La Feria de Jerez… hace cien años.
Un paseo por la Feria de 1917.




Este domingo, recién estrenada la Feria del Caballo de 2017, les proponemos un paseo en el tiempo por el Real, para visitar la Feria de Jerez… de 1917.

Para situarnos en el tiempo, la ciudad cuenta en esos años con 65.000 habitantes y tiene al frente de la Alcaldía desde 1914 a Julio González Hontoria, político con amplia experiencia, quien ya había sido alcalde en otros tres periodos anteriores. Desde 1903, gracias a sus gestiones, Jerez dispone de un parque de ferias que acabaría llevando su nombre.

Durante casi dos meses, desde el 7 de marzo, la ciudad carece de suministro de agua al arrastrar la riada el sifón del acueducto de Tempul en La Florida, recuperándose de nuevo de manera provisional el 29 de abril, primer día de feria. La situación económica del Ayuntamiento atraviesa por dificultades y en los días previos a las fiestas, la prensa local se muestra muy crítica con la gestión del alcalde. Varias escuelas nacionales van a ser desahuciadas por impago del alquiler de los edificios y se adeuda también a los maestros desde hace meses parte de su sueldo (1). Los empleados municipales no cobran tampoco sus salarios, aunque para calmar los ánimos se ordena un pago de cinco duros el primer día de Feria. Peor suerte correrán los miembros de la Guardia Rural, que serán cesados en plenas fiestas al solicitar un anticipo de 6 pesetas (2).

Así las cosas, el presupuesto de la Feria de 1917, es relativamente modesto y asciende a 10.780 ptas., tal como se aprueba en la Sesión Ordinaria del Ayuntamiento el 20 de abril, destinándose las mayores partidas al alumbrado del Real y de varias calles (4.000), a la Exposición de Ganados (1.759) o a las cuatro funciones de fuegos artificiales (1.000), por mencionar sólo las más relevantes (3).



Los actos festivos comienzan el sábado 28 de abril por la noche, terminando el miércoles 2 de mayo. Así recogía la prensa local el inicio de la Feria: “En la plaza de Alfonso XII, se quemó anoche una vistosa función de fuegos artificiales, espectáculo que fue presenciado por millares de personas. La banda de música del Hospicio se estacionó en el crucero de las calles Santa María y Duque de Almodóvar, interpretando escogidas piezas de su repertorio. La animación en las referidas vías y en la Lancería duró hasta después de las doce de la noche. En los distintos trenes de ayer llegaron a ésta numerosas personas, tanto de la línea de Cádiz como de la de Sevilla. Durante todo el día presentaron animado aspecto las vías céntricas, viéndose muy concurridos los cafés, círculos y casinos” (4).

Pero la Feria propiamente dicha, aunque tuviera la “inauguración del alumbrado” en la Plaza del Arenal (Alfonso XII) y calle Larga (Duque de Almodóvar), se desarrollaba ya en el parque González Hontoria donde junto al bullicio de las casetas y las atracciones, tenían lugar las principales actividades del programa. Veamos algunas de ellas.

La Exposición de Ganados.

Desde sus inicios, allá por el s. XIII, la Feria de Jerez fue antes que otra cosa, un mercado ganadero. No es de extrañar por ello que, en recuerdo de aquellas ferias medievales y en reconocimiento a la repercusión económica de la actividad pecuaria, la feria jerezana mantuviese durante muchos años entre sus actividades exposiciones, muestras y mercado de ganados. En la de 1917 fue también uno de los “platos fuertes”, encabezando el programa de actos en el que se recogía que “en los días 25, 26 y 27 de Abril se celebrara una "Exposición de Ganados" concediéndose valiosos premios por la familia Real, Asociación de Ganaderos del Reino y otros Centros Superiores del Excmo. Ayuntamiento, diferentes Sociedades y personalidades”. En el presupuesto de la feria se destinaban 1.000 ptas. con destino a premios para esta actividad (5).



Con anterioridad a su comienzo, el acalde accidental Pedro Díaz López firmaba un bando en el que se regulaban los horarios de acceso del ganado al recinto de la Exposición, que se estabulaba en el Hato de la Carne (en los Llanos de Caulina) y era conducido hasta el Real por la Cañada de la Feria (actual Avda. de Europa). En él se prohibía "la venta en ambulancia de toda clase de artículos" en el Real de la Feria a quienes no hubiese satisfecho el correspondiente arbitrio (6).

La Exposición estuvo muy animada y entre los ejemplares presentados destacaban los lotes de los hermanos Guerrero, con sementales importados de Inglaterra, caballos de las razas hispano-anglo-árabe, hackney, lotes de yeguas para silla y tiro, yuntas de bueyes de raza española, lotes de gallinas de raza española, castellana, negras y de la raza Rhode Island. Fuera de concurso, la Yeguada Militar exponía a los sementales Van Dick y Visir, así como lotes de potros, yeguas con rastra y yeguas "vacías" (7). El Marqués de Casa Domecq participaba con distintos lotes de caballos, de potros, potrancas y yeguas, lotes de ovejas y de gallinas y gallos (8). De gran interés fueron también los lotes aportados por los Sres. Hijos de D. Francisco Perea, con caballos de raza española, potros, así como un hermoso caballo pura sangre árabe: Van Dick III (9).



El balance final de la Exposición tuvo luces y sombras. La prensa reflejaba que debido a la escasez de agua (al encontrarse la ciudad sin suministro) “…notóse la falta de lucimiento de los ejemplares presentados, efecto del polvo que se levantaba en aquellos alrededores (10). Hubo menos participación de que en años anteriores, pero aún así, el movimiento de ejemplares y de ventas fue notable y uno de los días se da cuenta de que “en el mercado entraron las siguientes cabezas de ganado Caballar (2.423), Mular (1.685) Asnal (818) Vacuno (2.032), Cabrío (1.291), Lanar (2.664), Cerda (1.225)”. A modo de ejemplo se menciona como el conocido tratante D. Antonio Muñoz, Antoñuelo, compró más de 1200 ovejas (11).

Las corridas de toros: El Gallo, Pacorro y Carnicerito.



El programa taurino incluía dos corridas: el domingo 29 y el lunes 30 de abril. Unos días antes la prensa informaba que "los novillos del Sr. Villalón llegarán a Jerez por tierra, quedando expuestos en los Llanos de Caulina, la víspera y el primer día de Feria” (12). En la misma crónica se criticaban duramente los altos precios pagados en el coso sevillano: “¡Qué imbéciles!



A veinte pesetas han llegado a cotizarse las entradas de Sombra para la corrida de hoy en Sevilla, y a nueve las de Sol. ¿Y habrá desgraciado que pague esas cantidades, por dos horas de espectáculo taurino? ¡Pobre país! No tiene cura
” (13). Los toreros Rafael Gómez “El Gallo” y Manuel Martín Vázquez, se desplazaron desde Sevilla en automóvil la noche anterior, mientras que Julián Saiz “Saleri” “llegó en el correo descendente” (14).

Como muestra del interés que suscitaban las corridas de toros, El Guadalete ofrecía un amplio reportaje de la "primera de Feria", en la que el cronista desplegaba los tópicos al uso: "El Presidente saca el moquero y hacen su aparición las cuadrillas que capitaneadas por "el Gallo", Vázquez II y "Saleri" son acogidas con palmas por las masas... Es el alarde viril de la raza... En los antepechos de los palcos, en las balaustradas y acodadas en ellas, emergen tras el mantón manileño, los bustos airosos y graciales de nuestras gentilísimas paisanas; son sus pechos, sus cabellos, floración de policromos cármenes, tocadas de blondas y de sedas, presetan perfiladas una ancestral silueta, que es nexo y paralelo rítmico, entre la fémina de hoy y aquella maja y señoril de antaño" (15).

Las crónicas de la corrida eclipsan por completo a la que sin duda a la noticia que todo el pueblo esperaba y que el diario despachaba en unas líneas: "Feliz acontecimiento" A las cuatro menos diez minutos de la tarde de hoy ha entrado el agua de Tempul en los Depósitos del Calvario" (16). La feria de 1917, con la llegada del agua, no podía empezar mejor, ya que la ciudad llevaba dos meses sin agua tras la rotura del acueducto de Tempul en La Florida, arrastrado por la riada del 7 de marzo. Por eso no es de extrañar que al detectarse la presencia en el palco del ingeniero Juan Gavala y de su colaborador, el también ingeniero González Gordon, artífices de la reparación del acueducto, el público estallara en una “ovación espontánea y calurosa” que se repetiría al día siguiente. Se rendía así un justo reconocimiento popular a quienes tanto habían hecho por la ciudad (17).

En la “segunda de Feria”, el lunes 30 de abril, toros de Villalón para los diestros "Pacorro", Domínguez y "Carnicerito". La prensa destaca que "después de celebrada la corrida de novillos hubo desfile de carruajes en el Parque, viéndose ocupados aquellos por hermosas mujeres que lucían, en muy escaso número, la clásica mantilla y el mantón filipino, prendas que por lo que viene utilizándose en esta tierra, parece que están llamadas a desaparecer.



Por la noche acudió numerosísimo público a la feria hasta el punto de llenar por completo las avenidas de peatones. Se quemó una vistosa colección de fuegos artificiales. Las casetas tanto particulares como públicas, se vieron muy concurridas. No obstante la aglomeración de público, no ocurrió el menor incidente desagradable
" (18).

Concurso Hípico Regional.

Como era tradicional, la Feria incluía pruebas hípicas que se celebraban en la pista de San Benito, donde realizaban habitualmente sus entrenamientos los jinetes de la Yeguada Militar, cuyas instalaciones eran colindantes. Con la denominación de Concurso Hípico Regional, contaba con un Comité de Honor presidido por D. Miguel Núñez de Prado, D. Pedro Nolasco González de Soto y D. Julio González Hontoria. Además de los trofeos y premios en metálico ofrecidos por diferentes instituciones, el Ayuntamiento había presupuestado 750 ptas. para la “adquisición de medallas para el concurso” (19)

En la prueba inaugural -el miércoles 2 de mayo, último día de feria- el primer premio, de 200 ptas., fue ganado por el caballo Cabezal montado por el teniente F. Alcaraz. La prueba Omnium, dotada con premio de 700 ptas., la victoria fue para el caballo Raspón, conducido por el teniente F. León. La crónica social añade que "la mayoría de las distinguidas personas que ocuparon las localidades de preferencia, tomaron el té en la hacienda de San Benito" y recuerda que durante la celebración de las pruebas, "la banda de música del Hospicio que con tanto acierto dirige el competente profesor D. Anselmo Apolo, interpretó el pasodoble "Viva la Jota", el vals Flores marchitas, La Corte del faraón, y otras conocidas composiciones” (20). Como dato curioso, la prensa destaca que ese último día de Feria llegaron a Jerez para visitar La Cartuja una expedición de 65 arquitectos que celebraban el VII Congreso Nacional en Sevilla, guiados, entre otros, por el arquitecto jerezano F. Hernández Rubio. Tras la visita al monasterio les esperaba un almuerzo en el Hotel Los Cisnes. Por la tarde, un recorrido por S. Miguel, la Colegial y las bodegas de González Byass, para regresar a Sevilla en el "exprés ascendente" (21).

El Concurso Hípico, en su segunda y última jornada del jueves 3 de mayo, “con las tribunas muy concurridas de personas distinguidas entre las que se encontraban la inmensa mayoría de las que integran nuestra buena sociedad", vería coronarse como ganador de la prueba “Honor” al caballo La Ina, propiedad del Marqués de Casa Domecq, quien obtuvo la copa donada por S.M. el Rey, siendo montado por el Capitán de Caballería D. Luis Moreno, quien recogió el galardón a los sones de la Marcha Real, interpretada por la banda del Hospicio que amenizó el acto. En la prueba nacional, el primer premio de 500 ptas. se le adjudicó al caballo Tarambana, montado por el teniente Francisco León (22).

La “Batalla de las Flores”.



Uno de los actos que tradicionalmente formaba parte de la Feria era la conocida Batalla de las Flores. Programada en esta ocasión para su último día, competían en este festejo singular carruajes y automóviles engalanados con flores naturales o artificiales cuyos ocupantes arrojaban ramos, flores, guirnaldas, serpentinas y papelillos. Para incentivar la participación el ayuntamiento había previsto 750 pesetas en premios, correspondiéndole 350 a la carroza más alegórica y artísticamente decorada con flores naturales, 200 al carruaje "más lujosamente adornado y con más gusto", 125 al carruaje o automóvil igualmente engalanado con flores naturales y un cuarto premio de 75 para toda clase de carruajes adornados con flores naturales o artificiales. (23)

La animación de los primeros años de su implantación, en los que nunca faltaban en esta fiesta la representación de las bodegas o de las familias distinguidas de la ciudad, se saldó en esta ocasión con un estrepitoso fracaso ya que la celebración había venido a menos en las últimas ediciones. Eso es lo que se deduce de la crónica publicada por El Guadalete donde se informaba que “La anunciada "batalla de flores" se redujo a ligeras escaramuzas, pues como previamente no se había inscripto ni un solo vehículo, los automóviles y carruajes que concurrieron sólo iban adornados con "modestos ramos" para poder "entrar en acción" según prevenían los programas". Al parecer, durante la celebración de la fiesta imperó un gran desorden por la ausencia de la guardia rural, que días antes había cesado el alcalde. El diario se extrañaba de que no hubiesen ocurrido desgracias personales ya que "numerosos chicos anduvieron poco menos que debajo de las patas de los caballos recogiendo las flores y serpentinas que caían al suelo, sin que nadie procurara retirarlos del peligro".



Irónicamente, y continuando con sus críticas a González Hontoria, señalaba que "Constituyó esta fiesta otro éxito para el alcalde, que quien por no recoger los "laureles" que pudieran corresponderle, tuvo a bien no aparecer por el Parque" (24).

El último día de Feria, y a modo de despedida, la prensa local refleja que “por la noche afluyó numeroso público al parque. Las avenidas de peatones se vieron totalmente ocupadas, como así mismo las casetas particulares y públicas”. Entre los incidentes curiosos que tuvieron lugar se señala la presencia de juegos ilegales ante la ausencia de la guardia rural, como "multitud de ruedas de las llamadas del 25, donde se ha engañado a los incautos, sin cortapisas que lo impidieran". A las diez de la noche, cuando mayor era la concurrencia en el Parque, "sentó sus reales en el mismo una vaca de leche que emprendió veloz carrera por una de las avenidas de peatones, sembrando el pánico entre cuantas personas deambulaban por aquellas. La gente se refugió en las casetas y, aunque se trataba de una vaca mansa "no faltó quien se despojase de la americana, sin duda para dejar en pañales a Joselito o Belmonte" (25).



Tras el susto de la vaca y como fin de fiesta, igual que ahora, tuvo lugar “una función de fuegos artificiales que fue presenciada por mucho público”. El 3 de mayo, un día después de terminar la Feria, El Guadalete publicaba la siguiente noticia: “Desde anoche han dejado de ser encendidas en las primeras horas, la mitad de las farolas del alumbrado público por gas” (26). Menos mal que esto pasaba… hace 100 años. ¡Feliz Feria!

Para saber más:
(1) El Guadalete, 26 de abril de 1917.
(2) Sobre la situación de estos días de abril y mayo, puede verse las noticias locales de El Guadalete, de los días 28, 29, 30 de abril y 1 y 2 de Mayo 1917. Las descalificaciones de la gestión del alcalde Julio González Hontoria son constantes y de un tono “subido”.
(3) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Punto 2, folios 437-441.
(4) El Guadalete, 29 de Abril de 1917
(5) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Ver punto 2, folio 440.
(6) El Guadalete, 24 de Abril de 1917.
(7) El Guadalete, 25 de Abril de 1917.
(8) El Guadalete, 26 de Abril de 1917.
(9) El Guadalete, 27 de Abril de 1917.
(10) Ibídem.
(11) El Guadalete, 1 de Mayo de 1917
(12) El Guadalete, 27 de abril de 1917.
(13) Ibídem
(14) El Guadalete, 29 de abril de 1917.
(15) El Guadalete, 30 de abril de 1917.
(16) Ibídem
(17) El Guadalete, 30 de abril y 1 de Mayo de 1917.
(18) El Guadalete, 1 de Mayo de 1917.
(19) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Ver punto 2, folio 440.
(20) El Guadalete, 3 de Mayo de 1917.
(21) Ibídem
(22) El Guadalete, 4 de Mayo de 1917.
(23) AMJF, Actas Capitulares. Sesión Ordinaria celebrada el viernes 20 de abril de 1917, Ver punto 2, folios 437-441. De ello se informaba también en El Guadalete, 21 de abril de 1917.
(24) El Guadalete, 2 de mayo de 1917.
(25) Ibídem
(26) El Guadalete, 4 de mayo de 1917.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas relacionadas: Miscelánea, Paisajes con Historia. El paisaje y sus gentes

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 14/05/2017

Un paseo por la Sierra de Líjar (II).
Entre parapentes y alas delta.




El domingo pasado iniciamos un recorrido por la Sierra de Lijar, un gran mogote calizo situado entre La Muela y Algodonales, que ofrece al paseante impresionantes vistas de las campiñas y las sierras de Sevilla y Cádiz. En el primer tramo, atravesamos una amplia meseta cubierta por bosquetes de encinas, acebuches y algarrobos hasta llegar a la Casa de las Víboras.



En el paseo de hoy, terminaremos este cómodo itinerario circular que nos llevará hasta el punto de partida, pasando por las pistas de lanzamiento de parapente y ala delta. ¿Nos acompañan?

En la cabreriza de las Víboras.

En nuestro recorrido circular por la planicie de la sierra de Lijar hemos hecho un alto junto a las Casas de las Víboras, situadas en el rincón NE de la amplia meseta somital de la sierra, en las proximidades de la estación sismográfica del I.G.N. Apenas hemos recorrido 2 km desde que iniciamos el paseo, pero merece la pena detenernos un rato.

Este lugar tiene un encanto especial ya que nos muestra los restos de la antigua cabreriza de las Víboras ubicada en un pequeño prado, al borde de las laderas de El Canalizo, un estrecho valle cubierto de vegetación. Por él se encaja el Arroyo del Nacimiento, que salva un desnivel de casi 600 m, desde este lugar hasta las Casas de Lijar, situadas a los pies de la sierra en un hermoso paraje de huertas y manantiales, próximo a la carretera Algodonales-Olvera. Hasta la construcción de las pistas forestales por las que hoy llegamos a la planicie de Lijar, la única forma de acceso a la cabreriza era a través de un empinado sendero labrado en las laderas de El Canalizo, lo que nos da idea de que este apartado rincón en el que nos encontramos quedara fuera de las rutas senderistas y fuese, en buena parte, desconocido.



Hace apenas tres décadas se rehabilitó parcialmente el lugar y se construyeron unas pequeñas dependencias y almacenes de apoyo a los trabajos forestales que se realizaron en la zona. Pero lo que sin duda más nos llama la atención son los restos de la antigua cabreriza. Destacan aquí los cercados para el ganado que vemos junto a las casas, distinguiéndose hasta cinco encerraderos de diferentes dimensiones entre los que sobresale el gran corral central, casi circular, de más de 30 m de diámetro. Junto a él se mantienen aún en pie los muros y la estructura de la techumbre de la cabreriza, la choza en la que los pastores se refugiaban, que conocimos con su cubierta vegetal de ramas, cañas y brezo en una visita que realizamos en agosto de 1996.

Los vallados están construidos por sólidos muros de piedra seca que superan en muchos lugares más de 1,5 m de altura y 80 cm de espesor en su base. Destaca también el gran tamaño de los sillares situados a los lados de los huecos de paso, donde debieron apoyarse antaño las puertas del redil. Más de 250 m de muros se mantienen aún en pie dando al conjunto, cuando lo divisamos desde la lejanía, cierto aspecto de fortaleza antigua, de ruinas de un enclave prehistórico cubiertas en algunos rincones por la vegetación u ocultas por las copas de los árboles repartidos entre los corrales y que dan sombra al prado.



Algarrobos, ciruelos, perales silvestres, higueras… crecen en los alrededores del cercado, en uno de cuyos accesos despunta un lustroso pinsapo. Pero sin duda, lo que más llama la atención del paseante, especialmente si visita el lugar en primavera, es un curioso arbusto leguminoso, Anagyris foetida, conocido como “altramuz del diablo” o “jediondo”. Este arbolito, que alcanza aquí los 4 m de altura, resulta inconfundible por sus flores de color amarillo verdoso y por sus legumbres, que crecen con gran profusión y parecen pequeñas algarrobas de color verde. Al abrirlas, nos muestran sus semillas que recuerdan por su forma a los altramuces. Conviene resaltar que son tóxicas, por lo que en ningún caso hay que comerlas. Reconocible también por sus hojas trifoliadas, el “hediondo” es singular por muchos motivos, entre otros, por ser de las pocas especies europeas polinizadas por aves como mosquiteros o currucas.

Por la ladera Este hacia la torre de defensa forestal.

Retomamos nuestro camino siguiendo la pista que, desde aquí, inicia un suave ascenso y pronto presenta ante nosotros los primeros repechos. Se trata del único tramo donde el sendero se hace algo trabajoso, si bien lo veremos compensado por las magníficas vistas que se nos ofrecen a nuestras espaldas o, si nos asomamos un poco, en la orilla izquierda del camino, que pasa en esta zona muy cerca de los tajos. Así, apenas ganamos algo de altura, descubrimos un impresionante paisaje.



Al norte, los pueblos y las tierras de Montellano, El Coronil, Morón, Coripe… Más cerca de nosotros, despunta la mole rocosa del Peñón de Zaframagón que nos muestra en su flanco izquierdo la Garganta del Estrechón. Algo más al este y de izquierda a derecha, distinguimos el Peñón de Algámitas y la Sierra del Tablón cuyo pico de El Terril es la máxima altura de la provincia de Sevilla. El castillo de Pruna, el caserío de Olvera, los “peñones”, Torrealháquime, la Loma de la Cordillera…, van cerrando el horizonte donde también divisamos el monte que albergó la ciudad romana de Acinipo, los perfiles tabulares de las Mesas de Ronda y, cerrando el horizonte la mole del Torrecilla y la Serranía de Ronda.

La pista va dando la vuelta a la planicie de la sierra dejando ahora a nuestra derecha su zona central, presidida por una pequeña elevación cubierta de encinas, labiérnagos, madroños y algún pino. Más escasos son aquí los acebuches y los algarrobos, abundando ente la vegetación arbustiva que crece entre el roquedo calizo, jaras, matagallos, gordolobos, aulagas… Poco a poco van viéndose los frutos de las tareas de repoblación y la vegetación va cubriendo por este lugar las faldas del Tajo de las Palomas, que con 1032 m. es la segunda elevación en altura de las que coronan la planicie de Lijar. Conviene recordar que, aunque los incendios forestales de septiembre de 1985 causaron graves daños en la cubierta vegetal de estos parajes, esta sierra posee una gran riqueza florística como quedó demostrado en el Catálogo Florístico de la Sierra de Lijar (Aparicio, 1982), donde se daba cuenta de la presencia de más de 700 taxones. Como dato relevante, recordamos también que en estas cumbres vive un buen rebaño de cabra montés, sin duda la especie más relevante de la fauna de Líjar.

Apenas hemos caminado 2 km desde que salimos de la Cabreriza de las Víboras, teniendo siempre a la izquierda de la ruta los cortados de la sierra y unas impresionantes vistas del paisaje de las cumbres de la Serranía de Grazalema, divisaremos a lo lejos frente a nosotros la torre de control del Centro de Defensa Forestal situada junto al vértice geodésico de la sierra, al que nos dirigimos.

En las pistas de despegue de parapente y ala delta.

En este sector del camino habremos parado no pocas veces a contemplar el soberbio panorama que se nos ofrece a cada paso y, casi sin darnos cuenta, llegaremos a un punto en el que una cancela cruza el sendero. La franquearemos y, desviándonos un poco de la pista forestal, nos acercaremos hasta los miradores y las cercanas pistas de despegue de ala delta y parapente que veremos frente a nosotros, a la izquierda.



Se trata de las pistas de Levante, instalaciones para la práctica de estos deportes de aventura que han hecho famoso al pueblo de Algodonales y a la Sierra de Líjar.



Salvo que se trate de un día ventoso, a buen seguro que tendremos la oportunidad de contempla desde muy cerca los lanzamientos de parapentistas o de voladores de ala delta que han encontrado aquí uno de los lugares más privilegiados para disfrutar de este deporte de aventura.



Sea como fuere, asomarnos a esta privilegiada balconada, a la que se puede llegar también en coche, justifica sobradamente este paseo circular en torno a la sierra y la subida hasta Lijar.



Si desde los miradores que en la pista de subida se orientaban a Coripe contemplábamos los paisajes que se abrían al Norte y al Oeste, desde el situado junto a la pista de Levante, obtendremos unas vistas privilegiadas de la Sierra de Grazalema y de las tierras circundantes, al Sur y al Este.



Así, de izquierda a derecha, distinguiremos la Sierra de Montecorto (Málaga), presidida por el pico de Malaver. Junto a ella, la inconfundible silueta del Tajo de Lagarín (o Algarín), en cuya falda destaca el pueblo de El Gastor. Frente a nosotros, el embalse de Zahara embellece aún más si cabe este paisaje en el que este pueblo serrano, a los pies de su castillo, se nos antoja más hermoso que nunca. A lo lejos se adivinan los perfiles de la Sierra de Líbar.



Los más cercanos de Monte Prieto o el Puerto de Las Palomas pueden verse también desde el mirador. La crestería de la Sierra del Pinar se muestra desde aquí en toda su extensión dominando el panorama. Más a la derecha, siguiendo el horizonte, vemos también el pico de Sierra Margarita y cerro Verdugo, sobre el que se asienta Prado del Rey.



A nuestros pies, una inigualable vista "aérea" del caserío de Algodonales completa una escena que recordaremos durante mucho tiempo como una de las más espectaculares que pueden verse en estas sierras.

Volviendo sobre nuestros pasos retomaremos la pista y nos detendremos al pie de la torre de vigilancia forestal (CEDEFO), que sale a nuestro encuentro. La torre está abierta durante el periodo en el que se activa el dispositivo de prevención de incendios. Desde ella se divisan las tierras de este rincón de las provincias de Cádiz, Sevilla y Málaga. A sus pies veremos el Vértice Geodésico de la Sierra de Lijar instalado en su día por el Instituto Geográfico y Catastral, señalándola máxima cota de la sierra, con 1051 m.



Continuaremos el último tramo de nuestro camino por la pista que desde aquí empieza a perder altura atravesando por una zona en la que la vegetación se muestra menos densa debido al div>escaso desarrollo de los suelos, en los que aflora con mayor desnudez el roquedo calizo. En estos litosuelos, los amantes de la geología podrán encontrar un lugar idóneo para apreciar muchas de las formas externas que definen al modelado cárstico. Grietas y fisuras, pequeños sumideros, dolinas, callejones… pueden ser vistos en estos parajes en los que en las zonas más abiertas, la roca caliza presenta el aspecto característico de los lapiaces: afiladas crestas, aristas cortantes, oquedades y estrías… Algunas de estas simas fueron exploradas por la Sociedad Espeleológica GEOS, alcanzándose desarrollos próximos a los 40 m de profundidad.

Toda esta planicie, salpicada aquí y allá de llamativas peonías, de diferentes especies de orquídeas o de macizos de jacintos que llamarán la atención del paseante, actúa como una gran superficie de infiltración, de manera que las aguas de lluvia penetran hacia las cavidades internas del macizo para aflorar después, al contacto con el nivel de base impermeable que forma el sustrato margoso de edad triásica, por numerosas fuentes y manantiales que se abren a los pies de la sierra y en especial en sus laderas E. y NE.

Tras recorrer 2 km desde el vértice geodésico llegamos al punto donde iniciamos el recorrido, en el que habíamos hemos dejado el coche, cerrando así nuestro itinerario. Si queremos, podemos aprovechar en el camino de bajada para hacer un alto en el Mirador de Poniente, perfectamente señalizado.




También aconsejamos terminar la jornada con una visita a La Muela y a las ruinas del cercano Convento Carmelita de El Juncal, (a 500 m siguiendo la carretera hacia Olvera) del que aún se conservan restos de los arcos de su antigua iglesia. En 2006, con motivo del cuarto centenario de su construcción, se colocó una placa conmemorativa que así lo recuerda.




Ver Ruta por la Sierra de Lijar en un mapa más grande

Para saber más:
- Aparicio Martínez, A.:Catálogo florístico de la Sª de Líjar” Tesina de licenciatura. Universidad de Sevilla. 1982.
- Aparicio, A. y Cabezudo, B.: (1982). Aportaciones al conocimiento florístico de la provincia de Cádiz (Sierra de Lijar). Anales Jardín Botánico Madrid 38(2): 477-483.
- Bel Ortega, C. y García Lázaro, A. (1990): La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Págs. 155-163.
- Ojeda, J., Díaz del Olmo, F.; Rubio, J.M. y GEOS (1987): El macizo de Algodonales (Cádiz): un modelo de karst mesomediterráneo. Gades, 15, 157-182.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/05/2017

 
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