los productos requeridos por la annona e ingentes cantidades de cereal, vino, aceite y garum para el consumo de la Urbs.

Desde el puerto de Gades, la comunicación con el interior era, pues, necesaria. Y para llegar hasta Hispalis siguiendo la Vía Augusta – nosotros nos detendremos en Ugia (Torre de Alocaz) – podían presentarse diferentes alternativas, condicionadas por la propia geografía de la época, que, como sabemos, estaba más abierta al mar que ahora, y en donde la presencia de esteros era determinante, sobre todo en torno a las antiguas ciudades turdetanas de Hasta y Nabrissa (Str. III, I, 9). Algo que generaba, por tanto, un paisaje característico, y en el que sería común el transporte de mercancías en pequeñas embarcaciones a través de los arroyos y humedales (G. Chic, 2009), pero en el que no se excluye, por supuesto, una comunicación interior a través de la Vía Augusta.

Y aquí es donde aparecen las dificultades, pues el trayecto de la Vía Augusta entre Portus Gaditanus y Ugia (que por supuesto ya estaba definido en época de Augusto como puede constatarse en los cuatro Vasos de Vicarello) es discutido. Comparto que el trazado “oscuro”de la Vía Augusta es precisamente aquel que se desarrollaría entre Ad Portum (que bien podemos situar en El Tesorillo, como acceso inmediato a Portus Menesthei-Portus Gaditanus) y Torre de Alocaz, donde se sitúa Ugia (J. Caballero, 2012). Este espacio intermedio atraviesa el norte de la provincia de Cádiz, pero deja en medio las incógnitas que aquí quiero tratar: Cómo llegar a Hasta, si el espacio circundante de la antigua colonia es un estero ; cómo se cruzaría entonces el curso del Guadalete, que en la Antigüedad era uno de los brazos del Sinus Tartesius (ámbito, pues, marítimo) y dónde se ubicaría en este entramado el oppidum de Ceret (para lo cual conviene hacerse a su vez otra pregunta: si Ceret fue en su momento una estación aduanera, ¿debe o no situarse en la Vía Augusta?

En el debate sobre el recorrido de las antiguas calzadas romanas, y sobre todo el de aquellas que aparecen reflejadas en el Itinerario de Antonino, siempre han existido diferencias. Un sinfín de estudios en torno a las vías más importantes, como la Vía Augusta o la Vía de la Plata en Hispania (J.M. Roldán, 1973; T. Mañanes y J.Mª Solana, 1985) trataron de unir las diferentes estaciones en función de una lectura literal de las distancias recogidas en el Itinerario de Antonino, que muchas veces no coincidían con la identificación preVía de las estaciones. De ahí que el primer desacuerdo estuvo en que el valor dado a la milla romana no era siempre el mismo, pues los patrones miliarios no son homogéneos en el imperio. Así, de 1481 mts – que Roldán aplica a la Vía de la Plata - pasando por los 1525 mts - que J.Mª Solana aplica a las vías de Castilla –León) hasta llegar incluso a los 1660 mts. Con ello es fácil mover las posiciones de las estaciones en el mapa.

Segunda cuestión: ¿Qué elementos utilizamos para seguir el trazado de las vías oficiales? En primer lugar, los arqueológicos. Además de los restos de empedrado y de los miliarios, se sugiere unir en un mapa aquellos puntos donde existan restos apreciables de villas romanas o alfares, pues necesariamente – y luego discutiremos si el área de Hasta es una excepción- la producción agrícola debe salir hacia estas calzadas, que a fin de cuentas – y coincidimos – están uniendo establecimientos annonarios, fiscalizadores. Y al hacerlo obtenemos generalmente trayectos entre dos estaciones bien conocidas por la epigrafía o por la pervivencia de los topónimos.

La toponimia, pues, es el tercer elemento de apoyo. Y sobre todo para el rastreo de trazados no bien definidos o de calzadas no oficiales. Me explico: no todas las vías romanas tenían la función fiscalizadora que recoge el Itinerario de Antonino y, es obvio, no todos los núcleos de población urbana romanos son los descritos en estos itinerarios. Es más: puede discutirse si la primera función que tuvieron las calzadas fue estrictamente militar, para luego convertirse, con la pacificación de los territorios conquistados, en vías comerciales, o si de hecho existieron las dos fórmulas a la vez, pudiéndose hablar entonces de calzadas paralelas y caminos, que en parte siguen utilizando antiguas vías de comunicación (militar o comercial), vías que pueden rastrearse por la toponimia (cañadas, caminos de herradura, caminos de arrecife, etc.) y esto tanto en el entorno de Jerez como en el resto del imperio romano. Hay que tener en cuenta que desde la afirmación de que la Vía Augusta, a la altura del actual Jerez, se bifurcara en varios caminos para comunicar las zonas productoras (J. Caballero, 2012) estamos hablando de lo mismo, pero esto no supone la modificación del trazado de las calzadas oficiales de los itinerarios.

Desde que en los años 70 del siglo pasado P. Sillieres abriera su investigación acerca del recorrido de la Vía Augusta en la Bética (P. Sillieres, 1977) pasando por los trabajos de R. Corzo (R. Corzo, 1992) se han dado muchas propuestas para su trazado. Pero, en líneas generales, todas ellas han encontrado su dificultad al tratar de unir estaciones con las distancias registradas en los Vasos de Vicarello o en el Itinerario de Antonino. Esto hacía desplazar los trazados más hacia el interior o más hacia la costa. Y aquí topamos con la dificultad de Hasta, pues es un espacio difícil de transitar.

P. Sillieres trabajó con los principios de la arqueometría francesa y, aunque reconocía que las villas prospectadas no se repartían regularmente a lo largo del trazado de su propuesta de la Vía Augusta (la que denominaremos litoral), sí definió su trazado siguiendo sus rastros, y haciéndola pasar por Mesas de Asta, en cuyas proximidades se da una importante concentración de restos. De entre ellos, destacaremos las villas de El Cuervo (Fuente de la Salud, nº 20, y La Torre, nº 21) y las de Espartinas (nº 22) y El Muelle (nº 23). Además, Sillieres advirtió la presencia de una ciudad antigua en próxima Sierra de Gibalbín (un castro u oppidum), desde la que se divisaría perfectamente la calzada. Es el recorrido que, con pequeñas variaciones, sostienen G.Chic (G- Chic, 1981) y R. González (R. González, 1999), que la resuelven a través del Camino de Lebrija (o Carretera de Morabita), para llegar a Mesas de Asta, dejando Gibalbín al este y bajando a la comarca occidental de Jerez por Espartinas y Tabajete para cruzar el Guadalete a la altura de El Palmar del Conde.

La Vía Augusta entre Gades y Ugía
(P. Sillieres, Prospections le long de la Via Augusta, 1977,334)

Con este trazado quedarían unidos los dos esteros, como describe Estrabón (Str. III, 1, 9). Y de este modo se resuelve la unión Ad Portum – Ugia sin olvidar Hasta Regia. Eso si, se entiende entonces que el acceso ad Portum, estaría en las proximidades del Puerto de Santa María. Aquellos que defienden este trazado pueden justificarlo además utilizando el mapa que Fco. Coello diseñó en 1868 para el repertorio del Diccionario Geográfico- estadístico-Histórico que P. Madoz publicaba a mediados del siglo XIX, y que cita estos vestigios de una calzada romana junto a Tabajete. (P. Madoz, 1987)

. Corzo recogía otros argumentos a tener en cuenta: si el entorno de Mesas de Asta era un espacio lacustre –y lo era–, la falta de vestigios de empedrados romanos, frente a lo que Coello decía, se explicaba por si ; de modo que solo podía suponerse que el trazado de la Vía Augusta iba por el interior. Eso si, para corroborarlo habría que llevar las estaciones también al interior, suponiendo entonces que la Hasta del Itinerario de Antonino (que Corzo sitúa en el Cortijo de Vicos) es diferente a la colonia de Hasta Regia (en Mesas de Asta) y olvidando así que Hasta Regia y Mesas de Asta son perfectamente identificables por toponimia y por restos.

En la actualidad, las dos posiciones se han dado como válidas, y de hecho el trazado propuesto por R. Corzo ha sido tomado oficialmente en el proyecto INTERREG La Vía Augusta en la Bética (R. Corzo, 2001). Resultaría ser el trazado más interior de la Vía Augusta y debería unir la estación de Torres de Alocaz (Ugia) con la de Ad Portum (acceso a Portus Gaditanus – Puerto de Menestheo que, compartimos, está en El Tesorillo). En este caso, el trazado sigue el recorrido del Camino Viejo de Espera hacia el Guadalete pasando al este de la Sierra de Gibalbín (y en la antigua Cappa, en Esperillas, habría una estación) y llegando por Mesas de Santiago hasta el Cortijo de Vicos (otra estación, aun por identificar) para cruzar el río en San Isidro del Guadalete (¿una tercera estación?) y desde allí alcanzar El Tesorillo.

Son dos trazados que, al margen del debate sobre la Vía Augusta, están delimitando el Ager Ceretanus. Ese espacio agrario que, extendiéndose junto al antiguo estero de los Llanos de Caulina, alcanzaba hasta la Sierra de Gibalbín. Espacio agrario que precisaba de calzadas para la salida de sus producciones (por el Este y por el Oeste, en las vías descritas), pero que a su vez podría vertebrarse en torno a un camino interior.

Ante la idea de una “bifurcación”de la Vía Augusta (J. Caballero, 2012) podemos convenir que, cruzado el Guadalete (en Cartuja) avanzamos hacia el interior del Ager Ceretanus por Estella del Marqués. El recorrido que nos separa de la siguiente estación, Hasta, sería de 16 millas como se refleja en los Vasos de Vicarello, y según este modelo sería necesario que un ramal se orientase hacia occidente, hacia el litoral, buscando el estero. Una propuesta (J. Caballero, 2012) sugiere el Camino de Albadalejo, cruzando la actual Jerez, algo que no es incompatible con los dos modelos anteriores defendidos por G. Chic o R. Corzo.

Pero tampoco parece incompatible el plantear un trazado interior cuya conexión (Ad) Hastam se hiciera más al norte, en torno a la Sierra de Gibalbín. Para ello, la calzada debería ir bordeando los Llanos de Caulina hasta la Sierra en un recorrido cuyo “vestigio”ha quedado registrado en el siglo XIX con el nombre de Arroyo de Gibalbín (Madoz, VIII, 400), una prueba más del antiguo estero. Y un recorrido en el que, además, se concentra gran parte de los yacimientos arqueológicos que prueban densos niveles de poblamiento desde el Bronce Final (J. Ramos, 2010). A grandes rasgos, el recorrido puede dibujarse hoy por Torremelgarejo, Nueva Jarilla (con El Trobal y La Jara) y el Camino de Romanina hasta las villas de Romanina Alta y La Torre, ya a los pies de la Sierra de Gibalbín. Allí, como veremos luego, pudo darse la bifurcación hacia Hasta.

Yo considero que la Vía Augusta “oficial”, como opina Corzo, no puede desarrollarse en un entorno de esteros, al menos si hemos de entender que una calzada romana conlleva necesariamente una pavimentación, un empedrado. En un ámbito de esteros no siempre sería practicable, bien por la subida de las mareas, bien por las propias adversidades climatológicas. Por ello la alternativa interior (esta otra calzada paralela, oficial o no) es necesaria.

Mapa de F. Coello (P. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico- Histórico de España (1845-1850) Provincia de Cádiz. Se señala en azul el trazado aproximado de la parte del canal que une Hasta Regia (en azul) con la calzada romana (ésta en rojo) y la posible bifurcación a Asta (en amarillo). En verde, la toponimia romana muestra la concentración del poblamiento rural romano
Con todo esto, podemos hacer otra interpretación del mapa de F. Coello (en el que, efectivamente, se destacan los restos de una calzada romana al sur de Tabajete).
Tomemos algunos principios esenciales.
a) Los esteros de Asta y Nabrissa (Str. III, 1, 9; III, 2,2) nos hablan de un paisaje abierto al mar que alcanza hasta, al menos, la Loma de Espartinas y los Llanos de Caulina.

b) Parece que efectivamente existió una comunicación, un canal, entre los esteros de Hasta y el Guadalete, y que físicamente separaría el territorio de la colonia de Hasta de lo que eran las tierras del interior (que identificamos con el Ager Ceretanus ). Por ello, quizás, Avieno (Ora Marítima, 255) hablaba de la insula Cartare.

c) Al este del canal, junto a los Llanos de Caulina, se extendía una calzada interior siguiendo el curso del antiguo arroyo Gibalbín (Madoz, VIII, 400) hasta la base de la Sierra de Gibalbín.

d) El paso hacia Mesas de Asta, donde se ubica la colonia de Hasta Regia, pudo hacerse también en la base de la Sierra de Gibalbín, al enlazarse este camino interior con la calzada litoral que sugiere Sillieres, en las proximidades de El Cuervo y/o Espartinas.

e) Por otro lado, la calzada retomaría su trayecto interior hacia Ugia bordeando la Sierra de Gibalbín por su ladera oriental, hacia la estación de Cappa (Esperillas, Espera), puerta de entrada o salida del Ager Ceretanus. En este caso, el texto de Plinio (N.H.III, 15) invita a pensar que en sus proximidades se encontraba Oleastrum (Ptol. II, 4, 10), elemento que también nos define dónde termina el paisaje agrario del Ager Ceretanus

f) Todo este entramado de comunicaciones forma parte del Ager Ceretanus , presidido al fondo por la Sierra de Gibalbín, donde necesariamente debió de estar el oppidum de Ceret.
Nuestro Viajero gaditano conocía bien, como dijimos, los esteros. Es posible que hubiera ido más de una vez desde Gades a Hasta, porque Hasta era, como Estrabón siempre nos recuerda (Str. III,3,2,2) un punto de encuentro comercial entre el interior y la costa, y en donde los gaditanos hacían negocios, como aquellos que llevaron a Roma a otros gaditanos que, tal vez, también descansaron en las termas de Aquae . También es cierto que este Viaje podría haberse hecho por mar, sobre todo si se llevaban mercancías, pues era más barato y rápido; para lo cual bastaría con cruzar el Sinus Tartesius. Y seguramente, ya en Hasta, es muy probable que el paisaje que vislumbraba estuviese surcado de pequeñas embarcaciones y balsas que transportaban la producción agraria del interior (trigo, vid, aceite) hacia la costa (en donde preferentemente dominaban las salazones).

Quizás también nuestro Viajero había observado durante tiempo cómo este paisaje natural se iba transformando por la acción humana. Porque Roma no sólo creaba asentamientos coloniales para sus gentes: también en sus empresas iban paefecti fabrum y curatores Víarum que, seguramente, fueron alterando el entorno de los esteros con construcciones Víarias e hidráulicas, necesarias- estas ultimas – para el abastecimiento de las ciudades, la comunicación - mediante canales- o la desecación de tierras. Algo que además estaba ya en marcha cuando L. Cornelio Balbo ampliaban la ciudad, la Neapolis (Strt. III, 5, 3) con la ampliación del Portus Gaditanus y las obras de ingeniería para adecuar el Sinus Tartessius al efecto.

En Italia, desde luego, esto ya se hacía desde mucho antes. Y gran parte de los técnicos que llegaron a Hispania para levantar estas infraestructuras lo tuvieron en cuenta (¿nuestro Viajero, por ejemplo?). Allí, conocemos bien la experiencia llevada a cabo en el Ager Tusculanus (Mª:Hernández, 2008): un modelo que se destacó como modelo de colonización dentro de Italia y que seguramente fue exportado para la colonización romana fuera de Italia.

Tusculum, antigua ciudad latina anexionada desde el siglo IV a.C, domina un antiguo paisaje volcánico, hoy parque natural, en torno a la ciudad de Frascati. Fue además, como sabemos, el centro del Ager Tusculanus, una de las primeras unidades administrativas creadas por Roma en su expansión hacia el sur de la península, y que al menos desde el siglo II a.C estaba ya definido en torno a la Vía Latina, una de las grandes arterias de comunicación entre Roma y el sur de Italia.

Roma siempre entendió que aquello que se incorporaba a sus dominios era ager publicus, y por tanto era necesaria esa calzada oficial lo mismo que aquí lo era la Vía Augusta. Pero además, el Ager Tusculanus era un espacio al mismo tiempo residencial y agrícola, que estaba salpicado de villas de las grandes familias senatoriales de Roma. No en vano en Tusculum nació en el siglo III a.C Catón el Censor, que se interesó siempre por estos temas, como quedó reflejado en su tratado De Agricultura, y en su territorio estuvo la famosa villa de Cicerón en la cual éste elaboró sus conocidos diálogos filosóficos (Las Tusculanas) cuando se retiraba para descansar de su actividad política. Estas villas eran fincas de recreo y, por extensión, se llegó a denominar Tusculana a cualquiera de ellas. Por supuesto, siendo como eran fincas residenciales y de recreo de los potentados romanos, sus tierras se dedicaron además al desarrollo de una producción agrícola (en Italia, esclavista) para el consumo de la Urbs. Incluso después de la República el Ager Tusculanus mantuvo su prestigio como zona residencial de una nobleza senatorial que competía con las suntuosas villas levantadas por la propia familia imperial (M. Valenti, 2005).

Pero no sólo había tusculanas. La organización del Ager Tusculanus era más compleja, pues articulaba estas villas como estaciones de un complejo sistema de calzadas con vías oficiales (la Vía Latina) y numerosos caminos transversales, que convertían al territorio en una especie de área suburbana con un intenso tráfico de vehículos, personas y mercancías hacia la capital.

En este paisaje se dibujan tres elementos : las estaciones, cada 8 ó 9 millas,como puntos de posta o lugares para hacer el refresco de las cabalgaduras ; luego, las mansiones, que se sitúan cada 6 ó 8 estaciones, y cuya finalidad era la de proporcionar alojamiento y descanso a los Viajeros, además de ser puntos de comercio para adquirir víveres o mercancías. Pero también en este entramado de comunicaciones era necesario un castrum, un asentamiento militar – ciudadela o fortaleza- que además de lugar de acampada para ejércitos en marcha podía adquirir funciones recaudatorias para el mantenimiento de las necesidades militares. Y Tusculum, la vieja ciudad latina, lo era.



Es más. Para poder ampliar el espacio residencial y agrícola del Lacio, y por ende el trazado de calzadas y saneamiento del Ager Tusculanus, la ingeniería romana tuvo que resolver otros problemas: desecación de pantanos, nivelación de terrenos y canalizaciones de aguas. Conocemos bien el éxito del Lago Albano, que fue rebajado mediante túneles para canalizar sus aguas.(C. Fdez. Casado, 1983).

Jesús Montero Vítores (CEHJ)

Continuará en la próxima entrada

Por tierras de Espartinas, Capita-Arana y Morabita.
Por el antiguo Camino de Lebrija (2).




Siguiendo nuestra ruta por la carretera de Morabita (antiguo Camino de Lebrija) y tras cruzar el Arroyo de Zarpa, el camino inicia un ligero ascenso discurriendo entre el Cerro de Oria (64 m) a la derecha, y el de Espartinas (118 m) a la izquierda. Este vértice es el punto más alto de una suave colina que junto a la Loma de la Compañía, se extiende en dirección norte-sur y separa las marismas de Asta de los paisajes ondulados del pago de Ducha. Estas tierras lo fueron en otros tiempos de olivar, conservándose en distin-tos cortijos torres de contrapeso que atestiguan la presencia de antiguas molinos de aceite. En nuestros días crecen sobre ellas cultivos de secano y algunos viñedos, aunque lo que más llama la atención en las laderas de estos cerros, son las profundas zanjas y cárcavas labradas por la erosión de las aguas llovedizas.

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Para saber más:
(1) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes, 2002. Pg. 258.
(2) Montero Vítores, J.: “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Ceret”. Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez, 2012, CEHJ.
(3) Padilla Monge, A.: La transferencia del poder de Gades a Asido. Su estudio a través de la perspectiva social. Habis, 21, 1990, pg. 249.
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. S. de Publicaciones de la Universidad d Cádiz., 2003, Pg. 96
(5) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 169.
(6) Martín Gutiérrrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg 141.
(7) Martín Gutiérrrez, E. y Marín Rodríguez J.A.: “La época cristiana (1264-1492) en CARO CANCELA, Diego (coord.), Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval, I, Cádiz, 1999, p. 282-283.
(8) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez. En este documento también se mencionan, junto a Capita, los pozos de “Arana”.
(9) Véase a tal respecto el Mapa del IGN Hoja 1034, Lebrija, edición de 1918. También la obra citada en (1), pg. 159.
(10) Citado por Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300. Pag. 263.
(11) Borrego Soto, M. A.: “La alquería de Jarana y los Banu l-Murji”, en Al-Andalus Magreb: Estudios árabes e islámicos, nº 12, 2005, págs. 19-38
(12) Abellán Pérez, J.:, El Cádiz Islámico a Través de sus Textos, 2ª ed., Cádiz, 2005. págs. 74-75. Versión de F.N. Velázquez Basanta.
(13) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, pg. 68.
(14) Moya L.: “Jerez islámico”, en Caro Cancela D. (coord.), Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval, I, Cádiz, 1999, p. 242. Véase también Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural… Págs. 76-77
(15) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural…, pg. 96. Moya L.:Jerez islámico” …, pg. 242.
(16) Moya, L.:Jerez islámico”…, pg. 245.


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