Paisaje con ciudad al fondo.
La vista de Xeres de la Frontera de Joris Hoefnagel (S. XVI).




Un hombre lleva sobre sus espaldas un pesado odre. Camina con dificultad detrás de unos arrieros que conducen una recua de mulos cargados de sacos hacia la ciudad que se nos muestra cercana, extendida en el horizonte sobre las lomas de la campiña. Ocupando el centro de la escena, en primer plano, un distinguido personaje, vestido con ricos atuendos, sujeta por la empuñadura su espada envainada mientras tiende la mano a una dama. En sus cercanías dos jinetes, portando lanzas y escudos, escaramuzan junto al “camino para el Puerto de S. María y para Cádiz”. Al fondo del grabado, cercada de muros, una ciudad nos muestra su dilatado caserío en el que despuntan las torres de sus iglesias. Una ciudad, Jerez, que es ya a mediados del siglo XVI una de las más pobladas del reino. Esta es la estampa que ofrece Hoefnagel en su vista de Xeres de la Frontera realizada entre 1563 y 1567. (1)

Jerez en el primer atlas moderno.

Esta ilustración forma parte de una magna obra que con el título de Civitates Orbis Terrarum, vio la luz entre 1572 y 1617 editada por el impresor Georg Braun y en la que se incluían también grabados del cartógrafo y pintor Franz Hogenberg. Concebida como complemento al atlas del mundo de Abraham Ortelius (Theatrum Orbis Terrarum), en esta obra monumental colaboraron más de un centenar de cartógrafos, dibujantes y pintores paisajistas que dejaron testimonio de numerosos rincones de todos los continentes conocidos, lo que nos ha permitido retener en imágenes muchos aspectos relevantes de la vida cotidiana y la fisonomía de las ciudades del siglo XVI.

Uno de estos colaboradores que viajó por diferentes países europeos dibujando y pintando vistas fue el artista flamenco Joris Hoefnagel, quien pudo visitar Jerez entre los años 1563 y 1567, dejando así testimonio gráfico de Jerez con este singular grabado de gran valor histórico, que ha quedado ya como una de las primeras estampas en las que se aprecian muchos detalles de cómo era nuestra ciudad a mediados del siglo XVI. Esta vista de Xeres de la Frontera será incluida en la selección de 480 ciudades de todo el mundo que integrarán la colosal obra Civitates Orbis Terrarum.

Algunos autores mantienen que el trabajo de Hoefnagel pudo estar inspirado en uno anterior realizado por el dibujante paisajista flamenco Anton Vanden Wyngaerde, quien recorre España desde 1561 por encargo de Felipe II para dibujar una colección de 62 vistas de las ciudades más notables del reino, y quien dedica también varios de sus dibujos a Jerez (2). Si bien las vistas de “Antonio de las Viñas” (como se conoce también a Wyngaerde, y de quien nos ocuparemos en otra ocasión) son más detallistas y meticulosas, las de Hoefnagel son más espectaculares y luminosas, más coloristas y escenográficas. Como esta de Jerez que comentamos. O como las dedicadas a Conil, Vejer, Setenil, Bornos, Zahara, Los Palacios, Las Cabezas, Lebrija y otras muchas ciudades andaluzas que se deben también a su mano.



El Jerez del XVI: una gran ciudad en expansión.

En estos años en los que Hoefnagel visita Jerez, entre 1563 y 1567, la ciudad cuenta con numerosas iglesias y conventos y las obras de la Cartuja están ya muy avanzadas. Son los años en los que se termina la Cruz de la Defensión y en los que el puente del Guadalete en el Vado de Medina lleva ya dos décadas prestando sus servicios. Los Hospitalarios de San Juan de Dios de instalan en el Llano de San Sebastián, actual Alameda Cristina. Como cuenta Rallón (3), el cabildo planea construir una calzada desde la ciudad a El Portal, para facilitar el transporte de vinos hasta el embarcadero, así como de mejorar el camino hasta el convento agustino de Guía. De la misma manera, se estudian los proyectos de acercar el río hasta la Puerta Nueva presentados por ingenieros holandeses, o los que pretenden traer el agua desde la fuentes de Badalejo y Pedro Díaz como propone el licenciado Bravo. Rallón nos recuerda que en 1567 “florecía en esta ciudad un siervo de Dios llamado Juan Pecador” que pretendía hacer un hospital para los pobres necesitados y enfermos… Pero volvamos a la vista de Hoefnagel.

Manuel Mª González Gordon, en su conocida obra Jerez, Xerez, Sherish, nos aporta un valioso testimonio de aquel Jerez reflejado el grabado de Hoefnagel: la traducción de algunos fragmentos del texto latino que figuraba al dorso del grabado, en el atlas en el que fue publicado en 1565, traducidos por D. Teodoro Molina Escribano quien fuera abad del la Colegiata de Jerez. En él se afirma que Jerez es una “…ciudad conspicua por lo espaciosos de su asiento y amplitud de sus muros…Sus campos, plantados de viñedos y cereales, feraces en vinos, aceite, trigo y todo género de frutos, de tal suerte son productivos que se muestran en cualquier tiempo, contra la credulidad de los hombres, como en una perenne primavera y perpetuo verdor que matiza sus variadas mieses y sus vastísimos prados, cubiertos y vestidos del verdor de sus granos y flores, constituyen el encanto de quien los contempla… De aquí proceden los famosos vinos que son exportados hasta las gentes de la India, y Alemania, Francia, Inglaterra, Escocia, Holanda y a todas las regiones del Universo son exportados todos los años… Es tal la cantidad de vino que anualmente produce este territorio a sus cultivadores, que apenas bastan para almacenarle 40.000 vasijas de tres anas cada una, y alguna vez se ha comprobado que el número de estas vasijas de madera pasó de 80.000. Esta región produce prestantísimos caballos entre todas las regiones de España, principalmente de carrera… son educados por nobles con una industria admirable divirtiéndose grandemente con sus carreras en los hipódromos cuando celebran combates a caballo en los que mutuamente se ejercitan con cañas en vez de lanzas, a la manera como los moros suelen manejar las lanzas y arrojarlas contra los enemigos. En la lengua patria estos juegos se llaman “Juegos de Cañas”. (4)

La vista de Xeres de la Frontera.

A nadie escapa que las vistas de ciudades aportan una valiosa información para el estudio del paisaje urbano, de su entorno natural y del medio físico donde se enclavan. Por esta razón cuando observamos detenidamente estos primeros grabados de Jerez que han llegado hasta nuestros días y, en especial los realizados en el siglo XVI, hace ya 450 años, podemos conocer también algunas claves del contexto geográfico, político, económico y comercial de nuestra ciudad.

Así, en la escena que nos ofrece Hoefnagel aparecen ya los rasgos definitorios del paisaje de la campiña tal como hoy pueden contemplarse todavía, destacando las suaves lomas que rodean de la ciudad en las que ya ha desaparecido la vegetación natural que ha sido sustituida por cultivos. Entre ellos destacan especialmente los viñedos, que alternan en la imagen con lo que posiblemente podrían ser campos de cereal y con prados que llegan hasta los mismos muros. Son las tierras de los pagos de Torrox, Anaferas, Gibalcón… que desde las faldas de San Cristóbal se extienden hasta las cercanías de la ciudad. El casco urbano se adapta también a esta topografía irregular de la que la imagen de Hoegnagel ha sabido captar sus rasgos más llamativos. En el extremo de la derecha se aprecia el punto más elevado ocupado por el Alcázar, reflejándose también el pequeño valle del Arroyo de Curtidores, cuyas laderas condicionan la disposición del muro y el caserío.

La imagen muestra también algunas construcciones relevantes en los extramuros de la ciudad, apreciándose en el centro, en segundo plano, la ermita de “Nuestra Señora de Guía junto a la que hay también otras edificaciones. En estos años, este lugar es un monasterio agustino del que los frailes se trasladarán en 1643 al que fuera Hospital del Pilar. De la misma manera se refleja también en la escena el antiguo camino de “los Puertos y Cádiz”, a la izquierda de la imagen, que partía de la ciudad por la Puerta del Arroyo, abierta en 1500. El grabado lo señala explícitamente con la leyenda “Camino para el Puerto S. María y para Cádiz”, y es normal que así se destaque ya que era una de las vías de comunicación más importantes y transitadas de nuestro entorno, que cruzaba el mencionado arroyo por una alcantarilla situada junto a la Ermita de Guía, como parece reflejarse en el grabado. Algunos de los caminos que bajan de la Sierra de San Cristóbal se aprecian también en la imagen, así como una curiosa cuesta muy empinada que nos recuerda, por su situación a los pies del Alcázar y del barrio de extramuros de San Miguel, a la actual “Cuesta de la Alcubilla”.

Hoefnagel ha reflejado como rasgo de identidad de nuestra imagen urbana, el recinto murado, apreciándose detalles de los lienzos de muralla, de la barbacana, de las torres, de la Puerta de Rota, del Alcázar… Entre el caserío destacan las torres y los edificios de algunas iglesias como la de San Salvador, San Mateo, tal vez San Marcos…, distinguiéndose lo que al parecer son casas palaciegas y otras construcciones de mayor envergadura, muy posiblemente bodegas. En las afueras de la ciudad se aprecian ya los barrios de extramuros de Santiago (izquierda) y San Miguel (derecha). Lo que pudiera ser una pequeña ermita con su espadaña se dibuja también en las cercanías del Alcázar, a la izquierda del camino que sube hacia la ciudad.

Las claves simbólicas del grabado de Hoefnagel.

Los profesores Javier Navarro Luna y Antonio García Gómez (5), en un interesante estudio titulado Las vistas de ciudades. Una imagen geográfica de las ciudades andaluzas en el siglo XVI, aportan algunas claves de análisis que nos ayudan a interpretar mejor este grabado



de Xerez en sus aspectos simbólicos. A su entender, como sucede también en las vistas de otros lugares, el autor quiere destacar aquí la actividad económica más significativa de la ciudad centrada en el cultivo de la vid y la producción y comercialización de vino “… y es la principal imagen que trata de transmitir el grabado de Hoefnagel, donde con gran minuciosidad se dibuja un paisaje de suaves lomas cubiertas de viñedos, en ordenadas parcelas”. En el libro original, el grabado de Jerez aparece junto al de Conil, donde, como en Jerez, también se muestra la principal actividad económica de esta villa: la pesca del atún en almadrabas y las diferentes fases de su elaboración y preparación.

Pero la vista de Xerez aporta otras muchas claves y junto al paisaje modificado por la actividad humana nos habla también de sus pobladores. Como señalan acertadamente los mencionados autores, “…la imagen presenta dos grandes planos. El primero recoge escenas y personajes costumbristas, a un lado dos caballeros luchando, símbolo quizás de su posición fronteriza – de ahí su nombre- durante muchos años entre los reinos cristiano y nazarí, seguidos de dos personajes cuyos ropajes los identifican como los dos grandes poderes de la ciudad, el uno eclesiástico y el otro nobiliario. Por último, aparece el pueblo llano en las figuras de trabajadores que dirigen una recua de mulas hacia la ciudad, y otro que carga un saco a sus espaldas y los sigue”. En relación a las dos figuras centrales otros autores, como Ferrán Soldevila (6), interpretan que los personajes centrales son “una dama y un caballero”. Sea como fuere Hoefnagel deja constancia de los diferentes estamentos de la ciudad y los representa, de manera estereotipada si se quiere, realizando aquellas actividades que cabe esperar de su posición social, vestidos y ataviados con las indumentarias propias de su rango.

Y como decorado de fondo, Jerez: “Al fondo aparece la ciudad rodeada de un imponente lienzo de murallas dado su carácter fronterizo. A lo largo del perfil urbano, que ocupa todo el frontal del fondo, se nos muestra un caserío muy concentrado, entre los que destacan las siluetas de los grandes edificios religiosos – iglesia de San Salvador- y civiles –casas palacio y bodegas- Aunque apenas se vislumbra `por la perspectiva adoptada, indicar que el paso de la ciudad islámica a la cristiano supuso una transformación radical ni en las viviendas, ni en la morfología urbana”.

En estos días fríos que anuncian ya el invierno hemos querido volver a las afueras de la ciudad para situarnos en el lugar aproximado que Joris Hoefnagel debió escoger hace 450 años para realizar su vista de Jerez. En la fotografía se refleja lo que hemos contemplado. Ni que decir tiene que nos quedamos con la imagen de nuestro dibujante flamenco.


Para saber más:
(1) Enlace con la “Vista de Xeres” de J. Hoefnagel: http://historic-cities.huji.ac.il/spain/jerez/maps/braun_hogenberg_II_6_2.html
(2) Marías, Julián.: Las ciudades de Antonio de las Viñas ABC de Madrid. 08/05/1987.
(3) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación. Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. III P 151-162.
(4) González Gordon, Manuel Mª.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970. Pg. 53.
(5) Navarro Luna. Javier y García Gómez, Antonio.: Las vistas de ciudades. La imagen geográfica de las ciudades andaluzas en el siglo XVI. Dpto. de Geografía Física y A.G.R. Univ. De Sevilla. 2009
(6) Ferrán Soldevila.: Historia de España. Volumen 3. Ediciones Ariel, 1952. pg. 182

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 30/11/2013

En el Puerto de Gáliz.
Un recuerdo a Juan “el Igualeja”.




En un paraje remoto donde las provincias de Cádiz y Málaga comparten bosques, montes y arroyos, en un lugar alejado de pueblos y ciudades, en el corazón del Parque de Los Alcornocales, allí el Puerto de Gáliz.



Desde siempre -como sucede ahora- fue encrucijada de caminos y paso obligado de quienes iban y venían de las comarcas de la campiña gaditana a las serranías de Cádiz y Málaga, o de los que buscaban las rutas hacia el Campo de Gibraltar, pasando por La Sauceda y por Jimena.

Gales, Galis, Gáliz: un nombre cambiante.

Desde la conquista en 1309 del castillo de Tempul por las tropas castellanas de Fernando IV, este enclave, como sus montes y valles cercanos, pertenecieron al término de Tempul, pasando posteriormente a sumarse al alfoz jerezano tras la cesión en 1333 de estos territorios al Concejo de Jerez por la Corona.

Desde el s. XVI, tenemos ya referencias del Puerto de Gáliz. En La Carta de previlexio donando el castillo de Tempul (1351), las menciones a este lugar aparecen con la forma Gales: “(…) partiendo término de Gales con Venajssin”, se ayunta el río que sale del puerto de Gales” (1). A mediados del S. XVI, en el Libro de la Montería, existen varias alusiones a la alcaría o alquería de Gales, que da también nombre a un río. Aunque algunos autores asocian estas citas a los parajes del Puerto de Gáliz, pensamos que por la descripción del entorno que se apunta en esta obra, debe tratarse de un enclave con el mismo nombre próximo al Tiradero, en Los Barrios (2).



A finales del XV, se mantiene aún este mismo topónimo y, como Puerto de Gales figura también en los documentos y testimonios de los jueces, procuradores y medidores que visitan la zona con motivo de los pleitos que el Consejo de Jerez mantiene con el Duque de Arcos por los términos de las Cuatro Villas, a partir de 1485, y con la ciudad de Ronda, desde 1490 (3).

Como Puerto de Galis se menciona ya en 1500, en la copia del Privilegio de Cesión, en el que se describen los límites del término de Tempul y su amojonamiento y donde se alterna también este nombre con la primitiva forma de Gales: “(…)E el otro mojón va a cabo delante y esta en una syerra donde se levanta Focalcuerda, agua vertiente de Tempul e cabo adelante sube a una carera antigua a mano yzquierda desta caueza que va a ayuntarse con el camino que va de Tempul a Benafasin e dende toma un çerro ayuso partiendo término: Galis con Benahazín y es Gales de Xerez e Banahazin de Alcalá e da consigo do se ayunta una garganta que se levanta de la syerra del Algibe y se ayunta en el río que sale del Puerto de Galis(4). En 1577, en el Señalamiento de las dehesas de Montes de Propios existen ya sólo referencias al Puerto de Galis (5).

En los siglos posteriores parece consolidarse esta denominación. Un fragmento de un mapa en pergamino, datado a comienzos del s. XVIII, que es el más antiguo que se conserva en nuestro archivo, lo recoge ya como Galis (6), al igual que un curioso plano de 1729 sobre los pleitos de términos con el Duque de Arcos (7). También el primer mapa provincial de Cádiz, elaborado por F. Coello en 1868 (8), El Plano Catastral de 1897 (9) o el del término de Jerez de Lechuga y Florido (1898), mantiene esta misma forma (10). El Plano Parcelario de A. López Cepero (1904) introduce una nueva variante. "Puerto de Galli" (11) y el ingeniero Antonio Gallegos, describiendo en 1916 el proyecto de construcción de la carretera de Cortes, vuelve de nuevo a la forma más antigua para referirse a este lugar: Puerto de Gales (12).



Definitivamente, para fijar el topónimo que hoy pervive, habrá que esperar al primer mapa topográfico Nacional del Instituto Geográfico en 1917 en el que se incluye ya la forma actual de Puerto de Gáliz, que se mantiene en la cartografía posterior hasta nuestros días.

Un paraje testigo de la Historia.



Por su condición de encrucijada de caminos no resulta extraño que el Puerto de Gáliz fuese testigo en los siglos medievales de las guerras de frontera, y del ir y venir de las tropas musulmanas que guerreaban entre el Tempul y Cardela o de las cristianas que peleaban por la toma de Jimena y de la Serranía de Villaluenga. Conoció después, en el s. XVI, las escaramuzas contra los moriscos, o la rebelión de los monfíes en la zona de los Montes de Jerez y en los bosques del Aljibe y La Sauceda.

Fue testigo del paso de bandoleros, de arrieros y carboneros, de corcheros y cazadores, de contrabandistas y trajinantes. En la Guerra de la Independencia, estos parajes vieron pasar las tropas del General Ballesteros en sus refriegas serranas contra los franceses y en recuerdo de este personaje, la enorme roca de arenisca, auténtico hito natural que se levanta en el cruce frente a la venta, es conocida como Peñón de Ballesteros. Ya en el siglo XX, aún frescos en el recuerdo los bombardeos y la destrucción de La Sauceda, los fusilamientos junto al Marrufo…, el Puerto de Gáliz guarda también memoria del paso de aquellos crímenes de 1936 que esperan aún –por dignidad y justicia- ser reparados.



La venta de Puerto de Gáliz: un lugar de parada obligada.



Hoy en día, el Puerto de Gáliz continúa siendo esa encrucijada de caminos entre las carreteras que unen Jerez, San José del Valle y Algar con Cortes y Ubrique o con Jimena y Alcalá. Y presidiendo este paraje, como un faro entre los bosques de alcornoques, la conocida Venta del Puerto de Gáliz. Los actuales propietarios nos informan que ya en 1940, la casa en torno a la que se construyó posteriormente la venta, servía sus primeras viandas a los viajeros que transitaban por estos apartados lugares. A partir de 1960 amplió sus servicios y hoy es parada obligada de quien circula por estas carreteras y aún destino final de otros que quieren disfrutar del paseo y de los magníficos paisajes que nos deparan los Montes de Jerez, y los bosques de Los Alcornocales. Y es que a veces, como en el Viaje a Itaca, lo importante es la travesía y estos caminos bien la merecen si a todo ello sumamos además la estampa añeja y hogareña de esta venta que, en palabras de Elena Posa, “invita a la excursión por sí misma”, y a la posibilidad de saborear los mejores platos de carne de caza (13).


En la cercanías del Puerto de Gáliz no faltan hermosos parajes naturales y rincones con sabor serrano para disfrutar de un día de campo o de un agradable paseo por el monte: La Sauceda, El Marrufo, la Sierra del Aljibe, Los Hurones, El Tempul los Montes de Jerez, El Mojón de la Víbora, el Cerro del Berrueco… lugares a los que nos acercaremos en futuras excursiones.



Un recuerdo a Juan “el Igualeja”.



Y junto a todo lo anterior, queremos atraer la mirada del viajero hacia las ruinas de una vieja casa ubicada frente a la Venta, al otro lado de la carretera, a los pies del Peñón de Ballesteros, esa enorme roca aislada que preside el puerto y que es ya un auténtico monumento natural. Esas ruinas es todo lo que queda de un antiguo ventorrillo. El Plan General de Ordenación Urbana de Jerez de 1995 incluía esta casa, la “Casa Contreras” -como se la conocía y como figura aún en la cartografía del IGN- en su catálogo de bienes a proteger como patrimonio rural y etnográfico gracias al acierto de M.A. González Fustegueras y J. Antonio Márquez que reconocieron sus valores (14). Se quería destacar así la singularidad de esta construcción -claro ejemplo de arquitectura popular-, su especial estampa y su sabor tradicional. Los que la conocimos antes de su ruina recordamos su horno de pan, su solería de piedra de Tarifa, las vigas de madera que sostenían su tejado de teja árabe, su soberado, el pequeño emparrado de la entrada…

Pero sobre todo recordamos a sus últimos moradores: “Juan el Igualeja” y su esposa Catalina. Allí, en su casa, en la Venta “vieja” de Puerto de Gáliz servían, junto a su apacible conversación, algunos refrescos o café de pucherete o unos huevos fritos con chorizo. En ocasiones, los huevos se recogían para la ocasión en el corral de la casa y las chacinas colgaban de una alcayata clavada en una viga del techo… La casa cerró a finales de la década de los noventa, pero la recordamos vivamente. Hace casi veinte años, la última vez que visitamos la casa-ventorrillo de Juan y Catalina, con Agustín Cuello, J. A. Márquez y otros compañeros, en la pequeña estancia donde esta buena gente recibía a sus “clientes”, visitantes y amigos, podía leerse en un cartelito colgado en la pared: “Casa de Juan El Igualeja. El que tenga bulla que se vaya”. Toda una rotunda declaración de intenciones. De buenas intenciones.

Cada vez que venimos al Puerto de Gáliz, además de disfrutar de su Venta y del paseo, nos gusta acercarnos hasta lo que queda de la casa de Juan “El Igualeja”. Entre las ruinas, aún podían verse hasta no hace mucho, los restos de aquel viejo sillón donde se sentaban las visitas que no tenían “bulla”.

Para saber más:
(1) Carta de previlexio donando el castillo de Tempul. Sevilla, 30 de diciembre de 1351. Archivo de la Catedral de Cádiz. MARTINEZ RUIZ, J.: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII, Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de la muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, p. 120.
(2) Pascual Barea, J.: El Paisaje histórico de los términos de Tarifa y Algeciras según la toponimia del Libro de la Montería en el siglo XIV en El paisaje rural en Andalucía Occidental durante los siglos bajomedievales. Actas de las I Jornadas Internacionales sobre paisajes rurales en época medieval. (Emilio Martín Gutiérrez (ed.), UCA, 2009, p. 141. Valverde sitúa este otro “Gales” en el Cerro de los Gádalos, próximo a San Carlos del Tiradero, en Los Barrios. Véase al respecto-Valverde, J.A.: Anotaciones al Libro de la Montería del rey Alfonso XI, ed. J.A. de la Fuente Freyre, Salamanca, 2009. Págs. 1449 y 1452
(3) Salas Organvídez, Mª. Antonia.:Relaciones de la ciudad de Jerez con la ciudad de Ronda y villas de las Serranía de Villaluenga. (Final Siglo XV y XVI)”, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, Ayuntamiento de Jerez-Universidad de Cádiz, 2014, pp. 373-382
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004, p. 257.
(6) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(7) Mapa del Término de Tempul, Anónimo, 1729, Impreso, 41 x 54 cm. AMJF. C.13, nº 26
(8) Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(9) Archivo Histórico Provincial de Cádiz.: Trabajos Topográficos. Provincia de Cádiz. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. Escala 1:25.000, Hoja 5, 1897
(10) Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera, Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897, por Antonio Lechuga y Florido.
(11) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto. Año de 1904. Escala 1:25.000
(12) Gallegos, A.:Alrededor del pantano”, Revista de Obras Públicas Madrid, 23 de Marzo de 1916, nº 2113 Año LXIV, p. 134
(13) Elena Posa.: Cádiz Venta a Venta. Diputación de Cádiz, 1999, p.160.
(14) Plan General Municipal de Ordenación Urbana. Jerez. 1995. Puede consultarse también el Plan Especial de Protección de la Sierra del Aljibe (T.M. de Jerez). 1986.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/01/2016

 
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