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Una carretera de altura.
De Grazalema a Zahara por el Puerto de las Palomas.




Entre las carreteras secundarias de la provincia nuestra preferida es, sin lugar a dudas, la que une Grazalema y Zahara por el Puerto de las Palomas. A nuestro juicio, muy pocas carreteras se merecen más el calificativo de “paisajística” que la CA-9104, que une estas dos poblaciones serranas después de recorrer algo más de 14 km, subiendo al puerto de mayor altitud de la provincia, el de las Palomas, de 1189 m. El hecho de ser una carretera de montaña, obliga a circular por ella a velocidad moderada lo que añade sin duda un mayor atractivo a nuestra ruta. Y es que, en esto de los viajes, compartimos la opinión de que “recorrer pausadamente el territorio a ritmo constante y regular permite llegar a una especie de armonía con el espacio" (1).



El trazado de la carretera sigue, en muchos de sus tramos, la huella de los antiguos caminos de herradura que unían estas dos poblaciones serranas (Vereda de La Camilla, Camino de las Lomas, Camino del Pinar…), atravesando una de las zonas más montañosas y abruptas de la serranía y abriéndose paso por las laderas rocosas de la Sierra del Pinar, Las Lomas y Monte Prieto.

A pesar de las precauciones que exigen sus tramos más sinuosos, la CA-9104 constituye un itinerario privilegiado desde el punto de vista paisajístico. En este sentido, el recorrido de esta infraestructura viaria se caracteriza por ofrecer significativas panorámicas sobre destacados ámbitos y referentes paisajísticos de las provincias de Cádiz y Málaga, entre los que destacan las sierras de Grazalema, Ronda y las Nieves.



El ascenso y posterior bajada del Puerto de las Palomas constituyen en términos escénicos los puntos álgidos del recorrido, ofreciendo alobservador destacadas panorámicas sobre el embalse de Zahara, las moles calizas de la Garganta Verde o las sierras de Algarín y Malaver” (2).

Nos gusta esta “carretera con encanto” tanto si la recorremos de Grazalema a Zahara -disfrutando de las vistas de la Ribera de Gaidovar y de las Mesas de Ronda en el ascenso-, como si lo hacemos desde Zahara a Grazalema. En este caso, no deja nunca de sorprendernos, al iniciar el recorrido, sus empinadas rampas contra las que se miden los ciclistas (3), su trazado serpenteante por la ladera de la montaña, donde se divisan a lo lejos, como un muro almenado, los quitamiedos encalados que nos recuerdan a una “muralla china” en miniatura.

Y es que, si los paisajes que se ofrecen al viajero son excepcionales, la propia carretera es también una obra singular, bien integrada en su entorno. Así se juzga en la mejor publicación sobre carreteras y paisaje afirmándose de ella que su trazado es especialmente respetuoso con los condicionantes impuestos por la topografía. Sus características geométricas y de diseño de los movimientos de tierras y los elementos constructivos (muros de contención, barreras rígidas) favorecen la incorporación de la carretera a los distintos ámbitos escénicos con los que interactúa a lo largo de su recorrido.



No obstante, en determinados tramos, fundamentalmente los que serpentean por las vertientes más abruptas, la presencia de los pretiles encalados de mampostería o los muros de contención encachados que sostienen lateralmente la plataforma remarcan la presencia de la carretera en el conjunto de la escena.” (2)

Una carretera con historia.



Grazalema, que llegó a ser conocida como “Cádiz la Chica” en los tiempos en los que contaba con 8.000 habitantes y sus mantas eran conocidas en todo el país, vio como a mediados del s. XIX su industria artesanal comenzó a decaer, entre otras razones, por la competencia de los telares catalanes y las grandes limitaciones que la orografía imponía para la salida de su producción a los mercados provinciales y nacionales. Ginés Serrán Pagán ha planteado en diferentes trabajos (4) como la falta de una red de comunicaciones adecuada y los elevados costes del transporte tradicional, se encuentran también en la base del declive industrial de Grazalema durante la segunda mitad del siglo XIX. Y es que en esa época, más allá de los caminos de herradura que la unían con los pueblos de su entorno, ninguna carretera llegaba aún hasta esta localidad serrana, como describen, con todo detalle Luis Ruiz Navarro y Diego Martínez Salas en un magnífico artículo sobre los antiguos caminos de Grazalema (5).



No es de extrañar por ello que la gran aspiración de los grazalemeños durante décadas fuese la construcción de un enlace con la carretera de Jerez a Ronda, en la zona del puerto de Montejaque. La Memoria de la Diputación provincial de 1886, ya da cuenta de la conclusión de los estudios para su realización y casi veinte años después la Revista de Obras Públicas informa como dan comienzo las obras de esta carretera, en 1905, dentro del Plan de Obras Extraordinarias destinadas al “auxilio de la crisis agraria y alivio de la clase obrera” (6). Las conexiones por carretera con el resto de poblaciones colindantes (Villaluenga, El Bosque, Benaocaz, Ubrique y Zahara) tendrían que esperar todavía varias décadas.

En el caso concreto de la carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas, existe el “mito” de atribuir su construcción -como el de otras obras públicas singulares y “antiguas”- a la época de Primo de Rivera. Sin embargo, hemos de decir que, aunque no tenemos datos fehacientes del momento exacto de su inicio ni de su finalización, esta carretera fue realizada por tramos a lo largo de casi cuarenta años. Un testimonio de primer orden lo aporta el ingeniero de minas y geólogo Juan Gavala Laborde quien en su Descripción Geográfica y Geológica de la Serranía de Grazalema (1917) se lamenta de la escasez de vías de comunicación entre los pueblos de la sierra gaditana: “En la actualidad sólo tres de estos pueblos están enlazados por carreteras a la red general: El Bosque, Ubrique y Grazalema... En El Bosque termina una carreta que arranca de Arcos, y en Grazalema termina otra que parte de la de Jerez a Ronda en el Puerto de Montejaque.” En relación a la carretera que nos ocupa, este autor aporta valiosas referencias sobre las que se encuentran en proyecto y las que han iniciado ya sus obras: “En construcción se encuentran otras varias. La que arranca de la de Jerez a Ronda frente a Zahara, y que pasando por este pueblo seguirá hasta Grazalema, está casi terminada hasta el Puerto de los Acebuches. Esta carretera pasará en su día por el puerto de Las Cumbres y seguirá hacia el Puerto del Boyar para enlazar con otra proyectada entre Grazalema y El Bosque, pasando por las huertas de Benamahoma” (7).

A decir de Gavala, ese primer proyecto inicial hubiese hecho trazar la carretera por el Puerto de las Cumbres –no por el de Las Palomas- siguiendo el trazado del Camino de las Lomas. En todo caso nos apunta un dato de gran interés: en 1917 ya está casi concluido el acceso hasta el Puerto de los Acebuches. Entendemos que en las obras de este primer tramo primarían también los intereses de los grandes propietarios de fincas forestales y, en especial, los de la Dehesa de El Pinar, donde se talaron miles de pinsapos que no pudieron después sacarse de la zona por falta de caminos adecuados (7). Esta carretera era vital para acceder a la citada finca y queremos pensar que la explotación del bosque de pinsapos, iniciada en la década de los 20 del siglo pasado, se salvó por la lentitud de las obras.



La carretera: un riesgo para el pinsapar.

Sea como fuere, lo cierto es que durante los años siguientes no se deja de trabajar en la carretera que ya está “casi terminada” a juzgar por el testimonio que nos aportan los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños, cuando en 1928 visitan la Sierra de Grazalema en los trabajos de campo de elaboración de su Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz, que vería la luz en 1930. En el capítulo dedicado al estudio de los pinsapares, elogian la decisión del Estado de adquirir las masas forestales de la Sierra de las Nieves en Ronda y escriben que “no han faltado plumas que aboguen por que se haga lo mismo con el del “Pinar”; se fundan en que se visita con menos molestias, que se reducirán todavía mucho con la carretera, hoy casi terminada, enlace de Grazalema con Zahara por Monte Prieto, ruta que al facilitar los transportes da más valor a la madera, y por tanto, constituye un serio peligro, en el actual estado de nuestra legislación, para conservar ese arbolado que pertenece a una propiedad particular” (8).



Esta preocupación por los posibles efectos negativos de la carretera sobre la futura explotación del pinsapar es también compartida, unos años después, por el entomólogo forestal A. Barbey. Nieto del célebre botánico Edmond Boissier (quien catalogó para la ciencia el pinsapo), visita el pinsapar a finales de la década de los 30. En 1931 publica su libro A travers les Forêts de Pinsapo d´Andalousie, en el que aporta valiosas pistas sobre la carretera al puerto de las Palomas que se halla en construcción en su tramo inicial. Camino del Puerto de las Cumbres para acceder al pinsapar, Barbey sale de Grazalema y escribe: "...sobrepasadas las últimas casas de Grazalema, se llega a una cantera a lo largo del camino en plena construcción. Averiguamos que esta nueva arteria, de carácter estratégico, parece destinada a enlazar Grazalema con Zahara. Nuestros colegas, los Sres. Ceballos y Bolaños, no están tranquilos frente a los posibles efectos desastrosos que podría conllevar la creación de esta calzada que debe pasar al pie de Monte Prieto, o sea, no muy lejos de la base del pinsapar del Pinar. Es innegable que la excentricidad de este macizo y la extrema dificultad de extraer de él los producto leñosos, han asegurado su conservación” (9).

En la década de los 30, la carretera no estaba aún concluida. Así se desprende del relato que Ramón Fiol, médico jerezano y ateneísta, hace de una excursión en automóvil por la Sierra de Cádiz desde Jerez. Tras un alto en Grazalema después de visitar Ubrique, Benaocaz y Villaluenga, prosigue el viaje hacia Zahara, al no haber otra alternativa, por la carretera que conduce al Puerto de Montejaque: “Son las cinco de la tarde. Por aquellas alturas no molesta el rigor de nuestro Padre Helios, y por tanto, tomaremos puesto, de nuevo, en las entrañas de nuestro «monstruo de acero», que cauto y fiado en el poder de sus frenos, descenderá de Grazalema hacia la bonita gruta de la Virgen de Lourdes que veremos al pasar y llegaremos después de 13 kilómetros por la sierra del Endrinal, de pintorescas perspectivas a la carretera general de Jerez a Ronda en su kilómetro 99” (10).



La carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas continúa en obras y progresaba a duras penas. Así, por ejemplo, en 1933 se paraliza su construcción por una huelga de obreros. En diciembre de ese mismo año “se aprobaba el proyecto reformado de la carretera de Grazalema a la de Jerez por Zahara, trozo primero, con un adicional de 117.000 pesetas” (11).

Durante los 40, terminada la guerra, prosiguen los trabajos que se concluyen a comienzos de los 50. El célebre antropólogo inglés Julián A. Pitt-Rivers quien entre 1949 y 1952 realizó prolongadas estancias en Grazalema (para las investigaciones de campo de su conocido libro “Un pueblo de la Sierra” que publicaría en 1954) da pistas claras de que la carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas todavía no está terminada y que para llegar hasta esta localidad serrana hay que dar un gran rodeo por el “valle” (la Ribera de Gaidovar) : “Zahara está a sólo 16 km. de Grazalema en línea recta, pero por carretera hay más de 30, pues desciende el valle, rodea el pie de la montaña y luego sube a Zahara” (12).



Uno de los primeros testimonios escritos del recorrido completo de esta carretera lo aporta el geógrafo francés Jean Sermet, quien visita a comienzos de los 50 distintos rincones de la geografía andaluza en preparación de su libro “La España del Sur”, cuya primera edición se publicará en Francia en 1953. Sermet, quien deja también recuerdo en sus escritos del puente viejo de Zahara, parte de esta población hacia Grazalema por una carretera recién “estrenada” y escribe: “Una carretera de vértigo parte de Zahara y, suspendida en balcón cerca de la cumbre de la montaña, conduce en catorce kilómetros hasta Grazalema, pueblo completamente blanco, de calles empinadas, en el seno del macizo subbético que lleva su nombre” (13). Ya no cabe ninguna duda: nuestro viajero ha tenido el privilegio de ser de los primeros en pasar por el Puerto de las Palomas a bordo de su automóvil, aunque en su camino la vegetación es escasa y se aprecian aún las cicatrices de la obra, como atestiguan las imágenes aéreas que se tomarán poco después, en el conocido Vuelo Americano de 1956, y donde la carretera se muestra ya en su actual trazado.



Si ustedes aún no conocen esta carretera paisajística, esta auténtica “carretera con encanto”, no dejen de recorrerla, deteniéndose en sus miradores. Y si ya han tenido la suerte de transitarla y de disfrutar de las vistas y del paisaje, ya saben que la primavera es el mejor momento para repetir el paseo. Que ustedes la disfruten.



Ahora que ya conocen la historia de esta carretera, en la próxima entrada, si lo desean, pueden acompañarnos en un recorrido por sus paisajes.


Para saber más:
(1) Andrzej Stasiuk (2008): De camino a Bagdad, Barcelona, Ed. Acantilado. Citado en VV.AA…. pg. 14
(2) VV.AA.: La carretera en el paisaje: criterios para su planificación, trazado y proyecto. Centro de Estudios Paisaje y Territorio. Consejería de Obras Públicas y Transportes, Junta de Andalucía. Sevilla, 2008. Págs. 181-184.
(3) Morente, J.: En bicicleta por la Sierra de Cádiz (III). Los grandes Puertos. Publicado en Sierra de Cádiz. Com. El portal de la Sierra de Cádiz en internet.
(4) Serrán Pagán G.: El toro de la Virgen y la industria textil de Grazalema. REIS 5/79, pg. 119-135. Véase lo expuesto en las págs. 131-132. También las referencias que este mismo autor aporta sobre la construcción de la carretera Grazalema-Puerto de Montejaque en la nota 7, pg. 97 de: La fábula de Alcalá y la realidad histórica en Grazalema. REIS 9/80, pg. 81-118.
(5) Ruiz Navarro, L. y Martínez Salas, D.:De los antiguos caminos de Grazalema al primer accidente de tráfico”, Blog Raíces de Grazalema,
(6) Revista de Obras Públicas, 1905, tomo 77 pág. 232.
(7) Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918. Pág. 30. Gavala da cuenta de cómo un explotador de montes taló 15.000 árboles cuya madera no pudo después extraer por las dificultades para el transporte. (Pg., 11).
(8) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio Ambiente, 2000. Pág. 98
(9) A. Barbey.: A través de los bosques de pinsapo de Andalucía. Trad. Fernando Díaz del Olmo. Ed. AMA. Consejería de Medio Ambiente. Sevilla, 1996, Pág. 109.
(10) Ramón Fiol: Jerez, centro de turismo. El circuito de la Sierra. Revista del Ateneo, Año IX, nº 59, Pg. 79. Jerez, 1932.
(11) Santiago Moreno Tello (Ed.): La destrucción de la Democracia: Vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz. Vol. 1. Consejería de Gobernación y Justicia. Junta de Andalucía y Diputación de Cádiz, 2012. Pág. 497
(12) Julián A. Pitt-Rivers: Un pueblo de la sierra: Grazalema. Alianza Universidad. 1989, Pg. 14.
(13) Jean Sermet: Espagne du Sud. Ed. Arthaud. París, 1953. Pg. 259. La traducción es nuestra.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Paisajes de una carretera de altura. De Grazalema a Zahara por el Puerto de las Palomas, Carreteras secundarias, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/03/2016

Las “costas de Jerez”.
De “marisqueo” por Vallesequillo y la Hoyanca.




Estos días luminosos de junio, antesala del verano que se presiente ya muy cerca, invitan a pasear por la costa. Así que, sin pensarlo dos veces, hemos aprovechado la mañana del domingo para llegarnos a ese litoral marino que tenemos al lado de casa y, de paso, ejercitarnos en las artes del “marisqueo”. Para ello no ha sido preciso salir de la ciudad y el lugar elegido no ha podido ser más apropiado, ya que hemos vuelto con una cesta llena de los más variados productos del mar. Sólo había un problema: frescos, lo que se dice frescos, no estaban. Y es que algunas de las piezas recolectadas tenían ya… varios millones de años. Sí, han leído bien, algunos millones de años ya que se trata de moluscos depositados en el Plioceno cuando las “costas de Jerez” se encontraban en las laderas de Vallesequillo, de Cerrofruto y de las “hoyancas de San Telmo.

Aquí no hay playa… pero la hubo.

Una creencia popular muy arraigada que cuenta también con numerosas referencias en la historiografía tradicional jerezana, sostiene que la pequeña elevación sobre la que se alza el alcázar y una buena parte de la ciudad, estuvo bañada en épocas pretéritas por la “madre vieja del río Guadalete” y aún por el mar. Se apunta también que otros esteros cercanos a la ciudad conectaban con las marismas de este río a través de El Portal. El topónimo de “Playas de San Telmo” contribuye a alimentar esa creencia que, cuando menos parcialmente, está fundamentada en un hecho cierto: en la antigüedad el estuario del Guadalete no estaba cubierto por los sedimentos que hoy rellenan las marismas de Doña Blanca y su desembocadura se hallaba próxima al actual puente de Cartuja. Una parte de los Llanos de la Ina estaban también inundados y los esteros penetraban tierra adentro, por el cauce del arroyo del Carrillo hasta Espantarrodrigo, por el del Salado hasta los Llanos de Caulina y por el del antiguo Guadajabaque, desde El Portal, hasta las cercanías de la actual zona comercial de Luz Shoping y Área Sur. Una idea aproximada de cómo pudieron ser estas “costas de Jerez” la encontramos en los mapas trazados a mediados del siglo pasado por el prestigioso ingeniero de minas Juan Gavala Laborde, en ellos se muestra la evolución de los estuarios del Guadalquivir y el Guadalete al terminar su excavación y su posterior relleno con depósitos aluviales en época histórica (1). En ellos queda ya patente, como en la protohistoria, el mar inundaba las tierras situadas en las cotas bajas en torno a Jerez.

El profesor Juan Abellán nos informa de las pesquerías medievales en el Guadajabaque, topónimo de origen árabe que significa “el río de las redes” (2). Uno de nuestros historiadores más renombrados, Fray Esteban Rallón, recoge también un interesante testimonio sobre esta imagen Jerez como una ciudad bañada por los esteros: ”… mirada por la parte del mediodía está en una eminencia sobre una barranca, al pie de la cual está la madre vieja que fue del río Guadalete, cuya cercanía convidó con sus aguas a los vándalos que la trasladaron de Hasta para elegirle por sitio si bien hoy se halla, como dijimos, privada de sus comodidades por la razón que allí tocamos de haber el río mudado su corriente y, apartándose distancia de media legua, causando no pequeña incomodidad a sus habitadores en la parte del comercio que se funda en la navegación”. (3)

Otros historiadores como Mesa Xinete o Martín de Roa también se han referido en sus escritos a este Jerez rodeado de esteros, como lo ha hecho Bartolomé Gutiérrez quien en el capítulo V de su "Historia del estado presente y antiguo, de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera”, al ocuparse de la descripción de los ríos del termino de Jerez, hace numerosas e interesantes observaciones geográficas, algunas de las cuales tratan de demostrar esa repetida tesis de la historiografía más tradicional que sostiene que Jerez, en tiempos históricos, estuvo bañada por el mar, o cuando menos, por un brazo de las marismas en conexión directa con los estuarios del Guadalquivir y el Guadalete. Aunque Gavala y Laborde rechazó “de modo terminante” en su Geología de la Costa y Bahía de Cádiz (1959) la conexión en tiempos históricos de ambos estuarios a través de los Llanos de Caulina, quedan abiertas otras posibilidades, tal como ha publicado en un interesante trabajo sobre “Los canales de Jerez”, Alberto M. Cuadrado Román, cuya lectura recomendamos (4)

Por “las costas de Jerez”.

Dejando a un lado estas referencias históricas que apuntan esa cercanía del mar bañando “las puertas de Jerez”, lo cierto es que la Geología nos habla de una línea de costa en las en las proximidades de la ciudad… pero hace varios millones de años. Así, es sabido que durante la época geológica conocida como Plioceno (entre 5 y 1,5 millones de años atrás, aproximadamente) se produce una gran transgresión marina que en nuestro territorio hará penetrar el mar hasta Arcos y San José del Valle, ocupando también buena parte de los alrededores del actual Jerez. En muchos lugares se depositarán sedimentos arenosos y lumaquelas (conglomerados de conchas de moluscos) de carácter litoral, prolongándose este periodo durante el Plioceno Inferior y Medio. Durante el Plioceno Superior el mar se encuentra ya en franca regresión y ocupará sólo una estrecha banda más o menos paralela a la línea de costa que conocemos en la actualidad, formándose en algunos territorios del interior (El Cuervo, Lebrija, Mesas de Asta) zonas lacustres aisladas sin comunicación con el mar. Como consecuencia de estas entradas y retiradas del mar se depositaron en numerosos puntos en los alrededores de Jerez, los típicos sedimentos litorales de arenas y limos arenosos, así como los típicos conglomerados formados por las valvas (conchas) de numerosas especies de moluscos marinos, especialmente óstreidos y pectínidos (5). Y algunos de estos restos fósiles son los que hemos “mariscado” hace unos días en las cercanías de Vallesequillo, Cerrofruto y San Telmo. Pero mucho antes que nosotros, un curioso y erudito sastre jerezano, el conocido historiador Bartolomé Gutiérrez ya había estado por estos mismos lugares y también había realizado notables observaciones.

Bartolomé Gutiérrez y las “conchas marinas” de la Hoyanca.

Cuando en 1787 termina de escribir su Historia de Jerez la geología no existe todavía como ciencia y la estratigrafía o la paleontología están dando sus primeros pasos. No es de extrañar por ello que las observaciones geográficas y fisiográficas de nuestro erudito local busquen apoyo en la autoridad de los textos clásicos (Estrabón, Ptolomeo, Pomponio Mela, Plinio…). Sin embargo, a diferencia de otros historiadores locales que le precedieron en los siglos anteriores, Bartolomé Gutiérrez apunta también hipótesis y conjeturas que fundamenta en datos que extrae de la observación directa, y, como en el ejemplo que hoy traemos, de lo que él mismo estudia en sus recorridos por los alrededores de la ciudad. Dejemos que nos cuente lo que, en el último tercio del siglo XVIII, ve en un corto paseo por el “camino alto de las Puertas del Sol”, en los bordes de la “Hoyanca de San Telmo” o por el camino que conduce a la “huerta de Geraldino, tal como puede leerse literalmente en el capítulo V de su obra:

De más envejesida memoria consideramos el arroyo que oy tiene el nombre de Guadaxavaque, conservando en el idioma arábigo la denominación de Rio que, aunque este corre ahora por lomas bajo de las Playas y cercano á las marismas de torroy, en aquellos siglos venía circundando la vecindad de los muros y rodeaba el circuito por la ensenada que ay sobre la hoyanca de San Telmo, sobre el cerro del fruto, de que son buenos testimonios en lo presente, los infinitos rastros de conchas marinas, de ostras, caracoles de mar, almejas, ostiones y otros desperdicios que, vaciados de comidas, desarmados de su fábrica y amontonados sobre aquellos cerros, hazen gran cantidad de su elevación y componen profuso espacio de paredes, solo mazisadas de estos fragmentos que son propios de costas de mar ó rios de semejante pezca, venlos todos mas no todos reparan en ellos para reconocer su orígen; en el camino alto de las puertas del Sol se hallan muchos bien debajo de la superficie de su elevación y mui profundos y continuos con sucesión quasi interminable, en los derrumbios que hazen los desagües del camino de la huerta llamada de Geraldino, donde la curiosidad puede ejercitar la admiración contemplando la abundancia y su motivo”. (6)

Nuestro historiador, al observar los restos de conchas marinas que se acumulan en las cercanías de la ciudad, en esa “línea de costa” que configuran los cortados de la Hoyanca de San Telmo, Cerro Fruto y las faldas del camino de Geraldino, concluye que son la prueba evidente de que en tiempos pasados el mar estuvo ahí, “en la vezindad de los muros”. Y describe, con cierto detalle, como pudo hacer un pionero de las ciencias naturales, las especies que encuentra. Si tenemos en cuenta que en los albores de la geología, en pleno siglo XVIII, científicos que gozaban de reputado prestigio sostenían que los “fósiles” no correspondían a criaturas extinguidas sino que habían sido fruto de la “creación”, valoraremos aún más las observaciones que apunta Bartolomé Gutiérrez en 1787.



Hemos vuelto a recorrer estos mismos lugares, y de nuevo nos hemos adentrado por “el camino alto de las Puertas del Sol”, la actual zona de Estancia Barrera, aprovechando que las obras de una reciente promoción de viviendas y la adecuación de varios viales permiten observar los cortes del terreno. Hemos paseado por el camino de las Huertas de Geraldino (por la Hijuela de Pinosolete) y hemos bajado por uno de los “desagues” que menciona Bartolomé Gutiérrez, y buscado entre sus “derrumbios” los restos de moluscos marinos que citaba el historiador.

En la zona trasera de “Talleres Ramos”, puede descenderse hasta las proximidades de las vías del ferrocarril y allí, o en cualquiera de los cortados existentes en Vallesequillo, Estancia Barrera o en San Telmo, por donde discurría la traza del ferrocarril de Bonanza, pueden observarse en los estratos de arenas gran cantidad de restos de moluscos marinos. Se trata, como ya se ha dicho de los materiales fueron depositados durante la transgresión marina que tuvo lugar durante el Plioceno, en la que el mar llegó a los pies de Jerez, penetrando también por los Llanos de Caulina. Por aquí y por allá pueden verse los mismos restos de moluscos que, de una u otra forma, menciona nuestro historiador en el siglo XVIII. Allí, y en otros muchos lugares de nuestros alrededores, siguen estando bien visibles, pero como entonces sucedía “venlos todos mas no todos reparan en ellos para reconocer su orígen”.

Pero esta vez, haciendo caso a sus indicaciones, nos hemos detenido en este lugar para observar los restos de conchas marinas “donde la curiosidad puede ejercitar la admiración contemplando la abundancia y su motivo”. Y hemos recogido sólo algunas de las muchas muestras que allí se encuentran de conchas bivalvas pertenecientes a moluscos marinos de los géneros Pecten (parecidas a las vieiras), Cardium (que recuerdan a las actuales almejas y berberechos), Ostrea (ostras) o Pectunculus (bivalvos de gran tamaño)… que se cuentan entre los más representados. No faltan tampoco ejemplares de otros géneros como Chlamys (que se asemejan a pequeñas “conchas de peregrino”), Anomia (de delicadas conchas finas y amorfas con tonos iridiscentes), Monia (especie de mejillon de concha irregular), Gryphaea



Por todas partes el observador curioso encontrará restos fósiles bastante bien conservados que nos recordarán a los actuales ostiones, lapas, ostras, almejas, vieiras…esos mismos que describía en 1787 Bartolomé Gutiérrez y que más de doscientos años después les mostramos en las fotografías.

Para saber más:
(1) Juan Gavala y Laborde (1959): Geología de la Costa y Bahia de Cádiz. El Poema Ora Maritima de Avieno. Diputación de Cádiz. Ed. Facsimil. 1992. p. 71 y mapas.
(2) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. P. 145
(3) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. IV, p. 127.
(4) Alberto Manuel Cuadrado Román.: Los canales de Jerez. Revista de Historia de Jerez, nº 14-15, 2008-2009, pp. 67-90
(5) Mapa Geológico de España. Hoja 1.048. Jerez de la Frontera. Instituto Geológico y Minero de España. 1988. Pp, 20-21 y 33.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsimil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol I P. 48-49

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 15/06/2014

 
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