La gran riada (I): Grazalema, Villamartín y Bornos.
Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917.




En estos días se cumplen cien años de la gran riada del 7 de marzo de 1917 que tuvo grandes consecuencias en toda la cuenca del Guadalete. Para recrear aquel episodio hemos preparado una crónica que tendrá su continuación en próximas entregas.

Intensas lluvias en la Sierra de Grazalema.

Durante el otoño de 1916 las precipitaciones en la Sierra de Grazalema fueron intensas. Habían “reventado los caños” del Tajo, lo que era un síntoma claro de que los acuíferos estaban ya a rebosar. El 21 de Noviembre, el maestro y meteorólogo de la villa, Cándido Ruiz y Ruiz, había anotado en su primoroso cuaderno la cantidad de 213,6 litros, una cifra de record desde que cuatro años atrás, en 1912, iniciara los registros. Casi setenta años después, en 1983 tuvimos ocasión de consultar ese cuaderno que amablemente nos enseñaría su septuagenario hijo, Luis Ruiz Dorado (1).

Todos los signos apuntaban entonces a un invierno muy lluvioso, como confirmaron las precipitaciones de enero y febrero de 1917. Por esta razón, cuando a inicios del mes de marzo de ese mismo año se desataron s fuertes y continuadas lluvias, la cuenca ya estaba saturada y el caudal de los ríos y arroyos amenazaba con provocar graves inundaciones. Todas las alarmas se desataron ya que, en apenas 36 horas, como nuestro meteorólogo anotó en su cuaderno, “la lluvia caída desde las 4 de la tarde del 5 de marzo, hasta las 4 de la madrugada del día 7 de marzo de 1917 fue de 289 litros por m2”(2).

Una imagen nítida de aquella catastrófica primera semana de marzo de 1917 nos la ofrece el relato del geólogo Juan Gavala, quien visitó ese mismo año a D. Cándido Ruiz en Grazalema y quien apunta como la madrugada del 6 al 7 de marzo fue especialmente lluviosa, siendo las consecuencias (grandes avenidas, inundaciones, destrucción de puentes y carreteras…) desastrosas. Como afirma el insigne geólogo, nada de esto era de extrañar si se tiene en cuenta que “después de cuatro meses de lluvias continuadas, durante los cuales cayeron en Grazalema 1.948,7 milímetros de agua, se sucedieron, desde el 26 de febrero hasta el 5 de marzo, ocho días de lluvias bastante persistentes y algunas de carácter torrencial como la que cayó el día 4 (95,1 mm.) acompañadas de nevadas copiosísimas en la parte alta de las montañas. Además, el día 5, a las cuatro de la tarde, empezó a llover torrencialmente en toda la Serranía con viento huracanado del Sudoeste y no cesó la lluvia ni disminuyó su intensidad hasta las cuatro de la mañana del día 7” (3).

Los 289 litros caídos en apenas 36 horas en Grazalema auguraban lo peor y, como indicaba Gavala, “aun cuando seguramente no cayó en toda la cuenca del Guadalete una lluvia tan colosal, basta que una gran parte de ella recogiese la enorme cantidad de 2890 metros cúbicos por hectárea a que corresponde la lluvia antes citada, para que la crecida alcanzara tan desconocidas proporciones. Y todavía este fenómeno resulta más explicable cuando se considera que esa lluvia… la recibió la tierra después que los terrenos más permeables habían dejado de serlo por estar saturados de agua” (4).

Los efectos de la riada aguas abajo.



Aunque el viejo puente de Zahara soportó la crecida del río, y el de La Nava aguantó también los envites de las aguas del Guadalete que bajaban crecidas con las del Bocaleones, las poblaciones ribereñas fueron sufriendo la onda de la gran avenida que se dejó sentir ya en Puerto Serrano. Como recuerda Juan Gavala, “fue tal la fuerza de la corriente, que arrastró los dos arcos que quedaban aún en pié del antiguo puente de Villamartín y parte del estribo de la margen izquierda; el puente de San Miguel, en Arcos de la Frontera; el llamado de la Junta de los Ríos, situado unos metros aguas debajo de la confluencia del Majaceite con el Guadalete, y el puente metálico y los arcos de avenida por donde cruzaba el río, en la Florida, uno de los sifones del acueducto de Tempul” (5).

En el último tercio de su recorrido, el que discurre por los términos de Jerez y El Puerto, los cálculos del caudal que pudo llevar el Guadalete en los momentos de apogeo de la avenida se estimaron en 2000 m3 por segundo. Y el desastre pudiese haber sido aún mayor de no haber contado con el efecto regulador del recién construido pantano de Guadalcacín que retuvo buena parte de las aguas del Majaceite, laminando después sus crecidas (6). El Ingeniero Pedro M. González Quijano, director del Pantano, lo contaba así unos días después: “en Grazalema han caído en diez y seis horas de un solo día, 215 mm, y que pasan de 70 los recogidos ese mismo día en dos pluviómetros de la cuenca del Majaceite, afluente el más importante del Guadalete. En dicho afluente está situado el pantano de Guadalcacín, que estaba lleno, y en el que la lámina de aliviadero de superficie llegó a tres metros de altura, correspondientes a un caudal de unos 500 metros cúbicos por segundo, en el momento en el que quedaban embalsados por encima del nivel normal, y sustraídos por consiguiente al máximo de la avenida, más de 25 millones de metros cúbicos. Sin este embalse regulador, el máximo del Majaceite hubiera pasado seguramente de 1000 m3 por segundo y hubiera igualado próximamente al del Guadalete, a pesar de tener la cuenca más pequeña y sin comparación mucho más arbolada que la del río principal. Un embalse análogo en este rio hubiese reducido tal vez su caudal a la mitad y en una tercera parte el que produjo la inundación de la región situada aguas debajo de la confluencia, disminuyendo considerablemente o quizas evitando en absoluto la inmensa mayoría de los daños causados" (7).

Como puede imaginarse, estos caudales tan excepcionales explican que, como apuntaba Juan Gavala, las inundaciones en el curso bajo fuesen inevitables y de proporciones catastróficas y que “los llanos de El Portal, entre el Puerto de Santa María y Jerez, que escasamente se encuentra a 12 km del mar, y cuya extensión es enorme, fueron cubiertos con una lámina de agua de más de un metro de altura, que en ciertos sitios montó sobre el terraplén del ferrocarril de Sevilla a Cádiz y sobre la carretera de Jerez a El Puerto” (8)

La riada en Villamartín.

Al día siguiente de la gran riada, La Correspondencia, publicaba un radiograma fechado a las 17:35 del día 7 en el que se daba cuenta de que "Las inundaciones han causado daños incalculables en toda la provincia. El Guadalete ha destruido el puente de Villamartín, inundado campos y huertas, ahogando los ganados y ocasionando la pérdida de la cosecha de trigo” (9). El mismo diario, refiriéndose a las últimas noticias de la mañana del día 8, ampliaba datos sobre los efectos de la riada en el pueblo y sus alrededores “El Guadalete lleva seis metros de crecida sobre su nivel ordinario… las aguas arrastraron centenares de cerdos, asnos, ovejas, gallinas y enorme cantidad de cereales. Villamartín ha quedado incomunicado… El Guadalete se ha llevado el puente que da paso para muchos pueblos de la ribera.” (10).

El Imparcial daba cuenta también de que Villamartín había quedado aislado por la destrucción del puente y de que “El Guadalete continua creciendo considerablemente y ha arrastrado tres molinos” (11). En similares términos informaba La Nación, donde después de enumerarse las desgracias ocasionadas por la riada se apuntaba “Afortunadamente no se registraron desgracias personales” (12). La situación en el pueblo después de la riada la sintetizaba El Liberal del 9 de marzo con estas elocuentes palabras: “En Villamartín la miseria es horrible” (13).

Aguas arriba, en Algodonales, se dejaba sentir también el aislamiento y su alcalde “telegrafía diciendo que por hallarse cortada la carretera entre Jerez y Ronda, el abastecimiento de aquel pueblo se hace imposible. Dice que los desperfectos ocasionados por el temporal son grandes también y pide auxilios” (14).

La destrucción del puente ocasionó para Villamartín importantes pérdidas, poniendo en evidencia la necesidad de construir uno nuevo. Apenas una semana después de la riada, el 13 de marzo, el corresponsal local de El Guadalete denunciaba que "El comercio con Jerez, Cádiz y Sevilla se hace cuando a este "dichoso" río le da la gana... En Arcos son más afortunados que nosotros, pues apenas se tuvo conocimiento del desastre, establecieron la balsa capaz de sostener toda clase de vehículos. Las luces que existían el año pasado en las márgenes del río han desaparecido siendo esto un peligro inminente pues el transeúnte no sabe en las grandes riadas hasta donde alcanzas el río” (15).

Hasta la construcción unos años después del nuevo puente de hierro, hubo que recurrir para cruzar el río a la instalación de una “barca de soga” o de maroma. Tradicionalmente, ya había venido funcionando una barcaza de estas características durante el siglo XIX, siendo sustituida por un puente de fábrica cuando se construyó la carretera Jerez-Ronda en las décadas finales de dicho siglo (16). Esta obra, sin embargo, por su débil estructura, sufrió serios desperfectos en la riada de 1895 que tardarían tres años en repararse. "En 1912 y 1915 volvieron a repetirse los temporales de viento y lluvia, que inutilizaron completamente el puente. Teniendo que recurrir a las barcazas, como se había hecho tradicionalmente para unir ambas orillas del Guadalete y facilitar la comunicación de la Sierra con la Campiña y Sevilla” (17). El famoso dicho de “en Villamartín te espero… si la soga no se rompe” recuerda aún, en la memoria colectiva, aquellos años en los que el río se cruzaba en barcazas de las que han quedado algunos testimonios gráficos, como el rescatado por el investigador J.J. Portillo Ramos en la revista Heraldo Deportivo en 1921, donde los propios pasajeros deben colaborar tirando de la soga para cruzar el río (18).



Con todo, habría que esperar a 1923 para que se instalara el nuevo puente de hierro, obra del ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco, construido por la empresa Astilleros Gaditanos con un coste de 420.000 pesetas. El conocido como “Puente de los Hierros”, de 132 m de longitud y cuatro tramos de celosía de 33 m de luz, luciría esbelto durante décadas aguantando incólume una de sus primeras pruebas de fuego: la riada de 1930 (19).

Pero volviendo a la de 1917 y a sus efectos directos en Villamartín, hay que recordar una curiosa polémica desatada en las semanas inmediatas a la destrucción del puente y hasta la instalación de la barcaza, periodo en el que hubo que recurrir a los “vadeadores”. Algunos hombres, conocedores del río y sus pasos, cruzaban a las personas y animales mediante el cobro de una cantidad, al parecer no menor, y en penosas condiciones, tal como refleja el corresponsal local de El Guadalete, una semana después de la destrucción del puente: “los vadeadores a pesar del "bonito" sueldo que perciben (de los particulares y viajeros), no han tenido tiempo de hacerse un decoroso bañador, haciendo uso de una mala camisa y simples calzones blancos y aun a veces sin lo último, siendo una verdadera lástima, que por esta razón esté el paseo del puente exento de mujeres. Nuestras autoridades no deben prolongar este estado tan indecoroso en que los vadeadores se encuentran, pues la moralidad es una cualidad esencial propia y característica de los pueblos cultos" (20). Curiosamente, en la fotografía que acompaña a este reportaje donde se muestra el puente destruido por la riada y que, como la de barca de Villamartín, nos ha sido gentilmente facilitada por nuestro amigo Pedro Sánchez Gil, puede verse a uno de estos vadeadores, con camiseta y calzonas blancas, pasando a un grupo de personas a pié y en burro (21).

El temporal y la avenida en Bornos.

En Bornos, además de los daños causados por el río, los efectos del temporal de lluvia y de la fuerza del viento se dejaron sentir también en la carretera. El corresponsal en esa localidad serrana del diario jerezano El Guadalete, enviaba una completa crónica de los desastres ocurridos el día 7 de marzo donde informaba que “el auto ascendente de la Sierra quedó detenido ayer en el kilómetro 41 de la carretera de Jerez a Ronda, próximo al ventorrillo de "La Alegría", por hallarse interceptada aquella por varios árboles atravesados arrancados de cuajo por el vendaval” (22).

Con todo, la peor parte se la llevó la ribera del Guadalete donde la onda de avenida arrasó los campos y huertas, e inundó y destruyó varios molinos. Así, el molino de La Aceña, propiedad de D. Fernando Perdigones y muy próximo a la población quedó seriamente dañado, como el de Las Hoces, situado en el paraje de La Angostura, al pie de la sierra de Barrancos, donde la familia de su propietario D. Pedro Sánchez pudieron abandonar el molino momentos antes de que se hundiera el edificio por la “impetuosa corriente de las aguas”. Como relata el corresponsal de El Guadalete en Bornos, el dueño del molino con su familia, pudo escapar a tiempo de una muerte segura y refugiarse, ladera arriba en una cueva “donde pasaron la noche guarecidos del temporal”.

Peor suerte tuvieron los dueños y operarios del molino de La Gredera, situado entre los dos anteriormente citados, y ubicado también en la garganta del Guadalete conocida como La Angostura, donde la avenida cobró mayores bríos y la estrechez del cauce hizo subir el nivel del río como en pocos lugares del valle. D. José Domínguez, su propietario estuvo a punto de perecer arrastrado por la corriente junto a su mujer y sus dos hijas adolescentes. En la crónica de la avenida del día 7 de marzo se narra como “sitiado el molino por las aguas, interceptada la puerta de salida e inundado inclusive el piso alto donde se habían refugiado en unión de algunos operarios de la casa, se vieron precisados a hacer un escalo pasando la noche en el caballete del tejado envueltos en unas mantas donde permanecieron hasta las seis de la mañana que auxiliados por algunos vecinos que acudieron al lugar del suceso se inicia el salvamento poniendo una escala y sacadas en brazos ateridas de frío y con el agua a la cintura por algunos operarios de la casa. Ha sido un verdadero milagro el que se haya salvado esta honrada familia, pues a eso de la una de la madrugada, en que la arriada estaba en su mayor apogeo llegaron las olas casi a lamerle los pies, habiendo visto desmoronarse algunos tabiques y fragmentos de muros de las habitaciones sobre las cuales se hallaban” (23).

La próxima semana, continuaremos recorriendo río abajo, describiendo los efectos de la riada en Arcos, la Junta de los Ríos, la Florida y El Portal.

Para saber más:
(1) En febrero de 1983 tuvimos la suerte de visitar y entrevistar, junto a nuestro amigo Carlos Bel Ortega a D. Luis Ruiz Dorado, meteorólogo de Grazalema, cuyo padre inició los registros pluviométricos a principios del s. XX. Nos facilitó entonces los cuadernos en los que, minuciosamente se conservaban anotados los datos de las excepcionales lluvias producidas en esta villa serrana de los que damos cuenta.
(2) Bel Ortega C. y García Lázaro A.: Itinerarios Didácticos de la sierra de Grazalema. Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Cádiz. 1983, p. 17-18
(3) Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, p. 26.
(4) Ibídem
(5) Ibídem
(6) Gavala y Laborde, Juan: Descripción… p. 27-28.
(7) González Quijano, P.M.: “Los bosques y las inundaciones”, La Correspondencia Española, Año LXVIII Número 21593 - 1917 marzo 27, p. 3.
(8) Gavala y Laborde, Juan: Descripción… p. 27-28.
(9) La Correspondencia, 8 de Marzo de 1917, p. 3. El ABC de ese mismo día, p, 9 publicaba también “El puente de Villamartín fue arrastrado por la corriente del río”.
(10) Ibídem
(11) El Imparcial, viernes 9 de marzo de 1917, p.1.
(12) La Nación, 8 de marzo de 1917, p. 9.
(13) El Liberal, 9 de marzo de 1917, p.2.
(14) La Correspondencia, 9 de Marzo de 1917, pg. 3
(15) El Guadalete, 13 de Marzo de 1917, p. 2.
(16) Pomar Rodil, P.: “Los Puentes del Río Guadalete” en Fernández Palacios Carmona, J.Mª: Río Guadalete, Junta de Andalucía. Sevilla, 2015, pp. 175-181.
(17) Nadales Labrador, F., González Castilla, J.A.: El Puente de Hierro de Villamartín, Libro de Feria de 2007, pp. 87-88.
(18) La mencionada fotografía está tomada de la revista "Heraldo Deportivo" de 25 de junio de 1921. La noticia sobre la misma puede verse en este enlace: J.J. Portillo Ramos, Blog de Puerto Serrano y Villamartín.
(19) Sobre el puente de hiero de Villamartín existen numerosas publicaciones entre las que destacamos: “Puente de Villamartín y de San Miguel, sobre el río Guadalete, en la provincia de Cádiz (Crónica)” Revista de Obras Públicas vol.71, nº2.382, junio 1923 pg. 62-62. De esta publicación procede una de las ilustraciones del puente; Gavira Vallejo, José Mª.: El ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco… en http://loscallejones5u.blogspot.com.es/, (consultada el 7 de noviembre de 2016); y José A. Fernández Ordóñez, Tomás Abad Balboa, Pilar Chías Navarro, Luis F. López Ruiz y Carmen Romero Doral.: Inventario histórico de los puentes de Andalucía - Provincia de Cádiz, Cátedra de Estética de la Ingeniería de la ETS de Ingenieros de Caminos, Centro de Estudios Territoriales y Urbanos, Consejería de Obras Públicas y Transporte, Junta de Andalucía, 1985.
(20) La fotografía del puente destruido nos ha sido facilitada por nuestro amigo Pedro Sánchez Gil  coordinador del libro "Villamartín. Imágenes de un siglo III, en el que aparece publicada. Pedro sánchez nos facilitó también la imagen que muestra la barcaza de Villamartín, junto al puente destruido.

(21) El Guadalete, 13 de Marzo de 1917, p. 2.
(22) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p.1.
(23) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p.2.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre El Guadalete se desborda, Paisajes con Historia, Río Guadalete, La gran riada (II). Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917., La gran riada en Jerez (III). En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917. y Jerez: una ciudad sin agua. En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917 (y IV).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 12/03/2017

Pinos y pinares.
Noticia de algunos pinos centenarios (y 3).




En nuestras anteriores entregas iniciamos un recorrido por la historia y los paisajes de los pinares que existieron en las cercanías de la ciudad, así como por los que se encuentran hoy repartidos por distintos rincones de nuestras sierras y campiñas. En lo que a pinos centenarios y singulares se refiere, mencionábamos el famoso Pino de la Legua, único que figuraba por derecho propio en toda la cartografía del siglo XIX, así como de los conocidos pinos de Cuartillo. En nuestro recorrido de hoy, y para cerrar esta trilogía dedicada a pinos y pinares, vamos a ocuparnos de algunos ejemplares centenarios que existieron o aún se conservan en los parques, calles y plazas de la ciudad. Las alturas que se ofrecen son aproximadas y los perímetros del fuste están medidos a 1,5 m del suelo.

El pino de la Alameda Vieja.



Uno de los pinos más singulares de Jerez, tal y como recuerdan muchos jerezanos, fue el conocido como pino de la Alameda Vieja. Situado en el jardín bajo, en un gran parterre que aún se conserva frente a la entrada de las bodegas de González Byass, este pino centenario era el de mayor calibre de la ciudad y un auténtico superviviente de la arboleda que se plantó en este lugar en las últimas décadas del siglo XIX. La conocida Alameda Vieja, fue el primer espacio de recreo del Jerez moderno, comenzándose su obras en 1788 de la mano del corregidor Eguiluz.



A lo largo del siglo XIX conoció diferentes ampliaciones y reformas y en la década de los 60 de esa centuria, se ajardinaron los taludes colindantes con la bodega de González Byass con la colaboración de la firma vinatera. En 1931, el arquitecto municipal Rafael Esteve, junto al ingeniero municipal Juan Pedro Simó, llevaron a cabo nuevas reformas que afectaron también a los muros del jardín bajo (1) donde se ubicaba nuestro singular pino carrasco (Pinus halepensis) que fue confinado en un parterre al realizarse la ampliación de la calle. Con el paso del tiempo, el árbol fue perdiendo sujeción y sus ramas comenzaron a secarse y a quebrarse. Cuando amenazaba con caerse no quedó más remedio que talarlo. El 5 de julio de 2008 comenzaron a cortarse sus ramas y hasta dos meses después, se estuvo troceando su enorme tronco, tal como recogía la prensa local (2).

El pino de la Alameda Vieja, por su tamaño y su emplazamiento era muy popular. Su silueta aparece en numerosas fotografías de la Alameda por lo que ha quedado ya, pese a su desaparición, en la memoria colectiva de los jerezanos. Las páginas más hermosas que se han escrito sobre él se deben a nuestro amigo, el escritor e historiador Antonio Mariscal Trujillo, quien en su libro La historia pequeña de Jerez de la Frontera, realiza una emotiva evocación: “Siempre guardaré en mi mente el recuerdo de aquel viejo pino que había en la Alameda Vieja frente a la bodega de los González. Centenario, enorme, soberbio, frondoso como ninguno. Refugio de los pajarillos para anidar con segura protección, porque jamás nadie había podido alcanzar su copa… El hermoso aroma que aquel pino desprendía en verano es algo que a fuego tengo guardado en ese lugar que debe haber en el cerebro donde se archivan los olores de la infancia… Pasó el tiempo, y un día aparecieron por allí grandes máquinas y excavaron la tierra para construir un aparcamiento subterráneo. Aquella infernal maquinaria arrancó sin piedad parte de las raíces que alimentaban a mi pino, las demás, aprisionadas entre el hierro y el hormigón, se quedaron sin tierra para alimentar al gigante y sin agua para darle de beber. Así el pino de la alameda fue entrando en declive y muriendo en lenta agonía. Comenzaron a secarse muchas de sus frondosas ramas que fueron cortadas para evitar que cayeran al suelo. Un día comprobé, con gran dolor, cómo aquel centenario árbol había desaparecido, lo habían talado sin piedad. La tristeza que sentí fue infinita, como si me hubieran arrancado parte de mi alma, de mi vida, Ya nunca sentiré el perfume de mi viejo pino, y nunca más aromará mis recuerdos, sólo quedaron allí las moradas flores de las jacarandas arrastradas por el viento de levante” (3).

En tiempos pasados, junto a este singular pino ya desaparecido, la alameda y los jardines interiores del Alcázar contaron también con otros ejemplares notables. Con motivo de la subasta pública del palacio y sus dependencias se realizó en 1887, se realizó un inventario del arbolado de sus jardines en el que se recogen ciento veinte pies entre frutales y plantas ornamentales, entre los que figuran “cuatro pinos”. A título de curiosidad, entre los árboles ornamentales se citan mencionan también junto a los pinos, tres chopos, tres pinsapos, cinco cipreses, dos tecas, tres eucaliptus, así como acacias y falsos pimenteros (4).

El pino del Retiro.



Uno de los pinos sobrevivientes de aquellos que fueron plantados en el siglo XIX es el pino del Parque de El Retiro. Este magnífico ejemplar de pino carrasco, uno de los más hermosos de su especie en Jerez, formaba parte de la arboleda original de la finca de recreo de Don Luis de Ysasi y Lacoste, que fue cedida a la ciudad, tras su muerte en 1902, para su utilización como alameda pública (5). Este colosal pino, que hoy podemos admirar junto al estanque, tiene una altura aproximada de 33 m y un perímetro de 4,05 m. Su fuste, elevado y rectilíneo, se ramifica a más de 15 m del suelo en gruesas ramas secundarias (6). Su edad se estima en unos 140 años, pudiendo verse su silueta, junto a los de otros ejemplares de pino carrasco de gran porte, en fotografías antiguas del parque. A modo de ejemplo, citaremos la publicada en 1925 en la Revista del Ateneo, donde ya despunta claramente por encima de la arboleda, compitiendo en altura con la chimenea de la antigua Fábrica de Gas. En la imagen se aprecia también otro gran pino, ya desaparecido, situado justo detrás de la casa de recreo de Ysasi, utilizada en ese momento como escuela municipal, conocida popularmente como “El Castillito” (7).



Los pinos de la Avenida y del Camino de Espera.



A quienes pasean por la Avenida Alcalde Álvaro Domecq, les habrá llamado la atención en alguna ocasión el altísimo pino que sobresale entre la arboleda que rodea al Instituto Padre Luis Coloma.

Este magnífico ejemplar de pino carrasco crece en un pequeño parterre circular situado cerca de la entrada, sobrepasando ampliamente en altura al edificio del conocido como “Pabellón Viejo” de dicho instituto junto al que despunta. El pino presenta un fuste limpio y recto que ramifica a más de 15 m del suelo, presentando un perímetro de 3,15 m y una copa abierta y poco densa. Su altura total supera los 25 m y su edad puede superar los 120 años.

Este pino, junto con otros de su especie, pudo formar parte de la arboleda de los antiguos Viveros Municipales que estuvo instalado en este lugar, en el antiguo Paseo de Capuchinos, frente a la Yeguada Militar, como nos recuerda José Moreno Alonso (8). Los Viveros, figuran ya en el Plano de Calvet y Boix de 1884 en el que se recoge también la existencia en este mismo lugar de un jardín y un estanque, por lo que presumiblemente debió contar con una arboleda acompañante (9). De este pino existen numerosas referencias gráficas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, quedando también plasmado en distintas vistas aéreas de la ciudad realizadas entre 1953 y 1955 (10), o en las fotografías del Vuelo Americano de 1956. En ambas se aprecia nuestro pino junto a otros ejemplares del mismo tamaño que no sobrevivieron y que se situaban también junto al recién construido Instituto Padre Luis Coloma inaugurado el 10 de octubre de 1953 (11).



El pino carrasco del Camino de Espera se encuentra ubicado en la Avenida del Altillo, en la confluencia con la calle Ursulinas. Con la urbanización de esta zona a finales del siglo pasado, se perdieron otros ejemplares de grandes árboles que, como este pino centenario, formaron parte en sus orígenes del antiguo Recreo de Warter.

El pino, que se alzaba en la orilla del viejo Camino de Espera frente a la entrada de la antigua finca de las Cuatro Norias, crece en la actualidad en un parterre elevado, habiéndose destruido en su día buena parte de sus raíces superficiales. Su altura aproximada está por encima de los 20 m y el perímetro de su tronco es de 3,10 m. El fuste se ramifica a unos 8 m del suelo en dos grandes ramas secundarias en forma de “V” que dan lugar a una copa aparasolada, similar en su forma a la de los pinos piñoneros. Este pino es un ejemplar centenario, al igual que el que crece, en esta misma avenida, en el interior de la rotonda situada más adelante, en el cruce con la Avenida de los Jardines Escénicos. En este último caso el ejemplar presenta un perímetro ligeramente menor



(2,95 m) y su fuste se encuentra más ramificado, pudiendo formar parte de una antigua alineación existente entre las fincas colindantes con el Camino de Espera.

De interés son también algunos ejemplares de pino carrasco que crecen en el parque González Hontoria, entre los que sobresalen dos de ellos próximos al monumento a Shakespeare, ambos de gran altura, con perímetros de 2,50 y 2,95 m respectivamente, probablemente centenarios y fruto de las primeras repoblaciones efectuadas en este parque a comienzos del siglo XX. En este mismo parque, en los Jardines de la Rosaleda, encontramos también otro ejemplar de gran altura con un perímetro de 2,50 m, similar a los anteriores. Por último, no queremos dejar de mencionar los pinos carrascos que fueron plantados en la década de los cincuenta del siglo pasado cuando se urbanizó la Avenida Alcalde Álvaro Domecq. Muchos de estos ejemplares, que cuentan en la actualidad unos 70 años, aún sobreviven en la zona de terrizo que se extiende junto a las aceras de la Avenida.

Los pinos piñoneros: algunos ejemplares centenarios.

Entre los ejemplares más notables de pino piñonero (Pinus pinea) destaca el del Zoo y Jardín Botánico Alberto Durán, un hermoso árbol de edad centenaria que por su porte y altura, lo convierten en el mayor de la ciudad y uno de los más altos del país, tal como puede leerse en el cartel situado a sus pies. Su perímetro es de 3,35 m y su altura aproximada de 34 m. Crece este árbol en las proximidades del estanque del Zoo y su tronco se alza recto ramificándose a unos 8 m en tres ramas principales que se dividen en numerosas secundarias para conformar una copa poco densa (12).



En la avenida de Lebrija, el pino de La Espléndida, crece en un pequeño parterre sobre la acera situada junto a la antigua barriada del mismo nombre. Se trata de un soberbio ejemplar que llama la atención por el gran calibre de su fuste, robusto y homogéneo, que alcanza los 3,85m de perímetro, uno de los mayores de la ciudad. Este grueso tronco se trifurca a 5 m del suelo en tres enormes y gruesas ramas maestras, sobre las que se conforma una amplia y densa copa que sombrea todos los alrededores. Este singular pino, de un típico porte aparasolado, tiene una altura cercana a los 20 m, estimándose que su edad supera también los cien años como la de otros grandes ejemplares de la ciudad. Originalmente se encontraba a la orilla del antiguo Camino de Lebrija que partía de la ciudad en los alrededores de la actual calle Ponce para dirigirse a la citada población por lo que hoy se conoce como Carretera de Morabita. En la imagen aérea de esta zona del conocido Vuelo Americano de 1956, ya se distingue la silueta de su copa.



De interés son también algunos ejemplares de pinos piñoneros que crecen en los parterres de la Avenida Alcalde Álvaro Domecq, junto a la Glorieta Miguel Primo de Rivera, donde llaman la atención del paseante dos grandes ejemplares que superan los 25 m de altura. El de mayor grosor, presenta un fuste ligeramente inclinado, de 3,55 m de perímetro, que se divide en la cruz a unos 9 m del suelo, en dos grandes ramas maestras, que a su vez se subdividen en otras dos para dar lugar a una amplia copa. Originalmente, formaban parte a comienzos del siglo XX de los jardines del Recreo de Warter, que se encontraba en este lugar junto a la carretera de Sevilla y que incluía también el cercano parque de la Urbanización El Bosque, donde, entre otros muchos árboles de gran porte, existen también otros ejemplares de pinos piñoneros. Hace 10 años uno de ellos perdió una gran rama de más de una tonelada de peso como consecuencia de un temporal de viento (13).



En la avenida de Nazaret, frente al IES Fernando Savater, destaca también por su singularidad un curioso pino piñonero que crece aislado en una zona de terrizo entre la acera y la valla del Club Nazaret. Este hermoso árbol de unos 12 m de altura, presenta un grueso tronco de 3,05 m de perímetro, que se bifurca a 2,70 m en dos gruesas ramas principales de 2 m de perímetro que hacen las veces de fustes secundarios. En su primer tramo se encuentran unidos presentando entre ellos una oquedad. Entre los dos configuran una amplia y densa copa aparasolada, estimándosele una edad cercana a los 80 años. Este árbol, formaba parte de una alineación que separaba la antigua finca del Camino de Pedro Díaz, (actual Avenida del Nazaret) a cuyas orillas crecían, como muestran las imágenes aéreas de 1956 del mencionado Vuelo Americano. Hasta hace unos años, aún se conservaba junto a él otro ejemplar que fue talado tras resultar dañado en una tormenta.



El pino de la Plaza de Macedonia es también un ejemplar singular, por presentarse aislado en el interior de la zona peatonal de esta plaza ubicada en la barriada Nueva Andalucía, a la que da sombra permanente con su amplia y densa copa. Su grueso tronco tiene un perímetro de 3,20 m, ramificándose en su cruz, a unos 4 m del suelo en cuatro grandes ramas secundarias prácticamente horizontales, razón por la cual su copa se presenta muy extendida y poco elevada, con una altura que no supera los 15 m. Su edad puede estar próxima al siglo y su silueta ya se adivina en las fotografías aéreas del Vuelo Americano de 1956, hace setenta años. Originalmente, pudo formar de la arboleda de la antigua Hacienda San José, parcelada a partir de la década de los sesenta del pasado siglo.



El parque González Hontoria alberga también algunos ejemplares de pinos piñoneros y carascos de notables dimensiones. Entre los primeros destacan el que se encuentra junto a la puerta de acceso de la avenida del Ejército, pegado literalmente a la valla del recinto. Con un perímetro de fuste 2,55 m, su cruz de abre en grandes ramas a unos 9 m del suelo presentan la típica forma aparasolada que alcanza una altura próxima a los 15 m.

En el interior del parque, en la trasera del Restaurante El Bosque y junto al monumento a W. Shakespeare, crecen también otro grupo de pinos piñoneros, entre los que sobresale por su grosor un ejemplar de 3,15 m de perímetro con una altura que supera los 20 m. Otro grupo de cinco pinos crece en los jardines de La Rosaleda, frente al conocido bar Bodosky el mayor de los cuales alcanza un perímetro de 2, 5 m.



Junto a los anteriores, no queremos dejar de mencionar otros pinos de grandes dimensiones que se encuentran en los jardines de las bodegas de González Byass o de Domecq. Con todo, el más sobresaliente es el pino piñonero de las Bodegas Harveys, que crece tras el edificio de oficinas y que pasa desapercibido a los visitantes de la bodega pese a su enorme copa. El pino, también centenario, tiene más de tres metros de perímetro y se cuenta entre los mayores de la ciudad, dando cobijo a buen número de aves entre las que destacan las tórtolas.


Para saber más:
(1) Aroca Vicenti, F.: De muladar a alameda. Evolución de algunos espacios de recreo en el Jerez moderno y contemporáneo, pp. 130-134, en Revista de Historia de Jerez nº 10, 2004, pp. 125-146.
(2) Haciendo leña del árbol caído. Diario de Jerez, 8 de octubre de 2008.
(3) Mariscal Trujillo, A.: La Historia pequeña de Jerez de la Frontera en parte del siglo XX, Bookingfax, 2013, pp 16-18 . De Antonio Mariscal son también las fotografías del pino de la Alameda Vieja, que amablemente nos ha cedido para su publicación.
(4) El inventario fue realizado por los peritos Miguel Palacios y Lutgardo Ruiz tal como se describe en Rodrigo de Molina.: La alameda Vieja (II). Diario de Jerez 1-VIII, 1988.
(5) García Lázaro, A.: El Retiro cumple cien años, Pliegos de Opinión, nº 2, Verano de 2002, Jerez. Disponible en internet en este enlace: PLIEGOS DE OPINION
(6) Sánchez García, I., Ballarín Ondiviela, J., Clares Sánchez, A., Lozano Sampalo, Mª C.: Árboles singulares de Jerez, Ayuntamiento de Jerez,2000, p. 44.
(7) Revista del Ateneo, El Retiro, 15 de Diciembre de 1925, nº 17, p. 98.
(8) Moreno Alonso, J.: Historias, Leyendas y Fiestas de Xerez de la Frontera, Colección Alcubilla, Jerez, 1987, p. 34.
(9) Calvet y Boix, J.: Plano Industrial y Comercial de la ciudad de Jerez de la Frontera, 1884. Nosotros hemos consultado el ejemplar conservado en el Institut Cartográfic de Catalunya, disponible en internet.
(10) Entre 1953 y 1955 la empresa TAF Elicoptérs S.A. realizó una serie de vistas aéreas de la ciudad entre la que se encuentran esta de los alrededores de las bodegas de W. & H., donde se aprecian los pinos del Instituto P.L. Coloma, que se encontraba entonces recién construido. La referencia es: Bodegas Williams y Humbert a Jerez de la Frontera, Arxiu Nacional de Catalunya, FONS ANC1-564 / TAF HELICÒPTERS, SA, Ref. ANC1-564-N-7749.
(11) Rodríguez Doblas, Mª D.: Instituto Padre Luis Coloma. 150 años de historia., B.U.C. Cuadernos de Divulgación, 2, Jerez, 1989, p. 149.
(12) Sánchez García, I., Ballarín Ondiviela, J., Clares Sánchez, A., Lozano Sampalo, Mª C.: Árboles singulares de Jerez, Ayuntamiento de Jerez, 2000, p. 45.
(13) Diario de Jerez, 16 de Julio de 2006. Cae una rama de más de una tonelada de peso en el bosque.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/03/2017

 
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