Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.



 Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

Ya vienen los Reyes.
Reyes y reinas en la toponimia de la campiña de Jerez.




Estos días, cuando todos celebramos las “fiestas de Reyes”, queremos proponerles un paseo por nuestros paisajes y nuestra historia, visitando algunos rincones que guardan en sus nombres alguna vinculación con “rey”, “reina” o “real”.

La Laguna del Rey y la Fuente del Rey.



Algunos de los topónimos relativos al “Rey” ya han caído en el olvido, fundamentalmente porque los lugares a los que aludían han sido “renombrados” o porque se han visto alterados seriamente con el paso del tiempo. Este es el caso de la Laguna del Rey, un antiguo humedal ya desaparecido. Esta laguna, de notable extensión, estuvo situada entre las dehesas de Sianca y Doña Benita, en las proximidades de la actual barriada rural de El Mojo, colindante con la Cañada de los Arquillos o de la Cuesta del Infierno. Por su orilla pasaba también el antiguo camino de Jerez a Paterna. Actualmente, el paraje donde se emplazaba la antigua Laguna del Rey está rodeado por los aerogeneradores del parque eólico de Doña Benita, cuyas lomas se han plantado de olivos. Entre los campos de cultivo de esta finca, todavía se puede apreciar la depresión de la amplia cubeta que ocupaba la laguna, transformada hoy en tierra de cultivo al ser drenada a través de un pequeño canal que desagua en el cercano arroyo de Fuente Bermeja, junto a la pequeña depuradora de El Mojo. Desconocemos el origen de este nombre y puestos a aventurar, podría relacionarse con Alfonso XI, el monarca castellano que, como veremos más adelante anduvo por estas tierras. Con este mismo nombre de Laguna del Rey, se denominaba también a un pequeño humedal existente junto a la antigua Ermita de Guía, hasta cuyas cercanías entraba un brazo de la marisma de la Mesa, a través del Guadajabaque en los siglos medievales (1).



A diferencia de los anteriores, ha llegado hasta nuestros días el topónimo de Fuente Rey (o Fuente del Rey) nombre con el que se denomina a un paraje situado a unos 20 km al sureste de la ciudad, junto a la carretera de Medina. Fuente Rey da también nombre a un famoso cortijo donde se crían los caballos y toros de la ganadería de Fermín Bohórquez. Un antiguo manantial ubicado en este mismo lugar, la Fuente del Rey está en el origen de este curioso topónimo.

Conviene recordar que las tierras de Fuente Rey guardan mucha historia a sus espaldas y ya hace 20 siglos vieron el paso del acueducto romano de Tempul a Gades. Esta colosal obra atravesaba estos parajes procedente del valle de los Arquillos y de Las Piletas, para continuar su camino por El Berroquejo hacia los Llanos de Guerra en dirección al Puente Suazo y Cádiz. Para el profesor Lázaro Lagóstena, coordinador del Proyecto Aquaducta, el antiguo manantial de la Fuente del Rey pudo estar vinculado al acueducto romano y a su entender “rememora la existencia de una fuente de cierta entidad edilicia, posiblemente de origen romano pues era habitual adjudicar la construcción de este tipo de obra importante y pública a un poder relevante, como el real” (2).

Otros autores apuntan al posible origen medieval de este topónimo, que quizás podría relacionarse, como en el caso de la Laguna del Rey, con la figura de Alfonso XI. Este monarca, en sus diferentes campañas militares contra los benimerines para el control del Estrecho, pasará hasta en cuatro ocasiones por los parajes de Fuente Rey, descansando varias veces en sus tierras, junto al castillo de Berroquejo (3). Así, en 1340, para intentar frenar la ofensiva de Abul-Hassan sobre Tarifa, en 1342 (en dos ocasiones), en sus intentos por conquistar Algeciras y en 1349 para cercar Gibraltar, las tropas castellanas con Alfonso el Onceno al frente acamparán y cruzarán por estas tierras (4).

A finales del siglo XV, Fuente del Rey, junto a Cabeza de Santa María, Los Arquillos o Torrecera, se encuentra entre las tierras comunales que ordenan roturar los Reyes Católicos para facilitárselas en arriendo a los agricultores más necesitados. En Fuente del Rey, como también en las Vegas del Vicario, la corona castellana intentó crear nuevas poblaciones para colonizar el extenso alfoz jerezano, como apunta el profesor Emilio Martín. Así, en 1503 se pregonó a los interesados: “Sepan todos que la reyna, nuestra sennora, manda poblar dos lugares en el término de esta çibdad de Xeres: el vno en la Fuente del Rey y el otro en la Vega del Vicario. E que el caballero se le dé vna cauallería de tierra para labrar por pan e al peón vna peonía… e paguen a esta çibdad de terradgo vn cahis de trigo por cauallería de tierra de cada vno anno” (5). La iniciativa se saldó sin éxito.



Sea como fuere, los campos de Fuente Rey -que, permítasenos la licencia, se nos antojan por sus hermosos paisajes como si de un rincón de la Toscana italiana se tratase- acogen hoy una importante ganadería de bravo. Junto a las casas del antiguo cortijo de Campanero, que forma también parte de la finca, se levantó a comienzos de siglo un complejo turístico en el que destaca una llamativa torre-mirador coronando las lomas. Junta a ella, un gran picadero cubierto alberga en su interior una plaza de toros donde se celebran espectáculos taurinos y ecuestres junto a todo tipo de eventos.



Con el nombre de Vega del Rey se conoce también el paraje situado a los pies del cortijo (6) donde se han represado las aguas del Arroyo Salado, en el embalse de la Fuente del Rey visible desde la autovía de Jerez-Los Barrios.

La Viña del Rey y las Aceñas del Rey.

Nuestros viñedos cuentan también con algunas referencias al “Rey”, aunque en la mayoría de los casos se trata de viñas ya desaparecidas que hacían alusión al apellido o apodo de sus propietarios. Son los casos de la Viña Rey, que se ubicaba en la Cañada de la Feria (Avda. de Europa), en el actual emplazamiento de Carrefour Norte, o de la Viña Reyes, que estuvo situada en el pago de Cuartillo. Otro viñedo de nombre Viña Rey se encontraba en la Cañada de Cantarranas, a la espalda del actual “Mosto” de Santa Teresa. Con todo, la más conocida fue la viña Pie de Rey, (que dio también nombre a uno de los conocidos como pagos de “arenas”) en cuyas tierras se construyó una urbanización que todavía mantiene esta denominación (7).

Topónimos ya desaparecidos, pero que nombraban otros tantos rincones de la campiña fueron el de la Huerta del Rey y el de la Aceña (o Aceñas) del Rey. En los siglos medievales hay referencias en las cercanías de la ciudad a la conocida como Huerta del Rey cuya ubicación no hemos podido localizar (8) al igual que la de las Aceñas del Rey a la que hacen alusión distintas fuentes documentales ya desde finales del siglo XIV. Las aceñas eran, por lo general, molinos harineros situados en el curso del río con ruedas verticales movidas por la corriente. Algunas fuentes apuntan que su emplazamiento debió estar junto al Guadalete en los Llanos de la Ina, ya que en ocasiones se alude a ellas como “aceñas del Rey y de la Ina”. Así se constata, por ejemplo, en sendos legajos fechados en 1410 y 1426 (9), si bien en otros documentos se las menciona como “aceñas del Rey y de la Reina” (10).

Las Aceñas del Rey, se mencionan ya como parte de la dote de Doña María Alfonso coronel en su matrimonio con Alonso Pérez de Guzmán a finales del XIII como recoge el profesor Ladero de Quesada y figuran también en el testamento del conde Juan Alonso de Guzmán (1396) quien fue copropietario de las mismas. En 1461 aparecen también como una de las propiedades de D. Pedro Ponce de León, primer conde de Arcos, quien era poseedor de un tercio de estos molinos situados en el Guadalete (11). En el siglo XVI aún debían estar en uso y daban nombre a uno de los pagos de viña del Jerez de esa época (12).

A nuestro entender, las aceñas del Rey se corresponden con las presas azudes y molinos situados en La Corta y que actualmente, están siendo objeto de una actuación arqueológica que está sacando a la luz parte de este singular conjunto hidráulico (12).




Las cuevas de la Reina.

Más escasos son los topónimos referidos a las “reinas”. Junto al ya citado, es conocido desde antiguo el paraje de las Cuevas de la Reina situado, curiosamente, frente a las tierras de Fuente Rey. Colindante con el Castillo de Berroquejo, las “cuevas” se encuentran entre un paisaje de cerros de escasa altitud cubiertos de monte mediterráneo.



El profesor Lázaro Lagóstena, apunta que este topónimo pudiera referirse a las galerías del acueducto romano de Tempul a Gades, que se trazaba entre estas colinas (13) de las que ya no quedan vestigios en superficie. Conviene recordar que hubo también aquí antiguas canteras y que aún se conservan pequeñas “cuevas” naturales de escaso desarrollo, como las que se muestran en las imágenes, en



las que tal vez haya que buscar el origen de este nombre.

De procedencia más enigmática es el topónimo de arroyo de la Reina Loca, que corre por las laderas de la Sierra de las Cabras. Se trata de un pequeño curso fluvial, situado en las cercanías del cortijo de Picado, tributario del arroyo del Caballo que vierte sus aguas en el embalse de Guadalcacín (14).

Cabeza del Real, Campo Real… y Puerto Real.



Junto a los “reyes” y “reinas”, en nuestros paisajes encontramos también otros curiosos topónimos, relacionados con ellos. Desde antiguo, los cerros de Lomopardo han sido conocidos con los nombres de Cabeza del Real o Cerros del Real. La historiografía tradicional jerezana les atribuye este nombre en la creencia de que en ellos sentó su “Real”, el emir Abū Mālik, hijo del sultán de los benimerines Abū l-Hasan, quien, en 1339, al frente de un fuerte contingente militar, llevó a cabo incursiones por los campos de Medina, Jerez y Arcos (15). Tal como describen todas las “Historias” e historiadores de Jerez (El Libro del Alcázar, Gonzalo de Padilla, Fray Esteban Rallón, Bartolomé Gutiérrez, Adolfo de Castro…) en los Cerros del Real tuvo lugar la heroica hazaña de Diego Fernández de Herrera quien allí dio muerte al “Infante Tuerto”, el príncipe “Abomelic” o “Abomelique” de las crónicas cristianas, desbaratando así el cerco al que tenía sometido a la ciudad. A resultas de aquella refriega resultó malherido, muriendo días después.



Refiriéndose a este episodio, el Libro del Alcázar escrito por Juan Román de Cuenca a finales del siglo XV, dice que, al llegar los moros junto al Guadalete, “… asentaron su real cerca de Nuestra Señora que agora llaman de la Yna, y sentaron la tienda del infante en la cabeça que agora llaman del Real por aber sentado el infante Tuerto su tienda”. En similares términos lo expresa Gonzalo de Padilla a comienzos del XVII: “… la tienda del rey fue puesta en la cabeza de un cerro que llaman ahora del Real por ello, y las demás tiendas se armaron por los llanos del río Guadalete”. Martín de Roa apunta que el “Infante Moro… mandó poner su tienda en un cerro alto, que desde entonces por memoria se llama, La Cabeça del Real”. Rallón, que toma la historia de Gómez Salido, dice también que “el Infante Tuerto Picazo Abd-al Malik… puso su tienda en el cerro que por eso llaman Cabeza del Real”. Bartolomé Gutiérrez, precisa más el lugar: “… sentó este Príncipe moro su Real en un elevado cerro que hay del lado de acá del Río, junto donde hoy está el puente cuyo nombre del Cerro del Real se le ha quedado hasta hoy (16).

Pero si en la historiografía, en la toponimia y en el imaginario colectivo jerezano, los Cerros del Real (Lomopardo) quedan ya para siempre como el lugar de la gesta de Diego Fernández de Herrera, los hechos históricos no concuerdan con estas hazañas ya que Abū Mālik murió en las vegas de Pagana, cerca del río Barbate y Alcalá de los Gazules (17).

Junto a los Cerros del Real encontramos también en nuestra campiña otros topónimos curiosos como el de Canuto Real que da nombre a un arroyo que discurre por la Dehesa del Charco de los Hurones, tributario del arroyo del Astillero y que tal vez podría relacionarse, como este último, con la vinculación de estos montes a la Armada ya que, especialmente en el siglo XVIII, los veedores de la Marina seleccionaban en estos bosques los mejores ejemplares de quejigos para utilizar su madera en la construcción naval (18).



Más conocido es el topónimo de Campo Real, que está presente en distintos rincones de la campiña. Así, da nombre al Cortijo de Campo Real, situado entre Jédula y las mesas de Santiago, junto a la Cañada Real de Vicos y de las Mesas una de las más importantes del término. Las hazas de Campo Real, junto al cortijo de Mesas de Santiago, están directamente relacionadas con el anterior cortijo. Ambos están relacionados con el marquesado de Campo Real, título nobiliario creado a finales del s. XVII, vinculado en la actualidad a la familia Zurita. Con él también se relacionan en cuanto al origen de su nombre otras propiedades como la viña de Campo Real, junto a la del Aljibe, en el pago de Añina. En el cortijo de Montana, colindante con ella, existe también el haza de Campo Real.

De manera genérica, “Real” o “Realengo” aparece como adjetivo en muchos topónimos de nuestra campiña, para indicar que, en su origen, los caminos, cañadas, descansaderos y pozos, tenían esta consideración, y por extensión tenían el carácter de bienes de dominio público. Este es el caso de las Cañadas Reales y vías pecuarias que en nuestro término forman una extensa red cercana a los 500 km.

Ya fuera del término de Jerez, pero estrechamente relacionado con el en sus orígenes sobresale entre todos el topónimo de Puerto Real. El caso de la creación de Puerto Real obedece a los deseos de la corona castellana de contar con un puerto de realengo en el territorio de la bahía de Cádiz, donde los otros puertos existentes estaban en mano de distintos señoríos. La fundación de Puerto Real, aún a costa de la segregación de parte del término de Jerez, permitió a la corona contar con un puerto de mar que estuviese bajo su directa jurisdicción. Así, por real cédula de 18 de junio de 1483, dada en Córdoba, se crearía esta nueva población: “…por la presente, de nuestra sciencia e propio motu e poderío real absoluto, exhemimos e apartamos de la dicha cibdad de Xerez e de otra qualquier cibdad, villa o lugar, o persona que allí pretenda tener señorío e juridición, el dicho suelo e sitio de la Matagorda… e lo fazemos e constituimos térmno apartado e distinto e juridición por sí e sobre sí apartadamente”.

Separadas de este modo del alfoz jerezano, las tierras de esta nueva villa de Puerto Real limitarían al oeste con el Río de San Pedro, al este con Medina Sidonia, al sur con los términos de Chiclana y La Puente (actual San Fernando) y al norte con el de Jerez. El número de pobladores se fijó inicialmente en 200 vecinos, recibiendo terrenos para plantar árboles y viñas en el plazo de dos años.



Con todo, entre 1488 y 1543 la villa de Puerto Real pasó a estar bajo la jurisdicción de Jerez, quien tendría la potestad durante este periodo de confirmar a los cargos del concejo de la villa: alcaldes, regidores, alguaciles y procuradores. (19).

¡Que tengan ustedes buenos “reyes”!

Etiqueta publicada por Pedro Oteo Barranco en el Grupo  de Facebook "Cosas de Jerez que han desaparecido con el tiempo"

Para saber más:
(1) Sobre la antigua Laguna del Rey cercana al Mojo puede verse: García Lázaro, A. y J.: Las lagunas “perdidas”: humedales en torno a Jerez (II), Diario de Jerez, 7 de febrero de 2016. También se menciona la Laguna del Rey en el documento Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948, Ayto. de Jerez. En relación a la Laguna del Rey que existió junto a la Ermita de Guía, Mariscal Trujillo, A.: Alrededor de Jerez, EJE Editorial, 2004, p. 20. El autor toma las referencias de Novoa P., Z.: Los Conventos Agustinianos de Jerez, C.E.H.J., Jerez, 1940.
(2) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta. Guía para la ruta cultural del acueducto romano de Tempul a Gades, Universidad de Cádiz, Consejería de agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, Fondo Europeo para el Desarrollo Regional, 2016, p. 81.
(3) García Lázaro, A. y J.: El castillo de Berroquejo: un sobreviviente de las luchas de frontera, Diario de Jerez, 20 de abril de 2014.
(4) Sobre este asunto pueden consultarse: López Fernández, M.: De Sevilla al Campo de Gibraltar. Los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho. Historia Instituciones y Documentos, 33, (2006), Catalán Menéndez-Pidal, D.: Gran crónica de Alfonso XI. Edición crítica y estudio. Madrid: Seminario Menéndez Pidal. Ed. Gredos, Madrid, 1976. Vol. 2 y López Fernández, M.: El itinerario del ejército castellano para descercar Gibraltar en 1333. Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, nº 18, 2002. Pg. 185-208
(5) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 162
(6) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero. - Año de 1904. Escala 1:25.000.
(7) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 219.
(8) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 77.
(9) Orellana González, C.: Registro cronológico de acuerdos capitulares de Jerez de la Frontera, 1409-1430, RHJ, 18 (2015) 83-156, pp. 111, 123
(10) “La cuestión de Medina Sidonia”, consulta realizada el 02/01/2018 en la web: http://www.fcmedinasidonia.com/isabel_alvarez_toledo/amerilis/entreelcoran/Paginas/3coran.htm
(11) Puede consultarse a este respecto Ladero de Quesada, M.A.: Los Guzmán, señores de Sanlúcar en el siglo XIV, HID 36 (2009), p. 238 y 242 y Devis Márquez, F.: Mayorazgo y cambio político: estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos, Ed. Universidad de Cádiz, 1999, p. 25.
(12) Martín Gutiérrez, E.: Jerez de la Frontera a la luz de la información o probanza de 1505: interacción sociedad-medio ambiente, Norba. Revista de Historia, Vol. 25-26, 2012-2013, 227-246, p. 232. LAs aceñas del Rey se situaban junto a los Hornos de Bizcocho en el actual paraje de La Corta tal como señala
Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. III, p. 277.
(13) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta…. Obra citada, p. 81. 
(14) López-Cepero, Adolfo.: Plano… obra citada.
(15) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.
(16) Sobre la identificación de los Cerros del Real con el lugar donde el príncipe Abū Mālik, instaló su tienda existen numerosas referencias en la historiografía jerezana, entre otras: Abellán Pérez, J.: El Libro del Alcázar, EH Editores, 2012, p. 35; Gonzalo de Padilla.: Historia de Xerez de la Frontera (siglos XIII-XVI). Introducción, edición e índices de Juan Abellán Pérez, Agrija Ediciones, 2008, p. 41.; Martín de Roa (1617): “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsímil, Ed. Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VII, p. 24.; Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, Vol. II, p. 46. y Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p. 196.
(17) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.; Gran Crónica de Alfonso XI', edición a cargo de Diego Catalán, Madrid, Gredos, 1977, vol. II, capítulo cclxii, pp. 275 y ss. En un reciente e interesante artículo, se ha expuesto sintéticamente las contradicciones históricas en torno a la figura de Diego Fernández de Herrera: Jiménez López de Eguileta, Javier E.: Diego Fernández de Herrera, ¿leyenda o realidad?, Diario de Jerez, 10 de octubre de 2016.
(18) Una relación de las principales especies maderables de nuestros montes, en las que tenía interés la Marina puede verse en los trabajos de J. Espelius (1760) “Carta Geographica, o Mapa General de los Pueblos, Montes, y sus Prales. arboledas y extenciones, justicias, guardas q. los custodian, vecindarios, matriculads. y embarcacs., q. comprenn. la Prova. de Marina de Sn. Lucar de Barrameda según la inspecn. del año 1754, una de las que compon. la Yntena. Gl., d'Cadiz Execudo. cn. Rl. apron. pr. el Yngro. Extrio., D., S., M., Dn., Jph. Espelius.”, disponible en internet.
(19) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 164-166; Anarte Ávila, R., Cruz Beltrán, J.M. y Ruiz Gallardo, M.: Documentos Básicos para la Historia de Puerto Real, Colección Recursos didácticos, nº 1, Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real, 1991, p 71


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Lagunas y humedales, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/01/2018

 
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