La desembocadura del Guadalete es artificial. Se abrió el año 19 a.d. Cristo.

Recientes investigaciones sostienen que la actual desembocadura del río Guadalete se abrió hacia el año 19 antes de Cristo.


Arriba, fotografía aérea de parte de la Bahía (Google Earth), donde hemos señalado el río Guadalete y la isla de Cádiz. Abajo, fotointerpretación de cómo podría haber sido la misma zona en época romana: con una sola desembocadura en el hoy río San Pedro, el recorrido de la Vía Augusta (puntos) y la actual desembocadura del Guadalete, creada por Balbo el Menor (líneas).

Sitúese en la desembocadura del Guadalete. Por ejemplo, frente a la plaza de las Galeras, en el muelle del Vapor. El curso del río que ve a derecha e izquierda no lo creó la naturaleza, sino la iniciativa de un hombre: el gaditano Lucio Cornelio Balbo,’ el Menor’ quien, hacia el año 19 antes de Cristo mandó abrir en su espacio una ría artificial para establecer las infraestructuras del Portus Gaditanus.

El Puerto Gaditano fue el puerto de Gades que se fundó entonces al amparo de la política económica marcada por Augusto (27 a.C.-14 d.C.) por la que la aristocracia mercantil gaditana se dedicó a la explotación de las fértiles tierras que median entre las desembocaduras del Guadalete y del Guadalquivir. El Marco del Jerez. La Isla Cartare de Avieno.

Se convirtió entonces el Portus en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, exportador a gran escala, básicamente, de salazón de pescado, vino y aceite. Su principal destino, Ostia, el puerto de Roma. El territorio se vertebró a través de la Vía Augusta, creada al tiempo que el nuevo puerto, que en su primer tramo enlazaba Gades, el Portus Gaditanus y, junto a un estero de las marismas del Guadalquivir, Hasta Regia.


Paramento Este de la calzada en el Coto de la Isleta. El agua del caño de las salinas ha desprendido la tierra, dejando al descubierto la estructura. En el recuadro, su situación.

A PICO Y PALA.

La obra que mandó hacer Balbo fue un canal –llamémoslo ‘Canal de Balbo’- en la playa, que entonces alcanzaba las inmediaciones de la calle Valdés, y unirlo a la madre vieja del Guadalete, que corría a espaldas del Coto de la Isleta, conectándose así el curso artificial con el cauce del San Pedro, que entonces era el Guadalete que desembocaba a la bahía en una ensenada junto a Puerto Real.


Arriba una fotografía aérea de la desembocadura del río Guadalete, en la actualidad (Google Earth). Abajo una fotointerpretación, con la reconstrucción ideal de Portus Gaditanus, algunos muelles de atraques con la infraestructura portuaria, administrativa y de habitad. El puente y la vía atraviesan el río, detrás el agua recorre serpenteando zonas de marismas, con canales navegables que conducen al río principal, que se podrá surcar río arriba. Al fondo la Sierra San Cristóbal.

El espacio que ocupó el canal formaba parte del Manto Eólico Litoral que se extiende por la costa portuense. Estas arenas formaron la barra o flecha litoral del Coto de la Isleta-Valdelagrana, ya consolidada hace unos 3.800 años. De hecho, frente a la Unión Salinera hace años descubrimos –en compañía de José Antonio Ruiz y Lázaro Lagóstena- vestigios culturales de la Edad del Bronce con esa data, seguramente pertenecientes a un poblado estacional dedicado al marisqueo.

Por su propia naturaleza, las dunas, al avanzar impulsadas por los vientos reinantes, no saltan sobre un espacio no colonizado por las arenas, sino que van colmatando el terreno milímetro a milímetro. Si en su camino encuentran un río, poco a poco lo ciegan. Así hubiera ocurrido con la desembocadura del Guadalete de no haberse tomado medidas con las seculares limpias de su barra y el dragado de su cauce. Y también fijando las dunas con pinares a ambos lados del río.

EN LA EDAD MODERNA.

Obras de mayor calado y dificultad que la que proponemos para la época de Balbo se realizaron en los cursos del Guadalete-San Pedro en la Edad Moderna, especialmente la apertura en 1721 del tramo recto de casi 4 km (a uno y otro lado del puente de la variante de Puerto Real) por el que hoy discurre –parece que desde siempre- el Guadalete. Si hace tres siglos pudo realizarse tan colosal obra, hace dos mil años la apertura del Canal de Balbo fue una obra menor para la todopoderosa ingeniería romana. Si nos permiten el uso del habla gaditana, casi un chapú.

BALBO, EL FUNDADOR DE EL PUERTO.

Por inveterada tradición, se tiene por fundador de El Puerto de Santa María a Alfonso X, y es cierto que la ciudad que hoy habitamos es directamente heredera de su poblamiento a partir de 1264, tras la conquista cristiana de la alquería andalusí de Al-Qanatir. Pero también es verdad, y esto habitualmente se ha ignorado, que tuvo un primer fundador en la persona de Balbo ‘el Menor’. De hecho, el mayor símbolo que representa su historia, el que le dio la vida, la desembocadura del Guadalete, fue obra suya. Motivo que le confiere al gaditano ser el personaje más importante de la historia porteña. Su creador. En la imagen, estatua de Lucio Cornelio Balbo ‘el Menor’, situada en Cádiz.

Lucio Cornelio Balbo, el Menor, nació en la vieja ciudad semita hacia el año 75 antes de nuestra era en el seno de una vetusta familia púnica enriquecida con el comercio marítimo. Su tío, Balbo ‘el Mayor’, consejero y banquero de Julio César, lo introdujo en las más altas instancias del Estado. Marcado con una personalidad arrolladora, junto a César y Augusto se fajó en mil batallas políticas y militares. El año 44, siendo quattorvir de Gades (la magistratura local más importante) desplegó una actividad edilicia en Cádiz que dos años antes había comenzado su tío. Crearon una ciudad nueva, la Gemela que refiere Estrabón, en los hoy barrios de El Pópulo y Santa María.

En marzo del año 19 a.C., tras una exitosa campaña de conquistas en el Norte de África, entró triunfante en Roma; al uso de la época, en cuádriga, aclamado por el pueblo y exhibiendo el botín conquistado. Sería entonces, en torno a los años 19-16, cuando fundó el Portus Gaditanus, que alcanzó su apogeo en el siglo I y la primera mitad del II. Tras la crisis que azotó al Imperio en el III, ya independizado de Gades, el Portum –como lo llama alguna fuente antigua- resucitó entre los siglos IV al VI, convirtiéndose en la principal población de la Bahía.

Cuando dedujimos la existencia del Canal de Balbo, con el fin de conocer si nuestra hipótesis podía ser viable desde la ciencia geológica, nos pusimos en contacto con Francisco Javier Gracia y Carlos Alonso, investigadores, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la UCA, y del Centro de Arqueología Subacuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, respectivamente. Cuál fue nuestra sorpresa –y también la de ellos- cuando comprobamos que, por distintos caminos, habíamos llegado a la misma conclusión: que la actual desembocadura del Guadalete no es el resultado de una evolución natural, sino una obra antrópica, artificial. En la ilustración evolución paleogeográfica de la bahía de Cádiz hacia el cambio de Era, tomada de Alonso, Gracia y Benavente (2009). Marcado con una flecha la desembocadura del río Guadalete.

MAS QUE UNA LEYENDA.

Existe un documento –a nuestro juicio- excepcional, una reliquia histórica que durante siglos ha dormido el sueño de los justos. Es conocido, por publicado, pero creemos que su contenido –mal interpretado- no se ha enmarcado correctamente ni espacial ni cronológicamente. Pese a su brevedad, por su trascendencia debería ser considerado uno de los tres o cuatro documentos más destacados de la Historia de El Puerto, a la altura del Libro del Repartimiento (1268), la Carta-Puebla (1281), que es el documento fundacional de la población que hoy habitamos, o el decreto de 1729 por el que la ciudad se incorporó a la Corona. El documento es de mediados del siglo XII, y viene a ser, entreverado por la leyenda, otra ‘carta fundacional’: la del Portus Gaditanus.


Plano de El Puerto de Santa María en 1728 (Servicio Geográfico del Ejército, nº 939, en copia del AHMPSM). Con flechas, 1, señalamos en el río tres pilares del puente que aún se veían, como reza en la leyenda que lo acompaña: R: Pilas de la puente antigua. Frente a ellas, con el 2, en el margen izquierdo, el ‘caño de la Alcantarilla’ (antiguo arroyo de la Zangarriana).

En él se relata, en nuestra lectura, la obra de apertura del río en las arenas de la flecha litoral del Coto. Su autor es al-Zuhri, un geógrafo almeriense que en fecha indeterminada entre los años 1146-1161 estuvo en Cádiz, donde recogió de la tradición oral una leyenda que plasmó en su Libro de Geografía. Aun siendo un texto breve, no hay lugar en esta página que nos brindan Diario de Cádiz y ‘Gente del Puerto.com’ para reproducirlo en su integridad, pero sí extraeremos este fragmento: “Pero la mujer del rey Sant Batar [San Pedro] dijo a su marido: “Si abrieras una puerta en la base de este monte [cerro de La Belleza], le entrarían al río, desde el mar, dos brazos; nuestro río seria aún mayor y se meterían en él los peces y atunes del mar”. Él le respondió:“No lo haré porque no quiero que nuestro país quede separado”. Ella entonces lo abandonó durante unos días hasta que le dio permiso para hacerlo. Ella mandó entonces a técnicos y operarios que abrieran la entrada por donde ahora entran los barcos y los cárabos entre Rota y Cádiz; pero cuando entraron las aguas y se juntaron con el río llamado Guadalete, crecieron hasta casi cubrir el puente” (el que al tiempo que la Vía Augusta se levantó, en seco, frente a la plaza de la Herrería).

Los abajo firmantes acabamos de terminar una monografía sobre el Portus Gaditanus que en breve (tocamos madera) verá la luz “El Puerto Gaditano de Balbo”. Hoy, de momento, hemos querido compartir con nuestros conciudadanos el tiempo de cuando Balbo ‘el Menor’ mandó abrir, a pico y pala, la desembocadura del río del Olvido. (Textos: Juan José López Amador y Enrique Pérez Fernández).
Publicado en: http://www.gentedelpuerto.com


Los paisajes de la memoria: exhumaciones en El Marrufo.


Cortijo 'El Marrufo': Capilla

En estos días de julio, diferentes medios de comunicación dan cuenta de los hallazgos de los primeros restos de las personas fusiladas que fueron enterradas junto al cortijo de El Marrufo. La periodista Ana Huguet lo cuenta en El Pais (13/07/2012) ofreciendo detalles del horror que se vivió en distintos puntos de la serranía gaditana en aquellos meses del verano de 1936.

Más de 600 personas se cree que podrían haber sido enterradas en la fosa de El Marrufo, un auténtico centro de tortura y exterminio en las cercanías de La Sauceda y el Puerto de Gáiz, en el que fueron aniquilados hombres, mujeres y niños por los rebeldes franquistas. Se trata de uno de los "lugares de la memoria", tal vez el más signifcativo de la provincia por el número de personas asesinadas en él. Pero hay otros muchos. De ellos nos ocupamos en un anterior post que hoy, de la mano de esta noticia de actualidad, recordamos:


"Cuando hablamos de “Memoria Histórica” como explican tan claramente los colaboradores e investigadores de asociaciones como “Todos los nombres” o “Jerez Recuerda”, estamos hablando, sobre todo, de justicia.

En estos tiempos revueltos en los que se quiere pasar página apresuradamente, sin que haya dado tiempo a escribirla y leerla, en estos tiempos en los que no faltan quienes reinventan la historia a su capricho, conviene, antes que cualquier otra cosa, hablar de justicia y hacer justicia.

Justicia a tantos nombres, que es decir personas, que es decir vidas, familias, recuerdos, memoria. Que es decir “pueblo” en el más noble sentido de la palabra. Buena parte de esos nombres, en lo que a nuestra ciudad se refiere, figuran en un completo trabajo realizado por la Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica “Jerez Recuerda”. Con el título “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe militar de 1936: una aproximación” se presenta el fruto de la investigación en la que han participado durante muchos años miembros de esta asociación y en el que se aportan hasta 382 nombres de víctimas. Por citar sólo uno de los muchos que allí figuran, traemos hoy aquí el de Teófilo Azabal, un maestro.

Plaza de Toros de JerezJosé Antonio Martín Pallín en uno de sus artículos (“Sin pasado no hay mañana”), dice refiriéndose a los maestros: “Resulta significativa la saña con la que se persiguió a los maestros que habían dedicado su vida a sembrar los valores de la cultura en las aldeas y ciudades de nuestra Patria”. Estas palabras están escritas a la medida de Teófilo Azabal, hombre de bien, maestro e Inspector de Enseñanza Primaria de quien nos habló en diferentes Alcazar de Jerezocasiones su hija Pilar, ya fallecida. Emocionada, nos contaba los días trágicos de la detención de su padre, entonces enfermo, y de su fusilamiento. Ella era entonces una niña de cuatro años, la misma “niña” que se menciona en el Certificado de Defunción que aparece publicado en el citado trabajo de Jerez Recuerda. Nos hablaba Pilar de las peripecias de su familia en aquellos días, de su refugio en Los Albarizones. Y nos Alameda Vieja (Jerez)hablaba sobre todo de la emoción que sintió cuando, pasado el tiempo, tuvo ocasión de trabajar como maestra durante muchos años en el Colegio Nacional Carmen Benítez del que su padre había sido profesor y era director cuando fue fusilado.

Junto a los nombres de personas, nos gustaría traer también hasta estas páginas de “entornoajerez”, los nombres de lugares que no Puerta de Rota (Jerez)deben caer en el olvido y que deben también guardar memoria de aquellos crímenes con los que el golpe militar de 1936 llenó muchos rincones de la campiña. Para que tampoco se olviden. Son nombres ligados ya para siempre a rincones que fueron escenario de la injusticia y del crimen, “lugares para la Memoria”.

Y hablamos de los muros del Alcázar, de la Alameda Vieja, de La Barca de la Floridala Puerta de Rota, de las tapias del desaparecido cementerio de Santo Domingo, de La Rosaleda, de las explanadas de la Plaza de Toros, de la Huerta de Terry, junto a la barriada España, del Pozo de la Víbora, del Rancho del Pescadero, en la salida hacia El Puerto.

Y ya más lejos de la ciudad, no podemos dejar de mencionar aquellos parajes más alejados que Cortijo 'El Marrufo'fueron testigo de tantos asesinatos, para que tampoco se olviden esos otros escenarios, esos otros “paisajes para la Memoria”. Y hablamos de lugares como los alrededores de la Laguna de Medina, la Sierra de San Cristóbal, la carretera de La Barca. Y hablamos también de Garcisobaco y de Vicos donde se retuvo después en campos de trabajo a otras muchas personas.

Camino del Puerto de Sta. MaríaY hablamos de La Sauceda, poblado situado en las faldas de la sierra del Aljibe, bombardeado y atacado por las columnas que procedían de Jerez. Y hablamos de El Marrufo, un cortijo ubicado en un hermoso paraje junto al Puerto de Gáliz donde siempre nos estremecemos, cada vez que paramos frente a su puerta, frente a su capilla y recordamos a quienes cayeron fusilados en sus muros, esos mismos que aguardan La Saucedaenterrados en la fosa común que allí se encuentra, esperando que llegue un tiempo en que se haga justicia. Allí, en ese lugar que será ya para siempre conocido como la “Majá de los muertos”.

Y hablamos, más cerca de la ciudad, de La Trocha... ese sendero trágico camino de El Puerto.

Y se dibuja así, con todos estos “lugares para la Memoria”, un itinerario, un largo camino de recuperación de la justicia y de la dignidad para con tantas víctimas, que tenemos que recorrer sin esperar a que pasen otros setenta y cinco años".

Publicado el 11/09/2010

Para saber más:
- Jerez Recuerda (2009): “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe militar de 1936: una aproximación” Editado por Jerez Recuerda en colaboración con la Delegación de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Jerez.
- Jerez Recuerda (2007): “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe de estado militar de 1936: una aproximación” en Revista de Historia de Jerez, nº 13, 2007, pgs.137-180.
- Perales Pizarro, J.C. (2004): “El Marrufo, Fosa Común”, Diario de Jerez 17/05/2004.


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