Escenas medievales de caza en torno a Jerez.
De montería con Don Alfonso el Onceno.




Como todos los años, cada vez que salimos al campo en plena temporada de caza y escuchamos en los lugares más intrincados de nuestros montes los disparos de escopeta de los cazadores, volvemos a recordar que las sierras y bosques, los parajes montañosos y los espacios forestales están habitados por especies singulares que ahora se incluyen genéricamente bajo el nombre de “caza mayor”. Cabra montés, venado, corzo, gamo, muflón o jabalí, son las más relevantes de cuantas podemos encontrar en los parajes naturales y en los cotos de la geografía gaditana.

Desde la más remota antigüedad queda constancia de que en las tierras de la provincia de Cádiz la caza fue una actividad de gran importancia. En muchas de las pinturas rupestres de las cuevas y abrigos de las sierras del sur, pueden verse representaciones de animales y escenas relacionadas con la caza como sucede, por citar sólo algunas, en las cuevas del Ciervo o de Bacinete (Los Barrios), en la Cueva de las Palomas o en la de Atlanterra (Tarifa) y, especialmente, en la Cueva del Tajo de las Figuras en Benalup-Casas Viejas. De todo ello el lector interesado podrá encontrar magníficas imágenes en los trabajos desarrollados por Lothar Bergmann y sus colaboradores de los que hemos tomado la ilustración correspondiente a esta cueva (1).

Escenas medievales de caza en nuestras campiñas y montes.



Los testimonios escritos más sobresalientes sobre la caza en nuestra zona corresponden a los siglos medievales, teniéndose ya constancia de la importancia de las actividades cinegéticas en nuestro territorio durante la época andalusí. Tal como señala el profesor Abellán, la zona era un excelente lugar para la caza de aves, tanto es así que “…una laguna al sur de Jerez era conocida como “La laguna de las Aves”, identificándose este espacio con la actual Laguna de Medina (2). Otro testimonio citado por este autor lo ofrece Ibn Hayyan, quien recoge de las crónicas de al-Razi que el emir “Abd al Rahman II solía venir a Sidonia a cazar grullas” aves que, por cierto, ya no frecuentan en gran número nuestros humedales (3). Abellán apunta también otra referencia de la misma fuente donde se pone de manifiesto como “…el emir Abdarrhman b. Alhakam salió a cazar grullas, de lo que gustaba mucho, tras regresar de una lejana campaña que había hecho, y alargó su partida de caza, según costumbre que tenía, de modo que a veces llegaba a la cora de Sidonia o a Cádiz y otros lugares más lejos, pero esta vez se excedió, siendo época de invierno y temporada de grullas, hasta el punto de desazonarse sus compañeros, a los que causo fastidio” (4). Es muy probable que este segundo humedal pudiera ser la antigua laguna de La Janda.

Como ninguna otra fuente medieval, la Crónica de D. Alfonso el Onceno, recoge esta pasión de los poderosos por la caza y la especial predilección de este rey por su práctica. El historiador local Fray Esteban Rallón, tomando referencias de esta Crónica, nos recuerda en su Historia de Jerez que en 1342, cuando el rey Alfonso XI se dirige a cercar Algeciras “…hecha la masa del ejército, salió de nuestra ciudad a 5 de julio de este año, e hizo su primer alojamiento de la otra banda del Guadalete y el día siguiente descansó junto a la Laguna de Medina, dónde se embarcó en una laguna y fue a tirar a los cisnes, que había muchos en ella” (5). El interés por la caza y los “cazaderos” de nuestro entorno se vuelve a poner de manifiesto cuando el mismo rey, en 1349, se dirige hacia el sur con un poderoso ejército para tratar de poner cerco a Gibraltar, deteniéndose de nuevo en un lugar ya conocido para él, la Laguna de Medina, “a tirar a los cisnes como la vez pasada” (6).



Entre los numerosos testimonios sobre la caza en otros lugares próximos, mencionaremos como los Ponce de León, Duques de Arcos, utilizaban también la Sierra de Cádiz como cazadero, en especial los montes de Benamahoma en los que, en el siglo XV, se tiene constancia de la presencia de osos, amén de jabalíes, lobos, corzos y venados, por citar sólo las especies más relevantes. De entre todos ellos, como nos recuerdan los hermanos De Las Cuevas, las piezas más codiciadas eran los “puercos” o jabalíes a los que se cazaba con la ayuda de perros “…lebreles, o alanos en traíllas, luchan con los jabalíes, “como si fuesen dos hombres de armas”. Por muy lejos que queden los monteros conocen, en el silencio de la noche, que los lebreles se han agarrado a las orejas… Acudían, entonces y mataban a los jabalíes, hundiéndoles una daga en el corazón”. Las aficiones venatorias de los duques de Arcos en “el bosque de Benamahoma”, les llevará a construir un palacete o residencia de caza que dará lugar, con el paso del tiempo a la actual población de El Bosque (7).

Entre los siglos XIII y XV, buena parte de los montes y espacios forestales de la provincia quedarán como “tierra de frontera”, de modo que, como acertadamente han señalado Cueto Álvarez de Sotomayor y Sánchez García “…la provincia quedará dividida por un eje NE-SW, espacio de “tierra de nadie” consecuencia del hecho fronterizo entre dos ámbitos diferentes “castellano e islámico. En la mayor parte de nuestra geografía se produjo una coincidencia entre frontera natural y frontera política, al coincidir esta última con las zonas de contacto entre las tierras bajas y las áreas montañosas.” Ello provocará la lógica despoblación parcial de buena parte del campo que traerá consigo la aparición de grandes espacios vacíos en las zonas interiores y montañosas. De acuerdo con estos autores “…como consecuencia de este despoblamiento, durante el siglo XIII se produce un notable retroceso de los cultivos en beneficio de la vegetación espontánea… Con el avance del bosque y el matorral se produce una expansión de la fauna salvaje propia del territorio, entre las que estacan especies como el oso, el jabalí, los cérvidos (ciervo y corzo) y el lobo” (8).

De caza con don Alonso el Onceno por los montes de Jerez.

Para conocer el estado de nuestros bosques y montes en los siglos en los que fuimos “tierra de frontera”, existe una fuente de excepcional interés: el Libro de la Montería. Atribuido a Alfonso XI y escrito entre 1340 y 1350, es un testimonio de primer orden sobre la riqueza cinegética de las sierras gaditanas, haciendo especial hincapié en los montes del sur de la provincia. De su lectura, se deduce la presencia en las áreas montañosas próximas a Jerez de especies tan significativas como el oso (extinguido en el siglo XVI), jabalíes, corzos y venados o el lobo, cuyos últimos ejemplares en la provincia se cazaron en los Montes de Jerez hace casi un siglo (9). Por citar sólo algunos de estos interesantes pasajes contenidos en esa monumental obra, traemos aquí el que recoge las referencias a una parte de los términos de Arcos y de Tempul, sobre la que el lector interesado podrá encontrar más información en los trabajos de los profesores Pérez Cebada y Martín Gutiérrez:


El monte de Dos Hermanas es bueno de puerco en verano; la Foz de Guillena es buen monte de puerco en verano; el Bodonal de Gil Gómez es buen monte de puerco en verano; el Labadín es buen monte de puerco en verano; Atrera es buen monte de puerco en verano; la Xara de Algar es buen monte de osso et de puerco en verano. E es la bozería en cabo de la Foz, que no passe contra la Sierra de las Cabras, e porque es el monte grande, ha menester, que estén monteros con canes para renovar e para que dessennen, que digan a que parte quiere ir el venado. E son las armadas en la ladera del Alcornocal” (10).


El texto no puede ser más explícito y rico en información y, aunque han pasado casi siete siglos desde que fue escrito, reconocemos en él los escenarios en los que se llevaban a cabo estas monterías medievales. Para la caza del jabalí (“puerco”) ahí estaba ya, con ese mismo nombre, la Sierra de Dos Hermanas, con sus cumbres calizas gemelas a las que debe su nombre, cubiertas con una densa vegetación, como pueden verse ahora, antes de que la cantera que se explota en su base termine por desfigurar su hermosa silueta.

La Foz de Guillena es el nombre con el que en los documentos medievales se conoce a la Angostura del Majaceite (11), lugar en el que se levanta la presa de Guadalcacín. Esta estrecha hoz (“foz”), que forma el cauce del río a los pies de Sierra Valleja conformaba un embudo natural muy apto para las monterías y para canalizar las piezas de caza mayor hacia la estrecha angostura del río, donde a comienzos del siglo XX se construiría el primer pantano de la provincia.

Aún en la actualidad se mantiene el topónimo de Cañada del Puerto de Guillen que da nombre a una vía pecuaria que une los llanos de El Sotillo con la carretera que desde San José del Valle lleva hasta Guadalcacín II, a la altura de la Hacienda La Presa. Este paraje, como el anterior, de sierras abruptas próximas a un cauce fluvial, reúne los requisitos para albergar grandes mamíferos.

De más difícil ubicación es el Bodonal de Gil Gómez al que algunos autores sitúan en el entorno de Arcos o incluso en Montegil (12). Conviene recordar que la voz “bodonal” hace alusión a un terreno encenagado o a un espacio encharcado cubierto de espadañas u otras plantas palustres (13), por lo que este espacio debió situarse, a nuestro entender, en las cercanías de las vegas de Elvira, en las proximidades de El Mimbral, de la Junta de los Ríos o en otros rincones de tierras llanas y encharcables entre los términos de Tempul y Arcos cercanas al Guadalete o al Guadalcazacín o Majaceite, al igual que los otros montes y lugares a los que se hace alusión en este capítulo del Libro de la Monterías. Tal es el caso, por ejemplo, del monte de Labadín, que se corresponde con el actual paraje de El Abadín, próximo a la Junta de los Ríos, donde estuvo ubicada la aldea medieval del mismo nombre y donde aún se conserva una amplia zona cubierta de monte bajo (14).



El monte de Atrera, aún mantiene su nombre en las Dehesas de Atrera, un hermoso y agreste territorio poblado de bosques de encinas, quejigos y alcornoques que comparten los cortijos Atrera de Alcornocosa y Atrera de Santa María.



Enclavados en el Parque Natural de los Alcornocales, estos montes en los que aún hoy se cobran piezas de caza mayor, están situados entre la carretera de El Bosque-Algar y el pantano de los Hurones. La Xara de Algar no es otra que la Jara o “bosque” de Algar (15) que todavía podemos reconocer en los montes que rodean esta población, terrenos abruptos donde no faltan las masas forestales y el matorral del monte mediterráneo denso y bien conservado donde en los siglos medievales hallaban cobijo el jabalí y el oso. El cabo de la Foz se corresponde con la actual Boca de la Foz, estrecho desfiladero entre las sierras de La Sal y de Las Cabras, también citada en el Libro de la Montería. Este último paraje es donde se describe la escena que nos hace transportarnos a la Edad Media y donde se desvelan las estrategias usadas para la caza del venado.

Y es que, tras su lectura, resulta fácil imaginarse a los monteros en el cabo de la Foz, en la entrada de la garganta de Boca de la Foz, con sus canes, lebreles y alanos, dando voces para



conducir a los venados al lugar adecuado y evitar que se internaran en el denso alcornocal de las sierras cercanas. Eran las “armadas”, filas de cazadores que con sus gritos (“bozería”) y la ayuda de sus perros, espantaban a los ciervos, a los corzos y a los jabalíes, para conducirlos a la entrada de la garganta, como si de un gigantesco embudo natural se tratara, donde les aguardaban lanceros y ballesteros.

Escenas medievales de caza, en esos mismos parajes, en torno a Jerez, donde siete siglos después aún se conservan los mismos topónimos y los mismos montes poblados de corzos, venados y jabalíes (sólo en algunos cotos), aunque ya no quede en ellos más que el recuerdo de los osos y lobos que antaño vivieron en estos parajes.

Para saber más:
(1) Una excelente selección de pinturas rupestres de las cuevas y abrigos de la provincia de Cádiz y en especial de las que representan escenas de caza, puede verse en la web Arte Sureño: el arte rupestre del extremo sur de la península Ibérica. Disponible en el enlace: http://www.arte-sur.com/index.htm. De esta página hemos las imágenes de la cueva del Tajo de las Figuras.
(2) Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia”. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. pp. 141.
(3) Ibidem, p. 141
(4) Abellán Pérez, J.: Poblamiento…, ob. cit., pp.141-142
(5) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, p. 72.
(6) Ibidem, p. 85
(7) De las Cuevas José y Jesús.: El Bosque. Diputación de Cádiz. 1979. pp. 11-12.
(8) Cueto Álvarez de Sotomayor. M y Sánchez García, J.M.: Cádiz. Descripción e Historia de sus masas forestales. En “Segundo Inventario Forestal 1986-1995. Cádiz”. Ministerio de Medio Ambiente. 1997, pp.: 45-46. De este segundo autor, se recomienda también la serie de tres artículos: Sánchez García, J.M.: Caza mayor en la provincia de Cádiz. Diario de Jerez, 26,28 y 29 de diciembre de 1999.
(9) García Lázaro A. y J.: Los últimos lobos de nuestros montes, http://www.entornoajerez.com/, 25 de febrero de 2009. Disponible en el siguiente enlace: http://www.entornoajerez.com/2009/02/los-ultimos-lobos-de-nuestros-montes.html. De gran interés es también el reportaje de la revista Mundo Gráfico de 14/01/1914, sobre la caza del último lobo en la provincia de Cádiz.
(10) Pérez Cebada, J.D. (2009): Regulación cinegética y extinción de especies. Jerez, siglos XV-XIX. En Revista de Historia de Jerez nº 14-15, 2008/2009. pp. 211-212.
(11) Valverde, J.A.: Anotaciones a Libro de la Montería del Rey Alfonso XI, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2010, p. 1174. En esta excelente obra, donde se analiza toda la toponimia contenida en el Libro de la Montería, se identifica la Foz de Guillena con el cortijo de Illena, junto al Guijo y al Salado en Arcos, de lo que discrepamos toda vez que está suficientemente documentada en numerosas fuentes la identificación de este lugar con la Angostura del Majaceite. Al respecto puede verse, por ejemplo, Martín Gutiérrez, E.:Los paisajes de la frontera de Arcos a finales del siglo XIII”, en González Jiménez M. y Sánchez Saus, R. (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. USE y Ayto. de Arcos, 2016, p. 179.
(12) Valverde, J.A.: Anotaciones…, ob. cit., p. 1174.
(13) Casado de Otaola S. y Montes del Olmo C.: Guía de lagos y humedales de España. J.M. Reyero Editor. Madrid, 1995, p. 245.
(14) Martín Gutiérrez, E.:Los paisajes… ob. cit., pp. 190-191.
(15) Ibidem, p. 194.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Flora y fauna, Parajes naturales, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 31/12/2017

Ya vienen los Reyes.
Reyes y reinas en la toponimia de la campiña de Jerez.




Estos días, cuando están próximas las “fiestas de Reyes”, queremos proponerles un paseo por nuestros paisajes y nuestra historia, visitando algunos rincones que guardan en sus nombres alguna vinculación con “rey”, “reina” o “real”.

La Laguna del Rey y la Fuente del Rey.



Algunos de los topónimos relativos al “Rey” ya han caído en el olvido, fundamentalmente porque los lugares a los que aludían han sido “renombrados” o porque se han visto alterados seriamente con el paso del tiempo. Este es el caso de la Laguna del Rey, un antiguo humedal ya desaparecido. Esta laguna, de notable extensión, estuvo situada entre las dehesas de Sianca y Doña Benita, en las proximidades de la actual barriada rural de El Mojo, colindante con la Cañada de los Arquillos o de la Cuesta del Infierno. Por su orilla pasaba también el antiguo camino de Jerez a Paterna. Actualmente, el paraje donde se emplazaba la antigua Laguna del Rey está rodeado por los aerogeneradores del parque eólico de Doña Benita, cuyas lomas se han plantado de olivos. Entre los campos de cultivo de esta finca, todavía se puede apreciar la depresión de la amplia cubeta que ocupaba la laguna, transformada hoy en tierra de cultivo al ser drenada a través de un pequeño canal que desagua en el cercano arroyo de Fuente Bermeja, junto a la pequeña depuradora de El Mojo. Desconocemos el origen de este nombre y puestos a aventurar, podría relacionarse con Alfonso XI, el monarca castellano que, como veremos más adelante anduvo por estas tierras. Con este mismo nombre de Laguna del Rey, se denominaba también a un pequeño humedal existente junto a la antigua Ermita de Guía, hasta cuyas cercanías entraba un brazo de la marisma de la Mesa, a través del Guadajabaque en los siglos medievales (1).



A diferencia de los anteriores, ha llegado hasta nuestros días el topónimo de Fuente Rey (o Fuente del Rey) nombre con el que se denomina a un paraje situado a unos 20 km al sureste de la ciudad, junto a la carretera de Medina. Fuente Rey da también nombre a un famoso cortijo donde se crían los caballos y toros de la ganadería de Fermín Bohórquez. Un antiguo manantial ubicado en este mismo lugar, la Fuente del Rey está en el origen de este curioso topónimo.

Conviene recordar que las tierras de Fuente Rey guardan mucha historia a sus espaldas y ya hace 20 siglos vieron el paso del acueducto romano de Tempul a Gades. Esta colosal obra atravesaba estos parajes procedente del valle de los Arquillos y de Las Piletas, para continuar su camino por El Berroquejo hacia los Llanos de Guerra en dirección al Puente Suazo y Cádiz. Para el profesor Lázaro Lagóstena, coordinador del Proyecto Aquaducta, el antiguo manantial de la Fuente del Rey pudo estar vinculado al acueducto romano y a su entender “rememora la existencia de una fuente de cierta entidad edilicia, posiblemente de origen romano pues era habitual adjudicar la construcción de este tipo de obra importante y pública a un poder relevante, como el real” (2).

Otros autores apuntan al posible origen medieval de este topónimo, que quizás podría relacionarse, como en el caso de la Laguna del Rey, con la figura de Alfonso XI. Este monarca, en sus diferentes campañas militares contra los benimerines para el control del Estrecho, pasará hasta en cuatro ocasiones por los parajes de Fuente Rey, descansando varias veces en sus tierras, junto al castillo de Berroquejo (3). Así, en 1340, para intentar frenar la ofensiva de Abul-Hassan sobre Tarifa, en 1342 (en dos ocasiones), en sus intentos por conquistar Algeciras y en 1349 para cercar Gibraltar, las tropas castellanas con Alfonso el Onceno al frente acamparán y cruzarán por estas tierras (4).

A finales del siglo XV, Fuente del Rey, junto a Cabeza de Santa María, Los Arquillos o Torrecera, se encuentra entre las tierras comunales que ordenan roturar los Reyes Católicos para facilitárselas en arriendo a los agricultores más necesitados. En Fuente del Rey, como también en las Vegas del Vicario, la corona castellana intentó crear nuevas poblaciones para colonizar el extenso alfoz jerezano, como apunta el profesor Emilio Martín. Así, en 1503 se pregonó a los interesados: “Sepan todos que la reyna, nuestra sennora, manda poblar dos lugares en el término de esta çibdad de Xeres: el vno en la Fuente del Rey y el otro en la Vega del Vicario. E que el caballero se le dé vna cauallería de tierra para labrar por pan e al peón vna peonía… e paguen a esta çibdad de terradgo vn cahis de trigo por cauallería de tierra de cada vno anno” (5). La iniciativa se saldó sin éxito.



Sea como fuere, los campos de Fuente Rey -que, permítasenos la licencia, se nos antojan por sus hermosos paisajes como si de un rincón de la Toscana italiana se tratase- acogen hoy una importante ganadería de bravo. Junto a las casas del antiguo cortijo de Campanero, que forma también parte de la finca, se levantó a comienzos de siglo un complejo turístico en el que destaca una llamativa torre-mirador coronando las lomas. Junta a ella, un gran picadero cubierto alberga en su interior una plaza de toros donde se celebran espectáculos taurinos y ecuestres junto a todo tipo de eventos.



Con el nombre de Vega del Rey se conoce también el paraje situado a los pies del cortijo (6) donde se han represado las aguas del Arroyo Salado, en el embalse de la Fuente del Rey visible desde la autovía de Jerez-Los Barrios.

La Viña del Rey y las Aceñas del Rey.

Nuestros viñedos cuentan también con algunas referencias al “Rey”, aunque en la mayoría de los casos se trata de viñas ya desaparecidas que hacían alusión al apellido o apodo de sus propietarios. Son los casos de la Viña Rey, que se ubicaba en la Cañada de la Feria (Avda. de Europa), en el actual emplazamiento de Carrefour Norte, o de la Viña Reyes, que estuvo situada en el pago de Cuartillo. Otro viñedo de nombre Viña Rey se encontraba en la Cañada de Cantarranas, a la espalda del actual “Mosto” de Santa Teresa. Con todo, la más conocida fue la viña Pie de Rey, (que dio también nombre a uno de los conocidos como pagos de “arenas”) en cuyas tierras se construyó una urbanización que todavía mantiene esta denominación (7).

Topónimos ya desaparecidos, pero que nombraban otros tantos rincones de la campiña fueron el de la Huerta del Rey y el de la Aceña (o Aceñas) del Rey. En los siglos medievales hay referencias en las cercanías de la ciudad a la conocida como Huerta del Rey cuya ubicación no hemos podido localizar (8) al igual que la de las Aceñas del Rey a la que hacen alusión distintas fuentes documentales ya desde finales del siglo XIV. Las aceñas eran, por lo general, molinos harineros situados en el curso del río con ruedas verticales movidas por la corriente. Algunas fuentes apuntan que su emplazamiento debió estar junto al Guadalete en los Llanos de la Ina, ya que en ocasiones se alude a ellas como “aceñas del Rey y de la Ina”. Así se constata, por ejemplo, en sendos legajos fechados en 1410 y 1426 (9), si bien en otros documentos se las menciona como “aceñas del Rey y de la Reina” (10).

Las Aceñas del Rey, se mencionan ya como parte de la dote de Doña María Alfonso coronel en su matrimonio con Alonso Pérez de Guzmán a finales del XIII como recoge el profesor Ladero de Quesada y figuran también en el testamento del conde Juan Alonso de Guzmán (1396) quien fue copropietario de las mismas. En 1461 aparecen también como una de las propiedades de D. Pedro Ponce de León, primer conde de Arcos, quien era poseedor de un tercio de estos molinos situados en el Guadalete (11). En el siglo XVI aún debían estar en uso y daban nombre a uno de los pagos de viña del Jerez de esa época (12).

A nuestro entender, las aceñas del Rey se corresponden con las presas azudes y molinos situados en La Corta y que actualmente, están siendo objeto de una actuación arqueológica que está sacando a la luz parte de este singular conjunto hidráulico (12).




Las cuevas de la Reina.

Más escasos son los topónimos referidos a las “reinas”. Junto al ya citado, es conocido desde antiguo el paraje de las Cuevas de la Reina situado, curiosamente, frente a las tierras de Fuente Rey. Colindante con el Castillo de Berroquejo, las “cuevas” se encuentran entre un paisaje de cerros de escasa altitud cubiertos de monte mediterráneo.



El profesor Lázaro Lagóstena, apunta que este topónimo pudiera referirse a las galerías del acueducto romano de Tempul a Gades, que se trazaba entre estas colinas (13) de las que ya no quedan vestigios en superficie. Conviene recordar que hubo también aquí antiguas canteras y que aún se conservan pequeñas “cuevas” naturales de escaso desarrollo, como las que se muestran en las imágenes, en



las que tal vez haya que buscar el origen de este nombre.

De procedencia más enigmática es el topónimo de arroyo de la Reina Loca, que corre por las laderas de la Sierra de las Cabras. Se trata de un pequeño curso fluvial, situado en las cercanías del cortijo de Picado, tributario del arroyo del Caballo que vierte sus aguas en el embalse de Guadalcacín (14).

Cabeza del Real, Campo Real… y Puerto Real.



Junto a los “reyes” y “reinas”, en nuestros paisajes encontramos también otros curiosos topónimos, relacionados con ellos. Desde antiguo, los cerros de Lomopardo han sido conocidos con los nombres de Cabeza del Real o Cerros del Real. La historiografía tradicional jerezana les atribuye este nombre en la creencia de que en ellos sentó su “Real”, el emir Abū Mālik, hijo del sultán de los benimerines Abū l-Hasan, quien, en 1339, al frente de un fuerte contingente militar, llevó a cabo incursiones por los campos de Medina, Jerez y Arcos (15). Tal como describen todas las “Historias” e historiadores de Jerez (El Libro del Alcázar, Gonzalo de Padilla, Fray Esteban Rallón, Bartolomé Gutiérrez, Adolfo de Castro…) en los Cerros del Real tuvo lugar la heroica hazaña de Diego Fernández de Herrera quien allí dio muerte al “Infante Tuerto”, el príncipe “Abomelic” o “Abomelique” de las crónicas cristianas, desbaratando así el cerco al que tenía sometido a la ciudad. A resultas de aquella refriega resultó malherido, muriendo días después.



Refiriéndose a este episodio, el Libro del Alcázar escrito por Juan Román de Cuenca a finales del siglo XV, dice que, al llegar los moros junto al Guadalete, “… asentaron su real cerca de Nuestra Señora que agora llaman de la Yna, y sentaron la tienda del infante en la cabeça que agora llaman del Real por aber sentado el infante Tuerto su tienda”. En similares términos lo expresa Gonzalo de Padilla a comienzos del XVII: “… la tienda del rey fue puesta en la cabeza de un cerro que llaman ahora del Real por ello, y las demás tiendas se armaron por los llanos del río Guadalete”. Martín de Roa apunta que el “Infante Moro… mandó poner su tienda en un cerro alto, que desde entonces por memoria se llama, La Cabeça del Real”. Rallón, que toma la historia de Gómez Salido, dice también que “el Infante Tuerto Picazo Abd-al Malik… puso su tienda en el cerro que por eso llaman Cabeza del Real”. Bartolomé Gutiérrez, precisa más el lugar: “… sentó este Príncipe moro su Real en un elevado cerro que hay del lado de acá del Río, junto donde hoy está el puente cuyo nombre del Cerro del Real se le ha quedado hasta hoy (16).

Pero si en la historiografía, en la toponimia y en el imaginario colectivo jerezano, los Cerros del Real (Lomopardo) quedan ya para siempre como el lugar de la gesta de Diego Fernández de Herrera, los hechos históricos no concuerdan con estas hazañas ya que Abū Mālik murió en las vegas de Pagana, cerca del río Barbate y Alcalá de los Gazules (17).

Junto a los Cerros del Real encontramos también en nuestra campiña otros topónimos curiosos como el de Canuto Real que da nombre a un arroyo que discurre por la Dehesa del Charco de los Hurones, tributario del arroyo del Astillero y que tal vez podría relacionarse, como este último, con la vinculación de estos montes a la Armada ya que, especialmente en el siglo XVIII, los veedores de la Marina seleccionaban en estos bosques los mejores ejemplares de quejigos para utilizar su madera en la construcción naval (18).



Más conocido es el topónimo de Campo Real, que está presente en distintos rincones de la campiña. Así, da nombre al Cortijo de Campo Real, situado entre Jédula y las mesas de Santiago, junto a la Cañada Real de Vicos y de las Mesas una de las más importantes del término. Las hazas de Campo Real, junto al cortijo de Mesas de Santiago, están directamente relacionadas con el anterior cortijo. Ambos están relacionados con el marquesado de Campo Real, título nobiliario creado a finales del s. XVII, vinculado en la actualidad a la familia Zurita. Con él también se relacionan en cuanto al origen de su nombre otras propiedades como la viña de Campo Real, junto a la del Aljibe, en el pago de Añina. En el cortijo de Montana, colindante con ella, existe también el haza de Campo Real.

De manera genérica, “Real” o “Realengo” aparece como adjetivo en muchos topónimos de nuestra campiña, para indicar que, en su origen, los caminos, cañadas, descansaderos y pozos, tenían esta consideración, y por extensión tenían el carácter de bienes de dominio público. Este es el caso de las Cañadas Reales y vías pecuarias que en nuestro término forman una extensa red cercana a los 500 km.

Ya fuera del término de Jerez, pero estrechamente relacionado con el en sus orígenes sobresale entre todos el topónimo de Puerto Real. El caso de la creación de Puerto Real obedece a los deseos de la corona castellana de contar con un puerto de realengo en el territorio de la bahía de Cádiz, donde los otros puertos existentes estaban en mano de distintos señoríos. La fundación de Puerto Real, aún a costa de la segregación de parte del término de Jerez, permitió a la corona contar con un puerto de mar que estuviese bajo su directa jurisdicción. Así, por real cédula de 18 de junio de 1483, dada en Córdoba, se crearía esta nueva población: “…por la presente, de nuestra sciencia e propio motu e poderío real absoluto, exhemimos e apartamos de la dicha cibdad de Xerez e de otra qualquier cibdad, villa o lugar, o persona que allí pretenda tener señorío e juridición, el dicho suelo e sitio de la Matagorda… e lo fazemos e constituimos térmno apartado e distinto e juridición por sí e sobre sí apartadamente”.

Separadas de este modo del alfoz jerezano, las tierras de esta nueva villa de Puerto Real limitarían al oeste con el Río de San Pedro, al este con Medina Sidonia, al sur con los términos de Chiclana y La Puente (actual San Fernando) y al norte con el de Jerez. El número de pobladores se fijó inicialmente en 200 vecinos, recibiendo terrenos para plantar árboles y viñas en el plazo de dos años.



Con todo, entre 1488 y 1543 la villa de Puerto Real pasó a estar bajo la jurisdicción de Jerez, quien tendría la potestad durante este periodo de confirmar a los cargos del concejo de la villa: alcaldes, regidores, alguaciles y procuradores. (19).

¡Que tengan ustedes buenos “reyes”!

Etiqueta publicada por Pedro Oteo Barranco en el Grupo  de Facebook "Cosas de Jerez que han desaparecido con el tiempo"

Para saber más:
(1) Sobre la antigua Laguna del Rey cercana al Mojo puede verse: García Lázaro, A. y J.: Las lagunas “perdidas”: humedales en torno a Jerez (II), Diario de Jerez, 7 de febrero de 2016. También se menciona la Laguna del Rey en el documento Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948, Ayto. de Jerez. En relación a la Laguna del Rey que existió junto a la Ermita de Guía, Mariscal Trujillo, A.: Alrededor de Jerez, EJE Editorial, 2004, p. 20. El autor toma las referencias de Novoa P., Z.: Los Conventos Agustinianos de Jerez, C.E.H.J., Jerez, 1940.
(2) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta. Guía para la ruta cultural del acueducto romano de Tempul a Gades, Universidad de Cádiz, Consejería de agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, Fondo Europeo para el Desarrollo Regional, 2016, p. 81.
(3) García Lázaro, A. y J.: El castillo de Berroquejo: un sobreviviente de las luchas de frontera, Diario de Jerez, 20 de abril de 2014.
(4) Sobre este asunto pueden consultarse: López Fernández, M.: De Sevilla al Campo de Gibraltar. Los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho. Historia Instituciones y Documentos, 33, (2006), Catalán Menéndez-Pidal, D.: Gran crónica de Alfonso XI. Edición crítica y estudio. Madrid: Seminario Menéndez Pidal. Ed. Gredos, Madrid, 1976. Vol. 2 y López Fernández, M.: El itinerario del ejército castellano para descercar Gibraltar en 1333. Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, nº 18, 2002. Pg. 185-208
(5) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 162
(6) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero. - Año de 1904. Escala 1:25.000.
(7) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 219.
(8) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 77.
(9) Orellana González, C.: Registro cronológico de acuerdos capitulares de Jerez de la Frontera, 1409-1430, RHJ, 18 (2015) 83-156, pp. 111, 123
(10) “La cuestión de Medina Sidonia”, consulta realizada el 02/01/2018 en la web: http://www.fcmedinasidonia.com/isabel_alvarez_toledo/amerilis/entreelcoran/Paginas/3coran.htm
(11) Puede consultarse a este respecto Ladero de Quesada, M.A.: Los Guzmán, señores de Sanlúcar en el siglo XIV, HID 36 (2009), p. 238 y 242 y Devis Márquez, F.: Mayorazgo y cambio político: estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos, Ed. Universidad de Cádiz, 1999, p. 25.
(12) Martín Gutiérrez, E.: Jerez de la Frontera a la luz de la información o probanza de 1505: interacción sociedad-medio ambiente, Norba. Revista de Historia, Vol. 25-26, 2012-2013, 227-246, p. 232. LAs aceñas del Rey se situaban junto a los Hornos de Bizcocho en el actual paraje de La Corta tal como señala
Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. III, p. 277.
(13) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta…. Obra citada, p. 81. 
(14) López-Cepero, Adolfo.: Plano… obra citada.
(15) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.
(16) Sobre la identificación de los Cerros del Real con el lugar donde el príncipe Abū Mālik, instaló su tienda existen numerosas referencias en la historiografía jerezana, entre otras: Abellán Pérez, J.: El Libro del Alcázar, EH Editores, 2012, p. 35; Gonzalo de Padilla.: Historia de Xerez de la Frontera (siglos XIII-XVI). Introducción, edición e índices de Juan Abellán Pérez, Agrija Ediciones, 2008, p. 41.; Martín de Roa (1617): “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsímil, Ed. Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VII, p. 24.; Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, Vol. II, p. 46. y Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p. 196.
(17) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.; Gran Crónica de Alfonso XI', edición a cargo de Diego Catalán, Madrid, Gredos, 1977, vol. II, capítulo cclxii, pp. 275 y ss. En un reciente e interesante artículo, se ha expuesto sintéticamente las contradicciones históricas en torno a la figura de Diego Fernández de Herrera: Jiménez López de Eguileta, Javier E.: Diego Fernández de Herrera, ¿leyenda o realidad?, Diario de Jerez, 10 de octubre de 2016.
(18) Una relación de las principales especies maderables de nuestros montes, en las que tenía interés la Marina puede verse en los trabajos de J. Espelius (1760) “Carta Geographica, o Mapa General de los Pueblos, Montes, y sus Prales. arboledas y extenciones, justicias, guardas q. los custodian, vecindarios, matriculads. y embarcacs., q. comprenn. la Prova. de Marina de Sn. Lucar de Barrameda según la inspecn. del año 1754, una de las que compon. la Yntena. Gl., d'Cadiz Execudo. cn. Rl. apron. pr. el Yngro. Extrio., D., S., M., Dn., Jph. Espelius.”, disponible en internet.
(19) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 164-166; Anarte Ávila, R., Cruz Beltrán, J.M. y Ruiz Gallardo, M.: Documentos Básicos para la Historia de Puerto Real, Colección Recursos didácticos, nº 1, Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real, 1991, p 71


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Lagunas y humedales, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/01/2018

 
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