Obras de restauración ambiental en el Guadalete (I):
en la Junta de los Rios.


Restauración ambiental junto al puente de hierro de la Junta de los Ríos
Como recordarán muchos lectores, la cuenca del Guadalete sufrió los últimos episodios de grandes inundaciones entre diciembre de 2010 y febrero de 2011. El desbordamiento del río en la vega baja y en numerosos puntos de la cuenca ocasionó graves pérdidas materiales y fue el punto de partida para que las administraciones implicadas iniciaran, ante las demandas ciudadanas y las peticiones de los colectivos y sectores más afectados, un plan de restauración ambiental del cauce.

La Consejería de Medio Ambiente pretendía con ello recuperar el cauce del río, tal como se presentaba cincuenta años atrás, al haber perdido en este tiempo buena parte de su capacidad para transportar y dar salida a los caudales de avenida. La progresiva invasión de la vegetación (especialmente eucaliptos) y la colmatación de las riberas y el cauce con sedimentos finos retenidos por la arboleda, habían disminuido notablemente la sección del canal fluvial y su capacidad de evacuación en los momentos de grandes crecidas, favoreciendo así los desbordamientos e inundaciones.

Puente de hierro. (mayo 2009)Puente de hierro. (agosto 2011)
Vista general del puente de hierro. (agosto 2011)

Los comienzos de las obras de restauración ambiental del cauce del Guadalete tuvieron lugar en septiembre de 2010. Se realizaron entonces los primeros trabajos de eliminación de grandes pies de eucaliptos y de retirada de sedimentos en los alrededores del Puente de Cartuja. La llegada de las lluvias de otoño e invierno obligaron a la interrupción de estas tareas que habían empezado a cambiar la fisonomía de distintos puntos de la ribera tal como quedaba patente en un reportaje publicado en este blog al que remitimos al lector interesado.

El Guadalete y el Majaceite en la Junta de los Ríos (febrero 2011)El Guadalete y el Majaceite en la Junta de los Ríos (agosto 2011)
El Guadalete y el Majaceite en la Junta de los Ríos (mayo 2009)El Guadalete y el Majaceite en la Junta de los Ríos (agosto 2011)

A lo largo del verano de 2011 se reanudaron las obras en numerosos puntos de la cuenca y desde “entornoajerez” hemos venido visitando los distintos tajos abiertos para conocer de cerca los trabajos que se están realizando, tal como expondremos en la serie de reportajes que hoy iniciamos.

Las actuaciones que se están llevando a cabo son de gran envergadura, a juzgar por los más de 30 puntos distintos de la cuenca, repartidos en 14 términos municipales, desde Alcalá del Valle hasta Jerez, donde se están realizando tareas de limpieza y restauración fluvial. Las intervenciones afectan tanto al río Guadalete, como a una veintena de sus afluentes entre los que se incluyen también arroyos que experimentan grandes crecidas en episodios de lluvia. Por centrar los comentarios en los lugares más significativos donde se realizan tareas de mayor calado, empezamos hoy por la Junta de los Ríos, un paraje sobradamente conocido donde unen sus aguas el Guadalete y el Majaceite, su principal afluente.

El lugar es de gran interés paisajístico por la confluencia de los dos principales ríos de la cuenca presentando las riberas un gran desarrollo arbóreo con presencia de una frondosa alameda en la que crecen también distintas especies de sauces y, en menor medida fresnos. Sin embargo, desde la década de los cincuenta del siglo pasado los eucaliptos comenzaron a poblar las orillas del río y el propio cauce donde contribuyeron a retener sedimentos produciendo un estrechamiento del mismo.

En la Junta de los Ríos se habían construido a comienzos del siglo XX los emblemáticos sifones en arco (conocidos popularmente como “las morcillas”) para que los canales de riego del cercano embalse de Guadalcacín pudieran salvar el Guadalete y el Majaceite. De la misma manera se había levantado un singular puente de hierro en la carretera Arcos-Vejer. Ambas obras pueden verse en las fotografías realizadas en la década de los veinte del siglo pasado, que en diferentes ocasiones hemos reproducido en este blog. En ellas puede apreciarse como en las riberas de ambos ríos aparecen despejadas y con escasa vegetación arbórea. Todo lo contrario de lo que nos mostraban hasta hace apenas unos meses, donde tanto el viejo puente de hierro como los sifones apenas podían entreverse entre el espeso ramaje de los eucaliptos que invadían las orillas y aún el propio cauce de los ríos.

Sifón del Majaceite (años 20)Con las obras de restauración y limpieza llevadas a cabo en estos meses la escena ha cambiado notablemente. Al eliminarse los grandes pies de eucalipto que habían crecido junto al puente de hierro, algunas de cuyas grandes ramas se entrelazaban con la estructura, amenazándola seriamente, hemos recuperado una insólita visión de esta singular obra que reclama una restauración para que pueda ser puesta en valor como ha sucedido con otros elementos de nuestro patrimonio industrial.

Si desde el puente observamos, aguas arriba, el punto donde físicamente se unen el Guadalete y el Majaceite, encontraremos que las riberas y cauces en este lugar conocido como “la Junta de los Ríos” se ha realizado un notable trabajo de restauración y limpieza y que ahora si es posible distinguir con nitidez ambos cursos fluviales. Basta con observar las fotografías que sólo unos meses antes habíamos tomado en este lugar para tomar conciencia de la envergadura del trabajo realizado.

La retirada de sedimentos y la eliminación de eucaliptos ha permitido también dejar a la vista la magnífica estampa del sifón del Majaceite, que luce ahora despuntando sobre la alameda y que podremos ver desde el mirador de excepción en el que se ha convertido el viejo puente de hierro. Unos meses atrás, sólo la torreta de coronación que emergía entre la copa de los árboles como un “periscopio”, daba pistas de que allí se levantaba una singular obra. En el cauce del Majaceite se ha “descubierto” también ahora una “isleta”, con la retirada de sedimentos, que provoca la separación del canal en dos brazos. Los álamos, sauces y tarajes dominan ahora en la galería, al haberse eliminado buena parte de los grandes eucaliptos que impedían el normal desarrollo de la vegetación autóctona.

Vista desde el Sifón del Majaceite
El sifón del Guadalete queda aún oculto en la espesura, si bien podría haberse realizado una descarga de la copa de los grandes árboles que lo ocultan aprovechando los trabajos de limpieza efectuados en la trasera de la Venta de la Juna de los Ríos. Este lugar bien podría convertirse en un singular balcón-mirador sobre el Guadalete.

Vegetación en la ribera (noviembre 2009)Vegetación en la ribera (noviembre 2009)
Vegetación en la ribera (septiembre 2011)

El nuevo puente de la carretera ha ganado también en ligereza con la limpieza de los grandes pies de eucaliptos que lo rodeaban y el pequeño embarcadero de la Granja Escuela que ha quedado ahora a la vista, invita –ahora más que nunca- a dar un paseo en piragua por el renovado cauce de los ríos.

Nuevo puente de la carretera
Cuando terminen las obras de limpieza debiera ponerse en valor este singular paraje mediante un sendero fluvial que conectara con la zona de la Venta y un mirador para el que merecería la pena consolidar y restaurar el viejo puente de hierro.

Próximo reportaje: Las riberas de La Greduela y La Ina.

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Por la Serranía de Grazalema tras los escenarios de la Batalla de Guadalete


Serranía de Grazalema desde 'Las Anderas'
Siguiendo con los artículos en conmemoración de los XIII siglos de la Batalla de Guadalete traemos aquí una curiosa versión que sitúa el lugar de la contienda en los parajes serranos donde se encuentra el nacimiento del río y de sus principales afluentes. Rafael Vargas Villalón, en su blog “Setenil Rural”, dio cuenta de las propuestas de los historiadores Ricardo Burguete y Jerónimo Bécker, quienes hace casi cien años defendieron el emplazamiento de aquella trascendental batalla de 711 en “las fuentes del Guadalete”.

Durante el siglo XIX, las tesis tradicionales sobre el lugar de la confrontación entre las tropas de Rodrigo y Tariq van a verse cuestionadas. Tras la traducción de la obra de Al-Maqqari, el Pascual de Gayangos y Arcehistoriador y arabista español Pascual Gayangos fue el primero –ya en 1840- en apuntar dudas acerca de que la famosa batalla hubiese tenido lugar a orillas del Guadalete, tal como la historiografía clásica había ya asentado. En esta misma línea se pronunciaron años después el arabista holandés Reinhart Dozy (1860), en sus estudios de la crónica bereber del s. XI conocida como Ajbar Machmua, así como Emilio Lafuente (1867), o los hermanos José y Manuel Oliver Hurtado, quienes basándose en distintas fuentes árabes plantean abiertamente que la famosa batalla se libró junto a la laguna de la Janda y el río Barbate, en su conocido trabajo “La batalla de Vejer o del lago de la Janda, comúnmente llamada del Guadalete” (1869), de cuyos argumentos nos ocuparemos en un próximo artículo. Esta misma opinión fue sostenida por el prestigioso ingeniero y arabista Eduardo Saavedra (al que debemos el faro de Chipiona) quien, con la publicación de su obra “Estudio sobre la invasión de los árabes en España” (1891), dio el espaldarazo definitivo a la tesis del emplazamiento de La Janda para la batalla entre musulmanes y visigodos.

Ricardo Burguete ReparazNo es de extrañar por ello que, cuando el mundo académico ya apostaba abiertamente por estos planteamientos resultara, cuando menos llamativa, la publicación de una nueva propuesta para la localización de la Batalla de Guadalete. Su autor, el prestigioso militar e historiador Ricardo Burguete Reparaz, héroe de la Guerra de África y condecorado con la cruz laureada de San Fernando, aportaba una visión original sumando a las fuentes literarias e históricas la visión de la estrategia militar, de los probables planteamientos bélicos de la contienda, realizados tras recorrer buena parte de la provincia de Cádiz y de las serranías de Málaga y Sevilla en busca de los posibles escenarios de la batalla.

En 1915 publica sus ideas en un trabajo que lleva por título “Rectificaciones históricas de Guadalete á Covadonga, y primer siglo de la reconquista de Asturias. Ensayo de un nuevo método de investigación é instrumento de comprobaciones para el estudio de la historia”, donde se apunta a la zona de cabecera de la cuenca del Guadalete, en el entorno de las serranías de Grazalema, Ronda y Algámitas como los probables lugares donde e enfrentaron Tariq y Rodrigo.

Jerónimo Bécker y GonzálezLas tesis de Burguete encontraron un significado propagandista en el historiador y diplomático Jerónimo Bécker y González, quien como miembro de la Real Academia de la Historia, defendió en un argumentado artículo que publica en el Boletín de esta institución (1916), la opinión de Burguete a favor de considerar las serranías donde nace el Guadalete y sus principales afluentes como un escenario mucho más acorde con la lógica militar que el propuesto por los defensores de la Laguna de la Janda como emplazamiento de la batalla. Dejemos que Becker desgrane estas ideas de Burguete:

“Tras hacer un estudio detenido de las crónicas latinas… y árabes… señalando las diferencias y las contradicciones que entre unas y otras se advierten, el Sr. Burguete ha recorrido el terreno, y tratando de ajustar á éste los relatos de los hechos, ha sacado la consecuencia de que el encuentro entre el monarca visigodo y el caudillo musulmán debió tener lugar, y tuvo lugar, seguramente, en las orillas de uno de los tres brazos del Guadalete, que es el camino más accesible, y por tanto el más militar, para penetrar en el enorme macizo montañoso conocido con el nombre de Serranía de Ronda, que forma un formidable baluarte constituido por la naturaleza…”

Al comentar Becquer la opinión de Burguete, guiado por la lógica militar, descartando la posibilidad de que el escenario fuese la Laguna de la Janda y los alrededores del Barbate, apunta:

Sierra de Grazalema-Algodonales desde 'El Terril'
“Desembarcado Tarik en Gibraltrar, si su objetivo era abrir la campaña en dirección recta á Córdoba, habría sido un desatino el encaminarse hacia el Barbate y lago de la Janda, porque dejando á su derecha y á retaguardia en parte el macizo montañoso de la Serranía, se exponía á que lo ocupase Don Rodrigo, en cuyo caso se habría visto aquél precisado á retroceder y se hubiese encontrado bloqueado en el Peñón. Gibraltar sólo carece de valor, si la Serranía está ocupada y fortificada; pero si la Serranía está abandonada y desmantelada, Gibraltar tiene un valor incalculable.

Mesas de 'Ronda La ViejaQue Tarik, al encontrar abandonada la Serranía se apresuró á ocuparla, lo demuestra el camino que siguió luego Don Rodrigo. Si aquél hubiese situado su ejército en las orillas del lago de la Janda, los visigodos, al llegar á término de Medinasidonia, no hubieran tenido más que tomar el camino alto de todos los tiempos que conduce á Alcalá de los Gazules y á Algeciras, envolviendo y rebasando la línea de Tarik, el cual se hubiese visto obligado á retirarse precipitadamente y á encerrarse en Algeciras ó en Gibraltar. Pero como Tarik estaba en la Serranía, Don Rodrigo no tenía más remedio que atacarlo en ésta; y como para apoderarse de un macizo montañoso no hay otro recurso que el de asediarlo por sus más anchas entradas y atacarlo ascendiendo con diversas columnas combinadas para obligar al enemigo á extender el frente, debilitándolo, Don Rodrigo, viniendo de Córdoba, no podía aventurarse á forzar el paso por los desfiladeros que desde El Margen (Almargen), por Teba y Cañete, conduce á las Mesas de Setenil; ni a Peñón de Algamitaatravesar los Gaitanes para embestir el frente oriental de la ciudadela de Ronda, y no le quedaba otro recurso que operar por el frente occidental en su parte norte, utilizando el amplio y accidentado portillo existente entre la prolongación del Peñón de Algamita por las sierras dé las Veguas (Yeguas) y de Algodonales, y la Sierra de Grazalema, en cuyo portillo nace, en tres brazos, el famoso Guadalete. "


Después de recorrer detenidamente el terreno, Burguete, gran estratega militar además de historiador concluye que: “Y esto es, indudablemente, lo que hizo Don Rodrigo, atacando por ese portillo, que le permitía operar con tres columnas en combinación que se apoyasen y flanqueasen para atacar, envolver y romper á un tiempo por un flanco y por el centro la línea de defensa de Tarik, que se extendía, sin duda alguna, desde las mesetas de Setenil al cerro de San Cristóbal, en Grazalema, es decir la línea de fuentes del Guadalete; y debía estar ahí la línea de defensa, porque los musulmanes no podían esperar ser atacados por otra parte viniendo Don Rodrigo desde Córdoba. Así se explica también que Tarik pidiese urgentemente refuerzos á Muza, pues la defensa de las altas mesetas de la Serranía de Ronda exige una guarnición proporcionada á su magnitud.”

Vista panorámica de Setenil de las Bodegas
“Realizándose así por parte de Don Rodrigo la operación, que en el lenguaje de la ciencia militar moderna podría llamarse «ruptura operativa», se explica que diversas crónicas arábigas digan que la batalla duró de cuatro á ocho días, pues indudablemente al ascender los visigodos por las orillas de los tres brazos del Guadalete, se verían precisados á sostener durante varios días diversos combates, porque Tarik saldría á cerrarles el paso en las estrechuras para ceder lentamente con defensa obstinada en los recuestos de la montaña, hasta que se produjo la traición que ocasionó la derrota de Don Rodrigo.

Pico de San Cristóbal - Sierra de GrazalemaPero la batalla no habría podido durar, no ya ocho días, como dicen algunos cronistas, ni siquiera cuatro, como afirman otros, si se hubiese librado en las inmediaciones de la laguna de la Janda, terreno ligeramente ondulado en el cual, sobre ser pequeño para el número de combatientes, las armas que entonces se usaban y la diferencia de fuerzas entre moros y cristianos, hacían imposible un combate de semejante duración. Y no se diga, como he oído afirmar á persona muy competente, que el encuentro comenzó en la laguna de la Janda, y que Don Rodrigo se fué retirando hasta sufrir la derrota definitiva en las orillas del Guadalete; porque esto contradice un aserto en el cual convienen todos: que la batalla se iba desarrollando en sentido favorable á los visigodos, hasta que se produjo la traición de los witizianos. Para que Don Rodrigo se hubiese ido retirando desde la laguna de la Janda, pretendiendo buscar refugio en la Serranía por el portillo del Guadalete, era preciso que desde el primer momento la suerte de las armas le hubiese sido adversa, pues nadie se bate

Grazalema
en retirada cuando va venciendo. Además, se olvida que en las inmediaciones de la laguna de la Janda todo favorecía á Don Rodrigo, que no sólo tenía fuerzas mucho más numerosas que las de Tarik, sino que contaba con abundante caballería, de la que carecían los musulmanes, y que éstos no eran árabes, sino bereberes, más acostumbrados á la guerra de montañas que á luchar en campo abierto: otra razón para creer que Tarik, en cuanto desembarcó, debió apresurarse á ocupar la Serranía.

No se sabe de ciencia cierta en qué parte de la línea de batalla cumplieron los witizianos su compromiso de abandonar á Don Rodrigo y revolverse contra él, y no parece verosímil que se El Peñón de Zaframagón visto desde la Sierra de Líjarconfiase á parientes cercanos de Witiza el mando de las columnas que formaban las alas derecha é izquierda del ejército real; pero el terreno dice que la columna que avanzaba por Zaframagón, que correspondía al brazo tercero del Guadalete, debió ser la que consumó la traición, pues siendo aquélla la destinada á envolver, se explicaría perfectamente que al trocarse en enemiga los visigodos fuesen rechazados en la hondonada que forma el río entre Puerto Serrano y Villamartín.

De este modo, acoplando á los accidentes del terreno la versión por unos y otros aceptada, procura el Sr. Burguete demostrar su tesis; y si, como dice Saavedra, donde falta el hecho positivo y comprobado, debe llenar el hueco la conjetura racional, dejando á un lado entusiasmos patrióticos, armonías sistemáticas ú opiniones admitidas por autoridad constante, si ha de ser desechado lo imposible ó contradictorio, pero buscando el sitio adecuado de donde lo haya arrancado la vulgar inadvertencia, claro es que, cuando menos, hay que otorgar a los asertos del Sr. Burguete una gran consideración. Lógica y racionalmente pensando, con un criterio estrictamente geográfico-militar, hay que admitir que la batalla se dio en el tercer brazo del Guadalete, y no debió darse en ninguna otra parte; pero ¿tenemos la seguridad de que Tarik y Don Rodrigo se atuvieron á los dictados de la estrategia? No, esa seguridad no existe, y no existiendo puede sospecharse que Tarik, encontrando abandonada la Serranía, no la ocupó, y que teniendo fuerzas muy nferiores á las

Sierra del Tablón - El Terril
de su adversario, no vaciló en aceptar el combate en un terreno que le era desfavorable; como puede sospecharse también, que Don Rodrigo, pudiendo realizar, un movimiento envolvente, que hubiese obligado á retirarse á los moros, prefirió atacar de frente. Porque toda esta serie de errores, cometidos por una y otra parte, es preciso admitir para creer que la batalla se dio en el lago de la Janda.

Y no se diga, para justificar esa supuesta ó efectiva conducta de Tarik, que éste contaba con la traición: un caudillo medianamente prudente no puede arriesgar su ejército por la esperanza de que una parte de los enemigos abandone sus banderas. En la Serranía, si la traición no se consumaba, habría podido irse retirando poco á poco hasta encerrarse en Gibraltar: en la Janda, sin la traición de Sisberto, estaba perdido. Sin embargo, admitimos que esos errores pudieron cometerse, y por tanto no aceptamos de plano la explicación del Sr. Burguete. Nos parece muy verosímil, muy lógica, pero nada más de momento.”

Vista de la Sierra Líjar desde Zahara
Como ven, la Batalla de Guadalete y su escenario, fueron objeto de numerosos estudios y debates académicos que en buena parte no han sido resueltos todavía, XIII siglos después, como veremos en otros artículos.

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