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50 años de azucareras y maños en Jerez




A los maños y azucareros de Jerez.

El pasado 9 de octubre, día de San Dionisio, tuvo lugar la entrega anual de los premios Ciudad de Jerez que este año distinguían con su Premio Especial, a los trabajadores aragoneses de las azucareras, con motivo del 50 aniversario de su llegada a nuestra ciudad. Sirvan estas líneas como homenaje a la “comunidad maña” y a todos los azucareros.

Una historia que comienza hace más de un siglo.

Por elegir una fecha relevante, la historia de las azucareras en Jerez (1) puede empezar a contarse a partir del 15 de noviembre de 1897, cuando la Gaceta de Madrid anunciaba la subasta pública para la “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”. Con un presupuesto inicial de 1.227.968 pesetas, este proyecto tenía como finalidad la construcción de una presa o azud en el “Vado de los Hornos” -lugar que acabaría siendo conocido como “La Corta”-, para poner en riego las vegas cercanas a El Portal (2).



Toda la comarca, y en especial la ciudad de Jerez, atravesaba entonces por una grave crisis marcada por el paro y los conflictos sociales que se había visto acentuada por la plaga de filoxera, desatada en 1984, y que terminaría por arruinar en poco tiempo todo el viñedo. No es de extrañar por ello que en estos años se alzaran voces pidiendo buscar alternativas al monocultivo de la vid.

Las propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término (3). La construcción del Pantano de Guadalcacín, que habría de esperar aún más de una década, estuvo precedida por una iniciativa más modesta: los regadíos, de unas 2000 hectáreas, en las vegas de los Villares, El Torno, las Quinientas, El Palmar y El Portal. Promovida por la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete (4) supuso la construcción del azud de La Corta, una estación elevadora a vapor y una amplia red de canales y acequias para poner en riego 2000 hectáreas (5). En definitiva “un proyecto netamente modernizador de carácter agroindustrial que significaba un cambio muy apreciable” (6). Y todo con el propósito de introducir en las vegas del Guadalete el cultivo de la remolacha, para lo que se levantó también la primera fábrica de azúcar de nuestra provincia, la Azucarera Jerezana, en El Portal.

Iniciada su construcción en 1899, la vida de aquella azucarera fue muy corta. Pese a la puesta en regadío de una amplia vega, el contenido en azúcar de la remolacha cultivada ofrecía bajos porcentajes. El auge de esta industria en otras zonas del país (Zaragoza, León, Granada…) (7) y las dificultades económicas de la Sociedad promotora llevaron al cierre de la factoría en 1906 (8). La nave central y muchas de sus dependencias aún siguieron en pie durante varias décadas, sufriendo en algunas ocasiones, las crecidas del Guadalete que inundaban parcialmente sus instalaciones. Su maquinaria fue desmontada progresivamente y vendida a otras azucareras que, en esos años, habían iniciado también su andadura o realizaban ampliaciones.



Y aquí, en una de esas curiosas idas y venidas de la pequeña historia de las azucareras entra en juego un técnico mecánico, D. Nicolás Moliner Gallego, a quien encontramos en el mes de noviembre de 1919 desmontando en El Portal una de estas máquinas de la Azucarera Jerezana para trasladarla a la Azucarera del Jalón, en Épila (Zaragoza), donde trabaja. Su hijo, Salvador Moliner Ortega –quien se empleará años más tarde en la misma empresa- nacerá en Jerez durante la estancia temporal de su familia que regresará, cumplida la tarea, a la localidad aragonesa. Cincuenta años después, por esas paradojas de la vida, la Azucarera de Épila se cerrará y parte de su maquinaria se desmontará para ser trasladada a la nueva Azucarera de Jédula.

Arruinadas sus techumbres, la vieja Azucarera Jerezana mantiene aún en pie sus viejos muros. Las elegantes arcadas de ladrillo de su nave central y los restos de almacenes y dependencias, resistieron más de medio siglo para ser testigos de la vuelta de la industria azucarera a Jerez. Veamos a grandes rasgos como sucedió.



La vuelta de las azucareras a Jerez: medio siglo atrás.

Tras el abandono casi en su totalidad del cultivo de la remolacha en los campos gaditanos, será partir de los años 50 cuando vuelve a aparecer para sustituir parcialmente al algodón en los secanos de la provincia. Los agricultores que se aventuran de nuevo con este cultivo se ven obligados a transportar la remolacha a las azucareras de Granada (provincia que desde 1878 fue



pionera en estas industrias), a la sevillana de Los Rosales o a la cordobesa de Villarubia. Muchas son las voces que a lo largo de estos años insisten en la necesidad de construir una azucarera en Jerez, destacando sobre todas ellas las de Fermín Bohórquez Gómez, impulsor de la azucarera de Guadalcacín (9).

Así las cosas, el panorama cambiaría cuando en 1965 la compañía Ebro adquiere en Pozoalbero, junto a la pedanía de Guadalcacín, una finca de 33 hectáreas para construir una planta azucarera ante el empuje del cultivo en la provincia. Habría que esperar para ello a 1967, año en que se autorizó el cierre y el traslado de la Azucarera del Gállego (Zaragoza). Procedente de esta planta, en ese eterno ir y venir de los ingenios industriales sobre el que ya hemos hablado, llegó a Guadalcacín buena parte de su maquinaria (secaderos de pulpa y azúcar, calderas, molinos, tachas...), si bien la flamante instalación fabril, conocida primero como de Guadalcacín y desde 1969 como “Azucarera de Sevilla”, se dotaría de nuevos equipos que la convertirían en la más moderna y la de mayor capacidad de molturación de su época. En poco más de un año, Guadalcacín vio levantarse la planta azucarera que fue inaugurada el 9 de julio de 1968 por el ministro de Industria, D. Gregorio López Bravo, y el alcalde de Jerez D. Miguel Primo de Rivera. Ese mismo verano realizó ya su primera campaña de producción molturando casi 300.000 toneladas de remolacha a razón de 4.000 de media diaria. Todo un récord para la época. (10)



Al año siguiente, en 1968, Jerez contaría con una nueva factoría, la Azucarera del Guadalete, instalada en el flamante Polígono Industrial “El Portal”, junto a la vía férrea. Perteneciente a la Sociedad General Azucarera, la planta se creó tras el cierre y el traslado de la azucarera oscense de Monzón de Cinca, así como de otras pequeñas azucareras del Valle del Ebro, muchos de cuyos trabajadores, como sucedió con la de Guadalcacín, se vieron obligados a trasladarse a Jerez. Su primera campaña de molturación, en 1969, vino acompañada por el gran crecimiento de los cultivos de remolacha en todos los rincones de la campiña. Hasta 203 trabajadores, trasladados de otras azucareras del país, formaron su plantilla en la que no faltaron los maños de Monzón de Cinca (24 trabajadores), Alagón (7 t.), La Puebla de Híjar (3 t.) o Zaragoza (15 t.). La historia de esta azucarera ha sido objeto del interesante libro del historiador, investigador y azucarero Manuel Ramírez López, “Azucarera de Guadalete. 50 años en Jerez” un trabajo indispensable al que remitimos a los lectores para conocer la evolución del sector azucarero en Jerez (11).



El triángulo de las azucareras se cerraría un año más tarde con la construcción de una nueva planta en Jédula a la que llegaba un ramal del antiguo Ferrocarril de la Sierra que, aunque nunca llego a funcionar, estuvo activo hasta esta fábrica. La Azucarera de Jédula, perteneciente a la Compañía de Industrias Agrícolas (C.I.A.), inició su construcción a lo largo de los años 1968 y 1969 y llevaría a cabo su primera campaña en 1970. Una parte importante de su maquinaria y de su plantilla, procedía de la Azucarera del Jalón, industria pionera en España que había iniciado su andadura en 1904 en la localidad zaragozana de Épila y que fue hasta su cierre el mayor complejo industrial azucarero del país con una plantilla que llegó a contar con 1400 operarios. Desde Épila y la cercana localidad de Lumpiaque, casi cien familias se trasladaron a residir en Jerez formando una de los más nutridos grupos de maños de Jerez.



Azúcar amargo: de la época dorada al cierre de azucareras.

Las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado son también las del auge de la remolacha y de las azucareras en las campiñas gaditanas. Son los años en los que el cultivo alcanza su mayor expansión, llegando a superar en sus momentos culminantes las 50.000 hectáreas de superficie, que situaban a la provincia de Cádiz a la cabeza nacional llegando a concentrar el 25% de la



producción española y el 60% de la andaluza (12). En esta “época dorada” de las azucareras, las producciones de remolacha provienen por orden de importancia, de los términos de Jerez, Arcos, Medina, Vejer, Conil y Villamartín, recibiéndose también de municipios de la provincia de Sevilla. En estos años de gran producción llegó incluso a proyectarse la ubicación de una nueva planta en el cruce de Las Cabezas. Sin embargo, el mismo Estudio apunta ya problemas preocupantes en la década de los 80: “El exceso de oferta existente, tanto a nivel nacional como europeo, hace que este cultivo, de gran trascendencia en la economía gaditana, se encuentre contingentado, fijándose objetivos de producción a nivel nacional mediante cupos. participa en un 15%-20% de la producción nacional de remolacha, consiguiéndose actualmente, y a través de múltiples negociaciones cupos extras, incluso en detrimento de los de otras provincias” (13).

Las azucareras y el cultivo de la remolacha trajeron trabajo y prosperidad, pero también hubo contrapartidas negativas derivadas, fundamentalmente, del grave impacto ambiental que causaron en sus primeros años (14). Ya en el verano de 1969, los vecinos de El Portal y el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María denunciaban como la contaminación de las aguas del río, a las que vertía la Azucarera del Guadalete, habían ocasionado un grave daño en la fauna piscícola que no llegó a recuperarse pese a la instalación de balsas de decantación y sistemas de depuración que, al parecer, no llegaron a funcionar correctamente.



Los malos olores propios de estas instalaciones se denunciaron también en Jédula y en Guadalcacín, cuya azucarera se vio obligada a trasladar sus balsas a un paraje aislado en las cercanías de las Mesas de Asta, ocupando el vaso de la antigua Laguna de Las Mesas, en plena marisma, como lo hiciera la Azucarera de Guadalete en la laguna de Las Quinientas. Ambos espacios naturales quedaron destruidos si bien hoy se encuentran ya en vías de recuperación (15).

Desde hace casi dos décadas, la pequeña historia de las azucareras, la “dulce” historia del cultivo de la remolacha y de la industria del azúcar comenzó a amargarse. Las políticas agrarias comunitarias (PAC), las regulaciones del mercado y de producciones, la OCM, la asignación de cupos, las bajadas de precio de la remolacha, las fusiones empresariales, los intereses de las multinacionales de la alimentación… trajeron como consecuencia el declive y el cierre de las plantas de Jédula (2001) y de Guadalcacín (2007), siendo desmantelada a lo largo de 2008.



Cincuenta años después de la instalación de las azucareras en la campiña de Jerez, el futuro es, cuando menos, incierto. La Azucarera del Guadalete, única factoría superviviente del “glorioso” pasado azucarero jerezano, pasó a ser propiedad en 2009 del grupo británico ABF, quien ha realizado una gran renovación de la planta jerezana incorporando en 2011 una nueva refinería de azúcar y consolidándose como una de las más importantes azucareras de España. De la misma manera, el declive de la industria ha traído también como consecuencia el de los cultivos, un horizonte que nadie hubiese previsto hace cincuenta años, cuando la campiña era un “mar de remolacha” y las azucareras empleaban directamente, durante sus largas campañas estivales a más de mil trabajadores. Cincuenta años después, el azúcar se vuelve un poco amargo en el recuerdo.

Para saber más:
(1) Para conocer a fondo la historia de las azucareras en Jerez hay que consultar el magnífico trabajo de Manuel Ramírez, historiador, investigador y azucarero quien además de una seré de artículos sobre el tema ha publicado recientemente: Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete. 50 años en Jerez, Tierra de Nadie editores, 2018.
(2) “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”, Revista de Obras Públicas, 1897, Tomo II, nº 1157, pp. 587-590. De esta publicación hemos obtenido los datos más relevantes que se exponen en el artículo.
(3) Historia y Geografía del hábitat rural de Jerez, Asociación para el Desarrollo Rural de la comarca de Jerez, 1999, pp. 14-16
(4) Peñuela Jiménez, A.:Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete”, en Aportes para una Historia de la Banca en Andalucía. 1780-1936. Disponible en:
https://bancaandalucia.blogspot.com.es/search/label/Sociedad%20Agr%C3%ADcola%20Industrial%20del%20Guadalete, consultado el 10/10/2019.
(5) García Lázaro, J. y A.:La corta. Breve historia de un antiguo azud que está siendo demolido”, Diario de Jerez, 8 de abril de 2018. También puede consultarse en http://www.entornoajerez.com/2018/04/la-corta-breve-historia-de-un-antiguo.html
(6) Montañés, E.: Transformación agrícola y conflictividad campesina en Jerez de la Frontera (1880-1923), Biblioteca de Urbanismo y Cultura, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1997, p. 103. Sobre esta cuestión, puede consultarse también Boletín de la Cámara Agrícola de Jerez, mayo de 1897.
(7) Biel Ibáñez, M.ª Pilar.: "El patrimonio industrial remolachero en Aragón: estado de conservación, catalogación e intervención.", en Patrimonio cultural, remolacha y nuevas tecnologías. Castillo Ruiz, J. y Romero Gallardo, A., (Coords), Universidad de Granada 2018, pp. 163-165
(8) Sobre las diferentes razones que llevaron a cerrar la Azucarera Jerezana pueden consultarse Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete…, pp.:35-49; Romero Rodríguez, J.J. y Zoido Naranjo, F.: Colonización agraria en Andalucía: estudios sobre las actuaciones para la transformación del espacio rural en las provincias de Cádiz y Córdoba., Secretariado de Publicaciones de la Universidad, Sevilla, 1977, p. 51; Montañés, E.: Transformación… p. 160; Commercial Relations of the United States with Foreign Countries, Volumen 1, 1909, p. 392.
(9) Simó, J.P.: “Azúcar amargo”, Diario de Jerez, 3 de febrero de 2008
(10) Simó, J.P.:Azúcar amargo” …; García Lázaro, J. y A.:Azúcar amargo: breve recorrido por un siglo de azucareras en la campiña”, Web Entorno a Jerez, 08/08/2013 y Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete…, pp.:54-60.
(11) Ramírez López, M.: Azucarera de Guadalete. 50 años en Jerez, Tierra de Nadie editores, 2018
(12) Zoido, F. (Dir.). Cádiz y su provincia. Ediciones Gever. Sevilla 1984, pg. 150.
(13) Estudio Económico de la Provincia de Cádiz. Análisis descriptivo y diagnóstico de la situación actual. Diputación de Cádiz. 1983. pg. 98-99.
(14) Clavero Salvador, J.: Guadalete, río del olvido, Pliegos de Opinión, nº 0, Jerez, junio de 1985, pp. 15-16.
(15) García Lázaro, J. y A.:Por la laguna de Las Quinientas. Un antiguo humedal en vías de recuperación”, Diario de Jerez, 11 de febrero de 2018.

García Lázaro, J. y A.:Azúcar amargo: breve recorrido por un siglo de azucareras en la campiña”, Web Entorno a Jerez, 08/08/2013, http://www.entornoajerez.com/2013/07/azucar-amargo-breve-recorrido-por-un.html. El presente artículo, está basado, con las oportunas modificaciones en este trabajo anterior que citamos.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con El medio y sus productos, El paisaje y su gente, Miscelánea.

La Corta.
Breve historia de un antiguo azud que está siendo demolido.




Unos días antes de Semana Santa, el pasado 22 de marzo, la Consejería de Medio Ambiente inició la demolición del antiguo azud del río Guadalete situado en la barriada rural de La Corta, que debe su nombre a la presencia de esta pequeña presa en el río. Con la construcción hace unos años del azud móvil de El Portal, el de La Corta había perdido ya su funcionalidad, por lo que su derribo elimina obstáculos en el cauce del Guadalete facilitando la evacuación de los caudales de avenida. Así lo explicaba Ángel Acuña, Delegado Territorial de Medio Ambiente, a los vecinos de esta barriada rural que, alarmados por la presencia de maquinaria pesada, se habían concentrado junto al río al carecer de información previa sobre las obras a realizar (1). En los siguientes días, se acumularon grandes bloques de piedra en el lecho del río que han permitido el acceso de maquinaria pesada, habiéndose retirado ya la mitad de esta antigua presa.

Aunque el paraje donde se encuentra La Corta, conocido desde antiguo como Vado de los Hornos, guarda muchas historias de las que nos ocuparemos en otros artículos, no queremos dejar pasar la ocasión para dedicar unas líneas a este antiguo azud que cuenta con más de un siglo de existencia. Si bien fue reformado en la década de los cincuenta del siglo pasado, fecha en la que se construyó también la estación elevadora a la que está ligado y se amplió la red de acequias y canales a los que surtía, esta modesta obra de ingeniería tiene tras de sí una curiosa historia.



La Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete.

El inicio de nuestro relato puede fijarse el 15 de noviembre de 1897, cuando la Gaceta de Madrid anunciaba la subasta pública para la “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”. Con un presupuesto de partida de 1.227.968 pesetas, este proyecto tenía como finalidad la construcción de una presa o azud en el “Vado de los Hornos”, lugar que acabaría siendo conocido como “La Corta”, para poner en riego las vegas cercanas a El Portal (2).

Toda la comarca, y en especial la ciudad de Jerez, atravesaba entonces por una grave crisis marcada por el paro y los conflictos sociales que se había visto acentuada por la plaga de filoxera desatada unos años atrás, que terminó por arruinar en poco tiempo todo el viñedo. No es de extrañar por ello que en estos años de finales del XIX se alzaran voces que clamaban por buscar alternativas al monocultivo de la vid. Las propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término. La construcción del Pantano de Guadalcacín, que habría de esperar aún más de una década, estuvo precedida por una iniciativa más modesta: los regadíos, de unas 2000 hectáreas, en las vegas de los Villares, El Torno, las Quinientas, El Palmar y El Portal que la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete (SAIG) pretendía desarrollar mediante una amplia red de canales y acequias. Y con ellos la introducción del cultivo de la remolacha y la construcción de la primera fábrica de azúcar en nuestra provincia: la Azucarera Jerezana, en El Portal (3).

Constituida el 18 de febrero de 1892 con un capital de 4 millones de pesetas, la SAIG contó entre sus accionistas con destacados personajes del mundo de la empresa y las finanzas. Durante años, su presidente fue Antonio M.ª Martínez de Pinillos Izquierdo, propietario de una importante naviera gaditana y entre sus directivos figuraban los banqueros Amaro Duarte Cardenal y Abelardo Gómez Infante o empresarios como Servando Molins y José Ramón Pacheco Bernal, componentes asimismo de la Sociedad de Aguas Potables de Cádiz y de la Sociedad Siderúrgica Andaluza. Este último figura como secretario de la SAIG en la presidencia de M. de Pinillos, a quien sucedió Gómez Infante, ocupando entonces el cargo de secretario Molins, tal como puede comprobarse en los Balances Generales anuales presentados por la Sociedad (4).



Además de la presa de La Corta, la estación elevadora y los canales de riego, la Sociedad edificó la Azucarera Jerezana en la que invirtió más de 3,5 millones de pesetas, cuyas ruinas aún pueden verse en El Portal. Construyó también una carretera entre la planta industrial y la Cañada de la Isla y un puente de hierro en el Guadalete (en La Herradura) para acceder a las tierras que administraba. Se trataba, en definitiva, de “un proyecto netamente modernizador de carácter agroindustrial que significaba un cambio muy apreciable” e introducía cambios cualitativos con los que afrontar la crisis finisecular derivada de la filoxera (5). Aunque en otra ocasión nos ocuparemos de esta pionera fábrica de azúcar, esta prometedora experiencia resultó fallida. La escasa riqueza en azúcar de la remolacha, el alto coste del cultivo de regadío, la falta de experiencia de los colonos, las avenidas del Guadalete que hicieron perder algunas cosechas, el escaso caudal en estiaje, la incipiente contaminación de las aguas y el auge de esta industria en otras zonas del país fueron algunas de las causas de este fracaso que llevaron al cierre de la fábrica en 1906 (6).

La presa, azud o “corta”: una obra singular del ingeniero Luis Vasconi.

La Sociedad Agro Industrial del Guadalete encargó su proyecto al prestigioso Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Luis Vasconi y Cano (Málaga 1840 – Madrid 1924). Vasconi, a quien en 1874 encontramos ya de Ingeniero Jefe de su provincia natal, ocupo en su dilatada vida profesional distintos cargos técnicos, académicos y empresariales. De Málaga pasó a la Isla de Cabrera y en 1888 realizó las obras de abastecimiento de aguas a Cádiz, de cuya Sociedad de Aguas Potables llegó a ser propietario. En 1889 dirigió la ampliación del puerto de Málaga junto a su socio, el también ingeniero José Bores. Concluidas las obras en 1896, realizó el proyecto que nos ocupa de presa y canales en el Guadalete. En 1902, año de su jubilación y en el que se concluyeron las obras de “La Corta”, participó junto con Bores en una nueva tarea: el abastecimiento de aguas a Bilbao a través de la sociedad “Aguas del Cerneja”, de la que era presidente. En estos años dirigió numerosas obras para distintas empresas en algunas de las cuales participó también como socio, como en la Sociedad Azucarera Antequerana (7).



La presa fue construida en el lugar conocido desde antiguo como Vado de los Hornos, situado 1 km río abajo del monasterio de La Cartuja, en un paraje de gran interés histórico del que nos ocuparemos en otra ocasión. Este lugar está situado a 4437 m del puente de Cartuja, punto hasta el que llegaba la carrera de la marea. Como se indicaba en el proyecto, la coronación de la presa, esto es su altura máxima, estaba “a la ordenada de 14 m con relación al plano general de comparación elegido, que está a 10 m inferior al nivel de la bajamar equinoccial de la bahía de Cádiz, o sea con una altura de 1,63 m sobre el lecho general del río en el indicado emplazamiento". Habida cuenta de que la máxima diferencia entre mareas en la Bahía de Cádiz es de 3,90 m, la altura de la presa garantizaba que, con la máxima pleamar posible, la marea no sobrepasaría su cota de coronación.



Para la construcción del muro fue preciso realizar una gran zanja de 100 m de larga, hasta una profundidad de 1,5 m bajo el lecho del río, dragándose 975 m3 en su base. Se hincaron entonces 200 pilotes escuadrados de 5 m de longitud y 0,30 x 0,30 m, “de madera de pino tea del Canadá”, a lo largo de toda su longitud y se clavaron 600 tablaestacas de 5m de largas con sección de 0,25 x 0,15 m, así como otros 200 pilotes rollizos de 3 m de longitud y 0,20 m de diámetro. Para asegurar el entramado de los cimientos se utilizaron también 5.760 kg. de hierro galvanizado en pernos, barras y tensores para el arriostrado de la estructura.

El muro de la presa, con una longitud de 100 m, tenía en su base 5 m de ancho. Para su construcción, además de la madera utilizada en el pilotaje de su cimentación, se emplearon 600 m3 de hormigón hidráulico en las fundaciones, vertido en cajones de madera hasta su fraguado. En la obra de fábrica se emplearon también 250 m3 de mampostería hidráulica de relleno sobre el agua y otros 250 m3 de sillarejos y sillares unidos con mortero hidráulico en el cuerpo del muro, que se protegió con otros 400 m3 de escollera. En total, casi 2.500 m3 de material. El coste de la presa ascendió a 116.712 pesetas a las que hubo que añadir otras 3.000 por la edificación de una casilla para el guarda (8).

A raíz de su construcción, el azud empezó a ser conocido como “La Corta” del río nombre que, por extensión, se dio también a este paraje del Guadalete y que desplazó al tradicional de Vado de los Hornos con el que era conocido desde el siglo XVII.

Elevación de aguas: casa de máquinas y pozo de bombas.



Junto a la presa, otros elementos fundamentales de la obra fueron la planta elevadora, el pozo de toma de aguas y la casa de bombas que se edificaron en un recodo de la margen izquierda del río, en un punto muy próximo a la Cañada Real de la Isla y de Cádiz y cercano a la desembocadura del Arroyo Buitrago. Este paraje, conocido como Hoyo de las Piedras, estaba situado a 2935 m aguas arriba de la presa y a 1502 m aguas abajo del Puente de Cartuja. Las instalaciones se renovaron en los años 50 y de nuevo hace unos años (9), permaneciendo en el mismo lugar. En la casa de máquinas puede leerse “Estación Elevadora. Comunidad de Regantes Margen Izquierda Bajo Guadalete

La toma de aguas se llevaba a cabo mediante una galería que unía el río con el pozo de bombas de la casa de máquinas y calderas. Allí se construyó también una chimenea de ladrillo, una carbonera para almacenar hasta 300 toneladas de carbón y una casa para albergue de los cuatro operarios encargados del servicio de elevación de aguas. Junto a estas instalaciones hubo que construir un acueducto de fábrica de casi 300 m, que desde la casa de máquinas llegaba hasta una loma cercana en la que se bifurcaban los canales del Este y del Oeste. Lo más costoso fue, lógicamente, las máquinas de vapor (200.000 pesetas) así como otros elementos mecánicos, bombas, calderas y accesorios, con capacidad para elevar 1.250 litros por segundo a la altura media de 8 m. El coste total de las instalaciones de elevación de agua ascendió a 307.987 pesetas, casi el doble que la presa (10).

La red de canales, acequias y acueductos.

El principal propósito de las obras fueron poner en regadío 2000 hectáreas de tierras situadas en la margen izquierda del Guadalete, para las que el proyecto había previsto la construcción de una presa La Corta) y la planta elevadora.



Las tuberías de impulsión de las máquinas vertían las aguas elevadas en el origen de un acueducto de 300 m de longitud, apoyado sobre la Loma del Torno, frente a la casa de máquinas, donde se bifurcaba en dos grandes canales.

El canal del Oeste terminaba en el Pozo de Carmona, a los pies del Cerro del Pavo, situado junto a la Cañada de la Isla y Cádiz frente a la dehesa de la Tapa, con una longitud de 9015 m. De él se derivaban nueve acequias principales de distribución con un desarrollo de 16092 m. Para el saneamiento de este terreno se trazaron cuatro grandes azarbes o canales de drenaje en los puntos más bajos de las fincas, así como ramales secundarios para canalizar el excedente del agua de riego hacia el río con una longitud de 10783 m. A lo largo de toda esta red fue preciso construir 8 tajeas, una alcantarilla y un acueducto sobre la hondonada de El Torno con un coste de, este último de 76.593 ptas. En la Loma del Palmar se practicó un túnel para el paso del acueducto (34.068 ptas.), construyéndose también 8 alcantarillas para los pasos superiores de servidumbres sobre el canal. De la misma manera se edificaron dos casillas de guardas del canal. Los terrenos expropiados se pagaron a 500 pesetas la hectárea.



En la actualidad aún se conservan algunos tramos de este acueducto en Las Pachecas, Las Quinientas y junto al Palmar del Conde.

El canal del Este conducía el agua desde la Loma de El Torno hasta el Rancho de los Villares, situado junto al río, recorriendo un trayecto de 5356 m. De él se derivaban dos acequias principales de distribución, así como otras secundarias con 4354 m de longitud y cinco alcantarillas para pasos superiores de servidumbres en el canal. Para salvar las hondonadas se construyeron varios tramos de acueducto de los que se conservan todavía algunas arcadas junto a la carretera o en la finca La Llave. Este sector contaba también con una red de canales de drenaje (4290 m) para los excedentes de riego y con una casilla para el guarda del Canal (11).

Los materiales empleados en esta obra, que duro cinco años, se trajeron de las cercanías y la Sociedad abrió una cantera frente a El Tesorillo.

La piedra para mampostería y hormigón se tomó también de las canteras de “arenisca compacta” de Lomopardo. Para la construcción de la presa se trajeron sillares y sillarejos de las canteras de arenisca de la cercana Sierra de San Cristóbal transportados en carros por la carretera Madrid-Cádiz y por el camino que enlaza a través del puente del Duque con la Cartuja.

Las cales y cementos, ladrillo, hierro y madera se traían desde Jerez por la “carretera provincial de La Cartuja y otras cañadas de ganado transitables por carros en verano”. La arena, extraída del cauce de río en las proximidades del puente de Cartuja y en el propio Vado de los Hornos, se transportó en carros y caballerías. El proyecto incluye un exhaustivo estudio del transporte de los materiales a cada sector de la obra y los canales, así como las distancias medias y el coste (12).

El Pliego de Condiciones.



El Decreto de aprobación de la concesión lleva el visto bueno del Ministro de Fomento D. Aureliano Linares Rivas y está firmado el 21 de mayo de 1897 por María Cristina, la Reina Regente, “en nombre de Mi Augusto Hijo el Rey don Alfonso XIII”. En el que se indica que “el presupuesto de las obras asciende a 1.058.593 pesetas 90 céntimos por ejecución material, y á 1.227.968 pesetas y 90 céntimos por contrata”. De la misma manera se declaran de utilidad pública las obras del canal, facilitando con ello las expropiaciones necesarias. La concesión recibió una subvención del 30% del presupuesto de las obras, otorgándose por un tiempo de 99 años.

En el Pliego de Condiciones se estipulaba que las obras se ejecutarán de acuerdo al proyecto del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Luis Vasconi, debiendo comenzarse dentro del plazo de seis meses y para terminarlas en el de cinco añoscontados desde la fecha del acta de replanteo”.

La obra se ejecutó por sectores, comenzándose por las del canal del Oeste, el de mayor desarrollo, construyéndose los tramos más largos del acueducto en Las Pachecas y Las Quinientas, de los que se conservan aún buena parte de sus arcos. En el segundo año se abordó la construcción de las acequias generales y los canales de saneamiento de este sector, mientras que en el tercero se construyeron las instalaciones de elevación de aguas y la presa, la famosa “Corta”, que quedaría terminada en el año 1900.

En 1901 se realizó el canal del Este, hasta los Villares (del que aún se conservan algunos tramos de los acueductos), así como sus acequias y sus canales de saneamiento. Por último, en 1902 se instalaron las máquinas de vapor que elevarían el agua, dando por concluidas las obras.



El Pliego de condiciones contemplaba que a medida que el adelanto de las obras lo permitiese, podrían los concesionarios hacer contratos a los agricultores para regar, estableciéndose en el Decreto el canon anual por hectárea de terreno regado en función de los distintos cultivos: trigo y cebada, habas y maíces, lino y cáñamo, legumbres, raíces alimentarias, huerta, remolacha, plantas forrajeras, viña y olivar o jardines y viveros… (13).

… Y no pararíamos de contar otros curiosos detalles de esta singular obra de ingeniería, pionera en tantos sentidos, cuya presencia ha permanecido más de un siglo en muchos puntos de nuestra campiña. Por estas razones, cuando estos días hemos visto demoler el antiguo azud de La Corta hemos sentido también, con sus vecinos, que una parte de nuestra historia se perdía, tal vez, para siempre.


Para saber más:
(1) Mouré, M.:El río baja un centímetro a la hora y la Junta demuele el azud de La Corta”, Diario de Jerez, 23 de marzo de 2018.
(2) “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”, Revista de Obras Públicas, 1897, Tomo II, nº 1157, págs.. 587-590. De esta publicación hemos obtenido los datos más relevantes que se exponen en el artículo.
(3) García Lázaro, J. y A.:Azúcar amargo: breve recorrido por un siglo de azucareras en la campiña”, Web Entorno a Jerez, 08/08/2013, http://www.entornoajerez.com/2013/07/azucar-amargo-breve-recorrido-por-un.html
(4) Peñuela Jiménez, A.:Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete”, en Aportes para una Historia de la Banca en Andalucía. 1780-1936. Disponible en https://bancaandalucia.blogspot.com.es/search/label/Sociedad%20Agr%C3%ADcola%20Industrial%20del%20Guadalete, consultado el 08/04/2018.
(5) Montañés, E.: Transformación agrícola y conflictividad campesina en Jerez de la Frontera (1880-1923), Biblioteca de Urbanismo y Cultura, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1997, p. 103. Sobre esta cuestión, puede consultarse también Boletín de la Cámara Agrícola de Jerez, mayo de 1897, pp.408-409, así como Historia y Geografía del Hábitat Rural de Jerez, Asociación para el desarrollo rural de la comarca de Jerez, 1999 p. 14.
(6) Sobre las diferentes razones que llevaron a cerrar la Azucarera Jerezana pueden consultarse: Romero Rodríguez, J.J. y Zoido Naranjo, F.: Colonización agraria en Andalucía: estudios sobre las actuaciones para la transformación del espacio rural en las provincias de Cádiz y Córdoba., Secretariado de Publicaciones de la Universidad, Sevilla, 1977, p. 51; Montañés, E.: Transformación… p. 160; Commercial Relations of the United States with Foreign Countries, Volumen 1, 1909, p. 392.
(7) Los principales datos biográficos sobre Luis Vasconi pueden consultarse en: Tous Meliá, J.: Cabrera a través de la cartografía [C. 1275- 1916]. Atlas histórico-geográfico de la isla. Ed. Idea Música, 2017, p. 184.
(8) “Concesión de un canal… obra citada, p. 589.
(9) Proyecto de mejora y modernización de la Comunidad de Regantes de la margen izquierda del bajo Guadalete. Captación y Estación de bombeo. Términos Municipales: Jerez de la Frontera y Puerto Real (Cádiz), disponible en : https://www.feragua.com/La-comunidad-del-Bajo-Guadalete-adjudica-su-proyecto-de-modernizacion_a2170.html, Consultado el 08/04/2018
(10) “Concesión de un canal… obra citada, p. 588.
(11) Ibidem, p. 587.
(12) Ibidem, p. 589.
(13) Ibidem , p. 589.




Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con historia, Puentes y Obras públicas, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/04/2018

 
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