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Escenas medievales de caza en torno a Jerez.
De montería con Don Alfonso el Onceno.




Como todos los años, cada vez que salimos al campo en plena temporada de caza y escuchamos en los lugares más intrincados de nuestros montes los disparos de escopeta de los cazadores, volvemos a recordar que las sierras y bosques, los parajes montañosos y los espacios forestales están habitados por especies singulares que ahora se incluyen genéricamente bajo el nombre de “caza mayor”. Cabra montés, venado, corzo, gamo, muflón o jabalí, son las más relevantes de cuantas podemos encontrar en los parajes naturales y en los cotos de la geografía gaditana.

Desde la más remota antigüedad queda constancia de que en las tierras de la provincia de Cádiz la caza fue una actividad de gran importancia. En muchas de las pinturas rupestres de las cuevas y abrigos de las sierras del sur, pueden verse representaciones de animales y escenas relacionadas con la caza como sucede, por citar sólo algunas, en las cuevas del Ciervo o de Bacinete (Los Barrios), en la Cueva de las Palomas o en la de Atlanterra (Tarifa) y, especialmente, en la Cueva del Tajo de las Figuras en Benalup-Casas Viejas. De todo ello el lector interesado podrá encontrar magníficas imágenes en los trabajos desarrollados por Lothar Bergmann y sus colaboradores de los que hemos tomado la ilustración correspondiente a esta cueva (1).

Escenas medievales de caza en nuestras campiñas y montes.



Los testimonios escritos más sobresalientes sobre la caza en nuestra zona corresponden a los siglos medievales, teniéndose ya constancia de la importancia de las actividades cinegéticas en nuestro territorio durante la época andalusí. Tal como señala el profesor Abellán, la zona era un excelente lugar para la caza de aves, tanto es así que “…una laguna al sur de Jerez era conocida como “La laguna de las Aves”, identificándose este espacio con la actual Laguna de Medina (2). Otro testimonio citado por este autor lo ofrece Ibn Hayyan, quien recoge de las crónicas de al-Razi que el emir “Abd al Rahman II solía venir a Sidonia a cazar grullas” aves que, por cierto, ya no frecuentan en gran número nuestros humedales (3). Abellán apunta también otra referencia de la misma fuente donde se pone de manifiesto como “…el emir Abdarrhman b. Alhakam salió a cazar grullas, de lo que gustaba mucho, tras regresar de una lejana campaña que había hecho, y alargó su partida de caza, según costumbre que tenía, de modo que a veces llegaba a la cora de Sidonia o a Cádiz y otros lugares más lejos, pero esta vez se excedió, siendo época de invierno y temporada de grullas, hasta el punto de desazonarse sus compañeros, a los que causo fastidio” (4). Es muy probable que este segundo humedal pudiera ser la antigua laguna de La Janda.

Como ninguna otra fuente medieval, la Crónica de D. Alfonso el Onceno, recoge esta pasión de los poderosos por la caza y la especial predilección de este rey por su práctica. El historiador local Fray Esteban Rallón, tomando referencias de esta Crónica, nos recuerda en su Historia de Jerez que en 1342, cuando el rey Alfonso XI se dirige a cercar Algeciras “…hecha la masa del ejército, salió de nuestra ciudad a 5 de julio de este año, e hizo su primer alojamiento de la otra banda del Guadalete y el día siguiente descansó junto a la Laguna de Medina, dónde se embarcó en una laguna y fue a tirar a los cisnes, que había muchos en ella” (5). El interés por la caza y los “cazaderos” de nuestro entorno se vuelve a poner de manifiesto cuando el mismo rey, en 1349, se dirige hacia el sur con un poderoso ejército para tratar de poner cerco a Gibraltar, deteniéndose de nuevo en un lugar ya conocido para él, la Laguna de Medina, “a tirar a los cisnes como la vez pasada” (6).



Entre los numerosos testimonios sobre la caza en otros lugares próximos, mencionaremos como los Ponce de León, Duques de Arcos, utilizaban también la Sierra de Cádiz como cazadero, en especial los montes de Benamahoma en los que, en el siglo XV, se tiene constancia de la presencia de osos, amén de jabalíes, lobos, corzos y venados, por citar sólo las especies más relevantes. De entre todos ellos, como nos recuerdan los hermanos De Las Cuevas, las piezas más codiciadas eran los “puercos” o jabalíes a los que se cazaba con la ayuda de perros “…lebreles, o alanos en traíllas, luchan con los jabalíes, “como si fuesen dos hombres de armas”. Por muy lejos que queden los monteros conocen, en el silencio de la noche, que los lebreles se han agarrado a las orejas… Acudían, entonces y mataban a los jabalíes, hundiéndoles una daga en el corazón”. Las aficiones venatorias de los duques de Arcos en “el bosque de Benamahoma”, les llevará a construir un palacete o residencia de caza que dará lugar, con el paso del tiempo a la actual población de El Bosque (7).

Entre los siglos XIII y XV, buena parte de los montes y espacios forestales de la provincia quedarán como “tierra de frontera”, de modo que, como acertadamente han señalado Cueto Álvarez de Sotomayor y Sánchez García “…la provincia quedará dividida por un eje NE-SW, espacio de “tierra de nadie” consecuencia del hecho fronterizo entre dos ámbitos diferentes “castellano e islámico. En la mayor parte de nuestra geografía se produjo una coincidencia entre frontera natural y frontera política, al coincidir esta última con las zonas de contacto entre las tierras bajas y las áreas montañosas.” Ello provocará la lógica despoblación parcial de buena parte del campo que traerá consigo la aparición de grandes espacios vacíos en las zonas interiores y montañosas. De acuerdo con estos autores “…como consecuencia de este despoblamiento, durante el siglo XIII se produce un notable retroceso de los cultivos en beneficio de la vegetación espontánea… Con el avance del bosque y el matorral se produce una expansión de la fauna salvaje propia del territorio, entre las que estacan especies como el oso, el jabalí, los cérvidos (ciervo y corzo) y el lobo” (8).

De caza con don Alonso el Onceno por los montes de Jerez.

Para conocer el estado de nuestros bosques y montes en los siglos en los que fuimos “tierra de frontera”, existe una fuente de excepcional interés: el Libro de la Montería. Atribuido a Alfonso XI y escrito entre 1340 y 1350, es un testimonio de primer orden sobre la riqueza cinegética de las sierras gaditanas, haciendo especial hincapié en los montes del sur de la provincia. De su lectura, se deduce la presencia en las áreas montañosas próximas a Jerez de especies tan significativas como el oso (extinguido en el siglo XVI), jabalíes, corzos y venados o el lobo, cuyos últimos ejemplares en la provincia se cazaron en los Montes de Jerez hace casi un siglo (9). Por citar sólo algunos de estos interesantes pasajes contenidos en esa monumental obra, traemos aquí el que recoge las referencias a una parte de los términos de Arcos y de Tempul, sobre la que el lector interesado podrá encontrar más información en los trabajos de los profesores Pérez Cebada y Martín Gutiérrez:


El monte de Dos Hermanas es bueno de puerco en verano; la Foz de Guillena es buen monte de puerco en verano; el Bodonal de Gil Gómez es buen monte de puerco en verano; el Labadín es buen monte de puerco en verano; Atrera es buen monte de puerco en verano; la Xara de Algar es buen monte de osso et de puerco en verano. E es la bozería en cabo de la Foz, que no passe contra la Sierra de las Cabras, e porque es el monte grande, ha menester, que estén monteros con canes para renovar e para que dessennen, que digan a que parte quiere ir el venado. E son las armadas en la ladera del Alcornocal” (10).


El texto no puede ser más explícito y rico en información y, aunque han pasado casi siete siglos desde que fue escrito, reconocemos en él los escenarios en los que se llevaban a cabo estas monterías medievales. Para la caza del jabalí (“puerco”) ahí estaba ya, con ese mismo nombre, la Sierra de Dos Hermanas, con sus cumbres calizas gemelas a las que debe su nombre, cubiertas con una densa vegetación, como pueden verse ahora, antes de que la cantera que se explota en su base termine por desfigurar su hermosa silueta.

La Foz de Guillena es el nombre con el que en los documentos medievales se conoce a la Angostura del Majaceite (11), lugar en el que se levanta la presa de Guadalcacín. Esta estrecha hoz (“foz”), que forma el cauce del río a los pies de Sierra Valleja conformaba un embudo natural muy apto para las monterías y para canalizar las piezas de caza mayor hacia la estrecha angostura del río, donde a comienzos del siglo XX se construiría el primer pantano de la provincia.

Aún en la actualidad se mantiene el topónimo de Cañada del Puerto de Guillen que da nombre a una vía pecuaria que une los llanos de El Sotillo con la carretera que desde San José del Valle lleva hasta Guadalcacín II, a la altura de la Hacienda La Presa. Este paraje, como el anterior, de sierras abruptas próximas a un cauce fluvial, reúne los requisitos para albergar grandes mamíferos.

De más difícil ubicación es el Bodonal de Gil Gómez al que algunos autores sitúan en el entorno de Arcos o incluso en Montegil (12). Conviene recordar que la voz “bodonal” hace alusión a un terreno encenagado o a un espacio encharcado cubierto de espadañas u otras plantas palustres (13), por lo que este espacio debió situarse, a nuestro entender, en las cercanías de las vegas de Elvira, en las proximidades de El Mimbral, de la Junta de los Ríos o en otros rincones de tierras llanas y encharcables entre los términos de Tempul y Arcos cercanas al Guadalete o al Guadalcazacín o Majaceite, al igual que los otros montes y lugares a los que se hace alusión en este capítulo del Libro de la Monterías. Tal es el caso, por ejemplo, del monte de Labadín, que se corresponde con el actual paraje de El Abadín, próximo a la Junta de los Ríos, donde estuvo ubicada la aldea medieval del mismo nombre y donde aún se conserva una amplia zona cubierta de monte bajo (14).



El monte de Atrera, aún mantiene su nombre en las Dehesas de Atrera, un hermoso y agreste territorio poblado de bosques de encinas, quejigos y alcornoques que comparten los cortijos Atrera de Alcornocosa y Atrera de Santa María.



Enclavados en el Parque Natural de los Alcornocales, estos montes en los que aún hoy se cobran piezas de caza mayor, están situados entre la carretera de El Bosque-Algar y el pantano de los Hurones. La Xara de Algar no es otra que la Jara o “bosque” de Algar (15) que todavía podemos reconocer en los montes que rodean esta población, terrenos abruptos donde no faltan las masas forestales y el matorral del monte mediterráneo denso y bien conservado donde en los siglos medievales hallaban cobijo el jabalí y el oso. El cabo de la Foz se corresponde con la actual Boca de la Foz, estrecho desfiladero entre las sierras de La Sal y de Las Cabras, también citada en el Libro de la Montería. Este último paraje es donde se describe la escena que nos hace transportarnos a la Edad Media y donde se desvelan las estrategias usadas para la caza del venado.

Y es que, tras su lectura, resulta fácil imaginarse a los monteros en el cabo de la Foz, en la entrada de la garganta de Boca de la Foz, con sus canes, lebreles y alanos, dando voces para



conducir a los venados al lugar adecuado y evitar que se internaran en el denso alcornocal de las sierras cercanas. Eran las “armadas”, filas de cazadores que con sus gritos (“bozería”) y la ayuda de sus perros, espantaban a los ciervos, a los corzos y a los jabalíes, para conducirlos a la entrada de la garganta, como si de un gigantesco embudo natural se tratara, donde les aguardaban lanceros y ballesteros.

Escenas medievales de caza, en esos mismos parajes, en torno a Jerez, donde siete siglos después aún se conservan los mismos topónimos y los mismos montes poblados de corzos, venados y jabalíes (sólo en algunos cotos), aunque ya no quede en ellos más que el recuerdo de los osos y lobos que antaño vivieron en estos parajes.

Para saber más:
(1) Una excelente selección de pinturas rupestres de las cuevas y abrigos de la provincia de Cádiz y en especial de las que representan escenas de caza, puede verse en la web Arte Sureño: el arte rupestre del extremo sur de la península Ibérica. Disponible en el enlace: http://www.arte-sur.com/index.htm. De esta página hemos las imágenes de la cueva del Tajo de las Figuras.
(2) Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia”. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. pp. 141.
(3) Ibidem, p. 141
(4) Abellán Pérez, J.: Poblamiento…, ob. cit., pp.141-142
(5) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, p. 72.
(6) Ibidem, p. 85
(7) De las Cuevas José y Jesús.: El Bosque. Diputación de Cádiz. 1979. pp. 11-12.
(8) Cueto Álvarez de Sotomayor. M y Sánchez García, J.M.: Cádiz. Descripción e Historia de sus masas forestales. En “Segundo Inventario Forestal 1986-1995. Cádiz”. Ministerio de Medio Ambiente. 1997, pp.: 45-46. De este segundo autor, se recomienda también la serie de tres artículos: Sánchez García, J.M.: Caza mayor en la provincia de Cádiz. Diario de Jerez, 26,28 y 29 de diciembre de 1999.
(9) García Lázaro A. y J.: Los últimos lobos de nuestros montes, http://www.entornoajerez.com/, 25 de febrero de 2009. Disponible en el siguiente enlace: http://www.entornoajerez.com/2009/02/los-ultimos-lobos-de-nuestros-montes.html. De gran interés es también el reportaje de la revista Mundo Gráfico de 14/01/1914, sobre la caza del último lobo en la provincia de Cádiz.
(10) Pérez Cebada, J.D. (2009): Regulación cinegética y extinción de especies. Jerez, siglos XV-XIX. En Revista de Historia de Jerez nº 14-15, 2008/2009. pp. 211-212.
(11) Valverde, J.A.: Anotaciones a Libro de la Montería del Rey Alfonso XI, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2010, p. 1174. En esta excelente obra, donde se analiza toda la toponimia contenida en el Libro de la Montería, se identifica la Foz de Guillena con el cortijo de Illena, junto al Guijo y al Salado en Arcos, de lo que discrepamos toda vez que está suficientemente documentada en numerosas fuentes la identificación de este lugar con la Angostura del Majaceite. Al respecto puede verse, por ejemplo, Martín Gutiérrez, E.:Los paisajes de la frontera de Arcos a finales del siglo XIII”, en González Jiménez M. y Sánchez Saus, R. (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. USE y Ayto. de Arcos, 2016, p. 179.
(12) Valverde, J.A.: Anotaciones…, ob. cit., p. 1174.
(13) Casado de Otaola S. y Montes del Olmo C.: Guía de lagos y humedales de España. J.M. Reyero Editor. Madrid, 1995, p. 245.
(14) Martín Gutiérrez, E.:Los paisajes… ob. cit., pp. 190-191.
(15) Ibidem, p. 194.


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Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Flora y fauna, Parajes naturales, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 31/12/2017

Tras las huellas de una histórica “Matanza”.
Por tierras de Jédula.




En distintas ocasiones nos hemos ocupado en estas crónicas dominicales de “entornoajerez” del nombre de muchos de nuestros parajes, de su posible origen, de su vinculación con la historia o de su significado cultural. La toponimia se nos presenta así como una suerte de “memoria del paisaje”, una herramienta que nos ayuda a conocer y explicar mejor nuestro entorno.

En el caso que hoy nos ocupa, nos hemos acercado a la pedanía arcense de Jédula, hasta un rincón familiar para los viajeros que circulan entre Jerez y Arcos, por encontrarse junto a la antigua carretera y la actual autovía. Se trata del lugar conocido con los llamativos nombres de Hazas de La Matanza y La Matancilla, que si en la actualidad alberga fértiles tierras decultivo, fue en otros tiempos una extensa dehesa de encinas y acebuches.



Este paraje se encuentra en las inmediaciones de Jédula, a ambos lados de la carretera que desde esta población parte hacia la Junta de los Ríos, extendiéndose hasta las tierras bajas que se encuentran a los pies del cortijo de La Cantarera y del Cortijo Nuevo, denominadas antaño Llanos de Don Carlos (1).



Estos campos se sitúan hoy frente al antiguo cuartel de la Guardia Civil así como de los últimos vestigios de la barriada de la Azucarera, un gran complejo industrial levantado a finales de los 60 del siglo pasado que ha sido desmantelado en los últimos años. Una parte de estas tierras de labor han sido progresivamente ocupados por el crecimiento del casco urbano de Jédula que ha traído hasta aquí nuevas calles, zonas verdes y deportivas y su recinto ferial. Ya en los años veinte del siglo pasado, este paraje vio las obras del conocido “túnel de Jédula” (que arranca entre un bosquete de eucaliptos), por el que los canales de riego del cercano pantano de Guadalcacín atraviesan los cerros circundantes hasta salir a los pies del cortijo de Montecorto para desde allí, llevar sus aguas hasta los Llanos de Caulina. En esta última década, en las tierras de La Matancilla y en la colindante Loma de Pedro Alonso intentó promover Iberdrola un polígono industrial que cuenta con una sola industria: Arcoval, una empresa hortofrutícola que tiene en estos parajes una moderna planta de lavado, procesamiento y envasado de zanahoria.



En los campos de La Matanza y La Matancilla.

Los mapas topográficos conservan todavía estos dos curiosos topónimos, que con diversas variantes locales, aparecen también en otros muchos lugares de nuestra geografía provincial. En las cercanías de Jerez, por ejemplo, encontramos también los parajes de La Matanza y La Matanzuela, de los que hemos tenido ocasión de ocuparnos en estas páginas de “entornoajerez” (2). Por si fuera poco, este mismo paraje próximo a Jédula, también era conocido antaño con el revelador nombre de “Haza de los Muertos” (3).



¿A qué “matanza” y a qué “muertos” pueden referirse estos curiosos topónimos? El historiador arcense Miguel Mancheño en sus “Apuntes para un historia de Arcos de la Frontera”, relata diferentes episodios de armas en los que participaron los vecinos de Arcos durante la primera mitad del siglo XIV. En uno de ellos, da cuenta de cómo tras la muerte en 1339 de Ab al-Malik (conocido en las fuentes cristianas como Abomelique, o el “infante Tuerto”) a manos del jerezano Diego Fernández de Herrera en las vegas de Patrite, su padre Abu al-Hasan (“Albohacen”), rey de los benimerines, llevó a cabo una expedición de castigo en territorio cristiano:
Irritados los benimerines con la muerte de su infante, salieron de Algeciras, y corriendo los campos de Jerez, Arcos y Medina Sidonia, lleváronse muchos ganados y multitud de cautivos. A la noticia de aquella algara salieron de Jerez mil trescientos jinetes con su bandera y comenzaron a seguir el rastro de los moros. Más diligentes, los vecinos de Arcos en número de trescientos habían dado ya sobre los moros, y mantenían con ellos recia pelea. Mientras tanto, los de Jerez que extraviados habían perdido la huella de los moros y vagaban por el campo, oyeron desde alguna distancia el grito “Arcos” con que nuestros paisanos se animaban en la pelea, y acudiendo a rienda suelta apellidando “Jerez” mezcláronse entre los combatientes. Animados los de Arcos con el socorro, redolaron sus esfuerzos, y arrollados los moros emprendieron la fuga, dejando el campo lleno de muertos y despojos. Esta insigne victoria en que mil seiscientos caballeros de Arcos y Jerez derrotaron completamente a más de tres mil jinetes moros tuvo lugar a dos leguas de Arcos, en el sitio llamado Haza de la Matanza entre los cortijos de Casablanca y Jédula. Allí quedó cautivo El Botuz (sic), moro principal de quien fiaba todos sus negocios el rey Albohacen (sic)” (4).
Los historiadores locales de Jerez, traen también este episodio a sus cronicones si bien lo ubican en distintos emplazamientos. Tal es el caso de Esteban Rallón, por ejemplo, que incorpora a su descripción fragmentos textuales de la Crónica de Alfonso XI, y que en su particular relato la identifica con la batalla de Redira o de Benahaut señalando que “Yo la he sacado parte de la Historia del rey don Alonso y lo más del arcipreste Diego Salido. El padre Mariana la pone sucintamente y dice que murieron dos mil moros en ella, en su segunda parte, libro 16, capítulo 7” (5).

Jerezanos y arcenses contra los benimerines.

Si indagamos en las fuentes escritas, la Gran Crónica de Alfonso XI da cuenta de este episodio, y aunque lo sitúa entre Arcos, Medina y Xerez, no apunta el lugar exacto donde pudo suceder este hecho histórico que será después interpretado con distintas versiones por los historiadores locales. Tal como se recogen en el Capítulo CCLXXII, de la Gran Crónica, tras la muerte de su hijo “Abomelique”, “Alboaçen rrey de Benamarin”, mientras preparaba un gran ejército con el que pasar el Estrecho para frenar los avances de Alfonso XI, envío un contingente de tropas escogidas a Algeciras para preparar el terreno y realizar incursiones en la frontera. Hasta 3000 caballeros pudieron formar esta avanzadilla que realizó operaciones de aprovisionamiento y desgaste en las campiñas gaditanas. Así lo refleja la Gran Crónica de Alfonso XI.
E en tanto que el rrey don Alonso fue a Valençia, estos caualleros moros, desque llegaron a Algezira, por mostrar que se non tenían por vençidos, entraron a correr tierra de Arcos e de Xerez e de Medina Sidonia, e llevaron los ganados que fallaron e pieça de homes catiuos. E los caualleros de la mesnada del rrey que estauan en Xerez supieronlo; e por quanto non auian mayoral por quien catasen, tomaron el pendon del conçejo de Xerez e dieronlo a vn cauallero que anduviese quanto pudiesse con aquel pendon ca todos le siguirian. E con la gran priessa del andar, erraron el camino por do yuan los moros e ayuntaronse a otra parte. E los moros andavan quantom pudieron con la presa, ca sabien que estauan en Xerez caualleros por fronteros. E yuan en pos de los moros siguiendo el rrastro pocos de omes de Xerez e de Arcos. E los moros entrando por un valle, aquellos pocos de christianos que seguían el rrastro subieron eçima de vn otero, e vieron el pendon de Xerez e los caualleros que lo leuauan e que yuan muy desviados de aquel camino; e por esso dieron de si dos hombres que gelo fuesen a decir y ellos, en quanto yuan los otros a hazer el mandado, por detener, manguer que los christianos eran muy poca conpaña, commençaron la pelea, llamando los christianos: Arcos!. E los moros no se les daua nada por ello, por quanto veyan que eran pocos e otrosi por que no llamauan Xerez, e tuvieron que aquellos christianos venían de escarnio e que los de Xerez no venían en pos dellos. E los caualleros que yuan con el pendon de Xerez, desque supieron que los moros yuan alli, vinieron quanto pudieron luego del rrecuesto e fueron a ferir en ellos. E en aquellos primeros golpes los moros arredraronse los vnos de los otros, e por esto ouo muy pocos feridos de aquella espolonada. E luego los moros ayuntaronse todos e tornaron a los christianos e lançaron las azagayas en ellos. E los christianos fueron todos aguijando ayuntados contra ellos muy de rrezio, de manera que los moros no pudieron boluer a ellos otra vez ni catar sino a fuyr. E los christianos siguieron el alcançe firiendo e matando en ellos, e mataron muchos dellos.

Y en estos cativaron vn cauallero moro que dezian el Botuyn, el ome de quien mas fiaua el rrey Alboaçen. E fueron allí muertos muchos moros de gran cuenta; e de quantos allí fueron no escaparon mas de hasat trezientos, e los otros fueron muertos y catiuos. E tornaron los christianos toda la presa que los moros llevauan; e vinieron a Xerez con el pendon e con gran honrra
” (6).



Hoy día, los campos de cultivo de La Matanza y La Matancilla, en las cercanías de Jédula, donde crece el trigo y el girasol, permanecen ajenos a aquellas luchas de frontera que, pese al paso de los siglos, han dejado sus ecos en estos singulares topónimos.

Para saber más:
(1) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 1999, p. 187.
(2) A. y J. García Lázaro: Con el Padre Coloma por las tierras de La Matanza, Diario de Jerez, 17 de Mayo de 2015. También A. y J. García Lázaro: La Batalla de Los Cueros, Diario de Jerez, 25 de Mayo de 2015.
(3) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera… Obra citada, p. 187
(4) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 55.
(5) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación. Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, p. 51.
(3) Catalán Menéndez-Pidal, D.: Gran crónica de Alfonso XI. Edición crítica y estudio. Madrid: Seminario Menéndez Pidal . Ed. Gredos, Madrid, 1976. Vol. 2 Pg. 301-302.


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Aquí puedes ver otros artículos sobre Paisajes con historia, En torno a Arcos, Toponimia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/02/2017

Humedales en torno a Jerez (1).
Un recorrido por las principales lagunas cercanas a la ciudad.




“Un humedal es un sitio donde te mojas los pies pero no puedes nadar”. Con esta llamativa expresión no exenta de intención humorística, con la que un conocido científico trataba de aproximarse a la definición del complejo mundo de los humedales, inician los profesores e investigadores Santos Casado y Carlos Montes su “Guía de lagos y humedales de España” (1).



Los humedales son ecosistemas a medio camino entre los ambientes terrestres y los acuáticos, mundos de frontera, zonas de transición difíciles de encasillar por su naturaleza ambivalente. En un sentido más amplio, se incluyen bajo la denominación de humedales una gran variedad de lugares como las marismas, las zonas pantanosas y lagunas del interior, las orillas encharcadas de ríos o lagos, los aguazales próximos a la costa formados entre el continente y el mar, las colas de los embalses, las charcas, las balsas… espacios todos caracterizados por su carácter fronterizo y cambiante, entre la tierra y el agua.

Desde 1997, cada 2 de Febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, fecha en la que los medios de comunicación, las instituciones y organismos oficiales y los grupos ecologistas y conservacionistas, ponen el acento y traen al debate público los valores de los humedales, los beneficios que reportan y las principales amenazas que les afectan. Conviene recordar que estos espacios son una parte importante de nuestro patrimonio natural y ecológico en los que encuentran refugio un gran número de especies animales y vegetales que los convierten en uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad. Por esta razón, y al objeto de que este rico patrimonio no se deteriore y pueda mejorarse, tanto la Unión Europea como otros organismos internacionales han puesto en marcha distintas figuras de protección para tratar de preservar muchos de nuestros humedales.

El Inventario Nacional de Zonas Húmedas incluye más de 2.500 humedales distribuidos por todo el territorio. A pesar de esta abultada cifra de espacios catalogados, organizaciones como SEO-BirdLife o Ecologistas en Acción vienen recordando cada año los principales riesgos que amenazan su conservación y nos alertan acerca de la pérdida y degradación de muchos de ellos.

La SEO advierte al respecto que los humedales “ya no son lo que fueron” y se han llegado a perder casi el 80% de las llanuras de inundación de los ríos (transformadas en cultivo y desecadas), el 68% de las lagunas interiores y el 59% de los humedales costeros.

Humedales en torno a Jerez.

Con el feliz pretexto de que el próximo día 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, vamos a ocuparnos de los enclaves más significativos de nuestro entorno. De los que se conservan, de los que se perdieron y de aquellos nuevos espacios “naturalizados” que, como las gaveras inundadas, los embalses, las balsas y pantanetas construidas en estos años para los riegos de fincas agrícolas, actúan “funcionalmente” como humedales.

Entre los más sobresalientes que encontramos en el término municipal de Jerez destacan sin duda las declaradas como Reservas Naturales entre las que se incluyen la Laguna de Medina y las lagunas de Las Canteras y El Tejón. Desde 1989, forman parte del Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía por sus valores ecológicos y por la importancia de la avifauna acuática que albergan, llegando a identificarse unas 120 especies, entre las que destacan las pertenecientes a las familias de las anátidas, limícolas y ardéidas. La importancia de estos espacios para las aves posibilitó también su reconocimiento como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) o su catalogación como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

Laguna de Medina.



La Laguna de Medina (a la que dedicaremos otro artículo monográfico), es sin duda la más conocida. Tras la desecación de la de La Janda a mediados del siglo pasado, pasó a ser también la de mayor extensión de la provincia de Cádiz. En la actualidad ocupa el segundo lugar de las lagunas andaluzas tras la de Fuente de Piedra, estando incluida en la Lista de Humedales de Importancia Internacional al amparo del Convenio Ramsar, siendo por méritos propios la “estrella” de nuestros humedales. La Reserva Natural tiene una superficie de 121 hectáreas abarcando su zona de protección un total de 254 hectáreas. Si bien su profundidad media está en torno a los 2 metros, en años excepcionalmente húmedos su cubeta ha llegado a registrar hasta 3,5 metros.

Pese a su valor para la avifauna, desde hace unos años, la Laguna de Medina ya no es lo que era debido a la presencia en sus aguas de un gran número de carpas.



Esta especie invasora, ajena al ecosistema llegó a la cubeta lagunar tras el rebosamiento de una balsa cercana, situada en una finca particular, en la que había sido introducida. Las carpas producen un efecto muy negativo sobre el medio, la fauna y la flora ya que remueven el cieno del fondo enturbiando el agua. Al ser especies herbívoras que alcanzan gran tamaño, llegan a esquilmar la flora que crece bajo las aguas y las especies vegetales semisumergidas, de las que dependen en buena medida la supervivencia de las aves acuáticas y, en general, la fauna de la laguna. Como consecuencia de ello, disminuyó drásticamente la presencia de aves en este enclave natura, lo que obligó en 2007, a la Consejería de Medio Ambiente, a llevar a cabo una serie de actuaciones para la eliminación de las carpas. Sin embargo, nuevamente han hecho su aparición en la laguna con las perniciosas consecuencias en el ecosistema y en la degradación de la comunidad de aves de la zona, por lo que se precisan nuevas intervenciones que acaben de una vez por todas con esta especie exótica que supone una seria amenaza para la segunda laguna andaluza en importancia.



Lagunas de Las Canteras y El Tejón.



Más desconocidas, por encontrarse en lugares más apartados de las vías de comunicación, son las lagunas de Las Canteras y El Tejón. Declaradas también como la de Medina, Reserva Natural desde 1989, están enclavadas en un hermoso paraje en el interior de las dehesas de Martelilla, al sur de la Laguna de Medina, donde se conservan los restos de antiguos encinares



a los que los cultivos han ido ganando terreno progresivamente. La zona periférica de protección de esta Reserva Natural es de 200 Ha, estando separadas ambas por algo más de un km.

De pequeña extensión, la superficie de cubeta de laguna Las Canteras es de 3,75 Ha., presentando una lámina de agua de manera permanente, salvo los años muy secos. De escasa profundidad, buena parte de la laguna está ocupada por la vegetación emergente que sirve de refugio a las aves. En el cinturón vegetal que la rodea crece una banda muy densa de carrizos, así como eneas y juncos de agua, escaseando los tarajes ya que son ramoneados por el ganado. En sus cercanías crecen bosquetes de eucaliptos y grupos de viejas encinas y acebuches. El nombre de esta laguna se debe a la proximidad de las antiguas canteras de Martelilla, de donde en el siglo XVI y en las centurias siguientes, se extrajo piedra para la construcción del Puente de Cartuja, el Cabildo Municipal de Jerez, el Monasterio de la Cartuja, la Catedral de Sevilla y otros muchos edificios de la ciudad.

La laguna del Tejón, de 6 ha, se sitúa un km al sur de la anterior y presenta una lámina de agua poco persistente, llegando a secarse durante buena parte del año, salvo en los meses lluviosos. El cinturón perilagunar alberga las mismas especies que en Las Canteras, si bien es menos denso y poblado. El fondo y las laderas de las cubetas de ambas lagunas están afectados por el pisoteo del ganado que las utiliza a veces como lugar de pastoreo y abrevadero.

Laguna de los Tollos.



En orden de importancia, en cuanto a los humedales de nuestro término municipal, siguen a los anteriores las lagunas de Los Tollos y Las Quinientas. La Laguna de Los Tollos (o “El Tollón”) está situada a caballo entre los términos municipales de Jerez y El Cuervo siendo, con más de 80 ha. de cubeta y 650 ha de cuenca, la tercera en extensión de Andalucía, tras la malagueña de Fuente de Piedra y la de Medina. Esta laguna figura ya en la Crónica de Alfonso XI (siglo XIII), al ser lugar de parada habitual de sus tropas en las cinco expediciones que este monarca castellano realizó para la conquista de Algeciras y el cerco de Gibraltar. El topónimo “tollo”, delata la naturaleza de este paraje ya que alude “terreno húmedo” o a “charco formado por el agua de lluvia”.

Desde que en 1976 se autorizase una concesión minera para la extracción de arcillas especiales (sepiolita y atapulgita) en su vaso, la laguna sufrió un permanente deterioro hasta el cierre de la explotación en 1998. Las denuncias y luchas de los colectivos ciudadanos y ecologistas llevaron a que en 2007, la Consejería de Medio Ambiente

anunciara su compra y la posterior elaboración de un proyecto de restauración (Life Los Tollos) que comenzó en 2011 y que está prácticamente concluido tras el sellado y relleno de las antiguas cortas mineras que ha permitido la recuperación de la antigua topografía de la laguna.



Este valioso humedal es de gran relevancia ecológica, por la importancia de sus comunidades biológicas y por las relaciones que las poblaciones humanas han establecido con este espacio a lo largo del tiempo. Tradicionalmente ha contado con la presencia de especies significativas de nuestra avifauna como focha cornuda, cerceta pardilla, calamón, tarro canelo, malvasía, porrón pardo… algunas de ellas en peligro de
extinción. A pesar de las alteraciones funcionales que sufrió, a consecuencia de su explotación minera durante más de dos décadas, la reciente restauración de su cubeta y los trabajos de reforestación llevados a cabo en el cinturón perilagunar hacen albergar grandes esperanzas para la regeneración de este espacio natural que aún precisa algunas intervenciones para la recuperación de algunos cauces tributarios, la mejora de su entorno paisajístico y la reforestación y uso público.



Laguna de Las Quinientas.

La Laguna de Las Quinientas es, como la de Los Tollos, otra víctima del desarrollismo que imperó durante la década de los sesenta y setenta del siglo pasado y que dispuso del medio natural al servicio de intereses mercantilistas sin escrúpulos. En esos años, y durante las décadas posteriores, fue utilizada por la Azucarera del Guadalete como balsa de decantación de sus vertidos industriales, destruyendo así un enclave natural de gran importancia, por su situación estratégica a medio camino entre el valle del Guadalete y la Bahía de Cádiz.

Ubicada junto a la antigua Cañada de la Isla y Cádiz, junto a la actual carretera que desde el Puente de Cartuja se dirige a Puerto Real, en sus orígenes la laguna de las Quinientas presentaba una extensión casi el doble de la actual, siendo alterada su topografía natural por la construcción de drenajes y por un muro que dividió en dos el antiguo vaso lacustre, para su transformación en balsa de vertidos y para la puesta en cultivo del resto de su superficie.

Este uso industrial de la laguna, provocó desde los primeros momentos importantes episodios de mortandad de aves que fueron denunciados por los grupos ecologistas en numerosas ocasiones, solicitando una y otra vez una solución a este tipo de actuaciones impropias de países desarrollados.

Tras los acuerdos hace unos años entre la empresa azucarera y la Junta de Andalucía, se firmó un convenio de colaboración en 2012, que ha permitido el vaciado de la laguna, la retirada de fangos del vaso lagunar, el cese de los vertidos y la progresiva naturalización de este espacio, lo que ha traído como consecuencia el cese de la mortandad de aves (2).

En la actualidad, con una superficie de 12 ha, su cubeta presenta hasta 3 m de profundidad, poseyendo en sus orillas una incipiente orla de vegetación en la que predominan los tarajes, carrizos y juncos. La recuperación de este enclave natural requerirá un largo periodo de tiempo, sin embargo resulta esperanzador que ya en 2015, en el último censo de aves acuáticas realizado en la laguna de las Quinientas, se hayan contabilizado 20 parejas de 7 especies distintas que han conseguido reproducirse: avoceta, chorlitejos chico y patinegro, ánades azulón y friso, cigüeñuela y pagaza piconegra.



Ahora que esta laguna ha empezado a funcionar como un enclave natural, libre ya de las aguas y los fangos contaminantes, esperamos que si las lluvias acompañan, vuelva la vida a sus aguas y como sucedía con anterioridad a 1969, muchas especies de aves saquen adelante a sus pollos en este paraje cercano al Guadalete y a la Bahía de Cádiz.



Pero si Los Tollos y Las Quinientas, pese a su deterioro, han pervivido en el tiempo, otras lagunas y humedales del entorno de Jerez se han visto aún más alteradas llegando incluso a desaparecer, evidenciando así la gran fragilidad de estos ecosistemas. Lo veremos la próxima semana.

Para saber más:
(1) Casado de Otaola S. y Montes del Olmo C.: Guía de lagos y humedales de España. J.M. Reyero Editor. Madrid, 1995.
(2) Laguna de Las Quinientas. Delegación Territorial de Agricultura, pesca y Medio Ambiente, 2 de febrero de 2015.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar en Lagunas y Humedales, Toponimia, Rutas e itinerarios, Parajes Naturales, Las lagunas “perdidas”. Humedales en torno a Jerez (2) y
  • Humedales en torno a Jerez (y 3). Un recorrido por las lagunas salobres, marismas y balsas.
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    Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 31/01/2016

     
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