Un paseo por Jerez

Portada del libro 'Un paseo por Jerez...

De la mano del Centro de Estudios Históricos Jerezanos y la Fundación Teresa Rivero, les proponemos hoy un “paseo” muy especial al encuentro de la historia de Jerez, de sus campos, de sus calles, de sus monumentos y de sus personajes. Y todo ello sin salir de un libro.

Como recuerda Juan Manuel Corchado Moreno en el prólogo de la publicación de la que hoy nos ocupamos, “durante el curso 2009-10 la Fundación “Teresa Rivero” y el Centro de Estudios Históricos Jerezanos celebraron, en el marco de la primera Aula de Historia de Jerez, un ciclo de conferencias sobre diversos aspectos de la ciudad bajo el título genérico de “Un paseo por Jerez ...”, encaminadas a darla a conocer desde distintos puntos de vista”.

El libro, presentado en la tarde de hoy, jueves 30 de septiembre, recoge los textos de aquellas intervenciones que estuvieron a cargo de otros tantos miembros del CEHJ felizmente recuperadas, ya para siempre, gracias a esta publicación que ha sido dedicada a José Ramón Fernández Lira, uno de sus autores. Como no podía ser de otra manera, el admirado José Ramón ha sido esta tarde recordado por todos los participantes en el acto de presentación que ha tenido lugar en la sede de la Fundación. Y lo ha sido por motivos obvios: por su incansable dedicación a la cultura y a las instituciones culturales, a los trabajos de investigación y divulgación de nuestro patrimonio, a su labor profesional como docente, como cartelista, como diseñador gráfico, como historiador del arte en nuestra ciudad…

“Un paseo por Jerez” está integrado por cuatro capítulos, cuatro “paseos”, que se corresponden con cada una de las conferencias del I Aula de Historia de Jerez. El primero de ellos, “Un paseo por…sus campos”, lleva por subtítulo “El alfoz jerezano en la época andalusí”, presentado por el profesor y arabista Miguel Ángel Borrego Soto, a quien debemos numerosos trabajos sobre la historia del Jerez árabe y con quien recorremos en esta ocasión los “paisajes” poco conocidos del Jerez de los siglos VIII y IX o esas otras escenas del esplendor de la ciudad en los siglos XII y XIII en los que el autor profundiza desde su conocimiento de las fuentes árabes.

Al recordado José Ramón Fernández Lira debemos el segundo capítulo de este libro dedicado a “Un paseo por… sus calles” que, gracias a las grandes dotes didácticas de su autor, a su enfoque interdisciplinar, a sus amplios conocimientos… se transforma en un delicioso e ilustrado paseo. Como señala José Ramón, se trata de “… un recorrido sin ninguna preocupación por el itinerario: iríamos de un lugar a otro buscando el detalle singular…”. Y así, recorremos las calles de la mano de esas imágenes, seleccionadas en su magnífico fondo documental, que nos ilustran sobre los escudos de Jerez repartidos por los más insospechados rincones, o sobre los guardacantos de palacios y conventos, o sobre las rejas, los aldabones, José Ramón Fernández Liralas bocallaves… elementos en los que se manifiesta la labor de los herreros y artesanos de Jerez. Fernández Lira tiene ojos (e imágenes) para todo: lo mismo se fija en las molduras y cornisas de nuestras bodegas y palacios que en las ménsulas de nuestros balcones, en las cancelas artísticas y singulares repartidas por nuestras calles, en las fachadas más llamativas, en las hornacinas y esculturas, en las lápidas, en los más pequeños detalles… en todo. Recordando las motivaciones que impulsan su curiosidad, José Ramón relata una experiencia infantil, con su padre como protagonista que fue, quizás, determinante: “…desde aquel lejano día, del pasado siglo, escudriño todas las fachadas que se me ponen a tiro, por primera vez, y por eso busco la esquinita o el balcón que puedan contener toda la vida de un hombre o la historia de una ciudad”. Igual que sus trabajos.

Patio, nave de viga y torre contrapeso del Molino de la MercedJosé Manuel Aladro Prieto es el autor del “Paseo por... los monumentos de Jerez”, el tercero de los capítulos que integran este libro. Como arquitecto y profesor de Historia de la arquitectura en la Universidad de Sevilla, nadie mejor que él para realizar un “recorrido histórico urbano a través de seis ejemplos del patrimonio arquitectónico de Jerez”. La primitiva muralla de la ciudad, los edificios palaciegos del siglo XVI o el pasado olivarero de Jerez a través de los restos de molinos de aceite que aún se conservan, son algunos de los “paisajes urbanos” que Aladro recorre en este paseo. No falta tampoco la mirada a la “memoria de la ciudad bodega” y las referencias a los ejemplos más relevantes de las construcciones bodegueras del XIX. O al singular Barrio Obrero de Tempul, de comienzos del XX. Este paseo por el jerez de los monumentos termina recordando las aportaciones más significativas en la arquitectura bodeguera de la segunda mitad del siglo XX, para concluir con una interesante reflexión: “… el valor patrimonial de una población no radica en la suma de sus edificios monumentales, sino en el propio organismo urbano. Se considera que nuestro principal y más importante patrimonio es la propia ciudad”.

El último capítulo-paseo del libro está dedicado a los “personajes” y para escribirlo-guiarlo, nadie como Antonio Mariscal Trujillo, a quien debemos un título imprescindible (“Jerezanos para la historia”) para conocer nuestro “paisaje humano” de los dos últimos siglos. En este “paseo”, Mariscal se ocupa de personajes como los militares Tomás de Morla y Pacheco, José de la Serna e Hinojosa (I Conde de los Andes) o Rafael Fernández de Bobadilla, de Manuel de Ysasi Lacoste y de José Luis Díez, de los políticos revolucionarios José Paúl y Angulo y Ramón de Cala, del actor Antonio Vico, del Duque de Almodóvar del Río, que fue ministro de Estado, del aviador Juan Manuel Durán González, del ingeniero y matemático Pedro Miguel González Quijano…

Recopilar estos “paseos” del I Aula de Historia de Jerez en una publicación ha sido todo un acierto que permitirá su lectura-recorrido a quienes no pudieron disfrutar de aquellas conferencias. Ahora, gracias a este libro editado por el Centro de Estudios Históricos Jerezanos y la Fundación Teresa Rivero y dedicado a José Ramón Fernández Lira, será también posible “pasear” por Jerez a través de sus páginas.


Nota:Las fotografías que ilustran este post han sido tomadas del libro "Un paseo por Jerez"

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Los Llanos de Caulina como escenario de la Batalla de Guadalete: la versión del historiador Adolfo de Castro

Arroyo Salado de Espera

En una anterior entrada recordábamos el inicio de la “cuenta atrás” para la conmemoración de los XIII siglos de la Batalla de Guadalete en julio de 2011. A lo largo de este año que resta para esta singular efeméride vamos a ir trayendo a esta ventana de “entornoajerez” algunas páginas de nuestra historiografía local y nacional, del romancero tradicional, así como referencias de Ilustración relativa a la Batalla de Guadaletefuentes árabes que, a modo de “ilustraciones”, contribuyan a recordar aquel hecho histórico.

Si en lo relativo a las fechas en las que aconteció la famosa batalla hay bastantes coincidencias, en lo relativo al lugar, al escenario geográfico de la contienda, se disparan las hipótesis más peregrinas. De la mano del célebre historiador gaditano Adolfo de Castro, recorreremos hoy los campos situados entre Jerez, Espera y Arcos, los Alfonso de Castroparajes que se extiende a los pies de las sierras de Gibalbín y Gamaza, las Mesas de Santiago y, en especial, los Llanos de Caulina, donde nuestro autor sitúa el marco de las luchas entre Rodrigo y Táriq.

“Los tiempos son como ríos que no pueden volver atrás. De ellos queda en la memoria de los hombres el recuerdo de las hazañas más insignes así en valor y en virtud como en maldad. Senda estrecha y trabajosa es por donde camina el historiador, y en la que se hallan más tropiezos y estorbos de cuantos están en el campo abierto que ofrecen al entendimiento humano las buenas letras. Sin la verdad y la crítica imposibles es mover por ella con seguro pié los pasos”. Con esta solemne reflexión sobre el díficil trabajo del historiador comienza la “Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814” escrita por Adolfo de Castro y publicada en Cádiz por la Imprenta de la Revista Médica en 1858.

Adolfo de Castro (1823-1898), escritor, historiador y erudito, fue también alcalde de Cádiz y gobernador de Cádiz y Huelva. A él se deben, entre otros trabajos que abordan temas vinculados con la provincia, una Historia de Jerez (1845) y su más conocida “Historia de Cádiz”, de la que extraemos las hipótesis y argumentos que sobre la Batalla de Guadalete, vierte en ella su autor.

Señala el historiador gaditano que Rodrigo, tras conocer las primeras noticias de la invasión, encamina su ejército hacia el sur especulando acerca del itinerario seguido por sus tropas que “… Al ir hácia los sitios que ocupaban los invasores, que eran Gibraltar y su campo, claramente se infiera que no había de dirijirse por Montellano y otras sierras con un ejército cuya fuerza mayor consistía en tropas á caballo. Rodrigo tomaría el mismo camino real por Utrera y Lebrija hacia Jerez que fue lo mismo que para recuperar las Algeciras hizo con su ejército don Alfonso XI".

Llanos de CaulinaPara Adolfo de Castro, Táriq, en su avance, habría evitado los terrenos quebrados y montuosos para salir al encuentro de Rodrigo con su ejército de doce mil hombres y “…haría lo que todo invasor en sus entradas: llevar a su gente por los caminos reales hasta presentar la batalla al enemigo que salga á impedir el paso. La extensión de los llanos de Caulina, tan inmediatos á a la antigua vía romana y al camino real moderno, y próximos al Guadalete, lugar el más á propósito para una batalla, y batalla en que combatió mucha caballería, desde luego con las observaciones que he presentado ofrece la historia motivos para la conjetura de que fue teatro de la sangrienta lucha que originó la pérdida de España, como en parte fue teatro de la acción, no menos terrible, en que César venció a los hijos de Pompeyo”. (pg.213)

Llanos de CaulinaYa tenemos pues, según Adolfo de Castro, un escenario probable para esta batalla, un espacio físico en el que, a su entender, encajan la “lógica” de la estrategia militar, las razones de índole geográfica, y las antiguas vías de comunicación que tendrían que haber seguido los ejércitos contendientes: los Llanos de Caulina.

Nuestro erudito historiador aún encuentra otras razones en auxilio de su tesis, recurriendo a la toponimia. Así, cree ver confirmada y “perpetuada” en los nombres de dos arroyos de la zona, la presencia de los dos principales caudillos árabes. Veamos su ingenioso razonamiento que hoy se nos antoja un tanto forzado:

“En dos arroyos se conservan nombres, en mi entender alusivos á la batalla del Guadalete. Uno en el arroyo Fontetar, corrupción indudable de Fonte Táriq ó la fuente de Táriq, del mismo modo que “Gebal-Táriq se dijo Gibraltar. Aquí, pues, está consignado el nombre del caudillo de la expedición. El otro es el arroyo Musas, donde aún dura, ligeramente corrompido por el vulgo el nombre de Músa ben Nossayr, lugarteniente del Califa y por tanto el jefe del ejercito, si bien no se hallaba presente. Esto prueba que por este sitio debió colocarse el campamento de los árabes. No están ambos arroyos muy distantes de Arcos ni del Guadalete: sabido es también que los llanos de Caulina se encuentran entre Arcos y Jerez”. (pg. 214)

Adolfo de Castro acude aquí al valor probatorio de los registros toponímicos al afirmar que “…Imposible parecería que del sitio de un hecho tan notable no se hubiese conservado la memoria por nombres que de generación en generación el vulgo repitiera, aún sin saber lo que decía… De sucesos tan trascendentales para la historia de una nación ó se mantiene vivo el recuerdo en inscripciones, ó en los nombres de los sitios donde Esperahan ocurrido”.

Está claro que, a falta de lo primero, ante la ausencia de lápidas, monumentos conmemorativos y vestigios arqueológicos, hay que apoyarse en lo segundo, en la toponimia, y nuestro historiador cree haber encontrado la prueba que busca: “En los arroyos Fontetar y Musas, encuentra el investigador Castillo de Esperadilijente de estas memorias las pruebas bastantes á designar los lugares de la victoria de Táriq, el caudillo enviado de Músa” (pg.214).

El historiador gaditano, de la mano de estos dos topónimos tan sugerentes, hace situar los campamentos de las tropas invasoras en las tierras que hoy se sitúan entre Arcos y Espera desde donde saldrían al encuentro de las huestes de Rodrigo, apenas detectada su presencia dirigiéndose hacia los Llanos de Caulina a través de las Mesas de Santiago. Veamos como lo cuenta:

“El campo de Táriq, estuvo entre Arcos y Espera, según mis conjeturas. El arroyo Fontetar ó Fonte Tariq corre a un cuarto de legua del Guadalete, y el de Músas, casi paralelo a Fontetar, dista de este mismo Arroyo como tres cuartos de legua. La batalla empezaría en la tierra quebrada que media entre el lugar del campamento y los Llanos de Caulina, terminándose en estos. El ser inferior Táriq a Rodrigo en caballería hace verosímil que por este lado fueran los combates primeros”. (pg. 239)

Cortijo 'El Peral'¿Qué queda hoy de estos topónimos que sirvieron de base a sus conjeturas? Si el lector interesado consulta la cartografía del Instituto Geográfico Nacional así como los inventarios toponímicos comprobará que las diferentes ediciones de la Hoja 1049(Arcos), no aparece ninguna referencia a estos arroyos en los lugares mencionados por Adolfo de Castro., que se corresponden con el espacio por el que discurre la carretera Pequeña Holandaentre Arcos y Espera.

Esta vía la cruzan varios arroyos. Uno de ellos, el más próximo a Arcos atraviesa las tierras de la Pequeña Holanda y pasa a la Cooperativa Agrícola Arcense (a unos cuatro km. de Arcos) cuyas intalaciones se ubican al pie de la citada carretera. Se trata de arroyo denominado de Fronteta. Con este nombre figura (“deformado” a nuestro entender) en la primera edición de la citada hoja 1049 (1917) y con este mismo se mantiene en las siguientes ediciones hasta la más moderna de 2005, (la hoja 1049-1 de Bornos del MTN-25 ). Se trata sin duda del Arroyo de Fontetar (o de Fuente de Táriq) al que alude Adolfo de Castro y que arranca de las inmediaciones del Cortijo de San Andrés, en la cercana Sierra del Calvario, para desembocar en el Salado de Espera en las proximidades de El Peral y Jadramil. (Ver ilustración)

De más difícil localización es el arroyo de Musas o de Musa, al que alude Adolfo de Castro y que identificamos con el actual Arroyo de La Saucedilla. Como el anterior, también corta la carretera Arcos-Espera, en este caso junto al cortijo del Chupón, para embalsarse en una pantaneta en sus cercanías.

¿De donde tomó pues estos nombres Adolfo de Castro, su principal argumento para ubicar los escenarios de la batalla de Guadalete?. Creemos que lo hizo del mapa de Tomás López. Se trata del Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes, publicado en Madrid en 1787 y del que nos ocuparemos detenidamente en una próxima entrada. En él se aprecian con claridad estos dos topónimos que, a buen seguro, llamarían la atención de un erudito como Adolfo de Castro quien encontró importantes piezas para el puzle que trataba de encajar.

No paso desapercibido tampoco para el historiador otro topónimo que figura en el citado mapa, esta vez junto al Guadalete, aguas debajo de El Portal: la Barca de Florinda. En estas referencias a los nombres de lugares que pudieran estar vinculados a los protagonistas de la Batalla de Guadalete, no ignora Adolfo de Castro el personaje de Florinda, protagonista de la leyenda de La Cava, tan ligada al episodio que desencadenó la invasión árabe. En relación a este curioso topónimo del que ya nos hemos ocupado en otro artículo de este blog. Sierra de GamazaAfortunadamente, en este caso, las conjeturas del historiador son más prudentes y sin dejarse llevar por los sugestivos ecos de la leyenda de La Cava, descarta cualquier relación directa con la contienda: “Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se impuso. Sea como quiera, no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla”. (214).

Al recorrer en estos días los campos de Espera, las tierras de El Peral y Jadramil, las soledades de Sierra Gamaza, las suaves lomas de las Mesas de Santiago… no podemos sino recordar las conjeturas de Adolfo de Castro imaginando con él, las tropas de Táriq acampadas en espera de la contienda con el ejército de Rodrigo que ya se aproxima, camino del Guadalete, por los Llanos de Caulina.


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