Con nombre de mujer.
Topónimos femeninos en la campiña de Jerez (y 2).




Como continuación de nuestro artículo de la semana anterior, en el que hacíamos un recorrido por los distintos lugares de la campiña que tienen nombre de mujer, les proponemos hoy un nuevo “paseo” para recordar otros muchos topónimos femeninos que aún se conservan. No siempre es fácil distinguir si algunos nombres de fincas, dehesas, caminos o parajes hacen referencia a las mujeres con las que estuvieron vinculados o si



por el contrario se ha adoptado la forma femenina para indicar la posesión de un propietario con un determinado apellido, como era habitual en algunas viñas. Sea como fuere, todavía es posible encontrar muchos de esos rincones con nombre de mujer.

Con nombre propio

Algunos lugares de nuestro entorno conservan el nombre propio de las que en tiempos pasados fueron sus poseedoras. Es el caso, por señalar sólo algunos ejemplos, de las hazas de Doña Rosa (en las Mesas de Santa Rosa, junto a Cañada Ancha), Doña Ana (en La Mariscala), Doña Inés (en El Barroso) o Doña Isabel (junto al Rancho de los Colores).



Entre las viñas, muchas llevan también nombre propio de mujer y así, repartidas por los alrededores de la ciudad, mencionamos las de Agustina (Cuartillos), Angélica (Solete), Carmen (Torrox), Emilia e Isabel (Macharnudo Bajo), La Ramona y La Ramoncita (ambas



en el Pago de Almocadén), como ejemplo de las muchas que aún se conservan. Una muy conocida es la de Dos Mercedes, cuyo caserío corona el cerro desde el que se domina todo el pago de Carrascal.

Las Vegas de Elvira es el nombre de un cortijo y de un rincón de la campiña en las proximidades del embalse de Guadalcacín, por cuyas tierras pasaba el acueducto romano de Tempul-Gades y pasan aún los acueductos de Tempul (s. XIX) y de los Hurones (S. XX).

La Dolores da nombre a unas tierras inundables junto a la cañada de Burujena. Otra antigua cañada, la de Juana Franco, es también conocida como la de Doña Juana, antropónimo con el que se denomina igualmente a unas tierras cercanas al Caño del Bujón, colindantes con el Arroyo Blanquillo y con el Cerro de Doña Inés.


Algunos apellidos.



Si en nuestro anterior paseo hicimos un recorrido por algunos lugares que vinculados con apellidos que se remontan muchos siglos atrás (La Catalana, La Suara, La Rendona, La Bernala, La Basurta, Las Pachecas, Las Pavonas…), queremos ahora recordar otros no menos singulares. Así, por ejemplo, La Guillena, da nombre a una dehesa, un cortijo y un arroyo en las faldas de la Sierra de Gibalbín y La Cortés a otro muy conocido situado en Los Llanos del Valle, frente a la Boca de la Foz. Más dudoso es el topónimo de La Gordilla, referido a una dehesa y una garganta junto al Cortijo de Rojitán que puede ser también interpretado como un apelativo. El arroyo de La Carriona, hace honor al apellido de una dama, como sucede con La Marañona, una loma situada junto al cortijo de Alijar donde hoy se levanta un parque eólico, o La Marrufa, nombre con el que se conoce a un


sector de la Dehesa de la Alcaría, en los Montes de Jerez.

Entre las viñas son abundantes las que hacen referencia a los apellidos de sus poseedoras aunque, en algún caso, también eran denominadas con la forma femenina siendo su propietario un hombre. Como ejemplos señalamos el de La Panesa (Alta, Baja y Grande), un hermoso viñedo que perteneció a la familia del marqués de Villapanés, ubicado en el pago de Carrascal y desde el que se obtienen unas magníficas vistas sobre las marismas de Asta. Junto a La Panesa está también la viña de La Pavona, con su caserío erigido en sillares de arenisca. En la carretera de Trebujena otra viña, la de La Carreña, nos muestra todavía su singular entrada, sus lagares y su caserío, habilitado hoy como alojamiento rural.



En Cerro Pelado, en un paraje alejado de los caminos, sobrevive La Gallarda (o la Pinta Gallarda), otro magnífico ejemplo de casa de viña que se asoma a las marismas de Tabajete.



Peor suerte ha corrido el caserío de La Polanca, una gran construcción arruinada en buena parte, que destaca en las laderas del cerro de Santiago, a espaldas de la viña Cerro Viejo, dominando los llanos por los que discurre la cañada del Amarguillo

Oficios y ocupaciones.

Son muy habituales las viñas y los parajes en los pagos de viñedo con nombres que aluden a profesiones, oficios u ocupaciones de sus antiguos poseedores y también los relacionados con algún apelativo con el que eran conocidas sus familias. En algunos casos, estos nombres no indican forzosamente que su titular fuese una mujer, ya que a veces era también costumbre denominar a la
viña con la forma femenina de la ocupación de su propietario.

Entre los ejemplos más significativos encontramos los de de La Doctora, que da nombre a una propiedad en el pago de La Carrahola, o La Boticaria, que hace lo propio con otra del Pago de Cuartillos. Como La Sobajanera (la moza –o el mozo- que, en los cortijos, hacía los recados en la ciudad) es conocida una antigua viña y una hijuela entre el Cerro de



Santiago y la Cañada del Amarguillo. La Carpintera da nombre a sendas casas de viña ubicadas en los pagos de Balbaina, junto a la carretera de Rota y de Almocadén. Junto a esta última discurre la colada de La Pescadera, otro apelativo femenino que se remonta al siglo XIX.



En este catálogo de oficios y ocupaciones de mujeres que nos ofrece la toponimia de la campiña no faltan tampoco La Relojera (en el pago de Balbaina), La Candelera (Mesas de Santiago), el rancho y viña de La Cartera (en la carretera del Calvario) o el Rancho de La Carnicera, en el pago de Parpalana, junto al cerro de la Liebre, camino de El Portal. La Hortelana y La Escribana son viñas del pago de Macharnudo Bajo, aunque esta última da también nombre a otra del pago de Almocadén. La Vaquera (casa, hijuela y fuente) nombran a una finca de Montealegre que encontramos en la Hijuela del Serrallo, y que se asoma al valle del Salado y Lomopardo. En sus tierras aflora una célebre fuente en la que en el siglo XIX se realizaron estudios para contribuir con sus aguas al abastecimiento de la ciudad. La Lechera y La Calderera se encuentran en el pago de viñas de Cuartillos. Esta última da también nombre a otras dos viñas en Parpalana. La Carbonera se ubica junto al Rancho de los Colores, en el Guadajabaque, la viña y la hijuela de La Recovera en el Pago de Rui Díaz y La Pavera junto a la viña-bodega de Vistahermosa. En los confines del término, en la Dehesa del Quejigal, encontramos también la Cañada de La Cantarera.

Como nombres llamativos traemos aquí los del Rancho de La Contrabandista, en la Cañada de los Isletes, junto a San José del Valle y el de la viña de La Carabinera, en Macharnudo Bajo, ambos lugares convenientemente separados por muchos kilómetros de distancia para evitar posibles disputas entre sus propietarias.

Distinciones, rangos y títulos…

No menos curiosos son los topónimos femeninos que nos hablan de rangos distinciones y títulos. La Doña da nombre a unas tierras junto a las marismas de Rajaldabas y Las Dueñas a una zona de prados en las cercanías de Mesas de Asta. Un conocido cortijo en la carretera de Trebujena, es el de La Mariscala, también situado junto a Mesas de Asta, cabecera de una gran explotación agrícola y habilitado hoy como alojamiento rural.



Un nombre más cuestionable es el de “Capitana”, que puede aludir a la graduación militar del marido de las propietarias o, simplemente (y lo más probable) derivar del apellido Capitán. En todo caso conocemos el Rancho de La Capitana (en la Cañada Ancha) y las viñas de La Capitana en el Cerro de Santiago, próxima a Cerro Viejo y también junto a la carretera de Rota, en la cañada de las Huertas. En las cercanías de esta última viña encontramos la de La Condesa. El Haza de La Condesa es también el nombre de una finca agrícola junto a la Cañada de La Loba, así como de unas tierras cercanas a los cortijos del Parralejo y el Algarrobillo. El Cortijo de La Condesa otra propiedad del pago de La Gallega. No faltan tampoco en nuestra campiña topónimos similares como el de La Condesilla o el de La Marquesa. Este último bautiza un sector ya absorbido por el casco urbano colindante con la Ronda Este. Con todo, uno de los más llamativos lo hallamos en las cercanías del Cortijo de Picado: el enigmático Arroyo de la Reina Loca.



Gentilicios.

A veces, los nombres de lugares y de algunas propiedades delatan el lugar de procedencia, el gentilicio, de sus antiguas propietarias o de las mujeres relacionadas con ellos. Estos son los casos de La Gallega, que da nombre a un pago de viñedos situado junto a la carretera de Rota y a dos casas de viña, una de ellas en la Cañada de las Huertas y la otra en Macharnudo Bajo. La Canaria la encontramos en Torrox, junto a la Cañada del Carrillo y el Rancho de la Montejaqueña, colindante con El Granado, en las proximidades de San José del Valle.

En el Pago de Ducha, próxima a la Viña del Diablo, aún pueden verse las ruinas de la antigua casa de La Francesa y en las faldas del cerro de Macharnudo, a los pies de la Torre, encontramos la viña de La Panameña.



Otros topónimos femeninos curiosos.

Sin pretender agotar el tema ni la paciencia de los lectores, no queremos terminar este recorrido sin mencionar algunos topónimos curiosos que aluden también a mujeres anónimas pero que han pervivido en nuestros paisajes. Así, en la zona de los Montes de Propios de Jerez llaman nuestra atención el Cerro y Piedra de La Novia (Dehesa del Cándalo) o la Loma y Puerto de La Gitana (Dehesa de Garganta Millán). Junto al cortijo de Zarpa, en la conocida como carretera de Morabita, está el Haza de las Doncellas, y en Burujena, próxima ya a las marismas de Maritata, La Doncellita. En el pago de la Gallega, junto a la Cañada de las Huertas, se encuentra la antigua viña de La Churumbela, reconvertida hoy en centro ecuestre. Otra viña de Cuartillos es conocida como La Chavala y junto al cortijo del Chorreadero encontramos el Arroyo de la Chica. Entre el Cerro de los Silos y el cortijo de Fuente Rey discurre la Cañada de La Mujer en la que encontramos también el Pozo de la Mujer, mientras que en el pago del Amarguillo se ubica la viña de La Comadre. Junto a La Arenosa, en las cercanías de San José del Valle, están las tierras de La Borracha y en la zona de los Montes de Jerez el Llano y Pozo de La Papicha, apelativo con el que también se conoce un paraje ubicado junto a Fuente Rey y el Berroquejo. Con todo, uno de los topónimos más misteriosos es el que da nombra a una dehesa y a un arroyo próximo al Mojón de la Víbora, en los confines del término de Jerez: La Fantasma.



Otros nombres de lugares como Dos Hermanas o Dos Hermanillas no aluden a mujeres, sino a cumbres gemelas que se alzan en parajes serranos. De la misma manera, algunos topónimos singulares como los de Mari cuerda, Mar Ibáñez, Marihernandez o Maritata, no guardan relación con mujeres y de su curioso significado nos ocuparemos en otra ocasión. También sería muy extensa la relación de nombres de viñas, parajes y rincones de nuestra campiña vinculados al santoral o a lo religioso (Las Monjas, La Santa, La Beata…). De todos ellos tendremos oportunidad de tratar en futuros paseos “entornoajerez”.

Para saber más:
- Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez.
- Domecq, B.: Los pagos de los viñedos de Jerez. Diario de Jerez, 01/03/2014
- García de Luján, A.: La viticultura del Jerez. Mundi-Prensa Libros, S.A. Madrid, 1997.
- García del Barrio Ambrosy, I.: La tierra del vino de Jerez. Ed. Sexta S.A. Imp. Gráficas del Exportador. Jerez, 1979. Véase también De Las Cuevas J. y J.: Vida y milagros del vino de Jerez. Ed. Sexta S.A. Imp. Gráficas del Exportador. Jerez, 1979
- González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970.
- Lechuga y Florido, A.: Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera. Arreglado a la escala 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. Incluyendo una información similar al anterior Plano, es también de gran interés el plano de detalle titulado Plano de los Viñedos de Jerez de la Frontera. Litografía y Tipografía de M. Hurtado, 1897.
- López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
- Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004,
- Pemartín, J.: Diccionario del vino de Jerez. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1965.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/03/2015

Con nombre de mujer
Topónimos femeninos en la campiña de Jerez (1)




Hoy 8 de marzo, como todos los años en esta fecha, se celebra el Día Internacional de la Mujer. Establecido en 1977 por la Asamblea General de la ONU, se pretende conmemorar con este día “la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona”. Como aún estamos muy lejos de alcanzar este noble objetivo de la igualdad, es necesario que días



como estos sirvan para llamar la atención del largo camino que nos queda por recorrer para conseguirlo.

Desde estas páginas, dedicadas al conocimiento de nuestro entorno, queremos sumarnos modestamente a esta conmemoración subrayando el olvido que en la historia de nuestra ciudad han tenido las mujeres. Como apunta acertadamente Isabel Allende, “la historia la escriben los hombres” y



aunque las mujeres hayan jugado el papel más determinante en el progreso y en el avance de los pueblos, quedan injustamente invisibilizadas.

Basta fijarnos en nuestra historiografía local para comprobar las escasas referencias que nos han llegado de la segura contribución de las mujeres en la historia de nuestra ciudad. Así, por ejemplo, Parada y Barreto, en su conocido libro Hombres Ilustres de la ciudad de Jerez



de la Frontera
, uno de los primeros que estudia los jerezanos que por algún motivo ocuparon un lugar destacado en la historia local, menciona sólo a 5 mujeres entre los 289 personajes que describe, desde la dominación árabe hasta 1875. Se trata de Sor Rita de Cazares, Francisca Trujillo abadesa del monasterio de Ntra. Sra. de Gracia, la beata Inés de Medina y las fundadoras de sendos beaterios Ana Díaz y Antonia Tirado, todas ellas,


como vemos relacionadas con lo religioso (1). Hace medio siglo el profesor Fedriani Fuentes, en su Jerezanos insignes (1967), incluía en su selección 259 nombres entre los que sólo aparecen 9 mujeres, las mencionadas anteriormente más las benefactoras Juana de Dios Lacoste, Carmen Núñez de Villavicencio, Micaela Parada y Elena del Páramo (2). Antonio Mariscal Trujillo actualizó y completó recientemente estos estudios en su libro Jerezanos para la Historia. Siglos XIX y XX (2011) resaltando a 177 personajes entre los que encontramos 9 mujeres: Pilar Aranda, Carmen Carriedo, Lola Flores, J. de Dios Lacoste, Francisca Méndez, M. del Carmen Requejo, Josefa de los Reyes, Isabel Ruiz y Mª A. de Jesús Tirado (3). Otra pista de la escasa presencia femenina en nuestra historia local nos la aporta José Ruiz Mata en su libro Mil años de escritores y libros en Jerez (del año 1000 a 1999), donde se incluye 377 referencias de las que sólo 14 corresponden a mujeres y 12 de ellas del siglo XX (4). Ante datos como estos cabe preguntarse: ¿dónde queda entonces la memoria de tantas mujeres anónimas que contribuyeron con su dedicación y trabajo a escribir las pequeñas historias cotidianas de la que está hecha, en suma, la Historia de nuestra ciudad?

Para responder aunque sólo sea mínimamente a esta pregunta, hemos querido rendir un sencillo homenaje a muchas de aquellas mujeres olvidadas por los libros de las que si hemos encontrado modestas referencias en los paisajes en torno a Jerez, en muchos rincones de nuestra campiña, en parajes poco conocidos del término, en los nombres de pagos de viñas, de lomas y cerros, de casas y



cortijos, de cañadas, coladas e hijuelas, de pozos, fuentes y arroyos… La toponimia ha sido, afortunadamente, más generosa con las mujeres que las historias locales y para dar tan sólo una muestra de ello les proponemos hoy un itinerario por aquellos lugares que guardan la memoria de nombres femeninos. ¿Nos acompañan?

Doña Benita, La Suara, La Catalana...

El de Doña Benita es uno de los topónimos más antiguos de nuestro término y da nombre a un rincón de la campiña ubicado en las proximidades de la dehesa de la Matanza y de la barriada rural del Mojo. Se llega hasta él a través de la Cañada de la Cuesta del Infierno que une este último enclave con Torrecera, pasando por los Entrechuelos.



Estas tierras se reparten hoy entre los cortijos de Doña Benita la Alta y Doña Benita la Baja, estando dedicadas a cultivos de secano y olivar y en las que se enclava un gran parque eólico con la misma denominación. Este antropónimo da también nombre a un arroyo salado y a unas antiguas salinas, conocidas también como “de Fortuna” o “de la Matanza”.

El profesor Emilio Martín Gutiérrez ha investigado el origen de este antropónimo en el repartimiento urbano realizado tras la incorporación de la ciudad a la corona de Castilla. Así consta que “Domingo Minno” y su mujer “donna Benita”, recibieron casas en la collación de San Dionisio y heredaron “cavallería”; es decir, el “heredamiento correspondiente a un
caballero”. Conviene recordar que en el Libro del Repartimiento figuran también otras cinco mujeres con el nombre de “donna Benita” por lo que, en cualquier caso, la denominación con la que se conoce este lugar de nuestro alfoz se remonta al último tercio del siglo XIII (5).

Con el nombre de La Suara, otro antropónimo femenino muy conocido por los jerezanos, se designa en la actualidad a un cortijo, una dehesa y un Parque Forestal situado en las cercanías de La Barca de la Florida, muy visitado por la población al ser uno de los lugares de esparcimiento más cercanos a la ciudad. Su origen hay que buscarlo en las propiedades que desde principios del siglo XV tenían en la zona Diego Suarez y su mujer Teresa Martínez. Ambos mantuvieron pleitos con la ciudad por usurpaciones de tierras en este sector que, a la muerte de Diego Suárez, continuaron de la mano de su mujer y sus hijos.



La Suara (probable apelativo de Teresa Martínez) dio nombre a estas tierras (6) que ocupan en buena parte los suelos de una extensa terraza del río Guadalete. En la actualidad se conservan en este lugar sectores con la vegetación propia del monte mediterráneo (alcornoque, encinas, quejigos, acebuches…), así como extensas manchas de pinos y eucaliptos fruto de repoblaciones realizadas en la segunda mitad del pasado siglo las cuales que están siendo sustituidas progresivamente por especies autóctonas.

Entre los cortados de Montealegre y las tierras de Estella del Marqués y Lomopardo se abre una extensa vaguada por la que discurre el Arroyo Salado y la traza de la autopista Sevilla-Cádiz. Se trata de los Llanos de La Catalana, al que da nombre un curioso antropónimo femenino que tiene casi quinientos años. Por el profesor Emilio Martín



Gutiérrez sabemos que “en los años treinta del siglo XV, los propietarios de esta dehesa fueron Juan Fernández Catalán y su mujer Isabel Martínez. Se sostiene que el antropónimo hace referencia al apelativo con el que se conocía a Isabel Martínez”, “la Catalana” (7). Con este nombre se conoce también una amplia finca agrícola situada frente al Cementerio Municipal situada en la zona más alta de este rincón de la campiña cercano a la ciudad y que era paso obligado de los caminos que unían Sevilla y el Campo de Gibraltar a través de Gibalbín, el Guadalete y Medina.



La Astera, La Martelilla, La Bernala…

La autovía de Sanlúcar divide en dos las tierras del Cortijo de Santo Domingo, antigua posesión de los Dominicos desde los tiempos el repartimiento de las tierras del alfoz, en el último tercio del siglo XIII. Saliendo de Jerez, a la derecha de la vía, puede verse el magnífico edificio, de aire señorial, de la que fuera su singular casa de viña.

Frente a ella, al otro lado de la carretera, en un paraje que atravesara en tiempos pretéritos la traza del ferrocarril Jerez-Bonanza, aún se conserva el Pozo de la Astera y su antiguo abrevadero. Ubicado en el Descansadero del mismo nombre (que con 12 aranzadas es uno de los mayores del término), este pozo era parada obligada para los ganados que circulaban por la Cañada de Gudajabaque, una de las más



importantes de cuantas circundaban la ciudad. Este curioso nombre tiene su origen en el apelativo con el que era conocida una singular dama jerezana: Dª Elvira Martínez de Trujillo, “La Astera”. El archivero e historiador Agustín Muñoz y Gómez nos recuerda que en una Capilla de San Dionisio está enterrada “La Astera”, mujer de D. Alonso Sánchez conocido como “El Astero”, fabricante de astas para lanzas.



Esta piadosa señora se distinguió por sus obras de caridad y llegó a fundar varias capellanías en la Colegial y otras iglesias de la ciudad, según se desprende de distintas escrituras realizadas ante el escribano Juan Román fechadas en 1420, siendo también protectora del Convento de Espíritu Santo, fundado en 1431 (8).

Más dudoso es el antropónimo de Martelilla o La Martelilla que da nombre a la conocida finca situada en el km 9 de la carretera de Medina donde se cría una rama de la afamada ganadería del Marqués de Domecq. En estos parajes, el concejo de la ciudad abrió en el s. XVI una cantera de la que se obtendría la piedra para la construcción del Puente de Cartuja y, posteriormente, de las casas del Cabildo Municipal. Algunos investigadores relacionan este nombre con el de un posible antropónimo romano ya que en la



epigrafía gaditana encontramos distintos cognomina (Marcellus, Martialis, Martilla) de los que pudiera derivar (9). Otros autores platean un probable origen castellano como diminutivo femenino de Martel.



Otro curioso topónimo del rincón nororiental del término es La Bernala. Sus tierras, ubicadas en las proximidades de la barriada rural de Gibalbín, junto a la Cañada Real de Arcos a Lebrija, fueron arrebatadas por el concejo jerezano al arcense, junto a las de las dehesas de la Cespedosa y Cabrahigo en los primeros años del siglo XIV (10). Los litigios por la posesión de estas tierras se mantuvieron durante los siglos siguientes, decantándose finalmente su posesión, como la de las tierras de Berlanga y el Abadín por la ciudad de Jerez. En la actualidad La Bernala sigue dando nombre a una dehesa, una cañada y un cortijo, ubicado frente a la Bodega de Barbadillo en Gibalbín, en el inicio de la carretera que desde este enclave rural se dirige hacia Arcos.



La Rendona, Las Pavonas, La Basurta, Las Pachecas…



Junto a los ya citados, otros muchos nombres de lugares hacen referencia a apellidos notables de la ciudad, algunos de los cuales se remontan a los primeros repobladores. En un momento de la historia, algunas de las mujeres de estas familias adquirieron un mayor protagonismo o pasaron a ser herederas o titulares de sus tierras, hecho singular que permaneció ya para siempre en la toponimia. Este es el caso de La Rendona, que da nombre a un rincón situado junto a la Cañada de los Arquillos, colindante a la finca de los Isletes. El arroyo de la Rendona cruza este mismo paraje de suaves lomas que albergaron hasta hace unos años un gran viñedo hoy desaparecido. En el cerro de La Rendona se conservan también los restos de una de las torres del sifón de Los Arquillos perteneciente al antiguo acueducto romano de Tempul a Gades. Como señala A. Muñoz y Gómez es un apelativo “muy común á diversas mujeres descendientes del caballero Garci-Pérez de Rendón”. Se trata de Garci Pérez de Burgos, uno de los primeros pobladores de Jerez que según la “leyenda” adquirió el apelativo de Rendón” en 1292, en los combates “intrépidos y sin reparo” (que es lo que significa literalmente esta palabra) que protagonizó sin la autorización expresa de Sancho IV contra las tropas de Abu Yusuf establecidas en Tarifa (11). Diferentes mujeres con este apellido figuran con el apelativo de “la Rendona” en distintos documentos del siglo XVI, siendo una de ellas Catalina García La Rendona, viuda del Guarda de Términos Diego de la Fuente, de quien tal vez provenga la denominación de este rincón de la campiña jerezana (12).

Las Pavonas da nombre a una finca agrícola ubicada en las proximidades de Nueva Jarilla, junto a la Cañada de Romanina, y su nombre puede proceder de las descendientes del ilustre linaje de “los Pavones de Xerez” (13). Muy cerca de este lugar, junto a la antigua Cañada de Espera, encontramos las tierras de La Basurta. Esta finca está también próxima a la pantaneta del cortijo de Jara, junto a la carretera de Gibalbín. El cerro de La Basurta, a cuyos pies se unen varios arroyos que bajan de las Mesas de Santiago y de la Sierra de Gibalbín, está cubierto por un olivar y debe su nombre a una descendiente de esta familia de origen vizcaíno. Diego Pérez de Basurto, caballero procedente de Medina se estableció en Jerez a comienzos del s. XVI y de él deriva la rama jerezana de este apellido (14). Conviene recordar que ya a mediados del siglo XIX, una de las cinco mujeres latifundistas que figuran en la relación de los principales propietarios de tierra de la nobleza jerezana es Dª Josefa Basurto y Sopranis (15). Algo parecido ocurre con Las Pachecas, cuyo nombre hay que buscarlo en el apelativo de sus antiguas propietarias, descendientes de una notable familia jerezana. Este topónimo bautiza a un cortijo y a una extensa finca situada junto a la carretera de Medina, entre el Guadalete y el Cerro del Viento y da nombre también a una barriada rural establecida en las inmediaciones del antiguo cortijo junto a la que fuera Cañada de Medina.
(Continuará)

Para saber más:
(1) Parada y Barreto D. I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera . Edición facsímil. Extramuros, Sevilla, 2007.
(2) Fedriani Fuentes, E.: Jerezanos Insignes. Gráficas San Luis, Jerez, 1968.
(3) Mariscal Trujillo, A.: Jerezanos para la historia. Siglos XIX y XX, Tierra de Nadie Editores, Jerez, 2011.
(4) Ruiz Mata, J.: Mil años de escritores y libros en Jerez de la Frontera (del año 1000 al 1999). Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Jerez, 2000.
(5) Martín Gutiérrez, E.: Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento. El Alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media. En Historia Instituciones y Documentos, nº 30. Universidad de Sevilla, 2003, pg. 278. LA referencias a Dª Benita están tomadas de González Jiménez, M. y González Gómez, A.: El libro del Repartimiento de Jerez de la Frontera. Estudio y edición. Cádiz, 1980. Prt. 1813, XX y 184.
(6) Martín Gutiérrez, E.: Análisis de la toponimia… , pg. 281.
(7) Martín Gutiérrez, E.: Análisis de la toponimia… , págs. 276-77. Este autor documenta un amojonamiento realizado por Alfonso Núñez en el año 1434, en el que se cita este antropónimo.
(8) Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC. P. 90
(9) Martín Gutiérrez, E.: Análisis de la toponimia… , pg. 300.
(10) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 150.
(11) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, p. 9-10.
(12) Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas… pg. 274.
(13) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez… vol. I, p. 239.
(14) Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas… pg. 122.
(15) Lozano Salado, L.: La tierra es nuestra. Retrato del agro jerezano en la crisis del Antiguo Régimen. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz-Diputación Provincial, 2001, p. 166.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/03/2015

 
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